December 20, 2022
De parte de Nodo50
35 puntos de vista

El 26 de noviembre, tras un incendio mort铆fero en un bloque de pisos
en la capital de la regi贸n aut贸noma uigur de Sinkiang, en las calles y
campus de todo el pa铆s se produjeron manifestaciones que exig铆an el fin
de la pol铆tica restrictiva de covid cero (Davidson y Yu 2022).
Como era previsible, la derecha libertaria y las y los antimascarillas y
antivacunas no tardaron nada en aplaudir las manifestaciones como
vindicaci贸n de sus propias protestas durante la pandemia en contra de
cualquier forma de intervenci贸n biopol铆tica del Estado. Por ejemplo,
Charlie Kirk, l铆der de la ultraconservadora Turning Point USA, tuite贸
que 鈥淐hina se parece de pronto mucho a Canad谩鈥, estableciendo un
paralelismo entre las protestas chinas y el llamado Convoy de la Libertad de los camioneros que protestaron contra la vacunaci贸n obligatoria a comienzos de 2022 (Williams y Paperny 2022).

Aunque dudamos si ofrecer a la extrema derecha (que ya no se puede calificar de marginal)
una plataforma adicional 鈥抋 riesgo de normalizarla por el mero hecho de
mencionarla鈥, estas narrativas comparten una atm贸sfera de resignaci贸n
ante la inevitabilidad de la naturaleza end茅mica de la covid, como si la
pandemia y todo el sufrimiento que ha causado hubieran estado
predestinados y fueran inevitables. Esta normalizaci贸n de la muerte por
covid 鈥抍onvirti茅ndola en una parte inseparable de la vida misma鈥
representa una justificaci贸n a posteriori de los efectos desastrosos de
la pandemia en buena parte de Occidente, en particular la negativa a
intentar eliminar el virus a comienzos de 2020. Establece asimismo una
comprensi贸n falsamente binaria de las posibilidades pand茅micas: o bien
una necropol铆tica nihilista (seg煤n el modelo aqu铆 no pasa nada), o bien una espiral interminable de vigilancia autoritaria cada vez m谩s intensa.

La internalizaci贸n de un falso enfoque binario en las narrativas
occidentales comporta el riesgo de malinterpretar las protestas
populares en China creyendo que el rechazo por parte de las y los
manifestantes de la biopol铆tica autoritaria de covid cero encierra un
apoyo t谩cito a la necropol铆tica de Estados Unidos. Al mismo tiempo, este
tipo de pensamiento binario limita gravemente nuestra capacidad de
comprensi贸n de las lecciones globales de la pandemia en un momento en
que entramos en una era de crisis colectivas.

Polos pand茅micos

Unas muertes horribles y evitables a causa de las restricciones por
la pandemia han catalizado las protestas recientes en China. El incendio
de Urumqi, en el que murieron por lo menos diez personas en un bloque
de pisos sometido a cuarentena prolongada, no fue sino el 煤ltimo suceso
de toda una serie. En septiembre, un autob煤s colision贸 y mat贸 a 27
personas en Guiyang, provincia de Guizhou, camino de un centro de
confinamiento a primeras horas de la ma帽ana (Thomas y Abdul Jalil 2022);
seg煤n ciertas informaciones, un n煤mero desconocido de personas han
muerto despu茅s de que les denegaran el tratamiento m茅dico de
enfermedades no relacionadas con la covid (Human Rights Watch 2022); por
no mencionar la incidencia de suicidios durante largos periodos de
confinamiento (Yang 2022).

En el caso de la tragedia de Urumqi, se ha informado de que los
bomberos llegaron al lugar en menos de media hora, pero tardaron casi
tres horas en abrirse paso entre las vallas y rejas y cordones de
seguridad instalados para asegurar el confinamiento y los coches
aparcados cuyas bater铆as estaban agotadas (Shepherd y Kuo 2022).
Siguiendo una larga tradici贸n de duelo y protesta pol铆tica en China, las
manifestaciones fueron fruto de la indignaci贸n ante aquellas muertes
tr谩gicas, irracionales y evitables.

Estos acontecimientos han contribuido mucho a desarmar la narrativa del 茅xito frente a la pandemia que tanto se ha esforzado en propagar el Partido-Estado chino (Repnikova 2020; Zhhttps://madeinchinajournal.com/2022/12/02/biopolitical-binaries-or-how-not-to-read-the-chinese-protests/ang 2020). Con su pol铆tica de covid cero, el Partido Comunista Chino (PCC) ha intentado posicionarse en el polo opuesto al de Occidente en general y de EE UU en particular: el de un Estado biopol铆tico que 鈥渄espliega sus t茅cnicas de gobernanza en nombre de la defensa de la vida frente a las amenazas externas (L.G. 2022), que representa un tecnocratismo centralizado claramente diferenciado de la pol铆tica revolucionaria de clase de la 茅poca de Mao.

Hasta la aparici贸n de la variante Omicron, mucho m谩s contagiosa, el
gobierno chino moviliz贸 con 茅xito a la poblaci贸n, al Estado y la
econom铆a en un esfuerzo concertado por suprimir la transmisi贸n mediante
el uso de tecnolog铆as de vigilancia de nuevo cu帽o, encaminadas a
asegurar la localizaci贸n, el seguimiento y la contenci贸n sistem谩ticas de
la poblaci贸n. En nombre de la salud de la sociedad, el Partido-Estado
puso en pie un aparato inmunitario sofisticado que depend铆a tanto de la
docilidad de la poblaci贸n como de la coerci贸n; el resultado fue un bajo
nivel de transmisi贸n, una escasa incidencia de la enfermedad y un bajo
n煤mero de muertes a causa del virus.

Por el contrario, en EE UU ha habido m谩s de un mill贸n de muertes a
causa de la covid-19, muchas de las cuales 鈥渟e produjeron en 2020, antes
de que hubiera vacunas disponibles鈥 (Simmons-Duffin y Nakajima 2022).
El 27 de noviembre de 2022, EE UU calcula que se producen 330,4 muertes
por covid-19 al d铆a (The New York Times 2022). En su reciente libro sobre la pandemia, What World is This? [驴Qu茅
mundo es este?], Judith Butler (2022) sostiene que la normalizaci贸n de
las muertes debidas a la covid-19 implica la aceptaci贸n de que cierto
porcentaje de la poblaci贸n es desechable, o de una sociedad en la que
鈥渓a muerte masiva de sujetos m谩s sumisos desempe帽a un papel fundamental
en el mantenimiento del bienestar social y el orden p煤blico鈥 (Lincoln
2021: 46).

El hecho de que EE UU es una cultura necropol铆tica es innegable (uno
de los autores escribe desde su casa en Colorado Springs, donde hace una
semana un pistolero asesin贸 a cinco personas en un club nocturno queer).
No hay suficiente duelo en el mundo para abarcar las muertes por
covid-19 en EE UU, la violencia con armas de fuego (en particular la
normalizaci贸n de los tiroteos en escuelas), la brutalidad policial, las
sobredosis y los suicidios. No es exagerado decir que la aceptaci贸n de
una muerte cruel, carente de sentido y evitable y de una enfermedad
debilitante 鈥抪articularmente en los segmentos m谩s pobres, racializados y
m茅dicamente vulnerables de la poblaci贸n鈥 se ha convertido en un rasgo
clave de la cultura estadounidense contempor谩nea.

La capitulaci贸n de Donald Trump en mayo de 2020, cuando dijo que
鈥渉abr谩 m谩s muertes鈥 (Wilkie 2020), parece representar, de hecho, la
ant铆tesis del compromiso de China de 鈥減rimero la gente, primero la
vida鈥. Superficialmente, este enfoque binario necropol铆tico/biopol铆tico
podr铆a parecer una respuesta simple, basada en sistemas ideol贸gicos
contrapuestos: en EE UU y otros muchos pa铆ses occidentales prim贸 la
reapertura de la econom铆a y la reanudaci贸n de una normalidad aparente
sobre las vidas y la salud de mucha gente, mientras que China se ha
mostrado dispuesta a asumir perjuicios econ贸micos para proteger las
vidas de su poblaci贸n.

Por una vez, esta comparaci贸n sirvi贸 para reforzar las narrativas que
legitiman al PCC. La biopol铆tica tecnocr谩tica china considera
supuestamente que la vida es sacrosanta 鈥抏n palabras de Xi Jinping: 鈥淟a
gente solo tiene una vida. Hemos de protegerla鈥 (Bram 2022)鈥, frente a
la necropol铆tica de la inevitabilidad de EE UU, donde la aceptaci贸n de
la muerte irracional se conceptualiza como un requisito de la vida, la
libertad y la prosperidad humana.

Sin embargo, este aparente planteamiento binario de biopol铆tica
frente a necropol铆tica queda desmentido cuando nos damos cuenta de que
el PCC valora por encima de todo su propia legitimaci贸n, que durante la
pandemia ha girado alrededor de la percepci贸n de que valora la vida
humana. La subsiguiente implementaci贸n burocr谩tica de la pol铆tica de
covid cero implica que las estad铆sticas de casos y la contenci贸n 鈥抩 sea,
el logro percibido del Estado鈥 importan m谩s que las vidas reales que se
est谩n preservando.

Cuando la gente sufre visiblemente o muere a causa del r茅gimen
pand茅mico del PCC, comienza a revelarse la l贸gica biopol铆tica. Ninguna
escena captura esta contradicci贸n de manera m谩s visceral y dolorosa que
las personas quemadas vivas mientras estaban confinadas dentro de sus
propios apartamentos, mientras el vecindario contempla y registra sus
voces moribundas que piden socorro. No hay nada intr铆nsecamente malo en
un compromiso biopol铆tico de preservar la vida en una pandemia (esta es
justamente la posici贸n que defendemos sin recurrir a una biopol铆tica
autoritaria); el problema es que la m谩xima prioridad del PCC es su
propia legitimidad, siendo la supresi贸n del virus el escenario de las
narrativas legitimadoras durante la pandemia. En este sentido, la
bioseguridad encarnada en la respuesta china a la covid-19 no iba tanto
de 鈥渁segurar la vida colectiva frente al riesgo鈥 (Lincoln 2021: 46),
como de asegurar la vida del Partido.

Vida, libertad y legitimidad del Partido

Por consiguiente, contraponer una visi贸n edulcorada de la respuesta
china a la pandemia a la funesta gesti贸n estadounidense de la cat谩strofe
implica adoptar un falso enfoque binario. Para los apologetas de China,
la narrativa pr谩cticamente se escribe por s铆 misma: las respuestas
iniciales de China fueron populares y salvaron vidas. La respuesta
estadounidense fue una pira funeraria nacional, que sigue ardiendo en
los m谩rgenes de la atenci贸n del pa铆s. Todo esto es cierto, pero no es
m谩s que una visi贸n parcial. Lo que se omite en esta narrativa es la
creciente sensaci贸n por parte de las y los manifestantes chinos de que
sus vidas est谩n atrapadas dentro del aparato de legitimaci贸n del
Partido-Estado, cuya validez cient铆fica y necesidad biom茅dica parece
cada vez m谩s improbable. El Partido-Estado se ha aferrado a la pol铆tica
de covid cero porque en ello le va su legitimidad, y la reputaci贸n de Xi
Jinping en particular. Esto puede ilustrarse claramente situando la
pandemia en el contexto de la gesti贸n de otras cat谩strofes por parte del
PCC.

Por ejemplo, tras el terremoto de Sichuan en 2008, el PCC insisti贸 en
que las muertes se debieron a una 鈥渃at谩strofe natural鈥 y no a un 鈥渇allo
humano鈥. Si es una cat谩strofe natural, el Partido aparece como el
salvador; un fallo humano, por otro lado, plantea la cuesti贸n de la
responsabilidad y apunta a cuestiones sist茅micas m谩s amplias. La
legitimaci贸n del Partido gira en torno a esta distinci贸n (Sorace 2017,
2018, 2020 y 2021).

Lo mismo se aplica a la pandemia. Lo 煤nico que se interpone entre la
poblaci贸n china y el virus es el PCC, con sus cuarentenas, sus holgados
trajes blancos, el rastreo digital y los instrumentos de vigilancia
coercitiva cada vez m谩s sofisticados que hacen que todo esto sea
posible. Las manifestaciones de estos d铆as comportan la desintegraci贸n
de esta narrativa. La gente empieza a preguntarse si la pol铆tica de
covid cero del PCC sirve para proteger sus vidas 鈥抍uando las pruebas
demuestran lo contrario鈥 o su propia legitimidad. En el plano de la
inscripci贸n simb贸lica, la pol铆tica de covid cero de China ha pasado de
golpe de ser una infraestructura biom茅dica positiva a un aparato de
contenci贸n y asfixia (literal y metaf贸ricamente).

Nuestro an谩lisis no predice que el PCC ser谩 incapaz de reafirmar el
control discursivo sobre la versi贸n p煤blica de la narrativa. Se trata de
un poderoso Estado discursivo, excepcionalmente dotado para
metabolizar crisis en triunfos (Sorace 2017). Una de las diferencias
cruciales entre el terremoto de Sichuan y la situaci贸n actual es que el
terremoto fue un fen贸meno limitado en el tiempo y en el espacio
鈥抍ircunscrito a una 煤nica regi贸n y un breve periodo鈥, mientras que la
pandemia es una crisis nacional en curso que no tiene una fecha fija de
caducidad.

Aunque la gente en China ha tenido diferentes experiencias durante la
pandemia en funci贸n de su clase, etnia, g茅nero y otras categor铆as
destacadas (Butler 2022; Friedman 2022; Karl 2022), ha podido
identificarse con las experiencias de otros sectores, y la actual ola de
protestas incluso ha favorecido temporalmente la solidaridad entre las
etnias han y uigur (Millward 2022). Es m谩s, es una cuesti贸n global y
mediatizada, de ah铆 que las comparaciones con una Copa del Mundo sin
mascarillas podr铆a exacerbar hasta cierto punto el sentimiento de
excepcionalidad negativa.

Los planteamientos binarios EE UU-China suelen quedar atrapados en un eterno retorno a la guerra fr铆a o en otredades orientalistas, y este que comentamos no es diferente. En funci贸Enfoques binarios de la biopol铆tica (o c贸mo no interpretar las protestas en China)n del punto que se mira en el espejo, el reflejo muestra una biopol铆tica estatalista frente a una necropol铆tica antiestatal o un control totalitario frente a la libertad, y la extrema derecha conspiradora combina los gobiernos chino y estadounidense como las dos caras del mismo autoritarismo m茅dico. En vez de ello, nosotros pensamos que EE UU y China ofrecen dos modelos contrapuestos de gobernanza pand茅mica, ninguno de los cuales promueve la prosperidad humana. Como escribi贸 el sindicalista transnacional Tobita Chow (2022) en un tuit reciente: 鈥淟os nihilismos rivales de los gobiernos de EE UU y China en materia de pol铆tica anticovid no son las 煤nicas opciones.鈥

Malinterpretaci贸n de las protestas

As铆, mientras que la gente que se manifiesta en China lo hace contra
la gobernanza autoritartia de la pandemia a que ha estado sometida,
ser铆a malinterpretar profundamente las protestas si se concluye que est谩
demandando la necropol铆tica nihilista de EE UU y otros pa铆ses
occidentales. Por decirlo lo m谩s inequ铆vocamente posible: las protestas
en China y las de los antimascarillas y antivacunas en EE UU, Canad谩 y
Europa no son lo mismo. Las protestas occidentales contra las
mascarillas y las vacunas son un rechazo de nuestra interdependencia compartida,
como dice la polit贸loga Elisabeth Anker. Seg煤n Anker, 鈥榌l]os guerreros
COVID practican la libertad de exponer a otras personas a la muerte, y
de hecho a librarse de ellas鈥 (2022: 9), donde ellas representan b谩sicamente a todas las personas que se hallan fuera de su burbuja particular.

La afirmaci贸n de la libertad individual como derecho a exponer a
otras personas al perjuicio y amparar una fantas铆a de invulnerabilidad e
indiferencia frente a las extra帽as no es una definici贸n universal ni
deseable de la libertad. Las demandas de libertad de las
manifestantes chinas son pol铆vocas y est谩n sobredeterminadas
simb贸licamente por el contexto en que se inscriben. Vale la pena se帽alar
asimismo que en las manifestaciones estudiantiles se ha cantado (al
igual que se hizo en 1989) la Internacional, demostrando que los valores
socialistas no son monopolio de reg铆menes nominalmente socialistas.

Mientras que algunas demandas se nutren claramente de agravios
pol铆ticos m谩s amplios, como por ejemplo los llamamientos a la dimisi贸n
de Xi Jinping y del PCC, en lo tocante a la respuesta a la pandemia no
se reclama la completa abdicaci贸n del Estado, permitiendo al virus
diezmar a la poblaci贸n, sino m谩s bien un reequilibrio biopol铆tico
razonable. Por ejemplo, los llamamientos a acabar con las continuas
pruebas PCR y los traslados a instalaciones de confinamiento
centralizadas son razonables y pragm谩ticos; no equivalen a un rechazo de
plano de todas las medidas biopol铆ticas encaminadas a evitar la
transmisi贸n desbocada del virus. Todo esto quiere decir que las
invocaciones de la libertad no pueden abstraerse de su
contexto, especialmente si se pretende formar una especie de
pseudosolidaridad fr铆vola de antiestatalismo reaccionario. El compromiso
de izquierda con la solidaridad transnacional que preconizamos comporta
como m铆nimo una pol铆tica de reconocimiento mutuo, de escucha y
traslaci贸n contextual.

Tampoco debe confundirse con la solidaridad estatalista preconizada por apologetas que se dicen de izquierda de reg铆menes de capitalismo de Estado no occidentales, como es el caso del intelectural p煤blico Vijay Prashad, quien el 28 de noviembre public贸 un autorretrato en Instagram en que muestra un papel blanco con la expresi贸n 鈥溾櫏Zero Covid鈥, poniendo claramente de manifiesto su apoyo al PCC y burl谩ndose de la gente que mostraba una hoja de papel en blanco en las manifestaciones. La Z escrita en negrita introduce de paso, en plan provocador, el apoyo a Rusia.

La incoherencia ideol贸gica de sus posiciones se basa en una visi贸n
infantil del antiimperialismo, en la que todos los enemigos de EE UU
ofrecen realmente alternativas deseables en virtud de su oposici贸n. Esta
posici贸n es profundamente insensible a las operaciones coloniales y
carcelarias (y en el caso de la invasi贸n rusa de Ucrania, incluso a los
cr铆menes de guerra) cometidas por los aliados preferentes de Prashad
(que sin duda son Estados, m谩s que personas). Con semejantes amigos en
la izquierda, 驴qui茅n necesita enemigos?

Es importante salir del lodazal binario que tanto gusta a personas
como Vijay Prashad y Charlie Kirk. Si solo nos centramos en China frente
a EE UU, omitimos el hecho de que muchos pa铆ses de todo el mundo
trataron de suprimir el virus y proteger a las poblaciones vulnerables a
base de medidas colectivas basadas en la solidaridad, logrando mantener
las libertades individuales al tiempo que frenaron la propagaci贸n
masiva de la enfermedad y la muerte. Permanecer dentro del horizonte
limitado de los propios Estados-naci贸n es parte del problema.

Hacia una biopol铆tica positiva

Aspiramos a que la izquierda adopte un nuevo lenguaje, la
articulaci贸n de una biopol铆tica de escala planetaria (Bratton 2021) que
sea capaz de inventar nuevas formas pol铆ticas que aborden nuestro ser en
com煤n (Nancy 2022). Como se帽ala Benjamin Bratton: 鈥淸P]retender que no
debiera existir el biopoder y que las opciones relativas a lo que vive y
lo que no vive pueden evitarse porque son dif铆ciles e inquietantes es
en 煤ltima instancia una manera de permitir que el biopoder pueda
ejercerse sin rendir cuentas鈥 (2021: 5). La visi贸n positiva de la
biopol铆tica como esfuerzo colectivo basado en la solidaridad contrasta
sin duda fuertemente tanto con la necropol铆tica nihilista, encarnada en
los cad谩veres que desbordaron los tanatorios en EE UU, como con las
nefastas realidades pol铆ticas de acumulaci贸n capitalista, estabilidad
pol铆tica, patriarcado neoconfuciano, chovinismo han y encarcelamientos
masivos que ofrece hoy el Estado chino.

Existen otros linajes, apellidos y debates (Sorace et al. 2019).
Existen lenguajes que todav铆a no hemos aprendido a hablar o escuchar.
Ser铆a tambi茅n un lenguaje de duelo, que tratara de responder a la
pregunta inquietante de Judith Butler: 鈥溌緼lguien de nosotras sabe c贸mo
nombrar lo que hemos perdido?鈥 No solo hemos perdido seres queridos,
sino tambi茅n la capacidad de imaginar un mundo en que todas y todos
prosperemos. No estamos seguros de c贸mo avanzar, pero al menos confiamos
en que el camino no nos lleva a un mundo en el que EE UU o China
definan las condiciones de nuestra existencia.

Christian Sorace es profesor adjunto de Ciencias Pol铆ticas en la Universidad de Colorado.

Nicholas Loubere es profesor adjunto en el Estudio de la China Moderna del Centro de Estudios del Este y Sudeste Asi谩ticos, Universidad de Lund.

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Fuente: https://madeinchinajournal.com/2022/12/02/biopolitical-binaries-or-how-not-to-read-the-chinese-protests/

Traducci贸n: viento sur




Fuente: Rebelion.org