September 11, 2021
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Según los últimos datos que recogía el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 quitaron la vida 3.671 personas / iStock

ÈLIA PONS // El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España desde 2008, año en que superó los accidentes de tráfico. Según los últimos datos que recogía el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 se quitaron la vida 3.671 personas. Ese mismo año, el suicidio se convertía por primera vez en la primera causa de muerte no natural entre los jóvenes de 15 a 29 años. A pesar de estas alarmantes cifras, el suicidio sigue siendo un tema tabú en la sociedad y muchas veces las familias lo viven en silencio y sin ayuda.

«La realidad es que venimos en una sociedad católica donde la muerte por suicidio era juzgada. Somos herederos de este juicio a alguien que decide quitarse la vida», explica Clara Rubio, presidenta y una de las fundadoras de la Asociación Catalana para la Prevención del Suicidio (ACPS). «La persona que muere por suicidio no es que quiera poner fin a su vida, sino que lo que quiere es dejar de sufrir. Debemos centrarnos en este malestar individual que sufre la persona y cambiar la óptica para poder romper el tabú», defiende Rubio.

Ella lo sabe de primera mano. Su madre se suicidó hace 12 años, después de una tentativa previa y diferentes diagnósticos de trastorno mental. De aquel período en que vivió todo el proceso de la enfermedad de su madre destaca la soledad. «Al final, ¿por qué se da esta soledad? Porque no nos sentimos cómodos. Yo no me sentía cómoda explicando a mi entorno que mi madre había intentado suicidarse. Es difícil compartir esta situación. Podemos entender que ingresen a un familiar por un cáncer o un accidente de moto, pero nos cuesta mucho verbalizar que un familiar está ingresado porque ha querido quitarse la vida», señala Rubio.

Y es precisamente el hecho de verbalizar la situación y romper el tabú lo que es clave para la prevención del suicidio. «El hecho de hablar de ello nos abre la oportunidad a informarnos mejor, a tener más herramientas y recursos para poder afrontar esta situación y acompañar a la persona que está sufriendo», expresa la presidenta de ACPS. Lo que a ella la ayudó más para digerir y procesar la muerte de su madre fue hablar y «hacer tribu» con su entorno. Esto, junto con la ayuda psicológica. «Mi psicóloga, que en aquel caso llevaba también mi madre, me ayudó a objetivarlo todo, que a veces es lo que buscamos en este tipo de muertes, entender el porqué de la decisión de mi madre», explica.

Según los últimos datos que recogía el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 se quitaron la vida 3.671 personas.

Las causas del suicidio son numerosas y complejas, asociadas a las situaciones vitales de cada persona. Sin embargo, hay algunos factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de una conducta suicida. «En el 95% de los casos hay algún tipo de problema de salud mental asociado. También hay otros factores de comorbilidad, como el consumo de alcohol o estupefacientes, el aislamiento social, la pobreza y precariedad económica… se trata de una muerte multicausal», señala Rubio. Guillermo Mattioli, decano del Colegio de Psicólogos de Cataluña, añade también la falta de una familia y de una red vincular como uno de los principales factores de vulnerabilidad, además de los factores socioeconómicos y también demográficos.

Acompañar desde la escucha activa

La detección precoz de la conducta suicida es clave para su prevención. Hay que estar atentos a las posibles señales de alarma, que pueden ser verbales -por ejemplo, que la persona manifieste su intención de poner fin a su vida- o no verbales, como el hecho de que se produzca un cambio brusco de la conducta de la persona, derivando, por ejemplo, en el aislamiento. «El entorno de la persona que manifiesta una conducta suicida tiene un papel preventivo muy relevante. Tiene un rol limitado, porque no podemos controlar al 100% la conducta del otro, pero a la vez tiene un rol muy poderoso y potente: estar allí, escuchar, acompañar y dar apoyo, creando un vínculo terapéutico con la persona. Pero para ello las familias necesitan herramientas e información», sostiene la presidenta de la ACPS.

Este es precisamente el objetivo de la ACPS, una entidad formada por un colectivo de profesionales y voluntarios que han vivido la conducta suicida en su entorno próximo y que ofrecen su experiencia como herramienta de acompañamiento y concienciación social.

Para llevar a cabo un buen acompañamiento a la persona que manifiesta una conducta suicida es importante hacerlo desde la perspectiva de la escucha activa y sin juzgar su comportamiento. «Tenemos muchas familias que nos dicen: ‘¿Cómo puede ser? Si lo tiene todo!’. Debemos aceptar la situación del otro y no invalidar sus sentimientos. Esto nos ayudará a conectar con su dolor y ayudar a esa persona desde una posición de proximidad. También puede ser útil acompañar a la persona con acciones y actividades que le puedan llevar bienestar y felicidad», remarca Rubio.

El entorno de la persona que manifiesta una conducta suicida tiene un rol limitado, pero a la vez muy poderoso: estar allí, escuchar, acompañar y dar apoyo, creando un vínculo terapéutico con la persona.

La Covid y su huella en la salud mental

Con la pandemia del Covid-19 se han disparado y agudizado el número de casos de depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental. La mayoría de los estudios sobre el impacto del confinamiento reportan efectos psicológicos negativos, incluyendo, por ejemplo, la aparición de síntomas de estrés postraumático. Según un estudio de la Agencia de Salud Pública del Departamento de Salud y ESADE, que ha evaluado el impacto del confinamiento sobre la salud mental de la ciudadanía de Cataluña, durante este período se ha triplicado el porcentaje de población que ha tenido sintomatología de depresión o de malestar emocional.

«El contexto de la Covid ha hecho incrementar los factores de riesgo para colectivos que eran más vulnerables a poder sufrir una conducta o comportamiento suicida. Nos ha llevado más aislamiento social, más situaciones de exclusión, una grave crisis socioeconómica…», afirma la presidenta de ACPS, quien también pone énfasis en la oportunidad que supone en cuanto a la concienciación social en torno a la salud mental. «Se ha visibilizado el hecho de que la salud mental es más relevante de lo que pensamos y tiene impactos en muchos niveles: social, laboral… Es una oportunidad para hablar más y combatir el estigma», destaca.

En cuanto a las cifras de suicidios, los datos provisionales de los cinco primeros meses de 2020 señalan una reducción respecto al año anterior, debido al primer confinamiento. Sin embargo, han aumentado las autolesiones e intentos de suicidio entre los jóvenes. Según alerta el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, las tentativas de suicidio y autolesión en población infantil y juvenil han aumentado un 250% debido a la pandemia.

Si nos fijamos en el Código Riesgo Suicidio de Cataluña, un programa de prevención que reporta las tentativas de suicidio y habilita un circuito para tratar estos casos, podemos observar que en 2020 se vieron incrementados los intentos de suicidio en un 27% entre los menores de 18 años, pasando de 473 intentos de suicidio en 2019 a 601 en 2020.

Según alerta el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, las tentativas de suicidio y autolesión en población infantil y juvenil han aumentado un 250% debido a la pandemia.

Ante estos datos, el Ayuntamiento de Barcelona ha decidido poner en marcha un nuevo servicio de mensajería instantánea con equipos especializados para la prevención del suicidio juvenil. Se trata de una de las actuaciones de la ampliación del plan de choque extraordinario en salud mental que se puso en marcha durante la primera ola de la crisis sanitaria, que incluye acciones como la creación de grupos de apoyo emocional para el acompañamiento en el duelo y la puesta en marcha del teléfono gratuito para la prevención del suicidio (900925555), que funciona las 24 horas del día.

«El aumento de las tentativas de suicidio entre los más jóvenes es una señal de alerta que debemos escuchar con proximidad, porque está comprobado que en 9 de cada 10 suicidios ha habido un intento previo», señala Rubio. Según explica, estos intentos de suicidio entre la población joven tienen mucho que ver con el contexto individual y vital que están viviendo. «Han visto reducida su vida social en un momento donde están construyendo su identidad, su futuro… la Covid ha afectado de forma directa en su proyección de vida y sus expectativas personales y laborales», destaca.

Según el decano del Colegio de Psicólogos de Cataluña, Guillermo Mattioli, la prevención de las conductas suicidas debe comenzar pronto. «El suicidio es fruto de un proceso de experiencias desagradables que llevan a un callejón sin salida. La prevención comienza mucho antes de este callejón. Comienza por enseñar a hablar de emociones en las escuelas, por planes de prevención… Cuando una persona habla, se la escucha y se la acompaña, se hace prevención». En la misma línea se expresa Clara Rubio, que incide en la necesidad de dotar al mundo educativo de herramientas para la detección precoz.

Faltan recursos y profesionales en la sanidad pública

Ante la demanda creciente de apoyo psicológico derivada de la pandemia, el sistema de salud está infradotado de especialistas en este ámbito. «La sanidad pública, que ya era precaria, no ha podido hacerse cargo de la demanda como sería deseable. Hacen falta más profesionales, más personal cualificado que sepa acompañar y hacer psicoterapia. El número de profesionales sube muy lentamente, porque salen muy pocas plazas cada año», sostiene Mattioli.

La Asociación Catalana de Psicología General Sanitaria alerta que la situación de atención a la salud mental se encuentra muy por debajo de la media europea, con un ratio de seis profesionales de la psicología por cada 100.000 habitantes, cuando la media europea se sitúa en 18 profesionales de la psicología por cada 100.000 habitantes.

«Los familiares y las personas que sufren estas situaciones de sufrimiento psicológico llegan a un nivel de desesperanza muy alto. Sólo se produce un ingreso en situaciones muy críticas, si no, no se prioriza», explica la fundadora de la Asociación Catalana para la Prevención del Suicidio. «No podemos pedir a la gente que busque ayuda cuando lo necesite si después no estamos preparados para absorber toda esta demanda», añade.

Tiene que haber un tratamiento psicológico, social y sociosanitario mucho más amplio que acompañe la realidad de esta persona que está sufriendo. Con medicación exclusivamente no conseguimos ayudar a la persona.

Según Rubio, la salud mental está a años luz de otras especialidades y, muchas veces, lo que se hace es medicalizar y no ir a la raíz del sufrimiento de la persona. «No digo que no sea necesario medicalizar, pero sí que es verdad que muchas veces no se da una atención de calidad hasta que no hay una situación muy crítica y no nos enfocamos bastante en la prevención y el acompañamiento», explica. «Tiene que haber un tratamiento psicológico, social y sociosanitario mucho más amplio que acompañe la realidad de esta persona que está sufriendo. Con medicación exclusivamente no conseguimos ayudar a la persona».

El Plan de prevención del suicidio de Cataluña incorporará la atención a los supervivientes, a la familia y los profesionales, y activará los circuitos de derivación a recursos de apoyo comunitarios / iStock

Salud presenta el Plan de prevención del suicidio de Cataluña

El jueves día 9 de septiembre el Departamento de Salud presentó el Plan de prevención del suicidio de Cataluña 2021-2025. Con un presupuesto de 15 millones de euros tiene por objetivo reducir en 2030 la tasa de tentativas y muerte por suicidio en más de un 15% y en más de un 20% en los grupos prioritarios.

Una de las principales líneas de actuación del Plan será la de promover medidas de prevención y control de la conducta suicida para dar una respuesta adecuada a cada situación y rebajar el estigma de la sociedad respecto del suicidio.

El nuevo Plan, que ha contado con la participación de unos 300 profesionales de diferentes ámbitos, también incorporará la atención a los supervivientes, a la familia y a los profesionales, y activará los circuitos de derivación a recursos de apoyo comunitarios, como las entidades de supervivientes. Además, potenciará los puntos de activación y la mejora de la calidad del Código Riesgo Suicidio, un instrumento pionero vigente desde el 2014, para la monitorización y seguimiento de las personas con conductas suicidas.

Durante la presentación del Plan, el consejero de Salud, Josep Maria Argimón, remarcó que «hay que romper tabúes y hacer más énfasis en el acompañamiento y el apoyo, tanto a los propios supervivientes, como a su entorno».

La presidenta fundadora de la Asociación Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes (DSAS), Cecilia Borràs, subrayó que «el Plan también contempla la postvención, que son aquellas actividades desarrolladas por o con los familiares supervivientes para facilitar su recuperación y también prevenir comportamientos suicidas».

Esta misma entidad presenta, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la campaña «Abre los ojos. Acércate. Habla», en la que voluntarios de la DSAS, supervivientes a la muerte por suicidio, ofrecerán al público información sobre la prevención del suicidio. La campaña tiene el objetivo de cambiar falsas ideas o mitos que rodean el suicidio y, al mismo tiempo, informar sobre los signos de alerta que pueden ayudar a detectar personas en riesgo.

Las entidades y colegios profesionales exigen un plan nacional de prevención del suicidio

El Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos considera urgente la puesta en marcha de un plan nacional de prevención del suicidio, ya que defiende que la prevención es la principal vía de abordaje de este problema de salud pública.

Este organismo insiste desde hace años en la necesidad de diseñar e implementar una estrategia multidisciplinar y coordinada que ofrezca una respuesta integral a las personas que experimentan comportamientos suicidas y que refleje un compromiso claro por parte de los gobiernos respecto de este problema.

«Sin duda, es completamente necesario un plan nacional de prevención del suicidio que integre las iniciativas que hay en el ámbito de las comunidades autónomas y que incorpore una mirada transversal y multisectorial sobre el suicidio. Porque la prevención es cosa de todos», remarca Guillermo Mattioli.




Fuente: Lamarea.com