October 19, 2021
De parte de La Haine
109 puntos de vista


Al igual que sucedi贸 en 1998-2000 con Luis T茅llez y Ernesto Zedillo; en 2000 con Vicente Fox; en 2008 con Felipe Calder贸n y en 2013 con Enrique Pe帽a Nieto, el mundo empresarial y sus profetas neoliberales presagian una especie de fin del mundo si no se da marcha atr谩s, as铆 sea parcialmente, en la reforma constitucional en materia de la industria el茅ctrica, que busca recuperar la soberan铆a estatal sobre el sector. Los viejos y nuevos liquidadores de la empresa p煤blica repiten hoy los mismos fat铆dicos vaticinios que lanzaron en el pasado.

En 1998, Luis T茅llez, el entonces flamante secretario de Energ铆a, anunci贸 la inminente cat谩strofe de la industria el茅ctrica si no se le abr铆a la puerta a la inversi贸n privada. Los apagones generalizados estaban a la vuelta de la esquina, dijo. En febrero de 1999, el presidente Zedillo anunci贸 la propuesta de reformar los art铆culos 27 y 28 de la Constituci贸n para privatizar el sector. Su objetivo era promover la introducci贸n de particulares en el sector bajo el supuesto de que el mercado promover铆a mayor inversi贸n, mejor servicio y menores costos. Sus bravatas naufragaron. Su iniciativa descarril贸 y la hecatombe no lleg贸.

Casi a帽o y medio despu茅s, el presidente Fox comenz贸 a cabildear en favor de la misma causa. Dijo que el cumplimiento de su promesa de que la econom铆a creciera 7 por ciento depend铆a de que se apoyara esta reforma. Su subsecretario de Econom铆a, Juan Bueno, afirm贸: Tan graves son los problemas de desabasto que podr铆an explotar a corto plazo. El pa铆s no creci贸 como lo prometi贸, pero no por culpa de que no avanzara la desregulaci贸n del sector.

Calder贸n, el hombre de Repsol e Iberdrola, notific贸 que se avecinaban las mismas pesadillas, de no aprobarse su propuesta de reforma energ茅tica de abril de 2008. Pe帽a Nieto lo repiti贸 cinco a帽os despu茅s, para benepl谩cito de grandes tiburones empresariales y organismos multilaterales, cuando se ajustici贸 a la industria el茅ctrica nacionalizada, aprobando un cambio constitucional que pulveriz贸 la Comisi贸n Federal de Electricidad (CFE) y liquid贸 el patrimonio nacional en una venta de garaje.

Ahora, ante el anuncio de una reforma que busca recuperar la soberan铆a energ茅tica, quienes obtienen, gracias a la reforma de Pe帽a, ganancias privadas de los subsidios p煤blicos, vaticinan, con poca imaginaci贸n, que se precipitar谩n sobre el pa铆s las siete plagas de Egipto de siempre.

La lista de males que nos aguardan, seg煤n ellos, es interminable. Aumentar谩 el costo de la electricidad, se deteriorar谩 irremediablemente la calidad del servicio y se precipitar谩n en cascadas los apagones. Se ense帽orear谩n la fuga masiva de capitales y la par谩lisis de inversiones extranjeras directas. El peso se devaluar谩. Caer谩 sobre nosotros una terrible cat谩strofe ambiental. Y, por si fuera poco, el pa铆s deber谩 pagar miles de millones de d贸lares en indemnizaciones.

Los beneficiarios de la privatizaci贸n el茅ctrica ocultan que la participaci贸n estatal en el sector el茅ctrico no es cuesti贸n s贸lo ideol贸gica, sino producto de la naturaleza misma de la industria: de la llamada excepcionalidad el茅ctrica.

Esta singularidad tiene su origen, entre otras causas, en que la electricidad no puede almacenarse (excepto en pilas y bater铆as, a un costo alt铆simo). Por ello, se necesita sincronizar su generaci贸n con la demanda. Una vez despachada, se necesitan garantizar ciertas condiciones de operaci贸n, como el voltaje y la frecuencia. Oferta y demanda no pueden ser dejadas libremente a la mano invisible del mercado. Requieren de vigilancia detallada. La infraestructura para su transmisi贸n y distribuci贸n es muy cara; resulta absurdo duplicarla. Son monopolios naturales.

Muchos pa铆ses capitalistas nacionalizaron sus industrias el茅ctricas a mediados del siglo pasado. Lo hicieron Francia en 1946; Austria y Gran Breta帽a en 1947; Argentina en 1961; Italia en 1962, y la provincia de Quebec en 1963. Procedieron as铆 porque la planificaci贸n y coordinaci贸n gubernamentales les garantizaba grandes beneficios como naciones, que los empresarios privados no pod铆an proporcionar. Los gobiernos ten铆an la capacidad de invertir muchos recursos para impulsar el crecimiento en el sector y aguantar plazos largos para recobrar los costos de inversi贸n. Pod铆an planificar a largo plazo. Estaban en posibilidad de sacrificar m谩rgenes de ganancia para fomentar el desarrollo de otros sectores o el bienestar de la poblaci贸n.

Al calor del neoliberalismo, se impuls贸 la privatizaci贸n de los sistemas el茅ctricos. Los bienes p煤blicos pasaron a corporaciones, muchas trasnacionales, cuyo 煤nico objetivo es obtener la mayor ganancia, lo m谩s r谩pido posible. Chile fue el primer pa铆s en cambiar propiedad gubernamental por privada. Le sigui贸 Inglaterra. Entre 1988 y 1993, 2 mil 700 empresas estatales en 95 pa铆ses pasaron a manos privadas (Sharon Beder, Power Play: The Fight to Control the World鈥檚 Electricity).

El caso mexicano es paradigma de c贸mo las promesas de bajar precios con base en la competencia, mejorar el servicio y promover la innovaci贸n que acompa帽aron la privatizaci贸n del sector, resultaron falsas. Por el contrario, sirvi贸 para que, abusivamente, unos cuantos grupos empresariales obtuvieran beneficios desproporcionados a partir de bienes y subsidios p煤blicos. El a帽o pasado, la reforma de Pe帽a cost贸 al pa铆s 423 mil mdp. Las grandes ganadoras fueron 239 sociedades de autoabasto.

Es mentira que se aproxime el Apocalipsis. Hay que terminar el saqueo de nuestros recursos, recuperar la rector铆a del Estado de un sector estrat茅gico y defender la soberan铆a energ茅tica de la naci贸n. Sin movilizaci贸n social cr铆tica no ser谩 posible.

@lhan55




Fuente: Lahaine.org