October 6, 2021
De parte de La Haine
227 puntos de vista


 Los volcanes son parte de la vida

Hay monta帽as como signos sobre el poblado rural, lomas secas como dunas endurecidas, estr铆as sobre tierra como sal para el labrador, manos ajadas, frente descubierta y ojos penetrantes que me observan, les miro, y sonre铆mos. Hacia el poblado me dirijo con admiraci贸n a sentir junto a ellos la alegr铆a de sus vi帽as sobre la ruta hacia el cr谩ter del volc谩n m谩s suntuoso a ver su grande y altiva boca al silbido del viento. Salgo entre islas como flor de revuelo pegada al indice de avionetas y barcos llenos de familias con muchos hijos, todo fueron familias por aquellos d铆as, todo fue amor, brindis y cantos. La comunicaci贸n reina sobre los escenarios improvisados, pu帽os y consignas dieron cuerpo a la gira. El 煤ltimo encuentro marc贸 mi sensibilidad y sentimiento, puedo asegurar que supuso un antes y despu茅s en mi vida. Aquella ma帽ana me levant茅 muy temprano observ茅 el valle a煤n despoblado de gente. Me encontraba en un dilema pensando en los compa帽eros, a uno le hab铆a sentado mal la cena, el otro se neg贸 a seguir subiendo al poco de empezar el ascenso. A partir de ah铆 empece a comprender la relatividad, su reversibilidad me trasmit铆a tonos m谩s brillantes a la luz de mi propia realidad en esos momentos. Abrac茅 la aventura, me dije, todo es camino, no te rindas. Y empezaron aflorar los tonos azules m谩s menos suaves y m谩s capas se dilu铆an a mi vista en m谩s colores a forma de arco iris, a veces casi imperceptibles, en el fondo era la misma capa, que pertenece al mismo fantasmita que me mira desde arriba en Ch谩 das Caldeiras, imag铆nense en 茅l no un acento sino una pesta帽ita. Por tramos peque帽os intenta asomar el dios del marfil su tono mate elefante, bueno eso creo, no se, el sol me deslumbra al paso sobre su capa movediza, al menos as铆 lo cre铆, estoy segura y aunque parezca incre铆ble pude observar que me miraba oteando mi ascenso. Paso a paso avanzo sin confiarme. Me acoge otra elegante capa llena de estrellas enclaustradas, pueda que en este caso fuera sobre su larga cabellera, lo cierto es que no puedo (fr铆amente) asegurar nada, el sol castiga y la imaginaci贸n se dispara. Me dio por imaginar que se trataba de ella, me resultaba m谩s llevadero su misterio, cientos de rizos como caracolillos negros con muchos ojos que brillan y todos andan sueltos. El sol posa a cada paso sobre 茅l, sobre su cabello quiero decir, y nuevos espejos de colores brotan a mis ojos en aqu茅l espacio infinito coronando al fantasmita que me mira.

 Se le aprecia unas trenzas que sorprenden, forman lomas por el paisaje como pelo m谩s apelmazado, otras duras como nudos de roca consistente parece, y de las m谩s veces purita fantas铆a, pues una se agarra a ellas y desciendes precipitadamente sin poder llegar a acariciar su textura. Tal como si en el tiempo hubiera apurado por docenas grandotes frascos de brillantina y 隆zas! Son trenzas jodedoras hay que estar alerta siempre y tomar conciencia sobre su terreno pues es suyo y solo suyo. Me encuentro sola, ni uno ni otro de los dos compa帽eros sigui贸 el camino y por aqu铆 no se siente m谩s respirar que el m铆o. Me dirijo no muy consciente del peligro, aunque alerta y tanteando; su cara norte, puede dar tembladera. El ascenso sola y esa amenaza fue permanente, un simple desliz y caes de lleno, te quiebras (me dije, sigue Mait茅) y es que no tengo remedio. Me empe帽茅 en dar todo, quer铆a conocer la cara norte del encaprichado fantasmita y s贸lo pod铆a encontrarle en la punta de la cima

d` Pico do Fogo. Es un volc谩n con un est贸mago del carajo, vaya, como que le di por nombre Grop, hoy visto con otra nostalgia no se lo dar铆a 隆jodedor el pendejo! Quiz谩 por eso se me meti贸 entre ceja y ceja, quiz谩, posiblemente le puse ese nombre como para aliviar su aspereza pues el ‘grop isle帽o’ es un aguardiente de m谩s de 50潞, por eso se revolv铆a de esa manera ese d铆a y que a nadie se le ocurra fumar, nada aconsejable, y menos, herirle con f贸sforos ni colillas de tabaco 隆cuidadito! En el fondo es como cielo encapotado se encapricha, y sus ojos, como luci茅rnagas en la noche, y el Grop que lleva dentro, como su puesta de sol hacia las dos de la tarde 隆candela vaya! Destruye la vida natural animal y vegetal, revienta y carboniza la misma roca; su est贸mago ardi贸 de tal manera que lanz贸 por los aires la corona de su pico 隆por algo lo llaman Pico do Fogo! Hubo p茅rdidas humanas esto me lo fue contando todo el propio fantasmita, tiene tremenda entendedera sobre los sucesos all谩 por el a帽o 1860, imaginen su memoria, sigue vivo, no se olvida.

 Cuenta el que me mira, porque yo se que me mira, que en 1860 de cuando los sucesos, se le eriz贸 la piel y el rabo a todo animal del poblado. A partir de ah铆 les predispuso al desaf铆o eterno sobre la aventura de su estancia donde realza cabellera a forma de capa o capote sobre el valle. Sus vidas con 茅l iban a tomar otras formas entre fuego y agua salada, tan lejos y tan cerca que tard贸 en apagarse. El mar se convierte en aliado de los aldeanos, relaja las miradas del poblado rural donde abito estos d铆as (es un orgullo ser acogida entre ellos) sosiega a la vez su esp铆ritu y embellece, humaniza la isla impregn谩ndola de aventura y desaf铆o diario sobre sus peces, su bravura, sus dunas y lava que tard贸 en apagarse muriendo abrazada a la costa. La erupci贸n arrastr贸 con ella los boh铆os. Dio al traste con las lomas del camino, sus senderos, quem贸 su vegetaci贸n, ardieron los 谩rboles llenos de historia, las estrellas se llenaron de humo, el cielo por esos d铆as dej贸 de brillar. El fantasmita vomit贸 las v铆sceras revueltas de grop inflamable lo dej贸 todo negrito, a煤n no se mestiz贸 con nadie, as铆 es como logra difuminarse entre el nuevo paisaje de olor a azufre como formando una acuarela donde el autor no lo tiene en cuenta. Pero yo vi su aut茅ntico atuendo, su rizada cabellera y su cantidad de ojos, que el sol bendice tras las lluvias y reviste de arco iris impregn谩ndolo de lentejuelas de muchos tonos y colores definidos como los peces de su emblem谩tica isla. Yo voy hacer que Goya lo pinte. Le voy a aclamar para que lo haga uno de 茅stos d铆as que se avecinan sin la amenaza de San Juan y ya lejos de San Pedro y de paso de San Crist贸bal 隆Que venga el maestro para que lo pinte, solo quiero al maestro para que verifiquen el fantasmita que me mira, solo 茅l puede conseguirlo!.

 El pu帽o grande y rojizo del atardecer, a lo lejos, socorre siempre a las negritos y mulaticas isle帽as de Ch芒 das Caldeiras situado en la bella isla de S芒o Filipe. Caminaba lento y preocupado el fantasmita en 1995 por el paraje cuando el peque帽o Grop, de Pico Peque帽o, quiso violar su mundo y con el, abajo, su pueblo querido, su gente, sus casitas. El gran Grop, padre, hab铆a sembrado muchos peque帽os para que le representen en el valle 隆y a veces se empe帽a en meter miedo al isle帽o! 脩oooooo cuando abren la boca hay que echar a correr, te va en ello la vida, bostezan con hambre de fuego rugiendo como Le贸n. Hubo un tiempo, de ah铆 la preocupaci贸n de nuestro fantasmita, que la lava lleg贸 bien cerca de los boh铆os casi que a los pies de los guajiros 隆pobres campesinos! (dijo), pero sacaron sus alas y a la mayor铆a no les logr贸 pillar la lluvia de piedras refractarias 隆lograron volar del peligro! Y es que los negritos son mucho negrito, aunque alg煤n portugu茅s ande por medio ser lo son y mucho aunque haya la tira de mestizos, uffff, m谩s que en Guinea-Bis谩u, que Angola, que… m谩s , muchos m谩s; unos y otros son ligeros como gacelas y cuando se trata de correr salen volando 隆Si conocer谩n ellos el est贸mago de sus volcanes!!! Pico do Fogo es el volc谩n m谩s alto de cresta y pico altivo como de gallo bataraz. Hay m谩s volcanes en Ch芒 das Caldeiras pero todos hijos o primos -como Pico Peque帽o- y todos a su vez forman parte del mismo paisaje aunque Pico do Fogo conserva el mayor atractivo. Su belleza y orgullo de lugar lo deja patente a la vista cuando uno vuela por encima de sus picos g贸ticos que dan forma, por momentos de catedral, para otros, a los m谩s interesados en representaciones nocturnas bajo las estrellas, esas que son como ojitos en la noche, pues eso, purito anfiteatro romano, pero no como el de M茅rida, o el de C谩i (C谩diz), no, este es fruto de otra no menos magia art铆stica, propia de la naturaleza en su esencia primitiva.

 Gracias a su naturaleza abrupta, o sea visceral, o salvaje como la quieran llamar, sus representaciones son de un atractivo propio espectacular, en ocasiones con puro dramatismo como algunas de las obras de Garc铆a Lorca. El fantasmita tiene nombre, le puse ‘Zeca’, en honor al cantautor y compositor musical antiimperialista portugu茅s Jos茅 Alfonso. Y si de 茅l les interesa el color de sus ojos lo van a encontrar siempre en lo m谩s alto de las estrellas; all谩 en la punta de la m谩s altiva, con forma de cresta de gallo fosilizado, meditando e implorando, como el pobre gallo Bataraz de Gardel. En este caso no mueve peleas para paliar de plata al patr贸n, sino a las nubes que rompan c谩ntaro y descarguen lluvia que tanto necesita la isla, que llueva como alma en pena y amanse, de a poquito el dios Sol, para que no se enfade ni 茅l ni el aire furioso y broten las vi帽as a帽oradas y los frutos de los huertos refrigeren h煤medos de fertilidad y colores m谩gicos que solo la naturaleza logra brotar, y el Grop, descanse pl谩cido para la eternidad de amaneceres sobre los valles m谩gicos de Ch芒 das Caldeiras. Para la tranquilidad de los criollos del lugar hicieron falta lluvias y que las caracolas danzaran a orillas de la costa, por encima de la lava, por donde el mar puso frontera suplicando al ardiente Grop, no erosionara toda la tierra, ni engullera vidas sin ton ni son. El es mi amigo, es esplendor m谩gico al que hay que respetar. Me cont贸 que hubo un anillo de agua salada que el marecito puso como flotador de caracolas 隆ah铆 no m谩s! (dijo). Y a trescientos metros qued贸 ah铆 quieto parado, pasmado, acobardado frente al flotador. El oc茅ano Atl谩ntico cerr贸 filas contagiado por la fuerza de los vientos que se unieron al eco de las caracolas y junto con el poblado, amenazaron con una protesta de por vida, acompa帽ada de violines Travadinha con guitarras y tambores por donde asom贸 la voz del aut茅ntico inolvidable Zeca acompa帽ado de tumbadoras, yemb茅s y coplas de vida a 脕frica. Las nubes se sumaron a los cantos de minha terra custodiando la gran festa contra o colonialismo do pa铆s que sea.

 El d铆a anterior al ascenso me puse a seleccionar lava con todo el poblado, sobre ella elevan como ritual ‘espejos de sol de roca negra’, tambi茅n piedras de ojos de estrella. Tienen un campito de f煤tbol para la descarga del valle, junto a maracas y violines, voces hermosas y baladas bajo un inmenso negro azul贸n de piedritas calcinadas que no pesan como ojos de la tierra. Yo ni miro, noooo, no quiero ver ‘el esperpento’ que est谩n empezando alumbrar, esa base con gu铆as que llaman sherpas que est谩n formando para ascender a turistas por los caracoles y trenzas m谩gicas del fantasmita. No quiero preocuparme 隆NO!, me dije, mientras defienda nuevas primaveras el isle帽o, laboriosas, alegres, solidarias entre s铆 como jam谩s yo vi en otro lugar. No quiero preocuparme 隆NO!, mientras frenen la pasividad y hagan a帽icos la decadencia que amenace sobre sus vidas y cultura propia. As铆 es como quiero y visualizo siempre desde aqu茅l d铆a que intu铆 sobre su naturaleza la destrucci贸n masiva. Los sigo bajo las estrellas all谩 donde me encuentre comunicando, escuchando, desarrollando leyendas que den sentido a sus propias vidas para la posteridad de generaciones nuevas. En las lomas que montan sobre el volc谩n hay una mancha de fuego. El sol se empe帽a y pone su bandera de sudor nublando mi vista. No puedo despistarme, capaz de hacerse con todo mi cuerpo, siento alrededor ese mormullo de 谩nimas sueltas y cristales incrustados que deslumbran, ciegan, y se apodera de mi el p谩nico. ‘Zeca’ intenta convencerme que desista, que no lo haga sola y vuelva otro d铆a. Hay tramos que el ardiente Grop, solo te deja subirlos gateando y dando saltos de urgencia fugaces como de ardilla. ‘Zeca’, es como un duende bueno preocupado, me arrastra hacia abajo, teme que caiga de lleno sobre el d铆a. Pero, 驴cu谩ndo volver茅 de nuevo sobre estas tierras?驴cu谩ndo volver茅 a sentir la m谩gica impresi贸n de paz que cautiva todo mi ser y envalentona sobre la misma fuerza y esp铆ritu que la magia que clonaba a Dafnis y Cloe?. Ni un turista a la redonda, libres, mi fantasmita y yo.

 A cada paso las hondonadas son m谩s profundas, firme como si le hiciera dolor mi tenacidad (inconsciente) se enfrenta mostrando la cara m谩s agreste de su historia. Camino ya al lado de su pico, en extremo resbaladizo y peligroso, hasta aqu铆 no vi un ser viviente excepto yo y el fantasmita que me mira. El Grop juega conmigo, mueve las piedras que me descienden unos metros, no puedo apoyarme en los grandes aparentes mont铆culos al contacto se desploman, polvo ceniciento y calor refractario me invaden poros haciendo que asome el respeto sobre el precipicio por donde pedorrea el Grop a bomba f茅tida. A esta hora todo mi cuerpo lubrica sedoso, empiezan a dilatar mis huesos. Mi marcha eligi贸 un ritmo m谩s acorde y armonioso con la situaci贸n, busca mil y una forma para mantenerse en pi茅 optimista, alegre y digno. Sobre la resbaladiza pista del escenario volc谩nico se me hunden las piernas. Ni respiro. Trozos de roca derrapan se lanzan al vac铆o como pu帽o firme. Siento de golpe los kilos de mi cuerpo tambalearse y cada vez m谩s humilde se resiste al hedor del azufre. Hay sangre en mis piernas y la punta de los dedos de mis manos enrojecen desgastada su piel. Por lo contrario siento la piel de mi cara fr铆a, siento que p谩lida, apenas me faltaban cien metros y 隆ya! Entonces ver铆a la boca y est贸mago de Pico do Fogo 隆Tengo que alcanzar la cima!, digo anim谩ndome. Aseguro mi cuerpo lo mejor que puedo, alargo la mirada con miedo a cualquier movimiento, sigo sobre partes huecas, un paso en falso ser铆a peligroso. Nadie a la vista. Es ahora cuando cae de lleno con peso la palabra soledad; pat茅tica, presente. Es ahora cuando creo haber perdido la consciencia del planeta en el que vivimos. Nadie a la vista. Sola. Sufro como espasmos, empiezo a sentirme mal, el olor es cada vez m谩s fuerte. El sol de este lado no est谩 llegando, me sent铆 m谩s aliviada, la capa de purito negra golpeaba, se filtraba dentro de mis poros, solo respiraba su color y todo me da vueltas, en ese giro, miro hacia arriba y me agarro a su abrazo sedante, celeste, me mantendr茅 firme si visualizo su color, me dije, mira el cielo, me insisto, aunque mis piernas siguen aflojando.

 Con los ojos cerrados me salvo, sigo ah铆, los abro de nuevo hacia la b贸veda celeste, vuelvo a darme 谩nimos, no est谩s sola, no est谩s sola 隆atr茅vete, piensa en el mundo exterior!, hay gente, mucha gente, el fantasmita sigue contigo. Miro hacia el volc谩n, consigo fijar los ojos, no sentir que me vence el v茅rtigo, las piernas siguen flojas, muy flojas, vuelvo a la b贸veda celeste. Me reafirmo en m铆 una y otra vez m谩s, t煤 puedes, hay gente, abajo en el valle hay gente, huertos y vi帽as. Intento visualizar mi estado de 谩nimo y me digo 隆no seas cobarde!, concentrate, relaja, intenta verlo no como un desaf铆o a la vida sino a la naturaleza, y sufro por unos segundos ese orgullo optimista que nos supera. Ac谩 todo cambia, el ox铆geno, el aire cambia, el calor, olor, el tacto. Miro hacia otro 谩ngulo, lucho por sentir el lado m谩s acogedor del volc谩n pero todo se cierra, hasta el calor se cierra cada vez m谩s asfixiante. Observo ‘las torres’ picos punzantes como de roca machetera. Me encuentro encaramada ya en Pico do Fogo, con la ventana abierta al es贸fago del duro ardiente Grop. Lo intento, quiero observarle. Mis pasos, gestos (y mis irrintzis intentando obtener respuestas) mi respirar… No me muevo, poco a poco intento deslizar unos cent铆metros rotando las puntas de los pies, empiezo a redescubrir nuevo terreno firme. Me preocupa apoyarme en nada, pero tengo que hacerlo si no puede darme un vuelco la vista y precipitarme al fondo de la boca cr谩ter. Todo queda quieto, hasta el aire, todo parado, no siento el latir del coraz贸n qued贸 atacado por la impresi贸n del volc谩n, sin una hoja ni rama de guindas, una cara, unos ojos reales, un irrintzi en el aire, una mano que no llega. El tiempo, como yo, qued贸 suspendido. Una y mil veces cierro los ojos y los abro hacia el atrayente azul celeste, estoy viva, me digo, pero ya todo humor subido se tambalea al volver a pretender ver la boca de Grop, y descender sobre tierra firme abajo en el valle, pero all铆 no puedo quedarme. Sigo perpleja, sin moverme, siento un poco de ox铆geno, me reanimo, es como un soplo d茅bil pero me permite cierta defensa sobre esa imagen y su hedor, sobre su soledad pat茅tica de cualquier brizna vegetal. Siento menos peligroso ‘al ebrio animal’ creado por mi imaginaci贸n, medio dormido, medio en sue帽os. Reacciono, respiro hondo, no me arriesgo a m谩s, decido poco a poco el descenso. Me defiendo d谩ndome 谩nimos, intento cantar, nuevos irrintzis esperanzando mis propios recursos y tambi茅n a ese azul que me envuelve fascin谩ndome. Suspendida en mi propia lucha por retomar el color en luna llena sobre la noche estrellada, fugaces se disparan al lado de mi descenso y un amanecer rojo se me presenta majestuoso lubricado por lluvias; cautelosa, pero dispuesta, a afrontar la victoria final. 

Mi est贸mago se llen贸 de humito, estoy plantada como un palo tieso, r铆gido, fr谩gil, sin circulaci贸n, sin saliva, sin otras manos. No muevo m谩s que la direcci贸n de mi mirada, observo desde la punta de segundos flotando inseguros (tiempo relativo, inseguro, en el aire). Solo el calor del volc谩n es patente como el sol, gigante, absoluto y pu帽etero, a veces muerde como ladra, hambriento. Cierro los ojos una y otra m谩s respirando profundo, sinti茅ndome, queri茅ndome y aprieto el gesto como para limpiar la tela de sudor, ese tul que perturba mi vista y soporta como puede los golpes duros de calor sin agua, acompa帽ada de unas peque帽as piedras en mi boca que me ayuda a ensalivar sin dejar que la sequedad absoluta se apodere, han pasado ya varias horas. La b贸veda ejerce el poder de la c贸lera de Aguirre, no borro su imagen. Intent茅 enderezar la mirada, me atrev铆 a observar cada vez m谩s, fui si eso era posible cogiendo familiaridad, a su impactante y aplastante color absoluto. Sigo en pi茅, sujeta, creo, apoyada t铆midamente en una roca. Vuelvo la mirada desde las gradas del anfiteatro, sobre 茅l apoyando mi cuerpo en algunas de sus muelas. Su interior es como una inmensa plaza volc谩nica para la fantas铆a de leyendas caboverdianas a forma de cuento o mito generoso y respetuoso con su historia; parte real, que evidencia una de las culturas del continente africano.

 Muy poco es lo que he descendido hacia la aldea, le miro a煤n y siento su gran port贸n, esa casa castillo donde anida el gran Grop, que camina descalzo sobre sus ardientes y antiguas brasas y la asfixia desarrolla sus garras y mi cabeza como v谩lvula de olla presi贸n baila. Tambaleo queriendo volver a la cima 隆es como una droga! el calor tuerce la serpiente de su cuello y el latir de mi sangre se cuartea. Miro con respeto temeroso a lo que supongo ‘como una fiera’, y siento una necesidad de tocar mis piernas. Las tengo, me digo. Empiezo a sentirlas con m谩s fuerza, quiz谩 por mi alarma, mis brazos est谩n agotados, los dedos de mis manos a sangre viva, ardo en deseos de abrazar, sigo descendiendo sin dejar de pensar en el peligro sobre el filo de la cresta de su perfil de risa sonora como de burla, sus fugas con su v贸mito de azufre y una ola de calor nauseabunda me invade una y otra vez haciendo entre ambos m谩s profunda la guerra del silencio absoluto. El sol intenta relajarme, acercarse como aliado junto a los claros tonos del cielo y mi mente queda en blanco. Camin茅 con miedo de hambre lobuna, quiz谩 m谩s por el silencio que por la mordida, camin茅 por donde pude sobre la calmada brasa caliente. Sigo recordando la estampa encaramada a Pico do Fogo con la ventana abierta al est贸mago. Es un ladr贸n, me roba el ox铆geno, tengo que ejercitar la respiraci贸n que se queja y mis bronquios rechinan. Not茅 como una frazada de 茅l rodea mi cuerpo, hizo que mi coraz贸n se agite, su boca es como una inmensa plaza profunda cavada hacia abajo y sus crestas se enfilan altivas; su impresionante panza, es como un espacio de lucha primitiva para olimpiadas. Sent铆 la ra铆z del volc谩n. La sent铆 aunque m谩s no fuera psicol贸gicamente hacia mi garganta 隆intenta asfixiarme!, pens茅. Todo se cierra de s煤bito, de repente siento el fr铆o, se me hiela la sangre 隆que contradicci贸n!, me dije, la vida bulle a borbotones. Sus garras se alargan sobre mi como si quisiera apoderarse pero yo ya no soy yo soy otro animal en defensa que picotea piedras desesperadamente como si fueran lombrices aliviando mi boca. Es el est贸mago que empuja al cerebro a reaccionar, la sed, la inseguridad… Como pose铆da por 茅l, me sent铆 obliga a acercarme, es como un im谩n que me arrastra hacia las galer铆as, al fondo hay como un escritorio (donde Grop inici贸 su interrogatorio), que no tiene de humano m谩s que el tiempo, el que nos uni贸 esos minutos, en ese espacio que ejerci贸 sobre mi, como superior, y, me retuvo como due帽o absoluto. Y esa sombra de la luz que es la vida por encima de todas las cosas por donde se filtra el sol, ese combustible que me aliment贸 como una bater铆a impidiendo mi congelaci贸n sangu铆nea ante el p谩nico al filo de su boca… y empec茅 como pose铆da a ensalzar colores a la vista entre ropa sudada y gotas fr铆as escurriendo por mi cara, (pens茅 en s谩banas blancas) para aliviar mi helada cara que alertaba como llamada de lobo hacia el exterior haciendo eco m谩s all谩 del valle y cerca de la hondonada de colmillos de marfil.

 Me paro, observo de nuevo, tanteo, dirijo una vez m谩s la mirada hacia alg煤n punto del valle queriendo encontrarle, ubicar alguna orientaci贸n de 谩nimo, as铆 quise creerlo. Agarro la camiseta ce帽ida a la cintura, hago unos nudos en las puntas de las mangas y respetuosamente cojo alguna piedra para llevar a la aldea rural, mostrar茅 la belleza que he logrado ver, ser谩 mi victoria poder mostrar, me dije, contarles que he estado en el cielo de la tierra, donde albergo esas horas dentro de mi. Tomo la ofrenda ya como un recreo acariciando la imagen de los que esperan mi regreso. Pero el riesgo hacia el poblado aumenta pese estar un buen trecho de distancia del ‘castillo’ de habitaciones con algunas divisiones formando galer铆as y corredizos. Pero s铆 que empec茅 a sentir sobre mi propio cuerpo ligeras caricias de ox铆geno m谩s puro y limpio, lo sent铆 sobre mi piel y mi mirada, re铆 y respir茅 sintiendo el triunfo, aunque a煤n segu铆a sin ver el camino al poblado pero s铆 fue desapareciendo poco a poco el miedo a lo desconocido. La insalivaci贸n gracias a las diminutas piedras potenciando una gimnasia gesticular me favoreci贸 tanto que pens茅 en cerrar los ojos y lanzarme hacia abajo rodando encogida como si de una pelota grande de algod贸n se tratara. 隆隆Detente me dijo la voz interior!! Y me puse a cantar m谩s hacia dentro que para fuera para mantener la humedad en mi boca y alegr茅 los ojos enfilando optimista, encontrando el placer del esfuerzo y… observe a distancia algo que se mov铆a, algo lejano como un cami贸n eso cre铆, y yo corr铆a como el final de la olimpiada y cantaba y saboreaba lo m谩s que pod铆a mis pasos 隆chiquita aventura muchacha!, me dije, y re铆 y re铆 con la sonrisa y con los ojos de ternura y nostalgia de mi padre y los brazos y fuerza de mi madre, silba, silba (hija), silba, nunca tengas miedo! El s煤bito brillo de algunos pedazos volc谩nicos al paso relucen estridentes al sol como l谩mpara multicolor d谩ndoles una nueva visi贸n. Fuente inagotable la naturaleza, su ense帽anza, su lucha, su vida, trazos de roca carbonizados a forma de colmena, piedra fosilizada a forma de pescado arcoiris. El sol viste a Ch芒 das Caldeiras de diferentes intensidades y brillos. Su piedra sirve para reconstruir casas, en ellas habita el poblado rural, hacen piezas decorativas, material de cocina, vajilla, vasijas para agua, jardineras, divisi贸n de caminos, br煤julas volc谩nicas y huertos, colman a sus habitantes los vi帽edos de amor y sementera. Volv铆 a pensar en la cresta que voy dejando atr谩s. El pico por donde descend铆 amenaz贸 hambriento con la mirada fija sobre la presa, le sent铆 un rugir extra帽o, ya hacia este punto no llega el sol y el tiempo pasa sabi茅ndome al borde a煤n de algo indefinible, sensaci贸n producida por la inclinaci贸n del declive que afecta a esta parte de la tierra. De s煤bito, como un enigma indescriptible veo con claridad el poblado temeroso que se moviliza; bocanadas de vida se acercan, empiezan abrir el abanico humano agitando todas las puertas.

 Fue cuando grit茅 mi alegr铆a al ver sobre el valle aquellas figuras agitarse de esa manera, eran sus gentes que dejaban la faena y miraban el cami贸n al que observ茅, empec茅 a salvar huertos y sortear algunos saludos a los m谩s cercanos cada vez m谩s cerca el cami贸n por aquellos caminos, 驴d贸nde ir谩 toda esa gente?, me dije. El poblado se hab铆a alarmado, solicitan un cami贸n, suben voluntarios que cruzan entre huertos, vi帽as, selecci贸n de brillantes para artesan铆a y montones de piedra seg煤n tama帽os para construir sus casas, sus cuadras, su escuelita… Al otro punto opuesto yo me acercaba m谩s y m谩s irradiada de alegr铆a, cantaba feliz de haber logrado el aterrizaje, con la prueba de mi gran verdad engrosando las mangas de la camiseta al cuello colgando sobre mi pecho como dos manos largas, con alg煤n humilde recuerdo para las familias, para los comisarios del poblado y camaradas. Caminaba, llegaba, sin agua, sin comida y mal calzado abriendo en las puntas por la agreste lava, sin nada de nada m谩s que mi alegr铆a por las piedritas sonajeras en mi boca que obligaron a trabajar mi es贸fago y nunca me falt贸 saliva.

 NOTA

El humito del sue帽o sobre la niebla se impon铆a, dibujaban el paisaje, el miedo se filtr贸 entre ellos junto a su esp铆ritu incandescente y su lengua de fuego de palpitaciones inquietantes. Las tijeras cayeron de las garras de Grop, en un intento de quitarme el sombrero de espinas, se neg贸 a devorarme, por fin el aire refinado me dej贸 descender. Los ni帽os formaron coros en Isla de Santo Ant芒o para comunicarse con S芒o Filipe en Isla de Fogo. Coros insurgentes uni茅ndose al resto de las islas como eco de caracolas. Voces coloridas como estrellitas negras, carmelita, verde botella como cristales rotos incrustados danzando cuando Chang贸 entr贸 a escena en un fren茅tico akelarre que arrasa por todo el archipi茅lago caboverdiano formado por diez islas y trece islotes, situado a unos 1.300 km al sur de las islas Canarias y a unos 500 km al oeste de Senegal. 脕frica est谩 viva, los hijos del sol relucen con sus tambores acompa帽ando al coro insurgente haci茅ndome olvidar el silencio absoluto vivido. Los recuerdos son como mariposa blanca, ronronean sus alas sobre mi mejilla. Siento su roce y su caricia a forma de flores de color. Su sabidur铆a vuela transmitiendo optimismo sobre las horas indefensa sobre el cr谩ter donde esperaba un simb贸lico vaso lleno que no pude brindar s贸lo cristales rotos. Pero la botella est谩 ya abajo sobre el pozo del agua fr铆a amarrada a una soga, brinca bailarina sobre el agua, me espera, dicen, son muchos los que iban en el cami贸n a rescatarme cuando se enteraron de la haza帽a que emprend铆, 驴pretend铆an subir al volc谩n a pi茅, acaso hacer cadena humana hacia la cima? El Grop cay贸 rendido sobre el campo de f煤tbol, hace un 煤ltimo esfuerzo por levantarse sobre el ring, tambalea sobre sus propias plantas rodeado de vi帽edos. Los goleadores le observan. Un aroma azufre se pierde en el abismo y un brote de flores surge sobre la quemada piedra calcinada cuerpo de un nuevo valle que resucita una y otra vez sobre la tierra que le alimenta (hay que seguir vigilantes sin esperar 鈥渓imosnas鈥): 鈥淓l pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse masacrar, pero tambi茅n debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor鈥 (Salvador Allende).

 PD.

La 煤ltima erupci贸n del Pico do Fogo se produjo en la noche del 2 de abril de 1995, pocos despu茅s de Pico Peque帽o y tres meses despu茅s de mi ascensi贸n, dur贸 un mes, se produjo tras 44 a帽os sin actividad volc谩nica importante. Entonces la lava sepult贸 la aldea en la que conviv铆 esos d铆as e importantes 谩reas agr铆colas de la isla. Uno de los vulcan贸logos que estudian el Fogo, Mota Gomes, ha explicado que ya era previsible una evacuaci贸n <<Tarde o temprano el Fogo iba a entrar en actividad, ya que hab铆a indicios de ello>>.

 Mait茅 Campillo (actriz y directora d` Teatro Indoamericano Hatuey)




Fuente: Lahaine.org