October 13, 2020
De parte de El Libertario
309 puntos de vista


 



Brais
Benítez

 

*
Histórico
militante
libertario,
Tomás
Ibáñez
analiza
en
_Anarquismo
es
movimiento_
(Madrid,
Virus,
2014)
la
vigencia
de
los
postulados
anarquistas
y
cómo
estos
nutren
e
impulsan
las
luchas
actuales.

Tomás
Ibáñez
(Zaragoza,
1944)
vive
con
los
ideales
libertarios
como
guía.
Hijo
del
exilio
en
Francia,
comenzó
su
andadura
política
en
los
grupos
juveniles
anarquistas
franceses
y
de
jóvenes
exiliados
españoles.
Desde
principios
de
los
sesenta
hasta
inicios
de
los
ochenta,
volcó
sus
energías
en
la
construcción
de
organizaciones
libertarias,
la
lucha
antifranquista
y
la
reconstrucción
de
la
CNT
en
1976.

Autor
de
numerosos
ensayos
sobre
disidencia,
anarquismo
y
lucha
contra
la
dominación,
recientemente
ha
publicado

Anarquismo
es
movimiento

(Virus,
2014),
en
el
que
repasa
la
vigencia
de
los
ideales
y
postulados
anarquistas
en
la
actualidad.
Ibáñez
analiza
el
resurgimiento
del
anarquismo
en
el
siglo
XXI,
y
cómo
este
ha
impregnado
las
luchas
de
los
movimientos
sociales,
desde
el
15M
a
la
expansión
de
los
centros
sociales
autogestionados,
las
cooperativas
de
consumo
y
las
redes
de
economía
alternativa.
Alerta
de
los
peligros
que
deben
afrontar
estos
movimientos
en
el
paso
a
la
lucha
por
la
vía
electoral
que
algunos
de
estos
ya
preparan.




«Los
cantos
de
sirena
que
anunciaban
amaneceres
radiantes
se
han
extinguido»,
afirma
en
el
libro.
¿Ya
no
es
posible
esperar
la
liberación,
la
‘anarquía’
como
estado
de
las
cosas,
que
postulaba
el
anarquismo?

°
Esos
cantos
de
sirena
situaban
en
un
futuro
más
o
menos
lejano
la
recompensa
que
recibirían
las
luchas
emancipadoras,
y
esa
recompensa
era
tan
fabulosa
que
servía
para
evaluar
las
luchas
en
función
de
cuanto
nos
acercaban
a
la
ansiada
meta.
Lo
que
ya
no
es
posible
es
mantener
ese
tipo
de
discurso
de
claro
raigambre
religioso,
hoy
hemos
aprendido
que
el
valor
de
las
luchas
no
depende
de
las
promesas
que
encierran
sino
que
radica
en
su
propio
acontecer,
en
sus
características
substantivas,
y
en
lo
que
permiten
crear
en
el
presente.
La
extinción
de
esos
cantos
oblitera
la
fascinación
por
la
tierra
prometida
y
la
supeditación
del
trayecto
a
su
desenlace,
pero
nada
nos
dice
acerca
de
la
posibilidad
o
no
de
alcanzar
algún
día
una
sociedad
de
tipo
anarquista.
Con
independencia
de
que
esto
ocurra
o
no,
la
anarquía
no
radica
en
el
futuro
sino
en
el
presente,
en
cada
lucha,
en
cada
logro,
que
reflejen
sus
preceptos.
Con
la
extinción
de
los
cantos
de
sirena
también
se
derrumba
la
creencia
en
el
brusco
advenimiento
de
una
sociedad
que
camine
hacia
la
anarquía
sobre
las
ruinas
aun
humeantes
del
actual
sistema,
el
gran
y
fulgurante
estallido
revolucionario
que
aportaría
la
definitiva
liberación
es
tan
solo
un
mito,
como
también
es
un
mito
una
sociedad
libre
de
conflictos,
de
tensiones
y
de
luchas.
No
hay
ningún
amanecer
radiante
al
final
del
camino,
simplemente
porque
el
camino
no
tiene
final,
cada
amanecer
deberá
ser
luchado
día
a
día,
una
y
otra
vez.
Ahora
bien,
esto
no
significa
que
no
sea
preciso
cultivar
la
utopía,
pero
sabiendo
que
sólo
representa
una
guía
para
actuar
en
el
presente
y
no
la
prefiguración
de
la
meta
que
se
alcanzará
algún
día.



Sostiene
que
“el
anarquismo
resurge
en
el
siglo
XXI,
se
reinventa”.
¿Qué
características
deja
atrás
y
cuáles
aparecen?

°
En
la
medida
en
que
el
anarquismo
se
fragua
en
el
seno
de
las
luchas
contra
la
dominación
es
lógico
que
cambie
cuando
estas
se
modifican
para
seguir
haciendo
frente
a
la
emergencia
de
los
nuevos
dispositivos
de
poder.
Es
decir,
aquello
a
lo
que
se
enfrenta
el
anarquismo
cambia
y
eso
le
hace
cambiar.
Lo
que
el
anarquismo
contemporáneo
deja
atrás
es,
entre
otras
cosas,
un
conjunto
de
ideas
influenciadas
por
la
Modernidad,
tales
como
la
fe
inquebrantable
en
el
progreso,
el
encumbramiento
acrítico
de
la
Razón,
una
concepción
demasiado
simplificadora
del
poder,
unas
prácticas
acordes
con
lo
que
fue
la
centralidad
del
trabajo,
y
también
deja
atrás
un
imaginario
revolucionario
construido
en
torno
a
la
gran
insurrección
del
proletariado.
Se
configura
un
anarquismo
más
táctico
que
estratégico,
más
presentista
que
utópico,
donde
lo
que
importa
es
la
subversión
puntual,
local,
limitada,
pero
radical,
de
los
dispositivos
de
dominación,
y
la
creación
aquí
y
ahora
de
prácticas
y
de
espacios
que
anclan
la
revolución
en
el
presente,
transformando
radicalmente
las
subjetividades
de
quienes
las
desarrollan.
Lo
que
también
caracteriza
al
anarquismo
contemporáneo
es
un
menor
encapsulamiento
en
sí
mismo,
una
mayor
apertura
a
construir
conjuntamente
con
otras
tradiciones
no
específicamente
anarquistas
una
serie
de
proyectos
y
de
luchas
comunes.



Señala
que
el
anarquismo
“es
una
cosa
del
hoy,
aquí
y
ahora”.
¿En
qué
se
concreta
actualmente
en
nuestros
barrios?

°
El
anarquismo
se
ha
involucrado
en
el
intento
de
construir
una
realidad
vecinal
hecha
de
realizaciones
concretas,
como
son
las
cooperativas
de
consumo,
de
producción,
de
educación,
los
CSOA,
las
librerías,
las
redes
de
economía
alternativa.
No
hay
que
olvidar
que
la
progresiva
destrucción
de
la
vida
vecinal
ha
sido
uno
de
los
factores
que
han
restado
fuerza
al
anarquismo
en
la
medida
en
que
es
precisamente
en
los
barrios
donde
se
pueden
tejer
relaciones
transversales
que
cuestionan
distintos
dispositivos
de
dominación,
y
no
sólo
los
que
se
sitúan
en
el
ámbito
laboral.



También
hace
referencia
a
los
“guardianes
del
templo”,
que
pretenden
un
“anarquismo
embalsamado”,
como
una
amenaza
para
la
pervivencia
del
anarquismo.
¿Quiénes
son
los
‘guardianes
del
templo’?
¿Qué
anarquismo
pretenden
preservar
contra
la
fuerza
de
los
cambios?

°
Digo
en
el
libro
que
estuve
guerreando
durante
un
tiempo
contra
los
“guardianes
del
templo”
y,
en
efecto,
durante
los
años
de
mi
militancia
anarquista
más
intensa,
es
decir
desde
principios
de
los
años
sesenta
hasta
los
ochenta,
estos
constituían
un
serio
problema
en
el
seno
de
los
movimientos
libertarios
de
Francia,
de
Italia,
o
de
España,
por
citar
tan
solo
los
que
mejor
conozco.
Su
voluntad
de
preservar
la
pureza
del
anarquismo
heredado,
de
evitar
cualquier
contaminación
por
ideas
o
por
prácticas
surgidas
fuera
de
sus
fronteras,
su
fe,
casi
religiosa,
en
la
incuestionable
superioridad
del
anarquismo,
y
su
dedicación
a
la
tarea
de
velar
por
la
inmutabilidad
de
su
esencia,
les
encerraban
en
un
dogmatismo
y
en
un
sectarismo
impropios
de
cualquier
sensibilidad
mínimamente
anarquista.
Las
expulsiones,
las
descalificaciones,
las
escisiones,
no
eran,
por
aquel
entonces,
nada
infrecuentes.
Hoy
la
propia
fuerza
de
los
cambios
ha
vaciado
de
energía
las
proclividades
sectarias
y
los
“guardianes
del
templo”
ya
no
representan
ningún
problema,
aunque
no
está
de
más
permanecer
atentas
a
eventuales
rebrotes
de
actitudes
fundamentalistas.



¿Qué
puede
aportar
el
anarquismo
a
los
movimientos
sociales
en
la
actualidad?

°
Mucho.
El
anarquismo
puede
hacerles
beneficiar
de
la
larga
experiencia
que
ha
acumulado
con
relación
a
unos
modos
de
funcionamiento
que
estos
movimientos
están
reinventando
actualmente,
pero
que
él
viene
practicando
desde
hace
mucho
tiempo:
modos
de
debatir,
de
decidir,
de
actuar
basados
en
la
democracia
directa,
en
la
horizontalidad,
en
el
respeto
de
las
minorías,
en
la
no
delegación
permanente,
en
la
acción
directa,
etc.
También
puede
fortalecerles
en
el
recelo
que
ya
manifiestan
hacia
el
ejercicio
del
poder,
o
en
su
desconfianza
hacia
la
figura
política
de
la
“representación”.
Vale
la
pena
recordar
en
este
punto
la
manera
en
la
que
Michel
Foucault
denunciaba
“la
indignidad
de
hablar
en
el
nombre
de
los
demás”.
En
la
medida
en
que
la
memoria
histórica
de
innumerables
luchas
surgidas
“desde
abajo”
ha
sedimentado
en
el
seno
del
anarquismo,
y
en
la
medida
en
que
las
experiencias
y
los
saberes
históricos
ayudan
a
entender
mejor
el
presente,
es
obvio
que
el
anarquismo
puede
ser
de
gran
utilidad
para
los
movimientos
emergentes.
Por
fin,
el
anarquismo
también
puede
revelarse
útil
poniendo
de
manifiesto,
de
forma
crítica,
los
errores
que
se
han
cometido
bajo
los
pliegues
de
su
propia
bandera.



¿Y
qué
prácticas
actuales
de
los
movimientos
sociales
pueden
inscribirse
en
los
preceptos
del
anarquismo?

°
La
horizontalidad,
el
modo
de
conducir
los
debates,
de
elaborar
las
propuestas
y
de
tomar
las
decisiones,
el
acento
puesto
sobre
el
carácter
“prefigurativo”
que
debe
impregnar
los
contenidos
y
las
formas
de
las
luchas,
es
decir,
la
insistencia
sobre
la
necesidad
de
que
las
prácticas
que
se
desarrollan
no
contradigan
los
fines
que
se
persiguen.
También
cabe
mencionar
la
práctica
de
la
acción
directa
y
el
escepticismo
frente
a
las
mediaciones,
la
crítica
de
la
delegación
y
de
la
representación,
o
el
rechazo
del
centralismo
y
del
vanguardismo,
sin
olvidar
la
aversión
hacia
cualquier
forma
de
dominación,
etc.



¿Hubo
anarquismo
en
la
eclosión
del
15M?

°
Lo
hubo,
por
supuesto.
Suscribo
plenamente
las
palabras
de
Rafael
Cid
cuando
se
refiere
a
él
como
a
una
“inesperada
primavera
libertaria”.
A
partir
del
momento
en
que
el
único
sujeto
político
legítimo
fue
la
propia
gente
que
estaba
presente
en
las
plazas
y
que
estaba
implicada
en
la
lucha,
al
margen
de
cualquier
instancia
exterior
a
ella
misma,
ya
estábamos
de
lleno
en
el
corazón
de
los
preceptos
anarquistas.
Si
añadimos
que
el
recelo
hacia
la
representación
se
manifestaba
con
una
fuerza
impresionante,
aun
resaltan
más
nitidamente
los
rasgos
libertarios
que
lo
caracterizaban.
Desde
mi
propia
concepción
del
anarquismo,
el
hecho
mismo
de
que
no
se
aceptasen
manifestaciones
identitarias,
aunque
fuesen
anarquistas,
refuerza
el
carácter
anarquista
del
15M.
Saber
si
hay
anarquismo,
hoy,
en
el
15M
es
algo
que
se
me
escapa
por
no
haber
seguido
con
la
suficiente
atención
su
evolución
más
reciente,
pero
intuyo
que
su
carácter
heterogéneo
y
polimorfo
habrá
sabido
preservar
enclaves
de
anarquismo.



¿Lo
sucedido
en
Can
Vies
(en
el
barrio
de
Sants
de
Barcelona),
en
la
que
sus
ocupantes,
con
los
vecinos,
han
seguido
trabajando
al
margen
de
lo
que
pudiera
pretender
el
ayuntamiento
(por
ejemplo
reconstruyendo
el
centro)
refleja
la
pervivencia
de
las
ideas
anarquistas?

°
Más
que
la
pervivencia
de
las
ideas
anarquistas,
lo
que
refleja
lo
sucedido
en
Sants
es
el
entronque,
o
la
sintonía,
entre
algunas
de
las
características
del
anarquismo
por
una
parte,
y
el
tipo
de
prácticas
que
se
desarrollaron,
y
que
se
siguen
desarrollando,
en
el
conflicto
de
Can
Vies,
por
otra.
Sintonía
también
con
la
sensibilidad
que
manifiestan
amplios
sectores
de
los
colectivos
que
protagonizan
la
actual
insumisión
de
carácter
social
y
político.
Las
asambleas
abiertas,
la
negativa
a
negociar
lo
que
se
considera
innegociable,
el
rechazo
de
cualquier
pacto
que
implique
participar
en
el
sistema
y
someterse
a
su
lógica,
la
fusión
de
lo
existencial
y
de
lo
político,
es
decir
la
no
separación
entre
la
forma
de
vivir
y
de
ser,
por
una
parte,
y
las
prácticas
políticas
por
otra,
la
acción
directa
manifestada
incluso
en
la
decisión
de
no
dejar
en
manos
ajenas
la
reconstrucción
del
edificio,
todo
esto
establece
fuertes
resonancias
entre
el
anarquismo
y
lo
sucedido
en
Can
Vies.
La
pervivencia,
o
incluso,
la
actual
pujanza
del
anarquismo
barcelonés
en
el
seno
de
algunos
colectivos
jóvenes
se
manifestó
en
los
enfrentamientos
nutridos,
en
parte,
por
las
columnas
que
confluyeron
hacia
Sants
desde
diversos
barrios.



En
un
pasaje
del
libro
afirma
que
“luchar
contra
el
Estado
consiste
también
en
cambiar
las
cosas
‘abajo’,
en
las
prácticas
locales”.
En
los
últimos
años
han
surgido
diversas
experiencias
autogestionadas
y
movimientos
sociales
que,
como
la
PAH,
han
ejercido
de
contrapoder
al
Estado.
Si
estas
optan
por
la
vía
electoral,
¿corren
peligro
de
perder
su
fuerza
emancipadora?

°
Desde
mi
punto
de
vista
ese
peligro
es
evidente.
La
integración
en
el
sistema,
asumiendo
algunas
de
sus
prácticas
y
adquiriendo
parcelas
de
poder,
con
el
loable
propósito
de
combatirlo
y
de
transformarlo
desde
dentro,
desactiva
más
pronto
que
tarde
la
fuerza
de
cualquier
política
emancipadora.
No
es
que,
como
reza
el
consabido
tópico,
“el
poder
corrompe…”,
sino
que
“para
llegar
al
poder
ya
hay
que
estar
corrompido”,
es
imposible
de
otra
forma
porque
no
hay
camino
hacia
el
poder
que
no
implique
prácticas
más
o
menos
torticeras,
así
como
múltiples
dejaciones
y
compromisos
de
mayor
o
menor
calado.
Por
eso
soy
tan
ferviente
defensor
del
ejercicio
del
“contrapoder”
como
virulento
crítico
del
“poder
popular”.
El
hecho
de
reivindicar
y
de
trabajar
para
consolidar
este
último
conduce
casi
siempre
a
dar
finalmente
el
salto
hacia
la
vía
electoral,
y,
claro,
cabe
preguntarse
¿qué
pasa
entonces
con
el
clamor
de
que
“no
nos
representan”,
o
con
el
legítimo
grito
de
“que
se
vayan
todos”?



En
línea
con
lo
anterior,
si
movimientos
sociales
y
grupos
con
prácticas
horizontales,
asamblearias
y
autogestionarias,
llegan
al
‘poder’,
toman
las
instituciones,
¿pueden
llegar
a
perder
estas
características?

°
No
es
que
puedan
llegar
a
perderlas,
es
que
las
perderán
sí
o
sí,
inevitablemente.
Nunca
se
“toma”
el
poder
sino
que
es
el
poder
quien
“nos
toma”,
porque
como
bien
decía
Agustín
García
Calvo,
“el
enemigo
está
inscrito
en
la
forma
misma
de
sus
armas”,
usarlas
es
reconocer
su
victoria
y
adoptar
su
rostro.
No
es
preciso
haber
estudiado
mucha
psicología
ni
mucha
sociología
para
saber
que
la
inmersión
en
un
determinado
contexto
y
el
hecho
de
asumir
sus
prácticas
incide
sobre
la
forma
de
ser
y
de
pensar
de
cualquiera
que
se
preste
a
ello.
Para
poder
auto
justificar
la
propia
conducta
es
preciso
poner
en
consonancia
las
ideas
asumidas
hasta
entonces
como
propias
con
las
practicas
efectivamente
realizadas,
ignorando
la
indesligable
simbiosis
entre
ideas
y
prácticas
propugnada
por
el
anarquismo,
y
olvidando
aquella
famosa
pintada
en
los
muros
del
Paris
de
1968
que
decía:
“Actúa
como
piensas
o
acabaras
pensando
como
actúas”
.
Un
movimiento
como
el
que
mencionas
en
tu
pregunta
no
intentaría
nunca
dar
el
salto
hacia
la
conquista
del
poder
si
estuviese
animado
por
la
profunda
convicción
de
que
nunca
ningún
ejercicio
de
poder
conseguirá
engendrar
un
espacio
de
libertad.

[Tomado
de

https://www.lamarea.com/2014/06/29/tomas-ibanez.]




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com