December 1, 2022
De parte de Nodo50
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El caso de la hidroel茅ctrica colombiana Hidroituango, a punto de entrar en funcionamiento, muestra c贸mo un determinado modelo de desarrollo provoca impactos invisibles pero muy violentos, como la p茅rdida de condiciones de vida, carencias en el acceso a la salud o miedos constantes. 鈥淣os han quitado las ganas de vivir鈥, dicen las mujeres afectadas.

Cartel sobre la hidroel茅ctrica Hidroituango. / Foto: J. Marcos

La pared de la presa, incrustada entre las monta帽as y el r铆o, se ve. La mole de hormig贸n rompe con la armon铆a de un territorio de subes y bajas y de tonos verdes infinitos a煤n no recogidos en el Pantone. La presa tambi茅n se oye. Porque el desag眉e exterior expulsa una cantidad de agua que parece inasumible. Y suena. Y hace un ruido bestial. Y empuja. Porque el agua cayendo arrasa. Como lo ha hecho con la monta帽a de enfrente, peladita est谩. La pared de la presa ha acumulado una cantidad de agua que ha afectado al clima, s铆. Una boina de vapor de agua arropa esta zona. La niebla recuerda que, en medio del r铆o, hay una mole de hormig贸n.

Luego hay impactos que no se ven, que son invisibles a ojos de quien visita la zona, pero rompen muchas vidas, las magullan, las hieren, las desgarran. La hidroel茅ctrica Hidroituango, a punto de entrar en operaci贸n en Colombia, ha provocado la p茅rdida de los modos de vida de quienes viv铆an a orillas del r铆o Cauca pescando o buscando pepitas de oro. Pero tambi茅n ha quitado las ganas de vivir.

Con la crudeza de quien sabe que las fisuras impalpables no hay tirita que las repare, Estela Posada insiste en que a muchas mujeres les han quitado las ganas de vivir. Hasta sus muertos les han quitado. Lo dice en una casa de refugio, la Casa Grande del Movimiento R铆os Vivos, construida en un pueblo afectado por la hidroel茅ctrica y a la que se llega tras bajar durante al menos 15 minutos, seg煤n la pericia, por un camino embarrado, colmado por las incesantes lluvias y resbaladizo. Una casa 鈥搖n porche, un par de salas grandes, una cocina con lumbre en suelo, unos ba帽os secos al final de un camino y unas vistas que dejan sin adjetivos- para vidas desplazadas, un espacio que es un abrazo en medio de la lluvia y de la niebla.

Estela Posada, en la cocina. / Foto: J. Marcos

Las orillas del r铆o Cauca, a las que ya no puede bajar la poblaci贸n de la zona, eran un espacio de vida, de sobrevivencia digna y tambi茅n de eterno descanso frente a la violencia que descose a Colombia. 鈥淗ay una consecuencia que es m谩s soterrada, m谩s invisible, m谩s dif铆cil de demostrar, que es c贸mo van desapareciendo las condiciones materiales de vida鈥, comparte Raquel Celis, del equipo de incidencia de Zehar-Errefuxiatuekin, la organizaci贸n que ha organizado el viaje period铆stico por tierras colombianas.

Las orillas del r铆o Cauca eran un cementerio tambi茅n. 鈥淣os quitaron hasta los muertos. Nos quitaron la esperanza de encontrar a los desaparecidos鈥, clama Estela Posada. La Comisi贸n de la Verdad ha estimado que entre 1985 y 2016 desaparecieron 121.768 personas en Colombia: 鈥淣uestros r铆os son fosas comunes鈥, dice tambi茅n el organismo de investigaci贸n creado a ra铆z de los Acuerdos de Paz de 2016. Una propuesta de ley de la Fundaci贸n Nydia 脡rika Bautista trata de proteger a las mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos. Porque la b煤squeda tambi茅n es un peligro. Y porque son las mujeres, en muchos casos, quienes sostienen la b煤squeda; y tambi茅n los retazos de vida y las que tratan de curar esos impactos invisibles.

Estela est谩 sentada junto a sus compa帽eras Blanca Giraldo, Ana Anaya, Mar铆a del Carmen Moreno y Lucirian del Carmen Hern谩ndez y clama ayuda psicosocial. El reclamo es evidente viendo a sus compa帽eras, todas integrantes de Amar煤, una asociaci贸n mujeres defensoras del agua y la vida articulada en el Movimiento R铆os Vivos. Quien no mira al suelo, busca el techo, o tiembla, o no para de apretujarse las manos, y una l谩grima cae y un suspiro se escapa. No hace falta que hablen, aunque lo hacen y cuentan dolor, intenso, desgarrador; describen violencia, desamparo y tristeza. No hace falta que hablen para saber que las afecciones de proyectos como Hidroituango, adem谩s de la pared sobre el r铆o y la niebla perenne, socavan la salud mental, y que las indemnizaciones o reparaciones, si las hubiera, deber铆an incluir apoyo psicol贸gico.

Tambi茅n hay miedo. Y no solo porque todas hayan sido amenazadas por estar articuladas y se opongan a la represa, sino porque el inminente encendido de dos de las turbinas de las ocho con las que contar谩 el gigante el茅ctrico trae mucha incertidumbre. La robustez del macizo rocoso genera dudas y cuando los motores arranquen mucha gente teme que las monta帽as no puedan aguantar. Duda hasta el presidente del pa铆s, Gustavo Petro, que ha pedido la evacuaci贸n de la poblaci贸n aguas abajo de la pared. Los antecedentes tampoco son halag眉e帽os, pues la hidroel茅ctrica ya colaps贸 en la primavera 2018 y el r铆o Cauca arras贸 con lo que encontr贸 en su camino.

Sin derecho a la salud

Puerto Valdivia no se entender铆a sin el r铆o. Vive sobre 茅l, pero ahora tambi茅n lo teme. M谩s que al r铆o, a la mano humana que lo ha amordazado. El colapso de hace cuatro a帽os destroz贸 barrios y casas, gener贸 desplazamientos y borr贸 del mapa un puente, parte del colegio y el centro de salud. La sala de m谩quinas de la presa, el coraz贸n del megaproyecto, tambi茅n qued贸 destrozada por el paso voraz del agua, pero en cuatro a帽os de trabajo ya est谩 lista para empezar operar. En esos mismos cuatro a帽os de trabajo a煤n no se ha construido el centro de salud. Hidroituango dar谩 una gran cantidad de luz, de megavatios no va esta cr贸nica, pero ha dejado sin ambulatorio a miles de personas.

Dorian Pulgar铆n, en Puerto Valdivia, en la zona en la que estaba el centro de salud. / Foto: J. Marcos

Desde Empresas P煤blicas de Medell铆n (EPM), la compa帽铆a responsable de la infraestructura energ茅tica, hablan de inconvenientes y de problemas de licencia. 鈥淓stamos haciendo todo lo posible y ofrezco disculpas p煤blicas鈥, dice Robinson Miranda, director del 谩rea Ambiental, Social y Sostenibilidad de Hidroituango. Tambi茅n tira de excusas: que el anterior centro de salud ten铆a algo m谩s de 300 metros cuadrados y el nuevo tendr谩 unos 1.000, que si el afectado era de tipo A y ahora la gente quiere de tipo B, es decir, de mayores prestaciones, que si hay en marcha un monitoreo geot茅rmico. 鈥淵a avanzamos en el proceso de contrataci贸n. En el pr贸ximo trimestre iniciamos鈥, se compromete Miranda en una gran sala del piso noveno de la monumental sede de EPM en Medell铆n. El futuro centro de salud, cuando sea una realidad, ser谩 de tipo A, nada de atender al reclamo ciudadano, categor铆a que seg煤n la empresa no permite atender partos.

Dorian Pulgar铆n fue durante a帽os secretaria de salud en Valdivia, municipio al que pertenece el corregimiento de Puerto Valdivia, y subraya que 鈥渓o primero de la reparaci贸n integral que va a tener que ofrecer en alg煤n momento el proyecto es la construcci贸n del centro de salud con un portafolio de servicios mejor que el que ten铆a anteriormente, m谩s fortalecido鈥. Y recuerda que, hasta 2018, las mujeres s铆 daban a luz en Puerto Valdivia, hab铆a uno o dos partos diarios: 鈥淪e vulner贸 el derecho a la maternidad segura鈥. Robinson Miranda insiste en que 鈥渘o estaban permitidos los servicios que daban鈥 y, acto seguido, subraya que tiene su coraz贸n 鈥減uesto en la comunidad鈥.

芦Se est谩 vulnerado el derecho fundamental a la salud禄 锘緾lic para tuitear

Gerente hospitalaria, Dorian Pulgar铆n lucha para que se reconstruya el ambulatorio Divino Ni帽o: 鈥淪e est谩 vulnerado el derecho fundamental a la salud. El acceso en este momento de los servicios est谩 totalmente deteriorado鈥, clama, mientras pide una reparaci贸n integral que contemple la salud mental, como tambi茅n hace Estela. Y recuerda que antes se atend铆an urgencias vitales y que hab铆a seguimiento perinatal, mientras ahora muere gente por no tener un acceso r谩pido. Porque s铆, hay un puestito de salud provisional, que, explica Pulgar铆n, solo da cobertura al 30 por ciento de las necesidades reales sanitarias de las 9.500 personas que viven en Puerto Valdivia, entre la cabecera y las veredas. Porque no es solo que no haya centro de salud, sino que las carreteras est谩n cada vez peores, por lo que existen problemas de accesibilidad y movilidad. Y este es un impacto de los que se ven. Basta conducir por una carretera para entender parte de las dificultades de la gente que vive en estas zonas de influencia de Hidroituango. 鈥淗ablamos de viva o de muerte鈥, insiste la gerente hospitalaria. Hay reclamos que parecen obvios. La empresa lo sabe y pide disculpas.

Pero el centro de salud sigue en espera.

Pero los relatos de impactos contin煤an.

El desplazamiento masivo de poblaci贸n a albergues provisionales por el colapso de 2018 trajo enfermedades, cuenta Dorian Pulgar铆n, y tambi茅n violencia, violencia sexual, violencia de g茅nero, matiza. 鈥淟legaron diferentes grupos de socorro, llegaron militares y, en fin, dentro de toda esa confusi贸n se ve铆an muchas cosas con respecto a la poblaci贸n que estaba ah铆 hacinada鈥, trata de concretar.

Otra vecina recuerda aquellos d铆as, que fueron meses, en los que no hab铆a toallas higi茅nicas y en los que muchas mujeres convivieron en la misma carpa con su maltratador. 鈥淗ubo muchos embarazos; llegaron muchos actores externos, hombres con 鈥榥ecesidades鈥欌, cuenta como sin querer contar, pero dej谩ndolo claro. En la conversaci贸n tambi茅n participa una abogada de Valdivia que insiste en las afecciones psicol贸gicas, como ya hicieron Estela y Dorian. 鈥淓st谩 siendo todo demasiado cruel鈥, dice la letrada.

En una vereda de Puerto Valdivia, una barequera, es decir, una minera artesanal que prefiere no decir su nombre porque el miedo asola, cuenta que el cambio de vida ha sido extremadamente duro, que el trato es inhumano. 鈥淟as casas est谩n abandonadas por el miedo, estamos a merced de lo que Dios quiera porque [la empresa] EPM no ha hecho nada por nosotros. Ya no te puedes ni enfermar. Solo pedimos que nos devuelvan lo que ya ten铆amos, que nos devuelvan nuestra calidad de vida, nos han da帽ado nuestro estilo de vida, nos han desplazado, nos han asesinado, ha llegado grupos armados, las mujeres se prostituyen鈥︹, cuenta.

Sin plantas curativas

Una hidroel茅ctrica no es solo electricidad, una hidroel茅ctrica son muchas alternaciones. Algunas se ven, como el paisaje cambiado o el r铆o abotonado, pero para conocer otras hay que escuchar a la gente, mirar a los ojos. Y as铆 tal vez se pueda entender la importancia de la desaparici贸n de una planta, de un 谩rbol, de una semilla.

鈥淧arece poco relevante el tema de las plantas, pero hay una poes铆a detr谩s de ellas, la poes铆a del recuerdo, de los saberes, de las historias, de los dolores, de la memoria esa que guardan secretamente las plantas, y que pocos hemos querido entender, el arraigo de su historia, que ha sido tambi茅n la memoria arrebatada por el conflicto y los megaproyectos, es la forma de recordar, es la forma de resistir鈥. As铆 cuenta Amar煤, en la web del Movimiento R铆os Vivos, el fanzine que han hecho sobre plantas medicinales y m谩gico religiosas del ca帽贸n del r铆o Cauca.

Una hoja de un diccionario en una casa abandonada por el desastre de 2018. / Foto: J. Marcos

鈥淗ab铆a 260 plantas que se daban en la orilla del r铆o y que us谩bamos para la salud y ya no est谩n. Ahora tenemos que hacer fila en los hospitales y antes no 铆bamos porque ten铆amos nuestra propia medicina鈥, cuenta Estela Posada. Y recuerda que el megaproyecto se ha llevado a los muertos, y tambi茅n la salud.

El ceib贸n sirve para curar llagas y heridas en las piernas, el bencenuco es antibi贸tico, el ojo de venado ayuda con las diarreas, el matarat贸n enfrenta el chincungu帽a, el bot贸n de oro baja la fiebre y la suelda hace un buen emplasto para las hemorragias.

鈥淣o es solo una planta la que est谩 all铆, sino una saber perdido鈥, se lee en el fanzine.

La vida es otra, coinciden las mujeres. La descomposici贸n social ha provocado que muchos j贸venes de la zona entren en grupos paramilitares, hay quien ha decidido plantar coca y mucha gente tiene problemas de adicciones, como la hija de Mar铆a del Carmen, apenas una ni帽a.

Mar铆a del Carmen no quer铆a y s铆 quer铆a hablar. Le cost贸 sacar las palabras, temblaba y miraba al suelo, pero agradec铆a la escucha y agradec铆a poder contar, porque ayuda a sanar un poquito. Desplazada de la orilla del r铆o, donde viv铆a con sus propios medios, ahora trabaja haciendo el servicio en una casa. Echa de menos la vida en la playa fluvial y su hijo de seis a帽os insiste en ir a pescar, cuenta con una sonrisa. Sonr铆e, s铆, pero su historia alberga desplazamientos, desapariciones, violencia, adicciones. Como la vida de Lucirian, que o铆rla deja sin aliento.

Construir una presa no es solo hablar de megavatios, turbinas y hormig贸n. Hay impactos que son invisibles, que desgarran mientras que hay quien solo habla de electricidad. 鈥淗ay son formas muy sutiles, soterradas, que hacen dur铆simas las condiciones de vida y en las que tenemos una responsabilidad por el modelo de desarrollo. Y eso no lo nombramos y es violencia. Es violento que la gente no tenga acceso a la sanidad, o al agua potable o a vender sus alimentos. Si hay una violaci贸n masiva de hechos humanos que hacen que tu vida sea invivible en un territorio es una forma de violencia y provoca desplazamiento forzado. La violencia directa nos impresiona, la de los grupos armados, pero hay una violencia que hace las vidas cotidianas imposibles鈥, cierra Raquel Celis.


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鈥淣o quiero que la juventud colombiana tome las armas. La historia ha ense帽ado que no son el camino鈥

鈥淟a gente tiene que saber que sus privilegios son a costa del sufrimiento de muchos pueblos鈥




Fuente: Pikaramagazine.com