November 9, 2020
De parte de La Haine
223 puntos de vista


En la primera parte de este art铆culo, afirm谩bamos que para saber c贸mo actuar era necesario profundizar en el conocimiento de la situaci贸n actual. Saber donde estamos antes de empezar a hacer y por eso d谩bamos algunas pinceladas de cu谩l son, en nuestra opini贸n, las caracter铆sticas reales de la crisis sanitaria y econ贸mica, su origen y desarrollo. En esta segunda parte, pensamos que es importante dedicar unas l铆neas a describir lo que nos puede deparar el futuro y resumidamente intentar identificar lo que no queremos. El art铆culo una vez m谩s, se nos hace muy largo y a煤n no hemos empezado a describir la salida organizativa por la que apostamos. Se nos hace dif铆cil ser breves, dada la complejidad de la coyuntura y la situaci贸n tan dram谩tica que vive la izquierda desde hace a帽os. Expuesto sint茅ticamente lo que no queremos, dejamos para una tercera parte exponeros las l铆neas directrices y la forma de intervenci贸n de ese espacio en construcci贸n que hemos llamado Corriente Clasista 1潞 de Mayo. Esperamos que nuestras reflexiones os sean de inter茅s y que valga la pena la espera. 

驴Qu茅 nos depara el futuro?

Desde la m谩s remota antig眉edad guerras, inundaciones, terremotos, sequ铆as, hambrunas y pestes han sido las parteras de profundos cambios experimentados por las sociedades que las padecieron. Las dos guerras mundiales del siglo veinte influyeron decisivamente la restructuraci贸n no s贸lo econ贸mica sino pol铆tica y social de las naciones afectadas por estos conflictos. Lo mismo ocurri贸 con la Gran Depresi贸n de los a帽os treinta, donde el par贸n econ贸mico y el desempleo masivo se combinaron con el auge de los fascismos.

Como no pod铆a ser de otra manera ante un acontecimiento absolutamente 煤nico en la historia universal y que adem谩s entra帽a una mortal amenaza para la poblaci贸n mundial, el coronavirus ha desatado un torrente de an谩lisis sobre los posibles contornos del orden social que est谩 hoy naciendo. Sobran las razones para realizar esta clase de especulaciones, porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera v铆ctima fatal que se cobr贸 el COVID19 fue la versi贸n neoliberal del capitalismo.

Y decimos la 鈥渧ersi贸n鈥 neoliberal del capitalismo porque no creemos que el virus en cuesti贸n obre el milagro de acabar no s贸lo con el neoliberalismo sino tambi茅n como la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producci贸n y como organizaci贸n econ贸mica internacional. Ahora, 驴qu茅 ocurrir谩 con el capitalismo a ra铆z de esta pandemia? Pensamos que a la hora de plantearse como encarar e intentar revertir los ataques que estamos sufriendo y de los que hablabamos en un art铆culo anterior, es necesario empezar por intentar dar respuesta a esta pregunta fundamental.

Lo primero que podemos afirmar con total certeza es que el mundo que brotar谩 de las ruinas dejadas por la pandemia, la primera realmente global en la historia, lo hace como ruptura del anterior. Consternado, Henry Kissinger, impune criminal de guerra, lo reconoci贸 en el Wall Street Journal cuando escribi贸 que 鈥渆l mundo jam谩s volver谩 a ser el mismo despu茅s del coronavirus.鈥 La Gran Depresi贸n, la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucci贸n keynesiana de la posguerra aparentemente hab铆an detenido el primado de las ideas liberales que predominaban desde mediados del siglo diecinueve y que condujo a los llamados 鈥渧einticinco a帽os gloriosos鈥 de la historia del capitalismo, entre 1948 y 1973.

La restauraci贸n del viejo paradigma de gobernanza macroecon贸mica, a partir de esa fecha, ahora bajo el enga帽oso nombre de 鈥渘eoliberal鈥, fue impotente para hacer retroceder el reloj de la historia hasta las v铆speras del crack de la bolsa neoyorquina en 1929. Por m谩s que se esforzaron los gobiernos de la oleada neoconservadora para regresar al 鈥渆stado m铆nimo鈥 acabaron fracasando. Pero el capital financiero trinunfante sobre la burgues铆a industrial y convertido ya en la fracci贸n hegem贸nica del bloque burgu茅s logr贸 desmarcarse de esa tendencia.

Hoy presenciamos una significativa revalorizaci贸n del Estado, lo que es un gran cambio en el clima de opini贸n de una parte del establishment norteamericano y europeo. La ciega fe en los mercados da paso a la apuesta porel Estado, convocado de urgencia para enfrentar una crisis sanitaria de colosales dimensiones. La crisis ha tra铆do una angustiada percepci贸n de que 鈥渓a fragilidad del sistema鈥 frente a la crisis tiene su origen en la 鈥渆xpectativa quim茅rica de que los mercados har铆an la labor del gobierno鈥. Podemos prever que en el mundo que viene habr谩 estados m谩s grandes, m谩s fuertes y m谩s intervencionistas. Ahora, ser铆a ingenuo suponer que ser谩 por el bien de las clases populares. Hablamos de un 鈥渆stado capitalista reforzado鈥, controlador y represor, que pretende refundar al capitalismo sobre bases a煤n m谩s autoritarias.

Pero entonces, 驴nos coloca la pandemia ante el inminente derrumbe del capitalismo? De nuevo, echemos un vistazo atr谩s. El capitalismo sobrevivi贸 a la mal llamada 鈥済ripe espa帽ola鈥, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley y fue diseminada por las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial. El capitalismo sobrevivi贸 tambi茅n al tremendo derrumbe global producido por la Gran Depresi贸n, demostrando una inusual resiliencia 鈥損recozmente advertida por los cl谩sicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive salir fortalecido de ellas.

Las crisis no son accidentes ni inesperados desv铆os de un recorrido prolijamente preestablecido sino acontecimientos recurrentes de los cuales, a falta de una enorme acumulaci贸n de fuerzas sociales y pol铆ticas socialistas, aqu茅l usualmente sale depurado y fortalecido, con la riqueza m谩s concentrada, monopolios m谩s poderosos. Jam谩s hay que menospreciar la capacidad del capitalismo, (siempre entendido como un sistema global de metabolizaci贸n del capital) para renacer de sus cenizas asumiendo nuevas figuras y as铆 frustrar los planes de sus inexpertos sepultureros.

Ser铆amos necios si nos empe帽谩semos en desconocer que esta actual coyuntura cr铆tica alberga en su seno la posibilidad de que vuelva 鈥渓a barbarie鈥, la reafirmaci贸n neofascista, racista y xen贸foba de la dominaci贸n del capital recurriendo a las formas m谩s brutales de explotaci贸n econ贸mica, coerci贸n pol铆tico-estatal y manipulaci贸n de conciencias y corazones a trav茅s de su hasta ahora intacta dictadura medi谩tica. Pero esta no es la 煤nica salida posible. La historia ense帽a que la resoluci贸n reaccionaria de la crisis de la primera posguerra trajo como consecuencia la aparici贸n de los fascismos europeos; en cambio, su desenlace progresivo produjo la Revoluci贸n Rusa.

La clave en esa diferencia es justamente la presencia de un sujeto revolucionario 鈥搎ue, en el mundo actual, debe sintetizar la voluntad de una mir铆ada de fuerzas pol铆ticas de diversos tipos y con intereses muy espec铆ficos y no siempre f谩cilmente articulables-. Pensar que el derrumbe de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es posible sin 茅l, es m谩s la expresi贸n de un deseo que el producto de un an谩lisis concreto. Slavoj Zizek se equivoca cuando sentencia que la pandemia le propin贸 鈥渦n golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista鈥. No ha ocurrido y no ocurrir谩 porque, como dec铆a Lenin, 鈥渆l capitalismo no caer谩 si no existen las fuerzas sociales y pol铆ticas que lo hagan caer.鈥

Por eso mismo todo el marxismo cl谩sico, desde los fundadores hasta Gramsci, pasando por supuesto por Lenin, Rosa Luxemburg, Trotsky, ense帽a que toda coyuntura de disoluci贸n del orden social ofrece tambi茅n, in extremis, una oportunidad para intentar su restauraci贸n mediante la fundaci贸n de un renovado bloque hist贸rico conservador. Por ahora ese sujeto revolucionario no est谩 a la vista en los capitalismos avanzados, salvo en algunas expresiones embrionarias y dispersas.

Hoy el discurso del poder llama a, sin ning煤n ambaje, al sacrificio del proletariado. Sacrificio de nuestras vidas, sacrificio de nuestras necesidades, sacrificio de nuestra personalidad, sacrificio de nuestra combatividad para vencer el virus, causa y efecto de la barbarie capitalista鈥 La raz贸n de tanto sacrificio se repite una y otra vez, es para permitir que se reactive la econom铆a y vuelva a haber trabajo, se vuelva a invertir en salud y educaci贸n, se multipliquen las ayudas鈥 En pocas palabras, para que volvamos a una 鈥渘ormalidad鈥 que en realidad nunca existi贸. La 煤nica que conocemos, la 煤nica posible bajo el capitalismo es la que garantiza que las clases dominantes siguen obteniendo beneficios a nuestra costa.

Para quienes vemos la necesidad, es nuestra obligaci贸n ponernos manos a la obra para comenzar la tit谩nica tarea de reconstruir ese sujeto revolucionario. Para evitar la salida reaccionaria y fratricida que en estos momentos germina en las cabezas de los que est谩n en el poder y de la que se ven los primeros brotes entre los de nuestra clase. Pero tambi茅n, para dar una oportunidad a otra salida, liberadora para nuestros pueblos y nuestra clase, que deje atr谩s no s贸lo la explotaci贸n y la opresi贸n, sino tambi茅n una forma de organizar la producci贸n que nos conduce irremediablemente a la destrucci贸n de la humanidad, tambi茅n por la presi贸n que ejerce sobre la Naturaleza y que acaba revirtiendo, como vemos hoy, en muertes y sufrimiento para los nuestros.

2. Propuesta organizativa

Ya en la primera parte de este art铆culo denunciabamos la desorientaci贸n profunda de la izquierda. No es la primera vez, la venimos constatando en la pr谩ctica desde hace a帽os. Las razones de esa p茅rdida absoluta de br煤jula que ha llevado a las grandes organizaciones de los trabajadores a ser completamente irrelevantes en el accionar pol铆tico de la clase, son un debate urgente y necesario que va quedando permanentemente relegado, enterrado bajo d茅cadas de pr谩cticas burocr谩ticas, superficiales, reformistas y cobardes. En este art铆culo, sin embargo, nos vamos a centrar exclusivamente en la cr铆tica a la forma en que se ha intentado organizar a las bases para poder perfilar las formas organizativas que proponemos.

Antes de empezar a esbozar lo que queremos, echaremos un vistazo a las propuestas existentes, para discernir, en grandes rasgos, qu茅 es lo que no queremos, lo que pensamos que no funciona y que nos lleva a un callej贸n sin salida. Hay tres grandes formas de organizaci贸n que son hegem贸nicas hoy: la lucha electoral, la lucha sindical y la de los 鈥渕ovimientos sociales鈥.

2.1 Cr铆tica a la lucha meramente electoral

El malestar provocado por la crisis de 2008, produjo grandes movilizaciones de masas en torno al 15M de 2011 que fueron capitalizadas por propuestas esencialmente electorales. Podemos en el Estado Espa帽ol y la CUP en Catalunya son algunos de esos ejemplos. La derrota absoluta de estas dos propuestas como proyectos liberadores de las masas populares soy hoy en d铆a palpables. A pesar de las grandes diferencias enter ambos proyectos y especialmente en el caso de Catalunya, en la capacidad de desarrollar inserci贸n entre amplias capas populares y de confrontar con el Estado hasta el punto de desestabilizarlo, hay rasgoas en com煤n que es importante se帽alar.

Es evidente que la burgues铆a establece las formas de lucha pol铆tica que son v谩lidas o no para mantener su dominio, para conservar su hegemon铆a y el parlamentarismo es una de ellas. Lenin denunciaba que el parlamentarismo es un mecanismo sofisticado de 鈥渁nular toda 鈥榤anera revolucionaria鈥 de resolver problemas hist贸rico-sociales鈥. El parlamentarismo, la democracia burguesa y sus instituciones 鈥渆l campo de batalla fundamental de los intereses pol铆ticos y sociales鈥, una instituci贸n jur铆dica y simult谩neamente un 贸rgano del 鈥渙rden burgu茅s鈥, que expresa la voluntad de determinados elementos de la burgues铆a. Pero sobre todo es 鈥渓a forma principal de dominaci贸n de las clases y fuerzas gobernantes鈥. Es un espacio peligroso, al que no debe renunciarse, como no se debe renunciar a ning煤n espacio de lucha pol铆tica existente, pero siempre que la participaci贸n en elecciones tenga como objetivo el desarrollar la conciencia de clase del proletariado, 鈥渆l fortalecimiento y ampliaci贸n de su organizaci贸n de clase y su preparaci贸n combativa鈥.

La participaci贸n en campa帽as electorales nunca deber铆a servir para crear 鈥渋lusiones constitucionalistas鈥, sino para fomentar lo que Lenin llama 鈥渆ducaci贸n sociadem贸crata鈥 o revolucionaria. Sin embargo, en la 煤ltima d茅cada y si echamos la vista atr谩s, desde la derrota tremenda de la izquierda radical que supuso la Transici贸n, a la que contribuyeron fuerzas tan destacadas como el PC, la lucha electoral ha tomado otra direcci贸n completamente distinta. La lucha electoral, tal como han defendido fuerzas como Podemos, el PC o la CUP, se ha acabado erigiendo como la 煤nica lucha posible o la m谩s importante. Se ha subordinado la organizaci贸n de base a la actividad parlamentaria, hundiendo los pocos conatos de organizaci贸n popular en el des谩nimo provocado por el seguidimo a direcciones burguesas o peque帽o-burguesas, como es visible en el Gobierno conjunto de Podemos y el neoliberal PSOE o en el liderazgo post-convergente del Proc猫s.

No queremos decir con esto que haya que abandonar la lucha en el plano parlamentario. Lo que denunciamos es que la prioridad hoy es organizar desde la base y desde el tejido productivo a las masas de trabajadores y trabajadoras, no como una forma de tener peso en esos espacios, sino como la 煤nica forma realista de hacer crecer la conciencia de clase y la organizaci贸n entre los nuestros. Lo que hace falta es formas de organizaci贸n que respondan a esas caracter铆sticas, que mantengan la independencia de clase y que supongan el germen de la nueva sociedad que queremos construir.

2.2 Cr铆tica a la forma 鈥淢ovimiento social鈥

Hoy y desde los a帽os 70, la expresi贸n 鈥渕ovimiento social鈥 ha estado en boca de grandes sectores de la izquierda radical. Los movimientos sociales part铆an de reivindicaciones parciales que y dela idea de que era posible la pol铆tica en las calles y la toma del poder desde las calles. Se cuestionaba al sistema, no s贸lo a los partidos y su d茅ficits de mediaci贸n, sino a la propia democracia en cuanto a su concepci贸n te贸rica y pr谩ctica.

Los movimientos sociales se erigieron como representantes leg铆timos de la voluntad popular. Y parec铆a que era posible que el pueblo a trav茅s de sus propios instrumentos conquistara el poder. Estos movimientos (de mujeres, homosexuales, migrantes, de derechos humanos) aparec铆an como novedosos frente a los actores pol铆ticos tradicionales, a pesar de defender reivindicaciones que hist贸ricamente hab铆a recogido el movimiento obrero. Los movimientos sociales escriben con min煤scula y en plural la historia de las luchas con may煤scula y en singular, la lucha por un proyecto integrador, 煤nico, en may煤scula y en singular. La historia de las luchas del movimiento obrero.

Los movimientos sociales y en general la izquierda que acaba recurriendo a esta forma o falta de forma organizativa, en la pr谩ctica renunciaal sujeto clase trabajadora, entre otras cosas por su propiaincapacidad para desarrollar propuestas para organizarla. La militancia en los movimientos sociales es una militancia de de 18h a 20h, al salir de la universidad o del trabajo y antes de ir a cenar o de salir. No tiene nada que ver con La izquierda de los movimientos sociales no s贸lo renuncia a un proyecto que integre a todos y todas, sino que demuestra en la pr谩ctica su debilidad, su falta de ambici贸n y de cualquier tipo de inserci贸n en el tejido productivo.

Y sin embargo, la inserci贸n en el tejido productivo es esencial. Esta vez no hace falta recurrir a los anales de la historia para ver un ejemplo. Hoy, el capital nos confina en nuestro tiempo de ocio pero, ni siquiera en lo m谩s duro de la pandemia, pudo confirnarnos durante nuestro tiempo de trabajo. 驴Acaso no prueba eso la importancia de la clase trabajadora y su ubicaci贸n estrat茅gica en la organizaci贸n social para enfrentar al capital?. No decimos en ning煤n caso, que corresponda con lo que corresponde con nuestros valores, con nuestra consideraci贸n de lo que es primordial. Se convierte en primordial para la clase porque es estrat茅gico para nuestro enemigo. Y no hablamos de la clase trabajadora en general, sino muy espec铆ficamente de los sectores productivos estrat茅gicos, lo que se ha dado en llamar empresas esenciales. Hablamos del sector qu铆mico, el sector energ茅tico, las telecomunicaciones, los transportes鈥 El resto de sectores, como pasa con el de servicios, por poner un ejemplo, que es primoridial en el pa铆s est谩 siendo abandonados a su suerte, incluso a pesar del enfrentamiento promovido por su patronal. Renunciar a organizar a los trabajadores de sectores estrat茅gicos en favor de organizar a un presunto 鈥減recariado鈥 es no reconocer que los t茅rminos de la lucha vienen impuestos desde afuera y no los elegimos nosotros.

Es un hecho: el estado limita todas nuestras relaciones, excepto la 煤nica de la que no puede prescindir: la que permite la reproducci贸n del capital. Por esa raz贸n, es desde ah铆 desde donde nos tenemos que organizar, no s贸lo para denunciar el recorte de libertades que estamos sufirendo sino para comenzar a construir una alternativa seria en aquellos lugares que es imprescindible mantener para el capital.

2.3 Cr铆tica a la forma 鈥淪indicato鈥

Los sindicatos han sido hist贸ricamente la primera forma de organizaci贸n de los trabajadores por la mejora de sus condiciones laborales. Gracias a las terribles luchas que se han librado desde los sindicatos ha mejorado las condiciones materiales de vida de la clase obrera y han sido para muchos la primera escuela de organizaci贸n pol铆tica de clase. Pero por sus propias caracter铆sticastienden a mantener un compromiso con el capital, pues reconocen el car谩cter de mercanc铆a de la fuerza de trabajo y la soberan铆a del Estado. Se ubican en el terreno del mercado y de la competencia. No son la expresi贸n aut贸noma de la clase trabajadora sino el producto de la constituci贸n de la sociedad capitalista. Gramsci califica a los si ndicatos como organizaciones obreras鈥晀ue son parte integrante de la sociedad capitalista y tienen una funci贸n que es inherente al r茅gimen de propiedad privada鈥杧vi. Los sindicatos son la expresi贸n de una conciencia de los obreros que se ha sometido a las leyes capitalistas, que no se reconocen como productores si no como鈥昿ropietarios y comerciantes de su 煤nica propiedad: la fuerza de trabajo y la inteligencia profesional.Es decir que los sindicatos respetan el trabajo asalariado, y no pueden ser un instrumento del gran proyecto pol铆tico revolucionario de liberar al trabajo esclavo del capital, expropiando a los expropiadores.

Durante el 煤ltimo medio siglo, los sindicatos han ido profundizando su papel de garantes del orden social. Las direcciones de los grandes sindicatos han ido adoptanto posiciones cada vez m谩s conservadoras, justificando recortes de derechos, reformas laborales regresivas, representando a sectores de las fuerzas represivas y entrando en el reparto de la plusval铆a arrancada a las y los trabajadores. Los sindicatos llamados alternativos o minoritarios adolecen, tanto como los grandes, de funcionamientos burocr谩ticos, autoritarios y reformistas, constituy茅ndose como un tap贸n para el movimiento revolucionario.

De nuevo, desde Trinchera defendemos la necesidad de no s贸lo de afiliarse a un sindicato, sino tambi茅n de trabajar para disputar la direcci贸n corrupta y burocr谩tica de estos. Pero tambi茅n, defendemos la necesidad de constituir una nueva organizaci贸nespec铆fica de la actividad propia de los productores y no de los asalariados. Un espacio donde se nucleen todos los trabajadores, independientemente de su afiliaci贸n o no a un sindicato y que se base en la elecci贸n democr谩tica de delegados revocables, tanto en su lugar de trabajocomo en su barrio. Una organizaci贸n que nazca conun abierto cuestionamiento al orden desp贸tico del capital, que posibilite un salto en la conciencia de los obreros que atacan la propiedad privada.

El factor m谩ximo de la historia no son, para Trinchera, los hechos econ贸micos en bruto, sino siempre la persona, la sociedad de las personas que se re煤nen, se comprenden, desarrollan a trav茅s de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva, y entienden los hechos econ贸micos, los juzgan y los adaptan a su voluntad hasta que esta se convierte en motor de la econom铆a, en cambio en la realidad objetiva, que se transforma, canalizable por donde la voluntad de clase lo desee y lo pueda hacer posible. Para poder transformar la realidad, es necesario encontrar una justificaci贸n en la realidad econ贸mica que le sirve como instrumento para afirmarse. Para conocer con exactitud los objetivos hist贸ricos de un grupo, en este caso la clase obrera, nuestra clase, lo que importa es conocer los sistemas y las relaciones de producci贸n que nos atan.

El sindicato se centra en la cuesti贸n econ贸mica, en la negociaci贸n de la explotaci贸n, sin embargo es vital dar el salto a la lucha pol铆tica. Es necesario por tanto crear un espacio de organizaci贸n para la clase que nos permita, no s贸lo entender el sistema y las relaciones de producci贸n, sino darnos cuenta de nuestra potencia y de nuestra misi贸n hist贸rica. Para ello, se impone la creaci贸n de una herramienta que sea a la vez amplia, en el sentido de las y los trabajadores que pueden integrarla pero tambi茅n de sus objetivos que van m谩s all谩 de la negociaci贸n de un convenio o la revocaci贸n de un recorte salarial. Las reivindicaciones hist贸ricas de la clase obrera, que incluyen libertades pol铆ticas e individuales, derechos sexuales, a la salud, a la educaci贸n, entre otras, tienen que ser parte del programa de esta organizaci贸n que no puede limitarse a una lucha econ贸mica pura que nos acaba llevando a un callej贸n sin salida.




Fuente: Lahaine.org