May 25, 2022
De parte de Indymedia Argentina
171 puntos de vista

Muchas diferencias separan al escenario actual del antecedente zarista. La confluencia de Rusia con las potencias de Occidente ha quedado sustituida por serios choques. Esa confrontaci贸n determina tendencias expansivas de otro tipo. Las comparaciones con la URSS omiten la ausencia de capitalismo bajo ese sistema. Hubo mecanismos de opresi贸n externa, pero no un imperialismo sovi茅tico.

El lugar secundario de Rusia en la jerarqu铆a imperialista no es sin贸nimo de subimperialismo. Tampoco prevalece una relaci贸n ambigua con los dominadores del mundo. El colonialismo interno ha resurgido, pero no define la condici贸n imperial, ni determina el signo de los movimientos nacionales en el espacio pos-sovi茅tico.

El presidente de Rusia, Vlad铆mir Putin colocando una ofrenda floral en la Tumba del Soldado Desconocido, en el marco de la conmemoraci贸n del D铆a de la Victoria en Mosc煤 el pasado 9 de mayo. Foto: Russia Today.

Por Claudio Katz

Frecuentemente se cataloga a Rusia como un imperialismo en reconstituci贸n. Algunas miradas utilizan ese concepto para subrayar el car谩cter incompleto y embrionario de su despunte imperial (Testa, 2020). Pero otras recurren al mismo enunciado, para destacar comportamientos expansivos desde tiempos remotos. Estas visiones postulan analog铆as con el declive zarista, semejanzas con la URSS y primac铆as de la din谩mica colonial interna. Estas interpretaciones plantean intensos debates.

Constrastes y semejanzas con el pasado

Los enfoques que registran continuidades de larga data, observan a Putin como un heredero de las viejas capturas territoriales. Remarcan tres estadios hist贸ricos de una misma secuencia imperial con basamentos feudales, burocr谩ticos o capitalistas, pero invariablemente asentados en la ampliaci贸n fronteriza (Kowalewski, 2014a).

Esos parentescos deben ser precisados con cautela. Es cierto que el pasado de Rusia est谩 signado por cuatro siglos de expansi贸n zarista. Todos los monarcas ampliaron el radio del pa铆s, para incrementar el cobro de impuestos y reforzar la servidumbre en un inmenso territorio. Las regiones conquistadas tributaban a Mosc煤 y quedaban entrelazadas al centro, mediante la instalaci贸n de migrantes rusos.

Esa modalidad colonial interna difer铆a del t铆pico esquema brit谩nico, franc茅s o espa帽ol de captura de regiones exteriores. El n煤mero de zonas apropiadas era gigantesco y conformaba una zona geogr谩fica 煤nica, continua y muy divergente de los imperios mar铆timos de Europa Occidental. Rusia era una potencia terrestre con reducida gravitaci贸n en los mares. Articulaba un modelo que compensaba la fragilidad econ贸mica con la coerci贸n militar, a trav茅s de un monumental imperio de la periferia.

Lenin caracterizaba a esa estructura como un imperialismo militar-feudal, que encarcelaba a incontables pueblos. Resaltaba el car谩cter precapitalista de una configuraci贸n asentada en la explotaci贸n de los siervos. Las analog铆as que pueden establecerse con ese pasado deben tener presente las diferencias cualitativas con ese r茅gimen social.

No existe ninguna continuidad entre las estructuras feudales que gestionaba Iv谩n el terrible o Pedro el Grande y el dispositivo capitalista que comanda Putin. Este se帽alamiento es importante frente a tantas miradas esencialistas, que denuncian la naturaleza imperial intr铆nseca del gigante euroasi谩tico. Con ese prejuicio el establishment occidental construy贸 todas sus leyendas de la guerra fr铆a (Lipatti, 2017).

Las comparaciones que evitan esa simplificaci贸n, permiten notar la distancia que siempre separ贸 a Rusia del capitalismo central. Esa brecha persisti贸 en los ciclos de modernizaci贸n que introdujo el zarismo con refuerzos militares, mayor expoliaci贸n de los campesinos y distintas variantes de servidumbre. La asfixiante tributaci贸n de ese r茅gimen alimentaba un derroche de las elites consumistas, que contrastaba con las normas de competencia y acumulaci贸n imperantes en el capitalismo avanzado (Williams, 2014). Esa fractura se recre贸 posteriormente y tiende a reaparecer con modalidades muy diferentes en la actualidad.

Otra esfera de afinidades se verifica en la inserci贸n internacional del pa铆s como una semiperiferia. Esa ubicaci贸n arrastra una larga historia, en una potencia que no alcanz贸 la cima de los imperios dominantes, pero logr贸 sustraerse de la subordinaci贸n colonial. Un estudioso de esa categor铆a remonta el status intermedio, a la marginaci贸n de Rusia de los imperios que antecedieron a la era moderna (Bizancio, Persia, China). Ese divorci贸 continu贸 durante la conformaci贸n del sistema econ贸mico mundial. Ese entramado se estructur贸 en torno a un eje geogr谩fico del Atl谩ntico, con modalidades de trabajo distanciadas del servilismo imperante en el universo de los zares (Wallerstein; Derluguian, 2014).

Rusia se expandi贸 internamente, dando la espalda a ese entrelazamiento y forj贸 su imperio con el sometimiento interno (y reclutamiento forzoso) de los campesinos. Al mantenerse en esa arena exterior, evit贸 la fragilidad de sus vecinos y la regresi贸n que sufrieron las potencias declinantes (como Espa帽a). Pero no particip贸 en el ascendente proceso que protagonizaron los Pa铆ses Bajos e Inglaterra. Protegi贸 su entorno, actuando fuera de las principales disputas por la dominaci贸n mundial (Wallerstein, 1979: 426-502).

La dinast铆a zarista nunca logr贸 gestar la burocracia eficiente y la agricultura moderna que motoriz贸 la industrializaci贸n en otras econom铆as. Esa obstrucci贸n bloque贸 el salto econ贸mico que lograron Alemania y Estados Unidos (Kagarlitsky, 2017: 11-14). La din谩mica imperial de Rusia siempre mantuvo una sostenida brecha con las econom铆as avanzadas, que despunta nuevamente en el siglo XXI.

Contrastes con 1914-18

Algunos te贸ricos del imperialismo en reconstituci贸n sit煤an las semejanzas con el 煤ltimo zarismo, en la participaci贸n que tuvo Rusia durante la Primera Guerra Mundial (Pr枚bsting, 2012). Remarcan paralelos entre los declinantes actores del pasado (Gran Breta帽a y Francia) y sus exponentes actuales (Estados Unidos) y entre las potencias desafiantes de esa 茅poca (Alemania y Jap贸n) y sus 茅mulos contempor谩neos (Rusia y China) (Proyect, 2019).

Rusia intervino en la gran conflagraci贸n de 1914 como una potencia ya capitalista. La servidumbre hab铆a sido abolida, la gran industria despuntaba en las f谩bricas modernas y el proletariado era muy gravitante. Pero Mosc煤 actu贸 en esa contienda como un rival muy peculiar. No se aline贸 con Estados Unidos, Alemania o Jap贸n entre los imperios emergentes y tampoco se ubic贸 con Inglaterra y Francia entre los dominadores en retroceso.

El zarismo continuaba asentado en la expansi贸n territorial fronteriza y fue empujado al campo de batalla por los compromisos financieros, que manten铆a con uno de los bandos en disputa. Fue tambi茅n a la guerra para preservar su derecho a saquear el entorno pr贸ximo, pero afront贸 una dram谩tica derrota, que acentu贸 el rev茅s previo frente al advenedizo imperio japon茅s.

El zarismo hab铆a logrado una supervivencia que no consiguieron sus hom贸logos del subcontinente indio o del cercano y lejano Oriente. Logr贸 mantener la autonom铆a y la gravitaci贸n de su imperio durante varias centurias, pero no pas贸 la prueba de la guerra moderna. Fue doblegado por Gran Breta帽a y Francia en Crimea, por Jap贸n en Manchuria y por Alemania en las trincheras de Europa.

Muchos analistas occidentales sugieren semejanzas de ese fracaso con la incursi贸n actual en Ucrania. Pero todav铆a no hay datos de esa eventualidad y son prematuras las evaluaciones de la contienda en curso. Adem谩s, los paralelos deber铆an tomar en cuenta la diferencia radical que separa al imperialismo contempor谩neo de su precedente.

En la guerra de 1914-18 una pluralidad de potencias chocaba con fuerzas comparables, en un escenario muy distante de la estratificada supremac铆a actual que ejerce el Pent谩gono. El imperialismo contempor谩neo opera en torno a una estructura encabezada por Estados Unidos y sostenida por los socios alterimperiales y coimperiales de Europa, Asia y Ocean铆a. La OTAN articula ese conglomerado bajo las 贸rdenes de Washington, en los grandes conflictos con los rivales no hegem贸nicos de Mosc煤 y Beijing. Ninguna de estas dos potencias se ubica en el mismo plano que el imperialismo dominante. Las diferencias con el escenario de principio del siglo XX son may煤sculas.

En el 煤ltimo reinado de los zares, Rusia manten铆a una contradictoria relaci贸n de participaci贸n y subordinaci贸n con los protagonistas de las contiendas b茅licas internacionales. Por el contrario, en la actualidad es duramente hostilizada por esas fuerzas. Rusia no cumple el rol de B茅lgica o Espa帽a como socio menor de la OTAN. Comparte con China el sitial opuesto de blanco principal del Pent谩gono. Al cabo de un siglo se verifica una dr谩stica modificaci贸n del contexto geopol铆tico.

Tampoco reaparece en la actualidad la vieja competencia de 1914 por la apropiaci贸n del bot铆n colonial. Mosc煤 y Washington no compiten junto a Par铆s, Londres, Berl铆n o Tokio por el dominio de los pa铆ses dependientes. Esa diferencia es omitida por las miradas (Rocca, 2020), que postulan la equivalencia de Rusia con sus pares de Occidente, en la rivalidad por los recursos de la periferia.

Ese desacierto se extiende a la presentaci贸n de la guerra de Ucrania como un choque econ贸mico por el usufructo de los recursos del pa铆s. Se afirma que dos potencias del mismo signo (Vernyk, 2022) aspiran a repartirse un territorio con grandes reservas de mineral de hierro, gas y trigo. Esa rivalidad enfrentar铆a a Estados Unidos y Rusia, en un choque semejante a los viejos enfrentamientos interimperialistas.

Ese enfoque olvida que el conflicto de Ucrania no tuvo ese origen econ贸mico. Fue provocado por Estados Unidos, que se autoasign贸 el derecho a cercar a Rusia con misiles, mientras gestionaba el ingreso de Kiev a la OTAN. Mosc煤 busc贸 neutralizar ese acoso y Washington desconoci贸 los reclamos de legitima seguridad que plante贸 su contrincante.

Las asimetr铆as entre ambos bandos saltan a la vista. La OTAN avanz贸 contra Rusia, a pesar de la fulminante extinci贸n del viejo Pacto de Varsovia. Ucrania fue aproximada a la Alianza Atl谩ntica, sin que ning煤n pa铆s de Europa Occidental negociara asociaciones de ese tipo con Rusia.

El Kremlin tampoco imagin贸 montar en Canad谩 o M茅xico alg煤n sistema de bombas sincronizadas contra las ciudades estadounidenses. No contrapes贸 la madeja de bases militares que su adversario ha instalado en todas las fronteras euroasi谩ticas de Rusia. Esta asimetr铆a ha sido tan naturalizada, que se olvida qui茅n es el principal responsable de las incursiones imperiales.

Ya hemos expuesto adem谩s las contundentes evidencias que ilustran, c贸mo Rusia incumple el patr贸n econ贸mico imperial en sus relaciones con la periferia. No tiene sentido ubicarla en un mismo plano de rivalidad con la primera potencia del planeta. Una semiperiferia aut谩rquica y con reducida integraci贸n a la globalizaci贸n, no disputa mercados con las gigantescas empresas del capitalismo occidental.

Las lecturas en clave econ贸mica de la actual intervenci贸n rusa en Ucrania diluyen lo central. Esa incursi贸n tiene prop贸sitos defensivos frente a la OTAN, objetivos geopol铆ticos de control del espacio pos-sovi茅tico y motivaciones pol铆ticas internas de Putin. El jefe de Kremlin pretende desviar la atenci贸n de los crecientes problemas socio-econ贸micos, contrarrestar su declive electoral y asegurar la prolongaci贸n de su mandato (Kagarlitsky, 2022). Esas metas son tan distantes de 1914-18 como del escenario imperial contempor谩neo.

Diferencias con el subimperialismo

Las semejanzas con el 煤ltimo imperio de los zares son a veces conceptualizadas con la noci贸n de subimperialismo. Ese t茅rmino es utilizado para describir la variante d茅bil o menor de la condici贸n imperial, que el gobierno ruso compartir铆a actualmente con sus antecesores de principio del siglo XX. Se estima que Mosc煤 re煤ne los rasgos de una gran potencia, pero act煤a en la liga inferior de los dominadores (Presumey, 2015).

Con la misma noci贸n se resaltan semejanzas con imperialismos secundarios del pasado como Jap贸n y se extiende esa similitud al liderazgo de Putin con Tojo (ministro del emperador nip贸n) (Proyect, 2014). Rusia es ubicada en el mismo casillero de los imperios secundarios, que en el pasado emparentaban al zarismo con los mandantes otomanos o con la realeza austro-h煤ngara.

Ciertamente el pa铆s acumula una historia imperial densa y prolongada. Pero ese elemento heredado s贸lo tiene significaci贸n actual, cuando las viejas tendencias reaparecen en los nuevos contextos. El agregado 鈥渟ub鈥 no esclarece ese escenario.

El imperialismo contempor谩neo perdi贸 afinidades con su antecesor del siglo diecinueve y esas diferencias se verifican en todos los casos. Turqu铆a no reconstruye el entramado otomano, Austria no guarda resabios de los Habsburgo y Mosc煤 no resucita la pol铆tica de los Romanov. Los tres pa铆ses se ubican, adem谩s, en lugares muy distintos en el orden global contempor谩neo.

En todas las acepciones mencionadas, el subimperio es visto como una variante inferior del imperialismo dominante. Puede abandonar o servir a esa fuerza principal, pero es definido por su rol subordinado. Pero esa mirada desconoce que Rusia no participa en la actualidad del dispositivo imperial dominante que comanda Estados Unidos. Se destaca que act煤a como una potencia relegada, menor o complementaria, pero sin especificar en qu茅 谩mbito desenvuelve esa acci贸n.

Esa omisi贸n impide notar las diferencias con el pasado. Mosc煤 no participa como un imperio secundario dentro de la OTAN, sino que choca con el organismo que encarna al imperialismo del siglo XXI.

Rusia es tambi茅n situada como un subimperio por los autores (Ishchenko; Yurchenko, 2019) que remiten ese concepto a su formulaci贸n inicial. Esa acepci贸n fue desarrollada por los te贸ricos marxistas latinoamericanos de la dependencia. Pero en esa tradici贸n, el subimperialismo no es una modalidad menor de un prototipo mayor.

Marini utiliz贸 el concepto en los a帽os 60 para ilustrar el status de Brasil y no para clarificar el rol de Espa帽a, Holanda o B茅lgica. Buscaba remarcar la contradictoria relaci贸n de asociaci贸n y subordinaci贸n del primer pa铆s con el dominador estadounidense.

El pensador brasile帽o destacaba que la dictadura de Brasilia estaba alineada con la estrategia del Pent谩gono, pero actuaba con una gran autonom铆a regional y conceb铆a aventuras sin la ven铆a de Washington. Una pol铆tica semejante desenvuelve en la actualidad Erdogan en Turqu铆a (Katz, 2021).

Esta aplicaci贸n dependentista del subimperialismo no tiene validez actual para Rusia, que es permanentemente hostilizada por Estados Unidos. Mosc煤 no comparte las ambig眉edades de la relaci贸n que hace varias d茅cadas manten铆an Brasilia o Pretoria con Washington. Tampoco exhibe las medias tintas de esa conexi贸n actual con Ankara. Rusia es estrat茅gicamente acosada por el Pent谩gono y esta ausencia de elementos de asociaci贸n con Estados Unidos, la excluyen del pelot贸n subimperial.

No hubo imperialismo sovi茅tico

Otra comparaci贸n con el siglo XX presenta a Putin como un reconstructor del imperialismo sovi茅tico. Ese t茅rmino propio de la guerra fr铆a es m谩s sugerido que utilizado en los an谩lisis afines al marxismo. En estos casos se da por sentada la opresi贸n externa ejercida por la URSS. Algunos autores resaltan que ese sistema participaba del reparto del mundo, mediante incursiones externas y anexiones de territorios (Batou, 2015).

Pero esa mirada eval煤a mal una trayectoria surgida de la revoluci贸n socialista, que introdujo un principio de erradicaci贸n del capitalismo, rechazo de la guerra interimperialista y expropiaci贸n de los grandes propietarios. Esa din谩mica anticapitalista qued贸 dr谩sticamente afectada por la larga noche del stalinismo, que introdujo formas despiadadas de represi贸n y descabezamiento del liderazgo bolchevique. Ese r茅gimen consolid贸 el poder de una burocracia, que gestion贸 con mecanismos opuestos a los ideales del socialismo.

El stalinismo consum贸 un gran Termidor en un pa铆s devastado por la guerra, con el proletariado diezmado, las f谩bricas demolidas y el agro estancado. En ese escenario qued贸 frenado el avance hacia una sociedad igualitaria. Pero ese retroceso no desemboc贸 en la restauraci贸n del capitalismo. En la URSS no irrumpi贸 una clase propietaria asentada en la acumulaci贸n de plusval铆a y sujeta a las reglas de la competitividad mercantil. Prevaleci贸 un modelo de planificaci贸n compulsiva, con normas de gesti贸n del excedente y del plustrabajo amoldadas a los privilegios de la burocracia (Katz, 2004: 59-67).

Esa inexistencia de cimientos capitalistas impidi贸 el surgimiento de un imperialismo sovi茅tico comparable a sus pares de Occidente. La nueva 茅lite opresiva nunca cont贸 con los soportes que brinda el capitalismo a las clases dominantes. Debi贸 gestionar una formaci贸n social h铆brida que industrializ贸 el pa铆s, uniform贸 su cultura y mantuvo durante d茅cadas una gran tensi贸n con el imperialismo colectivo de Occidente.

La err贸nea tesis del imperialismo sovi茅tico est谩 emparentada con la caracterizaci贸n de la URSS como un r茅gimen de capitalismo de estado (Weiniger, 2015), en conflicto con Estados Unidos por el despojo de la periferia. Esa equiparaci贸n registra las desigualdades sociales y la opresi贸n pol铆tica vigentes en la URSS, pero omite la ausencia de propiedad de las empresas y del consiguiente derecho a explotar el trabajo asalariado, con las normas t铆picas de la acumulaci贸n.

El desconocimiento de estos fundamentos alimenta las err贸neas comparaciones de la era Putin con Stalin, Brezhnev o Kruschev. No registran la prolongada interrupci贸n que tuvo el capitalismo en Rusia. M谩s bien suponen que en la URSS persisti贸 alguna variedad de ese sistema y por eso destacan la presencia de una secuencia imperial ininterrumpida.

Olvidan que la pol铆tica externa de la URSS no reprodujo las conductas usuales de esa dominaci贸n. Luego de abandonar los principios del internacionalismo, el Kremlin evit贸 el expansionismo y s贸lo bregaba por alcanzar alg煤n status quo con Estados Unidos.

Esa diplomacia expresaba una t贸nica opresiva pero no imperialista. La capa dominante de la URSS ejerc铆a una n铆tida supremac铆a sobre sus socios, a trav茅s de dispositivos militares (Pacto de Varsovia) y econ贸micos (COMECON). Negociaba con Washington normas de coexistencia y exig铆a la subordinaci贸n de todos los integrantes del denominado bloque socialista.

Ese padrinazgo forzoso determin贸 impactantes rupturas con los gobiernos que resistieron el sometimiento (Yugoslavia con Tito y China con Mao). En ninguno de estos dos casos, el Kremlin logr贸 alterar el rumbo aut贸nomo de los reg铆menes que ensayaban caminos diferenciados del hermano mayor.

Una respuesta m谩s brutal adopt贸 Mosc煤 frente a la rebeli贸n intentada en Checoslovaquia, para poner en pr谩ctica un modelo de renovaci贸n socialista. En ese caso, Rusia envi贸 tanques y gendarmes para aplastar la protesta.

Lo ocurrido con Yugoslavia, China y Checoslovaquia confirma que la burocracia moscovita hac铆a valer sus exigencias de potencia. Pero esa acci贸n no se inscrib铆a en las reglas del imperialismo, que reci茅n afloran al cabo de treinta a帽os de vigencia del capitalismo. En Rusia comienza a despuntar un imperio no hegem贸nico, que no contin煤a el fantasmal imperio sovi茅tico.

Las evaluaciones del colonialismo interno

Algunos autores subrayan la incidencia del colonialismo interno en la din谩mica imperial de Rusia (Kowalewski, 2014b). Recuerdan que el colapso de la URSS condujo a la separaci贸n de 14 rep煤blicas, junto al mantenimiento de otros 21 conglomerados no rusos en la 贸rbita de Mosc煤.

Esas minor铆as ocupan el 30% del territorio y albergan a una quinta parte de la poblaci贸n, en condiciones econ贸mico-sociales adversas. Esas desventajas se verifican en la explotaci贸n de los recursos naturales que el Kremlin administra a su favor. La administraci贸n central captura, por ejemplo, gran parte de los ingresos petroleros de Siberia Occidental y del Lejano Oriente.

Las nuevas entidades supranacionales de las 煤ltimas d茅cadas convalidaron esa desigualdad entre regiones. Por esta raz贸n han sido tan conflictivas las relaciones de la Comunidad Econ贸mica de Eurasia (2000) y la Uni贸n Aduanera (2007), con los socios de Bielorrusia, Kazajst谩n, Armenia, Georgia, Kirguist谩n y Tayikist谩n.

Esas asimetr铆as presentan, a su vez, una doble cara de presencia colonizadora rusa en las zonas aleda帽as y emigraci贸n de la periferia hacia los centros, para nutrir la mano de obra barata demandada en las grandes urbes. Esta din谩mica opresiva es otro efecto de la restauraci贸n capitalista.

Pero algunos autores relativizan ese proceso, recordando que la herencia de la URSS no es sin贸nimo de mero dominio de la mayor铆a rusa. Destacan que el idioma prevaleciente oper贸 como una lengua franca, que no obstruy贸 el florecimiento de otras culturas. Consideran que ese diversificado localismo permiti贸 la gestaci贸n de un cuerpo aut贸nomo de administradores, que en las 煤ltimas d茅cadas se divorci贸 con gran facilidad de Mosc煤 (Anderson, 2015).

La colonizaci贸n interna ha coexistido, adem谩s, con una composici贸n multi茅tnica que limit贸 la identidad nacional rusa. Ese pa铆s emergi贸 m谩s como un imperio integrado por varios pueblos que como una naci贸n definida por la ciudadan铆a com煤n.

Es cierto que durante el stalinismo hubo n铆tidos privilegios a favor de los rusos. La mitad de la poblaci贸n sufri贸 las devastadoras consecuencias de la colectivizaci贸n forzosa y los traslados compulsivos. Se consum贸 una brutal remodelaci贸n territorial, con castigos masivos a los ucranianos, t谩rtaros, chechenos o alemanes del Volga, que fueron desplazados hacia zonas alejadas de su terru帽o.

Los rusos ocuparon nuevamente los mejores lugares de la administraci贸n y los mitos de ese nacionalismo fueron transformados en un ideal patri贸tico de la URSS. Pero esas ventajas fueron tambi茅n neutralizadas por las mixturas de los emigrados y la asimilaci贸n de los desplazados, que acompa帽贸 al in茅dito crecimiento de posguerra.

Esa absorci贸n no borr贸 las atrocidades previas, pero modific贸 sus consecuencias. En la prosperidad que prim贸 hasta los a帽os 80, la convivencia de naciones atenu贸 la supremac铆a gran rusa. En la URSS no se verific贸 el colonialismo tard铆o que imper贸 en Sud谩frica y persiste en Palestina. Los privilegios de los rusos 茅tnicos no implicaron racismo o apartheid.

Pero cualquiera sea la evaluaci贸n del colonialismo interno, corresponde puntualizar que esa dimensi贸n no es determinante del eventual papel de Rusia como una potencia imperialista. Ese status es determinado por la acci贸n externa de un estado. Las din谩micas opresivas internas s贸lo complementan un rol definido en el concierto global.

El sometimiento de minor铆as nacionales est谩 presente en incontables pa铆ses de porte mediano, que nadie situar铆a en el selecto club de los imperios. En Medio Oriente, Europa Oriental, 脕frica y Asia hay numerosos ejemplos de padecimientos sufridos por las minor铆as marginadas del poder. El maltrato de los kurdos no convierte, por ejemplo, a Siria o Irak en pa铆ses imperialistas. Esa condici贸n se define en el 谩mbito de la pol铆tica exterior.

Complejidad de las tensiones nacionales

Los enfoques que resaltan la gravitaci贸n opresiva de la rusificaci贸n, ponderan tambi茅n la resistencia a esa dominaci贸n. Por un lado, denuncian la exportaci贸n programada del principal grupo 茅tnico para asegurar los privilegios que gestiona el Kremlin. Por otra parte, remarcan la progresividad de los movimientos nacionales que confrontan con la tiran铆a de Mosc煤 (Kowalewski, 2014c)

Pero en esos conflictos no se verifica s贸lo la pretensi贸n rusa de preservar supremac铆a en 谩reas de influencia. Tambi茅n se juega el prop贸sito norteamericano de socavar la integridad territorial de su rival y el inter茅s de las elites locales, que pugnan por una tajada de los recursos en disputa (Stern, 2016).

La mayor铆a de las rep煤blicas escindidas de la tutela moscovita ha seguido secuencias semejantes de oficializaci贸n del lenguaje local en desmedro de los ruso-parlantes. Ese renacimiento idiom谩tico apuntala la construcci贸n pr谩ctica y simb贸lica de las nuevas naciones, en el 谩mbito militar, escolar y ciudadano.

Occidente suele propiciar las fracturas que Mosc煤 intenta contrarrestar. Esa tensi贸n profundiza el choque entre minor铆as, que frecuentemente cohabitan en localidades muy pr贸ximas. En muy pocas ocasiones la poblaci贸n es consultada sobre su propio destino. El fanatizado nacionalismo que auspician las elites locales obstruye esa respuesta democr谩tica.

Estados Unidos incentiva todas las tensiones. Primero apuntal贸 la desintegraci贸n Yugoslavia y erigi贸 una gran base militar en Kosovo para monitorear el radio aleda帽o. Luego alent贸 la independencia de Letonia, una corta guerra de Moldavia para incentivar la secesi贸n y una fracasada embestida de su presidente georgiano contra Mosc煤 (Hutin, 2021).

Los grupos dominantes nativos (que propician la creaci贸n de nuevos estados) suelen revitalizar viejas tradiciones o construyen esas identidades desde cero. En los cinco pa铆ses de Asia Central, el yihadismo ha jugado un importante papel en esas estrategias.

El caso reciente de Kazajist谩n es muy ilustrativo de los conflictos actuales. Una oligarqu铆a de ex jerarcas de la URSS se apropi贸 all铆 de los recursos energ茅ticos, para compartir lucros con las petroleras de Occidente. Instrument贸 un desenfrenado neoliberalismo, suprimi贸 derechos laborales y forj贸 un nuevo estado repatriando a los kazajos 茅tnicos. De esa forma potenci贸 el idioma local y la religi贸n isl谩mica, para aislar a la minor铆a ruso-parlante. Hab铆a logrado consumar ese operativo hasta la reciente crisis, que desemboc贸 en el env铆o de tropas y la consiguiente restauraci贸n del padrinazgo de Mosc煤 (Karpatsky, 2022).

Nagorno Karabaj ofrece otro ejemplo de la misma exacerbaci贸n del nacionalismo para afianzar el poder de las elites. En un enclave de pobladores armenios que convivieron durante siglos con sus vecinos del territorio azer铆, dos grupos dominantes han disputado la pertenencia del mismo territorio. Los armenios obtuvieron victorias militares (en 1991 y 1994), que fueron recientemente revertidas por los triunfos azer铆es. Para asegurar su custodia de la zona (y disuadir la creciente presencia de Estados Unidos, Francia y Turqu铆a), Rusia auspicia salidas concertadas del conflicto (Jofr茅 Leal, 2020).

Atribuir la enorme diversidad de tensiones nacionales a la mera acci贸n dominante de Rusia es tan unilateral, como asignar un perfil invariablemente progresista a los protagonistas de esos choques. En muchos casos hay leg铆timos reclamos, instrumentados en forma regresiva por las elites locales en sinton铆a con el Pent谩gono. La simplificada impugnaci贸n del imperialismo ruso impide registrar esas circunstancias y complejidades.

Un status irresuelto

Muchos te贸ricos del imperio en reconstituci贸n, pierden de vista que Rusia carece actualmente del nivel cohesi贸n pol铆tica requerido para esa remodelaci贸n. El desplome de la URSS no gener贸 un programa unificado de la nueva oligarqu铆a o de la burocracia que maneja el estado. El trauma suscitado por esa implosi贸n dej贸 una gran secuencia de disputas.

El proyecto imperialista es efectivamente promovido por sectores derechistas, que motorizan aventuras externas para lucrar con el redituable negocio b茅lico. Esa fracci贸n reaviva las viejas creencias del nacionalismo gran ruso y sustituye el tradicional antisemitismo por campa帽as islam贸fobas. Confluye con la derecha europea en la oleada marr贸n, emite demag贸gicas diatribas contra Bruselas y Washington y focaliza sus dardos contra los inmigrantes.

Pero ese segmento imbuido de a帽oranzas imperiales confronta con la internacionalizada elite liberal, que propicia una fan谩tica integraci贸n a Occidente. Ese grupo propaga los valores anglo-americanos y aspira a lograr un lugar para el pa铆s en la alianza transatl谩ntica.

Los millonarios que integran este 煤ltimo bando resguardan su dinero en los para铆sos fiscales, administran sus cuentas desde Londres, educan a sus hijos en Harvard y acumulan propiedades en Suiza. La experiencia padecida con Yeltsin ilustra cu谩n demoledoras son las consecuencias de cualquier gesti贸n estatal de esos personajes, que se averg眉enzan de su propia condici贸n nacional (Kagarlitsky, 2015).

Navalny es el principal exponente de esa minor铆a endiosada por medios de comunicaci贸n norteamericanos. Desaf铆a a Putin con el descarado sost茅n del Departamento de Estado, pero afronta las mismas adversidades de sus antecesores. El respaldo externo de Biden y el sost茅n interno de un sector de la nueva clase media, no borra el recuerdo de la demolici贸n perpetrada por Yeltsin.

La disputa de ese sector liberal encandilado con Occidente, con sus rivales nacionalistas se desenvuelve en un amplio campo de la econom铆a, la cultura y la historia. Las grandes figuras del pasado han resurgido como estandartes de ambos grupos. Iv谩n el Terrible, Pedro el Grande y Alejandro II son evaluados por su aporte a la convergencia de Rusia con la civilizaci贸n europea o por su contribuci贸n al esp铆ritu nacional. La 茅lite liberal que desprecia a su pa铆s choca con la contra-茅lite que a帽ora el zarismo. Ambas corrientes afrontan serios l铆mites para consolidar su estrategia.

Los liberales quedaron desacreditados por el caos que introdujo Yeltsin. Putin asienta su prolongada gesti贸n en el contraste con esa demolici贸n. Su liderazgo incluye cierta recomposici贸n de tradiciones nacionalistas amalgamadas con el resurgimiento de la Iglesia ortodoxa. Esa instituci贸n recuper贸 propiedades y opulencia con el auxilio oficial a las ceremonias y el culto.

Ninguno de esos pilares aportaba hasta ahora el sustento requerido para apuntalar acciones externas m谩s agresivas. La invasi贸n de Ucrania es el gran test de esos cimientos. Contra esas aventuras conspira la conformaci贸n multi茅tnica del pa铆s y la ausencia de un Estado-naci贸n convencional.

El propio Putin suele declamar su admiraci贸n por la vieja 鈥済randeza de Rusia鈥, pero hasta la incursi贸n a Kiev manejaba con cautela la pol铆tica exterior, combinando actos de fuerza con sostenidas negociaciones. Busc贸 el reconocimiento del pa铆s como un jugador internacional, sin avalar la reconstrucci贸n imperial propiciada por los nacionalistas. La continuidad de ese equilibrio se juega en la batalla de Ucrania.

Las miradas que dan por consumada la reconstituci贸n de un imperio ruso prestan poca atenci贸n a los fr谩giles pilares de esa estructura de dominaci贸n. Pierden de vista que Putin no hereda seis siglos de feudalismo, sino tres d茅cadas de convulsivo capitalismo.

La acotada escala de un curso potencial dominante de Rusia es registrada con mayor acierto, por los autores que exploran distintas denominaciones (imperialismo en desarrollo, imperialismo perif茅rico), para aludir a un status embrionario.

La b煤squeda de un concepto singular diferenciado del imperialismo dominante es el prop贸sito de nuestra indagaci贸n. La categor铆a de imperio no hegem贸nico en formaci贸n propone una aproximaci贸n a esa definici贸n. Pero la clarificaci贸n del tema exige continuar con la revisi贸n de otros enfoques, que evaluaremos en nuestro pr贸ximo texto.

30-4-2022

Referencias

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Fuente: Argentina.indymedia.org