July 4, 2021
De parte de Valladolor
334 puntos de vista


Enseñanza:

Miles
de compañeros y compañeras a la calle en estos días

Como siempre que llega el
verano, la administración despide a miles de profesionales de la
educación, muchos de ellos sin derecho a vacaciones y con mínimas
indemnizaciones por despido (ya que la cosa se hace pasar por un “fin
de contrato”). La administración educativa funciona exactamente
igual que una gran empresa privada: miles de contratados temporales
ayudan a sacar el servicio para luego ser despedidos sin miramientos.
Y así hasta el año que viene, que vuelva a haber vacantes,
sustituciones, etc., y la rueda del contrato temporal – paro –
precariedad siga girando.

Las movilizaciones
de interinos
han sido constantes en esta primavera, con
convocatorias de concentraciones, manifestaciones y un día de huelga
convocado por las STES (ver más:
https://stac-stec.org/huelga-estatal-del-personal-interino-18-de-junio/).
La cantidad de interinos en el sector público no ha dejado de crecer
en estos últimos años, llegándose a un 30 % del personal en muchas
situaciones. Las negociaciones actuales para que los interinos que
llevan más de tres años cobren las indmenizaciones correspondientes
(creándose la categoría de “fijos discontinuos”) parecen
solo una añagaza para calmar al sector.

El ministro de Política
Territorial y Función Pública dio a conocer su plan para reducir
las tasas de temporalidad en el sector público, modificando para
ello el artículo 10 del Estatuto Básico del Empleado Público
(EBEP). El objetivo es reducir en tres años dicha tasa por debajo de
8% (Ahora en Educación la interinidad se sitúa por encima del 30%
en la mayor parte de las comunidades autónomas). Para reducir dicha
tasa obligará a todas las administraciones a sacar a oferta pública
de empleo todas las plazas que estén siendo ocupadas por personal
interino durante tres años seguidos. Lo que, evidentemente, lleva al
despido al interino por mucho que se estabilice la plaza (para otro).

La huelga tuvo escasa
repercusión. La separación entre fijos e interinos hace su labor.
Así, el apoyo por parte de los “fijos” ha sido testimonial
pero tampoco hemos visto una movilización que pidiera la unidad de
todos los trabajadores por encima de su condición contractual.

Sin el personal de
conserjería no se abrirían los centros, sin la limpieza no hubiera
sido posible mantener ninguna de las medidas anticovid ni de higiene,
sin el personal de administración, los centros mismos no
funcionarían en muchos aspectos, sin el personal interino no se
podrían haber completado las plantillas, sin los profesores (fijos
y/o discontinuo) no se darían las clases… esto es un pequeño
ejemplo de la importancia de todo el personal.

Hay que romper las
divisiones en el sector
que generan todas estas categorías y
luchar por la unidad de todos los trabajadores, independientemente de
su situación laboral, luchando por los que peores condiciones
soportan.

Años de covid…

En la provincia de
Valladolid ha habido durante este curso 71 aulas confinadas (un aula
se confina con 3 o más positivos). El 2,2 % del personal se ha visto
afectado según las informaciones que ha relatado la consejera de
educación (17 profesores, no hablan del resto del personal).
Entendemos que estas cifras solo afectan a la enseñanza pública,
pero aún así podemos decir que la afección del covid en el sistema
educativo ha sido menor. La administración felicita por ello a
familias, alumnos, profesores y personal… por haber soportado las
temperaturas de enero, por haber tapado las carencias de espacio, por
el esfuerzo inmenso de los trabajadores en general que han sacado “la
producción” en un año tan excepcional, o más, que el
anterior.

Según se está diciendo,
el curso que viene se seguirá con las mismas medidas… esperemos
que esto signifique que se mantienen las ratios con grupos de 20. El
temor en el sector es que todo se resuelva a última hora,
dificultando la planificación. La cuestión de las ratios es crucial
para el sistema educativo y el empleo en el sector. Y debería ser
una de las reivindicaciones esenciales por encima y más allá de las
medidas anticovid. Las ratios de la ESO a 16 / 20 alumnos, las de
Bachillerato a 20/ 24.

La digitalización:

Con la covid se ha
acelerado el proceso de digitalización, en todas direcciones. La
tecnología, las TIC son las grandes palabras de todas y cada una de
las reuniones y claustros… formación sobre OFFICE 365, compra de
equipos, códices TIC, etc. Pero ¿en qué vida nos hemos perdido?

Más allá de las
críticas al uso de las tecnologías (abuso), la privatización de la
educación avanza a marchas forzadas con todo esto. La privatización
no solo se da en la subrogación y externalización de servicios de
limpieza, comedores, etc. La educación es un gran negocio: libros,
ordenadores, aparatos electrónicos, proyectores, programas,
aplicaciones… El profesorado y el resto del personal está
asumiendo, en general, acríticamente que las grandes empresas
multinacionales de la informática y la educación se queden con la
mayor parte del pastel.

La organización de
los centros
genera también la falta de movilización y la
pasividad del sector. Los directores como jefes únicos, los equipos
como correas de la administración, los claustros como asambleas
informativas (aún más en los claustros online), son solo algunos de
los muchos ejemplos de un sector paralizado. La reforma educativa es
el gran trampantojo que intenta siempre ocultar las grietas. Frente a
los problemas laborales, reales y constantes, la discusión sobre el
modelo educativo nos saca de nuestras casillas para ponernos en un
tablero totalmente amañado.

La Lomloe no “llega
a entrar” por la política de la Junta… sus mejoras aún así
son escasas. El proceso de pérdida de autonomía y democracia
interna dentro de los centros está en muchos aspectos consumado. La
autonomía económica, sin embargo, es en muchos casos un lastre y
provoca diferencias con los centros privados que disponen de ingresos
extra. La cuestión de la existencia de conciertos y enseñanza
privada para nosotros es un grave problema.

El mismo problema de
“organización” se da en las oposiciones y en el sistema de
acceso de los trabajadores mediante bolsas y adjudicaciones. Hay que
luchar por la FIJEZA de todo el personal contratado. Y aquí volvemos
al gran problema del sistema educativo, de la función pública, pero
también de la empresa privada: la gestión y contratación del
personal, la lucha contra la temporalidad, las indemnizaciones por
despido.

Un curso más
termina, pero nada acaba.

Los problemas de la
educación son los mismos que los de la sanidad y cualquier otro
servicio público. Pero también en muchos sentidos son los mismos
que los de las grandes fábricas y las empresas privadas: contratos
temporales, despidos por vacaciones, malas condiciones de trabajo…
La división entre interinos y fijos, entre público y privado, entre
categorías salariales… es una cadena llena de piedras en el cuello
de la clase trabajadora. Frente a esto, debemos reivindicar los
intereses comunes de todos los trabajadores, de los que trabajan en
el sistema educativo y de los que tienen a sus hijos en él.

Los trabajadores de la
enseñanza llevamos decenas de años envueltos en discusiones
esteriles sobre “el sistema educativo”. Que el sistema de
enseñanza es la enseñanza del sistema dominante lo sabe cualquiera.
Por eso, debemos dejar de lado toda la verborrea sobre las reformas
educativas y luchar como trabajadores, por las condiciones de vida y
de trabajo de nuestros alumnos, sus familias y todos los trabajadores
del sector. Solo así la educación podrá servir a la sociedad, y no
al beneficio de las empresas y a la producción y reproducción del
capital.

 

Solidarios de la
enseñanza – Valladolid, 1 de julio de 2021.

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Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com