May 28, 2022
De parte de ANRed
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Todo empieza con un vaciamiento. Tras una debacle patronal, el propietario decide llevarse todo lo que puede, empezando a transferir fondos de manera irregular e incurriendo en estafa. Deja de liquidar los impuestos, de pagar los insumos, a proveedores, deja de pagar a sus trabajadores. Aldo todav铆a recuerda ese momento que, en el caso de La Litorale帽a, se dio en 2015: 鈥淟os primeros d铆as, 茅l no nos dijo nada. El subdelegado nos dec铆a: 鈥楳a帽ana se deposita. Ma帽ana, ma帽ana, ma帽ana鈥. Y en ese tiempo, que nos pagaban 40.000 pesos, te depositaba 2.000. 驴Qu茅 hac茅s con 2.000 pesos? Nos ven铆a envolviendo, envolviendo. 脡l estaba bien, los que sufr铆amos 茅ramos nosotros. Y ten铆amos familias. Fue muy sufrido鈥. Por Facundo Ortiz N煤帽ez.


La f谩brica de tapas de empanadas y pascualinas en la que trabajaba desde hac铆a m谩s de dos d茅cadas se dirig铆a a la quiebra. Para Aldo, y para sus casi cien compa帽eros, la resignaci贸n supon铆a caer en el desempleo, perder los beneficios por antig眉edad, y para los m谩s veteranos, ver imposibilitada su jubilaci贸n. Supon铆a igualmente una derrota m谩s amplia: a la p茅rdida de los puestos de trabajo se le sumar铆an la p茅rdida de la experiencia acumulada, del saber hacer que los trabajadores hab铆an desarrollado con los a帽os, del rol que la f谩brica ocupaba en el vecindario. Perd铆an ellos, sus familias, los vecinos. Perd铆an todos. 鈥淗asta que decidimos tomarnos la empresa. Fue duro. Pero no quedaba otra鈥.

El 27 de octubre de 2015, los empleados de esta f谩brica del barrio porte帽o de Chacarita, reunidos en asamblea, tomaron una decisi贸n: ocupar las instalaciones y parar las actividades despu茅s de meses de salario ca铆do. Para entonces, la empresa hab铆a entrado en concurso de acreedores. El due帽o hab铆a llegado a emitir 800 cheques sin fondo, la deuda acumulada superaba hasta diez veces el patrimonio de la empresa: le deb铆a plata a todo el mundo. Y cuando supo que los empleados hab铆an ocupado el lugar, puso fin a sus promesas vac铆as y mand贸 telegramas a 29 de ellos para avisarles de que estaban despedidos. Pero su Sociedad An贸nima estaba desapareciendo, y, en t茅rminos efectivos, ya no estaba en sus manos. Ante el abandono y la incapacidad de la patronal, sus trabajadores la estaban convirtiendo en una empresa recuperada.

Ocupar

鈥淗ay tres momentos que son comunes a la mayor铆a de las empresas recuperadas: el de la ocupaci贸n, el de la resistencia o la organizaci贸n de esa ocupaci贸n, que significa abrir las puertas de la f谩brica a la comunidad, recibir la solidaridad de otras experiencias, repensarse, buscar financiamiento, fondos de huelga para poder sostener esa ocupaci贸n, esa resistencia. Y despu茅s hay un tercer momento, que es la producci贸n. Y esa decisi贸n puede durar menos o m谩s, puede ser m谩s traum谩tica o menos traum谩tica. En este caso fue muy r谩pido鈥, explica Fabi谩n Pierucci, hoy el presidente de la Cooperativa de Trabajo La Litorale帽a, que en la actualidad da empleo a 48 personas.

脡l no era parte de la empresa antes de que la ocuparan, sino que se incorpor贸 cuando ya estaba en marcha la formaci贸n de la cooperativa. Lleg贸 como representante de la Federaci贸n Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA) que surgi贸 en 2006 a partir de distintas agrupaciones de empresas recuperadas que proliferaron a comienzos de la d茅cada. Su objetivo en La Litorale帽a era colaborar en las tareas de capacitaci贸n, transferencia tecnol贸gica y gesti贸n. Y tambi茅n algo m谩s: con el Grupo Alav铆o, estaba rodando una serie llamada 鈥淩edes de Trabajo y la Autogesti贸n鈥. Film贸 todo el proceso de ocupaci贸n de La Litorale帽a y lo que vino despu茅s. Y nunca m谩s se march贸.

La situaci贸n de partida era cr铆tica. La palabra 鈥渃ooperativa鈥 hac铆a saltar las alarmas. Los proveedores no quer铆an vender. Los clientes no quer铆an comprar. El sindicato pastelero hab铆a dicho que los acompa帽ar铆a en la lucha, pero, cuando formaron la cooperativa, se fueron tambi茅n: sin un nuevo patr贸n al mando, perd铆an su cuota mensual. Los administrativos, gerentes, capataces, los vendedores, gran parte de los choferes, todos aquellos que estaban m谩s cerca de la patronal siguieron el mismo camino. De los 115 empleados originales solo quedaron 70, los trabajadores de planta. Se hab铆a esfumado la jerarqu铆a al completo, y con ella todo lo que sab铆an hacer. Los que manten铆an la ocupaci贸n solo ten铆an experiencia de fabricaci贸n, ninguna de gesti贸n.

El tejido que les permitiera resistir deb铆a ser otro: los vecinos, que los ayudaron y apoyaron desde el primer momento. Otras cooperativas en situaci贸n similar, que los bancaron a lo largo de la ocupaci贸n trayendo alimentos. Las organizaciones sociales, que colaboraron en los momentos de movilizaci贸n para hacer frente a las amenazas de desalojo, con la polic铆a presente en la puerta todos los d铆as.

鈥淓mpezamos a pensar como en una l贸gica inversa鈥, cuenta Pierucci. 鈥淎 ver qu茅 entraba, cu谩ntas bolsas de harina, qu茅 producci贸n se hac铆a por d铆a, qu茅 cosas constitu铆an el costo. Hay como que ir armando un rompecabezas鈥.

Uno se encargaba de recibir la harina, as铆 que sab铆a cu谩ntas bolsas sol铆an entrar. Otro se encargaba de ser operario, as铆 que sab铆a cu谩ntas porciones de tapitas y empanadas se hac铆an al d铆a. R谩pidamente, los integrantes de la f谩brica tuvieron que aprender a asumir otras responsabilidades, a negociar, pelear precios, a hacerse cargo de la administraci贸n del d铆a a d铆a de la empresa con el fin de mantener su fuente de trabajo.

鈥淓stuvimos solamente una semana sin producir. Hab铆a en la c谩mara algo de producto el d铆a del cierre. Y tiene un vencimiento corto. Treinta y pico d铆as, si no se echa a perder. Eso no lo 铆bamos a tirar, as铆 que se empez贸 a vender. Empezamos a recuperar clientes, a explicarles la situaci贸n鈥︹. En apenas unos d铆as, el 6 de noviembre, en medio de la ocupaci贸n, la producci贸n volv铆a a arrancar.

Como siguiente paso, pidieron al juzgado que acelerara la quiebra y armaron la cooperativa, que se form贸 oficialmente en enero de 2016. Pero el mismo juzgado que verbalmente se hab铆a mostrado favorable al plan, cuando lleg贸 el momento de decretar la quiebra, y frente al plan de negocio que le propusieron los trabajadores, les neg贸 el permiso de explotaci贸n argumentando que la ocupaci贸n era ilegal. Comenzaba as铆 un largo proceso judicial que sigue abierto hasta la fecha.

鈥淪ale el (煤ltimo) fallo en contra en plena pandemia, fin de 2020, que nos tenemos que ir de la f谩brica. Otra vez. Y volvimos a apelar. Creo que vamos a ganar la apelaci贸n de nuevo, pero es como la historia sin fin. Hace seis a帽os que estamos ac谩. Hoy estamos legalmente, est谩 la f谩brica habilitada como cooperativa. La ocupaci贸n, digamos, es un s铆mbolo. Pero apelamos un fallo de desalojo, as铆 que estamos con mucha inestabilidad鈥.

Resistir

La lucha contra el cierre de empresas y por la recuperaci贸n de f谩bricas y otras unidades productivas tiende a asociarse a la crisis iniciada en 2001. Sin embargo, aunque de manera menos visible, el proceso hab铆a comenzado al menos una d茅cada atr谩s, en pleno proceso de desindustrializaci贸n, y creci贸 durante la d茅cada neoliberal, hasta llegar a un centenar durante el estallido social. Seg煤n los estudios que ha ido realizando el programa de Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en Argentina existen hoy d铆a m谩s de 400 empresas recuperadas, con alrededor de 15.000 trabajadores y trabajadoras. La realidad es que hoy, 20 a帽os despu茅s, hay m谩s empresas recuperadas que nunca.

Seg煤n Andr茅s Ruggeri, antrop贸logo social y coordinador de este programa de la Facultad de Filosof铆a y Letras de la UBA desde 2002, esto indica que, para los trabajadores en situaciones de quiebra, la herramienta de la recuperaci贸n 鈥渢iene mucha proyecci贸n y se sigue usando. Sigue habiendo empresas recuperadas ahora, m谩s de 50 de estas empresas recuperadas de las 400 son de los 煤ltimos dos o tres a帽os. Y esto lo que indica es que cuando cierra una f谩brica, una empresa, no necesariamente se va a convertir en una empresa recuperada, pero la opci贸n de recuperarla est谩 presente, aparece en la discusi贸n鈥.

En esto contribuyen varios factores. Las experiencias pasadas han permitido ir reforzando redes sociales de apoyo que hoy ofrecen recursos a las nuevas empresas recuperadas, asesoramiento, abogados para el proceso judicial, experiencia acerca de lo que vaya o pueda suceder a continuaci贸n. 鈥淐ada experiencia evita, por asistencia de las redes, tener que empezar todo de cero, tener que descubrir el proceso como si nunca hubiera existido鈥.

Al mismo tiempo, la relaci贸n de este sector con el Estado resulta insoslayable. No es lo mismo tener enfrente un Gobierno que no interviene, que uno que se opone o uno que apoya. Hoy la situaci贸n se revela menos conflictiva que en otros momentos, como durante el Gobierno de Mauricio Macri. Se puso en marcha el Instituto Nacional de Asociativismo y Econom铆a Social (INAES), y hay referentes hist贸ricos de las recuperadas que ocupan puestos en instituciones, lo que facilita el acceso a financiamiento.

鈥淧ero las cuestiones fundamentales, que son cambios de legislaci贸n, cambios en lo estructural de la forma en que el Estado trata a las empresas recuperadas, no se ha modificado. Sigue habiendo precariedad, siguen sin tocarse las cuestiones que tienen que ver con la seguridad social, con los derechos laborales. Con el ver que hay un sujeto trabajador diferente al trabajador asalariado t铆pico, en relaci贸n de dependencia, y que tampoco es un empresario ni tampoco un cuentapropista. La empresa recuperada es una entidad distinta, un tipo de organizaci贸n diferente. Ese tipo de trabajador, que es colectivo, sigue sin ser reconocido鈥.

En 2011, la reforma a la Ley de Quiebras dio prioridad a los trabajadores, en el papel, para recuperar una empresa en procesos concursales si se constitu铆an como cooperativa. Pero la puesta en pr谩ctica dista mucho de cumplir la teor铆a. En la mayor铆a de los casos, la formaci贸n de la cooperativa no es m谩s que el primer paso hacia un laberinto judicial. Los tribunales suelen fallar en contra de los trabajadores, oblig谩ndolos a apelar una y otra vez, a vivir bajo continuas amenazas de desalojo y otorgando a lo sumo pr贸rrogas temporales.

En ocasiones, como sucedi贸 en La Litorale帽a, los anteriores due帽os dejan grandes deudas que los trabajadores deben asumir y resolver. En su caso, lograron comprar la quiebra a partir de los cr茅ditos que quedaron de salario ca铆do e indemnizaciones. Pero en el proceso debieron incluso hacer frente a un intento de remate del inmueble de las instalaciones, dictada arbitrariamente por un juzgado. La actual legislaci贸n sigue teniendo las suficientes lagunas como para estar abierta a la interpretaci贸n de un poder judicial que opera bajo l贸gicas de clase y con una visi贸n patronal. De los jueces depende que se acepten o no los planes que propongan los trabajadores.

Este cruce de factores provoca una situaci贸n parad贸jica para las recuperadas. Por un lado, el di谩logo con el Estado lleva a que el Ministerio de Desarrollo Productivo est茅 a punto de ejecutar el programa de financiamiento REDECO, el primero que se realiza con la finalidad espec铆fica de apoyar a las empresas recuperadas conformadas como cooperativas. Hasta 1.200 millones de pesos se invertir谩n en proyectos para compra de maquinarias y otras operaciones. Pero debido a la falta de compromiso con el reconocimiento del modelo autogestionado en s铆, no ser铆a imposible que, una vez se reciba un determinado aporte, los tribunales dicten al d铆a siguiente una orden de desalojo.

La falta de reconocimiento institucional coloca a las empresas recuperadas en una zona gris de la econom铆a. Deben pagar impuestos, pero no pueden acceder a cr茅ditos. Tampoco a aseguradoras de riesgo de trabajo, sino que han de contratar seguros por accidente. Deben aportar a la obra social, pero la jubilaci贸n que reciben es m铆nima. En su camino por el reconocimiento legal, han de cumplir con toda clase de requisitos administrativos 鈥攐btener permisos de explotaci贸n, municipales, registrar la f谩brica, contratar seguros鈥, pero tienden a ser en buena medida invisibles para el poder hasta que no se produce una crisis.

Esta situaci贸n se agrav贸 durante la pandemia y el aislamiento social preventivo obligatorio, que llev贸 incluso al cierre de casos emblem谩ticos del mundo de las recuperadas, como sucedi贸 con el Hotel Bauen. Durante la pandemia, el Estado implement贸 dos herramientas para sostener los empleos. La Asistencia para el Trabajo y la Producci贸n (ATP), que financiaba la mitad de los salarios de los trabajadores de empresas en relaci贸n de dependencia, y el Ingreso Familiar de Emergencia(IFE), destinado a los trabajadores no registrados, los cuentapropistas o integrantes de la econom铆a popular. Pero los trabajadores de cooperativas de trabajo autogestionadas no eran ni una cosa ni otra. Algunas lograron entrar dentro de la categor铆a de los sectores esenciales para mantener sus actividades. El resto, hasta que llegaron parches de emergencia, no pudieron beneficiar de ninguna de las dos pol铆ticas.

鈥溌縔 por qu茅 se quedaron afuera? Porque nadie las ve铆a. (鈥) Fue muy sintom谩tico de hasta qu茅 punto la autogesti贸n es invisible en ciertos sectores del poder, incluso, 鈥榖ienintencionados鈥. A lo sumo, los ven como un problema. 鈥楤ueno, qu茅 hacemos con estos tipos鈥. Eso se lo pueden llegar a preguntar. Lo que no se plantean es: 鈥楨sto es una alternativa. Esto es una forma econ贸mica diferente y nos interesa que se potencie鈥. Eso de ninguna manera鈥.

A la ra铆z parece hallarse la falta de voluntad pol铆tica. Pero hasta la voluntad pol铆tica necesita una fuerza social que la impulse. Las grandes movilizaciones a comienzos de los 2000 en apoyo de las recuperadas y de lo que representaban en aquel momento, que lograron en ocasiones incluso que se votaran leyes de expropiaci贸n, hoy parecen haber quedado atr谩s. 鈥(En 2001) eran parte de todo un gran proceso de movilizaci贸n social, de cuestionamiento al sistema pol铆tico, econ贸mico, y las empresas recuperadas eran una caja de resonancia de muchas cosas, mucho m谩s de lo que representaban en n煤meros econ贸micos, en la cantidad de gente implicada. Pero ahora est谩n reducidas a lo que son. No les alcanza esa fuerza como para, por ejemplo, provocar que en el Congreso Nacional se vote una ley de trabajo autogestionado. Se ha convertido en un movimiento que, si bien es m谩s grande que antes, es m谩s d茅bil simb贸lica y pol铆ticamente, porque ahora tiene menos capacidad de impactar en las pol铆ticas p煤blicas鈥.

Producir

Hace 20 a帽os, el fen贸meno de las empresas recuperadas lleg贸 a ser percibido por el campo popular como la punta de lanza de un proyecto impugnador que aspiraba a cambiar estructuralmente la sociedad, convirti茅ndose en un mito para las luchas anticapitalistas dentro y fuera de las fronteras. Para el poder, ya sea con una mirada m谩s o menos benigna, han sido interpretadas a lo sumo como una f贸rmula de emergencia y contenci贸n para sectores vulnerables. Pero a dos d茅cadas de aquel momento, seguir entendiendo la autogesti贸n como una isla al margen de la sociedad en la que transita les hace un flaco favor a las posibilidades reales de desarrollo de este modelo alternativo y a sus trabajadores.

Lo que fundamenta y permite el mantenimiento de una empresa autogestionada sigue siendo su capacidad de salvaguardar las fuentes de trabajo, producir y as铆 asegurarles ingresos a sus trabajadores. Un peque帽o emprendimiento puede quiz谩 sostenerse en un mercado paralelo solidario, pero no hay forma de que una f谩brica metal煤rgica pueda asegurar decenas o centenares de salarios dignos a espaldas del mundo, menos a煤n ante crisis sist茅micas. Se hace necesario realizar un balance cr铆tico de estas experiencias si lo que se quiere es rearmar un proyecto desde abajo que pueda disputar el modelo econ贸mico, la gesti贸n del trabajo y la distribuci贸n de la riqueza.

No cabe duda de que las experiencias de autogesti贸n se ven obligadas a vivir remando contra grandes obst谩culos. Pero hoy en d铆a, la inestabilidad parece el pan de cada d铆a de los trabajadores de cualquier rubro. Numerosas empresas recuperadas han sobrevivido hasta ahora a cambios de gobierno, aumentos inflacionarios, tarifazos e incluso a una pandemia. Y lo han hecho bajo la direcci贸n de sus propios trabajadores, salt谩ndose intermediarios, manteniendo un funcionamiento interno distinto a las l贸gicas capitalistas, apostando por un modelo m谩s democr谩tico y horizontal, prest谩ndose ayuda y recursos unas a otras. Todo ello, mientras navegan en medio de un mercado agresivo que de solidario tiene m谩s bien poco.

Para Andr茅s Ruggeri, las ventajas concretas de las recuperadas se mantienen, y seguramente expliquen por qu茅 este modelo sigue creciendo: 鈥淢uchas han logrado reconstruir esos empleos y su actividad econ贸mica, y lo m谩s importante no es que lo hayan logrado, sino c贸mo lo lograron. La cuesti贸n de la autogesti贸n, en muchos casos, es m谩s cualitativa que cuantitativa. Es un trabajo con menos explotaci贸n. Implica tambi茅n ganar mejores condiciones de trabajo, m谩s libertad, m谩s solidaridad, aunque parezca una palabra demasiado repetida, pero que es real, y en ese sentido, cualitativamente, permite dar otras respuestas. Una empresa autogestionada puede permitirse pensar cosas que a la empresa capitalista no le interesan, que tienen que ver no solamente con el bienestar de sus trabajadores, sino con el bienestar social general. Por ejemplo, plantearse que determinado producto no es bueno para el medio ambiente y buscar una soluci贸n. La empresa capitalista va a hacer los n煤meros y dice: 鈥楽i un producto m谩s ecol贸gico nos da m谩s ganancia, vamos por ah铆. Pero si perdemos plata, no nos interesa, que se hundan鈥.

En una 茅poca en la que vivimos una arremetida de renovadas formas de explotaci贸n al alero de las nuevas tecnolog铆as, camufladas bajo el eslogan del 鈥渆mprendimiento personal鈥, que solo fomentan la disgregaci贸n, el individualismo y la competitividad entre trabajadores en un contexto de creciente precariedad, las empresas recuperadas abren la puerta tambi茅n a volver a tejer lazos entre trabajadores en un momento en que parecen haberse perdido.

En la Cooperativa de Trabajo La Litorale帽a se asent贸 desde el inicio la asamblea como 贸rgano de decisi贸n. Tienen un consejo de administraci贸n determinado por la Ley de Cooperativas que, en este caso, se corresponde con la direcci贸n operativa de la f谩brica. Sus reuniones responden a un 贸rgano de planificaci贸n ampliado: participan los responsables de cada uno de los sectores del organigrama, y cualquier trabajador de la f谩brica puede asistir. Todos los cargos, desde los miembros del consejo a los responsables de cada sector, se van rotando. Desde el primer al 煤ltimo integrante de la f谩brica reciben el mismo salario, independientemente de sus responsabilidades; otra decisi贸n que parti贸 de aquella primera asamblea que llev贸 a la ocupaci贸n y al camino de la autogesti贸n.

鈥淎c谩 no hay plusval铆a鈥, subraya Fabi谩n Pierucci, que pronto completar谩 sus tres a帽os como presidente de la cooperativa, cediendo paso a un nuevo consejo. 鈥淧orque todos tenemos el mismo ingreso. No hay forma de que haya plusval铆a en esta f谩brica鈥.

En paralelo, la cooperativa mantiene una pol铆tica de 鈥減uertas abiertas鈥. Intenta mantener un estrecho lazo con el barrio, realizando trabajo comunitario, apoyando a otras cooperativas en resistencia y recibiendo regularmente a escuelas para compartir la experiencia entre los m谩s chicos. En mayor o menor medida, todas las empresas recuperadas intentan devolverle algo a la comunidad que las apoy贸 y alimentar la red que les permiti贸 levantar su proyecto.

鈥淣o hay que idealizar estas experiencias. Tampoco infravalorarlas. Pero hay que estar todos los d铆as鈥, a帽ade.

El trabajo prosigue tras los muros de la f谩brica de tapas y empanadas de Chacarita. Ataviados con sus redes para el cabello y uniformes blancos, los compa帽eros de la f谩brica preparan la mezcla de harina y margarina, a帽aden las capas de hojaldre, se lamina, se reduce el espesor, se corta. La materia prima recorre su ciclo a trav茅s de las m谩quinas, siendo transportada y tratada de una cinta a otra por los trabajadores antes de encarar el envasado, hasta que el producto queda listo para el embalado, atraviesa el montacargas y las tapas ingresan al sector de fr铆o para su posterior distribuci贸n.

鈥淓s duro en alg煤n sentido, pero afuera tambi茅n. Lo que tiene es que la intensidad del trabajo es consensuada. 驴Vieron la pel铆cula Tiempos Modernos de Chaplin? El forzudo que, cada vez que cambia la palanca, anda m谩s r谩pido la velocidad de la cinta, y Chaplin se enloquece. No puede completar su tarea. Eso no existe ac谩. No existe. Tenemos nuestro comedor, nos reunimos, hacemos turnos, tenemos tiempos laxos. Nadie le va a molestar a nadie. Eso est谩 buen铆simo鈥.

Fuente: El Salto





Fuente: Anred.org