February 23, 2021
De parte de Asociacion Germinal
314 puntos de vista


Cabr铆a preguntarse qui茅nes son los verdaderos responsables de los disturbios acaecidos, 驴los manifestantes que protestan por la condena o los pol铆ticos que no han modificado la legislaci贸n ni reformado las instituciones judiciales en d茅cadas?

Para empezar, la inmediata frase anterior dinamit贸 por completo tan severa afirmaci贸n: 芦La democracia espa帽ola tiene una tarea pendiente, que es ampliar y mejorar la libertad de expresi贸n禄. 驴Se puede ser una democracia plena si hay que 芦ampliar y mejorar la libertad de expresi贸n禄? Democracia, dif铆cilmente, por la inexcusablemente 铆ntima relaci贸n de 茅sta con la libertad de expresi贸n; pero democracia plena, imposible.

Si Pedro S谩nchez ha sido el primero en quebrar su propia afirmaci贸n, antes incluso de nacer, el caprichoso destino no ha sido menos implacable, pues el final de la frase presidencial, 芦resulta inadmisible el uso de cualquier tipo de violencia禄, fue brutalmente apu帽alado, incluso con ensa帽amiento, por el fallecimiento por covid-19 del general Rodr铆guez Galindo. General de la Guardia Civil condenado por el secuestro, el asesinato y las torturas que sufrieron Lasa y Zabala, pero que, tan solo, cumpli贸 cuatro a帽os de prisi贸n y conserv贸 sus medallas y condecoraciones hasta el fin de sus d铆as. Un general que fue, casualidades 鈥揹e nuevo鈥 del destino, consejero durante meses de la mencionada ministra, Margarita Robles, que tan embelesada ha quedado por la belleza presidencial y mon谩rquica.

No se trata de un caso menor ni de una cuesti贸n tangencial ni mucho menos de un asunto aislado. El conocido torturador Billy el Ni帽o falleci贸 en la cama. Como el dictador Francisco Franco. Y como parece que fallecer谩 el rey em茅rito, Juan Carlos, o el torturador y coronel de la Guardia Civil Manuel S谩nchez Corb铆. Todos ellos, salvo el general Galindo, que pas贸 un tiempo m铆nimo 鈥搚 prudentemente decorativo鈥 en prisi贸n debido a la presi贸n medi谩tica, son delincuentes que quedaron exonerados de pagar por sus cr铆menes y tuvieron el reconocimiento y el apoyo de las m谩s altas instituciones del Estado.

As铆 pues, la realidad, muy alejada de las afirmaciones de Pedro S谩nchez, es que en Espa帽a resulta inadmisible la violencia que va dirigida contra contenedores, escaparates y agentes policiales por parte de minoritarios manifestantes que descargan su frustraci贸n por una situaci贸n claramente injusta y asim茅trica que se vive en el pa铆s 鈥搒eg煤n fuentes policiales, los grupos violentos ascendieron a un 3% en Madrid, con 40 de 1.200, y un 14% en Barcelona, con 250 de 1.700鈥, porque la violencia de aporrear, ahogar, electrocutar, despellejar y asesinar resulta t茅tricamente amparada cuando los ejecutores son agentes policiales o parapoliciales. Como cuando una mujer pierde un ojo, como ha ocurrido en el caso de las manifestaciones por Pablo Has茅l, o cuando se emplea munici贸n real en Linares contra manifestantes o cuando se dispara contra migrantes, como sucedi贸 en el Tarajal, donde hace siete a帽os fallecieron al menos quince migrantes ahogados mientras agentes espa帽oles les disparaban.

La brutalidad policial no es, por tanto, inadmisible en la Espa帽a de Pedro S谩nchez, ni la Espa帽a de la mayor铆a de los gobernantes, lo que por s铆 mismo dificulta que 茅sta sea una democracia plena, puesto que, como el mismo presidente afirma, 芦en una democracia plena resulta inadmisible el uso de cualquier tipo de violencia禄. De cualquiera.

Dejando a un lado que, en el caso de Pablo Has茅l, ni se manifiestan, por temor u otras cuestiones, todos aquellos que se oponen a la condena ni todos los que se manifiestan son violentos, cabe preguntarse ante esta nueva muestra ciudadana de desafecci贸n si existe otra alternativa. Si Espa帽a dispone de una herramienta que permita a los ciudadanos realizar cambios a distintos niveles, estructuras y poderes sin recurrir a las manifestaciones y a las acciones violentas para terminar con la asimetr铆a que protege a unos y condena a otros. No lo parece.

Como ocurri贸 en el caso de la condena a los l铆deres catalanes por delitos que ni siquiera aparecen en m煤ltiples c贸digos penales europeos, condenas que se asemejan en cuanto a dureza a la que recibieron criminales de guerra durante los a帽os noventa en la antigua Yugoslavia, nos encontramos con protestas ciudadanas tras una resoluci贸n judicial amparada en un c贸digo penal de escasa aceptaci贸n para una gran mayor铆a de los ciudadanos. M谩xime teniendo en cuenta que la legislaci贸n espa帽ola parece confeccionada a medida de las 茅lites franquistas que, todav铆a hoy, mantienen el poder en Espa帽a. Peor a煤n, parece que de estas 茅lites dependen los encargados de redactar y aplicar las leyes. Preocupante.

En el caso de Pablo Has茅l, condenado por sus letras y sus tuits, algunos de ellos realmente incendiarios, nos encontramos con un rapero que es condenado por muchas cuestiones, en algunas ocasiones con justificaci贸n, pero entre ellas por calificar de ladr贸n al rey Juan Carlos I, algo parecido a lo que le sucedi贸 a Valtonyc, el rapero que se ha refugiado en B茅lgica, pa铆s que ha negado la extradici贸n a Espa帽a por considerar que las letras de sus canciones estaban amparadas por la libertad de expresi贸n. Letras que en Espa帽a se consideran 鈥榯erroristas鈥.

Sin embargo, el problema, m谩s all谩 incluso de condenar al rapero por delitos contra la Corona, un delito que, como hemos advertido, no existe en la mayor铆a de los pa铆ses europeos, es que Juan Carlos I no solo es un ladr贸n, sino que es un delincuente m煤ltiple oficioso porque no puede ser juzgado debido a la inviolabilidad jur铆dica. Y no puede ser juzgado porque nos encontramos con un Estado que blinda legislativamente a su jefe de cualquier acci贸n delictiva que cometa, por aberrante que pudiera ser, mientras condena cualquier cr铆tica 鈥搊 insulto鈥 que pueda recibir, por veraz que pudiera ser. Un problema legislativo que genera no pocas tensiones desde hace a帽os.

Se podr谩 demonizar a los manifestantes, sobre todo a los violentos, pero antes de ello deber铆amos volver a preguntarnos si los ciudadanos disponen de herramientas para modificar el aparato legislativo y adecuarlo a la realidad social. La respuesta parece negativa. Y si los ciudadanos carecen de una posibilidad efectiva de modificar el aparato legislativo, 驴qu茅 opci贸n se les deja si no son las calles para forzar este cambio legislativo? Porque lo cierto es que, aunque la mayor铆a de los ciudadanos no est谩n de acuerdo con la violencia, no es menor el porcentaje de ellos que considera que en el trasfondo de la cuesti贸n existe una raz贸n abrumadora a favor de Pablo H谩sel. M谩xime con el rey em茅rito Juan Carlos huido de forma vergonzosa para silenciar los esc谩ndalos corruptos que le afectan. As铆 pues, en este caso cabr铆a preguntarse qui茅nes son los verdaderos responsables de los disturbios acaecidos, 驴los manifestantes que protestan por la condena o los pol铆ticos que no han modificado la legislaci贸n ni reformado las instituciones judiciales en d茅cadas?

Ciertamente, los pol铆ticos deber铆an haber realizado los cambios legislativos necesarios para terminar con la inviolabilidad jur铆dica del rey y despenalizar la enorme cantidad de delitos que afectan a la libertad de expresi贸n y que a d铆a de hoy han quedado descontextualizados. Porque si medieval resulta la existencia de un rey con protecci贸n divino-legislativa, no lo es menos la endiablada red jur铆dica que ataca frontal y violentamente a la libertad de expresi贸n. Recordemos el caso de Cassandra Vera, una tuitera que fue condenada en primera y segunda instancia por apolog铆a del terrorismo al publicar un chiste sobre el asesinato de Carrero Blanco, hombre fuerte del R茅gimen franquista y mano derecha del dictador que es considerado por la legislaci贸n espa帽ola como v铆ctima del terrorismo. 隆驴V铆ctima?!

Porque esta mencionada asimetr铆a legislativa en favor de las 茅lites franquistas dota de inmunidad al jefe del Estado y de libertad a la ultraderecha para campar a sus anchas, justo al contrario de lo que sucede en pa铆ses como Alemania, donde la apolog铆a nazi se castiga con rigor. Por ello, en los mismos d铆as en los que Pablo Has茅l ten铆a que entrar en prisi贸n, una joven neonazi hija de un comentarista de Ana Rosa Quintana, presentadora ultra que dirige desde hace d茅cadas un exitoso programa televisivo, fue noticia por un discurso de odio contra m煤ltiples colectivos, entre ellos los jud铆os, en el centro de Madrid. Convirti茅ndose autom谩ticamente en musa de no pocos medios de comunicaci贸n. Una iron铆a del destino, otra m谩s, casi tan 茅pica como la que ha acaecido junto a Juan Carlos I, que se refugia en Emiratos 脕rabes Unidos al tiempo que una princesa, Latifa, denuncia encontrarse secuestrada. Una de tantas.

Los actos violentos, en la mayor铆a de los casos, aunque sean minoritarios, suelen reflejar las tensiones producidas por el desacuerdo ciudadano con el marco establecido por los pol铆ticos en favor de las 茅lites. Ocurri贸 en Catalunya, tanto en octubre de 2017 como de 2019, donde los disturbios no habr铆an existido si los catalanes hubieran podido votar en refer茅ndum, una consulta que avala una inmensa mayor铆a de ellos. Y ocurre en nuestros d铆as, donde si el jefe del Estado no fuera inviolable jur铆dicamente y hubieran sido despenalizadas hace tiempo una gran cantidad de delitos que afectan a la libertad de expresi贸n, ni un rapero estar铆a en prisi贸n ni habr铆a manifestaciones en las calles ni un rey em茅rito estar铆a huido para verg眉enza internacional de Espa帽a.

Esta intencionada posici贸n pol铆tica, claramente favorable en Occidente a movimientos ultraderechistas, est谩 generando en los 煤ltimos tiempos un problema que puede ser a煤n mayor: la privatizaci贸n de la legislaci贸n en cuanto a la libertad de expresi贸n de las redes sociales. Un debate espinoso que no desaparecer谩 por desatenderlo, muy al contrario, se acrecentar谩. Porque lo cierto es que en la actualidad son empresas privadas como Facebook o Twitter las que tienen que tomar decisiones que, en ning煤n caso deber铆an ser de su competencia, sobre los l铆mites de la regulaci贸n de la libertad de expresi贸n. El cierre del perfil de Donald Trump tras el asalto al Capitolio es una muestra de ello. Y sin ir m谩s lejos, el cierre de mi propio perfil de Twitter ayer mismo es otro.

Fuente: RT

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Fuente: Asociaciongerminal.org