August 8, 2022
De parte de SAS Madrid
157 puntos de vista

Jaume Mengual ha pasado, en etapas distintas, m谩s de 13 a帽os viviendo en la calle. En los 90 estuvo ocho a帽os durmiendo en el paseo mar铆timo de la Barceloneta porque no encontraba un trabajo que le permitiera pagar el alquiler. Durante esa 茅poca pintaba pisos y hac铆a de alba帽il, lo que le permiti贸 conocer a un hombre que le dej贸 vivir en una casa que hab铆a heredado a cambio de reformar la cocina y mantenerla en buen estado.

Parec铆a, con este trato, que la situaci贸n de sinhogarismo de Mengual llegaba a su fin. Incluso se llev贸 a vivir con 茅l a una mujer y a su hijo. Pero esa relaci贸n se volvi贸 conflictiva y, a su fin, este barcelon茅s decidi贸 irse de casa. Sin otra alternativa a la vista, no le qued贸 otra que volver a la calle. Diecisiete a帽os despu茅s y por segunda vez en su vida. Esta vez, el periplo dur贸 cinco a帽os y su cama era un parking del Raval.

“La calle es muy jodida. Aunque tengas amigos o compa帽eros, est谩s solo”, dice Mengual. Hoy recuerda sus a帽os durmiendo a la intemperie y esas noches inciertas en las que “puede pasar de todo”. “Mucha gente se mete contigo o con otros compa帽eros, simplemente por no tener casa. Es muy, muy duro”.

Ahora Mengual tiene un techo bajo el que dormir gracias a la ayuda de los Servicios Sociales de Barcelona, que le consiguieron un peque帽o piso justo antes de que se decretara el confinamiento. “Si me hubiera enganchado la COVID-19 sin casa, no s茅 qu茅 habr铆a pasado conmigo. Si ya es dif铆cil salir de la calle, imag铆nate en medio de una pandemia”.

Este hombre de 63 a帽os reci茅n cumplidos considera que esquiv贸 una bala. Y no es para menos, porque la pandemia conden贸 a mucha gente a las calles. “Al llegar la pandemia, se pusieron muchos recursos especiales en marcha, pero solo sirvieron para frenar el sinhogarismo durante un tiempo. Cuando estos recursos se acabaron, las cifras crecieron”, asegura Marta Maynou, responsable del programa de acogida de Arrels, una entidad barcelonesa de ayuda a las personas sin hogar.

Arrels acaba de publicar las cifras de su recuento anual, que muestran que, en solo un a帽o, han aumentado en casi doscientas las personas que duermen en la calle en Barcelona, llegando a cifras prepand茅micas. Otro dato a destacar: el 52% de las personas sin hogar en Barcelona llevan entre seis meses y dos a帽os en la calle. “Esos son casos causados por la pandemia”, resume Maynou.

Uno de los efectos de la COVID-19 es que se ha vuelto mucho m谩s dif铆cil conseguir ayuda en Servicios Sociales, alertan desde Arrels, lo que a su vez provoca que sea mucho m谩s dif铆cil salir de la calle. “Se ha cronificado el sinhogarismo”, resume Maynou. As铆 lo demuestran las cifras recogidas en 2020, cuando la media de tiempo que pasaba una persona sin hogar se elev贸 hasta los 5 a帽os y medio, una cifra que no se hab铆a registrado nunca. Los datos de 2022 han decrecido, pero siguen preocupando a Arrels al situarse en 4 a帽os y 4 meses.

Esta media crece si se mira a personas espa帽olas o europeas, situ谩ndose casi en los seis a帽os. En cambio, es sustancialmente m谩s baja si se habla de migrantes extracomunitarios: menos de tres a帽os. “No hay una 煤nica explicaci贸n para esto. Pero una de las razones es que el extracomunitario responde a un perfil de migrante econ贸mico, m谩s joven, con m谩s posibilidades de encontrar trabajo o, incluso, de volver a migrar si la situaci贸n aqu铆 no le es favorable”, resume Maynou.

Solos contra el calor, las agresiones y la burocracia

“En la calle todo es malo y cuanto m谩s tiempo pasas ah铆, m谩s dif铆cil es salir. M谩s cuesta arriba se te hace todo”, reconoce Mengual. Las dos veces que estuvo en la calle intentaba ganarse la vida e iba teniendo trabajos, pero ni as铆 era capaz de conseguir un piso. “Todo eso te afecta y cada vez te hundes m谩s y m谩s”, recuerda este hombre, que es soldador desde los 14 a帽os, pero que trabajaba de lo que saliera, aunque no le faltaran las ganas de “tirarlo todo por la borda”.

“Cualquier peque帽o bache en la calle se convierte en un abismo”, ejemplifica Mengual. Cuestiones b谩sicas como ducharse o conseguir un lugar para dormir conllevan horas de gesti贸n. “Todo es m谩s complicado, hasta la lluvia”, dice. De hecho, el clima y las temperaturas extremas pueden complicar el bienestar de las personas sin hogar, ya que el 43% de ellas tienen problemas de salud.

Adem谩s de afectaciones f铆sicas, temperaturas muy altas como las que se est谩n viviendo estos d铆as tambi茅n pueden causar alteraciones en la seguridad de las personas sin hogar. “Al dormir menos cubiertas, se sienten m谩s expuestas a la vista”, aseguran desde Arrels. Esta es una cuesti贸n que preocupa mucho a las personas sin hogar porque, a parte de la soledad y el des谩nimo, la aporofobia (odio a las personas pobres) es uno de los mayores problemas a los que se enfrentan.

“Me han insultado y agredido, pero de lo peor fue cuando intentaron quitarme a mi perra”, relata Mengual. Una noche, un joven quiso llevarse a Laika, una cachorra que acababan de darle unos amigos que tambi茅n dorm铆an en la calle. “驴Qui茅n y por qu茅 pegar铆a a alguien que no tiene casa? 驴Qui茅n le robar铆a a su 煤nico compa帽ero?”, se pregunta Mengual, que todav铆a hoy vive con su perra en el piso que le consigui贸 el Ayuntamiento de Barcelona.

Mengual, en uno de los descansos de su trabajo, junto a su perra Laika Xavier Jubierre

Las largas estancias en la calle tienen efectos graves sobre la salud mental y f铆sica, consecuencias que se empiezan a considerar como “graves” pasados los seis meses de sinhogarismo. “Solo con medio a帽o, el deterioro ya es muy notorio y tendr谩 efectos a muy largo plazo”, dice Maynou, y a帽ade que “cu谩nto m谩s tiempo pasa, menos conf铆a la persona en un sistema que no est谩 encontrando soluci贸n a su situaci贸n”.

La poca efectividad de los Servicios Sociales es una opini贸n extendida entre las personas sin hogar que, como Mengual, se lamentan de que “las pobres trabajadoras hacen lo que pueden, pero es la administraci贸n la que no cumple”. En esta l铆nea, desde Arrels creen que los recursos de ayuda est谩n “poco especializados y adaptados” al sinhogarismo. “No puede ser que haya recursos incompatibles con la drogadicci贸n o que requieran mucha burocracia, porque eso excluye a muchas de las personas que duermen en la calle”, dice Maynou.

Jaume pudo conseguir un hogar en uno de los pisos que el Ayuntamiento de Barcelona construy贸 a partir de contenedores de barco. All铆 vive con Laika gracias a una prestaci贸n y tambi茅n al dinero que le dan en Arrels a cambio de trabajar en el taller ‘La Troballa’. Se trata de un espacio de manufactura en el que se encuadernan libretas, se construyen peque帽os muebles o se elaboran joyas, todos productos que se venden en la tienda de la entidad.

“Estoy muy a gusto. Esto me sirve no solo por el dinero, sino para sentirme mejor conmigo mismo, para no darle vueltas al coco todo el d铆a. Y para echarme unas risas con estos”, dice Jaume, se帽alando a sus compa帽eros de taller, todas ellas personas que tambi茅n han estado en situaci贸n de sinhogarismo.

Enlace relacionado ElDiario.es (05/08/2022).




Fuente: Sasmadrid.org