November 7, 2020
De parte de Cultura Y Anarquismo
283 puntos de vista


De
forma
recurrente
hablo
y,
de
vez
en
cuando,
escribo
sobre
la
necesidad
de
recuperar
la
utop铆a
como
elemento
central
en
el
pensamiento
cr铆tico.
No
s贸lo
por
la
necesidad
personal
de
cada
cual
de
ir
atisbando
un
horizonte
hacia
el
que
caminar,
sino
como
contraposici贸n
a
una
realidad
cuyos
elementos
se
vuelven
cada
vez
m谩s
dist贸picos,
m谩s
inhabitables.
Existen
infinidad
de
esos
elementos
que
nos
afectan,
que
condicionan
nuestra
vida
durante
cada
segundo
de
nuestra
existencia.
Y
ante
los
cuales
hay
que
empezar
por
resistir
para
poder
existir.
Sin
embargo,
hay
un
elemento
que
probablemente
engloba
a
todos,
o
pr谩cticamente
a
todos
los
otros,
y
que
rara
vez
es
situado
en
la
lista
de
elementos
dist贸picos,
de
aspectos
sobre
los
que
al
menos
es
necesario
reflexionar
y
poner
en
tela
de
juicio.

Este
elemento
es
la
democracia,
s铆
la
sacrosanta
democracia.

La
democracia
es
el
marco
en
el
que
los
miembros
de
las
sociedades
que
se
consideran
a
s铆
mismas
como
ideales,
tenemos
para
desenvolvernos.
Lo
domina
todo,
incluido
el
lenguaje
con
el
que
formamos
los
conceptos,
las
ideas
con
las
que
performamos
nuestras
vidas.
Utilizamos
ese
lenguaje
para
describir
aquello
que
nos
incomoda,
que
nos
crea
malestar,
que
nos
oprime.
Tambi茅n
para
delimitar
aquello
que
anhelamos,
a
lo
que
aspiramos.
De
esta
forma,
sin
darnos
cuenta,
se
impone
un
modelo
de
vida
que
es
incapaz
de
transgredir
los
m谩rgenes
que
nos
ofrecen.
Se
coloniza
nuestro
interior
al
mismo
tiempo
que
esa
colonizaci贸n
tiene
su
reflejo
en
el
mundo
exterior,
donde
la
fuerza
es
utilizada
de
forma
m谩s
o
menos
expl铆cita,
para
imponer
ese
modelo
basado
en
la
libertad.
Una
libertad
que
como
mucho
es
un
mal
suced谩neo
del
ejercicio
de
la
misma.
Una
libertad
que
como
todo
en
esta
vida
es
definida
dentro
de
los
l铆mites
de
lo
democr谩tico,
es
decir,
de
lo
asumible.

A
partir
de
ese
momento,
no
es
posible
imaginar
nada
mejor
que
la
democracia.
Tal
vez
podamos
imaginar
c贸mo
mejorar
algunos
aspectos
concretos
(eso
que
unos
llaman
regeneraci贸n
democr谩tica,
otros
tal
vez
lo
llamen
democracia
digital,
tal
vez
si
sigui茅ramos
buscando
podr铆amos
hallar
docenas
de
denominaciones
para
otros
tanto
modelos
de
mejora
democr谩tica).
Pero,
desde
luego,
lo
que
no
somos
capaces
de
vislumbrar
es
un
sistema
superador
de
la
democracia.
Es
posible
que
esto
se
deba
a
que
tenemos
la
creencia,
transmitida
de
generaci贸n
en
generaci贸n
de
que
la
煤nica
alternativa
a
la
democracia
es
la
dictadura
y
茅sta
es,
sin
duda,
el
peor
de
los
males.
No
lo
pongo
en
duda.
No
deseo
una
dictadura
de
ning煤n
tipo
a
nadie.
Ahora
bien,
eso
no
implica
que
le
desee
un
sistema
democr谩tico.
Porque
como
dec铆a,
no
quiero
dictaduras
y
las
democracias
no
dejan
de
ser
dictaduras
sociales
en
las
que
se
imponen,
como
siempre,
los
intereses
de
una
minor铆a.
As铆
ha
sido
desde
su
origen.

Siempre
se
habla
de
la
democracia
ateniense
como
el
principio
del
sistema
hace
ya
unos
cuantos
siglos.
Pero
ya
en
ese
momento,
el
gobierno
del
pueblo
no
era
m谩s
que
el
gobierno
de
los
poseedores,
de
los
propietarios,
hombres.
Ni
mujeres
ni
esclavos.

Hasta
llegar
a
nuestros
d铆as,
la
democracia
ha
ido
variando,
construy茅ndose
siempre
respondiendo
a
una
correlaci贸n
de
fuerzas
muy
desiguales
entre
aquellos
que
pose铆an
la
riqueza
y
los
que
no.
Siendo
as铆,
no
es
de
extra帽ar
que
en
cualquiera
de
las
diferentes
manifestaciones
que
la
democracia
ha
ido
mostrando
siempre
hayan
respondido
a
los
intereses
de
unos
pocos.

Pero
si
algo
confiere
de
forma
definitiva
esa
p谩tina
dist贸pica
a
la
democracia
es
su
car谩cter
omnipresente.
Jam谩s
ha
habido
un
modelo
de
gobierno
tan
intrusivo
como
la
democracia
que
pretende
abarcar
todos
los
aspectos
de
la
vida.
Pretende
legislarlo
todo
hasta
lo
m谩s
铆ntimo.
Y
lo
que
es
peor,
siempre
con
criterios
econ贸micos.
Siempre
con
el
beneficio
en
mente.
Esto
la
ha
convertido
en
el
sistema
ideal
para
el
desarrollo
del
capitalismo
ya
que
ha
conseguido
que
un
modelo
econ贸mico
nacido
para
el
beneficio
de
los
Estados
se
haya
convertido
en
un
elemento
aut贸nomo
situado
por
encima
de
los
Estados
mismos.
Esto
explica
en
gran
medida
el
porqu茅
de
la
supremac铆a
del
modelo
democr谩tico
y
de
su
incuestionabilidad.

Adem谩s,
la
democracia
es
considerada
como
un
sistema
moralmente
insuperable
ya
que
es
ni
m谩s
ni
menos
que
la
representaci贸n
del
inter茅s
popular.
Aunque
es
evidente
que
la
煤nica
representaci贸n
existente
es
la
de
los
intereses
de
aquellos
que
poseen
la
riqueza
sigue
siendo,
aparentemente,
irrefutable
esta
afirmaci贸n.
Al
fin
y
al
cabo,
el
pueblo
elige
libremente
a
sus
representantes
as铆
que
no
hay
nada
que
objetar.
Es
tal
su
grado
de
perfecci贸n
moral
que
continuamente
se
inician
guerras
alrededor
del
mundo
en
su
nombre.
Se
trata
de
imponer
la
perfecci贸n
del
sistema
all谩
donde
todav铆a
se
muestren
indecisos
ante
茅l.
Por
supuesto,
es
todo
por
el
bien
del
pueblo
aunque
para
ello
haya
que
asesinar
al
propio
pueblo.
La
democracia
pretende
ser
el
煤nico
modelo
posible.
Su
democracia
debe
ser
para
todos,
sin
excepci贸n.

Democracia
o
barbarie.
Podr铆a
ser
el
eslogan
de
los
tiempos
y,
no
obstante,
no
parece
que
la
barbarie
haya
desaparecido
ni
mucho
menos
en
los
pa铆ses
democr谩ticos.
Basta
ver
cualquier
informe
(o
abrir
los
ojos
a
tu
alrededor
si
no
es
que
t煤
mismo
la
sufres
en
primera
persona)
escogido
al
azar
del
organismo
oficial
que
se
quiera
sobre
condiciones
de
vida
para
ver
la
lamentable
situaci贸n
en
que
se
encuentran
las
sociedades
democr谩ticas.
Sirvan
como
ejemplos
los
de
EEUU,
donde
las
desigualdades
sociales
y
todo
lo
que
conllevan
son
abismales
o
la
propia
Espa帽a,
donde
la
pobreza
alcanza
a
un
tercio
del
total
de
la
poblaci贸n.
Podr铆amos
fijarnos
en
el
acceso
a
la
vivienda,
o
a
la
educaci贸n,
o
a
la
sanidad
o
cualquier
otro
par谩metro
que
se
nos
ocurra
para
ver
qu茅
intereses
defiende
la
democracia.

Tal
vez
no
presente
los
niveles
brutales
de
represi贸n
pura
y
dura
de
las
dictaduras
(cuyo
recuerdo
facilita
mucho
m谩s
la
imposici贸n
democr谩tica)
pero
de
ah铆
a
la
perfecci贸n
como
sistema
de
organizaci贸n
social
hay
un
abismo.
Hay
margen
para
poder,
al
menos,
confrontarla,
para
incluir,
al
menos, 
esta
oposici贸n
en
el
marco
de
nuestra
conciencia.
Es
posible
que
estos
sean
buenos
tiempos
para
ello.
Tal
vez
esta
nueva
normalidad
de
la
que
tanto
hablamos
incluya
la
posibilidad
de
responder
a
la
pregunta
que
encabeza
este
escrito.
En
caso
de
una
respuesta
afirmativa,
estaremos
m谩s
cerca
de
nuestro
sentir.
Y
eso
s铆
que
es
moralmente
positivo.



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