April 6, 2021
De parte de Paco Salud
2,710 puntos de vista

 

 Emma Goldman:  鈥渓a mujer m谩s peligrosa del mundo鈥

Hace 152 a帽os (27 de junio de
1869) naci贸 una de las m谩s destacadas anarquistas de la historia: Emma Goldman,
una feminista de origen lituano que lleg贸 a ser considerada, por el fundador
del FBI, 鈥渦na de las mujeres m谩s peligrosas de Am茅rica鈥.

Cuando Emma Goldman, que hab铆a
sido llamada por la prensa norteamericana 芦la mujer m谩s peligrosa del mundo鈥,
muri贸 oscuramente en un lugar de Canad谩, un periodista llamado William Marion
Reedy escribi贸 que aquella peque帽a pero formidable jud铆a hab铆a estado 芦ocho mil
a帽os adelantada a la de su 茅poca鈥. Sin duda, hay que considerar 茅sta como una
opini贸n bastante exaltada, pero no ser铆a injusto decir que estuvo (en muchos
aspectos) muy por delante de su tiempo. Esta brillante disc铆pula de Bakunin y
de Nietzsche, no destac贸 siempre a igual altura, pero durante unos a帽os lleg贸 a
convertirse en una aut茅ntica pesadilla para el orden establecido norteamericano
y en el terreno de la liberaci贸n de la mujer su voz resulta plenamente actual.

En su larga trayectoria vital,
Emma recorre distintos momentos de la historia moderna; momentos que para
esquematizar podemos dividir en dos partes y cuyo punto de separaci贸n tendr铆a
que ser la Primera Guerra Mundial.

Durante la etapa de preguerra,
Emma fue una de las cabezas m谩s visibles del radicalismo norteamericano,
portavoz y s铆mbolo de innumerables luchas desarrolladas contra los abusos y
arbitrariedades del Estado liberal m谩s represivo de su tiempo y sus posiciones
anarcoindividualistas se confunden a veces con las de la izquierda radical
liberal o socialista. Posteriormente, su actuaci贸n al frente de la Liga
Antiguerra sobrepas贸 los l铆mites de libertad que pod铆a conceder un Estado
agresivo dispuesto a no perder la posibilidad abierta con la Gran Guerra de
convertirse en una especie de tutor dominante del imperialismo brit谩nico
todav铆a primer eslab贸n de la cadena imperialista. Desde entonces ya nada fue
igual. Ning煤n gobierno, ning煤n otro Estado permitir铆a nunca m谩s los m谩rgenes de
libertad que Emma hab铆a conocido en la preguerra; el mundo hab铆a cambiado de
base y el liberalismo de la 茅poca del capitalismo concurrencial entr贸 en el
Museo de la Historia.

Su vida y su 茅poca, concluyen
abruptamente con la derrota de la Rep煤blica espa帽ola atenazada entre el
fascismo, el estalinismo y el liberalismo decadente, y el significado de todos
estos fen贸menos pol铆tico-sociales la sobrepasaron. Ni siquiera consigui贸
sentirse de acuerdo con los dirigentes anarcosindicalistas espa帽oles.

Esta 鈥渁narquista de ambos
mundos鈥, como la ha llamado Jos茅 Peirats; nunca fue una militante organizada
aunque tuvo parcialmente el m茅rito de sacar el anarquismo estadounidense del
pantano individualista, germanista y terrorista en que lo hab铆a encerrado la
poderosa personalidad de Johann Most (1). Tampoco fue una pensadora original. Su
pensamiento es una peculiar s铆ntesis de diversas escuelas anarquistas junto con
unas buenas dosis de Nietszche y en sus reflexiones no trata de penetrar en los
vericuetos de las contradicciones sociales. Sin embargo, s铆 fue una activista
en el sentido m谩s pleno de la palabra y en sus escritos se hizo eco de algunas
de las concepciones m谩s osadas y avanzadas de su 茅poca y les dio una proyecci贸n
militante. A pesar de su individualismo tuvo la capacidad de identificarse con
todas las causas -incluso las que causaban pavor entre sus compa帽eros-, y no
tuvo miedo en nadar contra la corriente. S贸lo que las olas que encontr贸 desde
que sali贸 de Norteam茅rica eran m谩s altas y m谩s complejas que las que hab铆a
combatido hasta entonces.

La rebeld铆a de Emma Goldman se
gest贸 originalmente en la Rusia zarista donde hab铆a nacido el a帽o 1869. En sus
Memorias (2) recuerda a su padre, un trabajador que viv铆a en el ghetto jud铆o,
como 鈥渓a pesadilla de mi infancia鈥. Su madre, continuamente brutalizada por su
marido -lo que era perfectamente legal en la legislaci贸n zarista-, ten铆a
totalmente asumido el papel de mujer sumisa y atada a las tradiciones y
costumbres, como lo demuestra el hecho de que cuando Emma empez贸 a menstruar a
los once a帽os, le dio una sonora bofetada y un rudo consejo: 鈥淓s lo que
necesita una joven cuando se convierte en mujer, como protecci贸n contra la
desgracia鈥. El padre se quejaba constantemente de que Emma no hubiera sido el
ni帽o que 茅l esperaba y preparaba para ella un destino id茅ntico al que conoc铆a
su madre. No ten铆a por qu茅 saber nada: 鈥淟as j贸venes no tienen por qu茅 saber
demasiado -le grit贸 en una ocasi贸n-, s贸lo deben saber preparar un buen plato de
pescado, cortar bien los tallarines, y dar al hombre muchos hijos鈥.

Desde luego, esto no era
precisamente lo que so帽aba Emma que era una ni帽a muy imaginativa. Desde muy
temprana edad se plante贸 dedicarse a la medicina, pero no tard贸 en comprobar
que esto era pr谩cticamente imposible. Su paso por la escuela primaria result贸
brillante por su inteligencia natural, pero fue tambi茅n tan conflictiva que vio
denegado su permiso para acceder a la ense帽anza secundaria. Ten铆a trece a帽os
cuando su familia se traslad贸 a San Petersburgo que era entonces el centro
industrial e intelectual de todas las Rusias. Inmediatamente comenz贸 a ganarse
la vida trabajando como obrera y al poco tiempo tuvo relaciones con miembros
del movimiento nihilista que conoc铆a por aquella 茅poca su apogeo, destacando en
su interior una impresionante hornada de mujeres antizaristas como Vera Figner,
Vera Sazsulith, Praskovia Ivan贸vskaya, OIga Liubat贸vicht y Elizabeth Nov谩lskaya
(3). No obstante, debido a su extrema juventud, su intervenci贸n en el
movimiento oposicionista fue 铆nfima, aunque estas relaciones tensaron su
vocaci贸n de rebelde.

En 1884, su padre arregl贸 a muy
芦buen precio鈥 su boda y crey贸 con ello poder domesticar al fin a su ind贸mita
hija, pero no fue as铆, Emma no consinti贸 y amenaz贸 con lanzarse al helado Volga
si la obligaban y en un momento determinado se puso de pie en el borde de uno
de sus puentes. Su padre tuvo entonces que ceder, pero las tensiones con 茅l
fueron agrav谩ndose hasta que un a帽o despu茅s Emma pudo huir a Am茅rica, la
芦tierra prometida鈥 para tantos rusos y se estableci贸 en Rochester junto con su
hermana mayor. 脡sta viv铆a en unas condiciones terribles y durante un tiempo
Emma se vio sola y derrotada. Encontr贸 trabajo en una f谩brica y al poco tiempo
despu茅s cometi贸 la flaqueza de casarse con Jacob Kershher, un compa帽ero suyo de
trabajo, amable y cari帽oso, pero a la postre un marido convencional que acab贸
haci茅ndosele insoportable.

Fue durante este tiempo de reci茅n
casada cuando Emma comenz贸 a frecuentar indistintamente los medios anarquistas
y marxistas, pero tras un breve espacio de tiempo de indecisi贸n tom贸 partido
por los primeros fuertemente influenciada por el caso de los 鈥渕谩rtires de
Chicago鈥 (4). Desde entonces sigui贸 el proceso en todos sus detalles, hizo
campa帽a a favor de los inculpados y ley贸 todo lo que sobre la anarqu铆a le cay贸
entre las manos. Cuando los acusados fueron condenados a muerte, Emma dice que
se sinti贸 como si naciera de nuevo: hab铆a que cambiarlo todo. Se jurament贸
dedicar desde aquel momento a la actividad revolucionaria y lo primero que hizo
fue divorciarse de su primer marido.

En Nueva York conoci贸 a Johann
Most, un ex-marxista alem谩n que hab铆a sido expulsado del Partido
Socialdem贸crata alem谩n por su 鈥渆xtremismo鈥 y que se hab铆a convertido en el
anarquista m谩s af铆n con la teor铆a de la 鈥減ropaganda por el hecho鈥 o sea de la
acci贸n terrorista contra la injusticia y sus representantes llegando a escribir
un tratado sobre diversas maneras de emplear esta clase de violencia
minoritaria. Su personalidad atrajo fuertemente a Emma durante cierto tiempo y
pas贸 a ser adem谩s de su disc铆pula, su amante. Esto no dur贸 mucho y Emma empez贸
a cuestionar ambos roles. Los m茅todos dominantes de Johann la rebelaron y su
actuaci贸n le pareci贸 sectaria ya que se restring铆a a los medios germanos y
carec铆a de perspectiva de futuro ya que no iba en funci贸n de las exigencias de
las luchas de masas. Emma no estaba persuadida de la bondad de un movimiento
organizado (aunque cooper贸 con entusiasmo al lado de los sindicalistas
revolucionarios), pero pensaba que la violencia pod铆a aparecer como gratuita y
no como una acci贸n justiciera clara, al servicio de los trabajadores.

La ruptura entre Johann y Emma
fue al mismo tiempo una crisis de un sector importante del anarquismo
norteamericano y la parte que sigui贸 el ejemplo de ella se abri贸 al movimiento
real y rehuy贸 el ghetto de los diversos sectores de inmigrantes.

El lugar que hab铆a dejado vac铆o
Johann no tard贸 en ser ocupado y esta vez por dos hombres a la vez. Se trataba
de Alexander Berkman, que desde entonces pas贸 a ser su compa帽ero casi
inseparable, y un pintor tambi茅n de origen ruso como Berkman y con los que
estableci贸 un menage a trois que transcurri贸 sin incidentes internos dignos de
menci贸n, pero que al puritanismo norteamericano le pareci贸 el colmo de la
perversidad.

Todo termin贸 sin embargo cuando
Alexander, profundamente indignado por la masacre que la patronal hab铆a
ocasionado entre los obreros con motivo de la huelga de Hamestead Steel,
decidi贸 ejecutar por su propia cuenta a Henry Clay Frick, un 鈥渢ibur贸n de la
industria鈥 y responsable de la actuaci贸n de los pistoleros de la Pirkenton que
hab铆an disparado. El asunto no era f谩cil, con muchas dificultades consiguieron
dinero para viajar a Pensylvania, el lugar de los hechos, pero carec铆an de
armas. Siempre al lado de Alexander, Emma lleg贸 Basta el punto de intentar (sin
茅xito) ejercer la prostituci贸n para conseguir el dinero, para comprarlas.
Cuando lo consiguieron, el 12 de julio de 1892, Alexander se traslad贸 a
Pittsburg y cumpli贸 parcialmente su prop贸sito ya que el gran magnate s贸lo
result贸 herido y no tard贸 en recuperarse. La naturaleza de clase de la justicia
norteamericana se puso de manifiesto cuando el atentado de Berkman -que no daba
judicialmente para m谩s de siete a帽os por 芦homicidio frustrado鈥- es condenado a
veintid贸s a帽os de c谩rcel mientras que Henry Clay Frick, responsable del
asesinato de diez obreros no tuvo ni que pasar por la comisar铆a.

Despu茅s de este acontecimiento
Emma consigui贸 la celebridad como incendiaria y roja. Protagonista de una gran
campa帽a en defensa de su compa帽ero y amante, demostr贸 ser una soberbia oradora con
una gran fuerza y convicci贸n, aunque a pesar de todo no pudo evitar la suerte
de Berkman que descendi贸 literalmente a los infiernos del sistema penitenciario
yanqui. Del 鈥渃aso Berkman鈥 Emma pas贸 a defender otras causas de la libertad y
del movimiento obrero, ocasionando cada vez mayor esc谩ndalo y miedo entre los
bien pensantes. El colmo de su actuaci贸n, que asombr贸 a propios y extra帽os,
tuvo lugar cuando asumi贸 la defensa de Le贸n Czolgosz, un obrero de origen
polaco que hab铆a causado la muerte del presidente McKinley en un atentado con
una bomba. La prensa desarrollar谩 entonces una gran campa帽a present谩ndola como
la instigadora del crimen, aunque en realidad no hab铆a tenido nada que ver con
茅ste (5) Ciertamente, Emma estaba muy lejos de aprobar la actuaci贸n de
Czolgosz, pero estaba convencida que 茅ste hab铆a actuado por indignaci贸n
justiciera.

Por otro lado, 驴qu茅 era un
atentado individual? Poco, si se le comparaba con la represi贸n y la muerte de
decenas de sindicalistas y trabajadores. En otra ocasi贸n, en plena guerra
mundial, cuando un polic铆a le habl贸 de un atentado terrorista le respondi贸 que
en comparaci贸n con el terrorismo que se estaba desarrollando en Europa, aquel
atentado 芦era pura bagatela鈥. En este punto la posici贸n de Emma tuvo lejos de
alcanzar el rigor y el repudio que tuvo en otros anarquistas conocidos y sobre
todo en los marxistas. Con actuaciones como 茅sta no tard贸 en hacerse sumamente
impopular para los poderes p煤blicos. La polic铆a la vigilaba constantemente,
obstaculizaba siempre que pod铆a sus actividades, y la detuvo en tant铆simas
ocasiones que siempre llevaba consigo un libro para no perder demasiado el
tiempo en prisi贸n. La prensa sensacionalista la atac贸 continuamente. Se la
culp贸 de ser la instigadora de numerosas luchas obreras promovidas, a veces
espont谩neamente y, a veces, por los 鈥渨obbies鈥 (militantes del IWW), de
conspirar para derrocar el gobierno constitucional, de revelar informaci贸n
sobre el control de la natalidad鈥 de antipatriota y, por supuesto, de
prostituta.

Al margen de diversas detenciones
menores, purg贸 durante dos a帽os en una prisi贸n federal donde en poco tiempo se
situ贸 a la cabeza de la lucha por la dignidad humana. Por ello desafi贸
duramente a celadoras, polic铆as, autoridades y tenebrosas celdas de castigo. Su
actuaci贸n se dej贸 sentir y logr贸 modificar bastantes cosas, y sobre todo gan贸
para esta causa a otra recluso, Kate O鈥橦ara, que con el tiempo se har铆a famosa
cuando tras salir de libertad se traslad贸 a California e inici贸 desde all铆 una
campa帽a de protesta contra los m茅todos carcelarios imperantes y con el tiempo
lleg贸 a ser directora de penales llevando a cabo notables reformas en el
sistema.

En la cuesti贸n del feminismo se
puede decir, con palabras de Nietszche, que la Goldman fue una mujer contra su
tiempo: el car谩cter vanguardista de sus concepciones lleg贸 a soliviantar al
mism铆simo Kropotkin, el 芦pr铆ncipe anarquista鈥 que la consider贸 excesivamente
avanzadas. Fue llamada no sin motivo, la 芦Reina de los anarquistas鈥 y simboliz贸
durante su 茅poca las posiciones de autonom铆a femenina, de amor libre, de una
total falta de prejuicios鈥 Emma lleg贸 hasta asumir la defensa de los
homosexuales, algo que casi ning煤n revolucionario notorio de su tiempo se
atrevi贸 a hacer.

En su formaci贸n revolucionaria,
Emma fue antes feminista radical que anarquista. Como dice muy bien Alix
Shulman, Emma: 鈥淯tiliz贸 la doctrina anarquista para explicar la opresi贸n que
padec铆an las mujeres, pues sab铆a muy bien que la ra铆z de semejante opresi贸n era
m谩s profunda que las instituciones. Cuando su anarquismo entraba en conflicto
con su feminismo, reaccionaba siempre como feminista. A semejanza de muchas
mujeres de la izquierda actual, se rebel贸 cuando los hombres radicales le
menospreciaban por el s贸lo hecho de ser mujer鈥︹ (6)

El ideario personal de Emma era
bastante distinto del de las corrientes feministas entonces predominantes,
entre las cuales el anarquismo no se contaba. No pod铆a estar de acuerdo de
ninguna manera con las sufragistas, ni en los medios ni en los fines; Emma no
consideraba el sufragio una conquista importante y menos para formar parte de
una democracia burguesa. Estaba un poco m谩s de acuerdo con las socialistas que
pon铆an un notable 茅nfasis en la emancipaci贸n econ贸mica de la mujer, pero
consideraba los partidos como una cadena y desconfiaba de cualquier programa
pol铆tico. Para Emma era mucho m谩s importante el factor ideol贸gico y cre铆a que
el centro del problema radicaba en el machismo, en el hecho de que los hombres
eran 鈥渢iranos inconscientes鈥 y la sumisi贸n actuaba sobre las mujeres como un
芦tirano interno鈥.

La mujer estaba educada para
ejercer como tal (鈥淐asi desde la infancia, escribi贸, las j贸venes aprenden que
el m谩s alto objetivo en la vida es el matrimonio鈥), eran incapacitadas para el
goce sexual, por lo cual 芦la vida de estas muchachas se destruye por la
frustraci贸n鈥. En el momento en que la mujer contempla la sexualidad de igual a
igual que el hombre, sistem谩ticamente es tratada como alguien monstruoso o
enfermizo. Hasta los hombres m谩s avanzados se sienten inc贸modos ante mujeres
as铆 y act煤an sin excepci贸n en plan dominante. Por eso, Emma tiene claro que la
emancipaci贸n de la mujer ser谩 obra de la mujer misma:

El desarrollo de la mujer), su
libertad, su independencia, deben de surgir de ella misma, y es ella quien
deber谩 llevarlos a cabo. Primero, afirm谩ndose como personalidad y no como
mercanc铆a sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquiera que pretenda
ejercer sobre su cuerpo; neg谩ndose a engendrar hijos, a menos que sea ella
quien los desee; neg谩ndose a ser la sierva de Dios, del Estado, de la sociedad,
de la familia, etc., haciendo que su vida sea m谩s simple, pero tambi茅n m谩s
profunda y m谩s rica. Es decir, tratando de aprender el sentido y la sustancia
de la vida en todos sus complejos aspectos, liber谩ndose del temor a la opini贸n
y a la condena p煤blica. S贸lo eso, y no el voto, har谩 a la mujer libre (7).

Sin embargo, aunque en lo
fundamental ser谩 dif铆cil encontrar hoy alguna feminista que no est茅 de acuerdo
con lo que aqu铆 se dice, en el 煤ltimo aspecto la posici贸n de Emma careci贸 de
cualquier proyecci贸n al margen de las huestes 谩cratas, entre las cuales destac贸
tambi茅n otra gran personalidad femenina llamada Voltairine de Cleyre (8). La
mayor铆a del feminismo militante nunca subestim贸 la importancia de la lucha por
un derecho que le permiti贸 conocer, como dir铆a Emmeline Pankhurst, 鈥渓a alegr铆a
de la lucha鈥, y sentar las bases de movimientos ulteriores. La mujer no habr铆a
llegado a hacer las conquistas que ha hecho sin el sufragismo y sin la labor de
las socialistas en los partidos y sindicatos obreros. El punto m谩s d茅bil de
Emma fue su vanguardismo que s贸lo conect贸 con las masas precisamente en
aquellos momentos en que las luchas concretas cobraban alas a partir de una
peque帽a reivindicaci贸n. . .

Fueron muy pocas las mujeres de
su 茅poca las que llegaron a repudiar el puritanismo como ella. Emma estaba
convencida de que el sexo era 芦tan vital como la comida y el aire鈥, y subray贸
la contradicci贸n que exist铆a en el hecho de que las mujeres fueran obligadas
por una parte a ser asexuadas y por otra, a vender su cuerpo a trav茅s del
matrimonio o la prostituci贸n p煤blica. Lleg贸 a estas conclusiones no a trav茅s de
una sistematizaci贸n te贸rica -aunque fue muy influida por Havelock Ellis y por
Margaret Sanger-, sino a trav茅s de una ardua experiencia conseguida cuando
trabaj贸 en diferentes ocasiones como obrera y, sobre todo, cuando ejerci贸
durante alg煤n tiempo como asistente sanitaria. En su inquieta vida, tambi茅n
trat贸 en m煤ltiples ocasiones con 芦mujeres de vida f谩cil鈥 en las que encontr贸 no
pocas amigas que la apoyaron y la escondieron en momentos verdaderamente
dif铆ciles cuando hu铆a de la polic铆a o de los pistoleros de la patronal
preocupados por sus denuncias de las injusticias laborales o de otros
problemas. Emma lleg贸 a ver en estas mujeres una parad贸jica s铆ntesis del
problema femenino:

No existe un s贸lo lugar donde la
mujer sea tratada sobre la base de su capacidad de trabajo, sino a su sexo. Por
tanto, es casi inevitable que deba pagar con favores sexuales su derecho a
existir, a conservar una posici贸n en cualquier aspecto. En consecuencia, es
s贸lo una cuesti贸n de grado el que se venda a un s贸lo hombre, dentro o fuera del
matrimonio o a muchos. Aunque nuestros reformadores no quieran admitirlo, la
inferioridad econ贸mica y social de las mujeres es la responsable de la
prostituci贸n (9).

Con opiniones como 茅sta, no era
de extra帽ar que Emma pareciera una aut茅ntica bestia negra a unas autoridades
puritanas e hip贸critas. Un periodista dir铆a que 鈥渇ue enviada a prisi贸n por
sostener que las mujeres no siempre deben mantener la boca cerrada y su 煤tero
abierto鈥. El caso es que en cada conferencia o mitin que daba sobre la cuesti贸n
de la mujer, las autoridades dudaban si encerrarla ya antes y si no lo hac铆an
es porque tem铆an que pod铆a ser peor por la campa帽a que se desatar铆a en su
defensa. Mientras que llam贸 a las mujeres a no tener como objetivo el
matrimonio y a conseguir mejoras en las f谩bricas, o su propia determinaci贸n, la
cosa no pas贸 de unos d铆as entre rejas, pero cuando el 23 de marzo de 1915,
delante de una amplia audiencia en el 鈥淪unrise Club鈥 de Nueva York, explic贸
quiz谩 por primera vez en la historia, c贸mo ten铆an que ser utilizados los
anticonceptivos, la paciencia polic铆aca alcanz贸 un techo.

Fue entonces arrestada ipso facto
y llevada a un juicio que se convirti贸 en un acto espectacular durante el cual
-no sin una contradicci贸n por su parte- aprovech贸 magistralmente las
tradiciones democr谩ticas revolucionarias de los 芦padres de la patria鈥
norteamericana para denunciar un poder que traicionaba sus propios dioses
democr谩ticos cuando les conven铆a. Gracias a su brillante autodefensa el juez le
dio a elegir entre pasar quince d铆as en un taller penitenciario o pagar una
multa de quince d贸lares. Como la ayuda en estos casos siempre era generosa,
Emma opt贸 por lo segundo.

En Nueva York, Emma viv铆a
habitualmente en el bohemio 芦Greenwich Village鈥, tal como la muestra la famosa
pel铆cula de Warren Beatty, Reds (10). Puede decirse que en la atm贸sfera de este
barrio se hallaba como un pez en el agua, y volv铆a a 茅l siempre despu茅s de una
campa帽a pol铆tica. All铆 se encontraban amalgamadas las vanguardias est茅ticas,
morales y pol铆ticas, y Emma representaba junto con Berkman y el
italonorteamericano Carlo Tresca, el sector 谩crata. El barrio era en ocasiones
la caja de resonancia de las campa帽as pol铆ticas de los radicales como en la
que, bajo la inspiraci贸n de John Reed y con el apoyo del dirigente de los IWW,
Dan Heywood, montaron una impresionante obra teatral en la calle que
representaba la terrible huelga de Patterson. Econ贸micamente la obra fue un
fracaso, pero emocionalmente conmovi贸 los cimientos del lugar.

Cuando estall贸 la Gran Guerra en
agosto de 1914, Emma empez贸 a trabajar con todas sus fuerzas contra la
intervenci贸n norteamericana en el conflicto y fund贸 junto con Reed, Berkman,
Tresca y otros amigos la Liga Antialistamiento que lleg贸 a ser el centro
neur谩lgico de toda la agitaci贸n pacifista y antipatriotera. No pas贸 mucho sin
que fuera de nuevo detenida y juzgada al tiempo que las revistas que dirig铆a
con Berkman fueron cerradas e invadidas por la polic铆a. Situada delante de los
jueces no tuvo inconveniente en declarar: 鈥淣inguna guerra se justifica si no es
con el prop贸sito de derrocar el sistema capitalista y establecer el control
industrial de la clase trabajadora鈥 (11).

Por esta raz贸n, insisti贸 en otra
intervenci贸n, hab铆an sido consecuentes haciendo propaganda antimilitarista
desde el inicio de sus vidas militantes, aunque, al contrario que el gobierno,
la Liga que representaban jam谩s hab铆a hecho nada contra la conciencia de nadie,
s贸lo desertaban los que no quer铆an participar en una carnicer铆a motivada por
intereses financieros. Esta vez, a pesar de todo el genio pol茅mico de Emma, el
veredicto del tribunal fue m谩s all谩 de la multa o la c谩rcel, y siguiendo los
dictados del gobierno de Wilson fueron obligados al destierro fuera del pa铆s.
Para Emma aquello era pura y simplemente un robo de su ciudadan铆a, pero
significaba m谩s; era el fin de un per铆odo de una mayor flexibilidad
democr谩tica. Cuando se enter贸 de la noticia un fiscal de Washington pudo
comentar con iron铆a: 鈥淐on la prohibici贸n que se avecina y Emma Goldman que se
va, este pa铆s ser谩 muy mon贸tono鈥.

El nuevo pa铆s al que iban a
encaminarse hab铆a sido el suyo de la infancia y ahora se encontraba bajo el
signo de una revoluci贸n que les llenaba de esperanzas. Seis d铆as antes de la
Navidad de 1919 sal铆an hacia su nuevo destino en el 鈥淏uford鈥, un desvencijado
nav铆o militar. Emma y Alexander no compart铆an el estrecho criterio de muchos
anarquistas que reduc铆an la revoluci贸n de Octubre a un golpe de Estado dado por
la izquierda. Para ellos, Octubre hab铆a sido la culminaci贸n de la revoluci贸n
rusa y miraban a los bolcheviques con ojos de buenos amigos y estaban en buena
medida convencidos de que 茅stos se hab铆an apropiado de ciertas premisas
libertarias para proclamar que todo el poder deb铆a de ser para los soviets, o
sea para los consejos de obreros, campesinos y soldados. Durante los primeros
tiempos, que coincidieron con una indescriptible guerra civil que destruir铆a
radicalmente las bases materiales de la revoluci贸n, ambos trabajaron junto con
los bolcheviques que se hab铆an convertido en un Ej茅rcito Rojo disciplinado para
vencer. Durante este tiempo polemizaron con los anarquistas que se negaban a
colaborar y se establecieron un poco como un puente entre ellos y el poder
revolucionario. Esta actitud, fundamentalmente positiva, comenz贸 a cambiar al
final de la guerra cuando los bolcheviques fueron prohibiendo las diferentes
tendencias socialistas disconformes con su programa y sus m茅todos y fueron
enfrent谩ndose a las revueltas campesinas y obreras con las armas. El punto
definitivo de su ruptura ocurri贸 en medio de los acontecimientos de Kronstadt
en marzo de 1921, en los que un grupo insurreccionado levant贸 la bandera de una
tercera revoluci贸n y los bolcheviques los reprimieron por medio de la fuerza鈥
(12).

Entre enero de 1920 y marzo de
1921, Emma y Berkman trataron de mediar contra las actuaciones represivas de la
Cheka, constituida seg煤n expresi贸n de su m谩ximo jefe F茅lix Dzherjinski, por
santos y canallas. Se entrevistaron sucesivamente con Lenin y Trotsky que
prometieron revisar algunos casos; con M谩ximo Gorky al que encontraron
apesadumbrado por su mala conciencia -se hab铆a opuesto inicialmente a la revoluci贸n-
y por el terrible analfabetismo del pueblo incapaz de asumir las
responsabilidades del poder con sus propias manos; con Alejandra Kollonta茂 que
les argument贸 que en toda gran obra ten铆an que existir peque帽os errores; con
los delegados de origen libertario del II Congreso de la Internacional
Comunista como V铆ctor Serge, Alfred Rosmer, Joaqu铆n Maur铆n, etc., pero todo fue
pr谩cticamente in煤til. El caso de Makn贸 se sum贸 al de Kronstadt y la ruptura fue
tan radical que los dos se convirtieron en la principal fuente de las
acusaciones anarquistas contra el comunismo ruso.

En contra de los bolcheviques,
Emma vuelve su mirada hacia Kropotkin al que hab铆a conocido antes en un
Congreso anarquista. El 鈥減r铆ncipe anarquista鈥 que durante la Gran Guerra y en
la primera etapa de la revoluci贸n rusa hab铆a indignado a Emma por su actuaci贸n
pro-Entente y de apoyo al Gobierno provisional -Kerensky quiso hacerlo
ministro-, se encontraba ya agonizante y so帽aba con una nueva Rusia
estructurada por comunas que organizar铆an la peque帽a industria artesanal,
industrial y campesina que se federar铆an entre s铆鈥 Durante cierto tiempo y por
miedo de hacerle el juego al imperialismo que ten铆a cercado el 芦pa铆s de los
soviets鈥, ninguno de los dos escribi贸 nada para el gran p煤blico, pero en 1922
decidieron hacerlo. En uno de sus trabajos, Emma escribe:

Quiz谩 la revoluci贸n de Rusia
naci贸 ya sentenciada. Llegando arrastrada por los cuatro a帽os de guerra, que
hab铆an aniquilado sus mejores valores y devastado sus mejores y m谩s ricas
comarcas, es posible que la revoluci贸n no hubiese tenido suficientes fuerzas
para resistir los locos arrebatos del resto del mundo. Los bolcheviques afirman
que fue culpa del pueblo ruso que no tuvo suficiente perseverancia para
resistir el lento y doloroso proceso de cambio operado por la revoluci贸n. Yo no
creo eso y aceptando que esto fuese cierto, yo insisto, sin embargo, en que no
fueron tanto los ataques del exterior como los insensatos y crueles m茅todos que
en el interior estrangularon la revoluci贸n y la convirtieron en un yugo odioso
puesto sobre el cuello del pueblo ruso. La pol铆tica marxista de los
bolcheviques, alabada en un principio como indispensable a la revoluci贸n para
ser abandonada despu茅s de haber introducido el descontento, el antagonismo y la
miseria, fueron los verdaderos factores que destruyeron el gran movimiento e
hicieron perder la fe del pueblo (13).

Su profunda aversi贸n al
bolchevismo llev贸 a Emma a no distinguir en su interior el m谩s m铆nimo matiz. De
esta manera, cuando ten铆an lugar los llamados 鈥溾漰rocesos de Mosc煤鈥, no dud贸 en
escribir un panfleto contra Trotsky que ten铆an un t铆tulo bastante expl铆cito:
Trotsky habla demasiado. Para ella, 茅ste no hab铆a hecho otra cosa que preparar
el camino de Stalin y calific贸 -junto con la CNT- a los 鈥減rocesos鈥 como un mero
ajuste de cuentas entre 鈥渁utoritarios鈥. Durante la guerra civil espa帽ola lleg贸
a hablar de 鈥渃ontrarrevoluci贸n marxista鈥 para definir la pol铆tica estalinista,
y solamente cuando la represi贸n se abati贸 contra el Poum trat贸
(parad贸jicamente) a Andreu Nin y a sus compa帽eros de 鈥渧erdaderos bolcheviques鈥.

El nuevo exilio de Emma Goldman
estuvo lejos de ser dorado. No pudo volver a los Estados Unidos hasta despu茅s
de muerta y las canciller铆as europeas, temerosas de su fama de agitadora, le
negaban sistem谩ticamente un visado. No obstante, a煤n pudo palpar por 煤ltima vez
la miel de la fama y de la simpat铆a de las masas cuando un mitin suyo en Canad谩
congreg贸 a veinticinco mil personas. Despu茅s de muchas tentativas consigui贸 un
albergue en Inglaterra gracias a los esfuerzos de la izquierda laborista, en
particular a Harold Laski, te贸rico de la 鈥渞evoluci贸n consentida鈥 con el que
tuvo amistad aunque no llegara obviamente a comulgar con sus ideas.

En 1931 escribi贸 su autobiograf铆a
Living my life (Vivir mi vida) que ser谩 un gran 茅xito editorial internacional y
que representa su mayor esfuerzo literario.

Pero a pesar de este triunfo
personal, aquella fue una mala 茅poca para Emma. En Inglaterra no pod铆a
intervenir en la pol铆tica y se encontraba por primera vez desarraigada, sin un
campo de acci贸n donde proyectarse. Se encontraba profundamente deprimida cuando
le lleg贸 la terrible noticia de que su compa帽ero incondicional Alexander
Berkman se hab铆a suicidado en Par铆s. Berkman estaba al parecer muy enfermo y
muy desalentado por graves problemas con su nueva compa帽era, adem谩s el clima de
tensiones y desavenencias entre los anarquistas rusos en el que la tensi贸n
resultaba insoportable. Cuando llegaron las noticias de la guerra y la
revoluci贸n espa帽ola, Emma coment贸 que igual que ella Berkman hubiera renacido
con entusiasmo.

A pesar de toda las clases de
obst谩culos que le pon铆an las autoridades brit谩nicas, Emma no pudo permanecer
totalmente alejada de unos acontecimientos que parec铆an confirmar sus
convicciones de que una revoluci贸n anarquista era posible. Aunque no pudo
instalarse en Espa帽a como era su deseo logr贸 arreglar las cosas para poder
efectuar tres largas visitas. En una de ellas visit贸 con entusiasmo el frente
de Arag贸n, conoci贸 las experiencias comuneras y departi贸 animadamente con
figuras del anarquismo como Durruti que la caus贸 una honda impresi贸n.

Aunque el idioma era una barrera
dif铆cilmente franqueable para actuar en el escenario espa帽ol, se esforz贸 a
pesar de las prohibiciones del gobierno ingl茅s en fomentar la solidaridad con
los combatientes. Su admiraci贸n por la valent铆a y el entusiasmo de sus
compa帽eros espa帽oles no le llev贸 como a otros ilustres anarquistas extranjeros
a plegarse ante la orientaci贸n pol铆tica de la CNT-FAI. No comprend铆a ni admit铆a
que los anarquistas pudieran colaborar con los republicanos y con los
comunistas en unas tareas gubernamentales que iban en contra de la revoluci贸n
que sus bases militantes estaban llevando a cabo. Se encontraba ante este
problema bastante sola y se sinti贸 internamente dividida entre sus convicciones
y sus simpat铆as. Por un lado estaba persuadida de que en un mundo que se
derrumbaba a su alrededor no hab铆a m谩s salida que la anarqu铆a, pero por otro
intentaba comprender y ve铆a que los dirigentes anarcosindicalistas aunque no
actuaban en 鈥減rovecho propio鈥 y 鈥渆ran demasiado humanos鈥, no por ello pod铆a
dejar de denunciar una pol铆tica 鈥渞ayana con el oportunismo鈥 y plante贸 sin 茅xito
sus desavenencias en la Internacional Libertaria, aunque nunca hizo una cr铆tica
sistem谩tica y rigurosa.

La derrota de la revoluci贸n y de
la Rep煤blica espa帽ola cerraron el tiempo que se hab铆a dado por delante de su
compa帽ero y el 17 de enero de 1940 una hemorragia cerebral le caus贸 la muerte.
Con ella mor铆a en cierta medida, toda una 茅poca; mor铆a una mujer que ser铆a la
m谩s alta expresi贸n del feminismo libertario cuyos frutos sobrepasar铆an el campo
de la anarqu铆a y extender铆a su influencia entre todas las ramas del feminismo
radical.

Por Pepe Guti茅rrez-脕lvarez para
Kaosenlared

NOTAS

(1) Johann Most, c茅lebre y
controvertido anarquista alem谩n (Augsburg, Alemania, 1846-Cincinnatti, USA,
1909), que extendi贸 sus actividades por su propio pa铆s, Austria, Inglaterra y
Estados Unidos. Algunos historiadores lo equiparan como profeta a Bakunin y
Kropotkin, aunque la mayor铆a lo ven como un turbio representante del
terrorismo. Richard Drinon lo describe como un personaje que 芦lleg贸 a
convertirse en una figura verdaderamente tr谩gica, en una 鈥渃riatura de Andreiev,
a quien todos abofeteaban: no quer铆an aceptarlo en ning煤n trabajo por temor a
que su rostro ahuyentara a los clientes; las muchachas y las mujeres rechazaban
con repugnancia sus intenciones y, finalmente, la prensa, en especial la
norteamericana, utilizaba la cara barbuda de Most, coronada por una mata de
pelo, como modelo para la caricatura del anarquista que lleva la bomba bajo el
brazo禄. Hijo de una familia pobre, Most tuvo una enfermedad que dur贸 cinco
a帽os, y despu茅s de una intervenci贸n quir煤rgica le deform贸 para siempre el
rostro. Lo maltrataron una madrastra cruel y el no menos cruel patr贸n que lo
ten铆a como aprendiz. Se educ贸 con su propio esfuerzo y se hizo zapatero. Como
芦compagnon禄 viaj贸 por toda Alemania, Austria, Italia y Suiza. Fue en este
煤ltimo pa铆s donde se adhiri贸 a la AIT.

En el verano de 1869, fue
encarcelado en Viena, debido a una soflama revolucionaria. Un a帽o despu茅s de
haber participado en la organizaci贸n de una manifestaci贸n p煤blica en demanda de
la libertad de palabra y de reuni贸n, fue sentenciado a cinco a帽os acusado de
芦alta traici贸n禄. Despu茅s de algunos meses de prisi贸n, fue indultado y expulsado
de Austria. En Alemania tom贸 parte en el partido socialdem贸crata. Fue elegido
en 1874 diputado socialista en el Reichstag. En 1880, cuando la Ley contra los
socialistas, se refugi贸 en Inglaterra (algunos de sus adversarios anarquistas
achacan a esta frustraci贸n de su carrera parlamentaria su inclinaci贸n
bakuninista). Bastante radicalizado, funda Freiheit (Libertad), en abierta
pol茅mica con el 贸rgano oficial del SPD, Sozialdemokratic. Es expulsado por
indisciplina, y evoluciona hacia el anarquismo. Most ayuda a crear algunos
n煤cleos minoritarios en Alemania, y contribuye a que los 芦j贸venes socialistas禄
y la facci贸n de izquierda del socialismo austriaco, evolucione hacia el
anarquismo. En 1881 pas贸 seis meses de c谩rcel debido a un art铆culo en el que se
mostraba un entusiasta de la t谩ctica nihilista que acababa de ejecutar al zar
Alejandro II. Esta confianza en la violencia le llev贸 a escribir a menudo cosas
como la siguiente: 芦隆La dinamita! El mejor de los inventos. Introd煤zcanse
varios kilos de esta preciosa sustancia en un tubo, obt煤rense ambos extremos,
m茅tase un dedal provisto de mecha, col贸quese junto a un grupo de los ricos
par谩sitos que viven del sudor de otras frentes y pr茅ndase fuego a la mecha. El
resultado es de lo m谩s maravilloso y reconfortante鈥 Medio kilo de esta
excelente sustancia basta para hacer saltar por los aires a unos cuantos
explotadores; 隆no lo olvid茅is!禄.

No era Inglaterra entonces un
terreno propicio para la vehemencia de Most y entonces emigr贸 a los Estados
Unidos. Su entrada en la escena norteamericana no pudo ser m谩s apote贸sica. Fue
recibido con un mitin multitudinario y en poco tiempo, se puso a la cabeza de
las dispersas huestes libertarias 鈥攃ompuestas primordialmente por emigrantes
europeos y consigui贸 arrancar una importante fracci贸n de las filas socialistas
a trav茅s de varios debates p煤blicos donde impuso su talla como polemista y
orador. El medio primordial de la influencia de Most en Norteam茅rica fue la emigraci贸n
que hablaba en alem谩n. Con la colaboraci贸n de Albert Parsons y de August Spies,
Most redact贸 el famoso Manifiesto de Pittsburg, en el que se limita a
reproducir esquem谩ticamente algunas de las ideas motrices de Bakunin. En primer
lugar 鈥攜 no es casualidad鈥 el Manifiesto dice que 芦deb铆a de destruirse por
cualquier medio el orden social existente禄; en segundo t茅rmino postula la
necesidad de organizar la producci贸n siguiendo el esquema colectivista de su
maestro y, en tercer lugar, exig铆a el 芦libre intercambio de productos
equivalentes por y entre organizaciones productoras no lucrativas, sin
mediaci贸n del comercio禄. Su ideario inclu铆a adem谩s el federalismo, las
cooperativas de producci贸n, pero sobre todo insist铆a en la rebeld铆a permanente
y por cualquier medio. Most se mostr贸 largamente reacio a los planteamientos
comunistas de Kropotkin.

Sigui贸 publicando Freiheit, as铆
como algunos folletos como La peste religiosa (1883), La bestia propietaria, La
sociedad libre, donde desarrolla su concepci贸n m谩s personal del anarquismo y en
1899 muestra de su conversi贸n al comunismo publicando El comunismo libertario.
Ya 1891 hab铆a publicado en alem谩n el libro de Bakunin Dios y el Estado. En
1897, Most se hizo cargo de otro peri贸dico, el Diario de los Trabajadores. En
1886, despu茅s de los sucesos de Haymarket, una de sus editoriales incendiarias
le llevaron de nuevo a la c谩rcel, esta vez a la penitenciaria de Blakwell,
Nueva York. Poco despu茅s lo descubri贸 Emma Goldman, que se sinti贸 fascinada por
su fulgurante personalidad. 脡l se sinti贸 idolatrado y quiso tenerla a su
servicio. Lo 芦煤nico que le importa, dice, es tener cerca a su mujercita禄.
Cuando demuestra su independencia, Most se siente traicionado. En 1891 Emma se
aproxim贸 a los adversarios de Most dentro del movimiento, al grupo 芦Autonomy禄,
en el que Joseph Peukert ten铆a el papel m谩s activo. Este grupo criticaba a Most
por su tendencia conspiradora y autoritaria. En tanto que Emma Goldman se
insert贸 en un movimiento cr铆tico y radical muy amplio, Most sigui贸 aferrado a
su 谩mbito germano y fiel a los m茅todos violentos y conspirativos. Nunca lleg贸 a
ejercer una influencia social organizada. Sigui贸 luchando con su peri贸dico
hasta que la muerte le sorprendi贸 durante una gira de agitaci贸n. Su figura
atrajo la imaginaci贸n de Henry James que lo inmortaliz贸 como el misterioso
Hoffdahl de su obra La princesa Casamissima. Rudolf Rocker escribi贸 una
biograf铆a suya, Joham Most. La vida de un rebelde (La Protesta, Buenos Aires,
1927).

(2). Cf. Living my life (hay una
traducci贸n castellana editada por la Fundaci贸n Anselmo Lorenzo en dos
vol煤menes). A considerar tambi茅n: Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos,
Campo abierto, ed. Madrid, 1978 (hay una edici贸n Laia de Barcelona con otro
subt铆tulo: Una anarquista en la tormenta del siglo). Otra biograf铆a suya es la
de Richard Drinon Rebelde en el para铆so, Ed. Americalee, Buenos Aires, 1960.

(3). Cf. Cinco mujeres contra el
zar, Ed. ERA, M茅xico, 1981.

(4) El primero de mayo de 1886
los trabajadores de m谩quinas agr铆colas de McCormick de Chicago se declararon en
huelga para obtener una jornada de trabajo de ocho horas. El d铆a tres con
ocasi贸n de un mitin solidario la polic铆a carg贸 contra los trabajadores,
entonces fue cuando una bomba an贸nima estall贸 causando cuatro muertos y una
veintena de heridos. La administraci贸n americana, a falta de culpable conocido,
quiso hacer un escarmiento contra el movimiento obrero y tras un juicio
fantoche asesin贸 a los organizadores de un Congreso anarquista celebrado en las
proximidades, en Pittbourg, aunque ninguno de los inculpados estuvo en el
mitin. Su voluntad de ser enterrada junto a los 芦m谩rtires de Chicago禄 fue
respetada por la administraci贸n Roosevelt.

(5). Le贸n Czolgosz se hab铆a
acercado a Emma en una ocasi贸n pero sus amigos sospecharon de 茅l. Era muy
posible que hubiera realizado el atentado para hacerse valer en el medio
anarquista m谩s radical.

(6). Pr贸logo de Tr谩fico de
mujeres y otros ensayos sobre el feminismo, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, p.
14. Algunos de sus escritos (Amor y matrimonio, La tragedia de la emancipaci贸n
femenina, fueron publicados por las Mujeres Libres.

(7). Ibidem, p.18.

(8). 鈥淟a m谩s bella flor de esa
evoluci贸n libertaria -de los dem贸cratas de izquierda- entre americanos que, sin
preocuparse de las escuelas socialistas y anarquistas europeas, trataban
simplemente de combinar al m谩ximo de libertad, de solidaridad y de sentimientos
revolucionarios como abnegados para los trabajadores explotados, para las
mujeres enfeudadas a las costumbres de la familia, para la humanidad sometida a
los gobernantes fue Voltairine de Cleyre (1886-1912) inspirada sus comienzos
por el libre pensamiento, el martirologio de Chicago y las ideas e impulsiones
de ayer, D. Lum (1839-1893), pero llegada durante sus veinticinco a帽os de
actividad a una concepci贸n de la anarqu铆a que fue tal vez la m谩s amplia,
tolerante, y adem谩s seria, reflexiva, que conocemos al lado de Eliseo Recl煤s.
En su conferencia sobre la anarqu铆a dada en Filadelfia de 1902, explica las
diversas concepciones, la individualista, la mutualista (Lum), las
colectivistas, la comunista en perfecta igualdad y explica las diferencias por
los ambientes y personalidades donde han nacido. Si se hubiera dado siempre en
esta posici贸n, cu谩ntas animosidades est茅riles nos habr铆an sido ahorradas!鈥 Max Nettlau,
Historia de la anarqu铆a, Ed. Zafo, Barcelona, 1978. Cuando un senador
reaccionario dijo que dar铆a gustosos mil d贸lares por disparar a bocajarro
contra un anarquista, Voltairine se ofreci贸 como blanco.. Esto fue lo que hizo,
ser el blanco de un pistolero, seis a帽os m谩s tarde y qued贸 desde entonces
maltrecha. Sin embargo, ella no quiso llevar al autor a los tribunales.

(9) Tr谩fico de mujeres, P谩g. 38.

(10) Quiz谩s uno de los aspectos
positivos de esta pel铆cula sea su colaboraci贸n al redescubrimiento de Emma que
empero, aunque muy bien interpretado por Mauren Stapleton, aparece extra帽amente
como una mujer solitaria, sin Berkman y bastante cortada de su contexto real de
intervenci贸n. Sobre Reds me permito se帽alar mi trabajo sobre la pel铆cula
aparecido en la antolog铆a de John Reed titulada Rojos y Rojas (Ed. Intervenci贸n
cultural/El Viejo Topo, Barcelona, 1999).

(11). Esta f贸rmula era la
defendida por los te贸ricos del 芦Industrial Worker of World鈥, de inspiraci贸n
marxista. Se trataba de una dictadura del proletariado basada en los sindicatos
y el control obrero de las industrias.

(12). Una versi贸n bastante
detallada y reflexiva sobre estos acontecimientos es la de Paul Avrich,
Kronstadt 1921, Ed. Proyecci贸n, Buenos Aires. Avrich demuestra que: a) los
ocupantes de la fortaleza no eran anarquistas y quer铆an unos soviets sin
bolcheviques; b) que los blancos deseaban fervientemente su victoria; c) que
los bolcheviques no tuvieron m谩s remedio que intervenir. Me remito a los
art铆culos sobre la cuesti贸n aparecido en Kaos.

(13). Dos a帽os en Rusia, Peque帽a
Biblioteca, Mallorca, 1978, p谩gs. 27-28. Berkman public贸 tres peque帽os libros
sobre el tema: La rebeli贸n de Kronstadt, El mito bolchevique y La revoluci贸n
rusa y el Partido Comunista. Emma Goldman igualmente trata ampliamente el tema
en su autobiograf铆a.

Fuente: http://www.elciudadano.cl/2010/06/27/23928/emma-goldman-la-mujer-mas-peligrosa-del-mundo/




Fuente: Pacosalud.blogspot.com