February 16, 2021
De parte de Nodo50
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Publicado originalmente, en tres partes, en el peri贸dico L’Agitazione de Ancona 1, nos. 13-15 (4, 11, y 18 de junio de 1897). T铆tulo original: 芦L’organizzazione禄

Por a帽os ha sido 茅ste un asunto de gran disputa entre los anarquistas. Y como a menudo sucede, cuando se acalora una discusi贸n y en la b煤squeda de la verdad se entromete la insistencia en estar en lo correcto, o cuando las discusiones te贸ricas no son m谩s que intentos por justificar una conducta pr谩ctica inspirada por otros motivos muy distintos, se ha producido una gran confusi贸n de ideas y palabras.

Recordemos, s贸lo para sacarles del paso, aquellas objeciones derechamente sem谩nticas que ocasionalmente han llegado a las m谩s grandes alturas del absurdo, tales como: “Estamos por la armonizaci贸n, no la organizaci贸n”; “estamos contra la asociaci贸n, pero a favor del acuerdo”; “no queremos secretarios ni tesoreros, siendo 茅stas figuras autoritarias, pero ponemos a un compa帽ero a cargo de la correspondencia y otro cuida nuestros fondos” 鈥 y pasemos a la discusi贸n seria.

Aquellos que reclaman para s铆 el t铆tulo de “anarquistas”, con o sin una serie de adjetivos, caen en dos campos: los partidarios y los detractores de la organizaci贸n.

Si no somos capaces de llegar a un acuerdo, al menos intentemos entendernos.

Y para empezar, ya que la cuesti贸n es triple, hagamos una distinci贸n entre organizaci贸n en el sentido general, como principio y condici贸n de la vida social hoy y en la sociedad del futuro; la organizaci贸n del partido anarquista; y la organizaci贸n de las fuerzas populares, especialmente la de las masas obreras con miras a hacerle frente al gobierno y al capitalismo.

La necesidad de organizaci贸n en la vida social 鈥 incluso dir铆a la sinonimia entre organizaci贸n y sociedad 鈥 es tan evidente en s铆 misma que es dif铆cil de creer que alguna vez haya podido ser cuestionada.

Para darse cuenta de esto, hay que recordar cu谩l es la funci贸n espec铆fica, caracter铆stica del movimiento anarquista, y que las personas y los partidos est谩n sujetos a dejarse absorber por la cuesti贸n que m谩s directamente les afecta, olvidando todos los asuntos relacionados, poniendo m谩s atenci贸n a la forma que a la sustancia, viendo finalmente las cosas desde un solo 谩ngulo y perdiendo as铆 una noci贸n adecuada de la realidad.

El movimiento anarquista comenz贸 su vida como una respuesta contra el esp铆ritu de autoridad, dominante en la sociedad civil y as铆 tambi茅n en todos los partidos y organizaciones de trabajadores, y ha ido creciendo gradualmente de la mano de todas las revueltas promovidas contra las tendencias autoritarias y centralizadoras.

Por lo tanto era natural que muchos anarquistas, casi hipnotizados por esta lucha contra la autoridad, creyendo, por la influencia de la educaci贸n autoritaria recibida, que la autoridad es el alma de la organizaci贸n social, combatieron y repudiaron esta 煤ltima por combatir la primera.

Y, a decir verdad, la hipnotizaci贸n fue tan lejos que les ha llevado a apoyar ciertas cosas que son realmente incre铆bles.

Se combati贸 todo tipo de cooperaci贸n y acuerdo, en la creencia de que la asociaci贸n era la ant铆tesis de la anarqu铆a; se sostuvo que en ausencia de acuerdos, de obligaciones rec铆procas, haciendo cada uno lo que le pase por la cabeza sin siquiera informarse de lo que el otro est谩 haciendo, todo se armonizar铆a en forma espont谩nea; que la anarqu铆a significa que cada persona debe ser autosuficiente y debe hacer todo por s铆 misma sin esfuerzos rec铆procos ni compartidos; que las v铆as f茅rreas pod铆an operar muy bien sin organizaci贸n, y que por cierto esto ya ocurr铆a en Inglaterra(!); que el servicio postal no era necesario y que cualquiera en Par铆s que quisiese escribir una carta a Petersburgo… pod铆a llevarla 茅l mismo(!!), y as铆.

Pero estas son tonter铆as, podr谩 usted decir, y no merecen menci贸n.

S铆, pero este tipo de tonter铆as ha sido dicha, impresa, y circulada; y aceptada por gran parte del p煤blico como una articulaci贸n aut茅ntica del pensamiento anarquista; y siempre servir谩n de armas de combate para nuestros adversarios burgueses y no-burgueses que buscan una victoria f谩cil sobre nosotros. Y entonces, tales tonter铆as no carecen de valor, en tanto son el resultado l贸gico de ciertas premisas y pueden servir de prueba de fuego de la veracidad o no de aquellas premisas.

Unos cuantos individuos de intelecto limitado pero dotados de poderosos giros l贸gicos mentales, una vez que han abrazado algunas premisas, rescatan hasta la 煤ltima consecuencia que salga de ellas y, si as铆 lo dicta la l贸gica, pueden llegar sin miramientos al m谩s grande sinsentido y negar las verdades m谩s evidentes sin inmutarse. Hay otros tambi茅n, mejor educados y m谩s abiertos de mente, que siempre pueden idear alguna manera de llegar a conclusiones bastante razonables, aunque tengan que pisotear la l贸gica; en el caso de 茅stos 煤ltimos, los errores te贸ricos tienen poca o ninguna influencia sobre su conducta propiamente tal. Pero, en definitiva, y hasta que llegue el momento en que ciertos errores fundamentales sean apartados, a煤n est谩 la amenaza de los silogizadores ac茅rrimos y de tener nosotros que comenzar todo de nuevo.

El error fundamental de los anarquistas que se oponen a la organizaci贸n es creer que la organizaci贸n es imposible sin autoridad 鈥 y, una vez que la hip贸tesis ha sido aceptada, prefieren renunciar a cualquier organizaci贸n que aceptar un 谩pice de autoridad.

Ahora, que la organizaci贸n, es decir la asociaci贸n para un prop贸sito espec铆fico y la adopci贸n de formas y medios requeridos para lograr aquel prop贸sito, es un pre-requisito fundamental para vivir en sociedad nos es obvio. El ser humano aislado no puede vivir siquiera la vida de un bruto: aparte de en los tr贸picos y de cuando la poblaci贸n es sumamente escasa, no puede ni alimentarse; y sigue, sin excepci贸n, incapaz de lograr un est谩ndar de vida en algo superior al de las bestias. Obligado, por ende, a combinar fuerzas con otras personas, y hall谩ndose en realidad unido a ellas como resultado de la previa evoluci贸n de las especies, debe entonces o bien someterse a la voluntad de otros (ser un esclavo), o imponer su propia voluntad sobre otros (ser una figura autoritaria), o vivir en acuerdo fraternal con otros por el bien mayor de todos (ser un compa帽ero). Nadie puede escapar a esta necesidad: los m谩s extravagantes anti-organizadores est谩n no solamente sujetos a la organizaci贸n general de la sociedad en la que viven, sino que 鈥 incluso en los actos de su propia vida, y en sus ri帽as con la organizaci贸n 鈥 se juntan y comparten las tareas y se organizan con aquellos de parecer similar y emplean los medios que la sociedad pone a su disposici贸n… siempre que, claro, sean cosas genuinamente queridas y promulgadas, en vez de aspiraciones y sue帽os vagos y plat贸nicos.

Anarqu铆a significa sociedad organizada sin autoridad, entendi茅ndose la autoridad como la facultad de imponer la propia voluntad y no el hecho inevitable y beneficioso de que a quien mejor entiende y sabe hacer una cosa, m谩s f谩cilmente logra que se acepte su opini贸n, y que sirva de gu铆a, en aquella cosa, a los menos capaces.

Como nosotros lo vemos, la autoridad no solo no es un pre-requisito para la organizaci贸n social, sino que, lejos de fomentarla, es un par谩sito de ella, obstaculizando su evoluci贸n y largando por el fregadero sus ventajas, benefici谩ndose de esto una clase dada que explota y oprime al resto. Mientras exista una armon铆a de intereses en una comunidad, mientras nadie se incline a explotar a otros, no hay rastros de autoridad. Una vez que la lucha interna aparece y la comunidad se divide en vencedores y vencidos, entonces surge la autoridad, siendo naturalmente investida en los m谩s fuertes, ayudando a confirmar, perpetuar, y magnificar su victoria.

Eso es lo que creemos y es por eso que somos anarquistas; si, en vez de esto, crey茅semos que la organizaci贸n sin autoridad es impracticable, ser铆amos autoritarios, pues preferir铆amos la autoridad 鈥 que coarta y entorpece la existencia 鈥 a la desorganizaci贸n, que la vuelve imposible.

Despu茅s de todo, qu茅 har铆amos nosotros importa poco. Si fuese cierto que el mec谩nico y el maquinista y el jefe de estaci贸n tuviesen simplemente que ser autoridades, en vez de compa帽eros que realizan ciertas tareas a cuenta de todos, el p煤blico a煤n preferir铆a padecer su autoridad que hacer el viaje a pie. Si no hubiese m谩s opci贸n que el jefe de correos sea una autoridad, cualquiera en sus cabales preferir铆a lidiar con la autoridad del jefe de correos a tener que entregar sus propias cartas.

Y luego… la anarqu铆a ser铆a el sue帽o de algunos, pero no podr铆a volverse realidad jam谩s.

Aceptando la posibilidad de que exista una comunidad organizada en ausencia de autoridad, vale decir, en ausencia de coerci贸n 鈥 y los anarquistas han de aceptarla, pues de otro modo la anarqu铆a no tendr铆a sentido 鈥 pasemos a lidiar con la propia organizaci贸n del partido anarquista.

Aqu铆 tambi茅n la organizaci贸n se nos hace 煤til y necesaria. Si “partido” significa el conjunto de individuos que comparten un prop贸sito com煤n y se esfuerzan por alcanzar ese prop贸sito, es natural que lleguen a acuerdos, re煤nan sus recursos, dividan la labor, y adopten todas las medidas que se piensen probables de impulsar aquel prop贸sito y que son la raison d’锚tre de una organizaci贸n. Quedando aislados, con cada individuo actuando o buscando actuar por su cuenta sin entrar en acuerdo con otros, sin hacer preparaciones, sin alinear la d茅bil fuerza de los solitarios en una fuerte coalici贸n, equivale a condenarse a s铆 mismo a la impotencia, a malgastar las propias energ铆as en actos triviales e inefectivos y, muy pronto, perder el prop贸sito y caer en la total inacci贸n.

Pero aqu铆 nuevamente la cuesti贸n nos parece tan evidente que, en vez de elaborar pruebas directas, intentaremos responder a los argumentos de los adversarios de la organizaci贸n.

El puesto de honor va para 鈥 por as铆 decirlo 鈥 la objeci贸n preventiva. “驴Qu茅 es esto de hablar de un partido?” dicen. “No somos ning煤n partido, no tenemos ning煤n programa”. Una paradoja que quiere indicar que las ideas pasan y est谩n siempre cambiando y que se reh煤san a aceptar ning煤n programa fijo que pueda estar bien para hoy pero que por seguro estar谩 obsoleto ma帽ana.

Eso ser铆a perfectamente justo si estuvi茅semos hablando de acad茅micos que van tras la verdad sin preocupaci贸n alguna por las aplicaciones pr谩cticas. Un matem谩tico, un qu铆mico, un psic贸logo o un soci贸logo puede decir no tener un programa o no tener otro que la b煤squeda de la verdad; est谩n para descubrir, no para hacer algo. Pero la anarqu铆a y el socialismo no son ciencias; son prop贸sitos, proyectos que los anarquistas y los socialistas quieren implementar y que por lo tanto deben ser formulados como programas espec铆ficos. La ciencia y el arte de la construcci贸n avanzan d铆a a d铆a; pero un ingeniero que quiere construir un edificio o incluso solamente demoler algo, debe dibujar sus planos, montar su equipamiento y operar como si la ciencia y el arte se hubiesen detenido en el momento en que las encontr贸 cuando se embarc贸 en la obra. Es muy posible que le encuentre un uso a nuevos avances realizados en el curso del proyecto sin tener que renunciar a la parte esencial de su plan; e igualmente puede ocurrir que los nuevos descubrimientos y los nuevos recursos ideados por la industria sean de tal magnitud que le abran los ojos a la necesidad de abandonar todo y volver a comenzar. Pero al comenzar todo de nuevo, requerir谩 esbozar un nuevo plan en base a lo que sabe y posee en ese momento y no va a poder idear o ponerse a implementar una construcci贸n amorfa, sin herramientas a mano, s贸lo porque, en alg煤n momento futuro, la ciencia podr铆a salir con mejores formas y la industria proveer de mejores herramientas!

Por partido anarquista nos referimos al ensamble de quienes est谩n por ayudar a hacer de la anarqu铆a una realidad y quienes por lo tanto necesitan establecerse un fin que lograr y un camino que seguir; y felices dejamos a los amantes de la verdad absoluta y el progreso imparable con sus reflexiones trascendentales; sin someter nunca sus ideas a la prueba de la acci贸n, terminan por hacer nada y descubrir menos.

La otra objeci贸n es que la organizaci贸n crea l铆deres, figuras de autoridad. Si eso es cierto, si los anarquistas son incapaces de reunirse y llegar a acuerdos unos con otros sin tener que acudir a alguna autoridad, eso quiere decir que a煤n est谩n lejos de ser anarquistas y que, antes de pensar en establecer la anarqu铆a en el mundo, debiesen dedicar alg煤n pensamiento a prepararse para vivir an谩rquicamente. Pero la cura dif铆cilmente est谩 en la no-organizaci贸n, sino que en expandir la consciencia de los miembros individuales.

Ciertamente si una organizaci贸n carga todo el trabajo y toda la responsabilidad sobre unos pocos hombros, si le basta con lo que sea que esos pocos hagan en vez de esforzarse e intentar hacerlo mejor, esos pocos, aunque no quieran, eventualmente sustituir谩n la voluntad de la comunidad por la propia. Si los miembros de una organizaci贸n, todos, no se ocupan en pensar, en tratar de entender, y en siempre usar sus facultades cr铆ticas para todo y para todos, y en vez dejan que unos pocos piensen por todos, entonces aquellos pocos ser谩n los l铆deres, los pensadores y dirigentes.

Pero, dig谩moslo nuevamente, la cura no est谩 en la no-organizaci贸n. Por el contrario: en las sociedades peque帽as y grandes, aparte de la fuerza bruta, que est谩 fuera de cuesti贸n en nuestro caso, el origen y justificaci贸n de la autoridad yace en la desorganizaci贸n social. Cuando una colectividad tiene necesidades y sus miembros no saben c贸mo organizarse espont谩neamente, por s铆 mismos, para salir al paso, alguien, alguna figura de autoridad sale a atender aquella necesidad haciendo uso de los recursos de todos y dirigi茅ndoles a su antojo. Si las calles no son seguras y las personas no pueden hacerle frente, emerge una fuerza policial que se hace mantener y pagar por los pocos servicios que ofrece y mandonea y se vuelve tir谩nica; si hay necesidad de un producto y la comunidad falla en llegar a un arreglo con productores lejanos para intercambiar por productos locales, aparece el mercader que lucra de la necesidad de los unos de vender y de los otros de comprar, y cobra a los productores y consumidores el precio que quiera.

Miren lo que ocurri贸 en nuestras propias filas: mientras menos organizados hemos estado, m谩s hemos estado a merced de unos pocos individuos. Y era natural que as铆 fuese.

Sentimos la necesidad de estar en contacto con compa帽eros de otras partes, de recibir y enviar noticias, pero no podemos, cada cual individualmente, tener correspondencia con cada compa帽ero. Si estuvi茅semos organizados podr铆amos encargar a algunos compa帽eros el manejo de nuestra correspondencia, cambiarlos si no es de nuestra satisfacci贸n y mantenernos al tanto de los desarrollos sin depender de la buena gracia de alguien para nuestras noticias. Si estamos desorganizados, por otra parte, habr谩 alguien con los medios y la disposici贸n a hacer la correspondencia y que tomar谩 todos los intercambios en sus manos, pasando o no pasando las noticias dependiendo de su elecci贸n de tema o de persona y, si es lo suficientemente activo y astuto, podr谩, sin nosotros saberlo, agitar al movimiento en la direcci贸n que quiera sin que nosotros (el grueso del partido) tengamos ning煤n modo de control y sin que nadie tenga el derecho a quejarse, dado que esa persona act煤a por su cuenta, con mandato de nadie y sin obligaci贸n de dar cuenta de sus actos a nadie.

Sentimos la necesidad de tener un peri贸dico. Si estamos organizados podemos juntar fondos para su lanzamiento y mantenerlo en marcha, poner unos cuantos compa帽eros a cargo de llevarlo y monitorear su direcci贸n. Los editores del peri贸dico seguramente, en mayor o menor grado, estampar谩n discerniblemente su personalidad en 茅l, pero seguir谩n siendo personas seleccionadas por nosotros, a quienes podemos cambiar si no nos satisfacen. Si, por otra parte, estamos desorganizados, alguien con suficientes ganas lanzar谩 el peri贸dico por su propia cuenta; encontrar谩 entre nosotros a sus corresponsales, distribuidores, y suscriptores y nos inclinar谩 a sus prop贸sitos, sin nuestro conocimiento o consentimiento; y, como ha sido a menudo el caso, nosotros aceptaremos y apoyaremos a aquel peri贸dico a煤n si no es de nuestro agrado, a煤n si encontramos que es da帽ino para la causa, debido a nuestra inhabilidad de sacar uno que ofrezca una mejor representaci贸n de nuestro pensamiento.

Entonces, lejos de conjurar autoridad, la organizaci贸n representa la 煤nica cura para ella y el 煤nico medio por el cual cada uno de nosotros puede habituarse a tomar parte activa y reflexiva en nuestra labor colectiva y dejar de ser herramientas pasivas en manos de l铆deres.

Si no hacemos nada y todos siguen perfectamente inactivos entonces, por seguro, no habr谩 l铆deres y no habr谩 reba帽o, no habr谩 dictadores de 贸rdenes y seguidores de 贸rdenes, pero ser谩 el fin de la propaganda, el fin del partido y de las discusiones en torno a la organizaci贸n tambi茅n鈥 y eso, esperemos, nadie lo ver谩 como una soluci贸n ideal.

Pero una organizaci贸n, dicen, implica una obligaci贸n a coordinar los propios actos con los de otros y as铆 se infringe la libertad y se coarta la iniciativa. A nosotros nos parece que lo que en realidad arrebata la libertad y vuelve imposibles las iniciativas es el aislamiento que nos vuelve impotentes. La libertad no es un derecho abstracto, sino la capacidad de hacer algo: esto es tan cierto en nuestras propias filas como en la sociedad en su conjunto. Es en la cooperaci贸n con sus semejantes que el ser humano encuentra los medios para avanzar su propia actividad y el poder de su iniciativa.

Ciertamente, la organizaci贸n significa coordinar recursos para un prop贸sito com煤n y un deber para los organizados no actuar en contra de tal prop贸sito. Pero en lo que concierne a organizaciones voluntarias, cuando aquellos que pertenecen a la misma organizaci贸n s铆 comparten el mismo fin y apoyan los mismos medios, las obligaciones mutuas sobre ellos act煤an para el beneficio de todos. Y si alguien hace a un lado cierta creencia propia por el bien de la unidad, es porque encuentra m谩s beneficioso abandonar una idea que en ning煤n caso podr铆a implementar sin ayuda en vez de negarse la cooperaci贸n de otros en asuntos que cree tienen m谩s importancia.

Si, entonces, un individuo se encuentra con que ninguna de las organizaciones existentes encapsula la esencia de sus ideas y m茅todos y que no puede expresarse como individuo de acuerdo a sus creencias, entonces estar铆a bien aconsejado en mantenerse fuera de esas organizaciones; pero luego, a menos que quiera seguir inactivo e impotente, debe buscar a otros que piensen como 茅l y fundar una nueva organizaci贸n.

Otra objeci贸n, y la 煤ltima de las que nos ocuparemos, es que, estando organizados estamos m谩s expuestos a la persecuci贸n gubernamental.

Por el contrario, nos parece que mientras m谩s unidos estemos, m谩s efectivamente podemos defendernos. Y en realidad cada vez que la persecuci贸n nos ha alcanzado con la guardia baja estando desorganizados, eso nos dej贸 completamente desarticulados y barri贸 con nuestros previos esfuerzos; mientras que cuando y donde estuvimos organizados, nos hizo bien en vez de da帽o. Y lo mismo aplica al inter茅s personal de los individuos: el ejemplo de las persecuciones recientes que golpe贸 a los aislados tanto como a los organizados 鈥 y tal vez peor 鈥 es suficiente. Hablo, claro est谩, de aquellos, aislados y no, que al menos hacen propaganda individual. Los que no hacen nada y tienen bien escondidas sus creencias est谩n ciertamente en mucho menor peligro, pero su utilidad a la causa es menor tambi茅n.

En t茅rminos de persecuci贸n, lo 煤nico que se logra estando desorganizados y predicando la desorganizaci贸n es permitir al gobierno negarnos el derecho a asociaci贸n y cimentarle el camino a sus monstruosos y criminales juicios conspirativos que no osar铆a en montar contra personas que abierta y fuertemente afirman su derecho a ser y a la condici贸n de estar asociados, o, si el gobierno as铆 osase, le saldr铆a el tiro por la culata y beneficiar铆a a nuestra propaganda.

Adem谩s, es natural que la organizaci贸n adopte la forma que las circunstancias requieran e impongan. Lo importante no es tanto la organizaci贸n formal como la inclinaci贸n a organizarse. Podr谩 haber casos en que, debido a la reacci贸n remanente, podr铆a ser 煤til suspender toda correspondencia y abstenerse de reuniones; eso siempre ser谩 un rev茅s, pero si la voluntad por estar organizados sobrevive, si el esp铆ritu de asociaci贸n perdura, si el per铆odo previo de actividades coordinadas ha ampliado el c铆rculo personal, ha nutrido amistades saludables y ha conjurado una genuina comuni贸n de ideas y acciones entre compa帽eros, entonces los esfuerzos de individuos, a煤n de individuos aislados, tendr谩n una contribuci贸n que hacer al prop贸sito com煤n, y pronto se hallar谩 un medio para volver a juntarse y reparar el da帽o hecho.

Somos como un ej茅rcito en guerra y, dependiendo del terreno y de las medidas adoptadas por el enemigo, podemos luchar en formaciones masivas o dispersas. Lo esencial es que sigamos pens谩ndonos como pertenecientes al mismo ej茅rcito, que obedecemos a las mismas ideas directivas y que estamos listos para volver a formarnos en columnas compactas cuando sea necesario y factible.

Todo lo dicho est谩 dirigido a aquellos compa帽eros que est谩n aut茅nticamente en contra de la organizaci贸n como principio. A quienes se resisten a la organizaci贸n s贸lo por ser reacios a unirse o se les ha negado la entrada a determinada organizaci贸n por no tener simpat铆a con los individuos pertenecientes a ella, decimos: establezcan otra organizaci贸n junto con quienes s铆 est谩n de acuerdo. Ciertamente nos encantar铆a poder estar de acuerdo todos y reunir todas las fuerzas del anarquismo en una poderosa falange; pero no tenemos fe en la salud de las organizaciones construidas sobre concesiones y subterfugios y donde no hay real acuerdo y simpat铆a entre los miembros. Mejor des-unidos que mal-unidos. Pero veamos que cada cual se junte con sus amigos y que no haya nadie aislado, perdiendo fuerzas.

A煤n tenemos que hablar de la organizaci贸n de las masas obreras para fines de hacerle frente al gobierno y los patrones.

Lo hemos se帽alado antes: en ausencia de organizaci贸n, ya sea libre o impuesta, no puede haber ni libertad ni garant铆as de que los intereses de los miembros que componen la sociedad sean respetados. Y quien falle en organizarse, falle en buscar la cooperaci贸n de otros y prestar su propia cooperaci贸n en base al compa帽erismo rec铆proco, inescapablemente se sit煤a en una condici贸n de inferioridad y juega el rol de subalterno irreflexivo en la maquinaria de la sociedad que otros operan a su antojo y para su conveniencia.

Los obreros son explotados y oprimidos porque, estando desorganizados en todo lo que concierne a salvaguardar sus propios intereses, son obligados por el hambre o por la fuerza bruta a obedecer los deseos de los dominadores para cuyo beneficio la sociedad funciona en el presente y deben 茅stos suministrar la fuerza (soldados y capital) que les ayuda a mantenerlos en sujeci贸n. Tampoco podr谩n emanciparse jam谩s hasta el tiempo en que busquen la unidad para la fuerza moral, econ贸mica y f铆sica necesaria para derrotar a la fuerza organizada de los opresores.

Ha habido algunos anarquistas 鈥 y algunos de ellos siguen presentes 鈥 que, mientras conceden a la necesidad de organizaci贸n en la sociedad del futuro y a la necesidad de organizarse hoy para la propaganda y la acci贸n, son hostiles a todas las organizaciones que no tienen la anarqu铆a por objetivo inmediato y que no adoptan m茅todos anarquistas. Y algunos de ellos se han mantenido aparte de todas las organizaciones obreras dise帽adas para hacer frente y mejorar las condiciones en el estado actual de las cosas, o se han metido en ellas con la intenci贸n expresa de desorganizarlas, mientras otros han concedido que la membres铆a en sociedades de resistencia existentes puede ser leg铆tima, pero han buscado intentos de organizar otras nuevas lindando con la deserci贸n.

Para esos compa帽eros pareciera que todas las fuerzas dispuestas a un prop贸sito menos que radicalmente revolucionario fuesen fuerzas desviadas de la revoluci贸n. Nuestra opini贸n, en contraste, es que esa visi贸n condenar铆a al movimiento anarquista a la esterilidad perpetua, y la experiencia nos ha dado la raz贸n.

Antes de poder hacer propaganda, se debe estar entre las personas, y es en las asociaciones obreras que el trabajador encuentra a sus semejantes y especialmente aquellos m谩s inclinados a entender y abrazar nuestras ideas. Pero incluso si fuese factible hacer tanta propaganda como se quisiese fuera de las asociaciones, esto no tendr铆a ning煤n impacto discernible sobre las masas obreras. Aparte de un peque帽o n煤mero de individuos mejor educados y m谩s equipados para el pensamiento abstracto y el fervor te贸rico, el obrero no puede llegar a la anarqu铆a de una vez. Para que se convierta en un aut茅ntico anarquista en vez de en anarquista solo de nombre, debe comenzar a sentir la hermandad que le une a sus compa帽eros, aprender a cooperar con otros en la defensa de intereses compartidos y, enfrentar a los patrones y al gobierno que les defiende, apreciar que patrones y gobiernos son in煤tiles par谩sitos y que los trabajadores podr铆an llevar el aparato de la sociedad por s铆 mismos. Habiendo entendido eso, es una anarquista aunque no use el t铆tulo.

Adem谩s, el fomento de todo tipo de organizaciones populares es la consecuencia l贸gica de nuestras ideas fundamentales y debiese por lo tanto ser parte fundamental de nuestro programa.

Un partido autoritario con miras a tomar del poder, para as铆 imponer sus ideas tiene inter茅s en que el pueblo siga siendo una masa amorfa incapaz de valerse por s铆 misma y por ende f谩cilmente dominable. Y, por lo tanto, l贸gicamente, debe querer la organizaci贸n solo en el grado y del tipo que se adapte a su venida al poder 鈥 la organizaci贸n electoral, si quiere llegar ah铆 por medios legales, o la organizaci贸n militar si, en vez, se basa en la acci贸n violenta.

Pero nosotros anarquistas no estamos por emancipar al pueblo; queremos ver que el pueblo se emancipe a s铆 mismo. No creemos en bendiciones desde las alturas, impuestas por la fuerza. Queremos ver un nuevo orden social emerger desde el interior del pueblo, y queremos que 茅ste corresponda al grado de desarrollo alcanzado por la humanidad y que pueda progresar as铆 como la humanidad progresa. Lo que a nosotros nos importa es que cada inter茅s y cada opini贸n encuentre, en la organizaci贸n consciente, alg煤n 谩mbito para hacerse valer y de influir en la vida colectiva en proporci贸n a su importancia.

Hemos hecho nuestro prop贸sito combatir la organizaci贸n existente de la sociedad y abatir los obst谩culos que impiden el advenimiento de una nueva sociedad en la que la libertad y el bienestar est茅n asegurados para todos. Para este fin nos hemos reunido como partido y estamos por volvernos tan numerosos y tan potentes como podamos. Pero si no hubiese nada organizado aparte de nuestro partido, si los trabajadores estuviesen aislados en tantas unidades indiferentes unas con otras y ligadas s贸lo por una cadena com煤n; si nosotros mismos, adem谩s de estar organizados como partido, no estuvi茅semos organizados junto a los trabajadores en nuestras capacidades como trabajadores, no estar铆amos en una posici贸n de realizar nada, o, como mucho, podr铆amos solamente imponernos鈥 en cual caso no tendr铆amos el triunfo de la anarqu铆a, sino nuestro triunfo. Podr铆amos entonces muy bien llamarnos anarquistas, pero en realidad ser铆amos meros gobernantes e incapaces de hacer el bien como cualquier otro gobernante.

Se habla mucho de la revoluci贸n, en la creencia de que la palabra representa la resoluci贸n de toda dificultad. 驴Pero qu茅 debiese ser esta revoluci贸n que anhelamos y qu茅 podr铆a ser?

Las autoridades establecidas derrocadas y los derechos de propiedad pronunciados muertos. Bien. Un partido podr铆a hacer tanto as铆鈥 aunque ese partido deba a煤n depender, adem谩s de en su propia fuerza, en la simpat铆a de las masas y en la preparaci贸n suficiente de la opini贸n p煤blica.

驴Y luego qu茅? La vida de la sociedad no acepta interrupciones. Durante la revoluci贸n 鈥 o insurrecci贸n, como queramos llamarle 鈥 y en las consecuencias inmediatas, las personas deben comer y vestirse y viajar y publicar y tratar a los enfermos, etc., y estas cosas no se hacen solas. En el presente, el gobierno y los capitalistas las hacen hacer para lucrar de ellas; una vez que nos deshagamos del gobierno y los capitalistas, los trabajadores tendr谩n que hacerlas todas para el beneficio de todos; de otro modo, ya sea bajo esas designaciones o alguna otra, emerger谩n nuevos gobiernos y nuevos capitalistas.

驴Y c贸mo van a proveer los trabajadores las necesidades urgentes a menos que ya est茅n habituados a reunirse y lidiar en conjunto con sus intereses comunes y, en alg煤n grado, est茅n listos para tomar el legado de la antigua sociedad?

El d铆a despu茅s que los mercaderes de granos de la ciudad y los patrones de las panader铆as pierdan sus derechos de propiedad y por ello ya no tengan inter茅s en atender el mercado, debe haber suministros vitales de pan disponibles en las tiendas para alimentar al p煤blico. 驴Qui茅n velar谩 por ello, si los trabajadores panaderos no est谩n ya asociados y listos para arregl谩rselas sin patrones, y si, aguardando la llegada de la revoluci贸n, no se les ha ocurrido resolver las necesidades de la ciudad y los medios para hacerlo?

No queremos decir con eso que debamos esperar a que todos los trabajadores est茅n organizados antes que la revoluci贸n pueda hacerse. Eso ser铆a imposible, dadas las circunstancias del proletariado; y, por fortuna, no hay necesidad. Pero al menos debe haber alg煤n n煤cleo en torno a los cuales las masas puedan acudir una vez liberados de la carga que les oprime. Si es ut贸pico querer hacer la revoluci贸n una vez que todos est茅n listos y una vez que todos est茅n de acuerdo, es a煤n m谩s ut贸pico buscar llevarla a cabo sin nada ni nadie. Hay mesura en todas las cosas. Mientras tanto, luchemos por la expansi贸n m谩s grande posible de las fuerzas conscientes y organizadas del proletariado. El resto vendr谩 por s铆 solo.




Fuente: Grupopensamientocritico2014.blogspot.com