October 13, 2020
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
180 puntos de vista


Cuando se aborda el conflicto de intereses entre lo <<p煤blico>> y lo <<privado>> desde el activismo pol铆tico se suele analizar casi exclusivamente en el contexto econ贸mico-social. Entonces hablamos de sector p煤blico o de sector privado, antag贸nica considerados. El sector p煤blico, administrado por el Estado, ser铆a aquel territorio al que todas las personas pueden optar por el hecho de ser ciudadanos. Aunque en realidad pese m谩s su atribuci贸n de contribuyentes, algo que a menudo se olvida. De ah铆 conceptos como <<sanidad p煤blica>> o <<educaci贸n p煤blica>>, dos de los pilares del llamado Estado de Bienestar o Social, ahora en franca regresi贸n por las carencias de financiaci贸n, como pasa con el Estado de Derecho o el Estado Constitucional sobre los que se sustenta normativamente.

Al lado y a menudo enfrente, formando un binomio que constituye la base de la interacci贸n social, se sit煤a el sector privado, de titularidad particular y sujeto a un disfrute reservado a cuantos posean suficiente capacidad adquisitiva. En el sistema capitalista dominante, la esfera privada tiende a expandirse a costa de la p煤blica a medida que esta se contrae y pierde influencia por un desequilibro estructural entre ingresos, gastos e inversiones. Es decir, midiendo y tarifando los servicios que debe prestar y su n煤mero de usuarios, de un lado, y la cuant铆a de los recursos para dotarlos, del otro. En la actualidad buena parte del debate pol铆tico discurre precisamente por esa problem谩tica. La necesidad de mantener unos servicios p煤blicos de calidad de aplicaci贸n universal y la creciente dificultad para sufragarlos.

Pero en el 谩mbito laboral las se帽as de identidad entre lo p煤blico y lo privado adquieren otra consideraci贸n y se complejizan. La empresa p煤blica funciona gracias al trabajo de individuos particulares que reciben una remuneraci贸n del Estado-patr贸n, como asimismo ocurre en la empresa privada respecto al Capital como pagador. Lo que sucede es que en la realidad pol铆tica y econ贸mica la dicotom铆a p煤blico versus privado no tiene fronteras estrictas. El Estado, que en principio y a grosso modo es el asidero fundamental de lo p煤blico, modifica esta dial茅ctica por el intervencionismo, facultad que oscila del proteccionismo a la desregulaci贸n. Generalmente socializando las p茅rdidas y privatizando las ganancias con la excusa de servir a la sociedad en su conjunto, prueba palpable de que la visi贸n de lo p煤blico como imperativo social cada vez m谩s se condiciona a la eficiencia econ贸mica. Algunos ejemplos habituales en este orden de cosas son la ayuda (con dinero de todos) a la escuela concertada privada o, por citar un caso de actualidad, el proceso de privatizaci贸n de las residencias de mayores, en teor铆a insertas jur铆dicamente dentro del r茅gimen de la Seguridad Social. Por no citar la ley 15/97 que facilit贸 el camino a la privatizaci贸n de la gesti贸n del servicio nacional de salud.

Todo lo anterior pretende explicar que los l铆mites habituales entre lo p煤blico y lo privado se est谩n desdibujando. Hay una clara transferencia de valor de lo p煤blico a lo privado, con la presi贸n del Estado como 谩rbitro. Durante la crisis financiera de 2008 se devalu贸 lo p煤blico mediante ajustes estructurales (modificaciones legales) y recortes (disminuci贸n de la cuant铆a de las prestaciones) al tiempo que se utilizaban sus recursos econ贸micos para rescatar a instituciones del sector privado en horas bajas. Fue especialmente notorio lo que ocurri贸 con parte del sistema bancario, aunque se repite en el caso del rescate p煤blico de l铆neas a茅reas en dificultades o autopistas radiales quebradas. Semejante salvamento (se necesita mantener a flote el gigantismo de lo privado mientras lo p煤blico puede desguazarse) indica claramente la prioridad de lo privado sobre lo p煤blico en la racionalidad estatal. Todas las contrarreformas legislativas acometidas en dicho periodo en las relaciones laborales y en las pensionen se ejecutaron bajo la presi贸n de esa ideolog铆a apropiativa.

Y ahora mismo, en el epicentro de otra crisis si cabe m谩s profunda e incierta, se acaba de implantar otro modelo de deslocalizaci贸n en el mundo del trabajo que revela la dudosa relevancia del viejo binomio p煤blico/privado. Me refiero a la reciente aprobaci贸n por decreto-ley del teletrabajo domiciliario como modelo de organizaci贸n de la producci贸n utilizando las herramientas de las nuevas tecnolog铆as que ha tra铆do en su regazo la <<nueva normalidad>>. Llevarse el trabajo a casa era visto como una patolog铆a de quienes reduc铆an su horizonte vital m谩s all谩 de lo humanamente conveniente para hacer m茅ritos en la empresa. Fuera de esa adicci贸n t贸xica, el teletrabajo era cuesti贸n de profesionales que realizaban su misi贸n de manera aut贸noma e independiente, y normalmente afectaba a personas sin una relaci贸n contractual estable. P煤blico y/o privado, solo los asalariados en plantilla, con una horario estipulado, en el marco funcional de la sede corporativa y vali茅ndose de los medios materiales aportados por la propiedad, eran quienes convencionalmente daban sentido al contencioso entre capital y trabajo. Lo que conllevaba derechos laborales y pr谩cticas sindicales de dif铆cil restricci贸n al no haber segregaci贸n espacial entre los empleados, sino el necesario e imprescindible com煤n denominador de afinidad, actividad y participaci贸n en el mismo centro de trabajo.

La irrupci贸n de la primera ola de la digitalizaci贸n laboral modific贸 ese paradigma. Un cambio experimentado inicialmente en el burocr谩tico 谩mbito bancario, con el resultado de que en los 煤ltimos diez a帽os cerraron la mitad de sus sucursales. Luego el dispositivo se plasm贸 en los usos y costumbres de la gente con la popularizaci贸n de los tel茅fonos inteligentes y dem谩s aparatos tecnol贸gicos de 煤ltima generaci贸n que permit铆an extender la jornada laboral a las veinticuatro horas del d铆a en tiempo real. Ahora, al mudarse buena parte del trabajo empresarial a las propias residencias particulares, las grandes firmas podr谩n reducir su costosa red operativa y parasitar el territorio familiar para convertirlo en una terminal de la oficina. Es como si la inviolabilidad del domicilio, reconocida inapelablemente en todas las constituciones que se precien, hubiera encontrado un eximente en la productividad empresarial>>, previa conformidad del inquilino. Con ese nuevo nicho de negocio en el confinamiento productivo, la categorizaci贸n que el soci贸logo Richard Sennett hace entre lo p煤blico como <<creaci贸n humana>> y lo privado como <<condici贸n humana>> se desvanece y deja de tener su sentido habitual (El declive el hombre p煤blico). El caballo de Troya de lo p煤blico-empresarial empez贸 a fidelizar el sancta sanctorum privado de la escena familiar siguiendo la misma l贸gica economicista que llev贸 a conciliar lo p煤blico-social por la gesti贸n privada-empresarial.

Las consecuencias de esta incursi贸n del algoritmo de la rentabilidad del capital en la intimidad dom茅stica se dejar谩n notar a peor en 谩reas neur谩lgicas de la convivencia como la cohesi贸n social y la estabilidad democr谩tica. De momento, al incentivar la regresi贸n del factor trabajo en la colmena familiar se extrema el comportamiento individualista y se levantan barreras para el pleno ejercicio y defensa de los derechos en el entorno laboral. La <autogesti贸n>> del trabajo ajeno no solo refuerza el sentido de la propiedad, la jerarqu铆a, la disciplina y la direcci贸n empresarial. Adem谩s, al vaciar de contenido el espacio f铆sico donde los trabajadores interactuaban, perturba la capacidad de an谩lisis, r茅plica y organizaci贸n del conjunto de los asalariados. Significa un canto de cisne para el movimiento obrero y los sindicatos, y a帽ade a la actual dualizaci贸n contractual y salarial del mercado de trabajo, entre fijos y temporales, una nueva categor铆a, aislacionista, endog谩mica y virtual, con la institucionalizaci贸n a escala del teletrabajo soberano.

Los agentes sociales (Estado, patronal y sindicatos) han puesto la primera piedra para que el trabajo del siglo XXI se haga manteniendo la distancia social con enjambres de trabajadores atomizados ejecutando tareas desde sus propios domicilios a modo de econom铆a colaborativa. Pero al contrario de otros progresos en la organizaci贸n del trabajo (taylorismo, fordismo, etc.), que igualmente supusieron un salto cualitativo de la productividad, esta innovaci贸n no ha venido acompa帽ada de contrapartidas favorables para la clase trabajadora. Espa帽a sigue siendo uno de los pa铆ses europeos con mayor 铆ndice de paro y lidera el desempleo entre los j贸venes del continente. Por eso sorprende la <<buena prensa>> que la medida parece haber cosechado, enfatizando el supuesto atractivo que entra帽a la flexibilidad del teletrabajo y la comodidad de no moverse de casa para ganarse la vida. En ese contexto, choca especialmente la ausencia de reflexiones cr铆ticas por parte de psic贸logos, soci贸logos y expertos de todas las ramas del derecho sobre el nuevo modelo de explotaci贸n que traslada al hogar del asalariado todo el estr茅s habitual de la empresa. Porque mientras la productividad se dispara para el Capital, el rendimiento social del factor Trabajo se estanca y su carga opresiva se invisibiliza. A principios del siglo pasado, Keynes pronosticaba que, debido a la vertiginosa mejora de los recursos productivos, en 2013 bastar铆a con trabajar 15 horas a la semana para cubrir todas las necesidades de la poblaci贸n. El acendrado manique铆smo aplicado a las nociones de p煤blico y privado, uno versi贸n de lo bueno y deseable y el otro de lo desfavorable y negativo, no agota el dilema. M谩s all谩 de su prestigio nominalista, p煤blico o privado, lo decisivo es que cace ratones.

(Nota. Este art铆culo se ha publicado en el blog Alkimia de El Salto)




Fuente: Cgt-lkn.org