March 31, 2021
De parte de A Las Barricadas
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Domingo de Ramos. Jesús, tras cenar con Lázaro, Marta y María, encarga a sus discípulos que roben un burro. Una vez los cacos sisan el animal, entra Jesús en Jerusalén triunfalmente, montado en el burro. Conclusión: Jesús no sabía montar a caballo.

Lunes santo. Jesús cena con Lázaro y sus hermanas Marta y María de Magdala. Otra vez cordero. María se siente perturbada por la presencia del Maestro. Una sensación imprecisa e inenarrable. Toma un frasco de alabastro de perfume de nardo. Parte el recipiente, vierte el néctar sobre los pies y el pelo de Jesús, lo unge concienzudamente, y finalmente seca al Maestro con su propio pelo. La casa –dice la Biblia– quedó impregnada con un suave aroma. El Maestro, complacido. Conclusión: a Jesús le olían mucho los pies, Lázaro resucitado echaba un peste, y en esa casa no había toallas.

Martes Santo, última semana de Jesús de Galilea, también de nombre Enmanuel (no confundir con Er Manué er Paraeño). Jesús cena con sus discípulos (los predicadores perdonan pecados pero no perdonan ni una cena). Como digo, cena cordero. Otra vez cordero. De golpe, mientras todos están tan contentos, declara Jesús con voz potente: “entre vosotros [pausa]  hay un traidor”. Las mandíbulas se paran. Todos se miran con sospecha. Jesús suspira. Juan se reclina sobre su pecho y le pregunta: “dime dime Maestro, dime quién es el traidor”. Y Jesús le contesta por lo bajini… “Aquel a quien yo dé el pan mojado”. Jesús moja el pan en salsa, y le da el cacho pan a Judas Iscariote (no confundir con Judas Tadeo). Judas coge el pan, lo mira, mira a todos que lo están mirando, todos le miran mientras mastican lentamente, Judas mira a Jesús, mira el pan (otra vez), mira a un perro que se rasca, y grita: “¡Alamierda! ¡Iros a la mierda! ¡Os podéis ir todos a la puta mierda!”. Y sale echando chispas y pegando un portazo. Conclusión: que dice Jesús que: “¡córcholis!, ¡cómo se ha puesto Judas, que no aguanta ya ni una broma!”.

Miércoles Santo. Última semana de Jesús, el hijo del carpintero. Jesús pasa el día en Betania, y Judas está aún muy enfadado por los días que lleva. Primero dando la cara por el robo del burro. Luego organizando las cenas, que hay que tener mucha cara para decirle a un pardillo: “que esta noche viene a cenar el Maestro a tu casa”; “uy que bien”; “que vendremos trece a cenar, el Maestro, y los discípulos”; “¡Cómo que trece!”; “y que haya vino, ¡y nada de cordero!” … “¡Pero cómo que trece a cenar de gañote!”

Hay que tener mucha cara. Total, que a Judas le cogen los policías del Sanedrín de vuelta, y le piden que les entregue a Jesús. Judas les responde que la petición es absurda porque todo el mundo conoce a Jesús, siempre va predicando, y lleva detrás a doce discípulos, varios perros y un montón de chiquillos tirando escupiñas.

Los del sanedrín le explican que tanto Jesús como los discípulos les parecen iguales: todos visten igual con chillabas marrones, llevan pelo largo y barbas, van con capucha en verano y apestan a cordero en celo. Ellos necesitan un traidor, y pagarán bien. 

Sumamente turbado, Judas vuelve a Betania a tiempo para la cena. Entra en la casa donde todos están sentados venga a comer y a beber. Cordero nuevamente. Nada de verduras frescas. Judas se sienta, y en esto Jesús declara con voz tremenda: “¡Uno de vosotros me va a entregar!”. Todos miran a Judas, que se ha quedado pasmado. Judas reacciona y pregunta: “Maestro, ¿otra vez con esa mierda de la traición? ¿soy yo el traidor?”. Jesús ahueca la voz, la pone gangosa y le responde “¿soy yo el traidor soy yo el traidor ñiñiñiñí? Judas –cabreadísimo– pega un bote de un metro, y deja la cena con fría determinación. Conclusión: no invoques la traición, que lo mismo aparece.

Jueves Santo. Judas apaña la Última Cena en casa de José de Arimatea (no confundir con el aritmético). Enloquecido por la matanza de los corderos, vaga intentando buscar un lugar recogido, cuando llega la policía del sanedrín y le dicen que si es el traidor. Y sin más, le ponen en el bolsillo treinta siclos de plata. Judas piensa que a caballo regalado, y entra con estas meditaciones en el cenáculo donde Jesús está lavando los pies a los discípulos, porque echan un peste que te cagas. Judas se pone en la fila para el pediluvio, pero cuando llega Cristo a él sirven el cordero. ¡Otra vez cordero! Jesús toma el cordero y le dice a Judas que “esta es mi carne”. Judas arquea. Después les pide a todos que sean buenos, y viendo a Judas que para serenarse toma una copa con vino, le asegura que “esta es mi sangre”. Judas arquea dos veces, vomita y huye a Egipto dando voces. Luego mientras las mujeres limpian, Jesús declara que se va a orar al huerto, y se duerme. En esto que llega la policía y le pregunta a Juan que dónde está el Maestro. Sin dudar ni un segundo, señala a Pedro que viéndose rodeado, se lía a sablazos con su espada y le corta una oreja a Malco, uno de los policías del sanedrín. Hay sangre por todas partes. Gritos. Una peste a cordero. Jesus despierta y pregunta un “¿pero qué pasaaa?”, y viéndolas venir echa a correr, de resultas de lo cual cae por la ladera del huerto justo en el baldaquino de Caifás, al cual deja hecho polvo. Caifás aúlla porque el baldaquino no estaba asegurado y era nuevo, y la guardia detiene a Jesús, que de inmediato es condenado a muerte. Se dirigen al palacio de Pilatos para que ratifique la sentencia. Pilatos pregunta que “¿pero qué pasaaa?”, y rápidamente los sacerdotes informan de los delitos de Jesús: de niño masacró a otros niños que le molestaban con rayos e infartos, de resultas de lo cual fue un niño solitario ya que nadie se acercaba a él; su madre le comió el coco con el rollo de que él era el Mesías; robó un burro el domingo; impidió el libre comercio tirando los tenderetes de los mercaderes; hizo que los demonios entrasen en una piara de cerdos despeñándolos por un barranco… La lista es interminable. Pilatos pide que le dejen en paz, y declara que elijan entre condenar a Jesús o a Barrabás, que está acusado de asesinato en serie, estupro, pedofilia, homosexualidad y bestialismo. Jesús protesta, pero no hay apelación posible. Dos sargentos de la Legión le desnudan, le flagelan, le plantan una corona de espinas y le dan a beber vinagre. A pesar de todo, sigue oliendo a cordero. Conclusión: de ahí viene lo del cordero de dios. 




Fuente: Alasbarricadas.org