February 25, 2021
De parte de Red Nacional De Medios Alternativos
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Este mi茅rcoles continu贸 el juicio contra genocidas de R铆o Negro y Neuqu茅n. Declararon Eduardo Buamscha, ex detenido y exiliado, C茅sar Altomaro Villaverde, hijo de Alicia y Dar铆o que brind贸 el testimonio de todo lo que el mismo terrorismo de estado que secuestr贸 a sus xadres le hizo vivir siendo un ni帽o, y H茅ctor Villaverde, hermano de Alicia, quien relat贸 su b煤squeda y las condiciones en las que la hall贸 cuando pudo reencontrarse con ella. En la audiencia, adem谩s de los secuestros, las torturas y las desapariciones, quedaron evidenciadas de manera expl铆cita las violencias sexuales y las violencias contra las infancias.

15 d铆as que se convirtieron en 15 meses de cautiverio y 8 a帽os de exilio

Eduardo Buamscha declar贸 por zoom. Cuando se instaur贸 la dictadura c铆vico militar eclesi谩stica en Argentina, 茅l integraba el bloque de diputadxs del Frente Justicialista. En su testimonio de este mi茅rcoles, asegur贸 que 鈥sab铆amos que se aproximaba un golpe militar, pero no imagin谩bamos que iba a ser tan brutal鈥.

Pocos d铆as despu茅s del inicio de la dictadura, Buamscha se reuni贸n con un gremialista ferroviario en la casa de un compa帽ero que estaba de viaje y su pareja. Mientras estaban en el lugar, comenzaron a escuchar ruidos provenientes de afuera y enseguida se dieron cuenta de que iban a allanar el lugar. El diputado pudo escapar hacia lo de un vecino, el ex presidente del Tribunal Superior de Justicia Oscar Massei, desde donde pudo observar lo que suced铆a e identificar cuando se fueron. En la vivienda estaba la due帽a de casa, quien le dijo que lo estaban buscando a 茅l y que el genocida Ra煤l Guglieminetti se hab铆a llevado el bolso con sus pertenencias.

El ex detenido Eduardo Buamscha declarando por videoconferencia

Tras esa situaci贸n, Buamscha fue a hablar con el entonces obispo Jaime de Nevares, quien averigu贸 y le dijo que lo buscaban 鈥減or montonero鈥, y que como 茅l no era montonero le conven铆a entregarse. Hizo caso a la recomendaci贸n y fue al comando con su compa帽ero Ra煤l Gonz谩lez, donde fueron atendidos por el genocida Oscar Reinhold, a quien reconoci贸 de inmediato por haber sido su superior cuando hizo el servicio militar. El represor le explic贸 que aunque no fuera montonero deb铆a ser investigado y tendr铆a que esperar en la c谩rcel entre una semana y quince d铆as. Pas贸 15 meses en cautiverio y despu茅s 8 a帽os en el exilio.

El diputado fue trasladado por el genocida Luis Alberto Far铆as Barrera, quien se present贸 por su nombre, a la Unidad de Detenci贸n N掳9, edificio clave en el circuito represivo de la subzona 52. Buamscha declar贸 que estuvo ah铆 unos cuatro o cinco meses 鈥渉asta que caen unas personas del PRT que en alg煤n momento hab铆a resguardado en mi casa鈥. Si bien era un diputado peronista, ten铆a vinculaci贸n con militantxs pol铆ticxs de otras tendencias, y de hecho guardaba en su casa un mime贸grafo que utilizaban para imprimir y repartir volantes, a pedido de la a煤n desaparecida Alicia Pifarr茅.

Mientras estuvo en esa prisi贸n, un d铆a fue llevado a la sede neuquina de la Polic铆a Federal, donde fue interrogado por Ra煤l Guglielminetti. 鈥淢e interrog贸 con mucha autoridad, pero no me golpe贸 como s铆 golpe贸 y muy fuerte a otros, como Nano Balbo y Carlos Cristensen鈥, el episodio ocurri贸 en una sala com煤n, no en la de tortura.

鈥淢e llevan al aeropuerto de Neuqu茅n, me vendan los ojos por orden de Far铆as y me atan las manos, me suben a un avi贸n chico en el que hab铆a varias personas que se quejaban porque hab铆an sido maltratadas鈥, record贸 el ex detenido.

Lo llevaron a la Escuelita de Bah铆a Blanca, donde 鈥渦na vez me interrogaron con una data de una precisi贸n que no se puede entender, sab铆an perfectamente lo que yo sab铆a鈥. Hab铆a una sala de tortura donde interrogaban 鈥淧edro鈥 y el 鈥渢铆o鈥 (genocida Santiago Cruciani) 鈥en un camastro de hierro, con electricidad y golpes鈥. Lo hicieron firmar un papel con los ojos vendados y asegur贸 que 鈥渁lguien registraba todas las torturas, tiene que haber registro de eso鈥. Le preguntaron por Felipe Sapag, de quien era opositor, por Ra煤l Gonz谩lez, por Susana Mujica y por el grupo de detenidxs en lo que se conoci贸 como el Operativo Cutral C贸.

No fui torturado de la misma manera que otros; me pusieron cables, pero pude volver y comer sopa鈥, explic贸, en relaci贸n a que a la mayor铆a que le pasaban electricidad no les permit铆an beber l铆quidos despu茅s: 鈥no fue nada comparado con lo que yo vi鈥. Asegur贸 que en la sala de torturas hab铆a un m茅dico que controlaba el coraz贸n de las v铆ctimas e indicaba si la sesi贸n pod铆a seguir o no: 鈥測o hab铆a advertido que ten铆a problemas de coraz贸n, entonces no me pon铆an la picana en determinados lugares, sino los cables directamente debajo de la venda鈥.

Hab铆a un lugar de 鈥渞eposo鈥 que estaba a unos 100 metros de la sala de tortura, cerca de una caballeriza. Casi no com铆an, una sopa de vez en cuando, aunque 鈥渘o est谩bamos preocupados por la comida, est谩bamos preocupados por la vida鈥. Les dec铆an que si ve铆an algo, directamente les disparaban, as铆 que iban vendadxs hasta al ba帽o.

Por las noches era testigo de c贸mo los genocidas retiraban a las mujeres detenidas hacia otra secci贸n: 鈥渘o tengo pruebas, pero hay denuncias de violaciones y estoy seguro de que las hubo鈥.

En Bah铆a Blanca reconoci贸 a Alicia Pifarr茅 y a Susana Mujica, a煤n desaparecidas: 鈥渘o las pod铆a ver, pero las escuchaba; una lloraba mucho, creo que Alicia, una compa帽era que sobrevivi贸 cont贸 despu茅s que no ten铆a u帽as y que estaba muy lastimada; ambas hab铆an sido torturadas salvajemente, como muchos鈥.

Tambi茅n reconoci贸 a Alicia Villaverde y a Dar铆o Altomaro, con quienes sigui贸 en contacto durante el exilio, y a Miguel 脕ngel Pincheira, que permanece desaparecido.

Entre 20 d铆as y un mes despu茅s lo regresaron a Neuqu茅n en avi贸n, con Ra煤l Gonz谩lez, Pedro Maidana y Emiliano Cantillana Marchant, nuevamente a la U9, desde donde lo trasladan al penal de Rawson, en septiembre de ese mismo a帽o y hasta marzo del 77.

Buamscha record贸 que en Rawson lxs golpeaban mucho, que no hab铆a permanentemente torturas, como en Bah铆a, y que ocurr铆an en una sala aparte, pero que a 茅l no le toc贸, aunque s铆 鈥済olpes con palos cuando sal铆amos al patio, como apalean los guardiac谩rceles a todo el mundo鈥. Siempre estuvo con los ojos vendados. La diferencia en ese lugar fue que permitieron que su familia lo visite, aunque para eso tambi茅n ten铆an que soportar malos tratos.

En marzo de 1977, Buamscha y otras siete personas son trasladadas, seis quedan en Neuqu茅n para ser llevadas a Fiske Menuko (Roca) y 茅l y otro compa帽ero a la c谩rcel de Devoto en Buenos Aires, donde estuvo hasta junio, cuando M茅xico le brind贸 asilo pol铆tico.

Lleg贸 a M茅xico con su compa帽era y tiempo despu茅s lleg贸 su ex compa帽era con su hija, a quien no hab铆a podido ver durante todo el cautiverio. 鈥Fuimos muy bien recibidos en M茅xico, tuvimos trabajo siempre pero extra帽谩bamos much铆simo鈥, dijo. Reci茅n en 1984 pudo regresar a Argentina y este mi茅rcoles contar su historia frente al tribunal, para seguir construyendo memoria.

 

C茅sar Altomaro Villaverde ten铆a 7 a帽os cuando sus xadres, Dar铆o y Alicia, fueron secuestradxs por el estado terrorista: 鈥渓o que cuento es el recuerdo de un ni帽o y quien soy hoy en relaci贸n a quien fui鈥.

El hijo de Alicia Villaverde y Dar铆o Altomaro

鈥淭engo algunos recuerdos muy vagos, pero me daba cuenta de que algunas cosas no me las contaban porque eran momentos muy dif铆ciles para todos los amigos de la familia, me daba cuenta de que las cosas no estaban bien鈥, comenz贸 relatando y cont贸 que en ese entonces viv铆an en lo de su abuela materna y a partir de ah铆 una escena que parti贸 el aire en la sala al tiempo que se quebr贸 su voz y rompi贸 en llanto: 鈥渦no de los recuerdos que tengo es el de estar una noche con mi abuela y mi hermana (de tres a帽os), acostados y dormidos, y que entre la gendarmer铆a; mi abuela nos tapaba y los gendarmes nos quer铆an agarrar y mi abuela se pon铆a de costado para que mi hermana y yo qued谩ramos contra la pared; me acuerdo de mi abuela pateando y peleando para que no nos tocaran鈥. No le permit铆an mirar, pero 茅l pod铆a ver apenas los cintos, las puntas de los fusiles y las botas de los represores.

鈥淭odo era muy vertiginoso鈥, asegur贸 en relaci贸n a los inicios de la dictadura c铆vico militar eclesi谩stica: 鈥渟oy el mayor y el que m谩s pudo ver algunas cosas; mi abuela lloraba todo el tiempo y no ten铆amos mucho dinero鈥.

鈥淢e acuerdo de emociones, de silencios, incluso hasta por ah铆 de verg眉enzas de saber que algo estaba pasando y no sab铆amos bien qu茅 era鈥, especific贸 Altomaro Villaverde.

鈥淓n el 76 se los llevan y a fines del 78 o principios del 79 nos exiliamos en M茅xico, porque no estaba pasando solamente en Argentina, sino en toda Latinoam茅rica鈥, cont贸 el testigo. Reci茅n en el exilio su madre pudo hablar algunas cosas con 茅l, que rememor贸 con el dolor expl铆cito de quien entiende que la memoria es el camino aunque implique no dejar ir el tormento del recuerdo: 鈥減ara mi mam谩 fue muy dif铆cil cont谩rmelo, ella entend铆a que yo era un ni帽o de 10 a帽os鈥 Lo dif铆cil que debe haber sido contarme con 10 a帽os lo que significaban las torturas, yo ten铆a 10 a帽os y a esa edad tuve que entender que a mi mam谩 le met铆an una picana en la concha, que le quemaron las tetas, que la violaban鈥 y yo era el mayor y era var贸n y mi pap谩 no estaba y yo sent铆a que era la persona que ten铆a que cuidar a mi familia鈥.

Con su padre no pudo nunca hablar mucho del tema, ya que la principal secuela que le qued贸 del cautiverio fue la de tener ataques de p谩nico que comenzaban cada vez que empezaba a narrar recuerdos de lo ocurrido durante su secuestro, motivo por el cual tampoco podr谩 declarar en este juicio. 脡l viaj贸 a M茅xico en 1980 con uno de lxs hijxs que tuvo con Susana Mujica. De las pocas an茅cdotas que pudo contarle, C茅sar Altomaro Villaverde refiri贸 unas pr谩cticas de simulacro de fusilamiento en Bah铆a Blanca en las que sacaban a todxs al patio, les quitaban la ropa y lxs encapuchaban diciendo que hab铆a llegado el momento y que lxs iban a matar, entonces abr铆an fuego y disparaban, pero despu茅s se les acercaban y les dec铆an que 鈥渉oy no鈥. Cuando lxs entraban, lxs secuestradxs aprovechaban para gritar sus nombres y reconocerse: 鈥渁h铆 fue que mi mam谩 supo que estaban mi pap谩, el ruso y el resto鈥.

Alicia Villaverde integraba el grupo de teatro donde estaban tambi茅n Alicia Pifarr茅, Susana Mujica y Dar铆o Altomaro. La secuestraron represores de civil de su lugar de trabajo, Obras P煤blicas de la provincia, la llevaron encapuchada, 鈥渘o ve铆a nada, entonces mucho de todo ese momento era m谩s por olores y sonidos鈥. El hombre record贸 que 鈥en esa misma redada se lo llevaron a mi pap谩, al rulo (Ra煤l Dom铆nguez), al grupo todo junto, de hecho en un momento estuvieron juntos todos, tambi茅n con Susana Mujica, en Bah铆a Blanca se reconoc铆an escuch谩ndose鈥.

El genocida Ra煤l Guglielminetti siguiendo la audiencia desde la Unidad 31 del Servicio Penitenciario Federal 鈥 Foto: Iris S谩nchez.

鈥淢i mam谩 era muy amiga de Susana, encima las dos hab铆an tenido hijos con el mismo hombre, se quer铆an mucho鈥, explic贸 C茅sar: 鈥a Susana se la llevaron de la casa, donde estaba Matilda, de 3 a帽os, y Mart铆n que acababa de nacer, entonces mi pap谩 fue a buscar a los nenes, sabiendo que se hab铆an llevado a Susana, y ah铆 se lo llevaron鈥.

A Alicia la llevaron primero a la sede neuquina de la Polic铆a Federal, donde fue brutalmente torturada por el genocida Ra煤l Guglielminetti, de ah铆 a la Escuelita de Neuqu茅n y luego a la de Bah铆a Blanca, ambos centros clandestinos de detenci贸n, tortura y exterminio donde padeci贸 todas las atrocidades que el estado ejerc铆a sobre lxs cuerpxs de sus presas. Incluso, cuando fue liberada en M茅danos, habiendo sobrevivido al cautiverio y sus horrores, fue violada por un polic铆a, seg煤n le cont贸 su hermana Eleonora, que declarar谩 en la pr贸xima audiencia, y como confirm贸 H茅ctor Villaverde, su t铆o, quien declar贸 despu茅s que 茅l. 鈥淣o s茅 c贸mo se vive despu茅s de eso鈥, expres贸.

鈥淒espu茅s de los secuestros, los golpes, las violaciones, nunca qued贸 bien; de los golpes que recib铆a en la cabeza nunca m谩s se recuper贸, en casa no se pod铆a hacer ruido porque le estallaba la cabeza del dolor, m谩s tarde mi hermana me cuenta que era por los golpes terribles que recibi贸 y por los golpes psicol贸gicos鈥, cont贸 el hijo de Alicia y Dar铆o.

Alicia Villaverde y sus dos hijxs se fueron a vivir a San Rafael, Mendoza, durante un tiempo, hasta que pudieron exiliarse en M茅xico.

鈥淢i mam谩 no quer铆a saber nada de este pa铆s y se enferma mi abuela y no le qued贸 otra que venir, pero no quer铆a: se subi贸 al avi贸n y le dio un pico de presi贸n y se le paraliz贸 la mitad del cuerpo y nunca se recuper贸; as铆 como estaba sali贸 a pasear por las calles neuquinas y se cruz贸 con la persona que le hizo eso鈥, denunci贸 el hombre frente al tribunal: en democracia el torturador de su madre segu铆a paseando por las calles como si nada. Como muchos de los genocidas se pasean a煤n hoy porque la justicia burguesa llega tarde, porque no llega, porque no alcanza.

En 2014 falleci贸 Alicia Villaverde. 鈥淢i mam谩 muri贸 sin una pensi贸n, sin obra social, de c谩ncer, en el hospital p煤blico, le extirparon los dos pechos鈥 y lament贸 que cuando regres贸 del exilio 鈥nunca m谩s consigui贸 trabajo en Neuqu茅n, siendo que cuando se la llevaron trabajaba en la provincia, jam谩s le dieron una pensi贸n, una jubilaci贸n, no le dieron la posibilidad de recuperarse鈥.

C茅sar Altomaro Villaverde reflexion贸 que su madre 鈥渆ra una mujer muy sencilla y era una mujer muy buna鈥, pero que 鈥casi no hubo abrazos con mi mam谩, casi no hubo besos: siempre hab铆a que ser fuerte, siempre hab铆a que seguir鈥. Lejos de plantearlo como un reclamo hacia ella, asegur贸 que 鈥渉ubiera sido otra mujer si no le hubiera pasado todo esto鈥, que fue el terrorismo de estado el que la molde贸 as铆. Record贸 que 鈥渢en铆a voluntad, ten铆a sue帽os, ten铆a ideales, cre铆a en un mundo mejor, pero aun volviendo no hab铆an cambiado las cosas, porque su torturador andaba caminando por ah铆鈥.

Cuando era ni帽o todo el tiempo se repet铆a que hab铆a que seguir. Se record贸 en el exilio, en M茅xico: 鈥渓a vida segu铆a y ahora que tengo hijos e hijas entiendo c贸mo un padre piensa de c贸mo proteger a sus hijos; eran tiempos muy dif铆ciles, lleg谩bamos sin nada y tampoco hab铆a nada para vivir; algunas cosas las fui aprendiendo con el tiempo y otras las entend铆 reci茅n cuando volv铆 a Argentina; entend铆 por ejemplo que hab铆a un mont贸n de gente a la que le hab铆a pasado鈥.

鈥淢is viejos dec铆an que su lugar de militancia era el teatro, esa era su batalla; inevitablemente hab铆a relaci贸n entre esa militancia que ten铆a que ver con las ideas鈥, cont贸 e hizo alusi贸n a Pifarr茅: 鈥渆ra una piba divina y de golpe no est谩 m谩s鈥.

El abrazo de C茅sar Altomaro Villaverde y Eduardo Paris

鈥淎 mi pap谩 lo soltaron cerca de Bah铆a y un amigo lo fue a buscar a Cipolletti para que pudiera pasar el puente en el ba煤l鈥, dijo el hombre sobre Dar铆o Altomaro: 鈥茅l no puede declarar, no va a declarar en este juicio porque no puede hablar de este tema directamente, entonces tambi茅n le ha costado contarme cosas; todav铆a sufre ataques de p谩nico, en alg煤n momento intent贸 contarme cosas y autom谩ticamente empezaba a llorar y temblar: s茅 lo de los golpes, lo de los disparos, que le dec铆an que ten铆a que estar 鈥榗ontento de tener a las dos minitas que se coj铆a鈥欌. Cuando lo liberaron se instal贸 en Rosario y en 1980, cuando los genocidas ya lo ten铆an identificado nuevamente, se fue a M茅xico con su entonces compa帽era y el menor de lxs hijxs que ten铆a con Susana Mujica, donde se reencontr贸 con Alicia, C茅sar y Eleonora.

 鈥淵o era un ni帽o feliz que viv铆a remontando barriletes y tirando piedras y de un d铆a para otro estaba en M茅xico en una escuela con 2500 ni帽os; c贸mo termin茅 all谩 no lo s茅, nos escribieron la vida a esos ni帽os鈥, reflexion贸 el hombre: 鈥no s茅 qui茅n ser铆a hoy, pero alguien tom贸 la decisi贸n, porque fue alguien, no el destino, de que pas谩ramos sangre, que vivi茅ramos cosas que ni pens谩bamos experimentar鈥, y cont贸 que 鈥cuando llegamos a M茅xico yo fui el primero en conseguir trabajo鈥, junto a otrxs ni帽xs que trabajaban en un supermercado cercano a su casa, embolsando las compras de lxs clientxs a cambio de monedas. 鈥Cuando llegu茅 a casa con mis primeras monedas, mi mam谩 lloraba y yo no entend铆a por qu茅 lloraba, si yo llevaba plata para comer y ahora que soy pap谩 me doy cuenta de que mi mam谩 lloraba de impotencia鈥, rememor贸.

Mientras su madre estuvo secuestrada, 鈥mi abuela y mi t铆o la buscaron por todos lados, con el miedo de perder la vida en una pregunta鈥.

Para concluir su testimonio, C茅sar Altomaro Villaverde dijo que aunque le es muy dif铆cil hablar de este tema 鈥渓o m谩s importante es la memoria鈥. Reivindic贸: 鈥yo estoy ac谩 por la memoria, por mi mam谩, por mi pap谩, por Susana, por Alicia, por todos esos chicos que iban detr谩s de sus sue帽os, por todos los que no est谩n y por los que quedaron heridos de por vida鈥 y dijo que 鈥渆sta historia se ha hecho callo en nosotros, creo que todos nosotros somos sobrevivientes, no nos olvidamos nunca que podr铆amos haber tenido otra vida鈥 y finaliz贸 asegurando que 鈥渕i mam谩 estar铆a contenta de que yo est茅 ac谩鈥.

El hijo de Alicia y Dar铆o concluy贸 su declaraci贸n definiendo que 鈥somos hijos del exilio鈥. 脡l fue el 煤nico que pudo volver a Argentina, todxs sus hermanxs contin煤an en M茅xico. Dijo que sus recuerdos son 鈥m谩s tristes que valientes鈥, pero que 鈥渆stoy ac谩 tambi茅n por mis hijos, porque no tuvieron la posibilidad de conocer a su abuela; esos chicos que ya nacieron sin abuelos no tuvieron la ventaja de tener una abuela que los proteja de que se los lleven los milicos a cualquier lado鈥.

鈥淎 mi hermana la secuestr贸 Ra煤l Guglielminetti鈥

El 煤ltimo en declarar, aunque su testimonio fue interrumpido llegando al final por haberse cortado la conexi贸n de internet del TOF y con ella la posibilidad de que las partes que participan por zoom puedan intervenir, fue H茅ctor Jos茅 Villaverde, hermano de Alicia. Rememor贸 la b煤squeda de la joven y la desesperaci贸n que ten铆a por no saber a d贸nde la hab铆an llevado a ella y a lxs otrxs teatristas.

鈥淓l que secuestr贸 a mi hermana es el mayor Gustavino鈥, asegur贸 en la audiencia de este mi茅rcoles, en clara referencia al genocida Ra煤l Gugliemnietti, que se hac铆a llamar as铆.

Cuando se llevaron a Alicia Villaverde, H茅ctor quiso avisarle a Alicia Pifarr茅, que en ese entonces viv铆a con ellxs, entonces fue a buscarla a la universidad: 鈥渘o la encontr茅 y nunca m谩s la vi鈥, dijo: 鈥渘o la vi esa noche y no la vi nunca m谩s, ni a ella ni a Susana Mujica ni a ninguno de esos chicos que pertenec铆an al grupo de teatro鈥.

A partir de ah铆, emprendi贸 la b煤squeda acompa帽ado por el teatrista Ra煤l Toscani. De todos los lugares a los que fueron, en la sede neuquina de la Polic铆a Federal el hombre pudo reconocer el gamul谩n que estaba usando su hermana.

H茅ctor Villaverde, hermano de Alicia

Luego le recomendaron viajar a Buenos Aires, al Congreso, donde habl贸 con un comisario (Bord贸n, sin m谩s referencias) que le asegur贸 que pocos d铆as despu茅s tendr铆a novedades. De vuelta en Neuqu茅n, de la mano del abogado Hugo Lapilover present贸 un habeas corpus.

A los pocos d铆as, apareci贸 en su puerta un hombre pelirrojo, desconocido, que le inform贸 que en la casa de un pariente suyo, en R铆o Colorado, hab铆a dos chicas para ir a buscar. H茅ctor Villaverde viaj贸 inmediatamente y, en efecto, una de esas mujeres era su hermana. Record贸 que mientras las tra铆a 鈥渘o pod铆a creer lo que deja la tortura en el pecho de una mujer, es desastroso, un pecho abierto; su estado f铆sico era una cosa terror铆fica鈥, e hizo referencia a la violaci贸n post liberaci贸n por parte de un polic铆a.

El testigo tambi茅n record贸 que mientras Alicia y Dar铆o estaban secuestradxs las fuerzas represivas allanaron dos veces la vivienda en la que quedaron su madre y sus sobrinxs.

Concluy贸 diciendo que 鈥el p谩nico no se te va m谩s; yo tengo dos hijas a las que lamentablemente he educado con miedo, miedo, miedo a todo, a que frene un auto afuera de tu casa aunque sean las nueve de la ma帽ana鈥.

El pr贸ximo mi茅rcoles 3 de marzo desde las 9 contin煤a el juicio con testimonios que revivir谩n los secuestros de Alicia Pifarr茅 y Susana Mujica, quienes integran la lista de lxs 30.000 que el estado terrorista  en dictadura desapareci贸 y sobre la que todos los gobiernos democr谩ticos desde 1983 a esta parte permitieron silencio.

 

#NiOlvidoNiPerd贸nNiReconciliaci贸n
#FueGenocidio

隆30.000 compa帽erxs detenidxs desaparecidxs PRESENTES!

 




Fuente: Rnma.org.ar