November 1, 2020
De parte de CNT
371 puntos de vista


Grupo de Trabajo de Transici贸n Ecol贸gica de CNT Valencia | Ilustra: Ana Nan | Extra铆do del cnt n潞 424. Dosier Ecolog铆a Social

Una part铆cula biol贸gica, un virus, el SARS-CoV-2, que oscila, y nos hace oscilar, entre lo vivo y lo muerto, ha demostrado todas y cada una de las debilidades del sistema productivo de nuestro mundo: el petr贸leo a futuros cotiza en negativo en EE.UU. mientras el barril de brent en Europa se desploma. En el Estado espa帽ol cuatro millones de trabajadores est谩n afectados por ERTEs y m谩s de un mill贸n se han ido al paro directamente. Se calcula que m谩s de 20 millones de personas han perdido su trabajo en la Uni贸n Europea y m谩s de 30 en EE.UU. La situaci贸n en latinoam茅rica parece desastrosa, con un porcentaje muy elevado de poblaci贸n dependiente de la econom铆a informal y que no puede sobrevivir si se ve obligada a quedarse en casa. Ocurre otro tanto en la India donde 1000 millones de personas han sido confinadas de la noche a la ma帽ana, m谩s de la mitad de ellas en situaci贸n de pobreza alimentaria.

El virus es la causa 煤ltima de esta crisis. Pero la imposibilidad de consumir materias primas y energ铆a (en el transporte y, concretamente en sectores como el tur铆stico, y en la industria fundamentalmente) se revela como la causa pr贸xima. Es el hecho de no poder salir a la calle lo que impide la 芦actividad normal禄. 驴Qu茅 ocurrir铆a si la causa de que la actividad industrial, el turismo, el transporte, bienes como los ordenadores o los m贸viles, calefacciones o ropa, tuvieran una bajada dr谩stica en su producci贸n no fuera por un virus si no por la propia escasez de recursos naturales?

Una part铆cula biol贸gica, un virus el SARS-CoV-2, que oscila, y nos hace oscilar, entre lo vivo y lo muerto, ha demostrado todas y cada una de las debilidades del sistema productivo de nuestro mundo: el petr贸leo a futuros cotiza en negativo en EE.UU

CRISIS CLIM脕TICA Y RECURSOS

Probablemente tras esta crisis sanitaria, algunas sociedades consigan recuperar actividad econ贸mica, pero ya hemos atravesado una barrera, una pantalla, detr谩s de la cual nos espera un mundo de escasez donde no hay un retorno posible a la abundancia de nuestros d铆as. Seg煤n varios estudios cient铆ficos ya hemos pasado el pico extractivo de multitud de materiales fundamentales para sostener la tecnolog铆a de nuestras sociedades y, en cuesti贸n de pocos a帽os, alcanzaremos muchos otros. En el a帽o 2007 el periodista y pedagogo estadounidense Richard Heinberg acu帽贸 el t茅rmino Peak everything para describir este momento hist贸rico en el que la mayor铆a de recursos materiales y energ茅ticos est谩n alcanzando sus picos. Pese a no ser un experto, capt贸 adecuadamente la noci贸n del proceso: en los pr贸ximos 10 a帽os llegaremos al m谩ximo productivo de la mayor铆a de recursos importantes para la econom铆a planetaria.

驴Qu茅 podemos hacer? La posici贸n mayoritaria en los medios de comunicaci贸n de masas, en el sistema educativo y en buena parte de la academia es que la clave est谩 en los comportamientos individuales: reciclar, no usar el coche y utilizar m谩s la bici, promocionar el uso de energ铆as renovables, etc. Hay una versi贸n dura de este posicionamiento que aboga por cargar sobre las espaldas de los individuos, sin importar su origen social, el grueso de la obligatoria reducci贸n del consumo energ茅tico que est谩 por venir: se habla de gravar con impuesto indirectos (que no distinguen entre rentas) el consumo de carne y el uso del coche privado, fomentando a su vez el uso del coche el茅ctrico (un coche caro, disponible solo para rentas altas y que, adem谩s, es costoso en recursos), la limitaci贸n de la prole o, incluso, su prohibici贸n o las sanciones por no reciclar. Es una corriente que, en algunos planteamientos, puede entrelazarse muy bien con la corriente de pensamiento neomalthusiana.

Pese a lo acertado del an谩lisis, a saber, que la escasez ya est谩 aqu铆, y que la reducci贸n del consumo energ茅tico en general y de recursos en particular debe producirse, no podemos dejar de se帽alar el error que supone despreciar la desigualdad que existe sobre qui茅n y c贸mo contamina. Seg煤n los datos recopilados en 2017 por Michael Eisenstein, en la prestigiosa revista Nature dentro de su serie 芦Nature Outlook: Energy transitions禄, el 10% m谩s rico de los EE.UU emite 50 toneladas de CO2 per capita (21,5 toneladas en Rusia, 19 en Alemania, 5 en China y menos de 3 en India, por ejemplo), mientras que el promedio de emisiones en el 40% con menos ingresos es de 8,5 toneladas (y es de 5 en Alemania, 4 en Rusia y no llega a 1 tonelada en China o india). Tambi茅n hay una mala noticia para aquellos que conf铆en en el progreso de la ciencia y de la t茅cnica: las energ铆as renovables tambi茅n chocan frente a la limitaci贸n de materiales que tenemos y la electrificaci贸n masiva de nuestras sociedades (coche el茅ctrico, patinete el茅ctrico, calefacci贸n, trenes, etc.) para suplir el vac铆o que pr贸ximamente dejar谩n los motores de combusti贸n interna no va a resolver el problema. La sustituci贸n de todo el consumo energ茅tico f贸sil actual por electricidad no es factible. Antonio Garc铆a-Olivares y Joaquim Ballabrera-Poy, del Consejo Superior de Investigaciones Cient铆ficas, con un art铆culo titulado 芦Energy and mineral peaks, and a future steady state economy禄, demostraron que la total electrificaci贸n se llevar铆a por delante m谩s de la mitad de las reservas del mundo de cobre.

El Bellotero
CLASE Y SINDICATO

Por lo tanto, frente a la crisis ecol贸gica en la que estamos inmersos, la visi贸n de clase debe estar presente. El sindicalismo combativo y las organizaciones de base tenemos un papel decisivo que jugar en las pr贸ximas d茅cadas para construir un contrapoder capaz de hacer frente a la austeridad generalizada que las 茅lites querr谩n imponer a las clases populares frente a la inminencia del colapso civilizatorio.

Este sindicalismo combativo se deber铆a pensar en asociarse con organizaciones sociales existentes como las asociaciones vecinales y de barrio, colectivos en defensa de la vivienda, grupos ecologistas, peque帽os comercios, asociaciones en defensa de los derechos de las personas migrantes, etc. Todas las luchas de estos colectivos van a recrudecerse en cuanto el capitalismo entre en fase terminal debido a la crisis clim谩tica, sanitaria, social, energ茅tica (sist茅mica, en definitiva) hacia la cual su l贸gica depredadora y extractivista nos lleva. Ejemplos de ello no nos faltan: especulaciones financieras sobre los inmuebles de nuestros barrios, precios de las viviendas en n煤cleos urbanos por las nubes, expolio creciente de recursos naturales, pol铆ticas fronterizas m谩s severas.

Las luchas sindicales y las luchas sociales en general van a ver sus objetivos, cada vez, converger de forma m谩s evidente: la lucha contra la p茅rdida de biodiversidad, es una lucha sanitaria, como han demostrado diversos estudios que relacionan el incremento en la probabilidad de nuevas pandemias y la p茅rdida de biodiversidad. Por ejemplo Kate E. Jones y sus colegas de la sociedad zool贸gica de Londres detectaron que, entre 1960 y 2004, el 60% de las nuevas enfermedades descubiertas ten铆an su origen en animales y postulan que la destrucci贸n de su h谩bitat y la p茅rdida de biodiversidad est谩n detr谩s de su aparici贸n. Defender la igualdad de g茅nero es una lucha transversal que nos obliga darle la vuelta a toda nuestra sociedad porque los cuidados son el eje sobre el que pivota un sistema productivo y un capitalismo en fase terminal muy probablemente se valga de la distribuci贸n del trabajo patriarcal para extraer sus 煤ltimos r茅ditos del capital. La lucha contra la turistificaci贸n y gentrificaci贸n de asociaciones vecinales y de barrio es una lucha por la justicia social pero, tambi茅n es una lucha clim谩tica: el transporte y el hipercosumismo asociado al modelo productivo basado en el turismo es incompatible con la necesaria reducci贸n de emisiones de CO2.

A diario entran en nuestros locales personas muy variadas con una problem谩tica laboral que, en mayor o menor medida, se ver谩 agravada en los pr贸ximos a帽os. Debemos ser capaces de tener esa visi贸n anticipadora y hol铆stica, que nos permita comprender que se avecina una crisis total del sistema capitalista. Una primera l铆nea de defensa podr铆a consistir en llevar a la negociaci贸n con la patronal, medidas que permitan frenar o paliar los da帽os que se producir谩n: creaci贸n de transportes colectivos o de transporte privado financiado por las empresas que, en todo caso, se indexen al precio del carburante; bonos para la compra de kits de autoconsumo; conciliaci贸n familiar, reducci贸n de la jornada laboral y teletrabajo sin p茅rdida de salarios, etc.

Tambi茅n, pertenecer al sindicato debe tener un valor a帽adido, no 煤nicamente debe proteger y mejorar las condiciones en los centros de trabajo, sino que debe alcanzar otras esferas de la vida. Los sindicatos de base debemos recuperar el rol de punto de encuentro y facilitador de sinergias entre nuestra afiliaci贸n. Por una persona afiliada con conocimientos de alba帽iler铆a y construcci贸n, tenemos decenas cuyas viviendas tienen construcciones con necesidades de rehabilitaci贸n. Por cada afiliada con conocimientos en nuevas tecnolog铆as, tenemos decenas a quienes la brecha digital les est谩 expulsando del mercado laboral. Por una persona afiliada con conocimientos en energ铆as renovables y nuevas formas de consumo energ茅tico, tenemos decenas a quienes la pobreza energ茅tica les golpea de lleno. En definitiva, pese a que existen muchas personas con problemas, el sindicato puede ejercer de nodo de uni贸n de potenciales soluciones. Fuera del sindicato son individualidades aisladas indefensas frente a la realidad cambiante y adversa, con el sindicato son potenciales miembros de una colectividad creciente y llena de posibilidades.

El sindicalismo debe asociarse con organizaciones sociales como asociaciones vecinales y de barrio, colectivos en defensa de la vivienda, grupos de ecologistas, peque帽os comercios, asociaciones pro derechos de las personas migrantes.

HACIA LO COLECTIVO

Pero aterricemos todo esto sobre algo concreto. Imaginemos. Imaginemos que una federaci贸n sindical con suficientes recursos econ贸micos decide llenar el tejado de su local (o el tejado de un edificio vecino) con una mir铆ada de paneles solares. De golpe, la federaci贸n se ha convertido en un productor local de electricidad. Evidentemente, sin nadie que la consuma, esto queda en el vac铆o. Sigamos imaginando. En la proximidad existen dos colectivos sociales y tres peque帽os comercios que comparten alguna afinidad con la federaci贸n (respetan los derechos laborales, son ecologistas o es una asociaci贸n vecinal que lleva a帽os luchando por dignificar el barrio). Hemos hablado previamente y les ha parecido buena idea liberarse de la red el茅ctrica y, pagados los honores por 芦tirar禄 nuestra red por el barrio, pasan a obtener energ铆a limpia a precio de coste. Los afiliados pasan a conocer el trabajo de los dos colectivos sociales, pudiendo unirse ocasionalmente para aunar esfuerzos y, porqu茅 no, tomarse algo en la tasca iluminada por luz combativa. La cosa funciona bien, y algunas comunidades de vecinos se interesan en el proyecto. Quiz谩 tengan recursos suficientes, pero les falta la experiencia necesaria que ya tiene la federaci贸n. Los vecinos pasan a conocer al sindicato, que les alumbra, a los colectivos, que defienden el barrio, y al peque帽o comercio 茅tico local.
Lo colectivo empieza a imponerse sobre lo individual. La comunidad se construye con los ladrillos del apoyo mutuo, un mutualismo que, en el mundo hiperindividualista y nihilista de nuestros d铆as, tiene que ser a la fuerza el del intercambio de favores, el del quid pro quo, el win-win. Al final, esta estrategia es siempre ganadora frente a la destrucci贸n que proponen las 茅lites.




Fuente: Cnt.es