December 3, 2020
De parte de Nodo50
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La pandemia de la Covid-19, oblig贸 a pensar en diversas formas de organizarse. El trabajo a distancia y el teletrabajo fueron modalidades utilizadas en muchos pa铆ses, incluida Cuba, como parte las medidas tomadas para frenar el avance del virus. 鈥淓l teletrabajo acumula ventajas que promocionan su utilidad, que tienen que ver con m谩s libertad en el uso del tiempo, ahorro de recursos (para empleados y empleadores) y la posibilidad de tener una mayor armon铆a entre la vida personal, familiar y laboral鈥, subray贸 a SEMlac Maura Febles Dom铆nguez, integrante del Grupo de Investigaci贸n “Am茅rica Latina: Filosof铆a Social y Axiolog铆a (GALFISA), del Instituto de Filosof铆a de la Universidad de La Habana.

Pero, para ella, 鈥渓a pregunta que deber铆amos hacernos en estos tiempos, de cara al teletrabajo, es si son posibles esas aspiraciones en nuestras sociedades patriarcales. Despu茅s de m谩s de nueve meses de confinamiento, parece ser evidente que no鈥, se帽al贸.

驴Por qu茅 el teletrabajo tiene repercusiones diferentes para hombres y mujeres?

En s铆 mismo, no creo que el teletrabajo cargue con diferencias espec铆ficas e impactos diferenciados a hombres y mujeres; sino que ha venido a sumarse y profundizar un conjunto de inequidades ya existentes entre ambos g茅neros.

Previo a este contexto, ya el tiempo, los recursos y la armon铆a entre los diferentes espacios de nuestras vidas estaban desigualmente repartidos. En los hogares en que las mujeres tienen a su cargo la mayor铆a de las tareas de cuidados 鈥攍as materiales (limpiar, cocinar, lavar, planchar) y las afectivas (atender y jugar con los hijos/as, ocuparse de las tareas escolares, estar pendientes de las necesidades de otras personas) 鈥, se hace en extremo dif铆cil lograr ese equilibrio anhelado con que se nos presenta el teletrabajo.

Esperar que las mujeres cumplan con todas estas tareas, muchas veces al mismo tiempo, y adem谩s felices porque somos las hero铆nas de este tiempo, no solo es injusto, sino agotador para nosotras.

Adem谩s, es fuente de sentimientos de estr茅s, depresi贸n y ansiedad por no poder alcanzar con demandas tan diversas como aprender recetas nuevas, convertirnos en maestras eficientes de hijos/as, estar disponibles 24 horas para jefes/as, escribir art铆culos cient铆ficos y mantener una sexualidad activa y creativa con nuestras parejas.

Por otra parte, 驴tenemos el acceso a medios de telecomunicaci贸n para poder cumplir con el trabajo desde casa? 驴Existen las condiciones necesarias para trabajar en los hogares? 驴Qu茅 pasa cuando hay una sola computadora para toda la familia? No pocos testimonios dan cuenta de que las mujeres durante la pandemia realizan su trabajo 鈥減roductivo鈥 en horas de la noche y madrugada, despu茅s de realizar el trabajo no remunerado.

Estas exigencias y superposiciones de tiempos para las mujeres est谩n determinadas por una distribuci贸n de roles y tareas que las siguen confinando al espacio 铆ntimo, privado, reproductivo. Los hombres siguen asumiendo con m谩s frecuencia e intensidad las actividades en el espacio p煤blico (gesti贸n de abastecimientos) y los que tambi茅n se incorporan al teletrabajo tienen menor alternancia con las tareas de cuidado que le rodean.

驴C贸mo se relaciona el teletrabajo con las violencias?

La conexi贸n m谩s evidente que tiene el teletrabajo con las violencias es, en primer lugar, el hecho de que coloca a las mujeres en el espacio privado 鈥渃on todas las de la ley鈥. M谩s all谩 de si ellas tienen condiciones o no para ejercer el teletrabajo, y de duplicar sus jornadas de tareas, las mujeres est谩n, adem谩s, en peligro.

Las restricciones de movimiento, combinadas con el miedo, la tensi贸n y el estr茅s, han puesto a las mujeres y ni帽as en un mayor riesgo, al estar confinadas con sus abusadores. Son alarmantes las cifras de incremento de hechos de violencia cometidos durante la etapa de confinamiento, a los que se han sumado o intensificado formas m谩s novedosas como el ciberacoso, dado el uso m谩s frecuente de las redes sociales.

A la par, las restricciones de movimiento destinadas a controlar la Covid-19 han limitado los programas y las v铆as de ayuda que apoyan a mujeres, ni帽as y ni帽os para gestionar esos riesgos y les acompa帽a en la b煤squeda de soluciones.

Por otro lado, sin una adecuada normativa que garantice los derechos laborales que exige el momento, las mujeres est谩n m谩s expuestas a ser v铆ctimas de violencias econ贸micas y/o psicol贸gicas en este nuevo espacio laboral en casa, que a veces parece que lo admite todo.

驴Que la mujer desarrolle adecuadamente el teletrabajo depende solo del entorno familiar?

Para nada. Al espacio de teletrabajo se llevan de alg煤n modo las condiciones laborales (en un sentido amplio), establecidas previamente a ese momento. El teletrabajo debe contener tambi茅n la disponibilidad de recursos con que cuentan las trabajadoras, el respeto a sus condiciones familiares y de convivencia, el tiempo necesario para el descanso y el ocio.

Es fundamental delimitar, en primer lugar, desde el espacio laboral (ahora reacomodado en casa), horarios y contenidos de trabajo, y no convertir el teletrabajo en el env铆o de tareas laborales que exigen una disponibilidad constante de las trabajadoras. No est谩 de m谩s decir que, en muchas ocasiones, esa disponibilidad es sostenida econ贸micamente con recursos familiares y personales ajenos a los empleadores.

Estamos en el momento de enfocar el teletrabajo desde una perspectiva de derechos: de la intimidad, de desconexi贸n digital, de prevenci贸n de riesgos laborales, ergon贸micos y psicosociales. Solo partiendo de estas premisas podemos comenzar a negociar l铆mites, tiempos y espacios en el entorno familiar.

驴Podr铆a verse la implementaci贸n del teletrabajo como una oportunidad para valorizar los cuidados?

Yo creo que todas las situaciones nuevas, aunque est茅n enmarcadas en un contexto de crisis como el que estamos viviendo, tienen un espacio siempre para las oportunidades. La pregunta ser铆a si solo queremos aprovechar la oportunidad para valorizar el cuidado o vamos a hacer algo m谩s.

Tenemos lecciones suficientes, por si hab铆a pocas, para pensar y hacer las tareas de cuidado de otras maneras. Es una oportunidad para considerarlo como una actividad indispensable para la reproducci贸n de la vida y para la cual es necesaria una mayor corresponsabilidad que sobrepase los l铆mites familiares e incluya la comunidad, el mercado, las instituciones sociales y el Estado.

Las tensiones entre estos actores tienden a resolverse en detrimento del trabajo de cuidados y de las mujeres, las que asumen el rol de cuidadoras per se, o mercantilizando estas labores, lo cual deja fuera a quienes no tienen acceso y reproduce las cadenas de cuidados (globales o no).

La econom铆a feminista ha colocado el desaf铆o de plantearse las contribuciones econ贸micas y sociales del trabajo no remunerado de las mujeres; sus derechos econ贸micos, sociales y culturales, en un contexto mundial en que el 谩mbito del trabajo se complejiza con los cambios acelerados por el impacto de las tecnolog铆as de la informaci贸n y las comunicaciones.

Es igualmente un desaf铆o y una oportunidad incorporar los espacios productivos al debate (y la pr谩ctica), en torno a la econom铆a del cuidado en Cuba. Hacerlo, adem谩s, desde una perspectiva que, de un lado, cuestione la divisi贸n entre producci贸n y reproducci贸n de la vida y, de otro, construya otros modos de realizaci贸n que incluyan el cuidado de la vida humana y natural.

Para m铆, pensar en los cuidados, en los desaf铆os del teletrabajo, es tambi茅n pensar (y construir) modos de hacer sostenibles las vidas de todas las personas, de tejer redes de econom铆as solidarias, de procesos colectivos de auto organizaci贸n, de iniciativas comunitarias que incrementen la autonom铆a frente al mercado.




Fuente: Redsemlac-cuba.net