May 7, 2022
De parte de Indymedia Argentina
178 puntos de vista

Con prejuicios liberales no se puede esclarecer el status imperial. La consolidaci贸n del capitalismo es la precondici贸n ya vigente de esa condici贸n. Pero los desequilibrios del modelo econ贸micos y la inserci贸n semiperif茅rica socavan esa posici贸n.

Rusia no integra el circuito dominante del imperialismo contempor谩neo y es hostilizada por Estados Unidos. Desarrolla igualmente una activa intervenci贸n geopol铆tica, con acciones acordes a su gravitaci贸n en el universo b茅lico. La figura de un imperio no hegem贸nico en gestaci贸n ofrece la mejor definici贸n de su estadio actual. El resultado de Ucrania consolidar铆a o desvanecer铆a ese perfil.

Preparativos para la conmemoraci贸n en Mosc煤 del D铆a de la Victoria -la celebraci贸n de la derrota de la URSS sobre los nazis en 1945- que se realizar谩 el pr贸ximo 9 de Mayo.

Por Claudio Katz.

Nadie hubiera preguntado si Rusia actuaba como una potencia imperialista en los a帽os que siguieron al colapso de la Uni贸n Sovi茅tica. En esa 茅poca s贸lo se discut铆a si ese pa铆s mantendr铆a alguna relevancia. La era Yeltsin condujo a la insignificancia internacional de Mosc煤 y todas las evaluaciones sobre el imperialismo estaban referidas a Estados Unidos.

Treinta a帽os despu茅s ese escenario ha mutado en forma dr谩stica, con el resurgimiento de Rusia como gran actor geopol铆tico. Este viraje ha reabierto los debates sobre la pertinencia de la categor铆a imperial para ese pa铆s. El concepto es asociado con la figura de Putin y ejemplificado en la reciente invasi贸n a Ucrania. Esa incursi贸n es vista como una contundente prueba del renovado imperialismo ruso.

Las miradas m谩s corrientes consideran que esa impronta es un dato indiscutible. Destacan que Mosc煤 oprime a sus vecinos con el objetivo de socavar la libertad, la democracia y el progreso. Tambi茅n denuncian que el Kremlin intensifica su agresividad para expandir un modelo pol铆tico autocr谩tico.

Desaciertos convencionales

Los principales gobiernos y medios de comunicaci贸n de Occidente cuestionan las incursiones de Mosc煤 que justifican en el propio campo. El despliegue de tropas en Ucrania, Georgia o Siria es presentado como un acto inadmisible, pero las ocupaciones de Afganist谩n, Irak o Libia son interpretadas como episodios habituales. La anexi贸n de Crimea es categ贸ricamente repudiada, pero la apropiaci贸n de tierras en Palestina es calurosamente bienvenida.

Esa hipocres铆a es combinada con inveros铆miles denuncias para atemorizar a la poblaci贸n. Se describe un gigantesco poder ruso con inconmensurable capacidad de da帽o. La manipulaci贸n moscovita de los comicios estadounidenses a trav茅s de infiltrados y algoritmos ha sido la acusaci贸n m谩s absurda de esa campa帽a.

Todas las conspiraciones diab贸licas son atribuidas a Putin. Los medios suelen mostrarlo como la encarnaci贸n del mal. Es retratado como un d茅spota que reconstruye un imperio con brutales m茅todos de totalitarismo interno (Di Palma, 2019). Nunca se hacen comparaciones con las elogiadas plutocracias de Estados Unidos o Europa, que imponen la convalidaci贸n del dominio ejercido por las elites gobernantes.

Las liberales suelen describir al imperialismo ruso como una enfermedad enraizada en la historia autoritaria del pa铆s. Consideran que esa sociedad arrastra una antigua compulsi贸n al avasallamiento de territorios ajenos (La Vanguardia, 2020).

Con esa mirada repiten lugares comunes, sin avanzar en la evaluaci贸n seria del problema. Si Rusia contiene el gen del imperio en su innata constituci贸n, no tendr铆a mucho sentido profundizar el estudio del tema. Constituir铆a simplemente un caso perdido frente a las consabidas virtudes de Occidente.

Con la misma naturalidad que se resalta la omnipotencia imperial de Rusia se exime a Estados Unidos y a sus socios de esa condici贸n. El imperialismo es visto como un corolario de la autocracia moscovita, que el apego a la tolerancia republicana ha evitado en el universo transatl谩ntico. C贸mo se compatibiliza ese relato con el saqueo colonial padecido por 脕frica, Asia y Am茅rica Latina es un irresoluble misterio.

Las diatribas contra Mosc煤 recrean el viejo libreto de la guerra fr铆a, que contrapon铆a el opresivo totalitarismo ruso con las maravillas de la democracia norteamericana. Los muertos que desparram贸 el Pent谩gono para garantizar los beneficios de ese para铆so son rigurosamente ocultados. El contraste entre la felicidad estadounidense y la l煤gubre supervivencia de Rusia ha persistido como un invariable mito.

La compulsi贸n imperial del Kremlin es tambi茅n observada como un desafortunado recurso del pa铆s, para lidiar con su sombr铆o destino. Las miradas euro-c茅ntricas m谩s extremas observan a los rusos como una etnia de blancos, que no supo asimilar la civilizaci贸n occidental y qued贸 atascada en el atraso de Oriente. El castigo nazi intent贸 resolver esa anomal铆a con el exterminio de una parte de los eslavos, pero la derrota de Hitler sepult贸 durante un largo tiempo las 贸pticas denigratorias. En la actualidad vuelven a renacer los viejos prejuicios.

Para evaluar con alguna seriedad el lugar de Rusia en el club de las potencias imperiales hay que archivar esas tonter铆as. Se necesita clarificar ante todo el status de ese pa铆s en el universo del capitalismo. La vigencia de ese sistema es una condici贸n de pertenencia al enjambre imperial. El desconocimiento de esa conexi贸n impide a los liberales (y a sus vulgarizadores medi谩ticos) aproximarse al entendimiento del problema.

La reintroducci贸n del capitalismo

Desde hace tres d茅cadas prevalecen en Rusia los tres pilares del capitalismo. Se restaur贸 la propiedad privada de los medios de producci贸n, se consolidaron las normas de ganancia, competencia y explotaci贸n y se introdujo un modelo pol铆tico que garantiza los privilegios de la nueva clase dominante.

La adopci贸n de ese sistema fue vertiginosa. En tan s贸lo tres a帽os (1988-1991) qued贸 sepultado el intento de reformas paulatinas de la URSS que promov铆a Gorbachov. Como su modelo de Perestroika rechazaba la renovaci贸n socialista y la participaci贸n popular, facilit贸 una arrolladora restauraci贸n del capitalismo. La vieja 茅lite auto demoli贸 su r茅gimen, para desembarazarse de todas las restricciones que imped铆an su reconversi贸n en clase propietaria.

Yeltsin timone贸 esa fulminante transformaci贸n en 500 d铆as de privatizaciones. Reparti贸 la propiedad p煤blica entre sus allegados y transfiri贸 la mitad de los recursos del pa铆s a siete grupos empresarios. El nuevo sistema no emergi贸 como en Europa Oriental desde afuera y bajo la influencia occidental. Fue gestado desde arriba y al interior del sistema precedente.

La burocracia se transform贸 en oligarqu铆a mediante un simple cambio de vestimenta. Esa misma mutaci贸n de abanderados del comunismo en exaltadores del capitalismo se verific贸 en todos los pa铆ses asociados con el Kremlin.

Es evidente que el estancamiento econ贸mico, el declive de la productividad, la ineficiencia de la planificaci贸n compulsiva, el desabastecimiento y la subproducci贸n determinaron el malestar que precipit贸 el colapso de la URSS. Pero la magnitud de esos desequilibrios ha sido sobredimensionada, olvidando que nunca presentaron la envergadura de los desplomes financieros padecidos por el capitalismo occidental. La econom铆a sovi茅tica no afront贸, por ejemplo, un terremoto equivalente al desmoronamiento sufrido por los bancos en el 2008-09.

El modelo de la URSS fue sepultado en el 谩mbito pol铆tico por una clase dominante que remodel贸 el pa铆s. En esa alteraci贸n radica la gran diferencia con China, que mantuvo intacta su estructura tradicional de gobierno, en un nuevo escenario signado por la protag贸nica presencia de los capitalistas.

Esa diferencia determina la preeminencia de una restauraci贸n ya completada en Rusia y en una disputa a煤n irresuelta en China. El manejo del Estado ha sido la variable decisiva del retorno al capitalismo. Este giro presenta el mismo alcance hist贸rico que tuvo la ca铆da de los reg铆menes mon谩rquicos en el surgimiento de ese sistema.

Yelstin forj贸 una rep煤blica de oligarcas que se apoderaron del petr贸leo, el gas y la exportaci贸n de materias primas. Introdujo el manejo autoritario del poder ejecutivo y generaliz贸 el fraude en los comicios parlamentarios.

Putin contuvo esa din谩mica depredadora mediante una sostenida tensi贸n con la nueva plutocracia. Pero no revirti贸 los privilegios de los millonarios. Para frenar el endeudamiento privado, el d茅ficit externo, el temblor monetario y la desinversi贸n local, introdujo controles y disput贸 el poder de decisi贸n con los enriquecidos.

Ese conflicto fue zanjado con el encarcelamiento de Jodorkovski, el desplazamiento de Medvedev y el acoso a Navalny. Al comp谩s de esos desenlaces, Putin logr贸 prorrogar su mandato e hizo valer su autoridad. Pero convalid贸 las privatizaciones y el manejo elitista de los sectores estrat茅gicos de la econom铆a. Tan s贸lo puso un l铆mite al saqueo de los recursos naturales, para marginar a los acaudalados del control directo del gobierno.

Esta doble acci贸n es frecuentemente incomprendida por los analistas que ubican a Putin en el simple casillero de los mandatarios autoritarios. Omiten la estrat茅gica labor que cumpli贸 en el afianzamiento del capitalismo.

Esa convalidaci贸n ha requerido un sistema pol铆tico superpresidencial, asentado en burocracias y aparatos de seguridad que duplicaron el tama帽o legado por Yelstin. Putin asegura su predominio mediante la manipulaci贸n del sistema electoral y de los candidatos que disputan cargos de relevancia.

Pero esa supremac铆a no implica un modelo unipersonal dependiente de los humores del primer mandatorio. El jefe del Kremlin gestiona en forma consensuada, para preservar la cohesi贸n de las 茅lites. Con ese rol moderador evita la confrontaci贸n entre las 100 familias que controlan la econom铆a. Esa armonizaci贸n exige un arbitraje, que el mandatario ha perfeccionado al cabo de dos d茅cadas de comando gubernamental.

En Rusia se corrobora, por lo tanto, la vigencia del capitalismo como insoslayable precondici贸n de cualquier status imperial. Pero la variedad imperante de ese sistema crea otro tipo de interrogantes.

Un modelo contradictorio e incierto

Desde hace tres d茅cadas los acad茅micos neoliberales desojan la margarita, para desentra帽ar cu谩nto madur贸 la ponderada 鈥渢ransici贸n hacia una econom铆a de mercado鈥. Nunca logran develar ese curioso devenir, en un pa铆s que refut贸 todos los augurios ortodoxos de competencia y bienestar. La prometida prosperidad capitalista no emergi贸 de las cenizas de la URSS. La planificaci贸n burocr谩tico-compulsiva fue reemplazada por un modelo que arrastra mayores desequilibrios (Luzzani, 2021).

La din谩mica habitual de los mercados afronta in茅ditos obst谩culos en una econom铆a de baja productividad, ausencia de transparencia y pr谩cticas empresariales re帽idas con los manuales del liberalismo. El peso de los monopolios es tan dominante como el protagonismo de las mafias, en un esquema ir贸nicamente identificado con el 鈥渃apitalismo jur谩sico鈥.

El curso de la acumulaci贸n est谩 signado por la omnipresencia de los clanes y sus consiguientes modalidades de dependencia personal. Un estrecho c铆rculo de beneficiarios lucra con mecanismos informales de apropiaci贸n, basados en la coerci贸n estatal. Con esos patrones, el capitalismo funciona en la sombra, a favor de una elite que ensancha sus patrimonios con acotada inversi贸n, despegue productivo o expansi贸n del consumo.

Varias adversidades del esquema imperante en la URSS (burocratismo, corrupci贸n, descoordinaci贸n administrativa, ineficiencia) han sido recicladas en un modelo igualmente inoperante. Las relaciones culturales forjadas al cabo de muchas d茅cadas de primac铆a burocr谩tica se han recompuesto, generando una inercia que potencia la desigualdad, sin permitir el desarrollo que enorgullec铆a a la Uni贸n Sovi茅tica. Las viejas adversidades del modelo burocr谩tico han convergido con las novedosas penurias del capitalismo (Buzgalin, 2016).

Desde hace treinta a帽os prevalece un esquema de exportaci贸n de materias primas, con grandes empresas especializadas en la comercializaci贸n del gas (Gazprom), el petr贸leo (Rosneft) y los recursos naturales (Lukoil). El peso del sector privado es un dato tan sobresaliente, como el enriquecimiento de los millonarios vinculados a esas actividades. Por esa dependencia del combustible exportado, Rusia ha quedado sometida al vaiv茅n internacional de los precios del petr贸leo.

Esa preeminencia de las materias primas contrasta con la primac铆a de la industria en el r茅gimen precedente. Rusia preserva un importante desenvolvimiento tecnol贸gico, pero la apertura importadora, la desinversi贸n y la simple desidia afectaron severamente al viejo aparato fabril y obstruyeron su modernizaci贸n. La industria fue penalizada por una elite liberal de exportadores despreocupada por ese sector. La peque帽a producci贸n fabril fue afectada adem谩s por el ingreso de corporaciones multinacionales, en un contexto de baja financiaci贸n interna.

La contracara de esa reducida provisi贸n crediticia fue el desproporcionado endeudamiento externo de la elite que demoli贸 a la URSS. Mediante esa hipoteca precipitaron un descontrol de los flujos financieros. El efecto de ese vaciamiento fue la enorme fuga al exterior del excedente generado en el pa铆s.

La gigantesca masa de dinero que los oligarcas diseminaron en los para铆sos fiscales qued贸 sustra铆da de la acumulaci贸n. Rusia ocupa el primer lugar en el ranking mundial de capitales expatriados, que Argentina integra en el tercer puesto. La degradaci贸n que afecta a esa econom铆a sudamericana, ilustra las dram谩ticas consecuencias de expatriar los grandes patrimonios. En 1998 esa descapitalizaci贸n condujo en Rusia a una descomunal crisis del rublo.

Putin reaccion贸 con dr谩sticos cambios para contener esa vulnerabilidad neoliberal. Obstruy贸 la hemorragia de fondos y construy贸 un enorme petroestado, que retiene el excedente comercial para facilitar el resguardo de las reservas (Tooze, 2022). Con ese dique contrapesa la fragilidad de un modelo afectado por la primarizaci贸n. La consistencia de ese esquema es un gran interrogante para todos los economistas.

Actual semiperiferia

Rusia integra el casillero de las econom铆as igualmente distanciadas del capitalismo central y perif茅rico. Es una semiperiferia ubicada en el eslab贸n intermedio de la divisi贸n global del trabajo. Esa inserci贸n es asemejada por algunos analistas con el lugar mundial de India o Brasil (Clarke; Annis, 2016). En los tres casos pesa la enorme dimensi贸n del territorio, la poblaci贸n y los recursos. Tambi茅n se verifica la misma distancia con las econom铆as m谩s funcionales a la globalizaci贸n (Corea del Sur, Taiw谩n, Malasia).

Rusia no integra el club de las potencias que comandan el capitalismo mundial. Mantiene brechas estructurales con los pa铆ses desarrollados, en todos los indicadores de nivel de vida, promedio del consumo o dimensi贸n de la clase media. Pero es igualmente significativa su lejan铆a con las econom铆as relegadas de 脕frica o Europa Oriental. Se mantiene como una semiperiferia tan distanciada de Alemania y Francia, como de Albania y Camboya.

El gigante euroasi谩tico tampoco act煤a como un simple proveedor de materias primas. Hace valer su enorme influencia en el abastecimiento de gas a dos continentes. Por eso compite con otros suministradores de peso, en la batalla por los precios y las condiciones de prestaci贸n de ese recurso.

Pero ninguna de las empresas rusas de energ铆a tiene la relevancia estrat茅gica de los bancos o las firmas tecnol贸gicas de Estados Unidos, Europa Occidental o Jap贸n. El pa铆s no disputa en las ligas mayores de la competencia globalizada y del capitalismo digital.

El status semiperif茅rico de Rusia en la estratificaci贸n global difiere del impresionante ascenso que logr贸 China, al escalar a un lugar central de esa jerarqu铆a. Mosc煤 no se aproxim贸 a ese podio.

El acoso imperial norteamericano

La conversi贸n de Rusia en una potencia imperial es una posibilidad abierta por el peso del pa铆s en el escenario mundial. Exhibe un capitalismo inestable, pero plenamente restaurado y una inserci贸n internacional intermedia, pero muy gravitante. Su rol geopol铆tico est谩 determinado por el choque con la estructura mundial dominante que encabeza Estados Unidos.

Rusia es el blanco predilecto de la OTAN. El Pent谩gono est谩 empe帽ado en socavar todos los dispositivos defensivos de su gran adversario. Busca la desintegraci贸n de Mosc煤 y estuvo a punto de lograrlo en la era Yeltsin, cuando los bancos norteamericanos llegaron a tantear el control accionario de las empresas rusas (Hudson, 2022). Ese fallido intento fue sucedido por una sistem谩tica presi贸n militar.

El primer paso fue la destrucci贸n de Yugoslavia, con la consiguiente conversi贸n de una vieja provincia serbia en la fantasmal rep煤blica de Kosovo. Ese enclave custodia en la actualidad los corredores energ茅ticos de las multinacionales estadounidenses, en las proximidades de Rusia.

La OTAN transform贸 a los tres pa铆ses B谩lticos en una catapulta de misiles contra Mosc煤, pero no pudo extender ese cerco a Georgia. Fall贸 en la aventura militar que intent贸 su t铆tere de ese momento (Saakashvili).

El Pent谩gono se concentr贸 posteriormente en el cintur贸n fronterizo del Sur, mediante una gran diversidad de operativos localizados en Transcaucasia y Moldavia. Por ese camino termin贸 convirtiendo a Ucrania en la madre de todas las batallas.

El ensa帽amiento yanqui contra Rusia incluye un ingrediente de inercia y otro de memoria hist贸rica por la experiencia de la Uni贸n Sovi茅tica. Demoler al pa铆s que incub贸 la primera revoluci贸n socialista del siglo XX es una meta reaccionaria, que ha sobrevivido a la propia desaparici贸n de la URSS (Piqueras, 2022). A pesar de la categ贸rica preeminencia del capitalismo, Occidente no ha incorporado a Rusia a su esfera corriente de funcionamiento.

Estados Unidos desenvuelve una interminable sucesi贸n de agresiones para impedir la recomposici贸n de su enemigo. Implementa esa escalada a trav茅s de una alianza militar forjada en la posguerra, como si el extinguido campo socialista se mantuviera en pie. La OTAN recrea la guerra fr铆a con los mismos lineamientos del siglo XX y reaviva las viejas tensiones internacionales. De la misma forma que la Santa Alianza continu贸 hostilizando a Francia luego de la derrota de Napole贸n (por la simple memoria de la revoluci贸n), la agresi贸n contempor谩nea contra Rusia incluye resabios de venganza contra la Uni贸n Sovi茅tica.

Complicidades y reacciones

Francia y Alemania participan del acoso de Rusia con una agenda propia que prioriza la negociaci贸n econ贸mica. Mosc煤 ofrece suministros de energ铆a en condiciones muy convenientes para las industrias germanas y Berl铆n intent贸 contrarrestar el disgusto de Washington con esa sociedad.

El punto cr铆tico se ubica en las obras del oleoducto construido bajo las aguas del Mar B谩ltico (Nord Stream 2). Ya se han ensamblado 1230 kil贸metros de tuber铆as que conectan directamente al proveedor ruso con el adquiriente germano. Estados Unidos recurri贸 a todas las maniobras imaginables para sabotear ese proyecto, que rivaliza con sus ventas de gas licuado. Ese conflicto es uno de los principales trasfondos de la guerra de Ucrania.

Washington ha presionado en todos los terrenos y durante la pandemia logr贸 imponer el veto europeo a la vacuna Sputnik. Ahora exige una sumisi贸n total en sanciones contra Mosc煤, que tienden a socavar el proyecto alem谩n de convenios comerciales con Rusia.

Berl铆n intent贸 aprovechar el desmoronamiento de la URSS para extender sus pr贸speros negocios de Europa Oriental. Buscaba usufructuar de la apertura comercial iniciada por Yeltsin y aspiraba a forjar un eje franco-alem谩n, para atenuar el predominio de Washington. El Departamento de Estado escal贸 los choques con Rusia para neutralizar esa estrategia y logr贸 arrastrar a sus socios a la gran cruzada en curso contra Mosc煤 (Poch, 2022).

Estados Unidos impuso un rearme de la OTAN que acrecienta la brecha de gastos militares con Rusia. El presupuesto b茅lico de la primera potencia borde贸 en el 2021 los 811.000 millones de d贸lares, Gran Breta帽a invirti贸 72.000, Alemania 64.000 y Francia 59.000. Esas cifras superan largamente los 66.000 de la Federaci贸n Rusa (Jofre, 2021).

La guerra de Ucrania fue precedida, adem谩s, por una intensificaci贸n de los ejercicios transatl谩nticos conjuntos. En el Defender Europe 21 (mayo y junio del a帽o pasado) participaron 40.000 efectivos y 15.000 unidades de material b茅lico, con simulaciones muy pr贸ximas a las fronteras del Este.

Rusia intent贸 frenar esa avanzada con varias propuestas deso铆das por Occidente. Ese rechazo ha sido una constante de Washington, que defraud贸 una y otra vez a Putin. El l铆der del Kremlin inici贸 su carrera con una gran expectativa de coexistencia con Estados Unidos. Despu茅s de la traum谩tica experiencia de Yeltsin intent贸 alcanzar un status quo, basado en el reconocimiento de Mosc煤 como potencia. Con ese prop贸sito emiti贸 incontables mensajes de conciliaci贸n.

Putin colabor贸 con la presencia yanqui en Afganist谩n, mantuvo t茅rminos cordiales con Israel, cancel贸 la entrega de misiles a Teher谩n y no interfiri贸 el bombardeo a Libia (Anderson, 2015). Esa sinton铆a inicial lleg贸 a incluir una sugerencia de asociaci贸n con la OTAN.

El Departamento de Estado respondi贸 a todas las ofrendas de paz con mayores incursiones y Putin perdi贸 sus ilusiones de convivencia armoniosa. En 2007 comenz贸 una contraofensiva, que afianz贸 con las victorias de Georgia y Siria. Mantuvo igualmente propuestas de armisticio que Washington ni siquiera consider贸 (Sakwa, 2021).

Rusia es hostilizada, con el mismo descaro que el Pent谩gono exhibe frente a todos los pa铆ses que desoyen sus exigencias. Pero Estados Unidos confronta en este caso con un rival que no es Irak o Afganist谩n, ni puede ser maltratado como 脕frica o Am茅rica Latina.

Intervenci贸n externa y armamento

Rusia es un pa铆s capitalista que ha recompuesto su gravitaci贸n internacional, pero no reun铆a hasta la incursi贸n en Ucrania los rasgos generales de un agresor imperial. Ese formato presupondr铆a profundizar un curso geopol铆tico ofensivo que Putin a煤n no desenvuelve, pero ya sugiere.

La implosi贸n de la URSS fue sucedida por tensiones b茅licas en 8 de las 15 ex rep煤blicas sovi茅ticas. En todos los conflictos de sus zonas aleda帽as Mosc煤 despleg贸 su fuerza militar. De la discreta presencia antes de la destrucci贸n de Yugoslavia, pas贸 a una fulminante incursi贸n en Georgia y a la invasi贸n actual a Ucrania.

Rusia intenta frenar el pasaje de sus viejos aliados al campo occidental y pretende evitar la desestabilizaci贸n de sus fronteras. Un ejemplo de esa pol铆tica fue la reciente tregua que impuso a los armenios y azerbaiyanos en Nagorno Karabaj. Aval贸 la recuperaci贸n de territorios que consum贸 el segundo contendiente, para contrarrestar la derrota sufrida en el 2016.

Pero frente al peligro de una conflagraci贸n mayor, Putin forz贸 un armisticio que disgust贸 a sus aliados de Armenia. Mosc煤 exhibi贸 su poder铆o al imponer un arbitraje que pospone la resoluci贸n de los conflictos pendientes (refugiados, autonom铆as locales, corredores de uni贸n de zonas pobladas por ambos grupos).

El equilibrio con todas las elites locales bajo su estricto comando, gu铆a la intervenci贸n del Kremlin en el espacio postsovi茅tico. Rusia ordena sus decisiones siguiendo la doctrina Primakov, que propicia una recuperaci贸n del peso del pa铆s para contrarrestar la hegemon铆a de Estados Unidos (Armanian, 2020).

El gestor de esa concepci贸n gan贸 relevancia como precursor de Putin, promoviendo el proyecto multipolar frente al unilateralismo norteamericano. Propici贸 un tri谩ngulo estrat茅gico con India e China (ampliado a Brasil y Sud谩frica), para crear un polo alternativo a la primac铆a estadounidense.

Putin ha seguido esas pautas para frustrar la dominaci贸n unilateral de Washington, a fin de convertir al Kremlin en un coadministrador de los asuntos internacionales. Esa estrategia es muy activa pero no define un status imperial.

La acci贸n militar es el ingrediente clave de esa condici贸n y el poder铆o b茅lico de Rusia ha ganado visibilidad. Mosc煤 cuenta con 15 bases militares en 9 pa铆ses extranjeros y hace valer su gravitaci贸n como segundo exportador mundial de armas.

Esa influencia b茅lica no compite igualmente con el arsenal del contrincante norteamericano. Estados Unidos tiene 800 bases extranjeras y duplica las exportaciones del armamento ruso. De las 100 principales empresas de este sector 42 corresponden a Washington y s贸lo a 10 a Mosc煤. Adem谩s, el gasto de defensa de los 28 miembros de la OTAN supera en 10 veces a su equivalente ruso (Smith, 2019).

Pero la incidencia de la econom铆a armamentista en Rusia es muy significativa. Es el 煤nico sector exento del retroceso industrial que sucedi贸 a la ca铆da de la URSS. La alta competitividad de esa rama ya constitu铆a una excepci贸n durante el declive de ese r茅gimen y se ha consolidado en las 煤ltimas d茅cadas.

Putin no se limit贸 a preservar el arsenal legado por la Uni贸n Sovi茅tica. Reactiv贸 la industria militar para afianzar la presencia internacional del pa铆s. Esa intervenci贸n obliga a extender las funciones del complejo militar m谩s all谩 de su l贸gica disuasiva. La din谩mica defensiva de esos dispositivos coexiste con su utilizaci贸n para intervenciones externas.

Un imperio no hegem贸nico en gestaci贸n

Rusia no forma parte del imperialismo dominante, ni es socio alterimperial o coimperial de ese entramado. Pero desenvuelve pol铆ticas de dominaci贸n con intensa actividad militar. Es globalmente hostilizada por Estados Unidos, pero adopta conductas opresivas en su propio radio 驴C贸mo podr铆a definirse ese contradictorio perfil? El concepto de imperio no hegem贸nico en gestaci贸n sintetiza esa multiplicidad de rasgos.

El componente no hegem贸nico est谩 determinado por el lugar contrapuesto que mantiene el pa铆s frente a los centros del poder imperial. Al igual que China es objeto de un sistem谩tico acoso por parte de la OTAN y ese hostigamiento ubica a Rusia fuera del principal circuito de dominaci贸n del siglo XXI.

El elemento imperial despunta en forma embrionaria. La restauraci贸n capitalista en una potencia con siglos de pr谩cticas opresivas ya se ha consumado, pero los indicios de pol铆ticas imperiales tan s贸lo asoman como posibilidades. El t茅rmino de imperio en formaci贸n resalta ese status incompleto y a la vez congruente con el regreso del capitalismo.

La definici贸n de un imperio no hegem贸nico en gestaci贸n permite evitar dos unilateralidades. La primera aparece con el mero se帽alamiento de conflictos entre Mosc煤 y Washington. La segunda con la exclusiva atenci贸n a las tendencias opresivas.

El doble status de Rusia -como imperio naciente enfrentado con el dominador estadounidense- es soslayado por los analistas que optan por la mera descripci贸n de la pol铆tica moscovita. Destacan correctamente que Rusia es el pa铆s m谩s grande del planeta, sin cabida posible en asociaciones con Europa o Asia. Cuenta, adem谩s, con un arsenal nuclear tan s贸lo superado por Estados Unidos.

Pero Rusia mantiene un desenvolvimiento econ贸mico muy desequilibrado y con may煤sculas debilidades frente a China. Arrastra una convulsiva restauraci贸n capitalista, que obstruye su encasillamiento en los modelos habituales del imperialismo.

Las comparaciones con Brasil o India no resuelven el status imperial de Rusia, puesto que esa condici贸n es igualmente controvertida en ambos referentes. En el siglo XXI ya no alcanza con distinguir a las potencias centrales dominantes de los pa铆ses perif茅ricos sometidos. Tampoco la simple constataci贸n de semejanzas entre econom铆as semiperif茅ricas de gran porte, esclarece el status geopol铆tico de cada pa铆s. El acoso norteamericano a Rusia no se extiende a India o Brasil y determina un lugar muy distinto de Mosc煤 en el orden global.

La caracterizaci贸n de Rusia como un imperio no hegem贸nico en gestaci贸n contrasta con la imagen de una potencia ya integrada al imperialismo. La inserci贸n semiperif茅rica, el radio acotado de las intervenciones militares de Mosc煤 y la magnitud reducida de las firmas transnacionales rusas ilustran diferencias con un status ya afianzado. Pero Rusia incluye n铆tidas potencialidades imperiales por su condici贸n capitalista y por su rol dominante en los conflictos con los vecinos.

El imperio en gestaci贸n afronta una prueba decisiva en la guerra de Ucrania. Esa incursi贸n introduce un giro cualitativo en la acci贸n de Mosc煤, cuyos resultados incidir谩n en la condici贸n internacional del pa铆s. El conflicto ha consolidado el lugar contrapuesto de la potencia euroasi谩tica frente al imperialismo occidental, pero tambi茅n refuerza la conducta opresiva del Kremlin en su radio fronterizo. Las tendencias imperiales que asomaban como posibilidades han adoptado otro espesor, luego del operativo militar contra Kiev (Katz, 2022).

El escenario de esa contienda sigue abierto. Pero cabr铆a imaginar qu茅 si Rusia sale airosa de esa primera incursi贸n en gran escala, su embrionario perfil actual podr铆a tender a madurar, hasta atravesar la barrera que lo separa de un imperio en regla.

Por el contrario, si Mosc煤 afronta una s煤bita derrota o se empantana en una agobiante guerra de desgaste, las tendencias imperiales podr铆an abortar antes de efectivizarse. Ucrania definir铆a en ese caso, si Rusia consuma o diluye su salto hacia un status imperialista.

Pero en ambas hip贸tesis hay que clarificar m谩s elementos del significado contempor谩neo del imperialismo. Analizaremos ese problema revisando la tesis de Lenin en nuestro pr贸ximo texto.

29-4-2022

Claudio Katz es Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

Referencias

Anderson, Perry (2015). Rusia inconmensurable, New Left Review 94, septiembre- octubre 2015.

Armanian, Nazan铆n (2020). El suicidio armenio y la 鈥淒octrina Primakov鈥 27/11/2020

El suicidio armenio y la 鈥淒octrina Primakov鈥

Buzgalin, A., Kolganov, A., Barashkova, O. (2016). Russia: A new imperialist power? International Critical Thought, 6(4), 64.

Clarke, Renfrey; Annis, Roger (2016). Perpetrator or victim? Russia and contemporary imperialism, February 7, 2016, https://www.academia.edu/28685332

Di Palma, Gustavo (2019). Putin y el nuevo imperialismo, 26-5-2019, rusohttpsus://www.lavoz.com.ar/mundo/putin-y-nuevo-imperialismo-ruso/

Hudson, Michael (2022). Ucrania los Estados Unidos quiere evitar que Europa comercie con China y Rusia, 12/02/2022, https://rebelion.org/con-el-pretexto-de-la-guerra-en-ucrania-los-estados-unidos-quiere-evitar-que-europa-comercie-con-china-y-rusia/

Jofre Leal Pablo (2021). La OTAN contra Rusia 22/12/2021 https://www.telesurtv.net/bloggers/La-OTAN-contra-Rusia-20211213-0004.html

Katz, Claudio (2022), Dos confrontaciones en Ucrania, 1-3-2022, www.lahaine.org/katz

La Vanguardia, (2020). 驴Ha vuelto el Imperio Ruso? https://www.lavanguardia.com15-2-2020.

Luzzani, Telma (2021). Cr贸nicas del fin de una era, Batalla de Ideas, Buenos Aires,

Piqueras, Andr茅s (2020). 驴Occidente contra Rusia (y China), https://redhargentina.wordpress.com/2020/09/22/occidente-contra-rusia-y-china-por-andres-piqueras/

Poch de Feliu, Rafael (2022). La invasi贸n de Ucrania 22/01/2022 https://rebelion.org/la-invasion-de-ucrania/

Sakwa, Richard (2021). Comprender el pensamiento estrat茅gico ruso El mundo visto desde Mosc煤, 13/12/2021 https://rebelion.org/autor/richard-sakwa/

Smith, Stansfield (2019). Is Russia imperialist? Posted Jan 02, 2019 https://mronline.org/2019/01/02/is-russia-imperialist/

Tooze, Adam (2022). El desaf铆o de Putin a la hegemon铆a occidental 29/01/2022, https://www.sinpermiso.info/textos/el-desafio-de-putin-a-la-hegemonia-occidental




Fuente: Argentina.indymedia.org