November 14, 2022
De parte de La Peste
250 puntos de vista

El problema de la dominaci贸n est谩 en el coraz贸n de la reflexi贸n y del proyecto anarquistas, que se basan en su ant贸nimo: la libertad. La cr铆tica anarquista de la dominaci贸n y su resoluci贸n pasan por una concepci贸n de la libertad vista no como la licencia, la anomia ni el dejar hacer individual, sino como un componente a la vez personal y social. 鈥淟a libertad del otro extiende la m铆a hasta el infinito鈥 proclama Bakunin (1873), tras Proudhon, para el que 鈥渓a libertad de cada uno, encontr谩ndose con la de los dem谩s, no es una limitaci贸n sino una ayuda, el hombre m谩s libre es el que tiene m谩s relaci贸n con sus semejantes鈥 (1858).

La libertad, con la cuesti贸n de sus l铆mites, de su extensi贸n, su traducci贸n concreta no solo en relaci贸n social sino tambi茅n en relaci贸n especial, reenv铆a l贸gicamente a la geograf铆a (recursos, finitud, organizaci贸n del territorio). No es sorprendente, por tanto, que tras la primera oleada de pioneros, m谩s preocupados por la econom铆a, la sociolog铆a o la politolog铆a (Godwin, D茅jacque, Proudhon, Bakunin鈥), la segunda oleada de te贸ricos anarquistas, cuando el movimiento adopta ese nombre1, lleve en su seno a ge贸grafos2 . No solo los m谩s conocidos, como 脡lis茅e Reclus (1830-1905) y Piotr Kropotkin (1842-1921), sino tambi茅n Lev Mechnikov (1838-1888), Mija铆l Dragomanov (1841-1895) o Charles Perron (1837-1909). Estos ge贸grafos, que firman los textos con su nombre, trabajan coordinados y en red, poniendo sus conocimientos y reflexiones al servicio de todos3

El an谩lisis original que hacen los ge贸grafos anarquistas de las relaciones espaciales de dominaci贸n que se instauran a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX 鈥揹e las que, por no extendernos, citaremos solo algunos ejemplos- se enfrenta a dos nuevas teor铆as, el darwinismo y el marxismo, que conmocionan m谩s al tiempo que al espacio. Porque una cuestiona la idea de la Creaci贸n, teorizando sobre la evoluci贸n, y la otra postula una sucesi贸n de modos de producci贸n as铆 como una teleolog铆a hist贸rica.

Los ge贸grafos anarquistas contra el social-darwinismo, por el apoyo mutuo y la mesolog铆a 

El darwinismo afecta tambi茅n a la Geograf铆a en cuanto a la diferenciaci贸n espacial de la evoluci贸n en funci贸n del medio4. Pero los ge贸grafos anarquistas no se concentran en ese aspecto. Se interesan m谩s en rebatir el social-darwinismo que justifica la desigualdad entre los individuos y los pueblos de la especie humana, y en desarrollar el apoyo mutuo como factor complementario de 鈥渓a lucha por la existencia鈥. Esta teor铆a del apoyo mutuo es considerada pertinente y leg铆tima por muchos investigadores hasta nuestros d铆as (Georges Romanes, el ejecutor testamentario de Darwin, W. C. Allee, Ashley Montagu, Imanishi Kinji, Stephen Jay Gould鈥)5

Su elaboraci贸n revela igualmente una de las estructuraciones m谩s claras entre el trabajo cient铆fico de los ge贸grafos anarquistas y su concepci贸n pol铆tica. Kropotkin es conocido como su inventor6, pero los archivos demuestran que la teor铆a del apoyo mutuo es fruto de una elaboraci贸n com煤n, compartida con Reclus y Mechnikov durante los a帽os en que todos ellos trabajaron juntos en las orillas del lago Leman. 

Mechnikov anticipa en 1886 la idea de apoyo mutuo7. Reclus pasa el manuscrito a Kropotkin para que pueda 茅ste trabajar sobre ello durante su estancia en la c谩rcel de Clairvaux (1882-1886)8. Mechnikov trata de dar una interpretaci贸n solidaria del darwinismo planteando, como motor de la evoluci贸n, la cooperaci贸n m谩s que la competici贸n. 鈥淟a ciencia natural nos ense帽a que la asociaci贸n es la ley de toda existencia. Lo que llamamos sociedad en lenguaje corriente es solo un caso m谩s de la ley general鈥9.

M谩s tarde, prosigue su an谩lisis afirmando que el nivel m谩s alto de la evoluci贸n social ser谩 una sociedad en la que la cooperaci贸n no ser谩 impuesta, sino libremente aceptada y practicada a todos los niveles de la vida social: es decir, la anarqu铆a. 鈥淓l progreso sociol贸gico est谩 por tanto en raz贸n inversa a la coerci贸n, a la restricci贸n o a la autoridad, y en relaci贸n directa con el papel de la voluntad, la libertad, la anarqu铆a; Proudhon lo hab铆a demostrado鈥10

Durante sus a帽os de viajes y de estudios en Siberia (1862-1867), Kropotkin observ贸 sobre el terreno diversas formas de solidaridad y cooperaci贸n entre comunidades de vegetales, de animales y de humanos, as铆 como entre individuos de especies diferentes. Para 茅l, el anarquismo se sit煤a en el seno del evolucionismo y de las 鈥渃iencias positivas鈥, cuya principal baza es poner fuera de juego a todos los sistemas religiosos y metaf铆sicos.

El social-darwinismo fue ferozmente adoptado y propagado por el sabio alem谩n Ernst Haeckel (1834-1919), creador de la Ecolog铆a (1866). Esa es una de las razones por las que Reclus no adopta la Ecolog铆a, ni el t茅rmino ni su contenido (al igual que Mechnikov o Kropotkin)11. Prefiere la Mesolog铆a, que se inserta en lo que 茅l llama la 鈥済eograf铆a social鈥.

鈥淢edio鈥 es adem谩s una de las nociones clave de la geograf铆a reclusiana. Es un t茅rmino antiguo en Francia, pues ya lo encontramos en Pascal o en Diderot en su dimensi贸n f铆sica (鈥渆spacio material a trav茅s del cual pasa un cuerpo en movimiento鈥), pero el positivismo lo populariz贸 en un sentido nuevo. Auguste Comte, en efecto, esboza al principio de su reflexi贸n una 鈥渕esolog铆a鈥 o 鈥渆studio te贸rico del medio鈥, al que vuelve en su Sistema de pol铆tica positiva (1851-54).

Louis-Adolphe Bertillon (1821-1883), socialista proudhoniano, m茅dico, antrop贸logo y dem贸grafo, retoma esta idea bajo el 谩ngulo de la etolog铆a humana (o adaptaci贸n de la especie humana a los medios). Reclus, igualmente lector de Comte, expone la mesolog铆a de Bertillon en las primeras p谩ginas de El hombre y la Tierra (1905), ampli谩ndola. Porque, seg煤n 茅l, hay que combinar el tiempo largo (como se dir铆a en nuestros d铆as) y el tiempo corto, a todas las escalas. 

As铆, 鈥渓a historia de la humanidad en su conjunto y en sus partes no puede explicarse sino por la adici贸n de medios con 鈥榠ntereses compuestos鈥 durante la sucesi贸n de los siglos; pero para comprender bien la evoluci贸n que ha tenido lugar, hay que apreciar tambi茅n en qu茅 medida han evolucionado los propios medios, debido a la transformaci贸n general, modificando, en consecuencia, su acci贸n鈥12. Reclus emplea los ejemplos de las heladas que avanzan y retroceden, de los r铆os m谩s o menos dominados, los finisterres que pueden transformarse en punto de partida, o las llanuras forestales que se hacen m谩s ricas cuando se desbrozan. 

El 鈥渕edio general se descompone en elementos innumerables鈥, entre los que Reclus distingue el 鈥渕edio-espacio鈥 o 鈥渕edio por excelencia鈥, 鈥減erteneciente a la 鈥榥aturaleza exterior鈥欌 (concepto transmitido por Bakunin), o incluso 鈥渁mbiente鈥 o 鈥渕edio est谩tico primitivo鈥. Se a帽ade a ello el 鈥渕edio din谩mico鈥, combinaci贸n compleja de 鈥渇en贸menos activos鈥, en los que la 鈥渕archa de las sociedades鈥 est谩 compuesta de 鈥渆mpujones progresivos o regresivos鈥 (noci贸n empleada por Proudhon a partir de Vico). En suma, se trata de 鈥渇uerzas primeras o segundas, puramente geogr谩ficas o ya hist贸ricas, que var铆an siguiendo los pueblos y los siglos鈥13. La 鈥渄in谩mica鈥 reclusiana est谩 muy cercana a lo que Proudhon llama el 鈥渕ovimiento鈥, una noci贸n central en su obra, aunque insuficientemente explorada por los analistas. 

Es esta 鈥渄in谩mica鈥 del 鈥渕edio-espacio鈥 y del 鈥渕edio-tiempo鈥 la que constituye la 鈥渃ivilizaci贸n鈥, como insiste en ello Reclus casi incidentalmente: el conjunto de las 鈥渘ecesidades de la existencia鈥 acciona y reacciona 鈥渟obre el modo de pensar y de sentir鈥, 鈥渃reando as铆, para una gran parte, lo que llamamos 鈥榗ivilizaci贸n鈥, estado incesantemente cambiante con nuevas adquisiciones, mezcladas con supervivencias m谩s o menos tenaces. Adem谩s, el g茅nero de vida, combinado con el medio, se complica鈥14. Es incluso, m谩s exactamente, la 鈥渕edia civilizaci贸n porque no beneficia a todos鈥15

Una de las aplicaciones geogr谩ficas de la teor铆a del apoyo mutuo concierne a las ciudades. Seg煤n los ge贸grafos anarquistas, el municipio de la Edad Media es una de las expresiones hist贸ricas m谩s importantes de este principio aplicado a las sociedades humanas. Este fen贸meno reviste una gran importancia en Reclus, porque la ciudad es un objeto geogr谩fico de primer orden tanto en la Nueva Geograf铆a Universal como en El hombre y la Tierra, hasta el punto de que Reclus es considerado como uno de los precursores de la geograf铆a urbana en una 茅poca en que esta definici贸n disciplinar no exist铆a16. Si Reclus denuncia los problemas higi茅nicos y sociales de la ciudad contempor谩nea, no cae sin embargo en la urbanofobia que caracteriza a algunos autores de su 茅poca, porque 茅l ve la ciudad como indispensable centro de los saberes, y tambi茅n de las revueltas17. El ejemplo de todo ello es la Comuna de Par铆s. 

Los ge贸grafos anarquistas contra el malthusianismo 

Para Reclus, Kropotkin o Mechnikov, la ocupaci贸n del medio no est谩 en funci贸n del n煤mero de hombres sino de la calidad de su alojamiento. Son, por tanto, l贸gicamente hostiles a cualquier posici贸n estrictamente malthusiana. Siguiendo a Godwin, Proudhon y Bakunin, as铆 como a Marx y Engels, consideran adem谩s que el malthusianismo es un falso pretexto avanzado por la clase dirigente para evitar compartir igualitariamente las riquezas. Como escribe Kropotkin, 鈥減odemos decir que la teor铆a de Malthus, revistiendo de una forma pseudocient铆fica los secretos deseos de las clases poseedoras, se ha convertido en el fundamento de todo un sistema de filosof铆a pr谩ctica鈥18

Para Lev Mechnikov, 鈥渓a ley de Malthus, que estima que el n煤mero de competidores supera siempre a los medios de subsistencia, es verdadera para los animales, y podemos l贸gicamente ver que no lo es para las sociedades humanas. Porque los animales, mucho m谩s prol铆ficos que los hombres, consumen solo el alimento que encuentran preparado en la naturaleza, mientras que las tribus humanas m谩s peque帽as 鈥搎ue se benefician de cualquier organizaci贸n social- producen generalmente una gran parte de lo que consumen. La esclavitud, aparecida en el grado m谩s bajo de la evoluci贸n social, nos da pruebas suficientes de que, incluso en esas condiciones indigentes, los hombres unidos en una sociedad producen m谩s alimento del que es estrictamente necesario para todos鈥19

En un largo pasaje de La evoluci贸n, la revoluci贸n y el ideal an谩rquico (1880, 1887), 脡lis茅e Reclus desarrolla una severa requisitoria contra Malthus y su 鈥渢errible ley鈥. Considera que 鈥渓a tierra es lo suficientemente vasta para acogernos a todos en su seno, es lo suficientemente rica para poder vivir a gusto鈥. Despu茅s estigmatiza 鈥渢odo el arte actual de la repartici贸n, tal como se hace al capricho individual y con la competencia desenfrenada de los especuladores鈥. 

El argumento de Reclus se basa doblemente en una preocupaci贸n moral y social (la alegr铆a de tener hijos, la hipocres铆a y la mezquindad de los ricos), y en una demostraci贸n cient铆fica (es materialmente posible, por tanto socialmente realizable). Dos art铆culos publicados a mediados de los a帽os ochenta del siglo XIX en La R茅volt茅 (revista dirigida por Jean Grave y apoyada por Reclus y Kropotkin), que se convirtieron enseguida en folletos20, trataban de demostrar sobre bases cient铆ficas que el crecimiento de los recursos planetarios mediante la utilizaci贸n de las nuevas t茅cnicas agr铆colas y la racionalizaci贸n del sistema de producci贸n y de consumo, seguir铆a permitiendo crecer a la poblaci贸n del planeta. Resumiendo, el problema no est谩 en la cantidad limitada de los recursos, sino en su distribuci贸n inicua.

Con la ayuda de su secretario, Henri Sensine (1854-1937), Reclus lleva a cabo un c谩lculo sobre las superficies, las tierras y las riquezas, y en El hombre y la Tierra expondr谩 sus razonamientos con gran rigor. 鈥淒iversos estad铆sticos han aventurado la evaluaci贸n del n煤mero de hombres que podr铆an alimentarse en nuestro globo planetario. Esa cifra depende en primer lugar del g茅nero de vida que se le supone a un habitante medio, porque una poblaci贸n cazadora de unos 500 millones pod铆a vivir con estrecheces en un planeta en el que viven hoy el triple de hombres. Por otra parte, si se trata de basarse en la alimentaci贸n media del europeo, 隆cu谩ntos puntos sujetos a controversia suscita un estudio de este tipo! La productividad de los diferentes suelos depende de factores todav铆a muy poco conocidos, la 鈥渞aci贸n necesaria鈥 var铆a todav铆a mucho, si seguimos a los autores especialistas, por lo que no habr谩 que sorprenderse de la divergencia de los resultados鈥21.

Dicho de otro modo, Reclus desconf铆a de las medias y de las situaciones medias. Hay que razonar en funci贸n de los h谩bitos alimentarios y de las posibilidades que se ofrecen. Luego, la edafolog铆a y la agronom铆a han hecho progresos, que no deben ocultar el exceso de abonos qu铆micos, y la diet茅tica tambi茅n. En funci贸n de esas variaciones posibles, Reclus evoca c谩lculos concretos. As铆, el de Alexandr Iv谩novich Voeikov (1842-1916), fundador de la climatolog铆a en Rusia, que reflexiona sobre la adaptaci贸n 贸ptima de los cultivos a los climas, estima 鈥渜ue una poblaci贸n de diecis茅is mil millones de hombres en la franja ecuatorial comprendida entre los 15 grados Norte y los 15 grados Sur, no tendr铆a nada de raro鈥22

Enumerando un cierto n煤mero de espacios posibles (cuenca del Indo, llanura oriental de M茅xico, valles fluviales de Colombia o de Brasil鈥), Reclus piensa que 鈥渟e encontrar铆an sin dificultad territorios diez o veinte veces m谩s grandes que los 22.500 kil贸metros cuadrados necesarios para asegurar su subsistencia a la humanidad entera que, proporcionalmente, podr铆a alcanzar sin peligro los quince, veinte o treinta mil millones de individuos鈥23

Ese razonamiento le permite concluir: 鈥淨ueremos extender la solidaridad a todos los hombres, sabiendo de manera positiva, gracias a la geograf铆a y a la estad铆stica, que los recursos de la Tierra son ampliamente suficientes para que todo el mundo pueda comer. Esa pretendida ley, seg煤n la cual los hombres deben comerse entre ellos, no est谩 justificada por la observaci贸n. En nombre de la ciencia podemos decir al sabio Malthus que se ha equivocado. Nuestro trabajo de cada d铆a multiplica los panes y todos estaremos saciados鈥24. Desarrolla tambi茅n este asunto en un largo pasaje de El hombre y la Tierra sobre el poblamiento25

Sin duda, 脡lis茅e Reclus no ha imaginado concretamente las consecuencias de la formidable explosi贸n demogr谩fica del sigo XX. Sin embargo, ha calculado la cifra posible, y sus premisas pol铆ticas o cient铆ficas siguen siendo justas. Prev茅 incluso una fuerte extensi贸n urbana, destacando ya que los medios m谩s densos del globo no son forzosamente los m谩s pobres (Europa renana, Asia de los monzones, altas llanuras africanas), incluso para las regiones rurales. Reclus da la cifra de una isla agr铆cola china poblada por 1.475 habitantes por kil贸metro cuadrado26

Argumenta su razonamiento en un art铆culo publicado en 1889 en el Bulletin de la Soci茅t茅 Neuch芒teloise de G茅ographie (que hab铆a contribuido a fundar en 1885 con Mechnikov)27. El mapa que comenta, y que encarga dibujar a Perron, representa un c铆rculo te贸rico que contiene a toda la humanidad reunida en una asamblea fraternal como en un 谩gora griego (cuatro personas de pie por metro cuadrado), y superpuesto a la ciudad de Par铆s28. Simboliza as铆 la idea de la unidad humana y de la finitud del mundo, subrayando la desigualdad a la vez espacial pero tambi茅n socioecon贸mica del reparto humano. En funci贸n de las condiciones del medio y de una utilizaci贸n m谩s racional de 茅ste, la geograf铆a permite confirmar que el ideal de justicia socio-espacial es posible. Si se considera que el planeta aloja alrededor de mil millones y medio de seres humanos en su 茅poca, y al menos siete mil millones en la actualidad, se puede considerar que son los ge贸grafos anarquistas lo que tienen raz贸n. 

El problema no viene de un error de las t茅cnicas o de la ciencia sino de una mala utilizaci贸n de 茅stas por el capitalismo, y de un despilfarro, del que no se excluye una p茅rdida del sentido moral y c铆vico. Para Reclus, 鈥渘o existen ya las 鈥榖uenas tierras鈥 de anta帽o: todas han sido creadas por el hombre, cuyo poder creador lejos de disminuir se ha acrecentado en enormes proporciones鈥. Uno de los grandes errores, seg煤n Kropotkin, que ha hecho de 茅l su caballo de batalla te贸rico y societario, reside en el hecho de que la econom铆a pol铆tica no se eleva ya por encima de la hip贸tesis seg煤n la cual las cosas necesarias para la vida no pueden ser producidas en cantidades limitadas e insuficientes鈥, y deplora que 鈥渃asi todas las teor铆as socialistas acepten igualmente ese postulado鈥29

Sin embargo, a partir de ejemplos concretos sacados de todo el mundo, Kropotkin muestra ampliamente en su libro cu谩les son 鈥渓os recientes progresos de la agricultura y la horticultura鈥 aplicables casi por todas partes si existe voluntad y organizaci贸n, es decir, otro reparto y apropiaci贸n de las tierras, otra concepci贸n y gesti贸n del trabajo. Dicho de otro modo, seg煤n 茅l 鈥渟abemos al fin que, contrariamente a la teor铆a del pont铆fice de la ciencia burguesa (Malthus), el hombre acrecienta su fuerza de producci贸n m谩s r谩pidamente de lo que se multiplica鈥30

Aunque esto ha sido ignorado y olvidado, se puede decir que los ge贸grafos anarquistas se cuentan entre los que han sentado las bases de la 鈥済eograf铆a de la poblaci贸n鈥.

Concentraci贸n del capital y dispersi贸n industrial 

Contrariamente a la profec铆a del esquema hist贸rico marxista, la concentraci贸n del capital, que se ha llevado efectivamente a escala planetaria con el dominio de grandes firmas transnacionales, no se traduce sin embargo por una desaparici贸n de la peque帽a industria o el peque帽o comercio, ni por la desaparici贸n absoluta del campesinado, ni por un retroceso de las clases medias. Menos de cincuenta a帽os antes de la publicaci贸n del Manifiesto comunista (1848) o de la Cr铆tica de la econom铆a pol铆tica (1859), 脡lis茅e Reclus destaca sin dificultad que la peque帽a industria y la peque帽a agricultura no han desaparecido, mientras que se intensifica a escala mundial la divisi贸n socio-espacial del trabajo, por tomar una terminolog铆a actual. Critica expl铆citamente a Marx a este respecto. Sin duda, constata que 鈥渓a industria, como las dem谩s formas de riqueza, se concentra gradualmente en un n煤mero de manos cada vez m谩s peque帽o鈥 en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos31. Pero a帽ade que 鈥渟in embargo, la peque帽a industria no est谩 muerta, tampoco el peque帽o comercio鈥32

Casi en el mismo momento, Kropotkin expone una constataci贸n similar, denunciando 鈥渓as frases estereotipadas, declarando que 鈥榣a peque帽a industria est谩 en decadencia鈥 y que 鈥榗uanto antes desaparezca, mejor ser谩鈥 porque dejar谩 sitio a la 鈥榗oncentraci贸n capitalista鈥 que, seg煤n el credo dem贸crata-socialista, 鈥榓carrear谩 pronto su propia ruina鈥欌33. Para Kropotkin, 鈥渓a base de esta creencia se encuentra en uno de los 煤ltimos cap铆tulos de El Capital de Marx (el pen煤ltimo), en el que su autor habla de la concentraci贸n del capital y ve 鈥榣a fatalidad de una ley natural鈥欌. Recuerda que 鈥渉acia 1848 todos los socialistas, o casi, compart铆an esta idea鈥. Y concede cr茅dito a Marx en cuanto a un cambio posible de teor铆a si hubiera podido ver la evoluci贸n de las cosas, porque habr铆a 鈥渁dvertido muy probablemente la extrema lentitud con la que se lleva a cabo la desaparici贸n de la peque帽a industria鈥, permitida por 鈥渓as facilidades del transporte (鈥), la demanda cada vez mayor y m谩s variada, y el buen precio actual de la fuerza de trabajo tomada en peque帽a cantidad鈥34

Existe, as铆, una industria 鈥渄iseminada que responde a unas necesidades y no teme la concentraci贸n de capital, que desde帽a鈥35. Por otra parte, Reclus se帽ala con qu茅 habilidad los 鈥済randes industriales鈥 se manejan para 鈥渆vitar las fronteras鈥36. Un siglo antes de la glosa sobre los 鈥減a铆ses emergentes鈥 y otros 鈥渘uevos pa铆ses industrializados asi谩ticos鈥, anuncia la din谩mica espacial de la expansi贸n del capitalismo: 鈥淓l periodo hist贸rico en el que va a entrar la humanidad, por la uni贸n definitiva de Asia oriental al mundo europeo, est谩 lleno de acontecimientos. Del mismo modo que la superficie del agua, por el efecto de la gravedad, trata de nivelarse, tambi茅n las condiciones tienden a igualarse en los mercados de trabajo. Considerado como simple poseedor de sus brazos, el hombre es en s铆 mismo una mercanc铆a, ni m谩s ni menos que los productos de su trabajo. Las industrias de todos los pa铆ses, entrenadas cada vez m谩s en la lucha por la competencia vital, quieren producir barato comprando al precio m谩s bajo la materia prima y los 鈥榖razos鈥 que la transforman. Pero 驴d贸nde encontrar谩n las poderosas manufacturas, como las de Nueva Inglaterra, a los trabajadores a la vez m谩s h谩biles y m谩s sobrios, es decir, menos costosos, que en el Extremo Oriente?鈥37 

La distancia entre las fortunas se hace mayor, 鈥減ero la clase intermedia no se ha atrofiado. La burgues铆a 鈥搇a peque帽a y la gran burgues铆a- no ha desaparecido. Todo lo contrario鈥38. L贸gicamente, Reclus concluye: 鈥淓sperando la elaboraci贸n de una teor铆a que tenga en cuenta esos hechos, hay que afirmar que esos fen贸menos son m谩s complejos de lo que se hubiera podido creer en 1840, e incluso en 1870鈥39. No se puede, por tanto, sino constatar la lucidez de 脡lis茅e Reclus en cuanto a la evoluci贸n del capital, y a la traducci贸n ideol贸gica que ello implica en la evoluci贸n misma del an谩lisis socialista. 

脡lis茅e Reclus ofrece, no obstante, algunos elementos de explicaci贸n en sus obras, en los que percibe las caracter铆sticas geogr谩ficas de lo que se llama en nuestros d铆as 鈥済lobalizaci贸n鈥. As铆, anuncia que 鈥渆l escenario se ampl铆a, pues abarca ahora al conjunto de tierras y mares, pero las fuerzas que est谩n en liza en cada Estado particular son las mismas que combaten por toda la Tierra鈥40.

 Dicho de otro modo, la l贸gica de la construcci贸n del capital en cada pa铆s se aplica a partir de ahora a todo el planeta. Pesa sobre los productores y sobre los consumidores: 鈥淓n cada pa铆s, el capital trata de dominar a los trabajadores; incluso, en el mayor mercado del mundo, el capital, desmesuradamente aumentado, ignorando todas las antiguas fronteras, trata de abrir para su beneficio la masa de los productores, y de asegurarse a todos los consumidores del globo, tanto los salvajes y b谩rbaros como los civilizados鈥41.

 La teor铆a anarquista del 鈥渄esarrollo desigual鈥 

脡lis茅e Reclus toca a la vez la din谩mica del capital, como hace Marx, pero tambi茅n el papel de los Estados, una combinaci贸n siempre actual que los partidarios del liberalismo y tambi茅n los de la socialdemocracia o del tercermundismo tratan de edulcorar. Esboza un an谩lisis del 鈥渄esarrollo desigual鈥 鈥搃ncluso utiliza la expresi贸n en el prefacio de El hombre y la Tierra- subrayando que 鈥渓a lucha de la competencia vital鈥 que pone en marcha las 鈥渋ndustrias de todos los pa铆ses鈥 lleva a una voluntad de producir barato comprando a los precios m谩s bajos la materia prima y los brazos que la transformar谩n鈥42

Este proceso provoca no solo el flujo de mano de obra en los pa铆ses industrializados, sino tambi茅n una difusi贸n de la industria all谩 donde se encuentre esa mano de obra, de ah铆 la competencia terrible entre pa铆ses y clases obreras. Seg煤n 茅l, 鈥渘o es necesario que los emigrantes chinos encuentren un puesto en las manufacturas de Europa y de Am茅rica para que hagan bajar las remuneraciones de los obreros blancos: basta con que se funden industrias similares a las del mundo europeo, las de las lanas y los algodones por ejemplo, en todo el Extremo Oriente, y que los productos chinos o japoneses se vendan en Europa incluso a mejor precio que los productos locales鈥43

Es tentador insistir en el car谩cter destacable de este an谩lisis, escrito muy al principio del siglo XX, premonitorio del plan no solo econ贸mico (la b煤squeda de los menores costes salariales, la competencia econ贸mica, el tipo de ramos de la industria afectados鈥), sino tambi茅n geogr谩fico (los pa铆ses de Asia oriental como nuevos pa铆ses industrializados). Pero el razonamiento reclusiano no se detiene ah铆. 

En efecto, paralelamente al 鈥渆scalonamiento鈥 de las opresiones que se observan en cada pa铆s, y que permiten mantener una dominaci贸n general o colonial, 脡lis茅e Reclus reflexiona igualmente sobre la nueva jerarqu铆a que se dibuja entre las diferentes naciones y potencias. No puede, desde luego, imaginar la aparici贸n de la Uni贸n Sovi茅tica, y sus consecuencias geopol铆ticas con la instauraci贸n de un nuevo desorden mundial en el marco de una guerra llamada fr铆a, en realidad muy caliente en algunas partes del mundo (Corea, Indochina, Etiop铆a, Angola鈥). Pero prev茅 el debilitamiento de Inglaterra, esa 鈥渘aci贸n iniciadora de la gran industria [que] se ha dejado hundir por la rutina y ha sido superada ahora por sus rivales鈥, la preponderancia del Nuevo Mundo, especialmente Estados Unidos, incluida Am茅rica del Sur, porque 鈥渓as rep煤blicas iberoamericanas (鈥) no pueden impedir que, por la fuerza de las cosas, los Estados Unidos ganen constantemente en preponderancia鈥44. Anuncia tambi茅n el auge de Jap贸n o de China. 

La presi贸n colonial o imperialista de las grandes potencias sobre los pa铆ses repercute invariablemente en los pueblos, y en el interior de los pa铆ses, enmascarando as铆 las verdaderas responsabilidades o causas en la cascada de dominaciones: 鈥淣o es una plaga comparable a la de una naci贸n oprimida que hace caer la opresi贸n como un furor de venganza sobre los pueblos a los que somete a su vez. La tiran铆a y el aplastamiento se escalonan, se jerarquizan鈥45. El Estado, pol铆tico-militar, dicta las nuevas 贸rdenes: 鈥淟a superioridad pertenece al que, en un momento dado, disponga de una nueva aplicaci贸n naval, submarina, a茅rea y flotante鈥46. Por parte de un anarquista, la evocaci贸n de ese factor no resulta sorprendente. Y vemos tambi茅n esa anticipaci贸n extraordinaria sobre el papel actual de la flota submarina y la flota a茅rea puestas en el mismo plano que las fuerzas denominadas convencionales. 

M谩s o menos hacia la misma 茅poca que los escritos de Reclus, Piotr Kropotkin lo supera al describir la difusi贸n espacial de la industria, incluso su desmembramiento hasta en el campo, que evoca en los 煤ltimos cap铆tulos de La conquista del pan (1892). Diez a帽os despu茅s de la primera versi贸n inglesa (1898) de su libro Campos, f谩bricas y talleres, precisar谩 en la edici贸n francesa (1910) que 鈥渞evisando el cap铆tulo de las peque帽as industrias, he podido constatar que su desarrollo, al lado de las grandes industrias centralizadas, no se ha ralentizado en absoluto. Al contrario, la distribuci贸n de la fuerza a domicilio le ha dado un nuevo impulso鈥47. Aporta un factor tecnol贸gico, la difusi贸n de la energ铆a no humana, que se a帽ade a las condiciones cl谩sicas de explotaci贸n de la fuerza de trabajo. 

Paralelamente a ese factor t茅cnico, Kropotkin a帽ade la competencia internacional que empuja a pesar de todo a cada pa铆s a 鈥渓iberarse de la explotaci贸n por otras naciones, m谩s avanzadas en su desarrollo t茅cnico鈥48. Dicho de otro modo, analiza la divisi贸n internacional del trabajo, socio-espacial. Propone una combinaci贸n de varias din谩micas espaciales en la difusi贸n de la industria: la econom铆a de la energ铆a necesaria, la innovaci贸n tecnol贸gica, la competici贸n de las grandes firmas, la din谩mica nacional propia del capitalismo de Estado, pero tambi茅n la recomposici贸n de la divisi贸n del trabajo donde el exceso encuentra sus l铆mites en una nueva s铆ntesis (agricultura-industria, manual-intelectual鈥), as铆 como en las iniciativas del pueblo (鈥渓os sindicatos de cultivadores, las cooperativas de producci贸n鈥, etc.).

Kropotkin se muestra prof茅tico en su prefiguraci贸n del capitalismo flexible, pero su desarrollo resulta a veces curioso porque nos preguntamos si se conforma con observar esa posible evoluci贸n, o bien se congratula de ella. En efecto, en su concepci贸n, todo lo que est谩 descentralizado se opone al Leviat谩n estatista y, por tanto, se aproxima a la anarqu铆a, incluso en la econom铆a capitalista actual. Podemos ver en ello una fuerte tendencia a un evolucionismo positivo, optimista dir谩n sus detractores o incluso las cr铆ticas procedentes de anarquistas. 

La divisi贸n socio-espacial del trabajo est谩 vinculada no solo a la econom铆a sino tambi茅n a la sociolog铆a, porque se corresponde con la divisi贸n de la sociedad en clases. El anarquismo y, posteriormente, el anarcosindicalismo no han dado jam谩s una definici贸n restrictiva del proletariado. Lejos de limitarlo 煤nicamente a los obreros de la industria, tienen tambi茅n en cuenta a los empleados, los t茅cnicos, los ense帽antes, los campesinos sin tierras, los aparceros y los granjeros. 

Seg煤n Proudhon, el proletario es 鈥渆l que busca trabajo鈥, y opone siempre al trabajador y el capitalista. Marx y Engels no hicieron sino retomar esta oposici贸n, sistematiz谩ndola, por ejemplo, en el Manifiesto comunista (1848). Pero, a diferencia del marxismo, el anarquismo no considera que esos dos grandes bloques, burgues铆a y proletariado, sean homog茅neos y, por tanto, sus intereses no son mec谩nicamente comunes. Ese fue uno de los debates te贸ricos y pol铆ticos del Congreso Anarquista Internacional de Amsterdam en 1907. Errico Malatesta (1855-1932) responde as铆 a Pierre Monatte (1881-1960) a prop贸sito de la cuesti贸n: 鈥淓l error fundamental de todos los sindicalistas revolucionarios proviene de una concepci贸n demasiado simplista de la lucha de clases. Es la concepci贸n seg煤n la cual los intereses econ贸micos (鈥) de la clase obrera ser铆an solidarios鈥49. La competencia generalizada, ley fundamental del capitalismo, se opone, en efecto, a esa situaci贸n. Las corporaciones o grupos profesionales pueden entrar en conflictos de intereses, y duramente. 

En el plano sociol贸gico, el anarquismo tiene en cuenta la existencia de una nueva clase media en el seno del capitalismo, y el papel de los socialistas o del movimiento sindicalista en el auge de esta clase. La evoluci贸n del capitalismo ve, en efecto, la emergencia de una clase media que se disocia subjetivamente de la clase obrera, y que ocupa un puesto cada vez m谩s importante. Es lo que Proudhon previ贸 muy pronto, al contrario que Marx, pues en 1852, poco despu茅s de la publicaci贸n del Manifiesto comunista, da al t茅rmino 鈥渃lase media鈥 (en singular) una base conceptual que ser谩 retomada por Max Weber o Jean Jaur猫s, por ejemplo, pero que tambi茅n tiene una dimensi贸n pol铆tica50

Territorio, principio federativo y cr铆tico de las 鈥渇ronteras naturales鈥 La propuesta federalista de los ge贸grafos anarquistas, que se traduce en su rechazo de las fronteras y su cr铆tica al principio de nacionalidad, no se basa en una abstracci贸n te贸rica ni est谩 guiada por un vago sentimiento humanista de fraternidad universal. Est谩 basada en una constataci贸n, en una observaci贸n claramente geogr谩fica. Como indica Georges Navet, la forma federativa supone sociedades ya presentes y constituidas, 鈥渆n las que no hay necesidad de elaborar la g茅nesis ideal a partir de individuos como hizo Hobbes, por ejemplo鈥51. As铆, Bakunin subraya que 鈥渓a divisi贸n de un pa铆s en regiones, provincias, distritos y municipios o departamentos y municipios como en Francia, depender谩 naturalmente de la disposici贸n de los h谩bitos hist贸ricos, de las necesidades actuales y de la naturaleza particular de cada pa铆s鈥52

Preocupado por no ceder a una forma de conservadurismo que heredar铆an naturalmente esos organismos, Bakunin a帽ade: 鈥淣o puede haber aqu铆 m谩s que dos principios comunes y obligatorios para cada pa铆s que quiera organizar seriamente su libertad. El primero: toda organizaci贸n debe proceder de abajo a arriba, del municipio a la unidad central del pa铆s, al Estado, por medio de la federaci贸n. El segundo: debe haber entre el municipio y el Estado al menos un intermediario aut贸nomo, el departamento, la regi贸n o la provincia. Sin eso, el municipio, atrapado en la acepci贸n restringida de este t茅rmino, ser谩 siempre demasiado d茅bil para resistir a la presi贸n uniforme y desp贸ticamente centralizadora del Estado鈥53.

 Kropotkin no aborda la cuesti贸n de la apropiaci贸n territorial bajo el 谩ngulo socialdarwiniano de una lucha por el espacio. Para 茅l, el territorio es un elemento fundamental de la creaci贸n de municipios para, a la vez, su constituci贸n, su gesti贸n y su protecci贸n (defensa). Incluso aunque no desarrolle su argumento de otro modo 鈥搉o evoca, por ejemplo, los obst谩culos f铆sicos u otros a la delimitaci贸n- trata de demostrar que la fuerza de ese territorio descansa en la existencia de una propiedad com煤n del suelo y de una gesti贸n colectiva (de ese suelo, de la recolecci贸n, de los trabajos correspondientes, de las decisiones generales). 

Escribe as铆: 鈥淓l municipio urbano de los b谩rbaros se ha desarrollado de la tribu salvaje; y un nuevo ciclo, m谩s largo que el anterior, de costumbres, h谩bitos e instituciones sociales, muchos de los cuales a煤n permanecen entre nosotros, se ha formado desde entonces, tomando como base el principio de la posesi贸n en com煤n de un territorio determinado y su defensa en com煤n, bajo la jurisdicci贸n de los pueblos que pertenec铆an a una misma rama o se les supon铆a. Y cuando las nuevas necesidades llevaran a los hombres a dar un nuevo paso adelante, lo har铆an constituyendo las ciudades, que representaban una doble red de unidades territoriales (municipios urbanos) combinadas con los gremios, formados estos por ejercer en com煤n un arte o industria cualquiera, o bien para el socorro y la defensa mutuos54

Uno de los principales ejes de la argumentaci贸n consiste en insistir en el hecho de que encontremos este principio en todo momento y lugar, ya se trate de un proceso hist贸rico inherente a la sociedad humana y perdure m谩s o menos a pesar de las vicisitudes hist贸ricas o geogr谩ficas (los diferentes medios que evoca: llanuras, monta帽as, desiertos, taigas鈥). Entre esa vicisitudes que conducen al desmembramiento o a la regresi贸n del municipio se encuentran, como sabemos, analizados por Kropotkin y otros, la emergencia de una aristocracia guerrera y religiosa, la transformaci贸n de una burgues铆a mercantil en una burgues铆a industrial todav铆a m谩s rapaz, todo ello bajo la protecci贸n del Estado, no solo autoridad pol铆tica sino tambi茅n poder de centralizaci贸n. 鈥淓l Estado centralizador鈥 o la 鈥渃entralizaci贸n del Estado鈥 son f贸rmulas que acuden con regularidad a la pluma de Kropotkin, hasta el punto de que ambos t茅rminos aparecen como pleonasmos. 

La combinaci贸n del municipio y el gremio o, dicho de otro modo, de pol铆tica y econom铆a, no es m谩s que uno de los principios fundamentales del anarquismo, tanto de an谩lisis hist贸rico como de proyecto social, sea cual sea otro nombre que se le pueda dar al gremio (sindicato, consejo, agrupaci贸n de productores-consumidores鈥). Ya fue esbozado por William Godwin (1756-1836), al que Kropotkin calific贸 de 鈥減rimer te贸rico anarquista鈥. 

El corolario de esta concepci贸n del territorio y de la federaci贸n es, entre los ge贸grafos anarquistas, la cr铆tica de la teor铆a de las 鈥渇ronteras naturales鈥, a la que se refiri贸 ya Proudhon55. En contra de sus promotores, Proudhon demuestra que un curso de agua no constituye una barrera sino un v铆nculo para todos los que habitan en su cuenca. Para Italia, evoca regularmente c贸mo ha marcado la Historia de modo diferente a cada regi贸n y cada ciudad del pa铆s. Subraya que la unidad ling眉铆stica de los grandes Estados es un dato artificial y tard铆o, y que est谩 lejos de ser sistem谩tico. Cita la Confederaci贸n Helv茅tica o B茅lgica. Seg煤n 茅l, 鈥渓os l铆mites de los Estados son una creaci贸n de la pol铆tica, no una previsi贸n de la naturaleza; son鈥 lo que pueden. En todos los casos (鈥), la delimitaci贸n entre dos Estados implica, por una y otra parte, el consentimiento de poblaciones lim铆trofes, a menos que lo decida de otro modo un inter茅s superior al de los dos Estados鈥56

脡lis茅e Reclus remacha el clavo contra la teor铆a de las 鈥渇ronteras naturales鈥. Pone al servicio de su razonamiento todo su conocimiento de la geograf铆a, que le permite confrontar la ideolog铆a con la realidad del terreno y las sociedades. El conjunto de su obra bulle de explicaciones en cuanto a lo absurdo de las fronteras, incluidas las 鈥渓lamadas naturales鈥 porque 鈥渄ejando al margen el caso de las islas, los l铆mites planteados entre las naciones son obra del hombre鈥 57. Aborda la cuesti贸n de las 鈥渇ronteras naturales鈥, y les dirige una feroz requisitoria en El hombre y la Tierra. Su razonamiento es tan preciso, tan perspicaz y tan actual todav铆a que merece ser citado un poco m谩s extensamente: 鈥淟as patrias que cada hombre de Estado tiene como 鈥榙eber鈥 exaltar por encima de otras naciones, no dan lugar sino a razonamientos falsos y a complicaciones funestas. Y en primer lugar, lo que los diplom谩ticos repiten constantemente acerca de las 鈥榝ronteras naturales鈥, que separan los Estados en virtud de una especie de predestinaci贸n geogr谩fica, est谩 desprovisto de raz贸n. No hay fronteras naturales, en el sentido que le dan los patriotas (鈥). Sin duda, hay grados en lo absurdo, y tal frontera, como esa l铆nea discontinua que han trazado los plenipotenciarios, tras discusiones, protocolos y rectificaciones, entre Francia y B茅lgica, con una longitud de casi trescientos kil贸metros a vuelo de p谩jaro, es una fantas铆a hilarante para el contrabandista, aunque muy molesta para el viajero apacible; pero las l铆neas de reparto pol铆tico llevadas a las cumbres alpinas y las crestas de los Pirineos no son menos arbitrarias y no respetan m谩s las afinidades naturales. Sin duda, el l铆mite franco-belga separa a Flandes de Flandes, a Henao del Henao y a las Ardenas de las Ardenas; pero la l铆nea de demarcaci贸n se帽alada de piedra en piedra sobre los grandes Alpes 驴no corta en dos unos territorios en los que los habitantes hablan la misma lengua y practican las mismas costumbres, habiendo formado parte anta帽o de la misma confederaci贸n? 驴No ha rechazado violentamente, de un lado hacia Italia, de otro hacia Francia, los 鈥渆scarts鈥 de Brian莽on, unidos anteriormente en rep煤blica? Y en los Pirineos 驴no desune la frontera a vascos y vascos, aragoneses y aragoneses, catalanes y catalanes? En todas partes, y muy a su pesar, los pastores y le帽adores respetan esa l铆nea ficticia que les puede costar, por parte de los Estados soberanos, amenazas, multas y c谩rcel鈥58. Seg煤n 茅l, 鈥渢odas esas fronteras no son sino l铆neas artificiales impuestas por la violencia, la guerra, la astucia de reyes, sancionadas por la cobard铆a de los pueblos (鈥). En cuanto a las fronteras llamadas naturales, las que descansan en el relieve del suelo, las comprendemos si no hay m谩s remedio: pero incluso ellas carecen, como las anteriores, del derecho a crear obst谩culos entre las poblaciones, y no tienen derecho a servir de base para la organizaci贸n de la sociedad. No hay frontera natural; ni el Oc茅ano separa ya a los pa铆ses鈥59

La geograf铆a de los anarquistas y la cuesti贸n de las nacionalidades 

Coherentes consigo mismos, los anarquistas que se oponen a la teor铆a de las 鈥渇ronteras naturales鈥 critican tambi茅n el nacionalismo que se deduce, o que se articula en ellas. Cuestionan la presuposici贸n naturalista que est谩 en su base. Cuando califica la teor铆a de las 鈥渇ronteras naturales鈥 como 鈥減rincipio turbio鈥, Proudhon le a帽ade el principio de las nacionalidades, que est谩 鈥渆n el fondo indeterminable鈥60. Seg煤n 茅l, no hay pertenencia natural a una nacionalidad determinada, idea que resulta abstracta, producida m谩s por la pol铆tica que por la naturaleza. Recusa, pues, el principio de la concepci贸n natural de la nacionalidad, tal como se formalizar谩 en Alemania, especialmente. 

Sin embargo, no se adhiere al principio de la nacionalidad electiva desarrollado en Francia, por ejemplo. Para ser coherente con esto, habr铆a que consultar a todas las poblaciones de una regi贸n, con el fin de saber a qu茅 Estado querr铆an pertenecer. Esta soluci贸n no le disgustar铆a y, efectivamente, en muchos casos, ha subrayado que el territorio de un Estado debe depender del consentimiento de sus habitantes, independientemente de cualquier configuraci贸n geogr谩fica o etnogr谩fica. 鈥淧ero, profundizando en el problema, siente los graves abusos que podr铆an surgir de ese principio de libre disposici贸n鈥, como indica Georges Goriely61

En efecto, contrariamente a Rousseau, que postula un contrato social de finalidad unitaria y lo m谩s racional posible, Proudhon estima que la voluntad y, por tanto, la libertad no son producto de una racionalidad plena, que son siempre plurales, por tanto potencialmente antag贸nicos. Siempre de antemano est谩n en tensi贸n con las dem谩s, pero tambi茅n consigo mismas. Deben transigir a todos los niveles de pertenencia y de necesidades. 

A partir de ah铆, y contrariamente a Montesquieu o a Tocqueville, el poder debe ser distribuido al m谩ximo, y sin ser dominado por el sufragio universal, no porque conceda un peso equivalente a todos los ciudadanos, sino porque pretender铆a dar un fundamento 煤nico a una voluntad 煤nica. Por eso una regi贸n no puede de una vez por todas, al albur de una pasi贸n, comprometer su destino estatista. Como consecuencia de ello, el territorio del individuo es todo: 鈥淵a no hay nacionalidad, ni patria en el sentido pol铆tico de la palabra, no hay m谩s que lugares de nacimiento. El hombre, de cualquier raza y color que sea, es realmente ind铆gena del universo. El derecho de ciudadan铆a lo ha adquirido en todas partes鈥62. Ind铆gena del universo, bello hallazgo que resume la idea geogr谩fica anarquista. 

脡lis茅e Reclus desarrolla una concepci贸n amplia del t茅rmino naci贸n, asimilada a un agrupamiento humano. Adem谩s de los conflictos entre naciones fuertes y naciones d茅biles, le preocupan las manipulaciones, que se podr铆an calificar anacr贸nicamente de geopol铆ticas: 鈥淧ara justificar la existencia de fronteras, cuyo absurdo salta a los ojos, se emplea el argumento de las nacionalidades, como si los agrupamientos pol铆ticos tuvieran todos una constituci贸n normal y hubiera una superposici贸n real entre el territorio delimitado y el conjunto de la poblaci贸n consciente de su vida colectiva鈥63.

 Reclus a帽ade tambi茅n una definici贸n del hecho natural, que atempera resolviendo toda tentaci贸n fundamentada por la constataci贸n geogr谩fica de la movilidad de los pueblos y los individuos. 鈥淪in duda, cada individuo tiene derecho a agruparse, a asociarse con otros siguiendo sus afinidades, entre las que la comunidad de costumbres, de lenguaje, de historia es la primera de todas en importancia, pero esta misma libertad de agrupamiento individual implica la movilidad de la frontera: 驴cu谩n poco en realidad est谩 de acuerdo el deseo franco de los habitantes con las convenciones oficiales?鈥64 En la continuaci贸n de su carta dirigida a Henry Seymour, Reclus a帽ade: 鈥淣o reconocemos tampoco lo que se denomina 鈥榩atria鈥 y que, en su acepci贸n habitual, representa la solidaridad con los cr铆menes de nuestros ancestros contra otros pa铆ses, as铆 como iniquidades de las que nuestros gobernantes respectivos son responsables. Para fundar una sociedad nueva, primero hay que renegar de toda acci贸n sangrienta鈥65.

El trabajo cient铆fico y el trabajo pol铆tico de los ge贸grafos anarquistas, separados formalmente, evolucionan de forma paralela. Un buen ejemplo nos lo da la revista internacionalista Le Travailleur, que tiene el mismo consejo de redacci贸n que la Nouvelle G茅ographie Universelle. Este peri贸dico, publicado entre 1877 y 1878 en Ginebra, en la imprenta de los exiliados rusos Robotnik, fue dirigido por Reclus y Perron, y sus colaboradores fueron Mechnikov, Dragomanov y Lefran莽ais. Aborda cuestiones de actualidad que encuentran eco puntual en la Nouvelle G茅ographie Universelle, en la que los estudios de Mechnikov sobre Jap贸n sugieren, por primera vez en los medios geogr谩ficos anarquistas, la idea del redimensionamiento de Europa frente al escenario emergente del Pac铆fico. 

Pero, en esa 茅poca, se trata sobre todo de la cuesti贸n de la Europa oriental y la pen铆nsula balc谩nica, que focaliza la atenci贸n de los medios progresistas europeos. Los art铆culos de Dragomanov, fuente de informaci贸n para la Nouvelle G茅ographie Universelle, muestran c贸mo los ge贸grafos anarquistas volvieron a trabajar el concepto proudhoniano de federalismo para aplicarlo a los retos del fin de los imperios de Europa del Este, percibido por entonces como algo cercano. La propuesta federalista est谩 ligada expl铆citamente a la geograf铆a de algunas de sus regiones de Europa del Este, as铆 como a una naturalizaci贸n impl铆cita de su mosaico 茅tnico. Aunque eso no sea considerado una ley r铆gida, las regiones naturales formadas por las cuencas hidrogr谩ficas y las cadenas monta帽osas son consideradas como influyentes en la formaci贸n de las nacionalidades, y se cuenta con su revuelta para aplastar a la 鈥渧ieja Europa鈥. Seg煤n Dragomanov, considerado hoy como uno de los padres espirituales de la independencia ucraniana encargada de borrar su visi贸n claramente socialista y libertaria, 鈥渘uestro cosmopolitismo no se dedicar谩 a la tarea imposible de destruir las nacionalidades, lo que, en la pr谩ctica, solo conducir铆a al sometimiento de las nacionalidades conquistadas por las nacionalidades conquistadoras, y a la constituci贸n de clases privilegiadas y clases sometidas. Al contrario, mediante el levantamiento de las masas populares es como nuestro cosmopolitismo atraer谩 hacia s铆 a las nacionalidades diversas 鈥損roducto de la naturaleza- en una federaci贸n internacional libre e igualitaria basada en la autonom铆a del individuo y en la federaci贸n de municipios libres鈥66

El sentimiento de que el estallido de la cuesti贸n nacional favorecer铆a el desencadenamiento de la cuesti贸n social estaba bastante extendido entre los anarquistas y los socialistas en general, pero no hay que olvidar la cr铆tica reclusiana de las fronteras, a la vez estatistas y administrativas, 鈥渢razadas a menudo al azar o precisamente con la intenci贸n de contrariar las afinidades nacionales鈥67. En la Nouvelle G茅ographie Universelle, Rusia es vista como el pa铆s en el se da la reacci贸n m谩s encarnizada contra los revolucionarios m谩s audaces: 鈥淓n Rusia se encuentran las formas de poder absoluto m谩s antiguas: es tambi茅n donde los avanzados se lanzan con mayor audacia en las teor铆as de reconstituci贸n social y pol铆tica鈥68. Las naciones balc谩nicas, sometidas a los imperios otomano y austriaco, son igualmente consideradas como futuros protagonistas de 鈥渓a libre federaci贸n de los pueblos del Danubio鈥, premisas del ideal yugoslavo69.  

Se comprende, por tanto, por qu茅 el Bulletin de la F茅d茅ration Jurassiene se congratula de la aparici贸n de la Nouvelle G茅ographie Universelle, en la que oficialmente no se debe hablar de pol铆tica, como una expresi贸n del 鈥渟entimiento de internacionalidad, de cosmopolitismo que, conocido en siglos anteriores solo por las inteligencias m谩s elevadas, se ha hecho hoy predominante entre el proletariado de los dos mundos, y el estudio bien comprendido de la geograf铆a contribuye a fortalecerlo (鈥), un libro de vulgarizaci贸n cient铆fica que podr谩 rendir grandes servicios a la instrucci贸n popular. As铆, todas las sociedades obreras que posean una biblioteca deber谩n imponerse el ligero sacrificio de un gasto semanal de 50 c茅ntimos con el fin de procurarse esta obra鈥70.

Fuente: Germinal, Revista de Estudios Libertarios, n. 11 (2013)


Notas: 

1.- Marianne Enckell, 鈥溍塴is茅e Reclus, inventeur de l鈥檃narchisme鈥, en Ronald Creagh (ed.), 脡lis茅e Reclus 鈥 Paul Vidal de la Blache: Le G茅ographe, la cit茅 et le monde, hier et aujourd鈥檋ui. Autour de 1905, L鈥橦armattan, Par铆s 2009, p.39-44. 

2.- Philippe Pelletier, 鈥淧ourquoi 脡lis茅e Reclus a choisi la g茅ographie et non l鈥櫭ヽologie鈥, congreso internacional G茅ographie, 茅cologie, politique: un climat de changement, Orl茅ans, 5-8 septiembre 2012. 

3.- Federico Ferretti, Anarchici ed editori, reti scientifiche, editoria e lotte culturali attorno alla Nuova Geografia Universale di 脡lis茅e Reclus (1876-1894), Zero in condotta, Mil谩n 2011. 

4.- David Stoddart, 鈥淒arwin鈥檚 impact on geography鈥: Annals of the Association of American Geographers 56-4, 1966, p.683-698. 

5.- Jean-Christophe Angaut, 鈥淟鈥橢ntraide de Kropotkine: un socialisme darwinien?鈥, congreso Nature et socialisme, Besan莽on 2009; 鈥淟鈥檈ntraide, un facteur de r茅volutions鈥: R茅fractions, recherches et expressions anarchistes 23, 2009. 

6.- Piotr Kropotkin, Mutual Aid: a factor in evolution, Heinemann, Londres 1902 (en espa帽ol: El apoyo mutuo, un factor de evoluci贸n). 

7.- Lev Mechnikov, 鈥淩茅volution et 茅volution鈥: The Contemporary Review 50, 1886, p.412-437.

 8.- Gosudartsvennyi Arkhiv Rossiiskii Federatsii, fondy P-6753, op.1, khr 23, f.41, carta de 脡. Reclus a P. Kropotkin, 27 septiembre 1884. F. Ferretti, 鈥淭he correspondence between 脡lis茅e Reclus and P毛tr Kropotkin as a source for the history of geography鈥: Journal of Historical Geography 37, 2011, p.216-222. 

9.- L. Mechnikov, op. cit., p.415. 

10.- 脥dem, La Civilisation et les grands fleuves historiques, Hachette, Par铆s 1889, p.415. 

11.- P. Pelletier, op. cit. 

12.- 脡. Reclus, El hombre y la Tierra (de ahora en adelante HT) I, p.119. 

13.- Ib铆dem, p.117. 

14.- Ib铆dem, p.116. 

15.- HT IV, p.533. 

16.- Marie-Claire Robic, 鈥淟a ville, objet ou probl猫me? La g茅ographie urbaine en France (1890-1960)鈥: Soci茅t茅s contemporaines 49-50, 2003, p.107-138. 

17.- P. Pelletier, 鈥淟a grande ville entre barbarie et civilisation chez 脡lis茅e Reclus (1830- 1905)鈥, congreso Ville mal aim茅e, ville 脿 aimer, Cerisy-la-Salle, junio 2007. 

18.- P. Kropotkin, Champs, usines et ateliers, Stock, Par铆s1910, p.143 (en espa帽ol: Campos, f谩bricas y talleres). 

19.- L. Mechnikov, La Civilisation鈥, op. cit., p.431. 20.- 鈥淟es produits de la terre鈥: Le R茅volt茅 

20, 1884 鈥 26, 1885; 鈥淟es produits de l鈥檌ndustrie鈥: Le R茅volt茅 45-49, 1887. 

21.- HT V, p.331. 

22.- Ib铆dem, p.331-332. 

23.- Ib铆dem, p.332. 

24.- Carta de 脡. Reclus a Richard Heath, 1884. 

25.- HT V, libro IV, cap铆tulo 1. 

26.- Ib铆dem, p.332. 

27.- F. Ferretti, 鈥淐omment nourrir la plan猫te: 脿 propos d鈥檜ne carte statistique鈥, en Patrick R茅rat, Etienne Piguet (ed.), La pens茅e du monde: une soci茅t茅 de g茅ographie au tournant du XX猫me si猫cle, Presses Universitaires Suisses, Neuch芒tel 2011, p.111-116. 

28.- 脡. Reclus, 鈥溍 propos d鈥檜ne carte statistique鈥: Bulletin de la Soci茅t茅 Neuch芒teloise de G茅ographie 4-5, 1889-1890, p.122-124. 

29.- P. Kropotkin, op. cit., 144. 

30.- 脥dem, La conquista del pan (1890), cap铆tulo 鈥淓l bienestar para todos鈥. 

31.- HT VI, p.336. 

32.- Ib铆dem, p.337. 

33.- P. Kropotkin, Campos鈥, op. cit., p.304. 

34.- Ib铆dem. 

35.- HT VI, p.337. 

36.- Ib铆dem, p.362. 

37.- 脡. Reclus, Nouvelle G茅ographie Universelle VII, p.15. 

38.- HT VI, p.337. 

39.- Ib铆dem. 

40.- HT V, p.287. 

41.- Ib铆dem. 

42.- HT VI, p.12. 

43.- Ib铆dem. 

44.- Ib铆dem y p.80-81. 

45.- HT I, p.281. 

46.- HT VI, p.13. 

47.- P. Kropotkin, Campos鈥, op. cit., p.X. 

48.- Ib铆dem, p.IX. 

49.- Ariane Mi茅ville, Maurizio Antonioli (茅d.), Anarchie & syndicalisme, le Congr猫s Anarchiste International d鈥橝msterdam (1907), Nautilus 鈥 脡ditions du Monde libertaire, Par铆s 1997. La pol茅mica entre Monatte y Malatesta se puede leer en Tierra y Libertad 274, mayo 2011. 

50.- Claude Wey, 鈥淒es classes moyennes鈥: Forum 116, Luxemburgo, diciembre 1989, p.17-23. 

51.- Georges Navet, 鈥淧roudhon, le f茅d茅ralisme et la question italienne鈥: Corpus, revue de philosophie 47, 2004, p.159-189. 

52.-Mija铆l Bakunin, Cat茅chisme r茅volutionnaire, 1865. 

53.- Ib铆dem. 

54.- P. Kropotkin, El apoyo鈥, op. cit. p.320. 

55.- Sobre todo en (t铆tulos abreviados): La Guerre et la Paix (1861), Si les trait茅s de 1815 ont cess茅 d鈥檈xister (1863); Du Principe f茅d茅ratif (1863, traducido al espa帽ol: El principio federativo), La F茅d茅ration et l鈥檜nit茅 en Italie (1862), Nouvelles observations sur l鈥檜nit茅 italienne (1864). 

56.- Nouvelles observations sur l鈥檜nit茅 italienne, 1864. 

57.- HT V, p.308. 

58.- HT V, libro IV, cap铆tulo I: 鈥淧oblaci贸n de la tierra鈥. 

59.- Intervenci贸n de 脡. Reclus en el Congreso de la Paz de 1868. 

60.- El principio federativo, 1863. 

61.- Georges Gori茅ly, 鈥淧roudhon et les nationalit茅s鈥, en L鈥檃ctualit茅 de Proudhon, colloque de novembre 1965, Universit茅 Libre de Bruxelles, Bruselas 1967, p.151-168. 

62.- La Guerre et la paix, 1861. Hay que recordar que en esa 茅poca el t茅rmino 鈥渞aza鈥 no ten铆a el mismo sentido que tiene hoy en d铆a. 

63.- HT V, p.318. 

64.- Ib铆dem. 

65.- Carta del 1 marzo 1885, op. cit. 

66.- Mija铆l Dragomanov, 鈥淟es paysans Russo-ukrainiens sous les lib茅raux Hongrois鈥: Le Travailleur 1, 1877, p.14. 

67.- 脡. Reclus, Nouvelle G茅ographie Universelle V, Scandinavie et Russie d鈥橢urope, 1880, p.437. 

68.- Ib铆dem, p.892. 

69.- 脥dem III, Europe Centrale, 1878, p.268. 

70.- [J. Guillaume], 鈥淰ari茅t茅s鈥: Bulletin de la F茅d茅ration Jurassienne, 13 junio 1875, p.4.


Geograf铆as anarquistas: La federaci贸n, la localidad y la organizaci贸n en libertad.

Simon Springer: Las ra铆ces anarquistas de la geograf铆a. Hacia la emancipaci贸n espacial




Fuente: Lapeste.org