May 1, 2021
De parte de ANRed
257 puntos de vista


Despu茅s de 45 a帽os, Dora Seguel declar贸 por primera vez en Neuqu茅n acerca de su propio secuestro. Dijo al tribunal que para hacerlo tra铆a a la audiencia a la adolescente de 16 a帽os que ninguna ley protegi贸. Habl贸 del cautiverio y de las violaciones a las que fue sometida, que ser谩n abordadas judicialmente como delito aut贸nomo del resto de las torturas. Tambi茅n habl贸 del caso de su hermana Argentina, fallecida sin llegar a exponer su historia en una instancia como esta, y su hermana Arlene, quien contin煤a desaparecida. Por El Zumbido / RNMA.


Estoy parada en un portal del tiempo
con los brazos abiertos
esperando un abrazo que no llega
(fragmento de una poes铆a de Dora Seguel)

Dora Seguel lleg贸 a la audiencia con un mont贸n de fotos con los rostrxs de sus compa帽erxs desaparecidxs que exhibi贸 a los jueces cada vez que lxs nombr贸, 鈥減ara que tomaran dimensi贸n de la persecuci贸n sanguinaria que hubo contra nuestro grupo: era importante que vieran todas esas caras detenidas en el tiempo, para que reaccionen, porque muchos todav铆a est谩n desaparecidos y las que pod铆an declarar por Arlene, ya no est谩n鈥, declar贸 luego a la prensa.

Habl贸 primero de su familia, de un hogar obrero en Cutral Co al que record贸 entre l谩grimas y el olor a naranjas que sal铆a de la valija de su padre cuando llegaba de trabajar en el campo, para YPF. Habl贸 de un luchador que particip贸 en la gran huelga petrolera de 1958. Del olor a tostadas con queso con el que las despertaba su madre que trabajaba d铆a y noche en su casa con tareas de cuidado, Flora Betancourt, quien sin saberlo 鈥渟e fue convirtiendo en una madre de plaza de mayo鈥. De sus cinco hermanxs y del amor que hab铆a entre ellxs, del v铆nculo particular y compa帽ero con Argentina y Arlene, con quienes pasaban noches enteras leyendo poes铆a y m谩s tarde form谩ndose pol铆ticamente.

Dora era la m谩s chica de las tres, Argentina ten铆a tres a帽os m谩s y Arlene otros tres. Fueron las primeras del 谩rbol geneal贸gico en hacer la secundaria; Arlene lleg贸 incluso a la universidad, pero el gobierno de facto no dej贸 que la terminara. Dora se hizo maestra, muchos a帽os despu茅s. Argentina falleci贸 en 1982.

鈥淭odo era tranquilo hasta que Arlene decide seguir estudiando en la universidad鈥 en Neuqu茅n, en 1974, comenz贸 narrando Dora Seguel: 鈥渃onsigui贸 alojamiento en el albergue universitario y su rendimiento acad茅mico era excelente鈥. 鈥淐uando ella regresaba (a Cutral Co) mi casa era una fiesta: las tres nos qued谩bamos hasta la madrugada cantando las canciones de Violeta Parra y leyendo sociolog铆a; era como estar haciendo en paralelo la carrera de sociolog铆a鈥, rememor贸.

鈥淗abl谩bamos de todo, pero nos impact贸 mucho una vez que ella hab铆a trabajado en un censo con los trabajadores golondrina y nos cont贸 la realidad que viv铆an鈥, record贸 Seguel: 鈥nos fue cambiando la forma de ver la realidad鈥.

鈥淓n 1975 Arlene estaba muy distinta y en abril decide que se vuelve a vivir a Cutral Co para poder trabajar y estudiar鈥, cont贸 su hermana, 鈥渆staba distante y hac铆a salidas de las que no nos contaba鈥. Empez贸 a trabajar en una empresa de construcci贸n y acompa帽贸 la lucha de los obreros por sus salarios. 鈥淯na noche por nuestra insistencia nos cont贸 que hab铆a empezado a militar en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que por eso ten铆a que trabajar鈥, y las j贸venes no dudaron en querer hacer lo mismo: 鈥渘os dijo que era un partido desde la clandestinidad y que nadie deb铆a saber que est谩bamos militando鈥. As铆 fue que Argentina y Dora se incorporaron a la Juventud Guevarista, 鈥渄onde est谩bamos los m谩s j贸venes y el compromiso era m谩s liviano鈥 y pudieron impulsar el centro de estudiantes, una cooperativa para la compra de 煤tiles escolares a menor precio y una feria de libros, entre otras acciones.

Dora Seguel cont贸 que 鈥el PRT funcionaba a trav茅s de c茅lulas, por lo que yo no conoc铆a a todos los compa帽eros ni todos los compa帽eros me conoc铆an a m铆鈥.

Su madre sab铆a de sus actividades y de hecho era a su casa donde llegaban ejemplares de las publicaciones del partido, El Combatiente y Estrella Roja, para armar y luego repartir.

鈥淟o que nos lleva a militar no es el amor a uno mismo, no 茅ramos narcisistas, era el amor profundo a un pueblo鈥, asegur贸  y dijo que 鈥渄esde el primer momento supimos que pod铆an detenernos, pero no nos quit贸 el honor que tengo de haber sido miembro del PRT鈥.

Record贸 que en 1975 hubo en el pueblo un aluvi贸n y que andaban camiones repartiendo colchones y otros elementos, y que cuando el cami贸n pas贸 por su casa el que repart铆a era Tito Campos 鈥搈ilitante del PRT, estudiante y trabajador de YPF, asesinado a sus 27 a帽os en una emboscada en Tucum谩n, en el 鈥渙perativo independencia鈥- . Desde ese momento, Campos empez贸 a acercarse con frecuencia a la familia Seguel: 鈥hay muchas cosas sobre 茅l, pero m谩s que nada la ternura, el cari帽o y el respeto, era infinito鈥, pero lleg贸 julio y 茅l lleg贸 para despedirse porque se iba a combatir a Tucum谩n; fue la 煤ltima vez que lo vieron; en octubre se enteraron de su asesinato: 鈥fue la primera vez que yo sent铆 que nos enfrent谩bamos con la muerte鈥. En su homenaje qued贸 una vasija de barro con flores de crisantemo 鈥渜ue siempre renov谩bamos en nombre de Tito鈥.

Dora Seguel record贸 tambi茅n a M贸nica Mor谩n, tambi茅n militante del PRT, secuestrada y acribillada por genocidas en una masacre que los medios definieron como 鈥渆l abatimiento de cuatro elementos subversivos con frondoso prontuario guerrillero鈥. Cont贸 que 鈥渄espu茅s de lo de Tito, en enero, M贸nica decide volverse a Bah铆a Blanca por todas las detenciones que estaban habiendo鈥; la joven, adem谩s de maestra, artista pl谩stica, titiritera y poeta, era trabajadora no docente de la ya intervenida Universidad del Comahue. All铆 fue secuestrada de una sala de teatro independiente y estuvo en cautiverio en La Escuelita de Bah铆a, donde Dora Seguel la escuch贸, antes de ser asesinada.

El 24 de marzo, Dora Seguel se enter贸 por el diario R铆o Negro que 鈥渉ab铆a golpe de estado y pena de muerte a partir de los 16 a帽os鈥. Las hermanas 鈥渢omamos conciencia de que lo que ven铆a era mucho m谩s duro, se ve铆a un despliegue impresionante del ej茅rcito鈥.

La mujer record贸 tambi茅n al desaparecido Carlos Ch谩vez 鈥搈ilitante del PRT y trabajador de YPF-, con quien sali贸 a hacer una pegatina contra la baja de la edad para incorporarse al ej茅rcito como soldados: 鈥渟alimos de noche y con las camionetas del ej茅rcito cruz谩ndonos a cada rato, me acompa帽贸 a casa鈥.

Empezaron a intensificar las medidas de seguridad: 鈥渄esde el partido nos dijeron que limpiemos las casas鈥 de materiales pol铆ticos. A Dora Seguel le toc贸 cuidar a la beb茅 de Julio Galarza 鈥搈ilitante del PRT y trabajador de YPF, todav铆a desaparecido- y transportar los libros de su biblioteca en bolsos a su casa, donde los envolv铆an en nylon y los enterraban.

A la mayor de las hermanas Seguel, que no militaba, la hab铆a empezado a seguir un Falcon verde: 鈥渢omamos conciencia de que est谩bamos siendo vigiladas鈥.

鈥淓l 9 o 10 de junio, Arlene nos dice que hab铆a compa帽eras que hab铆an sido detenidas, entre ellas Susana Mujica 鈥揹esaparecida-, que hab铆a sido profesora del CPEM N掳6 de Cutral Co; ese d铆a nos juntamos a pensar qu茅 estrategias nos pod铆amos dar y decidimos quedarnos y afrontar lo que viniera, m谩s que nada para proteger a mis padres y hermanos鈥, narr贸 Dora Seguel. Arlene les pidi贸 que si las secuestraban 鈥渞esistan, no digan ni un solo nombre, porque si dicen algo no van a parar hasta que digan lo que no saben鈥.

鈥淓l 13 de junio, Arlene decide irse a quedar a dormir a la casa de una compa帽era, por seguridad, al d铆a siguiente va a trabajar, vuelve, almorzamos y despu茅s va a comprar para hacer una torta鈥, record贸 la mujer frente al tribunal. En ese momento llegaron 鈥unas seis personas disfrazadas, con pelucas, con bufandas, con gorros; a Argentina y a m铆 nos llevan al comedor; a mi pap谩 lo llevan a la cocina; a mi mam谩 le preguntaban por Silvia 鈥搉ombre de militancia de Arlene, que su madre desconoc铆a- y ella les dec铆a que no ten铆a ninguna hija que se llamara as铆, entonces le muestran la foto de la universidad de Arlene鈥.

Dora y Argentina Seguel estaban en el comedor, Dora dec铆a que era Arlene, pero no le cre铆an por la edad, 鈥en eso llega Arlene, la llevan para el dormitorio y cuando vuelven dicen que son de la Polic铆a Federal y que los tiene que acompa帽ar a la Comisar铆a 14 a declarar por un compa帽ero que estaba en drogas鈥.

Arlene se despidi贸 de su mam谩 y le dijo: 鈥渘o dejes de buscarme鈥. Fue lo 煤ltimo que le dijo.

Parte de la familia fue a la comisar铆a, otra a la caminera, sin 茅xito. Decidieron que hab铆a que viajar a Neuqu茅n y hacer la denuncia en la Polic铆a Federal. Argentina y su mam谩 viajaron para juntarse con unos primos y organizaron una cena en la que estar铆a un contacto de esa fuerza.

Mientras tanto, en Cutral Co, Dora Seguel decidi贸 ir a la escuela asumiendo que all铆 estar铆a a salvo. Pero a las 21:15, el preceptor va a buscarla al aula para que vaya a direcci贸n. Ah铆 la esperaba un polic铆a y el director de la escuela dici茅ndole que ten铆a que irse con 茅l: 鈥渓e dije que no, porque era menor, pero me dijeron que mi pap谩 estaba esper谩ndome ah铆, as铆 que no me pod铆a negar鈥.

鈥淪ubo al celular y cuando estoy subiendo lo veo a mi pap谩 ah铆 sentado鈥, record贸 Dora y record贸 tambi茅n que ese fue el primer abuso sexual que sufri贸: 鈥渕e ayuda a subir un polic铆a y me dice que me iba a palpar de armas, pero se dedic贸 a manosearme, delante de mi padre鈥, entre l谩grimas relat贸: 鈥渕ientras ese tipo me manoseaba yo pensaba 鈥榦jal谩 que mi pap谩 no est茅 mirando鈥欌.

Dora Seguel mir贸 por la ventana del celular y pudo ver a 鈥渦n hombre de uniforme militar, de ojos claros, que era el que daba 贸rdenes鈥, luego sabr铆a que se trataba del genocida Oscar Reinhold. Vio tambi茅n que la manzana de la escuela estaba completamente rodeada de represores armados.

El veh铆culo iba a la Comisar铆a 14. 鈥淟legamos y me hacen bajar la cabeza, pero igual pude ver que hab铆a much铆simos hombres y en ese lugar qued贸 mi pap谩鈥, record贸. Ah铆 pudo reconocer a Miguel 脕ngel Pincheira 鈥搕odav铆a desaparecido- y a Pedro Maidana 鈥搎uien declarar谩 en las pr贸ximas semanas-. 鈥淢e pasan directo a una oficina y yo conoc铆a a todos鈥, asegur贸: 鈥渃omenzaron a insultarme, me dec铆an 鈥榩endeja de mierda, c贸mo te fuiste a meter en ese partido, pelotuda鈥. Ese hombre que la insultaba fue el que tuvo que redactar su detenci贸n, pero como era menor de edad hicieron entrar al padre y al comisario genocida H茅ctor Mendoza.

鈥淵o ten铆a en el bolsillo un papelito en el que le avisaba a un compa帽ero de 15 a帽os lo de Arlene, para que se cuidara鈥, ese papel no pod铆a ser encontrado, as铆 que hall贸 un agujerito en el sill贸n en el que estaba sentada y pudo introducirlo ah铆.

La hicieron firmar la detenci贸n y la llevaron a un calabozo. Par谩ndose en el catre, pod铆a ver por la ventana que hab铆a soldados cocinando y uno se acerc贸 a ofrecerle la ayuda de ir a avisar a su casa: 鈥渆se soldado me ofreci贸 la ayuda que me hab铆an negado todas las instituciones鈥, dijo. Tambi茅n vio a Reinhold eligiendo soldados para llevar al siguiente operativo.

Mientras todo eso suced铆a, Argentina Seguel era secuestrada en Neuqu茅n, a donde hab铆a viajado con su madre en busca de informaci贸n sobre Arlene. La sacaron de la casa donde hab铆an ido, que quedaba frente a la U9.

鈥淓n la comisar铆a me sacan del calabozo y me llevan a una oficina de comunicaciones donde estaba Mirta Pi, que me hizo desvestir y me hizo una revisaci贸n completa鈥, continu贸 Dora Seguel. 鈥淢e vuelven a llevar al calabozo y viene un polic铆a de la provincia, me muestra un arma y me pregunta si la reconozco, a lo que le respondo que yo no s茅 de armas; se va y vuelve con una soga, me venda los ojos y me ata y me lleva gateando por la comisar铆a鈥, relat贸. En un momento en que le advierten que 鈥渢enga cuidado con la cabeza鈥, la joven levant贸 la mano para tantear y encontr贸 que era un cord贸n que hab铆an puesto para despistar: 鈥渁h铆 recib铆  la primera patada鈥.

La llevan a interrogar a una oficina donde estaban Mendoza y dos represores m谩s, 鈥渦no de borcegos y otro de zapatos comunes鈥. Le dieron un golpe y la empezaron a increpar: 鈥渟entate como en el monte, sos la puta de los guerrilleros, eso son todas ustedes鈥. La insultaban y le ped铆an nombres de amigxs de Arlene que ella desconoc铆a, la volvieron a golpear y le exhib铆an para que reconozca al tacto un mont贸n de proyectiles que no reconoc铆a: 鈥me golpearon mucho, me segu铆an insultando y les molestaba que fuese mujer, de eso me daba cuenta por el tipo de insultos鈥. Le preguntaban por Marx, por Lenin, por Engels

鈥淭rataba de no dar ninguna informaci贸n que perjudicara a nadie鈥, asegur贸, 鈥渕uchos compa帽eros ni siquiera fueron detenidos porque pudimos contenernos  y aguantar鈥.

鈥淔ue una hora de interrogatorios y de golpes, hasta que dijeron 鈥榣lev谩tela a esta idiota que no sabe nada鈥, y el que me llevaba dijo que me iba a dejar mansita, despu茅s entend铆鈥, lament贸: 鈥渕e llevan por una puerta que da al patio, me ayuda a subir al cami贸n y, cuando me sube, me viola鈥.

La violaci贸n tiene otra intenci贸n; el golpe tiene el impacto y el dolor para que uno hable, pero lo otro busca aniquilar al ser humano y destruirlo en lo m谩s profundo鈥, sentenci贸: 鈥渃ontinuamente me dec铆a 鈥榮os una puta鈥, yo no dec铆a nada porque pensaba a qui茅n le pod铆a pedir ayuda, no ten铆a a qui茅n, para qu茅 iba a gritar, me lo guard茅, me lo call茅; todo el tiempo me dec铆a al o铆do 鈥榙e esto no se habla鈥 y yo pensaba 鈥榮i salgo de ac谩 lo voy a decir en todos los lugares que pueda鈥鈥, y as铆 lo hizo y as铆 lo sigue haciendo.

Despu茅s de violarla, el genocida, que luego se enter贸 se llamaba Amador Luengo, le acomod贸 茅l mismo la ropa, le sac贸 las ataduras y las vendas y la dej贸 en el cami贸n: 鈥nunca tuve tanto fr铆o鈥.

鈥淪oy una militante del PRT, sab铆amos que iban a ser dur铆simos con nosotros, pero esto no lo esper谩bamos, yo pens茅 que nos pod铆an detener, condenarnos a perpetua, pero llegar al a violaci贸n de una piba de 16 a帽os鈥︹

Luego comenzaron a subir a otras personas al cami贸n, entre quienes identific贸 a los desaparecidos Miguel 脕ngel Pincheira y a Carlos Ch谩ves porque mientras los met铆an gritaban qui茅nes eran. Lleg贸 la ma帽ana y el cami贸n arranc贸. Con una invisible que sosten铆a su rodete, Dora Seguel pudo correr la mirilla e identificar el trayecto hasta la U9 de Neuqu茅n.

En la c谩rcel lxs pusieron en celdas individuales y ah铆 se enter贸 que tambi茅n estaba encerrada su hermana Argentina, con quien se pudo comunicar a los gritos. Solo pas贸 un d铆a all铆, ya que a la tarde siguiente lxs sacaron para llevarlos a Bah铆a.

Afuera lxs dividieron entre hombres y mujeres. Del lado de las mujeres estaban Argentina y Dora Seguel y Alicia Pifarr茅, que estaba entusiasmada con que las liberar铆an y por error le dio su nombre verdadero, que intent贸 despu茅s hacerle olvidar mencionado 鈥渕iles de frutas鈥, pero Dora nunca olvid贸. 鈥淣inguno de los varones miraba, hab铆a uno que estaba sumamente golpeado y creo que era Carlos Ch谩ves (desaparecido), que en ese cami贸n sali贸 con vida y yo creo haberlo visto en ese pasillo; tambi茅n estaba Pedro Maidana, eran nueve鈥, record贸.

Llegaron en el cami贸n al aeropuerto, lxs vendaron, ataron y subieron al avi贸n, donde las hermanas quedaron juntas. Argentina se descompuso y un represor les trajo chocolate y les advirti贸: 鈥渄isfr煤tenlo porque puede ser el 煤ltimo鈥. Asegur贸 que hab铆a alguien en el suelo a quien iban pateando, que despu茅s supo era Pedro Maidana.

Ya en Bah铆a, 鈥渁 medida que nos iban bajando nos iban tirando a un cami贸n鈥. En el trayecto segu铆an golpeando a Maidana y Argentina les pidi贸 que frenaran: la respuesta fue que ten铆an autorizaci贸n para gatillar.

Lxs bajaron en un lugar en el que lxs pusieron en bancas largas y lxs iban llamando para los interrogatorios. Las hermanas entraron juntas.

鈥淓mpezaron a golpear a Argentina, a pedirle informaci贸n sobre los amigos de mi hermana, la tiraron a un escritorio de metal, le levantaron el pul贸ver y le acercaron un carb贸n caliente en la panza鈥, relat贸 Dora: 鈥渃uando la escucho gritar les digo que yo iba a hablar鈥.

Mientras la interrogaban, Dora Seguel respond铆a que era muy chica y que no sab铆a. Reconoci贸 que particip贸 de los interrogatorios el genocida a cargo del centro clandestino La Escuelita de Bah铆a Blanca, Santiago 鈥渆l t铆o鈥 Cruciani, quien le pregunt贸 si ten铆a novio y ante su negativa se la 鈥渙freci贸鈥 a uno que hab铆a pedido que se la 鈥渟eparen鈥, dici茅ndole: 鈥溌縱iste? Te solucionamos todo y hasta te conseguimos novio鈥, no pudo m谩s que pensar en no volver a ser violada.

Un represor tomaba nota. Cuando termin贸 el interrogatorio, le dieron a firmar un papel que le dijeron dec铆a que su madre se prostitu铆a y las prostitu铆a mientras su padre trabajaba: 鈥渘i s茅 lo que firm茅 en realidad, firmaba a ciegas y no pod铆a negarme鈥.

鈥淎 Argentina la hab铆an llevado al lugar del interrogatorio y la empiezo a sentir llorar, la escucho que lloraba con los dientes apretados: en ese momento la violaron a ella, arriba de ese escritorio鈥, describi贸.

鈥淎lgunos se re铆an mientras suced铆an estas cosas, el t铆o Cruciani se quejaba de que 茅ramos todas perejiles鈥, record贸 Seguel.

鈥淣os subieron a un auto y nos llevaron cubiertas con una frazada, iba una sola persona con nosotras, manejando como en c铆rculos, nos d谩bamos cuenta porque los cuerpos se nos mov铆an siempre para el mismo lado鈥, cont贸.

鈥淒urante el recorrido, detiene el auto, se baja, me baja a m铆, cierra la puerta y me viola鈥, rememor贸 angustiada; 鈥渘o hablaba mucho, solo dijo que me callara; me subi贸 al auto de nuevo, recorrimos un poco m谩s, nos hace bajar y siento el sonido de los 谩rboles, del viento remolinando鈥.

A帽os despu茅s, Dora Seguel confirmar铆a que f铆sicamente los dos espacios entre los que trasladaban a lxs detenidxs quedaban en el mismo edificio: 鈥渘os sub铆an en un auto para confundirnos y en ese subirme a un auto para confundirme me violaron鈥.

Las metieron en un lugar en el que hab铆a cuchetas, a Dora por la puerta, a Argentina por la ventana. Recuerda entrar pisando gente, toc谩ndola sin querer y escuchando los gemidos de dolor por las torturas que hab铆an recibido.

鈥淢e dejaron en el piso porque todas las camas estaban ocupadas, de repente empiezo a escuchar una respiraci贸n que reconoc铆 como la de Arlene鈥, narr贸 Dora Seguel: 鈥渟egu铆a escuch谩ndola respirar y en un momento llega alguien y pasa por encima de m铆 y dice 鈥楢rlene Seguel鈥 y ella dice 鈥榮oy yo鈥, era su voz y era su nombre鈥. Se la llevaron y 鈥渆n el tiempo que estuve yo en ese lugar nunca m谩s volvi贸 del interrogatorio鈥.

En otra oportunidad, alguien confundi贸 la voz de Dora con la de Arlene y Argentina aclar贸 que eran sus hermanas: 鈥渟oy Susana Mujica鈥, respondi贸 la otra voz, 鈥渁 Arlene la llevaron a interrogatorio y todav铆a no la han tra铆do鈥.

Dora Seguel record贸 tambi茅n que escuchaba a M贸nica Mor谩n 鈥揳sesinada-, a quien le dec铆an los represores 鈥溌縯e acord谩s cuando te fuimos a buscar y empezaste a tartamudear?鈥. Cont贸 que 鈥淢贸nica charlaba con ellos de pol铆tica, sab铆a mucho, era un cuadro de nuestra zona; yo pensaba que se equivocaba y que iba a terminar mal por hablar as铆 con ellos鈥.

鈥淟as noches eran de interrogatorios y los d铆as de relajaci贸n鈥, explic贸 la mujer, que tambi茅n detall贸 que com铆an una sola vez al d铆a y que lleg贸 a notar 鈥渜ue la ropa me bailaba de todo el peso que hab铆a perdido鈥.

Asegur贸 que 鈥escuch谩bamos cantar a Alicia Pifarr茅 y ella saludaba a todos en mapuche; escucharla a ella cantar era una luz de esperanza en ese lugar鈥.

鈥淯na noche sent铆 que violaban a una chica al lado nuestro, en el piso; Argentina tambi茅n lo sinti贸鈥, cont贸 Dora Seguel: 鈥渓e tapaban la boca, ella dec铆a que no y se le ahogaban los gritos; despu茅s volvi贸 el tipo y le dijo que lo perdonara, que la hab铆an violado por error y le trajo un chocolate; 鈥榯e confundimos con una de estas erpianas de mierda鈥, y ella gritaba e insultaba diciendo 鈥榚rpianas hijas de puta, por su culpa me violaron鈥 , ten铆a tanto odio mal focalizado, porque nosotras no fuimos las que la violamos, fueron ellos鈥.

Con mis 16 a帽os pensaba cu谩ntas estrellas les dar铆an por violarnos鈥, resalt贸.

Lleg贸 la noche en la que les dijeron que las iban a liberar. Argentina y Dora Seguel fueron subidas nuevamente a un auto, 鈥por la piel nos reconocimos鈥, asegur贸 la mujer en su testimonio: 鈥淎rgentina ten铆a unos guantes y me dio uno, para que si nos mataban y nos tiraban por separado supieran que hab铆amos estado juntas鈥, remarc贸. Esta vez eran llevadas por dos personas. Las dejaron en la banquina y les dijeron que contaran hasta no escuchar ning煤n ruido y eso hicieron. Luego se ayudaron mutuamente a quitarse las vendas y sogas y caminaron en medio de la noche y la ruta desconocida hasta una estaci贸n de servicio.

En la estaci贸n de servicio avisaron a la polic铆a, que las busc贸 y las llev贸 a la Comisar铆a. En el camino, los represores las hicieron agachar y dispararon contra lo que despu茅s dijeron eran 谩rboles, pero aseguraron no saber si eran 鈥渄e la triple a o compa帽eros de ustedes busc谩ndolas鈥.

Pudieron contactarse con un pariente de Bah铆a Blanca y llegaron a su casa, donde viaj贸 a buscarlas su mam谩.

A su mam谩 no le contaron lo que hab铆a pasado. La abrazaron y lloraron. En el colectivo de regreso a Neuqu茅n, en R铆o Colorado, subi贸 un soldado pidiendo documentos y su madre se interpuso protegi茅ndolas: 鈥no me quiten a mis hijas otra vez鈥, suplic贸. Dora Seguel recuerda esa instancia como 鈥un arma contra el coraz贸n de una madre鈥.

Ya en Cutral Co, las hermanas pudieron hablar m谩s con su madre, pero solo le dijeron que hab铆an sido 鈥渃acheteadas y que nos tiraron del pelo鈥, cont贸 la mujer: 鈥溌縫ara qu茅 le 铆bamos a decir todo eso, estaba Arlene todav铆a desaparecida, para qu茅 le 铆bamos a sumar m谩s dolor?鈥.

Su madre ten铆a miedo de que las vieran en la calle. Ellas empezaron a sentir el peso de lo vivido en el cuerpo: Argentina entr贸 en una depresi贸n y Dora a padecer anorexia. Entre las dos se ayudaron a ir super谩ndolo.

鈥淎 la semana de que nos liberaron yo empec茅 a tener un flujo espantoso y tuve mucho miedo de estar embarazada; fuimos al hospital p煤blico, me confirmaron que no lo estaba y me dieron antibi贸ticos鈥, junto con Argentina, con quien hab铆an podido hablar de lo sucedido.

A Arlene la siguieron buscando: 鈥渁 partir del d铆a que la escuch茅, nadie m谩s la escuch贸 y todas sus compa帽eras que podr铆an saber algo est谩n desaparecidas鈥. Presentaron un habeas corpus que sirvi贸 de modelo a muchas familias que buscaban a alguien desaparecidx: 鈥no nos fren贸 el hecho de estar en dictadura para seguir reclamando, para buscar claridad entre tanta oscuridad que hab铆a鈥.

Una de las veces que fueron al Comando 鈥揹onde Dora Seguel reconoce haber sido atendidas por el represor Luis Alberto Far铆as Barrera-, su madre pidi贸: 鈥si mi hija est谩 ah铆, cu铆denla, porque ella tiene un solo ri帽贸n, que est茅 bien abrigada, que no tome fr铆o, tiene una salud d茅bil鈥. Mientras tanto, Argentina les dec铆a que hab铆a otras chicas ah铆 y respond铆an hacia la madre: 鈥se帽ora, d铆gale a su hija que se calle o va a correr la misma suerte que la otra鈥.

鈥淔ui viendo a mi mam谩 transformarse; un d铆a lleg贸 a donde yo trabajaba y me pidi贸 que le arme un pa帽uelo blanco con el nombre de Arlene鈥, record贸: 鈥se transform贸 en una madre de plaza de mayo, una mujer que sac贸 fuerza de su matriz para luchar, una fuerza interna impresionante鈥.

Poco a poco, las hermanas Seguel sobrevivientes fueron volviendo a insertarse, aunque ya nada ser铆a como antes. Dora Seguel recuerda que nadie en la escuela le pregunt贸 qu茅 le hab铆a sucedido, ni compa帽erxs, ni docentxs.

Cont贸 que en Cutral Co hab铆a un polic铆a que cada vez que la ve铆a en la calle le cantaba 鈥渟acate la ropita, mi negrita鈥, por lo que sospech贸 siempre que 茅l sab铆a lo que pas贸, ya que notaba que solo a ella le cantaba y dej贸 de hacerlo cuando otra mujer advirti贸 lo que suced铆a y 鈥渓e dijo de todo鈥.

En 1978, Argentina, su padre y su madre viajaron a Buenos Aires a dar su testimonio a la OEA por la desaparici贸n de Arlene y por lo que les hab铆a sucedido a ellas, oportunidad en que la joven pudo contar sobre las violaciones que sufrieron.

En 1982, Argentina y Flora fallecieron en un accidente de tr谩nsito. Para Dora Seguel 鈥淎rgentina fue muy feliz, conoci贸 una persona maravillosa y fue mam谩, entonces hab铆amos vencido a la muerte鈥.

鈥淓ntr茅 con 16 a帽os y sal铆 con 30鈥, asegur贸 Dora Seguel: 鈥渇ue tan duro lo que viv铆 que ya no encajaba con la gente de mi edad鈥. Dijo que 鈥渟i yo viv铆 todo lo que les cont茅 en una semana, no me quiero imaginar lo que vivieron ellos鈥.

鈥淎 veces siento que estoy habitada por mis dos hermanas, las siento muy profundamente, es una ausencia incre铆ble鈥, sostuvo: 鈥Arlene est谩 detenida en el tiempo, ella tiene 21 a帽os, no sabemos qu茅 hicieron con sus cuerpos, no sabemos qu茅 les hicieron鈥.

Ellos se olvidan y nosotras recordamos鈥, asegur贸 Dora Seguel, comparando los pactos de silencio con la reivindicaci贸n de la memoria: 鈥渁 mi mente vienen olores, sonidos, voces, situaciones, que uno no los puede borrar, porque los tuve que tener presentes 45 a帽os para traerlos a un juicio; tengo que seguir tratando de recordar cada d铆a m谩s, no me puedo permitir el derecho a olvidar鈥.

La violencia sexual no buscaba sacar informaci贸n鈥, reforz贸: 鈥渆llos en las dos violaciones que tuve me dec铆an que despu茅s no iba a servir para nada, que no iba a poder volver a mirar a nadie a los ojos, que no me iba a poder volver a insertar en la sociedad y que iba a ser una lacra; estaban buscando aniquilar mi identidad鈥.

鈥淢ientras me violaban, yo me repet铆a: 鈥no van a poder conmigo鈥鈥, resalt贸 Dora Seguel y remarc贸 que 鈥con 16 a帽os sufr铆 dos violaciones, escuch茅 c贸mo violaban a mi hermana y c贸mo violaban a otra chica 鈥榩or error鈥欌 y que 鈥渉ubo compa帽eras que denunciaron violaciones y terminaron suicid谩ndose鈥.

鈥淟as violaciones iban a la destrucci贸n de las detenidas en su parte m谩s 铆ntima鈥, explic贸: 鈥渉ay compa帽eras que despu茅s de las violaciones no pudieron amamantar, no pudieron desarrollar su sexualidad, otros no pudieron verbalizarlo porque les robaron la voz, hubieran otras a las que le callaron no solo la voz, les callaron la vida鈥 y dej贸 en claro que 鈥yo lo resolv铆 gritando desde que sal铆鈥.

Dora Seguel concluy贸 su testimonio leyendo al tribunal una extensa carta reprochando que el estado no la cuid贸, exigiendo justicia, exigiendo verdad sobre qu茅 hicieron con sus compa帽erxs y con lxs hijxs de sus compa帽erxs.

Mientras Dora declaraba adentro del sal贸n de AMUC, frente al edificio la Colectiva de Mujeres 鈥淜ompu Kompa帽 Mew鈥 interpretaba 鈥淪in Miedo鈥, de Vivir Quintana, para darle fuerzas:

鈥淏uscaban a Vecchi鈥

En la audiencia de este mi茅rcoles tambi茅n declar贸 Ricardo Junyet, quien era estudiante de la Universidad Nacional del Comahue y viv铆a en el internado de esa casa de estudios en la localidad de Cinco Saltos cuando secuestraron a Cecilia Vecchi. Tres d铆as antes del secuestro de la joven, el testigo estaba en la habitaci贸n estudiando con una compa帽era cuando irrumpi贸 el subcomisario de la comisar铆a de la ciudad con miembros del ej茅rcito. Buscaban a Vecchi y confundieron a la persona que estaba con 茅l, con ella, y, como no ten铆a el documento de identidad consigo, tuvieron que ir hasta su casa con los represores a buscarlo para acreditar que no era a quien persegu铆an.

El hombre tambi茅n detall贸 que desde la intervenci贸n de Remus Tetu en la universidad les dejaron la residencia sin gas, con el objetivo de que se fueran, y que obligaban a lxs estudiantxs a presentar certificados de antecedentes para poder mantener la beca de vivienda, por lo que ten铆an que asistir con periodicidad a la comisar铆a de Cinco Saltos. Para acceder a ese certificado, lo obligaban a cortarse el pelo y la barba, incluso record贸 que en una oportunidad lleg贸 sin afeitarse y para evitar que lo lastimara el genocida Desiderio Penchulef eligi贸 afeitarse 茅l mismo en la comisar铆a. Nunca m谩s volvi贸 a afeitarse, asegur贸.





Fuente: Anred.org