March 4, 2021
De parte de Arrezafe
130 puntos de vista


SIDECAR
– 08/02/2021

Traducción:
Lucas Antón

Así
que, hemos llegado a esto: Ken Loach está sufriendo una campaña de
difamación alentada por quienes no se detendrán ante nada para
proteger las políticas de apartheid del régimen de Israel. El
mensaje que se envía a las personajes de buena conciencia es
sencillo: si no queréis veros tachados de antisemitas, guardad
silencio sobre los crímenes contra la humanidad y los ataques a los
DDHH en tierra palestina. Nos ponen a los demás sobre aviso: si
podemos hacerle esto a Ken Loach, un hombre que ha pasado su vida
abogando en favor de las víctimas de la opresión, el racismo y la
discriminación, imaginaos lo que os haremos a vosotros. Si os
atrevéis a apoyar los DDHH de los palestinos, afirmaremos que odiáis
a los judíos.

El
arte de difamar el perfil de un izquierdista se ha ido afinando aún
más en los últimos tiempos. Cuando el Financial Times me
llamó “motorista marxista”, me confesé gustosamente culpable.
Llamarme estalinista, como hacen algunos derechistas nada
sofisticados, tampoco logra desatar una crisis existencialista en mi
alma. Pero si me llaman misógino o antisemita, el dolor es
inmediato. ¿Por qué? Pues porque conocedor de hasta qué punto
estamos todos imbuidos en las sociedades occidentales de patriarcado,
antisemitismo y otras formas de racismo, esas acusaciones tocan
nervio.

Así
pues, resulta una deliciosa ironía que a aquellos de nosotros que
hemos hecho los mayores esfuerzos por librar a nuestras almas de la
misoginia, el antisemitismo y otras formas de racismo es a quienes
más nos duele que nos acusen de estos prejuicios. Somos
perfectamente conscientes de la facilidad con la que el antisemitismo
puede contagiarse a gente que no es racista en otros aspectos.
Entendemos bien su astucia y su fuerza. Esta es la razón por la que
la acusación estratégica de antisemitismo, cuya finalidad consiste
en silenciar y condenar al ostracismo a los que disienten con el
apartheid sionista, nos provoca un turbulencia interior. Y esto es
que lo que está detrás del desmedido éxito de esas campañas de
vilipendio contra amigos míos como Jeremy Corbyn, Bernie Sanders,
Brian Eno, Roger Waters y ahora Ken Loach.

“¿No es síntoma de antisemitismo su crítica exclusivamente de Israel?”,
se nos pregunta a menudo. Dejando aparte la ridiculez de la
afirmación de que nos hemos dedicado a criticar exclusivamente a
Israel, la crítica de Israel no es y no puede ser nunca crítica de
los judíos, exactamente igual que la crítica del Estado griego o
del imperialismo norteamericano no es una crítica de los griegos o
de los norteamericanos. Lo mismo se aplica a la hora de interrogarse
sobre la sensatez [o los intereses que hay detrás] de haber creado
un Estado específicamente étnico.

Cuando
gente notable como Hannah Arendt y Albert Einstein han cuestionado el
proyecto sionista de un estado judío en Palestina, resulta ofensivo
afirmar que debatir la existencia de Israel significa ser antisemita.
La cuestión no es si Arendt y Einstein llevaban o no llevaban razón.
La cuestión es si el cuestionamiento de la sensatez de un estado
judío [o protestante o ateo] en la tierra de Palestina resulta
antisemita o no. Está claro que, si bien los antisemitas se
opusieron a la fundación del Estado de Israel, no se sigue de ello
que sólo los antisemitas se opusieran al robo de la tierra en
Palestina.

Mientras
un solo judío se sienta amenazado por el antisemitismo, nos
prenderemos la estrella de David en el pecho, listos y dispuestos a
que se nos cuente como judíos en solidaridad, aunque pueda ser que
no seamos judíos [ni mucho menos sionistas]. Al mismo tiempo,
llevamos la enseña palestina como símbolo de solidaridad con un
pueblo que vive en un Estado de apartheid construido por los
israelíes, lo cual perjudica a mis hermanos y hermanas judíos y
árabes, y atiza las llamas del racismo que, irónicamente, forjan
siempre una variedad más acerada de antisemitismo.

Volviendo
a Ken Loach, ninguna campaña de calumnias en su contra puede,
afortunadamente, tener éxito. No sólo porque la obra y la vida de
Ken son prueba del absurdo de la acusación, sino debido también a
los [pocos] valerosos israelíes que corren terribles riesgos al
defender el derecho de judíos y no judíos a criticar a Israel.

Así,
por ejemplo, el grupo de especialistas académicos
que ha deconstruido metódicamente la indefendible definición de
antisemitismo del IHRA [International Holocaust Remembrance
Alliance], que lo equipara a la legítima crítica que comparten
muchos israelíes progresistas. O la gente maravillosa que trabaja
con la ONG israelí de DDHH B’TSELEM para resistirse a las
políticas de apartheid de sucesivos gobiernos israelíes. Me siento
tan agradecido a ellos como a mi amigo y mentor Ken Loach.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com