January 25, 2021
De parte de Nodo50
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脕lvaro Uribe V茅lez levanta las manos de sus sucesores en el poder (Foto: AFP)

La oligarqu铆a m谩s violenta del continente necesita un poderoso enemigo para imponer el miedo. Tras la firma de los acuerdos de paz con las FARC-EP en el 2016, el Estado colombiano, embriagado de triunfalismo, comenz贸 a hablar de una era posconflicto e ingres贸 a la OTAN en el 2018. Sus cuentas adelantadas eran que tras esa firma lograr铆a acabar cualquier forma de resistencia popular sin reparar las injusticias que son la ra铆z del conflicto social y armado. Ese triunfo har铆a del supuesto posconflicto el mejor momento para el despojo que se hab铆a visto limitado por la guerra y conducir铆a a las Fuerzas Militares a convertirse en agentes de la guerra imperialista en el mundo.

Como siempre, la historia sorprende por su complejidad y nada result贸 tan sencillo como lo ten铆an planeado. Primero porque su propio empe帽o en anunciar el fin del principal 鈥渆nemigo interno鈥 complic贸 la justificaci贸n del terrorismo de estado sin el que no saben gobernar. Segundo porque el pueblo, sus l铆deres y lideresas sociales no se rindieron a pesar del genocidio y la sa帽a con la que los han venido ejecutando.

Decidieron entonces retomar otras pr谩cticas terroristas como las masacres que han venido ejecutando incluso en plena Bogot谩. Judicializan indiscriminadamente a quienes protestan, acorralan econ贸micamente al pueblo trabajador, dejan correr libremente la pandemia, fortalecen el monopolio de las empresas de comunicaci贸n para mostrar un pa铆s que no existe y aun as铆 las luchas populares colombianas, golpeadas y adoloridas por el desangre, persisten valerosamente.

Para colmo de sus males, tal como lo hizo Trump en Estados Unidos, Uribe profundiz贸 la polarizaci贸n de la derecha colombiana que ahora se encuentra francamente dividida entre uribistas y no uribistas, y esa disputa lleg贸 hasta las Fuerzas Militares y, por supuesto, a las bases de sus partidos.

El drama de no poseer una pol铆tica exterior soberana

Un m铆nimo criterio de realidad cambi贸 el uso del t茅rmino 鈥減osconflicto鈥 a 鈥減ost-acuerdo鈥, pero el reto era c贸mo seguir justificando la violencia interna, el uso cada vez m谩s p煤blico de Colombia como base militar estadounidense, como cabeza de playa para agredir pol铆tica, econ贸mica y hasta militarmente a Venezuela, como agente del relanzamiento de la Doctrina Monroe sobre la regi贸n y como ej茅rcito transnacional.

La respuesta ya est谩 en los titulares de las corporaciones medi谩ticas colombianas, seg煤n los cuales Colombia enfrenta nada menos que a Rusia, Cuba y Venezuela, quienes, seg煤n estos medios, se han confabulado para intervenirla, desestabilizarla y colocar en la presidencia a un cuadro 煤til a sus intereses en las elecciones del 2022. El aparatoso montaje con supuestos documentos de inteligencia, que nunca se evidencian, dar铆a risa si no pudiera tener tan terribles consecuencias.

En principio, la supeditaci贸n de la pol铆tica exterior colombiana a los designios estadounidenses ya no solo la lleva a romper relaciones con pa铆ses de la regi贸n y agredirlos, sino que la involucra en un conflicto entre potencias. A diferencia de sus hom贸logos aliados, Pi帽era y Bolsonaro, Duque ha iniciado conflictos diplom谩ticos nada menos que con el poderoso gobierno de Vladimir Putin, acusando a funcionarios de la embajada rusa de espionaje y expuls谩ndolos del pa铆s.

Al uso del ya cansado fantasma del 鈥渃astrochavismo鈥 se suma ahora la acusaci贸n a Cuba por negarse a violar los protocolos que firm贸 con el mismo Estado colombiano para acoger la mesa de di谩logo con el ELN, con lo que el gobierno de Duque dio m谩s argumentos a los Estados Unidos para agudizar el criminal bloqueo contra la isla y la trama de la que acusa a Venezuela. Asimismo, vuelve a llevar los poderes del Gobierno bolivariano a dimensiones fant谩sticas al adjudicarle la responsabilidad de todas las protestas populares que se suscitaron en la regi贸n en los dos 煤ltimos a帽os.

El gobierno uribista est谩 convirtiendo al pa铆s en el ariete de los Estados Unidos contra el mundo, a sabiendas de lo que eso ya le ha costado y lo que a煤n le puede costar al pueblo colombiano, al que pretenden condenar eternamente a la guerra dentro y fuera de sus fronteras.

Elecciones presidenciales del 2022

Desde que 脕lvaro Uribe V茅lez lleg贸 a la Presidencia de la Rep煤blica de Colombia, en agosto del 2002, 茅l y sus candidatos no han salido de la Casa de Nari帽o. Logr贸 en primer lugar legalizar su posibilidad de reelecci贸n inmediata con sus m茅todos habituales que incluyeron la compra de votos, con lo cual posteriormente logr贸 de nuevo la Presidencia en el 2006. En 2010, nombr贸 como su sucesor a su ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, quien result贸 electo para dos per铆odos consecutivos en medio de los cuales se dio una importante ruptura entre ellos y los intereses econ贸mico-pol铆ticos que encarnan, distintos pero no contradictorios.

Aprendida la lecci贸n, para el siguiente periodo 2018-2022, Uribe escogi贸 a alguien con menos capacidad para desafiarlo que Santos, subiendo en sus hombros hasta la Presidencia a Iv谩n Duque, un hombre pr谩cticamente desconocido en la pol铆tica colombiana hasta entonces y cuyo principal talento ha sido subordinarse al expresidente colombiano hasta convertirse en la imagen m谩s d茅bil que ha ocupado la Presidencia.

En resumen, durante las dos 煤ltimas d茅cadas Uribe ha ocupado o designado a quien ocupe la Casa de Nari帽o, no solamente a trav茅s de presiones e irregularidades, sino que sus pol铆ticas se convirtieron en doctrina para un sector de la derecha particularmente cercano al narcotr谩fico y al paramilitarismo. Ser铆a un gran error negar que ha tenido tambi茅n momentos de muy alta popularidad.

Tan pronto el uribismo se alz贸 con el triunfo en las elecciones presidenciales del 2018 dijimos que comenzaba una etapa de uribismo sin Uribe y advertimos que, si no sab铆a hacerse a un lado los Estados Unidos acabar铆a por desecharlo como ya lo hizo antes, por ejemplo, con Noriega. Pero el ego del expresidente que se cree eterno se lo impidi贸 y el uribismo se encuentra en el peor momento, ha perdido popularidad y su legitimidad en los Estados Unidos est谩 sumamente cuestionada, sobre todo porque sus v铆nculos con el narcotr谩fico y violaciones de derechos humanos cada vez son m谩s dif铆ciles de esconder bajo la alfombra, a pesar de los car铆simos lobbies que su familia ha pagado en las esferas pol铆ticas del Norte.

El cierre de filas del partido de gobierno, el Centro Democr谩tico, con Donald Trump, lo coloc贸 en la peor posici贸n ante el nuevo presidente y, aunque eso no romper谩 los consensos fundamentales que tienen sobre Colombia, s铆 podr铆a implicar el apoyo de la Casa Blanca para quien asuma la candidatura no uribista.

Colombia es un pa铆s donde los poderes de facto como el narcotr谩fico hacen del Poder Ejecutivo una peque帽a parcela del poder real, sin embargo codiciada. De no haber un cambio radical, lo previsible para las elecciones presidenciales por venir es que finalmente perder谩 el uribismo, pero de nuevo procurar谩n que el Establecimiento quede a salvo.

Esto se hizo palpable el 27 de octubre de 2019 cuando se disputaron gobernaciones, alcald铆as, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales y el gran derrotado fue el Centro Democr谩tico, pero las coaliciones triunfantes fueron mayoritariamente alianzas lideradas por el partido del expresidente Santos, Partido de la U, Cambio Radical, Partido Conservador y Liberal, es decir: los de siempre.

Tienen tanto temor de permitir cualquier posibilidad de cercan铆a popular al poder que a煤n un hombre de centro como Gustavo Petro les causa temor y enfilan contra 茅l todas sus armas e incluso han comenzado a asesinar a los liderazgos territoriales de su organizaci贸n pol铆tica.

El lobby colombiano en los Estados Unidos seguramente se centrar谩 ahora en procurar un apoyo de la administraci贸n actual a una coalici贸n de centro, centro derecha y derecha no uribista que pueda colocar en el poder, por ejemplo, a alguien cercano al expresidente Santos como el senador Roy Barreras.

Pero el uribismo contin煤a en la Presidencia concentrando adem谩s los poderes del Estado en instituciones dirigidas por sus ac贸litos. Desde ah铆, el Gobierno ha decidido emular a Trump comenzando a justificar, m谩s de un a帽o antes, la hasta ahora evidente derrota que tendr谩 en las presidenciales del 2022 con titulares de prensa amarillistas en los que acusa a Cuba y Venezuela de interferir en ese proceso, con argumentos sin sustento y fabulosos relatos en los que incluso se menciona al PSUV y al Frente Francisco de Miranda como operadores de la fant谩stica tarea.

Con esta nueva operaci贸n de guerra medi谩tica y psicol贸gica, no solo contin煤an tratando de justificar su papel en la defensa de los intereses imperialistas en la regi贸n y el mundo entero, sino que adem谩s subestiman y de nuevo criminalizan al pueblo colombiano y su decidido deseo de construir la verdadera paz.

Misi贸n Verdad




Fuente: Prensarural.org