March 11, 2021
De parte de Paco Salud
223 puntos de vista


 

El topo de La Isla (San Fernando-C谩diz): 31
a帽os oculto en su casa

“Est谩bamos en San Fernando
con motivo de la festividad de nuestro Patrono San Francisco de Sales, cuando
nos lleg贸 el rumor. En una calle cercana al Hotel Salymar un hombre hab铆a
estado en su casa desde las fechas del Alzamiento y hace unos d铆as hab铆a vuelto
a salir present谩ndose a la autoridad. Nos pusimos sobre la pista del
hecho”.

As铆 comenzaba la primera noticia
sobre el caso de Juan Rodr铆guez Arag贸n. La public贸 Diario de C谩diz el martes 30
de enero de 1968, hace cincuenta a帽os. Al d铆a siguiente, toda la prensa
espa帽ola se hizo eco de la historia del vecino de La Isla que hab铆a permanecido
escondido en su vivienda desde julio de 1936, desde el inicio de la Guerra
Civil. La agencia internacional UPI rebot贸 la noticia y la publicaron numerosos
peri贸dicos europeos y americanos. El scoop fue de Higinio Sainz Le贸n, m铆tico
periodista de sucesos. Acompa帽ado por el no menos afamado fot贸grafo Juman,
Higinio se desplaz贸 a San Fernando los d铆as siguientes para tratar de ampliar
su noticia con una entrevista y unas fotograf铆as de aquel hombre que no hab铆a
salido a la calle en 31 a帽os. No lo logr贸. Tuvo que conformarse, como 茅l mismo
escribi贸, con hablar con la esposa y con contar lo que les hab铆a ocurrido a 茅l
y a Juman en La Isla.

El testimonio de Juan aparece en
el libro ‘Los topos’, de los periodistas Torbado y Leguineche

Higinio relat贸 lo que les dijo un
cu帽ado de Juan Rodr铆guez: que lo dejasen tranquilo, que no era El Cordob茅s ni
Lola Flores, que se ocupasen de otras cosas que interesaban a muchos, que lo de
su cu帽ado no interesaba a nadie. Pero si es noticia nacional, argument贸 el
periodista. “Ustedes buscan el lucro”, replic贸 el hombre. “Nada
de eso. Buscamos la informaci贸n”. Higinio cont贸 que la respuesta los dej贸
asombrados: “驴Pagan ustedes un mill贸n de pesetas por la fotograf铆a?”.

Juman lo intent贸 de nuevo en d铆as
posteriores. 脡l y otro periodista, Fernando Fern谩ndez, se apostaron junto a la
casa n煤mero 140 de la calle Garc铆a de la Herr谩n. All铆 hab铆a permanecido
“refugiado”, desde hac铆a m谩s de tres d茅cadas, en un “ostracismo
voluntario”, un hombre “que pudo gozar de la libertad desde hace
muchos a帽os”, escrib铆a Fern谩ndez. Nada. Volvieron a hablar con el cu帽ado.
“驴No ser谩 posible conseguir una fotograf铆a de Juan? Le prometemos terminar
aqu铆 nuestro trabajo”, insistieron. “驴Y para qu茅? 驴No se ha dicho ya
bastante sobre este asunto?”.

No le faltaba raz贸n al hombre:
bastante se hab铆a dicho ya para los tiempos que corr铆an. Sobre Juan Rodr铆guez
ya se hab铆a publicado lo suficiente: los lectores ya sab铆an que hab铆a nacido en
San Fernando el 16 de junio de 1901 y que, por tanto, ten铆a 66 a帽os de edad;
que en los a帽os treinta trabajaba como carpintero en la Carraca y era taquillero
en el Teatro de las Cortes; que “escrib铆a art铆culos en un peri贸dico,
贸rgano de la CNT”; y que “tras las primeras fechas del Movimiento
Nacional, desapareci贸” y a quien preguntaba por 茅l, la familia le dec铆a
“que hab铆a marchado al extranjero”.

Higinio logr贸 hablar con la
esposa de Juan Rodr铆guez y ella le explic贸 que en 31 a帽os 茅l no hab铆a salido a
la calle, que nadie lo vio porque su casa (en el centro de una huerta, muy
blanca y muy cuidada) era la 煤nica que hab铆a por all铆, que muchos a帽os despu茅s
hab铆an construido unos bloques de viviendas y que los vecinos eran nuevos.
“Nadie nos conoc铆a y llev谩bamos una vida muy tranquila”. 驴Y por qu茅
se escondi贸 su esposo?, le pregunt贸 Higino. La mujer movi贸 la cabeza de un lado
a otro y respondi贸: “P贸ngase quien sea en nuestro lugar”.

Algunos lectores sab铆an
perfectamente en 1968 por qu茅 se hab铆a escondido Juan Rodr铆guez. Pero muchos
otros desconoc铆an qu茅 hab铆a sucedido en La Isla en el verano de 1936 y en la
Guerra Civil. En la versi贸n oficial, la 煤nica que estaba permitido contar en
los a帽os sesenta en Espa帽a, figuraban todas las v铆ctimas de “la barbarie
roja”. Pero no hab铆a ni rastro de lo que hab铆an hecho los franquistas en
San Fernando y otras ciudades de la provincia de C谩diz: de los asesinatos y
ejecuciones de personas que no hab铆an cometido ning煤n delito. Nada mencionaba
ni recordaba al alcalde Cayetano Rold谩n ni a sus tres hijos, por ejemplo. De
modo que era imposible que entendiesen qu茅 quer铆a decir aquella mujer que se
expresaba con tanta cautela. Las informaciones no aclaraban nada. Y Juan
Rodr铆guez se cuidaba de explicarse.

Bien sab铆a 茅l por qu茅. Pocos d铆as
despu茅s de que Juan diese por finalizado su cautiverio, Diario de C谩diz
publicaba una larga entrevista al entonces vicepresidente del Gobierno, Carrero
Blanco. Se la hac铆a uno de los popes del periodismo de entonces: Emilio Romero.
Carrero se declaraba “mon谩rquico… de la Monarqu铆a nacida de la guerra de
Liberaci贸n”. Entre otras cosas, explicaba que en Espa帽a hab铆a “una
democracia moderna, peculiar, que asegura la convivencia, promueve el progreso
y establece la justicia”; y advert铆a que “si el r茅gimen liberal y de
partidos puede servir al progreso de otras naciones, para los espa帽oles ha
demostrado ser el m谩s demoledor de los sistemas”. Emilio Romero le hac铆a
entonces una pregunta muy directa: 驴qu茅 es aquello que no puede volver jam谩s? Y
el vicepresidente respond铆a “con rotundidad”: “Los partidos
pol铆ticos”.

Carrero Blanco no lleg贸 a verlo
pero s贸lo nueve a帽os despu茅s de esa entrevista, Espa帽a celebrar铆a unas
elecciones con partidos pol铆ticos; y al a帽o siguiente tendr铆a una Constituci贸n
que derrumbaba todo el entramado legislativo franquista. Comenzaba as铆 un
sistema pol铆tico similar, salvo en que era una Monarqu铆a, al que destruyeron
los sublevados contra la Segunda Rep煤blica con una guerra que entonces
consideraron “conveniente” y “necesaria”. Pero en 1968, en
los d铆as en que Juan Rodr铆guez se asomaba en silencio a las calles de San
Fernando, Diario de C谩diz publicaba noticias que mostraban un pa铆s que ahora
parece incre铆ble: cuatro sacerdotes comparec铆an ante el Tribunal de Orden
P煤blico (TOP) por haber participado en una manifestaci贸n el 1 de mayo del a帽o
anterior y el fiscal ped铆a dos a帽os de prisi贸n para cada uno; la misma pena era
solicitada en otro juicio en el TOP para dos j贸venes detenidos en Olvera cuando
intentaban distribuir una revista anarquista editada en Par铆s.

En esas andaba Espa帽a cuando en
la primavera de 1969, dos periodistas, Manuel Leguineche y Jes煤s Torbado,
leyeron en Madrid una breve noticia sobre la resurrecci贸n de un hombre que
hab铆a estado escondido desde el final de la Guerra Civil. Poco antes, el 31 de
marzo, Franco hab铆a dictado un decreto: treinta a帽os despu茅s de terminada
“la Guerra de Liberaci贸n” quedaban prescritas “las posibles
responsabilidades penales que pudieran derivarse de cualquier hecho que tenga
relaci贸n con aquella Cruzada”.

Esto es, que ya no iba a ser
juzgado nadie, por ejemplo, por haber sido mas贸n, por haber sido voluntario en
el Ej茅rcito de la Rep煤blica, por haberse opuesto al golpe de Estado de julio
del 36, por haber sido alcalde o concejal de un partido de izquierdas durante
la Rep煤blica o simplemente por haber sido interventor (tambi茅n de un partido de
izquierdas) en las elecciones de febrero de 1936. Eran algunos de los delitos
que se derivaban de una Guerra Civil a la que, 30 a帽os despu茅s de finalizada,
el Gobierno de Franco segu铆a denominando Cruzada.

Tras ese indulto general para
delitos cometidos por los republicanos (los de los franquistas quedaron impunes
desde el principio) aument贸 el n煤mero de hombres que vencieron el miedo y
salieron de sus escondites. Leguineche y Torbado comenzaron entonces a recorrer
Espa帽a en su busca. Pero no s贸lo era dif铆cil averiguar d贸nde estaban. Lo
verdaderamente complicado, explicaron despu茅s, era convencerlos para que
contaran su peripecia. No se fiaban de una Espa帽a en la que sindicatos y
partidos estaban prohibidos.

As铆 llegaron los dos periodistas
a la provincia de C谩diz, a San Fernando y a Juan Rodr铆guez Arag贸n. En el libro
que publicaron en 1977, Leguineche y Torbado explican que las tres veces que la
esposa de Juan supo que ellos estaban hablando con su marido, los ech贸 de la
casa a golpes de escoba o con cubos de agua. Tras haber salido el hombre de su
escondite, en los seis a帽os y medio de vida libre que tuvo a partir de
entonces, la mujer procur贸 que Juan “no hablase con nadie, que no saliera
a la calle, como imponi茅ndole la misma condena que ella hab铆a sufrido por culpa
suya desde los veinticinco a帽os”.

Juan Rodr铆guez muri贸 en 1974. No
lleg贸 a ver Los topos, el famoso libro de Leguineche y Torbado, un gran 茅xito
editorial de los setenta. No estuvo en las librer铆as hasta que muri贸 Franco. En
los a帽os en los que recorr铆an Espa帽a en su Renault 8, los dos periodistas dorm铆an
muchas veces al raso y se hac铆an pasar por cualquier cosa para conseguir
localizar a los republicanos que iban saliendo a la luz. Ambos sab铆an que
aquellos testimonios que iban recopilando eran impublicables. No obstante, le
sacaron provecho a ese inconveniente: les sirvi贸 para repetir entrevistas y
apuntalar datos.

Con Juan lograron hablar por
primera vez cuando hab铆a transcurrido un a帽o de su salida a la luz. Lo vieron
viejo y d茅bil, temeroso pero con voz clara. “La cultura hace cobardes a
los hombres”. Repet铆a esa frase.

Juan les cont贸 a los dos
periodistas que era el mayor de seis hermanos, de una familia que viv铆a de una
huerta, y que desde peque帽o supo que su horizonte era trabajar. Comenz贸 a los
once a帽os y luego se hizo carpintero y entr贸 en los astilleros, en Matagorda.
Iba cada d铆a muy temprano hasta C谩diz, tomaba un caf茅 en la esquina de la calle
Plocia y luego cog铆a el remolcador. A los 18 a帽os empez贸 a escribir poes铆a y a
leer mucho. Con otros j贸venes de San Fernando form贸 una tertulia que se reun铆a
en el caf茅 Espa帽a. Le铆an a Gald贸s, a Blasco Ib谩帽ez, a Unamuno. Y a Gorki, a
Schopenhauer, a Goethe. 脡l tambi茅n comenz贸 a escribir y publicaba cuentos en
una revista de Puerto Real. A los 23 a帽os se fue a Madrid.

Trabaj贸 en la capital como pintor
de brocha gorda y al tiempo escrib铆a cuentos que enviaba al peri贸dico El
Imparcial. Pero no le publicaban nada. S铆 le publicaron una primera novela en
Barcelona: El drama de un amor vulgar. Cansado de un Madrid que no le hac铆a
caso, regres贸 a La Isla y continu贸 escribiendo. Le publicaron varias novelas.
Juan les dijo a Leguineche y Torbado que no conservaba ning煤n ejemplar, que
“cuando el Movimiento” hab铆a quemado todo: libros y peri贸dicos.

Como era taquillero en el Teatro
de las Cortes, escrib铆a para el peri贸dico La Correspondencia de San Fernando
las cr铆ticas de todo lo que pasaba por el escenario: zarzuelas, dramas,
conciertos. “La gente se sorprend铆a de que un carpintero escribiese”.
Se hab铆a casado y trabajaba en el mejor taller de la ciudad. Estaba afiliado a
la CNT.

Tres d铆as despu茅s del 18 de julio
de 1936, a Juan lo vieron por la calle unos falangistas y le pegaron una
paliza. Ya hab铆an empezado a matar gente. Se meti贸 en casa pero al d铆a
siguiente sali贸 de nuevo porque cre铆a que 茅l no corr铆a peligro. Estaba en una
barber铆a cuando unos amigos le dijeron que los falangistas lo andaban buscando.
Despu茅s, un vecino le advirti贸 de que hab铆an ido a su casa a para matarlo.

Se escondi贸 por el campo. Por la
noche dorm铆a en el cementerio, en un nicho vac铆o. A primeros de agosto se meti贸
en su casa y ya no sali贸 a la calle hasta el 24 de enero de 1968. A los diez
a帽os de encierro daba alg煤n paseo nocturno por la huerta.

Juan Rodr铆guez se carte贸 con
Jes煤s Torbado, que en 1970 lo visit贸 de nuevo acompa帽ado por el escritor isle帽o
Luis Berenguer. En una carta de enero de 1971, Juan menciona esa visita como lo
m谩s notable del a帽o en su vida solitaria: “Vivo tan apartado de
todo”. Muy precavido, v铆ctima del s铆ndrome de Estocolmo o realmente muy
ajeno a lo que suced铆a, Juan les hab铆a dicho en el 69 a Leguineche y Torbado:
“Estoy asombrado de lo bien que marcha todo, los Planes de Desarrollo, la
ciudadan铆a. Veo que Espa帽a entera trabaja por su grandeza, prosperidad y
prestigio”.

Fuente: http://www.diariodecadiz.es/provincia/topo-Isla31-anos-oculto-casa_0_1225977953.html




Fuente: Pacosalud.blogspot.com