September 21, 2021
De parte de Lobo Suelto
125 puntos de vista


El siguiente texto es el prefacio de la traducci贸n francesa del libro de Yuk Hui, La cuesti贸n de la t茅cnica en China. Ensayo de cosmot茅cnica (2016), publicado por la editorial Divergences en 2021. Para esta traducci贸n, retomamos la versi贸n publicada en el sitio web de communaux.cc el 16 de junio de 2021. Adem谩s de ser el autor de una Philosophie sociale d茅di茅e au peuple fran莽ais (1793), Junius Frey es un nombre que apareci贸 como integrante del comit茅 de redacci贸n del primer n煤mero de la revista francesa Tiqqun (1999).

Por lo dem谩s, no me interesan los fil贸sofos, s贸lo busco sabios.

Alexandre Koj猫ve, mayo de 1968

El contexto

Empecemos por situar el escenario. El escenario hist贸rico, por no decir historial. China, pues, ha despertado. Y como era de esperar, el mundo se tambalea. La unidad de previsi贸n del Deutsche Bank, que asesora a sus traders de clientes, prev茅 una 芦guerra fr铆a entre Estados Unidos y China禄 en las pr贸ximas d茅cadas, al final de la cual 芦surgir谩n dos bloques semicongelados禄 separados por un 芦Tech Wall禄 (The Age of Disorder, septiembre de 2020). El mundo se dividir铆a de la siguiente manera: por un lado, el marco heredado de la globalizaci贸n, bajo la hegemon铆a estadounidense en todos los sentidos, ya sea monetario, militar, tecnol贸gico o cultural, y por otro, las 芦nuevas rutas de la seda禄 鈥攍a 芦belt and road initiative禄鈥, que van desde la puesta a punto definitiva de Sinkiang hasta la absorci贸n del Pireo o de los buques insignia de la tecnolog铆a alemana, desde la diplomacia enmascarada en Argelia hasta el establecimiento de una base militar china en Yibuti, desde el apoyo a los reg铆menes amenazados por la calle (Siria, Tailandia o Birmania) hasta una pol铆tica de influencia omnilateral que no reh煤ye de Sudam茅rica, 脕frica u Oriente Medio. Entre ambos, estrategias de contenci贸n y provocaci贸n, de desmovilizaci贸n y presi贸n de todo tipo, mil microbatallas aparentemente invisibles y una fijaci贸n gradual de lealtades pa铆s por pa铆s, partido por partido, empresa por empresa. Deng Xiaoping recomend贸 芦ocultar la propia brillantez y esperar el momento禄. Est谩 claro que ha llegado el momento; ya ha pasado por mucho. El grado de explicitaci贸n intelectual de la propuesta geopol铆tica china es prueba suficiente de ello. Jiang Shigong, int茅rprete oficial del 芦pensamiento Xi Jinping禄, comentarista y ap贸stol de la obra de Carl Schmitt en China, y te贸rico de la anexi贸n de Hong Kong, no se contenta con plantear que 芦el orden mundial siempre ha funcionado seg煤n una l贸gica de imperio禄, a pesar del par茅ntesis del orden westfaliano o de interpretar la Historia como una historia de la lucha entre imperios mar铆timos y continentales. Sobre todo, se帽ala que el modelo del actual 芦imperio mundial 1.0禄 鈥斅u茅 cruel es el nombre!鈥 formado por la civilizaci贸n cristiana occidental y realizado por los Estados Unidos se enfrenta a tres problemas insolubles: 芦el crecimiento interminable de las desigualdades causadas por la econom铆a liberal; el fracaso de los Estados, el declive pol铆tico y la ineficacia del gobierno causados por el liberalismo pol铆tico; y la decadencia y el nihilismo creados por el liberalismo cultural禄. Concluye su Imperio y orden mundial (2019): 芦Vivimos en una 茅poca de caos, conflicto y cambio masivo en la que el imperio mundial 1.0 est谩 en declive y se dirige al colapso, mientras que todav铆a no hemos sido capaces de imaginar el imperio mundial 2.0 [鈥. La civilizaci贸n que ser谩 capaz de proporcionar soluciones reales a los tres principales problemas a los que se enfrenta el imperio mundial 1.0 tambi茅n proporcionar谩 la agenda para el imperio mundial 2.0. Como gran potencia que debe mirar m谩s all谩 de sus fronteras, China debe pensar en su propio futuro, ya que la importancia de su misi贸n no consiste 煤nicamente en revivir su cultura tradicional. China tambi茅n debe absorber pacientemente las capacidades y los logros de toda la humanidad, y en particular los empleados por la civilizaci贸n occidental para construir el imperio mundial. S贸lo sobre esta base podemos concebir la reconstrucci贸n de la civilizaci贸n china y la reconstrucci贸n del orden mundial como un todo que se refuerce mutuamente禄. Esto tiene el m茅rito de ser dicho sin demasiados rodeos.

Por supuesto, cualquiera que haya investigado un poco con camaradas chinos sobre la realidad de la China contempor谩nea sabe que la escenificaci贸n de un Estado piramidal perfectamente unificado en torno a un Partido que extiende sus tent谩culos desde la c茅lula de barrio hasta su 贸rgano consultivo supremo, en el que un control absoluto de las comunicaciones y un sistema tecnol贸gico de vigilancia generalizada combinados con una represi贸n despiadada habr铆an acabado por abolir incluso la idea de disidencia, no es m谩s que un art铆culo de propaganda. El 茅xito de este clich茅 radica 煤nicamente en el hecho de que alinea convenientemente al Estado chino con sus detractores 芦liberales禄, ambos interesados en exagerar su grado de perfecci贸n, ya sea para disuadir la rebeli贸n entre sus ciudadanos o para crear una desconfianza horrorizada hacia ella. La realidad del poder chino es mucho m谩s fragmentada, mucho m谩s improvisada, mucho m谩s defectuosa que eso. La relaci贸n entre verticalidad burocr谩tica y horizontalidad 芦social禄, entre centralidad y localidad, es mucho m谩s opaca, informal y arcaica de lo que parece. La tecnolog铆a disfunciona como en todas partes, y los habitantes del pa铆s, aunque est茅n atrapados en un proceso de modernizaci贸n tan estimulante como absurdo, tan poderoso como an贸malo, aunque est茅n comprometidos en una movilizaci贸n total que dispone de los medios para alcanzar sus ambiciones, no se dejan enga帽ar m谩s que el primer europeo reci茅n llegado por las maniobras del poder, la devastaci贸n medioambiental y la rapacidad capitalista. Nada es m谩s precario que el 芦mandato del Cielo禄. Por eso, no hay nada que se defienda con m谩s ah铆nco.

Pero lo importante para nosotros y lo que constituye la novedad de los 煤ltimos cuarenta a帽os es m谩s bien que, al final de una confrontaci贸n dial茅ctica del pensamiento tradicional chino con el pensamiento 芦occidental禄, una generaci贸n de pensadores chinos ha acabado alimentando un proyecto imperial para el mundo que va mucho m谩s all谩 del 芦socialismo con caracter铆sticas chinas禄 o de la 芦fusi贸n del marxismo con la cultura tradicional china禄 querida por Jiang Shigong. Tianxia 鈥斅玊odos bajo un mismo cielo禄鈥 es el nombre en clave com煤n de este proyecto. El tianxia se ha convertido en un lugar tan com煤n que el Consejo Estatal de Informaci贸n puede proclamar tranquilamente, en un documento reciente, que 芦la iniciativa de China para desarrollar la cooperaci贸n internacional tiene su origen en la filosof铆a china de la Gran Armon铆a de 鈥淭odos Bajo el Cielo鈥 [鈥 con el valor tradicional de que 鈥渢odos bajo el cielo son una gran familia y comparten el mismo destino鈥澛. En 2017, la 煤ltima secci贸n del informe del XIX Congreso del Partido Comunista Chino ya comenzaba con: 芦Cuando la V铆a prevalece, el mundo es compartido por todos禄; 芦un ideal 煤ltimo que anima a todo el Partido y al pueblo de toda la naci贸n禄, seg煤n el comentario ligeramente entusiasta de Jiang Shigong. As铆, el tianxia tiene una versi贸n marcial, schmittiana, y otra m谩s suave, m谩s consensuada, casi socialdemocr谩tica, la de Zhao Tingyang, por ejemplo. Y estas dos formulaciones son tan opuestas como los dos extremos de un alicate. El m茅rito de Zhao Tingyang es desarrollar al m谩ximo la propuesta imperial aderez谩ndola suavemente. Frente a una historia mundial centrada en la del colonizador europeo, propone el modelo del tianxia elaborado por la antigua y m铆tica dinast铆a Zhou como ideal regulador del mundo contempor谩neo. 芦El imaginario conceptual del tianxia anticipa un sistema mundial en el que el mundo llega a tener su propia agencia pol铆tica. 脡ste ser铆a un 鈥渙rden de coexistencia鈥 en el que el mundo entero es la unidad b谩sica de la pol铆tica. [鈥 Tomar el mundo como medida para entender la existencia pol铆tica hol铆stica del mundo es el principio de 鈥渘ada fuera del tianxia鈥 [鈥. Un sistema tianxia s贸lo tiene interioridad y no exterioridad. Esto tambi茅n anula el valor sem谩ntico de 鈥渆xtranjero鈥 y 鈥渆nemigo鈥 [鈥. Cualquier Estado-naci贸n o 谩mbito geogr谩fico que a煤n no est茅 incluido en el sistema tianxia es siempre bienvenido a formar parte del orden de coexistencia de tianxia. [鈥 Tianxia es una coordinaci贸n trinitaria del mundo natural, el mundo social-psicol贸gico y el mundo pol铆tico. [鈥 El sistema de divisi贸n territorial en el tianxia de la dinast铆a Zhou construy贸 un mundo-red concebido como una 鈥渞ed terrestre de conectividad鈥, es decir, un sistema estructurado como una red con varias jerarqu铆as anidadas [鈥. Esto indica que, aunque las instituciones jer谩rquicas sean contrarias a los valores de la igualdad, la jerarqu铆a sigue siendo una caracter铆stica necesaria de la interacci贸n social. [鈥 El Estado suzerano era responsable de mantener la ley y el orden en todo el sistema. [鈥 China es un Estado-naci贸n, aunque incorporado con una estructura de tianxia y desplegando hist贸ricamente la idea de tianxia en las actividades de un Estado-naci贸n unificado. [鈥 El desarrollo moderno de esta forma extrema de globalizaci贸n ha tenido el efecto de atraer a todas las personas a un juego omnipresente e inextricable [鈥 y como tal no representa m谩s que un 鈥渕undo fallido鈥. La globalizaci贸n moderna parece estar produciendo sus propios cavadores de tumbas. [鈥 Aunque esto es seguramente tr谩gico, presenta oportunidades para crear nuevas reglas de juego. [鈥 Adem谩s, Dios nunca reclam贸 que la democracia fuera mesi谩nica [鈥 las historias prof茅ticas dependen siempre de la profec铆a, al igual que las historia democr谩ticas dependen de un ideal de democracia [鈥 una verdadera historia mundial a煤n no ha comenzado. [鈥 Lo que est谩 llegando a su fin es una determinada forma de modernidad, no la propia historia禄 (All Under Heaven).

La cuesti贸n no es cu谩ndo el cetro del mundo pasar谩 realmente a manos de China. Lo importante es darse cuenta de que la gubernamentalidad china ya sirve de modelo para las formas occidentales de ejercicio del poderYa ha ganado. Es s贸lo nuestra ignorancia de lo que realmente es lo que nos lo oculta. Est谩 claro que todos los gobiernos del mundo envidian la libertad de maniobra del r茅gimen chino. Ni siquiera el Consejo de Defensa, con el que tanto le gusta gobernar a Emmanuel Macron, es una p谩lida imitaci贸n del Comit茅 de Defensa Nacional de Xi Jinping. 驴A qui茅n se imita cuando se ampl铆a simult谩neamente el registro de la poblaci贸n, el control de las redes sociales, las prerrogativas de la polic铆a, y se desalienta la cobertura de las manifestaciones, calificadas de todos modos como un mont贸n de irresponsables? 驴O cuando uno se lanza a una cruzada contra el 芦separatismo禄? 驴No le recuerda a nadie las condenas judiciales por corrupci贸n que castigan regularmente la p茅rdida del favor de tal o cual clan pol铆tico? La propia forma en que el bur贸crata occidental se disfraza cada vez m谩s de capitalista no es m谩s que un mimetismo de una tradici贸n china milenaria. M谩s fundamentalmente, lo que refleja la hegemon铆a simb贸lica de China es la propagaci贸n por todas partes de un ejercicio del poder basado, en todos los 谩mbitos, en la promulgaci贸n central, opaca y aparentemente neutral de normas y no en la explicitaci贸n de la Ley. Este imperio de las normas y lo normal se expresa 茅ticamente en el h谩bito, ya universal, de nuestros contempor谩neos de interevaluar, intercalificar e intervigilar, h谩bito que hace superflua la introducci贸n de un sistema centralizado como el Sesame Social Credit System. Por lo tanto, el Coronapass y las barreras a la circulaci贸n de los malos ciudadanos, la prohibici贸n de los dividuos de riesgo, son obviamente chinos. La sustituci贸n en curso del sujeto de derecho por el individuo biol贸gico que produce y consume es supremamente china. El secretismo que se extiende cada vez m谩s en torno al ejercicio del poder real, ya sea en la c煤pula de las empresas o de los Estados, es endiabladamente chino, mientras se impone a la 芦gente禄 una transparencia cada vez mayor y m谩s 芦coproducida禄: la proliferaci贸n simult谩nea de ciudades prohibidas y de soplones. La estructuraci贸n invisible de la realidad por medio de algoritmos, combinada con la visibilizaci贸n de cada gesto de la vida cotidiana, procede de la m谩s antigua teor铆a china del imperio, no menos que del endopatrullaje que esto engendra. No es s贸lo la prisa por desplegar el 5G lo que viene de China, sino tambi茅n el proyecto de 芦civilizaci贸n ecol贸gica禄 high-tech que sirve para justificarlo, y el enrolamiento moralizante de los ciudadanos en esta ficci贸n. La epidemia que se propag贸 por el mundo desde el coraz贸n industrial del pa铆s no hizo m谩s que revelar c贸mo la gubernamentalidad china era ya el paradigma universal. La movilizaci贸n total en la guerra contra el 芦enemigo invisible禄 declarada por Xi Jinping ha encontrado sus pat茅ticos ventr铆locuos en la mayor铆a de los l铆deres mundiales. El demencial experimento de confinamiento general impuesto en la regi贸n de Wuhan 鈥攗na versi贸n radicalizada por el poder chino de un modo de gesti贸n securitaria de las epidemias imaginado por el antiterrorismo estadounidense en la 茅poca de Dick Cheney鈥 ha imantado la respuesta mundial a la epidemia. Es todo un sistema de desconfianza organizada de todos hacia todos, con la mascarilla como s铆mbolo, que se ha impuesto 芦espont谩neamente禄 en todas partes, todo un ethos de la sumisi贸n resignada a la menor norma extravagante que se ha impuesto como virtud c铆vica con el pretexto de la 芦solidaridad禄. Toda una naturalizaci贸n del hecho gubernamental se ha colado d铆a tras d铆a bajo el imparable pretexto de frenar la difusi贸n del virus. La idea de que gobernar es seguir los caprichos de la Naturaleza y de que el poder se funde idealmente con el orden de las cosas ya encantaba a Quesnay en el siglo XVIII en su elogio del despotismo chino. La fascinaci贸n por la pol铆tica china se ha visto acompa帽ada a lo largo de este episodio por la consternaci贸n ante la pol铆tica estadounidense. Se puede argumentar, con los marxistas de Chuang, que 芦el Partido Comunista Chino funciona como vanguardia de la clase capitalista mundial禄 y que 芦sus experimentos son importantes precisamente porque est谩n en la primera l铆nea de la expansi贸n del capital actual, tanto en su dimensi贸n industrial como financiera, y son adecuados para enfrentarse a los propios l铆mites de la acumulaci贸n en sus escalas m谩s amplias禄 (Social Contagion).

Por nuestra parte, mantenemos lo que escribimos hace veinte a帽os en el cap铆tulo de Introducci贸n a la guerra civil dedicado al Imperio. Bas谩ndonos en los escritos de un 芦legista禄 del siglo III antes de nuestra era, Han Feizi, sostuvimos que 芦la dominaci贸n imperial, tal y como empezamos a reconocerla, puede describirse como neotao铆sta禄 (Tiqqun 2). Sabemos que la primera disertaci贸n conservada de Mao Zedong, a la edad de 19 a帽os, fue una apolog铆a del cruel Shang Yang, el fundador del 芦legismo禄, y que nunca abandon贸 este amor juvenil. Y, de hecho, es dif铆cil no ver en la Revoluci贸n cultural una aplicaci贸n escrupulosa de la famosa m谩xima de Shang Yang: 芦Uno siempre debe destruir lo que ha producido. [鈥 Gobernar es destruir: destruir a los par谩sitos, destruir sus propias fuerzas, destruir al enemigo禄. M谩s sorprendente es ver ahora a Xi Jinping referirse tan regular y expl铆citamente al legismo, como en el 芦Documento 9禄 de 2013 sobre 芦la situaci贸n en la esfera ideol贸gica禄 dirigido por el Comit茅 Central a los cuadros del Partido Comunista Chino. En 茅l, Xi Jinping detalla los 芦siete indiscutibles禄, una versi贸n modernizada del discurso de las 芦cinco alima帽as禄 de Han Feizi. Enumera los vicios que perjudican al Estado al impedir la unificaci贸n del pensamiento, que no se permite debatir, como 芦los valores universales, la libertad de prensa, la sociedad civil, los derechos civiles, los errores hist贸ricos del PCCh, el capitalismo de amiguetes en el poder y la independencia judicial禄. Debe ser que, para una mente medianamente l煤cida, ya era bastante evidente en 2001, cuando se public贸 Tiqqun 2, que el Imperio no era tan estadounidense como chino. Esto es lo que el curso de los acontecimientos desde entonces se ha encargado de confirmar; como casi todas las l铆neas de este cap铆tulo de Introducci贸n a la guerra civil.

La intriga

Yuk Hui es ingeniero y pensador. Esto es lo suficientemente raro como para ser destacado. De un ingeniero no se suele esperar que cuestione las categor铆as imperantes, ni que se mantenga fiel a su ingenium, a su propio genio. Yuk tambi茅n domina la lectura de Schelling en alem谩n y la programaci贸n en C++. Est谩 tan familiarizado con Heidegger como con el I Ching, con la filosof铆a griega como con el nuevo confucianismo o la escuela de Kioto. Hay pocos en este mundo que practiquen la metaf铆sica aristot茅lica con tanta soltura como la ontolog铆a Web. En una 茅poca en la que los bienes f铆sicos circulan tan libremente como las metaf铆sicas permanecen clavadas en su suelo natal, buenas s贸lo para sufrir la corrosi贸n del tiempo, La cuesti贸n de la t茅cnica en China de Yuk es una obra que no tiene equivalente. Un trabajo que no s贸lo es una traducci贸n, para un p煤blico occidental, del pensamiento chino despojado de toda forma de orientalismo, sino tambi茅n un trabajo de s铆ntesis de la historia del pensamiento chino y occidental para el p煤blico chino. Porque en China, es la inteligibilidad del pasado la que un siglo de convulsiones hist贸ricas y de confrontaci贸n con Occidente ha comprometido, convirti茅ndola en objeto de sucesivas, y sucesivamente oportunas, reconstrucciones. 芦China sue帽a con su pasado, pero se ha convertido en un pa铆s sin memoria. [鈥 El pasado parece estar al alcance de la mano, pero ya no responde禄, afirma Jean-Fran莽ois Billeter en Chine trois fois muette. Ser铆a un error incluir la obra de Yuk en el movimiento comparativo, movimiento pendular que ha llevado a muchos intelectuales chinos en las 煤ltimas d茅cadas a medirse con la tradici贸n filos贸fica griega y alemana en particular, para concluir mec谩nicamente que la tradici贸n nacional es superior. Yuk no trabaja para ning煤n partido. Si bien es cierto que forma parte de los intercambios bien templados del 谩mbito universitario, su pensamiento sigue la necesidad de su propio despliegue. Trabaja, pues, considerable y finamente, para nosotrosLa cuesti贸n de la t茅cnica en China debe leerse como un inmenso regalo que s贸lo 茅l pod铆a hacer. A costa de un leve anacronismo, Yuk puede considerarse la vanguardia pensante de la generaci贸n planetaria cuyo suelo se ha deslizado bajo sus pies con el anuncio del 芦antropoceno禄. Por decirlo r谩pidamente, ya que es evidente que el t茅rmino acu帽ado por Crutzen en 2000 para designar una 芦茅poca geol贸gica dominada por la humanidad禄 sigue estando cong茅nitamente afectado por el promete铆smo cuyo desastre observa simult谩neamente. Pero, 驴c贸mo podr铆a esta obtusa modernidad renunciar al placer de celebrar su propia oraci贸n f煤nebre, y de hacerlo en su propia lengua? El pensamiento de Yuk es, pues, fatalmente planetario: no se puede salir de una situaci贸n tan mala, de una cat谩strofe de ra铆ces tan profundas y de extensi贸n tan universal, sin un esfuerzo de s铆ntesis desproporcionado tanto desde el punto de vista hist贸rico como geogr谩fico. No s贸lo es un pensamiento modesto, sino que hace que uno sea modesto. En pocas l铆neas, dibuja el teatro completo de las operaciones metaf铆sicas contempor谩neas. Hay que ver con qu茅 soberana delicadeza descarta el constructivismo fl谩cido de Latour y la impotencia parlanchina de la deconstrucci贸n poscolonial, la gigantomaquia aceleracionista y el posmodernismo desesperado de Lyotard, las brillantes disertaciones sin objeto de Meillassoux y la ontologizaci贸n de la tecnolog铆a de Stiegler y Sloterdijk. Pues 茅ste es el problema de los fil贸sofos: necesitan pr铆ncipes, igual que los artistas.

La cuesti贸n de la t茅cnica en China es un libro escrito para una generaci贸n de ingenieros que se resisten al destino que se les ha prometido y que el capital ya no puede poner en marcha sin colgar todo tipo de se帽uelos pintados de verde. Para todos los licenciados que desertan de su bullshit job convirti茅ndose en panaderos, mec谩nicos, carpinteros, agricultores u hortelanos, y que de repente vuelven a sentirse vivos. Para quienes ya no pueden disfrutar de los malabares apor茅ticos de la filosof铆a. Para los nuevos ascetas que se dan cuenta de que todas las t茅cnicas espirituales del universo nunca conseguir谩n construir un solo mundo habitable. Para quienes opinan que la confrontaci贸n entre el pensamiento tradicional chino y la tradici贸n europea puede convertirse en algo m谩s que un suplemento de alma para los ejecutivos en trayectoria ascendente a la manera de Fran莽ois Jullien. La arrogancia man铆aco-depresiva del hombre occidental, m谩s que nunca derrotado en su proyecto de dominio, m谩s que nunca perdido en su teodicea que se est谩 convirtiendo claramente en una pesadilla, quiz谩 encuentre aqu铆 alg煤n alivio. Se sentir谩 aliviado al aprender de Yuk que una civilizaci贸n de 5000 a帽os de antig眉edad considera que el coraz贸n es el 贸rgano del conocimiento m谩s elevado 鈥攅l conocimiento intuitivo鈥, que la resonancia entre el ser y el mundo puede ser la base de la experiencia de la verdad o incluso de la acci贸n heroica, o que la participaci贸n en algo m谩s grande que uno mismo no tiene por qu茅 estar cargada con la muleta de lo social o la del misticismo. Desde que el sujeto occidental busca un remedio para su desorientaci贸n, Yuk ha llegado quiz谩 en el momento oportuno. No es el menor signo de los tiempos que el 煤ltimo v谩stago de la Teor铆a cr铆tica alemana 鈥擧artmut Rosa鈥 jure ahora por la resonancia. Que despu茅s de un siglo de manejar la categor铆a de alienaci贸n sin lograr derivar de ella una perspectiva positiva menos siniestra que la 芦plena posesi贸n de s铆 mismo禄, la Teor铆a cr铆tica llegue a extraer su definici贸n de felicidad, o incluso de comunismo, de la tradici贸n china, no es poca cosa. Nos recuerda a esos m茅dicos franceses at谩vicamente mecanicistas que, en su desesperaci贸n, te mandan a un acupuntor 芦aunque no crean en 茅l, sino simplemente por pragmatismo, porque funciona禄, como si su epistemolog铆a no estuviera m铆nimamente defectuosa, como si su ciencia no estuviera fundamentalmente en crisis. Si seguimos el curso de los descubrimientos de la neurociencia 鈥斅h, dios, qu茅 malos son el Yo, la conciencia y la intencionalidad!鈥 o incluso simplemente de la biolog铆a vegetal, ser谩 necesario desplegar una negaci贸n cada vez m谩s activa para que la metaf铆sica occidental no acabe arruinada por los avances de su propia investigaci贸n. Sin duda, esta civilizaci贸n con ruedas pinchadas va a tener que multiplicar los parches orientales si quiere seguir adelante. 脡sta parece ser su 煤ltima esperanza. Al saqueo de los recursos materiales le sigue el saqueo de los recursos espirituales. Es una buena noticia: no faltan antrop贸logos especializados en 芦ontolog铆as alternativas禄 que buscan trabajo.

La 芦cuesti贸n de la t茅cnica禄 es sin duda una de las m谩s incomprendidas del siglo XX. Algunos han visto la t茅cnica como un complemento prot茅sico necesario para una especie humana incompleta, inadecuada y precaria 鈥攑ecaminosa, por utilizar el t茅rmino original agustiniano鈥 o como la expresi贸n de la superabundancia vital del 芦animal de presa que es el hombre禄 en su 芦lucha contra la Naturaleza, que es desesperada, pero que se proseguir谩 sin fin禄 (Spengler, El hombre y la t茅cnica). Otros han preferido descifrar la evoluci贸n t茅cnica como una espiritualizaci贸n progresiva del hombre que tiende a la unificaci贸n de la especie en un 芦cerebro global禄, o incluso a la uni贸n con Dios, o como la exteriorizaci贸n progresiva de las facultades humanas llevada a tal punto que da lugar al 煤ltimo hombre, un espectro embrutecido mantenido por un 芦cuerpo de amos ilusionistas禄 (Leroi-Gourhan, La memoria y los ritmos), errante en la superficie de una tierra que se ha vuelto inh贸spita. Lo que llama la atenci贸n es que la t茅cnica se contempla siempre desde una supuesta 芦naturaleza humana禄. Incluso Heidegger, en sus primeras consideraciones sobre la techn茅, parte de 芦la definici贸n griega del hombre como 鈥渓o m谩s inquietante鈥澛 (Introducci贸n a la metaf铆sica). Por su parte, Marshall Sahlins nos ha ense帽ado lo suficiente: si hay una ilusi贸n occidental, es la 芦naturaleza humana禄. Como contrapunto, quienes, como Spengler, afirman lo contrario, tienden a pensar en la t茅cnica desde el instrumento, como si 茅ste constituyera una mediaci贸n operativa 茅ticamente neutra entre el sujeto humano y el mundo. Porque lo que caracteriza al instrumento es la distancia pulcra que mantiene con el sujeto que lo maneja, su forma de permanecer inesencial para 茅l, vestimentario, de dejarlo intacto. Instrumentum, en lat铆n, es el ornamento, la vestimenta, el mobiliario, eventualmente el armamento. Pero precisamente, no hay ning煤n instrumento. No hay gesto ni relaci贸n ni uso que deje al ser humano inalterado. Para el ser sano, la relaci贸n con uno mismo, la relaci贸n con los dem谩s y la relaci贸n con el mundo son una misma cosa. Forman una unidad 芦transductiva禄, como dir铆a Simondon. Es precisamente su disyunci贸n lo que enferma, lo que altera. En la actividad t茅cnica, el resultado no borra en absoluto el proceso. No es el sujeto el que dispone de los medios, sino los medios los que disponen del sujeto. La finalidad que se persigue 芦a trav茅s del instrumento禄 no deja de ser un medio. El objetivo nunca se sobrepone a la inmanencia. La verdadera eficacia de la acci贸n reside en s铆 mismaen sus efectos incidentales y no en sus efectos externos. Todo est谩 en el incidente. O para decirlo con Simondon, 芦la normatividad t茅cnica es intr铆nseca y absoluta禄 (La individuaci贸n a la luz de las nociones de forma y de informaci贸n). Una vez aislada la 芦mediaci贸n t茅cnica禄, es posible hacer una historia aut贸noma y triunfante del progreso t茅cnico en la que todo es acumulativo, en la que nunca hay vuelta atr谩s, o incluso una ciencia como la 芦tecnolog铆a禄 de Leroi-Gourhan, modelada sobre la biolog铆a, en la que 芦los elementos t茅cnicos se suceden y se organizan a la manera de los organismos vivos禄 y en la que 芦la creaci贸n humana, por su continuidad, calca la creaci贸n universal禄 (Medio y t茅cnica). Podemos ver aqu铆 c贸mo no est谩 lejos el 芦punto Omega禄 del padre Teilhard de Chardin, hacia el que se supone que converge toda la evoluci贸n c贸smica, en Cristo. Este tipo de 芦visiones禄 acaban, inevitablemente, despegando en vertical hacia Marte, la singularidad y la b煤squeda de la inmortalidad. No ocurren por casualidad en momentos en que los humanos, ante la inmensidad de su devastaci贸n, empiezan a preguntarse si no ser谩n 芦animales defectuosos禄. El periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial tuvo sus Teilhards, sus Ducrocqs y sus cibern茅ticos; nuestra 茅poca tiene sus Harari, sus Elon Musk, sus Peter Thiel y sus Bill Gates. La 煤ltima palabra sobre el tema la tiene Oppenheimer, recitando estos versos del Bhagavad-g墨t膩 justo despu茅s de Hiroshima, con l谩grimas en los ojos: 芦Soy la muerte que avanza. Soy el destructor de mundos禄.

El gran m茅rito de la noci贸n de cosmot茅cnica tal y como la elabora Yuk es romper la concepci贸n instrumental de la t茅cnica, hacerla descender a la tierra sin perder el horizonte del mundo. Cada t茅cnica no s贸lo est谩 situada, surgiendo en y generando un tipo particular de mundo, sino que tambi茅n determina su propio r茅gimen de subjetivaci贸n. Toda t茅cnica es tambi茅n t茅cnica de s铆 misma; esto es lo que t铆picamente se perdi贸 de vista en la transici贸n de la alquimia a la qu铆mica, por ejemplo. Toda t茅cnica est谩 impregnada de una modalidad singular de presencia en el mundo y constituye una forma de hacerlo localmente consistente; es a la vez cosmom贸rfica y etopoi茅tica. En otras palabras, s贸lo puede entenderse en relaci贸n con una forma de vida. Mauss ya hab铆a intentado, con sus T茅cnicas del cuerpo, pensar en las t茅cnicas con independencia del fetichismo de la herramienta y la m谩quina, centr谩ndose en los efectos del cine estadounidense en la forma de andar de las mujeres de su 茅poca, o en las formas de nadar y correr. B谩sicamente, nada se acerca m谩s a una teor铆a de las formas de vida que la teor铆a de la marcha de Balzac. Para ilustrar esto, tomemos el tipo mismo de lo que habr铆a representado el 芦progreso禄 en el siglo XX: la irrupci贸n casi simult谩nea en las d茅cadas de 1910 y 1920 del cuarto de ba帽o moderno, el dormitorio est谩ndar, la arquitectura y el urbanismo metropolitanos, el autom贸vil de masas, el trabajo taylorizado, la publicidad y los problemas de optimizaci贸n sentimental de la sociedad correspondiente. Se podr铆a decir que lo que importa aqu铆 es la finalidad que se persigue, es decir, el aumento de la eficacia: mejor higiene, menos p茅rdida de tiempo y energ铆a para los obreros, mayor felicidad familiar, m谩s luz y espacio en las nuevas viviendas, mayor movilidad a todos los niveles, en definitiva: el 芦progreso禄, la 芦maximizaci贸n de las posibilidades禄, como dir铆a el sombr铆o Isma毛l Emelien. O podemos centrarnos en la dimensi贸n 茅tica de esta evoluci贸n t茅cnica masiva, en la textura del 芦mundo禄 que configura. Y esto ser谩 el Babbitt de Sinclair Lewis para la versi贸n estadounidense o el Babichev de Yuri Olecha en Envidia para la versi贸n sovi茅tica. En la d茅cada de 1920, este nuevo tipo humano se denominaba 芦babbitt禄. Quien haya le铆do estas dos novelas tan tiernas ser谩 un poco reacio a hablar de 芦progreso禄. Al igual que no hay 芦El Hombre禄, no hay 芦La T茅cnica禄, en contra de tecn贸filos y tecn贸fobos que se ponen de acuerdo para plantearlo al un铆sono. Si durante un buen siglo la cr铆tica de la t茅cnica se ha diluido en el vac铆o, es porque se ha esforzado por interpelar a una 芦Humanidad禄 que no existe.

Captar la dimensi贸n 茅tica de cada t茅cnica es precisamente lo que puede ayudarnos a hacer la tradici贸n china, especialmente la tao铆sta, que detecta la naturaleza 铆ntima de los seres m谩s all谩 de la codificaci贸n social, m谩s all谩 de los atributos visibles, m谩s all谩 del mundo de las convenciones y el de la ret贸rica, m谩s all谩 de la intencionalidad y el actuar aparente, m谩s all谩 incluso del lenguaje. 芦Esta forma de enfrentarse a los l铆mites del lenguaje es la 茅tica禄, escribi贸 Wittgenstein a Schlick en la carta de diciembre de 1929 en la que muestra su simpat铆a por Heidegger. Toda t茅cnica es una incorporaci贸n involuntaria del mundo; y la incorporaci贸n perfecta, la maestr铆a perfecta implica, como es sabido, la desaparici贸n de toda voluntad. Esta comprensi贸n 茅tica de la t茅cnica, que se expresa tan bien en las dos an茅cdotas del Zhuangzi recogidas por Yuk, la del carnicero y la del ermita帽o que riega su jard铆n, se encuentra tambi茅n en Adorno cuando escribe en Minima moralia: 芦No se hace justicia al hombre moderno si no se es consciente de todo lo que le infligen constantemente, hasta sus m谩s profundas inervaciones, las cosas que le rodean. 驴Qu茅 significa para el sujeto que ya no hay ventanas dobles para abrir, sino burdos paneles de vidrio que se pueden deslizar?禄. En efecto, cuanto m谩s se imagina el sujeto humano que es soberano, menos percibe hasta qu茅 punto es afectado por las t茅cnicas a las que recurre, y m谩s se convierte en el juguete de sus propios 芦instrumentos禄. La raz贸n instrumental es una artima帽a de la raz贸n 茅tica. Por poner un ejemplo tan banal como obvio: todo el mundo sabe lo que estar al volante de un coche puede hacer a la persona m谩s encantadora; sobre el tema de la 芦posesi贸n de coches禄, hay mucho que decir sobre la relaci贸n entre gubernamentalidad neoliberal, conducci贸n de las conductas y propulsi贸n motorizada: no es seguro que hubiera sido tan f谩cil hacer de cada persona el piloto d贸cil y astuto de su propia existencia sin haber hecho de 茅l, antes, un conductor.

Para desentra帽ar esta confusa cuesti贸n de 芦la t茅cnica禄 en Occidente, puede ser que una juiciosa uni贸n de la famosa genealog铆a de la t茅cnica a partir del 芦desfase de la unidad m谩gica primitiva禄 en Simondon 鈥攖an querido por Yuk鈥 y la menos famosa genealog铆a de la religi贸n de Caillois, tal como aparece en 芦Le grand Pontonnier禄, sea de alguna ayuda. En Del modo de existencia de los objetos t茅cnicos, Simondon describe c贸mo la aparici贸n del objeto t茅cnico, que 芦se diferencia del ser natural en que no forma parte del mundo禄, rompe la unidad m谩gica primitiva en la que 芦es a un universo vivido como un medio al que el hombre se encuentra ligado禄. Explica el nacimiento del objeto t茅cnico a partir de la alteraci贸n del sentido c贸smico de la participaci贸n, y el advenimiento de la religi贸n como contrapartida que responde a esta alteraci贸n, siendo la tarea de la religi贸n restaurar la plenitud de esta participaci贸n. De este modo, describe la desfiguraci贸n del mundo m谩gico en t茅cnica, por un lado, y en religi贸n, por otro. Caillois, por su parte, propone una genealog铆a de la religi贸n basada en el hecho de que el maestro de la religi贸n romana se llama 芦pontifex禄, constructor de puentes. Cuenta que una noche, mientras acompa帽aba a Mauss a su parada de autob煤s despu茅s de una clase, 茅ste, en el curso de una apasionada discusi贸n, zanj贸 el debate inmemorial 鈥攖an antiguo como Lactancio e incluso Cicer贸n鈥 sobre la etimolog铆a de religi贸n. Para Mauss, es evidente que las religiones eran 芦nudos de paja que serv铆an para fijar las vigas de los puentes禄. La idea aqu铆 es que la construcci贸n de un puente 鈥攅l propio s铆mbolo del objeto t茅cnico鈥 socava el ordo rerum, la 芦disposici贸n de los elementos del universo (y tambi茅n de las instituciones) tal y como fue concebida y establecida por los Dioses禄. 芦Construir un puente es un subterfugio sacr铆lego que, como tal, compromete el orden del mundo y que s贸lo puede acarrear un terrible castigo para su autor, su familia, su naci贸n. Hay que pagar el precio禄, escribi贸 Caillois. Esto es lo que hace el pontifex, sacrificando a los Dioses, diciendo las f贸rmulas apropiadas, realizando los ritos deseados, organizando sus religiones. Restablece el equilibrio amenazado; restaura el ordo rerum transgredido. Act煤a como una especie de pararrayos contra la ira de los Dioses. Caillois describe as铆, desde un 谩ngulo complementario, el desfase compensatorio de la t茅cnica y la religi贸n teorizado por Simondon. Pero lo importante es que ambos interpretan el nacimiento de la t茅cnica a partir de la participaci贸n c贸smica del hombre en el universo, una participaci贸n que constituye la base de la cosmot茅cnica china expuesta por Yuk. Esta genealog铆a arroja luz sobre la naturaleza de la tecnolog铆a contempor谩nea, que se esfuerza miserablemente por multiplicar las versiones par贸dicas de todas las operaciones tradicionalmente atribuidas a la magia: la telepat铆a se convierte as铆 en telefon铆a; la acci贸n a distancia, en telecomando; la provocaci贸n de la aparici贸n de esp铆ritus, en invasi贸n de im谩genes y pantallas; los viajes extracorporales, en expediciones espaciales; y la b煤squeda alqu铆mica o tao铆sta de la inmortalidad, en un proyecto de investigaci贸n del Singularity Institute de Google. Ni siquiera el intelecto agente querido por Averroes no ha encontrado su materializaci贸n defectuosa en el cloud. La prestidigitaci贸n tecnol贸gica querr铆a as铆 reconstituir la unidad m谩gica primitiva imit谩ndola grotescamente. Se imagina que est谩 operando una s铆ntesis dial茅ctica entre t茅cnica y religi贸n capaz de calmar la separaci贸n debida a su desfase, pero de hecho s贸lo produce, a trav茅s de una plenitud redescubierta, una tecnicidad autista, una sacralidad barata y una infantilizaci贸n general. La utop铆a tecnol贸gica de una humanidad confinada en casa que se experimenta actualmente puede entenderse desde este punto de vista: simplemente propone que habitemos nuestra propia acosmia. Pretende evitarnos la experiencia de la p茅rdida del mundo priv谩ndonos de la experiencia del mundo. La reducci贸n del mundo a la casa logra la domesticaci贸n completa. Todo est谩 configurado para que el nuevo ciudadano imperial, tele-productor, tele-consumidor y tele-viviente tras la pantalla de su smartphone u ordenador, se experimente a s铆 mismo como el centro soberano de su mundo. Nunca ha sido tan libre para mandar, para 芦navegar禄, para informarse, para expresarse, y nunca ha sido tan marioneta de algoritmos y poderes organizados. 隆Debe ser un prisionero para estar abrumado con tantas ofertas de evasi贸n! Se trata de un secuestro del mundo que est谩 en marcha. Simondon confi贸 el feliz reencuentro entre el universo t茅cnico y los humanos a lo que tambi茅n llam贸 una 芦tecnolog铆a禄, pero en un sentido completamente diferente. Esto es lo que la noci贸n de cosmot茅cnica nos permite pensar tambi茅n en sentido negativo.

芦Cosmot茅cnica禄 significa pluralizaci贸n de los mundos, centralidad del elemento 茅tico, atenci贸n al gesto m谩s peque帽o, continuidad fundamental entre individuo y universo, heterogeneidad de las formas de vida, fin de la modernidad como unificaci贸n-totalizaci贸n humana sobre el eje del tiempo abstracto, duelo por la gran odisea occidental del progreso, desmantelamiento de la tecnolog铆a como constituci贸n metast谩tica de las t茅cnicas m谩s rentables en un sistema operativo global, una vez arrancadas de los mundos de los que proceden. Desde el punto de vista cosmot茅cnico, existe un peque帽o problema con Occidente en general, y m谩s concretamente con la modernidad, ya que ha extendido su enfermedad a las dimensiones del planeta. Podemos seguir a Alfred Sohn-Rethel y George Thompson cuando atribuyen el nacimiento en Grecia de la especulaci贸n filos贸fica, de una intelectualidad separada, y por qu茅 no de la geometr铆a formalizada, a la autonomizaci贸n del valor engendrada por la aparici贸n de la moneda en una sociedad tan fundamentalmente mercantil como el antiguo imperio ateniense. Tampoco faltan pruebas, tampoco en la Edad Media europea, del v铆nculo entre el desarrollo de las 芦artes mec谩nicas禄 y la acumulaci贸n precapitalista, ya sea obra de una orden benedictina que aspira a 芦restaurar al hombre ca铆do禄 (Didascalicon, Hugo de San V铆ctor) o de las ciudades de la burgues铆a naciente. Por otra parte, 芦no cabe duda de que el fracaso de la clase mercantil en su ascenso al poder en el Estado est谩 en la ra铆z misma del fracaso de la ciencia moderna en China禄, como se帽ala Needham en Dentro de los cuatro mares. La 芦cosmot茅cnica禄 significa, pues, el fin de la subsunci贸n mercantil, el fin del capitalismo como sistema tecnol贸gico y el fin, tambi茅n, de la f谩bula de la modernidad. Heidegger define la t茅cnica moderna como un solapamiento, como una pantalla para el advenimiento de la presencia an谩rquica de los fen贸menos, para el afloramiento de lo m煤ltiple; 芦no busquemos nada detr谩s de los fen贸menos: ellos mismos son la doctrina禄, insist铆a Goethe. Pero es la propia modernidad la que procede por solapamiento: como ha demostrado Jean-Baptiste Fressoz en su Apocalypse joyeuse, no hubo ninguna fase de inocencia tecnol贸gica en la modernidad que terminara con la conciencia de sus 芦l铆mites禄, la devastaci贸n que proyectaba sobre el medio ambiente as铆 como sobre las interioridades. No hubo ning煤n momento en el que la modernidad, tras convertirse en reflexiva, se transformara en 芦posmodernidad禄. En La fin du monde par la science, Eugene Huzar predijo ya en 1855 que la actividad industrial podr铆a alterar el clima de la Tierra, y Huzar fue muy le铆do y debatido. Cada ofensiva de modernizaci贸n ha encontrado y aplastado resistencias y cr铆ticas. Luego borr贸 cuidadosamente las huellas de sus actos, para conservar en su cr贸nica, en el cap铆tulo de las aberraciones conmovedoras, a los 芦rom谩nticos禄 que se aferraron a las protestas impotentes. 芦La historia de la t茅cnica es la historia de sus golpes bruscos, y de los esfuerzos posteriores por normalizarlos禄 (Jean-Baptiste Fressoz, Apocalypse joyeuse). En su testimonio de 1912 ante el Congreso, Taylor asumi贸 que la introducci贸n de la gesti贸n cient铆fica formaba parte de una guerra contra los obreros, una guerra librada 芦por su bien禄, por supuesto. Detlef Hartmann, el 煤nico te贸rico opera铆sta alem谩n consecuente, ha demostrado ampliamente c贸mo debe entenderse el progreso tecnol贸gico: como una ofensiva continua, con fuego constante. La modernidad ha pasado por encima de los cuerpos y las almas de todos los que se interpon铆an en su camino. Simplemente produjo los mecanismos de desinhibici贸n que hicieron posible la inconsciencia modernizadora, y sigue haci茅ndolo hoy con la promesa de un capitalismo verde. Por tanto, no es necesario 芦superar la modernidad禄: la superaci贸n, como negaci贸n met贸dica de lo dado, constituye el gesto mismo de la modernidad; y 芦lo dado son 鈥攑or as铆 decirlo鈥 formas de vida禄 (Wittgenstein, Investigaciones filos贸ficas).

La modernidad no es un periodo, ni un proyecto de enrasamiento y desmembramiento que se llevar铆a a cabo en la historia como un aut贸mata. La modernidad es un campo de batalla humeante, sembrado de cad谩veres y mundos que han sido masacrados, desfigurados, cercenados, arrasados y finalmente museificados, tanto en Europa como en China. No debemos ser injustos con los vencidos, con nuestros muertos, al menos si esperamos vencer un d铆a. Porque de ellos proviene nuestra fuerza, son ellos quienes nos hacen indestructibles. No estamos solos frente a la modernidad. Estamos ah铆, con la cohorte de los vencidos, con todo el ej茅rcito de nuestros muertos. Frente a la actual ofensiva del capitalismo verde, que jura ocuparse tanto del cuerpo de los vivos como de aquel del planeta para completar mejor su obra de devastaci贸n, podemos apoyarnos sin miedo en el aut茅ntico deseo de apocalipsis que impregna a nuestros contempor谩neos. Benjamin, al final de Calle de sentido 煤nico (1928), en un fragmento titulado 芦Hacia el planetario禄, hace esta observaci贸n muy yukiana: 芦Nada distingue m谩s al hombre antiguo del moderno que su abandono a una experiencia c贸smica que este 煤ltimo apenas conoce. [鈥 Es la marca de la amenazante confusi贸n de la comunidad moderna el considerar esta experiencia como algo insignificante que puede ser desechado, y entregarla al individuo, que la convierte en un delirio m铆stico en hermosas noches estrelladas. No, se impone de nuevo en cada 茅poca, y los pueblos y las razas apenas escapan a 茅l, como hemos visto, de la manera m谩s aterradora, durante la 煤ltima guerra, que fue un intento de celebrar nuevas nupcias, a煤n in茅ditas, con las potencias c贸smicas. [鈥 Pero como la sed de lucro de la clase dominante pretend铆a expiar su prop贸sito, la t茅cnica ha traicionado a la humanidad y ha convertido el lecho nupcial en un ba帽o de sangre禄. Una cosa es el anuncio de los cient铆ficos de la inminente extinci贸n de la humanidad que todo el mundo oye pero nadie escucha. 驴C贸mo quieres creer en el fin del mundo cuando el que te lo anuncia, el cient铆fico, se caracteriza precisamente por no tener mundo, s贸lo un laboratorio y colegas, por ser el 芦individuo puro禄 de Simondon? Hay que estar tan ausente de s铆 mismo como Bruno Latour para conseguir exclamar como lo hizo en 1982: 芦隆Denme un laboratorio y levantar茅 el mundo!禄. Otro es el deseo de un apocalipsis difuso que corresponde, en nuestros contempor谩neos, a una aterradora sed de recuperar un contacto con el cosmos, de deshacerse de todo el aparataje tecnol贸gico que los rodea, aunque signifique una cat谩strofe. Su sordera al Evangelio del antropoceno no es s贸lo inercia 茅tica, anquilosamiento consumista o falta de instinto de supervivencia; es tambi茅n paganismo sin retorno. Pensemos en los braseros y las estrellas sobre las glorietas ocupadas en pleno invierno por los chalecos amarillos de 2018, la comisar铆a de Mine谩polis en llamas tras el asesinato de George Floyd, el cielo sobre las barricadas ardientes de la Universidad Polit茅cnica ocupada de Hong Kong, hay algo c贸smico en cualquier revuelta popular de gran magnitud; hay un mundo que se acaba y otro que renace, hay apocalipsis y regeneraci贸n.

El desenlace

En agosto de 1945, Alexandre Koj猫ve, agente del KGB, alto funcionario del Ministerio de Finanzas, proclamado gaullo-estalinista, negociador de los acuerdos del GATT en La Habana por parte de Francia, inspirador de la posici贸n francesa en el Plan Marshall y futuro art铆fice, si es que lo hubo, de la construcci贸n de la Comunidad Econ贸mica Europea, redact贸 el 芦Esbozo de una doctrina de la pol铆tica francesa禄 para la posguerra. Este esbozo se ha hecho famoso por su propuesta de un 芦Imperio latino禄. En efecto, Koj猫ve retoma el proyecto de una 芦Uni贸n latina禄 formulada en el verano de 1945 por el resistente occitano Jean Cassou. Esta propuesta es tan poco fruto de las circunstancias que Koj猫ve no dejar谩 de reelaborarla, y esto hasta 1949. Su an谩lisis de la posici贸n de Francia, que ha permanecido invariable a lo largo de las d茅cadas, se basa en la observaci贸n schmittiana de que 芦los Estados-naci贸n, todav铆a muy poderosos en el siglo XIX, est谩n dejando de ser realidades pol铆ticas [鈥. El Estado moderno s贸lo es realmente un Estado si es un imperio禄. De ello deduce la situaci贸n de Francia como un pa铆s atrapado entre dos 芦Imperios禄: por un lado, el Imperio angloestadounidense que engloba a Alemania, fundado en el culto protestante del trabajo y la econom铆a y que despliega un productivismo de tipo individualista, y por otro, el Imperio eslavo-sovi茅tico de inspiraci贸n ortodoxa cuyo productivismo es de car谩cter colectivista. No ve铆a otra forma de que Francia sobreviviera, sobre todo ante la inexorable hegemon铆a econ贸mica de Alemania, que construir un 芦Imperio latino禄, agrupando a Espa帽a 鈥攁l m贸dico precio de derrocar a Franco鈥, Portugal, Italia y Francia, una especie de imperio de la no-econom铆a que descansara en una unidad de mentalidad caracterizada por 芦ese arte del ocio que es la fuente del arte en general, por la capacidad de crear esa 鈥渄ulzura de vivir鈥 que no tiene nada que ver con la comodidad material, por ese mismo 鈥渄olce farniente鈥 que degenera en mera pereza s贸lo si no sigue un trabajo productivo y fruct铆fero [鈥. Esta mentalidad com煤n, que implica un profundo sentido de la belleza generalmente asociado (y sobre todo en Francia) a un sentimiento de justa medida muy marcado, y que permite as铆 transformar en una dulzura 鈥渁ristocr谩tica鈥 de vivir el simple bienestar burgu茅s y elevar, a menudo hasta la alegr铆a, placeres que en otro ambiente ser铆an (y en la mayor铆a de los casos son) placeres 鈥渧ulgares鈥 [鈥 pues [鈥 hay que admitir que es precisamente a la organizaci贸n y 鈥渉umanizaci贸n鈥 de su ocio a lo que la humanidad futura deber谩 dedicar sus esfuerzos禄. Incluso llega a se帽alar el car谩cter espont谩neamente 芦municipal禄 del 芦Mundo latino禄 y se refiere al 芦Renacimiento, que es probablemente el periodo hist贸rico latino por excelencia禄.

Si analizamos la situaci贸n hist贸rica a la que nos enfrentamos, no cabe duda de que volvemos a estar atrapados en una configuraci贸n no muy distinta a la de 1945. Ya ha comenzado una nueva guerra fr铆a por la hegemon铆a mundial: el imperio angloestadounidense, al que Alemania sigue sometida, se enfrenta al imperio chino, cuya gubernamentalidad 芦autoritaria禄 b谩sicamente ya ha ganado la partida. Los pa铆ses latinos, si no Europa en su conjunto, han perdido completamente el campo de batalla: la tecnolog铆a y la potencia econ贸mica, por no hablar de la potencia militar. Ahora s贸lo sirven para exportar signos de distinci贸n a las clases privilegiadas del resto del mundo: ya sea a trav茅s de la producci贸n de productos con denominaci贸n de origen controlada, de art铆culos de lujo, de coches bonitos o de un turismo refinado que agota los 煤ltimos dep贸sitos locales de 芦autenticidad禄. Es esta formidable degradaci贸n hist贸rica la que ha puesto de manifiesto el mimetismo y la arrogante impotencia de Europa ante la 芦crisis COVID禄. Nuestro destino es, m谩s bien como Italia durante el Renacimiento, no s贸lo ser un espectador de la Historia en ciernes, sino convertirnos en el teatro impotente del enfrentamiento entre las rapi帽as extranjeras. Como mero tablero de ajedrez en la competencia entre Francia, Espa帽a, el Imperio germ谩nico y el papado, la Italia renaciente se encontraba en una situaci贸n en la que 芦desde el exterior se asum铆a para ella el indispensable papel de agente hist贸rico. Se hab铆a liberado m谩s o menos de este papel. Por eso la pol铆tica se convierte en un arte para ella. Fue la primera en aplicar su reflexi贸n a ella. Es que se liber贸 de la necesidad de hacerla [鈥. Tanto es as铆 que el 芦fin de la historia禄 socialista no puede dejar de tener los rasgos de la civilizaci贸n italiana禄 (Dionys Mascolo, Le communisme). Retir谩ndose de la lucha hist贸rica, las ciudades italianas han transpuesto entonces la lucha al terreno de la belleza de la vida y de las ciudades: es lo que Dionys Mascolo llama 芦socialismo est茅tico禄, que no es por casualidad un socialismo comunal. El Renacimiento, pues, como producto de la deserci贸n del vano enfrentamiento entre las potencias hist贸ricas y como una deslumbrante venganza contra ellas.

Dicho as铆 y trasladado al contexto actual, la propuesta de una nueva forma de 芦imperio latino禄 impulsada no desde el aparato estatal sino desde los mundos existentes y por nacer 鈥攗n imperio que bien podr铆a ignorar las fronteras nacionales, dadas las cantidades de jitomates y mozzarellas que ya se consumen en Berl铆n鈥 podr铆a sonar como un programa de renuncia unido a una esperanza de consuelo revanchista. 脡ste no es el caso. Hay una profundidad estrat茅gica en este posible desenlace hist贸rico que convierte a Yuk en un valioso aliado. Como ha documentado ampliamente Jean-Michel Valantin en L鈥檃igle, le dragon et la crise plan茅taire, el antropoceno es un 芦campo de batalla sinoamericano禄. La Amazon铆a ya est谩 ardiendo por el apetito chino por la soja transg茅nica brasile帽a. El deshielo del 脕rtico es una bendici贸n comercial y una cuesti贸n geoestrat茅gica antes de ser la causa de la desafortunada desaceleraci贸n de la corriente del Golfo. La presi贸n del caos clim谩tico global sobre la producci贸n agr铆cola es una variable en el enfrentamiento que mantienen los Estados-mayores militares. Pero en contra de la previsi贸n de este autor, que quiere creer que la inteligencia artificial generalizada, la transici贸n digital, el smart farming y los drones agr铆colas podr铆an dar lugar a una 芦civilizaci贸n ecol贸gica禄, o incluso que al final, en lugar de enzarzarse en una rivalidad suicida, China y Estados Unidos se reconciliar谩n para salvar el planeta, est谩 claro que el proyecto estadounidense-chino de aceleraci贸n avanza hacia el muro. Su 煤nica raz贸n de ser es que la aceleraci贸n es la 煤nica forma en que las sociedades modernas pueden estabilizar su carrera demencial. La aceleraci贸n, al igual que la carrera internacional por el poder, es principalmente de car谩cter interno. Esto es lo que el geopol铆tico est谩 entrenado para no entender. Nadie cree en las presuntas finalidades: s贸lo se trata, para todo lo que gobierna, de mantener el statu quo por el 煤nico medio posible, es decir, la huida hacia delante. Ning煤n proyecto de geoingenier铆a frenar谩 la acumulaci贸n de CO2 en la atm贸sfera. Ninguna multinacional limpiar谩 los oc茅anos moribundos para pulir su imagen tras el 煤ltimo cataclismo industrial que ha provocado. Si alg煤n l铆der mundial pretende escuchar al extinto Bruno Latour, ser谩 simplemente para ganar un poco de tiempo y, por tanto, un poco de dinero. Bill Gates no salvar谩 脕frica, y mucho menos el planeta. El petr贸leo s贸lo dar谩 paso a la 芦energ铆a verde禄 para a帽adir a los derrames de petr贸leo el arrasamiento de todos los bosques 鈥攑erd贸n, la 芦biomasa禄鈥 que quedan en el mundo. La b煤squeda de rastros de vida extraterrestre s贸lo terminar谩 con los 煤ltimos rastros de vida terrestre misma, de la que esta b煤squeda habr谩 servido para desviar la mirada de los supervivientes superados por una ansiedad incomprensible. La agricultura de alta precisi贸n, o de barbarie consumada, no renunciar谩 a extender su imperio est茅ril por nada del mundo, y adem谩s se declarar谩 芦org谩nica禄, al igual que se destruyen con fuerza lo que el norte de Par铆s tiene todav铆a de banlieue al estilo Doisneau, con el pretexto de construir barrios ecol贸gicos y edificios de alta calidad ambiental, que, por cierto, seguir谩n desesperadamente vac铆os. Las turbinas e贸licas de doscientos metros de altura no hacen m谩s que ampliar y decorar la monstruosidad distribuida de una red el茅ctrica que no renunciar谩 al carb贸n ni a la energ铆a nuclear. Cada logro tecnol贸gico para remediar los estragos del capitalismo no hace m谩s que apilar nuevas e insuperables contradicciones a las antiguas. No hay ning煤n alma razonable en ning煤n pr铆ncipe de este mundo a la que pueda dirigirse la s煤plica de frenar y resonar, ni hay ninguna empresa que prevea pasar de la dominaci贸n tecnol贸gica a las cosmot茅cnicas. El cielo est谩 ya tan vac铆o para los metropolitanos que apenas se sorprenden al ver aparecer los deslumbrantes sat茅lites de Elon Musk. Tomando las cosas por su lado 芦subjetivo禄, no se puede sino estar de acuerdo con la profec铆a septuagenaria de Lewis Mumford: 芦Nunca antes el hombre ha estado tan libre de las limitaciones impuestas por la naturaleza, pero nunca antes ha sido tan v铆ctima de su propia incapacidad para desarrollar sus rasgos espec铆ficamente humanos hasta su plenitud; en cierta medida, como ya he sugerido, ha perdido el secreto de su humanizaci贸n. La etapa extrema del racionalismo poshist贸rico, podemos predecir con certeza, empujar谩 a煤n m谩s una paradoja ya visible: no s贸lo la vida misma se volver谩 m谩s y m谩s fuera del control del hombre a medida que los medios de vida se vuelvan autom谩ticos, sino que el producto final 鈥攅l hombre mismo鈥 se volver谩 m谩s y m谩s irracional a medida que los m茅todos de producci贸n se vuelvan m谩s racionalizados. En resumen, el poder y el orden, llevados al l铆mite, se invertir谩n en su contrario: desorganizaci贸n, violencia, aberraci贸n mental, caos subjetivo禄.

Se dice que el poder compacto del Partido Comunista Chino es m谩s capaz de realizar el necesario cambio verde por sus propios medios implacables que las decadentes democracias liberales occidentales. Cualquier observador serio e informado s贸lo puede observar en China, como en cualquier otro lugar, los efectos de los anuncios en torno a los espejismos voluntaristas en forma de abortos. La aceleraci贸n actual s贸lo tiene por objeto garantizar un control m谩s completo, y una malla m谩s molecular, de las masas humanas cada vez m谩s propensas al p谩nico ante los efectos del progreso; s贸lo se trata de estrechar el entramado de la red destinada a retener a los desertores. Es una carrera de velocidad entre el avance de la cat谩strofe y el progreso del control. Gane quien gane, el tren de la civilizaci贸n tecnol贸gica seguir谩 su marcha hacia el abismo a un ritmo cada vez m谩s aterrador. Al igual que no hubo una 芦superaci贸n del nihilismo a trav茅s del nihilismo禄, no habr谩 una victoria de China sobre Occidente a trav茅s de la tecnolog铆a occidental. Como muy bien se帽ala Yuk, la propia China se ha visto superada por los medios que ha empleado: ha sido a su vez el juguete de sus propios instrumentos, y de una ontolog铆a tan ajena como hostil. El cine chino contempor谩neo es testigo constante de este aturdimiento, de este desconcierto existencial y de este sentimiento de alienaci贸n incesante. Tambi茅n los chinos, independientemente de los oportunos resurgimientos del confucianismo, el mo铆smo, el tao铆smo o el legismo, han perdido el hilo de su propia tradici贸n a fuerza de pisotearla. Lo 煤nico que distingue a los chinos contempor谩neos de todos los dem谩s Modernos es un ardor m谩s inocente de movilizaci贸n general, un ansia de consumo menos agotado y un orgullo nacional un poco m谩s herido, y por tanto un poco m谩s excitable, que el del estadounidense promedio. 驴Qu茅 otra cosa podr铆a nacer sino un coronavirus de propagaci贸n mundial de una conurbaci贸n con carteles del Partido que proclaman 芦隆Cada d铆a un nuevo Wuhan!禄?

Si la actual carrera econ贸mica y tecnol贸gica se dirige hacia el muro, hay que admitir que dar un paso atr谩s podr铆a significar dar varios pasos adelante. Desertar el ya condenado juego de poderes podr铆a dar paso a un nuevo juego. Apartarse de la lucha hist贸rica podr铆a ser la 煤nica manera de prevalecer en una confrontaci贸n inherentemente perdedora. Dejemos a 芦China-Estados Unidos禄 a su triste suerte; pronto se dar谩 cuenta de que le hemos ganado la partida por el 煤nico camino practicable, y feliz. Todo indica, adem谩s, que las reservas m谩s considerables de invenci贸n, en casi todos los campos, no residen en un mayor desembolso de medios invertidos en el paradigma mecanicista sin aliento de la modernidad, sino en la disposici贸n a escapar de 茅l y a experimentar con hip贸tesis cosmot茅cnicas hasta ahora consideradas descabelladas. Aqu铆 es donde la propuesta de Yuk cobra todo su sentido, y merece ser tomada muy en serio por el lector franc茅s. Puede que nos corresponda a nosotros, reci茅n llegados de un continente en el que el sol no deja de declinar, recoger los elementos m谩s vigorizantes, espirituales y parad贸jicos de la tradici贸n tao铆sta. Tal vez nos corresponda apegarnos de nuevo a la tierra y al cielo para cultivar una eficacia que ya no resida centralmente en los efectos externos, en lo que es producido, sino en lo que se produce, en la dimensi贸n 茅tica, por tanto, y no intencional. Es posible que se trate de una forma de curaci贸n tan general como nuestra amputaci贸n fue civilizatoria. Puede que los j贸venes agr贸nomos que se hacen cargo de las granjas comunales en lugar de convertirse en asesores de las torres aerop贸nicas sean como los p谩jaros cuyo precipitado vuelo anuncia la tormenta, o el tsunami. Es posible que el 煤nico futuro de los ingenieros est茅 en el desmantelamiento del sistema industrial, al igual que el 煤nico futuro de la industria nuclear es el negocio del desmantelamiento de centrales, o la 芦gesti贸n禄 de los futuros Fukushimas. Si hay una condici贸n para la 芦resiliencia禄 en el caos que se avecina, es apartarse de las grandes redes t茅cnicas, ya sea para el suministro de electricidad, las comunicaciones o los alimentos: dejar de depender de ellas. Incluso si todo un continente se embarcara en la v铆a cosmot茅cnica, el nivel comunal seguir铆a siendo su camino preferido. La desindustrializaci贸n de Europa s贸lo se considera una maldici贸n en virtud del rechazo a verla como la 煤nica v铆a para un futuro sensato. Quienes, como Fr茅d茅ric Lordon, temen que, en caso de secesi贸n generalizada, tendr铆an que renunciar no s贸lo a sus computadoras producidas en Shenzhen, sino tambi茅n a sus plumas de pl谩stico procedentes de la India, s贸lo carecen de la capacidad de pensar procesalmente, no program谩ticamente. La unificaci贸n tecnol贸gica del mundo, que sustenta el Imperio y su homogeneidad 茅tica, ha llegado a su punto 谩lgido; de ah铆 el v茅rtigo de quienes consideran la posibilidad de un retorno a la tierra.

Simondon se帽al贸 en su momento que 芦el hombre moderno degrada la tecnicidad y la sacralidad al mismo tiempo, de la misma manera y por la misma raz贸n禄; reclamaba que el objeto t茅cnico fuera salvado de 芦su actual estatuto miserable e injusto禄, que fuera salvado, en particular, de su adulteraci贸n comercial. Para 茅l, hay una pluralidad de tecnicidades al igual que hay una pluralidad de sacralidades. Su pensamiento es loco, brillante, contradictorio, exploratorio. Por su extrema sensibilidad, su aprehensi贸n relacional, org谩nica y din谩mica de los fen贸menos, est谩 en consonancia con la de Yuk. Reclama un cambio de enfoque desde los objetivos que se agitan a lo lejos hacia la inmanencia de cada realidad t茅cnica. Arrancar de su invisibilidad todas esas infraestructuras que determinan nuestro modo de vida y que tanto gustan de fundirse en el fondo. Dondequiera que estemos, dondequiera que miremos el mundo que nos rodea, nos enfrentamos a las aberraciones impuestas por la l贸gica econ贸mica: totalizaci贸n, control, medici贸n, innovaci贸n, lucro. En el fondo, es la misma urgencia de volver a la tierra y desengancharse del curso demencial de la civilizaci贸n la que nos obliga a meditar, noci贸n por noci贸n, sobre la metaf铆sica occidental y a hacer estallar, objeto por objeto, el continuum tecnol贸gico. Hay tanto que descubrir en la arqueolog铆a del saber como en la genealog铆a de los objetos t茅cnicos que nos rodean, tantas bifurcaciones apenas esbozadas como condenadas por la 芦necesidad hist贸rica禄. Y en el fondo es la misma pasi贸n por entender c贸mo funciona y a qu茅 desviaci贸n de uso puede dar lugar lo que est谩 en juego aqu铆 y all谩. La divisi贸n entre utilidad y belleza, entre t茅cnica y 茅tica, entre 芦reino de la necesidad禄 y 芦reino de la libertad禄, entre acci贸n individual y necesidad colectiva, pierde aqu铆 todo su sentido en cuanto el proceso se lanza desde alg煤n lugar. Todo el mundo cree que esto es lo que exige el presente. Los flujos de deserci贸n siguen aumentando a medida que se materializa el impasse. Todo se juega aqu铆 en la relaci贸n con el tiempo: 芦Si mantenemos el valor puritano del Tiempo, es decir, su valor de uso, debemos preguntarnos c贸mo se emplea el tiempo, o c贸mo lo explotan las industrias del ocio. Pero si la noci贸n del uso funcional del tiempo pierde importancia, los hombres tendr谩n que volver a aprender algunas de las artes de vivir que se perdieron con la revoluci贸n industrial: c贸mo llenar los huecos de sus d铆as con relaciones personales m谩s ricas y relajadas禄 (E. P. Thompson, 芦Tiempo, disciplina del trabajo y capitalismo industrial禄).

Fuente: Artiller铆a Inmanente




Fuente: Lobosuelto.com