February 17, 2021
De parte de El Libertario
154 puntos de vista


Grupo Moiras

 

“Todos
los feminismos adolecen del mismo defecto capital: la falta de humanismo”
“¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar
un
masculinismo, es crear una
lucha inmoral y absurda entre los sexos…” “El reformismo,
sea femenino o masculino, creer poder
apuntalar a la sociedad actual con concesiones y
palabras.”
“El día en que la mujer le
gisle
y administre, continuarán las injusticias, los
privilegios,
las desigualdades, las miserias y las luchas…”
Esto
es lo que pensaba Federica Montseny sobre el feminismo en 1924 (“Feminismo y
humanismo”, La Revista Blanca, p.13).

 

Y
esto es lo que
declaraba en
entrevista de 1979 (“Federica Montseny: cultura y anarquía”, por María
Ruipérez, Tiempo de Historia nº52,
p.24): “Hagamos una pequeña
aclaración.
En la época de mi madre, la palabra feminismo estaba casi relegada al movimiento
sufragista…” “Pe
ro en el
sentido de exaltar los derechos de la mujer[..] la labor
realizada […]fue muy importante.” “Y este
es el combate que llevan estas mujeres, obreras o intelectuales, que se daban
cuenta de que la primera cosa a obtener para la mujer
no era el voto, era el derecho de disponer de sí misma, a no
depender económicamente
del
hombre. Esta es la primera y más importante obra feminista, pero sin decirlo,
porque
ellas no hablaban de
feminismo, pero de hecho sentaron los verdaderos jalones de la
libertad de la mujer”.

 

Se
puede deducir de aquí que, aunque Mujeres
Libres
no utilizara el término feminismo,
por
un prejuicio común a todas las anarquistas de la época, de hecho, es lo que
hacían.

 

Las
que aquí escribimos asumimos el término anarcofeminismo. Las definic
iones son importantes.
El término feminismo, nos permite, por una parte, no diluir la opresión
específica de la mujer en un
antipatriarcado general (donde entra también la opresión
de género que el propio hombre sufre, y
sufren todos los géneros). Y nos po
sibilita
identificar al feminismo como
movimiento por la justicia entre mujer y hombre, no por
la supremacía de la mujer o necesariamente,
por la competencia con el hombre dentro
del
sistema social vigente, y situarnos dentro. Lo mismo que el anarquismo es
una rama del
socialismo, que no se confunde ni actúa con las formas autoritarias del mismo,
el
anarcofeminismo lo es del
movimiento feminista, y tampoco hace frente con las mujeres autoritarias.

 

En
cambio, no es una división dentro del anarquismo, sino una dimensión de él,
porque es una de las luchas que implica. El anarquismo no es una lucha de
frente único, sea lucha de clases o lucha contra el Estado, sino que es lucha
contra todas las jerarquías. Aquí quienes rechazan el uso de la palabra
entienden que cuando se llaman anarquistas, esto ya lo incluye todo. Volvemos a
repetir: lo que no se nombra, se silencia. Si nosotros no nos reconocemos como
anarquistas, jamás llevaremos a cabo lucha anarquista, y porque somos parte de
la naturaleza en evolución, sabemos que la lucha anarquista jamás tendrá fin.
De la misma manera, si no nos referimos a la dimensión feminista de la lucha
anarquista, si no nos definimos como feministas, jamás llevaremos a la práctica
el ideal de justicia entre sexos. Hay que ser conscientes de esa lucha,
llamándola por su nombre, y si es necesario creando colectivos u organizaciones
específicas.

 

Dos motivos
son los que llevan a ello. Primero, la necesidad de especializar, y segundo, la
urgencia de una permanente labor de autocrítica. La especificidad de los
problemas de la juventud, la necesidad de hacer un trabajo especial y en
profundidad en la cultura y ocio de los jóvenes, llevó a la creación de los
grupos de afinidad y luego la formación de la Federación de Juventudes
libertarias. ¿Qué sentido hubiera tenido tener que pasar todas las decisiones
por la aprobación de una asamblea formada por personas que, por edad, no tienen
exactamente las mismas inquietudes? Espontáneamente los jóvenes se unían para
socializar entre ellos y promover nuevos patrones de socialización en la juventud.
Su doble militancia en Juventudes y en CNT impedía la disgregación. No dejaban
de pertenecer al sindicato, el organismo que les vinculaba al movimiento obrero
anarquista. Al tiempo que militantes del sindicato que no eran jóvenes estaban
en estre-cho contacto y colaboración con los grupos de Juventudes.

 

La
necesidad de autocrítica permanente, llevó a la creación de la FAI, en la que
los grupos de militantes de la CNT con mayor concienciación ideológica,
seunieron para combatir las tentaciones reformistas dentro del
anarcosindicalismo español. Por medio de la propia acción ideológica dentro del
sindicato, no por ninguna dictadura interna como a menudo se criticó desde los
sectores reformistas, que precisamente son los que nunca debieran estar ahí,
dado el carácter revolucionario de la organización.

 

En el
origen de Mujeres Libres como
organización específica vuelven a darse estas motivaciones. En este caso, al
separar se trataba de combatir el machismo interno, lo cual no se podía hacer
dentro de organizaciones mixtas, por la persistencia de los prejuicios de los
hombres. La diferencia específica hacía más operativo y ágil tener asambleas
aparte, y una federación de grupos a nivel nacional como organización
diferenciada. La militancia simultánea en CNT o FAI permitiría actuar sobre
esos prejuicios manteniendo a la vez la independencia. Por supuesto, esos
prejuicios también existen en algunas compañeras mujeres, pero son prejuicios
formulados desde la óptica del hombre, que tiende a reaccionar de forma
defensiva.

 

Valga
como exponente el debate desarrollado en una serie de artículos en Solidaridad
Obrera en 1935, entre Mariano R. Vázquez,
“Marianet”, secretario de CNT entonces, y
Lucía
Sánchez Saornil, que toda
vía
no había llegado a la fundación de Mujeres
Libres
,
pero que
precisamente aquí desarrolla lo que serán sus líneas de acción. Cuando Marianet
defiende que la lucha no fuera separada porque el objetivo es primeramente
económico y el mismo, Lucía le contes
ta
que es patente la escasez de mujeres en el sindicato,
y ello es por el poco interés de los
militantes en cambiarlo. Le recuerda asimismo que
en su mayoría son hombres, que por su
posición de ventaja, tienden a asumir la subordinación moral asociada a la
función económica destinada a la mujer.
Frente a esto, la
mujer tenía
que ser persona ante todo, no reducirse a una función, tradicionalmente la
de “madrereproductoraama de casa”. La división del trabajo en
clases sociales no es lo
mismo
que la división
sexual del
trabajo. Las mujeres debían luchar contra ambas cosas
expresándose en sus propios términos. No
sin la colaboración de los hombres, advertía
Lucía.
Porque la respuesta de Marianet en sus últimos artículos de la serie fue que la
mujer era igualmente culpable de la injusticia por no
reclamar sus derechos y que se
autoemancipara
sola como el proletario del patrón. Y a esto tuvo ella que precisar que
la analogía no es exacta, puesto que los
intereses de la mujer no se contraponen a los del
hombre, que
solamente en cuanto a privilegios es el hombre el patrón de la mujer, y si
bien es humano el querer conservarlos, no
es desde luego, anarquista.

 

Es
además muy significativo el hecho de que la primera vez que Mujeres Libres fue
llamada a una reunión del Movimiento Libertario fuera el 24 de enero
de 1939 cuando
ya se estaba
evacuando Barcelona (p.25 Mujeres libres, M. Ackelsberg, ed.Virus). En
octubre del 38, la delegación de Mujeres
que había partido de Alicante en barco y debido
a
los bombardeos fascis
tas había
llegado dos días después del inicio del Pleno Nacional
de regionales del ML, agotada y hambrienta,
no fue reconocida (testimonio de Pura
Pérez
Arcos, p.25 op.cit). La propuesta de aceptación de Mujeres Libres como cuarta
rama
del movimiento, part
ió de las
mujeres que actuaron desde las otras organizaciones.
La situación bélica por lo visto impidió que
llegara a votarse en las asambleas locales.
Pero
lo que sí sabemos, es que una tras otra, las delegaciones a pleno expresaron su
negativa a ese reconocimiento esgrimiendo estas razones: que
el anarquismo no admite
diferencias
de sexo; que ese trabajo debía ser llevado a cabo por los sindicatos, y que
Mujeres
Libres
debería funcionar como sección de sindicatos y ateneos. Es decir,
que lo que no se había pedido a Juventudes y FAI, se le exigía a
Mujeres Libres.

 

Una
cosa la distinguía claramente de las otras dos organizaciones y es quizá por
eso que
costara más su
reconocimiento: Mujeres Libres, como
creación anarcofeminista, se sitúa
en
la intersección
de dos
movimientos. Pertenece al anarquismo, y a la vez pertenece a
la lucha de todas las mujeres por
emanciparse, e igualmente se integra en la historia del
feminismo. Su naturaleza es similar a la
del ecologismo y antifascismo anarquistas, que
ya
por ese
matiz se distinguen de
todos los demás, aun compartiendo objetivo específico de esos movimientos. Son
luchas o movimientos dentro del movimiento, con objetivos
integrados en uno común, eliminación de
toda forma de explotación y dominio.

 

Se
han resalta
do hasta aquí
prejuicios que son persistentes, carencias, y necesidad de la
red de organizaciones del movimiento
libertario, hoy en día muy maltrecha. Y se ha
dicho
que el anarquismo no es una lucha de frente único. Ahora bien, el anarcosindicalismo,
como
lucha obrera organizada
contra el capitalismo, es el que históricamente ha
vertebrado toda la lucha. Y así lo
entendieron Mujeres Libres, que no
eran “comunalistas
frente a
sindicalistas” como pueden pretender mistificaciones posteriores. No se daba
esa contraposición
porque la comuna es la célula político
económica
en una sociedad
libertaria, no
el sindicato. Y por su parte el sindicato no se reducía al centro de trabajo,
sino que admitía y admite formas de acción
en los demás ámbitos de la vida social (acción social, cultural, autogestionaria,
a nivel de barrio, taller, casa…), igual que supone la
cooperación con las otras organizaciones
del movimiento surgidas de la especificidad y
la
especialización.

 

Esto
supone enfoque comunitario en todo el movimiento.

Es más. El éxito del sindicato
como
herramienta revolucionaria depende de la capacidad de su militancia de
conservar
esa perspectiva
integral, de ir más allá del centro de trabajo. Y de la misma manera, no
debería atribuirse a Mujeres Libres un distanciamiento
de la filosofía socialista matriz
del
anarquismo. Lo económico es fundamental en su esquema del cambio, pero no en
un sentido vulgar, productivista, o
reformista. El análisis de la opresión femenina que
hicieron las anarquistas era muy fino. De
hecho
, se adelantó a la
crítica de las instituciones patriarcales hecha por el feminismo de la segunda
ola y posteriores, e incluso al
análisis
de la subordinación psicológica femenina que se está haciendo a fondo actualmente
en el siglo XXI. Pero para ellas el

fenómeno psicológico y el socioeconómico
estaban
interrelacionados. La mujer tenía que cultivar su autonomía personal, su crecimiento
interno, a base de un activismo dirigido a subvertir el reparto de funciones
tradicional. Como mujer y como persona de la

clase trabajadora, tenía que asumir la destrucción de la base material que
permite la reproducción de todas las jerarquías. Toda acción
se dirigía al cambio interno, y se dirigía
a esto. Lógicamente, esta visión integral del
cambio,
en sentido ecológico
de la
economía, incluyendo las relaciones con uno mismo
y con el otro, chocaba con los intereses a
corto plazo defendidos por el feminismo burgués o por las organizaciones
obreras autoritarias. Para estas la emancipación estaba en
la incorporación de la mujer a la fábrica, en el cobro de igual
salario, en la participación
de
la mujer en el esfuerzo de guerra…su liberación multidimensional, como
persona, no
se abordaba.

 

Hoy
está estallando la situación de pasividad creada a partir de la
institucionalización
del movimiento feminista. El avance del
machismo neoliberal ha levantado una ola de violencia sobre la mujer frente a
la que hay que defenderse con soluciones que el feminismo
autoritario no
nos va a aportar, estando involucrado como está, en las instituciones capitalistas. No podemos eludir la
autodefinición anarquista, como se hizo antes de la guerra
en la revista Mujeres Libres. Hay tal proliferación de feminismos (y de
anarquismos,
también), que se
hace preciso, ahora más que nunca, diferenciar quién e
s quién para no caer en trampas reformistas. Hay que
impulsar la formación tanto de los de dentro como
de los de fuera del movimiento. Contamos además con la inmensa suerte de
vivir en un tiempo en que la lucha de las
personas
con orientación sexual o gén
ero
diferente al tradicional, ha adquirido un fuerte
desarrollo
y también parte de ella se está integrando en el movimiento anarquista. El
anarcofeminismo puede enriquecerse
enormemente con la aportación desde esta lucha,
que
afecta a las nociones tradicio
nales
de femenino y masculino. Quizá, sobre todo es la
perspectiva
de la mujer transexual la que nos puede servir más en la redefinición de la
identidad mujer. En la búsqueda de
conocimiento de la realidad mujer, necesitamos
saber
si hay una diferencia rea
l, y
en qué consiste. Esta es una ventaja con la que no
contaban las antiguas militantes de Mujeres Libres, y que pensamos que no
hay que
desaprovechar.

 

En
definitiva, abogamos por la recuperación de la federación de grupos de la
organización Mujeres Libre
s, sobre sus mismas bases, que son las
que reflejamos en los principios que
conforman nuestra línea editorial, pero con actualizaciones no desacordes con
ellos.
Moiras y Madeja quisieran ser contribución a esa
recuperación.

 

¡Por la liberación de la mujer y por la Humanidad libre!

¡Salud y anarcofeminismo!

 

[Tomado
del boletín La Madeja # 1, diciembre Oviedo,
2020. Número completo accesible en https://grupomoiras.noblogs.org/files/2021/01/La-Madeja-n1.pdf.]

 




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com