October 21, 2020
De parte de Briega
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Resumen

Presento un ensayo sobre la compleja relaci贸n entre la investigaci贸n cient铆fica y los activismos y militancias en salud mental. Comienzo por definir lo que significa 鈥渋nvestigaci贸n鈥 y 鈥渕ilitancia鈥 o 鈥渁ctivismo鈥 aceptando la polisemia de estos t茅rminos. Paso despu茅s a responder a la pregunta, apuntando a algunas experiencias internacionales y describiendo c贸mo ser铆a posible. A continuaci贸n, intento desarrollar un marco de colaboraci贸n entre el activismo en salud mental y la investigaci贸n cient铆fica en el que esta pueda beneficiar las luchas por una atenci贸n en salud mental libre de coerci贸n. Por 煤ltimo, presento unas conclusiones que, advierto, no son un recetario de c贸mo hacer las cosas sino una invitaci贸n a la reflexi贸n cr铆tica y la b煤squeda de estrategias conjuntas entre colectivos diversos.

Palabras clave: Activismo, coerci贸n, investigaci贸n cient铆fica, militancia, reflexi贸n cr铆tica, salud mental

Introducci贸n y definiciones

En primer lugar y, a sabiendas de que titular un art铆culo con una pregunta puede causar una curiosidad en el lector que no se vea suficientemente satisfecha con sus contenidos, creo que debo una presentaci贸n personal y dos definiciones. En cuanto a lo primero, es m谩s o menos evidente que el que suscribe estas l铆neas se considera un investigador de profesi贸n (aunque como la mayor铆a de mis contempor谩neos he tenido otras muchas) y un activista de convicci贸n (aunque toda la vida me defin铆 como un militante y en este art铆culo hablar茅 de activismo o militancia de manera intercambiable).

Soy investigador social y, a pesar de las dificultades y los momentos de duda, quiero creer que sirve para algo. Supongo que el panadero, el conductor o incluso el investigador de cosas pr谩cticas (curas de enfermedades f铆sicas o aplicaciones tecnol贸gicas) no pierde el tiempo con este tipo de disquisiciones. Los investigadores sociales perdemos mucho tiempo y energ铆a explicando y explic谩ndonos para qu茅 tanto esfuerzo (y m谩s en la era en que un trabajo acad茅mico estable antes de los 40 es una quimera). Algunos encuentran la manera de vivir con y de los conceptos, otros necesitamos otro tipo de v铆nculos que nos acerquen m谩s a la vida cotidiana de aquellas personas y colectivos que suponen nuestro objeto de estudio. En este sentido, en el campo de la salud mental y otras 谩reas de la salud, hay muchas personas que combinan la pr谩ctica cl铆nica o psicosocial y la investigaci贸n.

En todo caso, independientemente del 谩rea de adscripci贸n, algunos decidimos que, con al menos una parte de lo que hacemos, queremos ayudar a que las cosas cambien en un sentido en el que creemos y queremos hacerlo yendo m谩s all谩 de la acumulaci贸n de conocimientos y tecnolog铆as. Y es este selecto grupo de personas las que, muy ingenuamente, nos autodenominamos investigadores militantes o activistas. Como veremos m谩s adelante, combinar ambas cosas es una decisi贸n que para algunos es un imperativo 茅tico, mientras que para otros hacerlo deber铆a ser motivo de desposeer del derecho a ejercer una profesi贸n que debe estar gobernada por la neutralidad y la objetividad.

Investigaci贸n

En cuanto a la primera definici贸n, en la cabeza de los lectores de este art铆culo debe haber de todo menos homogeneidad en lo que piensan cuando escuchan la palabra 鈥渋nvestigaci贸n鈥. No en vano, el campo de la salud mental es probablemente en el que menos univocidad hay al respecto. Si quieren pasar un rato entretenido pidan a un profesional que se autodefina como psicoanal铆tico y a otro que se defina como biologicista que se pongan de acuerdo en una definici贸n de lo que significa 鈥渋nvestigaci贸n鈥 y qu茅 tipo de actividades concretas implica.

Para no extendernos mucho, vamos a ir a lo esencial y m谩s o menos universal, que es el uso de m茅todos de sistematizaci贸n de observaciones o conocimiento. Es decir, hacer investigaci贸n es recopilar y organizar cosas de manera que una persona que se quiera acercar a ese fen贸meno tenga que invertir menos tiempo que el que invirti贸 el primero para llegar a conclusiones id茅nticas o al menos similares. Esto por supuesto implica una cierta dosis de confianza en que la sistematizaci贸n se ha hecho de un modo que sea comprensible y replicable (es decir, que cualquiera lo pueda volver a hacer obteniendo el mismo resultado). Por ello, la ciencia, desde un punto de vista que se ha llamado tradicionalmente realista o positivista (seg煤n si lo analizamos desde una postura ontol贸gica o epistemol贸gica1,2), invierte tantos esfuerzos en homogeneizar procedimientos. Pero justo en esa homogeneizaci贸n es donde la cosa se empieza a desdibujar en salud mental, ya que los cr铆ticos con el paradigma positivista, hoy dominante, acusan a los que lo sostienen de imponer criterios de homogeneizaci贸n que benefician a ciertos poderes econ贸micos.

Cuando hablamos de poderes econ贸micos en salud mental (y en este ensayo no tenemos m谩s remedio) nos solemos referir a la industria farmac茅utica y, aunque menos conocidas en nuestro territorio, las aseguradoras sanitarias (estas 煤ltimas sobre todo presentes en los pa铆ses donde no existe cobertura sanitaria p煤blica o donde est谩 en deterioro en beneficio de incipientes entidades cobertura sanitaria). La manera en que opera el inter茅s de estos actores es m谩s o menos evidente, pero parad贸jicamente contradictorio. Mientras que los primeros quieren que se haga gasto (en f谩rmacos)3 los segundos pretenden ahorrar sus costes4. Por ello la industria farmac茅utica financia, adem谩s del desarrollo de nuevos f谩rmacos, proyectos que apoyen hip贸tesis biologicistas sobre la salud mental. Esto es, que el origen del malestar ps铆quico es de naturaleza neurobiol贸gica. Aunque estas hip贸tesis no conducen indefectiblemente a que la soluci贸n pase por la farmacolog铆a, la inyecci贸n de financiaci贸n introduce un gran sesgo en la capacidad de desarrollar proyectos por algunos grupos que acaban teniendo diversas ventajas. Estas ventajas no solo afectan al propio desarrollo de proyectos de investigaci贸n sino tambi茅n al acceso al poder, incluyendo aumento de los recursos humanos, no solo de tipo investigador sino tambi茅n cl铆nico.  Por supuesto, estos grupos prescriben con mayor soltura los f谩rmacos de la compa帽铆a que les brinda financiaci贸n para proyectos de investigaci贸n5. La influencia de las compa帽铆as de seguros en este campo ha sido menos explorada probablemente porque su inversi贸n en investigaci贸n es mucho menor y, cuando se produce, est谩 muy relacionada con cuantificar el riesgo que comporta asegurar a un tipo de perfil seg煤n sus conductas de salud (alimentaci贸n, tabaco, etc.).

Menos conocido es el poder econ贸mico que genera la investigaci贸n en s铆 misma. Nos referimos sobre todo a la financiaci贸n p煤blica y privada de proyectos (aqu铆 es donde la cosa se solapa con la industria farmac茅utica y otras incipientes inversiones provenientes del mundo tecnol贸gico) y las editoriales que publican los informes de investigaci贸n. Estas 煤ltimas hacen negocio cobrando a los lectores por acceso a contenidos (frecuentemente son las universidades las que pagan y lo cargan en las matr铆culas y aportaciones p煤blicas) o reciben pagos de los autores por acceso abierto a una media de 1500 euros por art铆culo. Ni que decir tiene que una editorial prefiere fichar revistas cient铆ficas revisadas por pares (cada art铆culo es revisado por al menos dos expertos como est谩ndar de calidad) de alto impacto (esto del impacto tiene que ver con las citas que cada art铆culo recibe) cuyos art铆culos tengan muchas descargas y/o los autores est茅n dispuestos a desembolsar mil o dos mil euros para que sean de acceso abierto. El acceso abierto a los art铆culos de investigaci贸n publicados en revistas de impacto, un fen贸meno relativamente nuevo, es algo que en principio hace m谩s accesible (y por lo tanto m谩s probablemente citable) el art铆culo y, adem谩s, algunos financiadores (el m谩s importante la Comisi贸n Europea) empiezan a requerir que sea as铆 por motivos de transparencia. Por otro lado, el tema de las citas es lo que mantiene el balance entre la deseada innovaci贸n (m谩s adelante abordaremos este tema) y el poder de los paradigmas6 o programas de investigaci贸n7. Si bien para publicar un art铆culo en una revista de impacto se considera fundamental que implique una cierta innovaci贸n, la necesidad de ser citado hace que separarse de los paradigmas dominantes sea arriesgado. En definitiva, si publicas algo demasiado alejado de los postulados dominantes en una disciplina es poco probable conseguir suficientes citas para resultar atractivo a revistas y financiadores. Sin embargo, cuando se consiguen publicar, suelen ser art铆culos muy citados que implican peque帽as o grandes revoluciones cient铆ficas.

Por todo lo que hemos visto, la investigaci贸n est谩 condicionada a la necesidad de obtener financiaci贸n suficiente para sustentar recursos materiales y humanos, lo que implica aparcar posibles ideales incompatibles. La financiaci贸n p煤blica es lenta, err谩tica e insegura mientras que la privada, por desgracia, es la que asegura un flujo constante que, en consecuencia, produce m谩s estabilidad laboral en los ya suficientemente maltratados investigadores.

Ajenos a todos estos conflictos de inter茅s, los hay que desde un punto de vista relativista o subjetivista (de nuevo seg煤n premisas ontol贸gicas o epistemol贸gicas respectivamente), no aceptan la homogeneizaci贸n, ya que sostienen que la objetividad es imposible e indeseable, y que, poniendo tanto esfuerzo en ello, lo que provocamos es una homogenizaci贸n de las necesidades de las personas que nos acercan a esos futuros 鈥渙rwellianos鈥 o 鈥渉uxlerianos鈥 que tanto desasosiego nos producen (mientras llevamos en nuestros bolsillos y observamos de manera repetida dispositivos con c谩mara y GPS). Este tipo de investigadores, m谩s numerosos en las ciencias sociales, suelen tener que conformarse con presupuestos m谩s austeros y, en el Estado Espa帽ol, suelen sobrevivir bajo perfiles docentes (aunque, como en casi todo, hay notables excepciones).

Por 煤ltimo, para cerrar la definici贸n e ilustraci贸n del asunto de la investigaci贸n, se debe discutir el componente innovaci贸n. Sin embargo, esto se puede dar o no, y no por ello estar铆amos dejando de hablar de investigaci贸n. Hay proyectos sobre fen贸menos cl铆nicos o de participaci贸n donde se pone m谩s empe帽o en que el proceso sea enriquecedor para los participantes que en que el resultado sea algo nunca visto. Sin embargo, estos resultados son m谩s dif铆ciles de vender a financiadores del campo de la investigaci贸n y a las revistas a cient铆ficas. Ciertamente, quiz谩 son proyectos m谩s adecuados para el tambi茅n err谩tico mundo de la financiaci贸n del tercer sector.

Activismo y militancia

En cuanto al activismo o la militancia, probablemente haya algo m谩s de acuerdo en su definici贸n. Ser activista consiste en participar en movimientos sociales que aspiran a alg煤n tipo de cambio. Entendemos que una buena parte de los lectores de este art铆culo identifican estos cambios con mayor igualdad de oportunidades entre personas y respeto por los derechos humanos de todas sin excepci贸n alguna por razones de raza, orientaci贸n sexual, capacidad, etc. Podemos llamar a este tipo de activismo 鈥減rogresista鈥. Tambi茅n existen otros activismos y militancias, con gran impulso en los 煤ltimos tiempos, que se sustentan en rebatir las dial茅cticas de otros activismos, sobre todo en lo que se refiere a la discriminaci贸n positiva. Llamaremos a estos activismos 鈥渞eaccionarios鈥. Profundizando muy brevemente en esto de las discriminaciones positivas y negativas, la adopci贸n de pol铆ticas para corregir discriminaciones hist贸ricas a la mujer, a diversas minor铆as o a personas con discapacidad ha implicado dar ciertas ventajas a miembros de esos colectivos como modo de compensaci贸n por la exclusi贸n hist贸rica a la que han sido sometidos. Este tipo de medidas se hacen desde el punto de vista de que, si no se produce una sobrecompensaci贸n expl铆cita, es muy complicado que miembros de estos colectivos se puedan incorporar a procesos sociales competitivos como el acceso a la universidad o ciertos puestos de trabajo. Los activismos 鈥渞eaccionarios鈥 entienden que eso supone una vulneraci贸n de los derechos de la mayor铆a de la poblaci贸n y coerci贸n a la libre competencia. Por ello, adoptando estrategias similares, han protagonizado diversas movilizaciones sociales que han tenido un impacto pol铆tico profundo como se puede ver en la presidencia de Trump, el triunfo del Brexit y, en general, por el retorno a la primera plana de visiones del mundo que, parad贸jicamente, hace una d茅cada parec铆an parte del pasado.

Por otro lado, y volviendo al activismo 鈥減rogresista鈥, el reciente ensayo de Daniel Bernab茅 鈥淟a trampa de la diversidad鈥8 ha servido (o alimentado para algunos que ya lo ten铆an en mente) el debate de si la diversificaci贸n de las luchas, muy efectiva para consecuciones concretas, no acaba por preservar intacto un orden econ贸mico basado en la competici贸n y el consumo. Si bien se pueden entender que haya un cierto debate en cuestiones de g茅nero e incluso de racismo, donde los movimientos sociales cl谩sicos y los sistemas no capitalistas introdujeron ciertas mejoras, a Bernab茅 el ejemplo de la salud mental probablemente no le vendr铆a muy bien.

La atenci贸n a la salud mental no mejor贸 en relaci贸n con la coerci贸n utilizada en la mayor铆a de los pa铆ses que adoptaron sistemas alternativos al capitalismo (con la muy notable excepci贸n cubana) y los pocos movimientos sociales que han mostrado sensibilidad sincera hacia el tema han sido el feminista y el LGTBI (precisamente donde Bernab茅 pone una parte importante de su foco, con interesantes, aunque pol茅micos argumentos). Quiz谩 por la prioridad de extender la atenci贸n sanitaria, el movimiento obrero no ha cuestionado hist贸ricamente los postulados dominantes en la atenci贸n a la salud mental. Cuando se ha tratado, no se ha hecho una apuesta decidida por empoderar a las personas afectadas y sus familias, sino que m谩s bien se han dado luchas desde las creencias de mejora de los profesionales. Esta ansia por el cambio lleg贸 a ser muy radical en los a帽os 70 y 80 en el Estado Espa帽ol. Sin embargo, la participaci贸n de las personas afectadas no terminaba de entrar dentro de esa agenda radical. El movimiento de reforma en nuestro territorio ten铆a algo del viejo lema del despotismo ilustrado: 鈥渢odo por el pueblo, pero sin el pueblo鈥. Algunos profesionales cuentan que era muy dif铆cil por el nivel de cronicidad que presentaban las personas institucionalizadas, otros directamente afirman que era in煤til hasta que llegaron los 鈥渁ntipsic贸ticos鈥 (conocidos como neurol茅pticos hasta que la industria farmac茅utica decidi贸 utilizar un eufemismo m谩s comercial) at铆picos. Pero el movimiento en primera persona lleg贸, en realidad hace mucho tiempo, a remover conciencias sin darle gran importancia al rigor cient铆fico de sus reivindicaciones. Lo primero era que nos dejasen de encerrar, al menos masivamente. Todav铆a hoy estamos con la lucha por la eliminaci贸n de las contenciones mec谩nicas y qu铆micas.

Muy a grandes rasgos, el activismo en salud mental, en cuanto a sus polos, se encuentra desde hace tiempo tanto a nivel local como internacional entre los que creen que se puede seguir reformando el sector manteniendo lo fundamental (es decir, que la salud mental sea parte del sistema sanitario y por lo tanto sean facultativos especialistas los que tomen las decisiones importantes) y los que creen que hay que salir totalmente de esos muros, por mucho que vayan disminuyendo en altura. Por otro lado, en cuanto a los militantes, tenemos activismo en salud mental protagonizado por profesionales, familiares y personas con experiencia propia.

El activismo profesional tiene dos focos fundamentales que denominaremos activismos 鈥渆xternos鈥 e 鈥渋nternos鈥. Los externos, m谩s c贸modos de sobrellevar, son los que se centran en problemas que no genera la propia pr谩ctica profesional. Tienen que ver con la salud mental de colectivos oprimidos por otros agentes sociales como las personas migradas y los refugiados, las personas sin hogar y otros colectivos v铆ctimas de diversas violencias estructurales. Los activismos internos son los que aceptan que existe mala pr谩ctica en la propia profesi贸n y proponen cambios que implican a los propios activistas y sus equipos. En este ensayo nos centramos en este tipo de activismo. Las entidades que acogen en su seno la cr铆tica a la pr谩ctica en salud mental van teniendo encuentros y desencuentros con las entidades que representan a profesionales sin intereses expl铆citos de cambio. Sin embargo, estas personas conviven la mayor parte del tiempo dentro de la red de salud y servicios sociales repartidos entre lo que se llama com煤nmente atenci贸n 鈥渉ospitalaria鈥(donde suelen ser mayor铆a, con muy notables excepciones, los que no militan por el cambio) y 鈥渃omunitaria鈥 incluyendo dispositivos de rehabilitaci贸n, herederos de la desinstitucionalizaci贸n (tradicionalmente m谩s habitado por partidarios de cambio). Si bien lo 鈥渃omunitario鈥 tiene su origen en un cambio dado hace d茅cadas con el cierre de los grandes hospitales, hace tiempo que son parte constituyente del circuito prestaci贸n de servicios. Uno de los mayores problemas de este reparto de la atenci贸n en salud mental y las ideolog铆as dominantes en cada tipo de dispositivo es que, aunque a veces se olvide, muchas personas pasan por diferentes partes del circuito. De poco sirve que el paradigma en lo cuestionablemente llamado 鈥渃omunitario鈥 incluya la autonom铆a de las personas usuarias si no se da de la mano de un cambio en lo 鈥渉ospitalario鈥 que en general est谩 lejos de incluirlo.

En el 谩mbito de los supervivientes y familiares, mientras que durante d茅cadas han sido estos 煤ltimos los que han capitaneado la escena, con enormes y bien financiadas entidades de segundo (federaciones) y tercer nivel (confederaci贸n), parece que los primeros empiezan a entrar en escena. Por un lado, creando sus propias entidades (muy dadas a las divisiones y luchas por el liderazgo, como cualquier movimiento progresista en ciernes) y por otro, las entidades de familiares, ya sea por inercia hist贸rica o inter茅s estrat茅gico, empiezan a dejar participar a personas con experiencia propia en sus 贸rganos directivos (aunque sorprendentemente una buena parte todav铆a proh铆ban expl铆citamente esta participaci贸n).

Esperamos que esta puesta en escena haya servido para introducir el tema y no enfade a nadie, o, al menos, enfade a casi todo el mundo que se sienta aludido por igual. Este pretende ser un art铆culo reflexivo y cr铆tico, con propios y extra帽os.

Entrando en materia: 驴es posible?, 驴c贸mo?

Una vez presentadas las definiciones y situado al lector dentro del complicado contexto de la investigaci贸n cient铆fica y el activismo en salud mental, vamos a pasar a responder a la pregunta del t铆tulo del art铆culo. La respuesta es evidentemente si, han existido y existen proyectos y grupos de investigaci贸n que han combinado la academia y el activismo en salud mental en diversos lugares. Actualmente proyectos como el EURIKHA9 de la Empresa de Investigaci贸n de Usuarios (SURE por sus siglas en ingl茅s) del King鈥檚 College o el proyecto de Ciudadan铆a y Salud Mental del Programa de Yale para la Recuperaci贸n y la Salud Comunitaria10 son ejemplos de ello .Pero, 驴qu茅 les convierte en merecedores de los dos t铆tulos, el de activistas e investigadores, a la vez? Si nos damos una vuelta por sus p谩ginas web (adjuntas en la lista de referencias) probablemente de modo intuitivo nos encaje todo lo que veamos en la definici贸n de investigaci贸n militante que hemos desarrollado anteriormente. Veremos que en ambos sitios hay dos c谩tedras (en el caso del SURE, la primera en el mundo de investigaci贸n dirigida por supervivientes), es decir dos personas que ostentan el mayor nivel en la jerarqu铆a acad茅mica, que ambos centros publican art铆culos en revistas cient铆ficas y que parece que tienen l铆neas estables de financiaci贸n para mantener locales, n贸minas y actividad. Estas caracter铆sticas probablemente satisfacen la expectativa que tenemos sobre un centro de investigaci贸n. 驴Y la parte activista? Pues si tenemos la paciencia de leer alguno de los art铆culos cient铆ficos y otros materiales de divulgaci贸n que est谩n enlazados en sus webs, veremos que su discurso tiene un toque diferente al de grupos de investigaci贸n en salud mental digamos 鈥渃l谩sicos鈥 (tanto biologicistas, como, en mayor o menor medida, de distintas tendencias psicoterap茅uticas). Mientras que estos 煤ltimos suelen acabar sus art铆culos enfatizando sus avances en el conocimiento de una parcela de la salud mental y destacando las posibilidades de ampliar esa l铆nea de investigaci贸n (muy t铆pico de la mentalidad acumulativa del enfoque positivista), los grupos militantes suelen posicionarse de una manera m谩s clara en el sentido de que, los hallazgos a los que han llegado o la informaci贸n que han compilado deber铆a contribuir a un cambio efectivo en pr谩cticas profesionales o al foco donde se concentran estas. En resumen, mientras que los primeros se suelen echar flores, los segundos son m谩s de destacar carencias y proponer alternativas.

Llegados a este punto, debemos confesar la trampa, al t铆tulo de este art铆culo le falta un complemento circunstancial de lugar. La pregunta realmente es si es posible la investigaci贸n desde el activismo en salud mental en el Estado Espa帽ol. En este caso debemos decir que, hoy en d铆a, no hay un grupo de investigaci贸n en salud mental que combine su actividad con el activismo y tenga los recursos de los dos grupos anglosajones antes mencionados. Hay grupos de ciencias sociales con un car谩cter marcadamente progresista que tocan la salud mental entre otras cosas, pero no un grupo activista cuyo foco principal sea la salud mental, y menos la pr谩ctica.

Una de las razones por las que se produce esta carencia es probablemente porque la manera de organizar la financiaci贸n de la investigaci贸n en salud mental, tanto por parte de las administraciones estatales como auton贸micas, hacen pr谩cticamente imposible que un fen贸meno as铆 se pueda dar. Actualmente una buena parte de la investigaci贸n en salud mental est谩 enmarcada dentro de las 谩reas de conocimiento de 鈥渕edicina cl铆nica鈥 o 鈥減sicolog铆a鈥 que est谩n dominadas por paradigmas de neurociencia experimental. Sirva como ejemplo decir que el 95% de los contratos Ram贸n y Cajal (postdoctoral reina del Ministerio de Ciencia, Innovaci贸n y Universidades y 煤nica manera de entrar a la carrera acad茅mica por el lado exclusivamente investigador) otorgados en el 谩rea de psicolog铆a lo han sido a neurocient铆ficos o cient铆ficos b谩sicos en general. En medicina cl铆nica, aparte de estar las plazas repartidas entre varias especialidades, lo poco que se ve en salud mental tambi茅n tiene que ver con el estudio del cerebro. La financiaci贸n proveniente del Ministerio de Sanidad (Fondo de Investigaciones Sanitarias del Instituto Carlos III) y otras agencias estatales o auton贸micas no se reparte de manera muy diferente. Una iniciativa que podemos aplaudir es la de la implicaci贸n de pacientes en el plan PERIS de investigaci贸n en salud de la Generalitat de Catalu帽a. Sin embargo, esta iniciativa incipiente, que incluye proyectos de salud mental, tampoco llega al nivel de activismo.

Como ya hemos comentado, es cierto que otras visiones de la salud mental provenientes de las ciencias sociales, como la sociolog铆a o la antropolog铆a, no est谩n dominadas por estos paradigmas, pero tambi茅n es verdad que sus intereses son diversos y aunque la salud mental est茅 entre ellos, de momento no hay un grupo de investigaci贸n al que podamos colocar en el mapa del activismo en salud mental.

El que suscribe estas l铆neas ha llevado a cabo un proyecto11,12 en los 煤ltimos a帽os en el que se combinaba activismo e investigaci贸n, coordinando esfuerzos de las universidades de Yale y Barcelona con el movimiento en Primera Persona. Sin embargo, el inminente final de la financiaci贸n y el hecho de que esta fuese una beca personal de origen europeo confirma el hecho de que aqu铆, el activismo y la investigaci贸n en salud mental todav铆a est谩n lejos de convivir de manera estable.

Pero 驴qu茅 pinta la investigaci贸n en esto del activismo?

En este punto, un activista 鈥渁 secas鈥 se puede preguntar qu茅 es lo que la ciencia puede hacer por las luchas sociales y en especial la de supervivientes y dem谩s fauna de la salud mental. Es posible que ni lo vea claro ni entienda para qu茅 tanto esfuerzo y dinero. No le podemos culpar, a veces hasta los que hemos intentado combinarlo tenemos clara esta relaci贸n y m谩s en un contexto donde incluir una figura con un cerebro de colores o muestras gen茅ticas, a pesar de estar claro que no dan ninguna informaci贸n de relevancia cl铆nica, implica mucha m谩s financiaci贸n que propuestas de cambio en los servicios que puedan mejorar la vida de la gente. Sin embargo, creemos que merece la pena hacer un peque帽o esfuerzo a trav茅s de un ejemplo bastante actual: la lucha por la eliminaci贸n de las contenciones mec谩nicas en los dispositivos de salud mental.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el contexto de una lucha as铆. Tenemos diversos actores: la opini贸n p煤blica (que puede desencadenar un cambio si el asunto gana relevancia), el gobierno y las autoridades sanitarias (que son los que pueden regular tanto a nivel estatal, como auton贸mico o gerencial), los profesionales de la salud mental (que son los que ejecutan y en principio est谩n divididos tanto en lo posible como en lo deseable de eliminarlas), y el entorno activista de donde emana la reivindicaci贸n (con un movimiento en primera persona que nunca lo ha dudado y uno de familiares que parece que se va convenciendo poco a poco).

Un proyecto como el que ha llevado a cabo LoCom煤n13 intenta llegar a todos estos actores. Sin embargo, la estrategia con la que se llega a cada interlocutor es muy diferente. Cuando se dirige un mensaje a la opini贸n p煤blica, para en cierta medida escandalizarla por una vulneraci贸n de derechos como son las contenciones mec谩nicas, lo 煤ltimo que se necesita es desarrollar un discurso cient铆fico. La cuesti贸n no va de llegar a la parte racional de las personas, sino a la emocional. Un testimonio en primera persona o unas im谩genes pueden desencadenar una reacci贸n en cadena que ponga el asunto en el candelero. Esto probablemente no se podr铆a conseguir con datos y gr谩ficas, por muy bien hechas que est茅n. Parad贸jicamente, esta inutilidad de la ciencia como argumento de cambio, lo ha demostrado (al menos parcialmente) la propia evaluaci贸n cient铆fica de las campa帽as contra el estigma14,15. Los resultados vienen a decir que para producir un cambio en actitudes discriminatorias se necesita algo m谩s que intervenciones educativas basadas en datos.

Sin embargo, los que manejan el presupuesto y las regulaciones son m谩s de fijarse en la letra peque帽a. Por ello, el papel de una investigaci贸n militante dirigida a potenciar cambios desde la regulaci贸n debe abordar la menos grata tarea de la producci贸n de informaci贸n de calidad. En este sentido, se ha demostrado que las contenciones mec谩nicas hacen sufrir a toda o la mayor铆a de gente que las sufre, que se dan en una medida mucho mayor a la supuestamente indicada (recordemos que son ilegales seg煤n la Convenci贸n sobre los derechos de las personas con discapacidad16) y que no evitan lo que se supone que deber铆an evitar, esto es, que las personas contenidas se hagan da帽o a s铆 mismas y/o a terceros17. Adem谩s, se ha demostrado que las medidas de cambio son coste-efectivas, es decir, que si se invierte dinero en cambiar las cosas, realmente sirve para algo18.

Todav铆a nos queda un sector que, como hemos visto, no est谩 del todo convencido del asunto, esto es, el profesional. Seg煤n lo que hemos podido ver en los a帽os de lucha que han precedido a este art铆culo, los profesionales no se ven afectados de manera individual por los datos sobre la extensi贸n del problema. Esto se produce de una manera bastante similar a cuando a un padre o madre recibe informaci贸n epidemiol贸gicasobre una enfermedad que padece un hijo suyo. El principio es muy similar: independientemente de lo que digan esos n煤meros, mi caso es particular, yo hago las cosas de otro modo. En cuando al tema del sufrimiento, no es raro escuchar 鈥渉e tenido pacientes que incluso las piden鈥 (a lo que ser铆a f谩cil responder 鈥渜ue poco tiempo han invertido en esa persona para que su manera de autorregularse sea pedir a otro que le ate鈥). Que las contenciones mec谩nicas se den en mayor o menor medida siempre va a pasar por un filtro sesgado (p.ej. 鈥渃uando pasa en mi unidad es por algo justificado鈥). Por 煤ltimo, aunque se muestren datos de unidades donde se han suprimido las contenciones mec谩nicas y el c贸mputo global de agresiones al personal sea menor de aquellas donde se mantienen, el mecanismo de defensa en este caso suele ir a lo concreto: 鈥溌縌u茅 hacemos en ese caso que la persona ya est谩 agresiva?鈥. Es complicado demostrar con datos que esa agresividad no se dar铆a o se dar铆a con mucha menor probabilidad si la unidad no estuviese dise帽ada desde la coerci贸n, ya que para el profesional concreto esa es su realidad diaria y el recuerdo de una agresi贸n es algo profundamente emocional. En definitiva, para algunas cosas, los profesionales funcionan de una manera similar a la opini贸n p煤blica, pero con la peculiaridad de que han visto a algunas personas contenidas a las que recuerdan m谩s como verdugos que como v铆ctimas. Sin embargo, los profesionales tienen algunas cosas en com煤n con sus superiores en cuanto a las necesidades que pueden ser satisfechas con datos, pero 鈥渄onde dije macro digo micro鈥. Es decir, si bien a los profesionales no les importa tanto que las medidas de cambio sean eficaces o coste-efectivas, hablando en grandes cifras, si les importa mucho que sean seguras y efectivas en su d铆a a d铆a. Por 煤ltimo, adem谩s de usar la investigaci贸n como munici贸n en el debate con profesionales, del mismo modo que con la poblaci贸n general, se puede hacer investigaci贸n sobre qu茅 estrategias son m谩s efectivas para cambiar las actitudes de los profesionales. Esto se puede hacer desde el punto de vista de la aceptaci贸n de posibles estrategias regulatorias de disminuci贸n o prohibici贸n de las contenciones mec谩nicas o de la asimilaci贸n de contenidos de formaciones que no impliquen una obligatoriedad de cumplimiento. En cualquier caso, la manera en que los profesionales cambian de creencias y actitudes es fundamental si se pretenden cambiar las maneras de hacer y precisamente por ello, el movimiento de la Recuperaci贸n ha invertido bastantes esfuerzos en esta empresa20,21.

Por 煤ltimo, nos queda el propio entorno del que emanan las reivindicaciones. Desde un punto de vista psicosocial y/o antropol贸gico se puede investigar de qu茅 maneras se producen las movilizaciones y los efectos que tienen estas tanto en la sociedad como en los propios activistas. Esto de alguna manera implica o bien participar en el movimiento activamente y hacer investigaci贸n desde 茅l22 o bien tomar una perspectiva de observaci贸n participante23. En todo caso, entramos en un terreno delicado en el que la 鈥渕uestra鈥 son las y los militantes que pueden tener muy diversas opiniones sobre la utilidad de la investigaci贸n y esto implica un especial cuidado por parte del investigador. Los focos de inter茅s suelen tener que ver con la motivaci贸n para participar, los factores que producen y mantienen la implicaci贸n, los tipos de activismo (violento versus pac铆fico, por ejemplo) o sus implicaciones identitarias.

驴C贸mo lo hacemos? 驴Es lo cualitativo revolucionario y lo cuantitativo reaccionario?

En el apartado anterior hemos visto que, aunque el 谩mbito cient铆fico pueda parecer un compa帽ero de cama poco c贸modo para el activismo, hay reivindicaciones donde la ciencia puede hacer mucho por ayudar. Ahora bien, si queremos hacer investigaci贸n activista, 驴se puede hacer del mismo modo que el resto? 驴hay metodolog铆as que se ajustan m谩s al activismo que otras?

Parece haber un cierto acuerdo en que las metodolog铆as cualitativas se ajustan m谩s al modo de proceder del activismo progresista, mientras que las cuantitativas supondr铆an una tendencia a la reducci贸n muy similar a la del sistema que se pretende cambiar. La investigaci贸n cualitativa es m谩s ecol贸gica, recogiendo directamente lo que dicen las personas de manera m谩s o menos espont谩nea. Intuitivamente esto parece mucho m谩s ajustado al modo de proceder activista que la recogida de cuestionarios o datos objetivos a trav茅s de registros (como por ejemplo el n煤mero de contenciones realizados por unidad). La discusi贸n no es tanto, como en otro tipo de militancias, si los fines justifican los medios (al no caber el uso de violencia, nadie cree que un estudio cient铆fico sea pernicioso en s铆 mismo), sino si los medios utilizados van a acabar influyendo en la manera en que se piensa. Es decir, si lo que se hace en el d铆a a d铆a es recoger cuestionarios o datos, aunque sea por el bien de una reivindicaci贸n 驴no se acabar谩 cosificando a las personas como hace aquel al que se critica?

Sin embargo, como hemos visto arriba, hay ciertas necesidades que la investigaci贸n cualitativa no puede satisfacer. Siguiendo con el ejemplo de las contenciones, mientras que el sufrimiento e incluso la comprensi贸n de las personas que acaban pidiendo una contenci贸n de manera preventiva es algo que podemos comprender muy bien con t茅cnicas cualitativas, la epidemiolog铆a de las contenciones y el coste-efectividad de las medidas de cambio son algunas de las cosas que solo la investigaci贸n cuantitativa nos puede brindar. Adem谩s, por desgracia, los grandes escaparates de la investigaci贸n cient铆fica, las revistas cient铆ficas revisadas por pares parecen tener alergia a la publicaci贸n de informes cualitativos (como casi siempre, con notables excepciones) mientras que lo cuantitativo parece publicable en funci贸n del n煤mero de respuestas que se haya conseguido reunir independientemente de la relevancia o novedad del tema.

Entonces, 驴qu茅 hacer? En mi humilde opini贸n, creo que hemos de hacer lo que se pueda en funci贸n de las necesidades de la reivindicaci贸n y la supervivencia del investigador en el complicado ecosistema de financiaci贸n y contrataci贸n acad茅mica. De hecho, el que escribe no ha dedicado precisamente toda su carrera a cosas que se puedan enmarcar en el activismo. Hay que ser conscientes de que cuando se tiende a la cuantificaci贸n es posible que se tienda a la cosificaci贸n, es una realidad. Pero a veces es necesario poder demostrar relaciones causales que lo cualitativo no permite.

Sobre la financiaci贸n y los conflictos de inter茅s

En apartados anteriores hemos mencionado el complicado ecosistema de financiaci贸n de la investigaci贸n en salud mental. Haciendo s铆ntesis, si hablamos de investigaci贸n militante, no podemos obviar que, si conseguimos crear un espacio que merezca esa definici贸n, probablemente lo debamos dotar de recursos econ贸micos si queremos que su actividad sea continua en el tiempo. El 谩mbito de la investigaci贸n no es muy diferente al del tercer sector en lo que se refiere a los menesteres econ贸micos: hay poco, mucha competitividad por conseguirlo y las administraciones p煤blicas pagan tarde y mal. Si a帽adamos el ya mencionado sesgo neurocient铆fico, sin querer ser excesivamente pesimista, actualmente conseguir financiaci贸n en el contexto espa帽ol para realizar proyectos de investigaci贸n en salud mental con un componente de activismo es dif铆cil, sino imposible. En lo que se refiere a las actividades de transferencia, tanto en el contexto acad茅mico como en el tercer sector tenemos una peculiaridad y es que rara vez se generan productos o servicios que produzcan grandes beneficios. Se pueden dar consultor铆as, servicios de formaci贸n, pero olvid茅monos del impacto econ贸mico que produce una patente (con el consiguiente impacto en la estabilidad laboral del grupo que la ha registrado).

Por supuesto no hay que olvidar que un sector importante del activismo reniega de la financiaci贸n p煤blica argumentando (con bastante raz贸n) que formar parte de ese circuito implica no solo una cierta domesticaci贸n por parte del sistema, sino una inversi贸n de tiempo que no deja demasiado tiempo para el propio activismo. Ciertamente desde este punto de vista, realizar proyectos de investigaci贸n es dif铆cil, aunque no imposible si se consigue manejar bien las metodolog铆as de acci贸n participativa y se apuesta todo al proceso. Pero entonces volvemos al problema de la necesidad de cuantificaci贸n y establecimiento de causalidades en ocasiones concretas.

驴Conclusiones?

No es f谩cil llegar a conclusiones en una relaci贸n tan controvertida como es la de la investigaci贸n cient铆fica con la militancia por el cambio en salud mental. Por un lado, espero que este ensayo sirva a los que quieren emprender este camino como una reflexi贸n cr铆tica, no solo con las cosas que queremos cambiar, sino con nuestras propias pr谩cticas como investigadores militantes. No es f谩cil y hay que asumir que las personas que se dedican a la investigaci贸n en salud mental no militante tienen herramientas de las que no vamos a disponer los que apostamos por el cambio. Pero esto tampoco va de buenos y malos, los que emprenden el otro camino son tambi茅n miembros de un colectivo muy maltratado en el Estado Espa帽ol y, parte de lo que hacen se traduce en mejoras concretas de la vida de personas (si bien probablemente no tanto como pregonan).

Por otro lado, si alguien que lea este ensayo investiga en salud mental en el contexto de las corrientes principales del sector, espero que le haya servido como ejercicio de reflexi贸n autocr铆tica. Creo que est谩 ampliamente demostrado que en los 煤ltimos a帽os se han desperdiciado muchos fondos en l铆neas de investigaci贸n que se sab铆an muertas para seguir haciendo girar la rueda de la financiaci贸n, las publicaciones y la consecuci贸n de poder acad茅mico en detrimento del bienestar de miles de millones de personas que experimental malestar ps铆quico. No solo por el uso de estos fondos en algo in煤til, que ya es bastante grave, sino porque la extensi贸n de la hip贸tesis biologicista del malestar ps铆quico, argumento principal para sustentar este ciclo de financiaci贸n, ha aumentado el estigma hacia las personas que lo hemos sufrido24. Esto creo que deber铆a abrir un profundo debate sobre el destino de la financiaci贸n de proyectos de investigaci贸n en salud mental.

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a Elvira Rodr铆guez Calder贸n, Mar铆a Jos茅 Fern谩ndez G贸mez, Olaia Fern谩ndez Fern谩ndez y Pablo Fern谩ndez Cord贸n por sus generosas, veloces y honestas revisiones y comentarios.

Conflictos de inter茅s

El autor de este art铆culo ha recibido financiaci贸n del Programa Marco de la Uni贸n Europea para la Investigaci贸n y la Innovaci贸n Horizonte 2020 (2014-2020) en virtud del acuerdo de subvenci贸n Marie Sk艂odowska-Curie n潞 654808.

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Citar como: Eiroa-Orosa, 鈥婩rancisco Jos茅. (2019).驴Es posible la investigaci贸n desde el activismo en salud mental? E-脕topos, 5, 64鈥84.

 




Fuente: Briega.org