April 1, 2021
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A finales de febrero el partido islamista-conservador galvaniz贸 en T煤nez a sus partidarios para una demostraci贸n de fuerza en torno a su l铆der Rached Ghanuchi. Pero diez a帽os despu茅s de su primera victoria electoral, Ennahda tiene dificultades para mantener un lugar preeminente en el tablero pol铆tico.

El 30 de enero de 2011, Rached Ghanuchi pis贸 suelo tunecino despu茅s de m谩s de veinte a帽os de exilio. El l铆der del partido islamista Ennahda era aclamado por miles de personas que acudieron a recibirle al aeropuerto de T煤nez-Cartago con los gritos de Tala’al badrou ‘alayna (La luna llena se ha levantado sobre nosotros), una canci贸n isl谩mica tradicional  que celebra la llegada del Profeta Mahoma a Medina. Este regreso, dos semanas despu茅s de la ca铆da de Zine El-Abidine Ben Ali, marc贸 el renacimiento de un partido que el r茅gimen autoritario hab铆a tratado de erradicar.

A pesar del encarcelamiento y exilio de gran parte de sus cuadros, el partido Ennahda, que obtuvo su legalizaci贸n en marzo de 2011, pudo contar con una red militante establecida en todo el territorio nacional y en los principales pa铆ses acogedores de una di谩spora tunecina. Al excluir la nueva ley electoral autom谩ticamente a los cuadros procedentes del antiguo r茅gimen, el partido se convirti贸 en la mayor fuerza pol铆tica del pa铆s. Frente a esta popularidad, una fracci贸n nada despreciable de las nuevas 茅lites posrevolucionarias, principalmente proveniente de la antigua oposici贸n a Ben Ali, defini贸 su estrategia electoral en funci贸n de Ennahda, sin dudar en retomar la ret贸rica utilizada por el antiguo r茅gimen para demonizar al movimiento de Ghanuchi. Al hacerlo, ayud贸 a ponerlo en el centro del juego pol铆tico.

Hasta las elecciones a la Asamblea Constituyente en octubre de 2011, Ennahda evit贸 cualquier enfrentamiento directo con las autoridades constituidas. Sus dirigentes prefirieron recordar los sufrimientos padecidos bajo la dictadura, que los arrima firmemente al campo de la revoluci贸n junto a un sector de la opini贸n p煤blica. El discurso anti-islamista difundido en los principales medios de comunicaci贸n reforz贸 esta postura de victimizaci贸n. Todos estos son elementos que contribuyeron a su 茅xito electoral. A la cabeza en todas las circunscripciones, el partido obtuvo el 37 % de los votos y ocup贸 el 42 % de los esca帽os en la nueva Asamblea Constituyente.

Gobernar pero no demasiado

Pero, 驴c贸mo gobernar un pa铆s sin un m铆nimo de adhesi贸n de sus 茅lites pol铆ticas, culturales, medi谩ticas y administrativas? Ennahda se encuentr贸 atrapada entre la presi贸n de sus bases y la hostilidad de una parte significativa de los c铆rculos influyentes, tanto en T煤nez como en el extranjero. Despert贸 miedo entre algunos sectores de la poblaci贸n tunecina marcados por un escenario del tipo iran铆 o, peor, argelino.

Para tranquilizar y relativizar la imagen de una hegemon铆a islamista sobre todas las instituciones, el movimiento form贸 una coalici贸n con dos partidos no islamistas: el Congreso por la Rep煤blica (CPR) liderado por Moncef Marzuki y el Foro Democr谩tico por los Derechos y las Libertades (Ettakattol) de Mustapha Ben Jaafar. Los tres partidos se repartieron las tres presidencias, la del gobierno (Ennahda), la de la rep煤blica (CPR) y la del parlamento (Ettakatol). En realidad, la mayor parte del poder ejecutivo estaban reservado para el jefe de gobierno y los principales ministerios y comisiones parlamentarias estaban controladas por el partido islamista.

El posicionamiento respecto a los islamistas se convierti贸 a partir de ah铆 en un leitmotiv electoral.  Si bien no impide que el partido de Ghanuchi gane las elecciones (con una mayor铆a cada vez m谩s relativa), este 煤ltimo deduce que su movimiento nunca debe gobernar solo para no concentrar la ira popular.

B茅ji Ca茂d Essebsi fue primer ministro durante el per铆odo de transici贸n (febrero-octubre de 2011). Menos de un a帽o despu茅s, en junio de 2012, aprovech贸 el desmoronamiento de la denominada oposici贸n democr谩tica para crear el partido Nidaa Toun猫s (Llamamiento por T煤nez), que reuni贸 a opositores hist贸ricos, sindicalistas y miembros del antiguo r茅gimen cuyo 煤nico punto en com煤n era la oposici贸n a los islamistas. Pero una vez en el poder, este equipo no durar谩 mucho.

驴Un escenario a la egipcia?

Armados con la legitimidad electoral de octubre de 2011, las y los partidarios de Ennahda entablaron una lucha despiadada contra cualquier expresi贸n divergente, asimilada a un rechazo al veredicto de las urnas. As铆, varios l铆deres de la oposici贸n a Ben Ali fueron acusados de ser contrarrevolucionarios por la 煤nica raz贸n de que no apoyaban la acci贸n del gobierno. Una acusaci贸n realizada incluso contra abogados que hab铆an defendido a acusados islamistas bajo el antiguo r茅gimen. Durante el invierno de 2012 se organiz贸 una sentada frente a las instalaciones de la televisi贸n nacional, acusada de no reflejar la voluntad popular. Los l铆deres de esta protesta formar谩n las Ligas para la Protecci贸n de la Revoluci贸n (LPR), milicias que no dudan en atacar f铆sicamente a la gente opositora. Nidaa Toun猫s tambi茅n se convertir谩 en uno de sus principales objetivos, ya que el partido sube en las encuestas hasta el punto de convertirse en una seria amenaza para Ennahda.

Junto a este estallido de violencia con total impunidad, el ejecutivo, en nombre de la libertad religiosa, mostr贸 tolerancia hacia las expresiones m谩s radicales del islamismo. Varios predicadores extremistas como el egipcio Wajdi Ghoneim o el kuwait铆 Nabil Al-Awadi fueron recibidos con gran pompa por los l铆deres de Ennahda. Se autoriza al partido salafista Ettahrir, que aboga por el establecimiento de un califato isl谩mico, y el movimiento Ansar Al-Sharia, afiliado a Al-Qaida, estar presente en la calle. Todo ello en un contexto de atentados terroristas contra las fuerzas armadas. El 18 de octubre de 2012, una manifestaci贸n de las LPR degener贸 en Tataouine y un responsable local de Nidaa Toun猫s fue linchado hasta la muerte.

La violencia continu贸 con el asesinato de los l铆deres del Frente Popular (coalici贸n de izquierda y extrema izquierda) Chokri Bela茂d y Mohamed Brahmi en 2013. A finales de julio, tuvo lugar una gran sentada en el Bardo, frente a la Asamblea Constituyente, exigiendo la disoluci贸n de todas las instituciones resultantes de las elecciones de 2011. Estamos a pocas semanas del golpe de Estado del mariscal Abdel Fattah Al-Sisi en Egipto, apoyado o tolerado por la mayor铆a de los socios de T煤nez, contra el presidente islamista electo Mohamed Morsi.

Mudar para sobrevivir

Los l铆deres de Ennahda entendieron que su legitimidad electoral no les proteg铆a de un golpe de Estado. Entonces, decidieron acercarse a los enemigos de ayer, los desturianos, y optar por la estrategia del consenso. Sin embargo, este giro no fue un precedente: aunque el partido islamista y el CPR se hab铆an embarcado oficialmente en una lucha contra el antiguo r茅gimen en 2011 al proponer en particular una ley de depuraci贸n pol铆tica, no hab铆an dudado en nombrar a personas cercanas al poder benalista al frente de administraciones y empresas p煤blicas mediando un cambio de fidelidades.

Ennahda acept贸 dejar el gobierno y entregar el poder a tecn贸cratas responsables de dirigir el pa铆s hasta las elecciones de 2014. Nidaa Toun猫s gan贸 las elecciones legislativas y B茅ji Ca茂d Essebsi las presidenciales. Golpe de efecto tras una campa帽a de un enfrentamiento feroz: el partido islamista se neg贸 a apoyar a su ex aliado, el candidato saliente Moncef Marzouki, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En segundo lugar en las elecciones legislativas, Ennahda incluso termin贸 ali谩ndose con Nidaa Toun猫s en nombre del inter茅s nacional. 脡ste fue el primer paso hacia una larga serie de concesiones para el partido islamista, dividido entre las demandas de su base impulsadas por la ideolog铆a islamista y el imperativo de compromiso para garantizar su supervivencia pol铆tica.

El quiquenato de Beji Caid Essebsi fue sin duda el momento que m谩s benefici贸 a Ennahda, pero tambi茅n el per铆odo durante el cual experimenta sus mayores mutaciones. Al participar en el poder sin estar en primera l铆nea, el partido vi贸 aumentar su influencia a medida que el partido presidencial se disolv铆a socavado por las luchas internas. Los islamistas no dudaron en apoyar proyectos de ley controvertidos como la llamada ley de reconciliaci贸n, una amnist铆a otorgada a los funcionarios procesados por actos de malversaci贸n de fondos bajo el antiguo r茅gimen.

Tambi茅n durante este per铆odo el partido revis贸 su organizaci贸n interna. M谩s all谩 de la imagen que pon铆a el acento en la separaci贸n entre acci贸n pol铆tica y predicaci贸n, el d茅cimo congreso de Ennahda en 2016 aument贸 considerablemente las prerrogativas de Rached Ghanuchi, permiti茅ndole nombrar a los miembros del comit茅 ejecutivo que ser铆an validados por el Consejo de la Shura. Una paradoja para un partido que aboga por la instauraci贸n de un r茅gimen parlamentario, supuestamente para limitar los abusos vinculados al poder personal. Algunos candidatos para las elecciones legislativas de 2019 pagar谩n las consecuencias, ya que el jeque no dud贸 en realizar cambios sustanciales en las listas que, sin embargo, eran resultado de las primarias organizadas a nivel de cada circunscripci贸n.

Al contrario de lo que afirma mucha gente que denigra a las y los islamistas, la alianza entre Ennahda y Nidaa Toun猫s no era totalmente contra natura. Los partidos converg铆an en varios puntos, en particular en las opciones econ贸micas y sociales. Los nahdauis apoyaban las demandas de reformas exigidas por los prestamistas internacionales y de ninguna manera cuestionaban el modelo de desarrollo que sigui贸 el pa铆s desde la d茅cada de los ochenta, basado en una paulatina desvinculaci贸n del Estado y la apertura a acuerdos de libre comercio desigual.

Los l铆mites del doble juego

Este incesante ir y venir entre la ret贸rica revolucionaria y un ejercicio del poder ambivalente se paga en las urnas. Si el partido gan贸 en las elecciones legislativas de 2019, apenas controla una cuarta parte de la Asamblea y sigue viendo c贸mo su base electoral se reduce progresivamente, de 1,5 millones de votantes en 2011 a 560.000 en 2019.

Durante estas elecciones, el partido se inscribi贸 de nuevo en el campo revolucionario, pero el surgimiento de dos bloques reaccionarios, el Partido Libre Destourien (PDL) de Abir Moussi y la coalici贸n Al-Karama (La Dignidad) debilita la pol铆tica del consenso. El primero desaf铆a en voz alta a todo el r茅gimen resultante de la revoluci贸n, mientras que el segundo, aunque es un aliado incondicional de Ghanuchi, est谩 a su derecha e incluye un cierto n煤mero de militantes de las LPR.

Atrapado entre un ala a su derecha que juega a la puja en cuestiones identitarias, precisamente a las que Ennahda ha renunciado, y el trauma de quedar en minor铆a que llevar铆a a un escenario egipcio, el partido elige nuevamente una alianza con el antiguo r茅gimen. Se acerc贸 a Qalb Toun猫s, el partido de Nabil Karoui, un empresario actualmente en prisi贸n preventiva por sospecha de blanqueo de capitales, que se hizo famoso bajo Ben Ali y estaba en el n煤cleo duro de Nidaa Toun猫s. Esta alianza le permiti贸 a Rached Ghanuchi convertirse en presidente de la Asamblea, una consagraci贸n cuando sabe que la hostilidad en su contra le impedir谩 postularse a la presidencia de la Rep煤blica por sufragio universal directo.

Adem谩s, la elecci贸n de Ka茂s Sa茂ed en las elecciones presidenciales con una c贸moda mayor铆a, y su popularidad poco erosionada por el ejercicio del poder, constituye un bochorno para las y los nahdauis. A diferencia de su predecesor, el nuevo presidente no es un hombre de compromisos. Recuerda constantemente las contradicciones y compromisos de sus oponentes sin nombrarlos, lo que explica los insolentes niveles de confianza de que disfruta a pesar de un balance bastante flojo.

Esta posici贸n est谩 en el coraz贸n de la actual crisis pol铆tica. El 16 de enero de 2021, despu茅s de una reorganizaci贸n parcial del gobierno de Mechichi dictada por Qalb Tounes y Ennahda, Sa茂ed se neg贸 a organizar la ceremonia de jura del cargo de los nuevos ministros, una condici贸n sine qua non para asumir el cargo. Mientras algunos partidos y organizaciones intentan mediar entre el presidente y el jefe de gobierno, Ennahda decide jugar la baza del enfrentamiento. El s谩bado 27 de febrero de 2021, el partido hace un llamamiento a sus simpatizantes a salir a las calles para apoyar a 鈥渓as  instituciones y la legitimidad鈥. Desafiando la prohibici贸n de circulaci贸n entre regiones debido a la pandemia y sin molestarse por guardar los gestos de distanciamiento y portar mascarilla, miles de manifestantes de todo el pa铆s marcharon por la Avenida Mohamed V, una de las principales arterias de la capital. Esta demostraci贸n de fuerza tambi茅n permiti贸 cerrar filas en torno a un Ghanuchi amenazado con perder su cargo de presidente de la Asamblea.

Si bien su adaptabilidad permanente le permite a Ennahda permanecer en el poder a medio plazo, tambi茅n amenaza su integridad a largo plazo. Primero, el electorado del partido tiende a reducirse a una base irreductible de militantes hist贸ricos unidos por un pasado de sufrimiento soportado bajo la dictadura. Incluso los colaboradores m谩s cercanos de Ghanuchi est谩n tirando la toalla. Adem谩s, la omnipotencia del jeque, al frente del partido durante treinta a帽os sin interrupci贸n, es cada vez m谩s fr谩gil. Las secuelas del d茅cimo congreso siguen ah铆 y el und茅cimo, constantemente atrasado, tendr谩 que decidir entre el mantenimiento de Ghanuchi, imposible seg煤n los estatutos vigentes, o su sucesi贸n. En septiembre de 2020, cien altos cuadros del partido firmaron una carta abierta pidiendo al presidente que no volviera a presentarse, un acto in茅dito en una estructura famosa por su disciplina interna.

Finalmente, si Ennahda ha integrado todos los estratos de la vida p煤blica, el movimiento sigue despertando un rechazo de parte de las y los tunecinos, no solo de los erradicadores (parte de la izquierda y del antiguo r茅gimen). Ciertos reflejos, heredados del per铆odo de clandestinidad, provocan la sospecha de los ciudadanos. As铆, hemos podido observar en varias ocasiones a l铆deres administrativos o pol铆ticos presentados como independientes que proven铆an en realidad de Ennahda. Esto mantiene dudas sobre posibles estructuras paralelas, un cl谩sico de los movimientos vinculados a los Hermanos Musulmanes.

Esta acusaci贸n se vio reforzada por los 煤ltimos enfrentamientos sobre la Uni贸n Mundial de Ulemas Musulmanes (UMOM ), anteriormente presidida por el predicador egipcio Youssef Al-Qaradaoui. En efecto, la presidenta del PDL Abir Moussi organiza desde noviembre de 2020 una sentada frente a la sede tunecina de la organizaci贸n, considerada la matriz ideol贸gica de los Hermanos Musulmanes. El 9 de marzo de 2021 entr贸 en ella y se apoder贸 de parte de su material educativo. Se organiz贸 entonces una contra sentada por parte de personalidades vinculadas al Islam pol铆tico. Entre ellas se encuentran los diputados de la coalici贸n Al-Karama, parte del estado mayor de nahdaui, pero tambi茅n antiguos responsables del partido que lo dejaron estrepitosamente. Esta defensa incondicional refuerza la idea de que m谩s all谩 del partido, hay una fidelidad a un movimiento supranacional que quiere atacar al Estado nacional tunecino. Esta ret贸rica ya justific贸 la represi贸n de Bourguiba y Ben Ali y puede beneficiar a Abir Moussi, que quiere cerrar el par茅ntesis revolucionario.

18/03/2021

https://orientxxi.info/magazine/tunisie-ennahda-de-la-toute-puissance-a-l-effritement,4597

Hatem Nafti es ensayista, autor de Tunisie, dessine-moi une r茅volution (L鈥橦armattan, 2015) y De la r茅volution 脿 la restauration, o霉 va la Tunisie ? (Riveneuve, 2019). Colabora en diferentes medios internacionales franc贸fonos.

Traducci贸n: Faustino Eguberri para viento sur

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Fuente: Vientosur.info