January 1, 2022
De parte de El Topo
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En el imaginario popular se ha invisibilizado el peso de las culturas negras en la g茅nesis y presente de las m煤sicas electr贸nicas de baile. La historia del techno, o tecno, nos permite ilustrar este fen贸meno y comprender la naturaleza de 芦ida y vuelta禄 de la m煤sica electr贸nica.

La m煤sica tecno es exactamente como Detroit, un absoluto error.

Es como si George Clinton y Kraftwerk se quedaran encerrados

en un ascensor.

鈥 Derrick May, productor pionero de tecno

El tecno nace en los a帽os 80 en un Detroit azotado por la deslocalizaci贸n de las f谩bricas relacionadas con la industria del autom贸vil. Por ello, aunque capaz de alojar a varios millones de personas, su poblaci贸n no alcanza el mill贸n. Es una ciudad llena de ruinas y solares. Y es una de las pocas urbes de Estados Unidos donde la mayor铆a de la poblaci贸n es afrodescendiente.

La juventud del Detroit de aquellos a帽os no era ajena a los sonidos europeos gracias a la radio. Los primeros pioneros del tecno estaban fascinados con la m煤sica de los alemanes Kraftwerk o el 铆talo-disco de Giorgio Moroder, por ejemplo. Esta m煤sica, maquinal pero con un ritmo reconocible, era capaz de dialogar con el lugar 鈥攃iudad de m谩quinas y automatizaci贸n鈥 y proyectaba una mirada futurista que escapaba de un presente en ruinas, pero de un modo gozoso influida por otras m煤sicas con las que esta juventud hab铆a crecido y amaba, como el funk o el soul.

De hecho, la ciudad hab铆a sido una de las capitales de estos sonidos gracias a la la Motown, un legendario sello donde publicaron artistas como Diana Ross o Stevie Wonder y, a su vez, una influencia clave en otros artistas como los mismos Kraftwerk y Moroder, que eran amantes de su m煤sica. Un sello que tambi茅n se hab铆a deslocalizado en los a帽os 70, ahondando la crisis cultural y simb贸lica de la ciudad.

Con todas estas influencias, estos pioneros empezaron a producir m煤sica y a crear sus propios sellos que promov铆an un nuevo y excitante panorama musical en la ciudad y cimentaban una nueva y deseada identidad cultural.

Una de sus referencias era el soci贸logo norteamericano Alvin Toffler y su concepto 芦tecno-rebelde禄, t茅rmino que nombr贸 al g茅nero gracias al t铆tulo de un recopilatorio de un sello ingl茅s que lo introdujo de manera definitiva en Europa.

Para m铆 todo encajaba: la situaci贸n pol铆tica con el Muro

que hab铆a desaparecido y el nuevo sonido electr贸nico que

despuntaba. Era m谩s definido y m谩s brutal que lo que hab铆a anteriormente [鈥 aquel nuevo estilo era la expresi贸n [鈥

de las transformaciones de la 茅poca.

鈥 Robert Hood, productor de la segunda generaci贸n del tecno de Detroit

Es en Europa donde el g茅nero encontr贸 su momento contra una cierta indiferencia estadounidense. Su todav铆a estado embrionario y la posici贸n perif茅rica de Detroit en la industria americana, dominada por Nueva York, no hab铆a ayudado a su consolidaci贸n.

Europa estaba en un momento propicio para acoger estos nuevos sonidos. El movimiento rave ya desquiciaba a la polic铆a brit谩nica y el Muro acababa de caer en Berl铆n.

Tras la ca铆da del Muro, el este de Berl铆n se hab铆a convertido en un fantasma urbano con multitud de edificios vac铆os y una regulaci贸n laxa, cuando no inexistente. Esto propici贸 el florecimiento de la escena de okupaci贸n y la creaci贸n de un circuito de eventos y lugares donde se experimentaba con los nuevos sonidos electr贸nicos que eran, nuevamente, la banda sonora adecuada para, sobre una pila de escombros, imaginar el futuro deseado desde una actitud hazlo-t煤-misma.

La escena de Berl铆n r谩pidamente estableci贸 amistades y sinergias con los productores de Detroit. Especialmente con la segunda generaci贸n, como Underground Resistance, un colectivo de potente imaginario militante.

Es en esta 茅poca cuando, a la b煤squeda de un sonido que reflejara la identidad propia de esta 芦generaci贸n de la reunificaci贸n禄, se empiezan a asociar al tecno una serie de rasgos estil铆sticos. Contundente con su bombo a negras; con mucha menos s铆ncopa y funk, m谩s duro; influido por otras culturas predominantemente blancas como el punk.

A mediados de los 90 se vislumbra la consolidaci贸n de los sonidos electr贸nicos en la industria musical; bien en el crecimiento y profesionalizaci贸n de sellos y escenas marginales, bien en el inter茅s que empiezan a mostrar por ellos las grandes discogr谩ficas. Es una 茅poca de grandes cambios para la industria musical, especialmente con la llegada de internet y la revoluci贸n que supuso para la producci贸n, promoci贸n y distribuci贸n musical.

Desde entonces, la riqueza de variedad y alcance de los g茅neros se ha acelerado. Hoy en d铆a hay escenas influidas por el tecno en lugares tan improbables para nuestro imaginario como Kampala (Uganda) o Durban (Sud谩frica). Escenas que, pese a su juventud, ya no tienen las restricciones pasadas a su distribuci贸n, por lo que han empezado a generar nuevos y fascinantes viajes de ida y vuelta, donde se mezclan influencias africanas, sudamericanas, europeas y norteamericanas. Las nacientes escenas asi谩ticas 鈥攅specialmente en China鈥, prometen nuevas alquimias y nuevos ingredientes para este viaje interminable.

Esta traves铆a cultural nos invita a pensar que esa imagen blanqueada de la m煤sica electr贸nica no est谩 en nuestro inconsciente colectivo porque los g茅neros hayan evolucionado hacia una uniformidad global y 芦m谩s blanca禄. Esto es el resultado de unas industrias culturales que, inconsciente y conscientemente, favorecen determinadas expresiones raciales y de g茅nero: bien a trav茅s de la programaci贸n de los eventos, la promoci贸n de artistas u otros aspectos de la producci贸n cultural. Sobre todo a medida que estas industrias se han consolidado y las consideraciones empresariales han desplazado e invisibilizado otras cuestiones.

Frente a esto comienzan a alzarse voces contra lo que se ha acu帽ado como 芦gentrificaci贸n禄 de la m煤sica electr贸nica. Por ejemplo, en Estados Unidos han surgido iniciativas seminales como los colectivos Rave Reparations o Discwoman que combaten la invisibilizaci贸n y discriminaci贸n en las escenas de baile.

Son pasos peque帽os en la direcci贸n correcta, ya que estas construcciones escondidas en nuestra cultura ayudan a consolidar peligrosos discursos que lastran nuestra convivencia y perpet煤an la discriminaci贸n en todo tipo de 谩mbitos.




Fuente: Eltopo.org