July 1, 2021
De parte de Lobo Suelto
258 puntos de vista


1.

A los 19 a帽os tuve mi primer crisis anor茅xica. Por m谩s de una d茅cada, esa experiencia que suele llamarse anorexia, y que yo nunca supe c贸mo nombrar porque me habita, atraviesa mi vida, de manera m谩s o menos intensa, intermitente, cr贸nica. Hab铆a terminado la secundaria, estudiaba periodismo sin demasiado entusiasmo y no encontraba otro motivo que no fuese la noche ricotera. En el galp贸n de mi casa en Claypole, en el sur del conurbano bonaerense, comenc茅 a hacer ejercicios de modo compulsivo. En pleno verano, pasaba horas transpirando, usando una m谩quina vieja y unos elementos caseros. Me pon铆a una bolsa de consorcio debajo de un buzo negro, con treinta grados de calor. Com铆a tomates, manzanas y tomaba agua. Adelgace much铆simo. Llegue a pesar cincuenta y dos kilos, midiendo un metro setenta y tres. Sin saber qu茅 significan esas variables num茅ricas, durante a帽os me pes茅 dos o tres veces por semana, con poca ropa sin importar el clima, peleando contra ese injusto m茅todo de medici贸n llamado 鈥溍璶dice de masa corporal鈥[i]. A cada crisis, segu铆a un periodo estable y luego una reca铆da, cada vez m谩s profunda y prolongada. Habiendo socializado estas vivencias entre afectos y amigxs, hoy las crisis son m谩s leves y advertidas.

A los veinte, me mud茅. Fui a vivir solo a un departamento prestado en el Abasto, en la Ciudad de Buenos Aires. Fue el peor a帽o de mi vida, un a帽o de aislamiento y mentiras, enga帽os para evitar las reuniones sociales y sin fuerzas para nada. Estaba haciendo una especie de pasant铆a en una radio, con unas p茅simas condiciones laborales. Miraba recitales y tomaba mate, anhelando las figuras imposibles del glam de los ochenta, esos varones tan violentos como pretendidamente andr贸ginos. Era una lucha dif铆cil, entre mis propios l铆mites, los imperativos sociales de la delgadez obligatoria y la internalizaci贸n de prejuicios gordof贸bicos inconfesados. No hac铆a dieta, viv铆a con miedo a la comida: como si estuviera repleta de organismos infecciosos. Al a帽o, volv铆 a Claypole, con cada vez menos pelo, con el rostro amarillento y los tobillos d茅biles. De aquel tiempo, me quedan huellas: la dificultad de ver colores cuando atravieso una crisis, desbordado entre el alcohol y cierta oscuridad.

Hace unos d铆as me hizo bien un texto revelador de Florencia Lico: 鈥溌縎e puede politizar la experiencia anor茅xica鈥?[ii]. Nos invita a politizar nuestra experiencia ps铆quica y corporal, desigual y diferencial, en el marco de los activismos disidentes y transfeministas, en la estela de los movimientos de la diversidad corporal, mental y funcional. Lico dice: 鈥淧ienso la anorexia como modo de sobreadaptaci贸n obsesiva a los imperativos de la delgadez obligatoria鈥. Y agrega: 鈥淟as personas con anorexia tenemos muchas ganas de vivir, pero en vez de organizarnos y rebelarnos contra la opresi贸n que nos toca, perdemos mucho tiempo y vida tratando de amoldarnos a sus requerimientos鈥. Movilizado por su escritura, me pregunto qu茅 acciones y narrativas podemos construir para conquistar justicia psico-corporal

No se s铆 es posible identificar algo as铆 como la 鈥渁norexia鈥 (en universal). Hay anorexias, m煤ltiples y diferenciales, desiguales por motivos de g茅nero, clase, racializaci贸n, capacidades f铆sicas y mentales, etc. 驴Mi cuerpo anor茅xico es un terreno micropol铆tico? Soy var贸n, cis, heterosexual, blanco, trabajador cognitivo precarizado, militante de izquierda, con capacidades funcionales hegem贸nicas. Delgado, y por momentos, extremadamente flaco. En la sociedad de consumo, donde se segregan y expulsan ciertos cuerpos, tengo algunos privilegios. Aunque la delgadez-l铆mite me trajo problemas caminando las calles de Solano o Varela, repleta de miradas injuriosas hacia un rostro p谩lido, ojeroso y demacrado. Reconociendo los privilegios que otorga la delgadez, Florencia Lico dice: 鈥渁l cuerpo anor茅xico no se lo lee ni se reacciona frente a 茅l de la misma manera que frente a otros cuerpos delgados, y mucho menos que frente a los cuerpos fitness. A las personas anor茅xicas tambi茅n nos ven con ojos de muerte lenta y con mirada patologizante鈥.

La politizaci贸n es una estrategia despatologizante. Estoy harto de los discursos que moralizan, estigmatizan, individualizan, banalizan, psicologizan y victimizan la anorexia. Se trata de sacarla del closet del drama privado y del secreto familiar. Movilizar razones, pasiones y acciones a partir de una diferencia ps铆quica y corporal. Para patologizarla, abundan las trayectorias con psic贸logos y m茅dicos. Para banalizarla y vulnerarla, est谩n las censuras y sospechas en espacios pol铆ticos, familiares y acad茅micos. De hecho, cuando le铆 la nota de Florencia Lico, con melancol铆a y litros de cerveza en el cuerpo, record茅 una situaci贸n. En 2016 escrib铆 un texto titulado 鈥淢i cuerpo anor茅xico鈥. No era un buen texto, pero val铆a un fragmento de vida. Lo envi茅 a un certamen de ensayos con una firma ficticia: 鈥淔ede Moura鈥. Luego lo somet铆 a consideraci贸n de un grupo de investigaci贸n para ser incluido en un compilado de art铆culos. Por suerte, decidimos que no fuese incluido en el libro por alg煤n motivo que no recuerdo. Hoy tengo sensaciones raras cuando vuelvo a esa situaci贸n.

2.

Parafraseando a An Millet en Cisexismo y Salud, le temo al escrache, a la cancelaci贸n, pero necesito socializar esta experiencia, politizarla desde mi lugar, con los privilegios, opresiones y resistencias que me atraviesan. Porque s茅 que no estoy solo, lo intuyo. A nivel internacional, son considerables los n煤meros crecientes en las estad铆sticas de anorexia cisheteromasculina y blanca. Sin embargo, nunca conoc铆 un chab贸n que socialice esa experiencia, incluso en c铆rculos antipatriarcales. 驴D贸nde andan, c贸mo se est谩n organizando las personas con anorexia? 驴C贸mo romper el aislamiento en articulaci贸n con los activismos por nuestras diversidades? 驴Con qu茅 alianzas, privilegios, trayectorias y agendas pol铆ticas?

De algunas cosas, uno escribe como puede. La anorexia es un problema pol铆tico encarnado en mi vida. Una experiencia ambivalente, mezcla de l铆neas de fugas vitales y fatales, de adaptaciones y heridas, de inadecuaciones y violencias (ejercidas y sufridas). Las intensas ganas de ser amado, deseado o reconocido me han generado dolor. La anorexia es de las vivencias que m谩s me marcaron, junto a la militancia, la noche conurbana, la filosof铆a y el rock. 驴Politizar la anorexia supone visibilizar estas relaciones de poder e impotencia, estas sujeciones y desacatos? 驴Es la anorexia un espacio, m谩s o menos v谩lido, para contribuir con una construcci贸n pol铆tica en la lucha por nuestra salud y emancipaci贸n?

Por suerte, he tenido (y tengo) una red de amigxs, familiares, compa帽erxs de militancia y afectos que me cuidan. Mi compa帽era de vida es una persona muy importante en todo este proceso largo y ambiguo. Nunca me falto plata para acceder a un profesional, aunque mi 煤nica experiencia con el psicoan谩lisis haya sido olvidable. Cuando sal铆a de terapia, el mundo segu铆a siendo el mismo desastre estructural que padec铆a y del cual tambi茅n me beneficiaba. El analista me instaba a conquistar un imposible justo medio entre el lleno y los vac铆os. Suger铆a (con las mejores intenciones鈥) que me esfuerce por resolver las ambig眉edades de mi vida. Los laxantes, las purgas y atracones, la sensaci贸n de desmayo, el exceso y la ascetis, el consumo de drogas, cigarrillos y alcohol, la debilidad del cuerpo, el frio, la visi贸n borrosa, los disfrutes parad贸jicos, el temor a ser tocado, las ideaciones suicidas, los colapsos, las hemorroides, los espejos, el terror a engordar, la mentira, la frustraci贸n y la ansiedad, la incomodidad con un cuerpo que nunca sent铆 como propio, el absurdo de una soledad flaca y blanca, el odio, los comentarios de cualquier hijo de vecino entrometido, aprender a soportar consejos nunca pedidos, el insomnio, el malestar. Por todas esas vivencias fui pasando. 驴Si solucionar谩 esas ambivalencias no dejar铆a de ser quien pude llegar a ser, con mis virtudes y miserias? Uno de los desaf铆os de socializar estas experiencias es aportar para elaborar una conciencia cr铆tica contra las opresiones ps铆quicas y corporales del poder.

No hay nada heroico, sacrificial ni banal en mi vivencia anor茅xica. No identifico ning煤n rasgo excepcional en esa experiencia, con sus privilegios y prejuicios. No soy una v铆ctima. El deseo de exteriorizarla, de hacerla p煤blica, dudo que se relacione con una especie de 鈥渙rgullo anor茅xico鈥. Se trata m谩s bien de alianzas pol铆ticas. Retomando a Nicol谩s Cuello y Laura Contreras en Cuerpos sin patrones, deseo 鈥渙bjetivar鈥 mi anorexia para intentar habitarla de otro modo, y a trav茅s de ella, pensar cr铆ticamente los estragos corporales y ps铆quicos del capitalismo. Nuestros cuerpos y mentes son un campo donde se aterrizan diversos modos de explotaci贸n mercantil. Como vienen demostrando hace a帽os investigadorxs y activistas de la diversidad corporal, el mercado explota nuestros deseos, malestares y h谩bitos, expropiando nuestras riquezas vitales con las industrias de la dieta, la belleza y el 茅xito, la motivaci贸n inspiracional y los f谩rmacos, la moda y el fitness. En este 鈥渃apitalismo magro鈥, tal vez los cuerpos anor茅xicos podamos contribuir con el combate contra esas opresiones.

驴Qu茅 hacer con esta sensaci贸n de no encajar en algunos estereotipos de la masculinidad y, sobre todo, con la experiencia de sobreadaptarme a las normativas corporales y ps铆quicas del capitalismo, a sus moldes gordof贸bicos, capacitistas y cisheteronormados? 驴Las crisis anor茅xicas puede ser un punto de vista contra los mandatos de la delgadez obligatoria? 驴Una premisa para sabotear normalidades? Desear铆a que las respuestas sean colectivas.

3.

Mi 煤ltima crisis fue el verano pasado. A los 32 a帽os, esta vez no base mi alimentaci贸n solo en tomates, manzanas y l铆quido, pero transite deseos y excesos similares, los mismos vac铆os, miedos y malestares. Tuve alegr铆as parecidas. Como en otras oportunidades me sac贸 la militancia y la filosof铆a. A veces, dice un amigo, la filosof铆a te salva. Un concepto, un libro, han tenido efectos terap茅uticos incalculables. Si bien los imperativos corporales hegem贸nicos arruinaron parte de mis huesos y m煤sculos (hay d铆as que me duelen hasta los dientes), estoy mucho mejor. A veces disfruto comer con amigxs. A pesar de seguir sin desayunar, almorzar ni merendar, no me duele el cuerpo, me siento menos fr谩gil y cansando, y no se me cae el pelo. Con el estr茅s mental que caracteriza a gran parte de lxs trabajadorxs cognitivxs precarixs, me va m谩s o menos bien en el terreno laboral y afectivo.

De todos modos, pienso que debemos devolverle su dignidad a la experiencia anor茅xica. Sin impotentizarla al prometernos cura, superaci贸n o salvaci贸n. Habitarla de otra forma, no pretender cerrar nuestras heridas, sino explorar otro v铆nculo entre vida y pol铆tica a partir del cual crear posibilidades de autonom铆a y decisi贸n. Dejar de etiquetarla en diagn贸sticos extractivos como 鈥渆nfermedad鈥, 鈥渘eurosis鈥 o 鈥渢rastorno alimentario鈥. Para esta tarea, el archivo de las luchas disidentes y feministas muestra que nuestros sentimientos est谩n marcados por relaciones de poder clasistas, sexistas, transodiantes, cuerdistas, racistas, capacitistas, etc.

Politizar nuestros malestares es una manera de conectar nuestras dolencias con las causas estructurales de la desigualdad an铆mica. Una forma de desobedecer los discursos patologizantes, medicalizantes y normalizadores que recaen sobre nuestras mentes y cuerpos. Una t谩ctica para desprivatizar las vidas, para cuestionar esa mirada punitiva que juzga, interpreta, responsabiliza, victimiza, banaliza y culpabiliza. Esas voces paternalistas que infantilizan y averg眉enzan (conviv铆 con el estigma del 鈥渂orracho鈥, el 鈥渇alopero鈥, el 鈥渁gresivo鈥, el 鈥渇laco enfermo鈥). Necesitamos destruir estas pr谩cticas de violencia y silencio.

La politizaci贸n de nuestra salud mental implica una disputa contra la precarizaci贸n y la colonizaci贸n de nuestros cuerpos. Las crisis subjetivas son experiencias ambiguas, pueden ser una vivencia devastadora o una oportunidad pol铆tica, una premisa para politizar nuestra existencia. 驴Nuestros s铆ntomas pueden ser los signos de no encajar en los imperativos de la vida capitalista? 驴C贸mo rechazar los mandatos de productividad, autoestima o rendimiento? Mi propia experiencia con la anorexia, con esas crisis con las cuales convivo y no siempre s茅 c贸mo habitar, implica algunas ambivalencias: el exceso y el agujero, la ansiedad y la angustia, la inadecuaci贸n y la sobreadaptaci贸n, la extra帽eza de s铆. 驴Qu茅 potencias nos permiten las alianzas entre experiencias extremas y cuerpos al l铆mite?

4.

Leyendo el excelente texto 鈥溌縌u茅 hay de pol铆tico en la depresi贸n (y en nuestra salud mental)?鈥 de Fran Castignani[iii], creo empezar a entender la importancia de escribir y politizar nuestra salud mental en primera persona: 鈥渓a importancia de ensayar y compartir mi primera persona; no porque crea que hay algo especial, novedoso o particularmente interesante en el convivir con la depresi贸n, sino porque tengo la impresi贸n de que no estoy sola con estas emergencias del vivir鈥. Cuando leo esto, me pregunto: 驴c贸mo politizar mi anorexia?, 驴supone un arduo trabajo para el cual nunca tuve las ganas, los espacios o lo que sea para realizarlo? Pienso que no hay f贸rmulas universales, guiones preestablecidos o superioridad moral. El trabajo singular y colectivo implica responsabilidad y prudencia, riesgos y cuidados. Tareas para las cuales mi educaci贸n sentimental no otorga muchas herramientas. No quisiera que esto sea entendido como un testimonio, un oportunismo o una romantizaci贸n. Parafraseando a Castignani, realmente no le deseo una anorexia a nadie. Al socializarla, anhelo que sea un primer paso para forjar una conciencia pol铆tica colectiva.

Cuando leo textos como los de Fran y Florencia, siento que mis amigxs andan por ah铆, que est谩n m谩s o menos organizadxs. Que est谩n hartxs y conspirando. Y me pregunto: 驴c贸mo politizar colectivamente mi diferencia ps铆quica y corporal en el marco de estas luchas, en alianza con los movimientos de la disidencia mental, sexual y corporal?, 驴nuestros cuerpos se dirimen entre la patologizaci贸n de la diversidad y la politizaci贸n colectiva?, 驴entre el deseo y el rechazo de la normalidad?, 驴nuestras ambig眉edades y trayectorias son una premisa para ensayar otras formas colectivas de vivir y de morir?, 驴c贸mo socializar nuestras experiencias, alegr铆as y heridas, con sus ambivalencias, como una estrategia 煤til para tejer redes colectivas?, 驴reconoci茅ndonos en una precariedad emocional desigual y compartida, en virtud de crear relaciones de apoyo, acci贸n y solidaridad?, 驴reapropi谩ndonos de nuestras condiciones de vida, al inventar nuevas alternativas pol铆ticas?

5.

驴Las personas con anorexia podemos organizarnos, salir del aislamiento y romper el estigma patologizante? Al reconocer nuestros privilegios y opresiones, 驴podemos politizar nuestra vida en el marco de los movimientos por la diversidad mental, corporal, funcional, entre otras luchas? Como dice Florencia Lico, no se trata de reclamar 鈥渘uestro derecho a ser anor茅xicas鈥, sino de componer alianzas, dignificar nuestras historias, construyendo acciones y saberes cr铆ticos contra la sujeci贸n de nuestros cuerpos y mentes. Contribuir para 鈥渜ue no haya m谩s personas atravesando procesos de vidas corporales invivibles鈥 (Lico).

Para las personas con anorexia, 驴es el campo de la salud mental un terreno donde hacer una experiencia de politizaci贸n, reconociendo nuestra vivencia ps铆quica y corporal? Desde mi lugar en la C谩tedra Abierta F茅lix Guattari en la Universidad de lxs Trabajadorxs ensayar茅 unas l铆neas sobre activismos y salud mental. No soy un especialista en la materia, no deseo hablar por otrxs. Entiendo que el activismo en salud mental es un movimiento social, cuya construcci贸n evidencia la articulaci贸n entre el protagonismo de las experiencias en primera persona y la participaci贸n de trabajadorxs y profesionales aliadxs. El libro P谩jaros en la cabeza de Javier Erro mapea experiencias actuales de Chile y Espa帽a. Arma una genealog铆a y la actualiza. En diversos territorios y colectivos, se est谩n ensayando otros modos de practicar la relaci贸n entre investigaci贸n, militancia y salud mental, al restituir una historia compleja de luchas antipsiqui谩tricas, neurodiversas y locas, entre otras. La producci贸n de conocimiento cr铆tico se conjuga con la elaboraci贸n de subjetividad disidente y de acci贸n pol铆tica directa.

El 鈥渘uevo activismo en salud mental鈥 apunta a la transformaci贸n radical de la sociedad. En la actualidad, la precarizaci贸n de nuestra vida se halla en el centro de la crisis de la salud mental. La explotaci贸n, el endeudamiento, la exclusi贸n, la desigualdad y la violencia, constituyen determinantes sociales que deterioran nuestra salud. La producci贸n masiva de malestar es una condici贸n inherente a la reproducci贸n del capital. Si la opresi贸n y la precariedad son factores estructurales que agravan los padecimientos, la lucha popular por la salud reclama una pol铆tica anticapitalista, transfeminista, disidente e interseccional.

La salud mental es un campo de batallas, con sus disputas, opresiones y resistencias. Aqu铆 el protagonismo social de las disidencias mentales, sexuales y corporales es muy relevante para conquistar ciudadan铆as desde una lucha interseccional por los derechos humanos. La salud mental adquiere importancia pol铆tica estrat茅gica en un contexto de crisis sanitaria, de los cuidados y de la reproducci贸n social. En este marco, los movimientos y activismos del campo son cruciales. Muchxs estamos implicadxs en un proceso donde lxs docentes y trabajadorxs de la salud, lxs usuarios y expertxs en primera persona, lxs comunicadores y artistas, las militancias y activismos, entre otros, libramos una lucha en diversos 谩mbitos. El combate por nuestros derechos y futuros es aqu铆 y ahora. No hay salud mental desligada de una nueva econom铆a, un nuevo modo de vivir y de morir, una nueva alternativa pol铆tica.

6.

Hay un texto de Deleuze que amo. Un texto en homenaje a su compa帽era Fanny. Suelo volver a ese escrito buscando claves que no logro descifrar. Trata la anorexia como una historia de pol铆ticas menores, como un devenir singular. Dice: 鈥渓a anorexia es una pol铆tica, una micropol铆tica: escapar a las normas del consumo para no ser uno mismo objeto de consumo鈥. Si bien me resulta un tanto esquivo o pretensioso, puedo llegar a pensar lo siguiente: politizar nuestras vidas quiz谩s implica afirmarnos en todos esos conflictos, crisis o s铆ntomas que sentimos como una inadecuaci贸n (隆o una sobreadaptaci贸n!) a los mandatos dominantes. Necesitamos hacer de nuestros malestares una potencia de resistencia.

Los estudios locos, las teor铆as cr铆ticas del capacitismo y el cuerdismo, los activismos por la diversidad corporal, mental y sexo-gen茅rica, configuran un archivo para politizar nuestra existencia. En Argentina, la aplicaci贸n de la Ley Nacional de Salud Mental es una reivindicaci贸n central de los trabajadorxs, usuarixs y militancias del campo. Entre los activismos en primera persona, Orgullo Loco Buenos Aires es una de las experiencias m谩s importantes de los 煤ltimos a帽os. En articulaci贸n con otros colectivos, actualizan una larga historia. Todo esto nos dice que no hay salud mental sin vivienda, tierra y trabajo; sin participaci贸n popular; sin pol铆tica antimanicomial en todos los frentes de una lucha de clases ampliada, una disputa anticuerdista, feminista, disidente, plebeya, anticapitalista y antiracista.

La salud mental desde abajo se construye en los movimientos, en los grupos activistas, en los m谩rgenes y territorios, en los encuentros m谩s inesperados. En tiempos de crisis, fascismos y revueltas, la salud en general y la salud mental en particular requieren ser reivindicaciones transversales de nuestras luchas. Son ejes para cuestionar la mercantilizaci贸n y la precariedad, la desigualdad y el empobrecimiento. Si nuestra salud ha sido expropiada, necesitamos alianzas entre diversos frentes de acci贸n. Las personas con anorexia quiz谩s podamos aportar desde un lugar situado, en el marco de una lucha interseccional por la salud mental donde se elaboren acciones de radicalidad y cuidado, emancipaci贸n y cambio social.

[i] Sobre estos temas, recomiendo las reflexiones cr铆ticas de Lux Moreno en su libro Gorda vanidosa.

[ii] Disponible en: http://revistaanfibia.com/ensayo/se-puede-politizar-la-experiencia-anorexica/?fbclid=IwAR2jKG7lD-_mUG11oZNVkk3KZxvcHYMhXt3Ei6DUaXB5nrki89qfo52uVqY

[iii] Disponible en: https://nuclear.com.ar/2021/06/26/que-hay-de-politico-en-la-depresion-y-en-nuestra-salud-mental/?fbclid=IwAR2ZahI2rKmVUkfyDBx6tM_NtqMubjSU3INWJo1Bv-X6s5F0uFAmULC3x-4




Fuente: Lobosuelto.com