April 18, 2021
De parte de ANRed
167 puntos de vista

Entrevista a Enrique Gandolfo, Secretario General CTA-A Bahía Blanca y Secretario de Formación Político Sindical SUTEBA Bahía Blanca. Un recorrido a través de los años: del recuerdo del Cordobazo, la militancia en los 70, la vuelta a la democracia y el 2001 hasta el presente. Palabra que es aprendizaje: política sindical y movimiento de mujeres, antiextractivista y de pueblos originarios. Por ANRed.


ANRed:  Enrique, esta charla tiene la intención de hablar más allá de las coyunturas, el hecho de que sos un referente sindicaly te vemos, como siempre, trabajando en escuelas, caminando o en bicicleta. Vos sos como para los que tenemos un poquito menos de edad un referente ético, de ese otro sindicalismo que fue posible con Agustín Tosco y que podría ser posible, y es posible en realidad, en muchas experiencias que existen en Argentina. Entonces preguntarte un poquito ¿Adónde empezaste tu militancia y te formaste políticamente? ¿Cuál es el humus sociológico en el que te formaste y que acontecimientos te marcaron?  

E.G: Bueno, de muy chico comencé, porque en mi familia se hablaba de política todo el tiempo. Mi mamá era una persona de sólida formación marxista y escritora y tanto desde lo que escribe, lo que hace y de lo que vive junto a mi padre, fue toda una impronta familiar la participación.

Pero si me preguntas la primera vez que yo recuerdo, tendría 14 años, es el día después del Cordobazo. Vivíamos en Bahía ya en esa época, se hablaba en todo el país de lo que había ocurrido en Córdoba. De manera que cuando al día siguiente hubo una manifestación en Bahía Blanca, que confluyó en la CGT, ahí en el local donde está ahora en Mitre y Rodríguez, me fui  solo, no le digo a nadie, no le digo ni a mis viejos. Tengo 14 años, me voy solo, voy a ver qué es eso….  Es la primera vez que me encuentro con una manifestación obrera… y me encuentro con gente en grupo, cantando, organizada. Entonces, ¿dónde me ponía en ese lugar? Había una muchedumbre, veo un cartel que dice CGT de los argentinos y que decía Â«Abajo Dictadura«; ese cartel me gustó, entonces me puse ahí sin tener en claro que era la CGT de los argentinos… Esa sería mi primera participación con 14 años el día después del Cordobazo.

ANRed: ¿Ustedes venían de Córdoba? 

E.G: Sí, de Córdoba, año 68, pero toda nuestra infancia con mis padres y mi hermano Daniel hasta los 14 años, hasta el primer año del secundario fue en Esquel, en Chubut. Cuando a mi me preguntan yo digo que soy de ahí, nací  en Buenos Aires pero mis raíces están ahí. Tengo una historia de chiquito allá, de participación, una pueblada que se da contra un desalojo de un asentamiento en una ladera de una montaña, ahí en Esquel, en 1967, en plena dictadura de Onganía. Se da una manifestación espontánea organizada en el pueblo en la cual participan mis viejos, paran frente a Gendarmería y se consiguió impedir eso. Pero me acuerdo de eso, tengo 2 fotos, tenía 12 años y de alguna manera sería la primera, pero no era muy consciente.

ANRed: ¿tu militancia como sigue después del Cordobazo? 

E.G: No puedo llamarla militancia pero sí compromiso, interés, participación en lo estudiantil secundario, en lo que se podía en aquel momento:  estamos hablando de la dictadura. Quizás en esto de la participación también hay un hecho que marca mi historia, en el 72, después de la Masacre de Trelew, como estudiante secundario, en el frente del Colegio Nacional hicimos un homenaje a los caídos, nos manifestamos ahí en la Avenida Alem y ahí empieza algún proceso de organización en lo personal. Mi actitud es militante pero no en el sentido de tener una militancia organizada. Ya sí después, en La Plata, yo viajo a estudiar medicina y ahí sí, ya directamente. En el 73 paso a vivir en La Plata y ahí ingreso al Partido Revolucionario de los Trabajadores y es ahí donde voy a desarrollar una militancia política.

ANRed: ¿Militaste en las organizaciones estudiantiles del PRT? 

E.G: En primera instancia en las células del PRT, en la facultad donde yo estaba que era Medicina había algo importante, una agrupación llamada Juan José Cabral en homenaje a un estudiante asesinado por la Policía de Corrientes en mayo del 69.

Vi una fuerte militancia política en las Universidades, en varias Facultades, de Arquitectura, en Humanidades y también una militancia de otro tipo, la obrera, arraigada en la gran industria, la siderúrgica (Propulsora) la Petroquímica y de la carne en el Swift de Berisso y es mi primer acercamiento a esta militancia obrera  En todos esos lugares había militancia y en verdad voy a estar en contacto con compañeros militantes del Astillero Rio Santiago, con el cual tengo un vínculo en aquella época. Para mí es como el conocer qué era la lucha obrera político sindical, yo no sabía nada de eso, yo tenía los libros pero no el conocimiento directo, cómo dar una pelea en una fábrica. En muchos casos, yo iba a esas reuniones y solamente escuchaba y aprendía además se daba que había militantes de muchos años, con una larga trayectoria, entonces era como un libro abierto de experiencias y de conocimientos que adquiría.

ANRed: ¿Qué balance haces vos de ese proceso, de la construcción política de ese momento y de la construcción política que fue el PRT? 

E.G: Sin duda, una determinación y una capacidad de organización admirable, una postura política en un momento particularmente complejo del país, con el regreso de Perón y el gobierno de Isabel Perón, que yo comparto y que visto a la distancia por ahí podría señalar algunas cuestiones que hoy sería como critica pero los grandes pasos en el sentido de definir lo que Perón viene a hacer en ese momento particular de la historia del país y cuál es el rol que el peronismo en ese gobierno viene a jugar, yo creo que hay grandes aciertos. La burguesía le encomienda a Perón en el gobierno intentar frenar ese auge popular que no era solo reivindicación económica; desde grandes núcleos planteaban la organización popular por una salida al socialismo, esas cuestiones eran vistas como una amenaza. Realmente la burguesía lo vive como una amenaza y los cuadros más lúcidos advierten que ese desarrollo pone en cuestión un sistema de dominación. Frente a eso, la autoridad política de Perón podía jugar una suerte de freno y de desvío de ese torrente revolucionario que se nutría de experiencias diversas, no solamente el socialismo revolucionario sino también dentro del peronismo, FAR-FAP, Montoneros, MR17 y distintas fracciones que había en aquel momento.

Así que bueno, eso desde un punto de vista; rescatar el enorme valor de la militancia, los aciertos políticos y por ahí alguna crítica a las propensiones militaristas que pudo haber habido en algún momento, insisto, muy complejo, muy difícil de Argentina, donde la burguesía se prepara para lo que va a venir e intentar acallar no solo la protesta obrera y popular sino también sacar de la agenda la posibilidad de transformar la sociedad.

ANRed: Después, también lo que fue esa experiencia del FAS, del Frente Anti imperialista por el Socialismo, que fue una experiencia también impulsada desde el PRT y con una mirada muy amplia de unidad. 

E.G: Bueno, yo tengo la suerte de participar del último Congreso del FAS que se hace en el año 74, que se hizo en un estadio de fútbol en Rosario. Hoy al recordar estas cosas… un estadio, fuera de la ciudad, veinte mil personas en un encuentro de estas características…. Además, el recuerdo imborrable de que en ese Congreso participó Tosco y como ya Córdoba había sido intervenida, el gobierno electo de Ricardo Obregón López y Atilio López había sido intervenido, había sido desplazado por un golpe provincial avalado desde el gobierno nacional de Perón, esa delegación de Córdoba que todos esperábamos en ese congreso tiene dificultades para salir de la ciudad por el despliegue policial, entonces llega muy tarde. Llega cuando casi está anocheciendo y entonces sube Agustín Tosco con un discurso muy valiente de denuncia del rumbo que tomaba el gobierno. Un rumbo político de enfrentamiento de derechización. Todas las expectativas que había suscitado la vuelta de Perón a la presidencia rápidamente vía una ley excepcional a la medida de la burocracia sindical, vía un pacto social a la medida de la burguesía avalado por los militares y reformas al código penal que son avaladas, van desnudando un carácter que va a quedar muy claramente marcado hacia quienes está pensando beneficiar con esa política, acompañado de una suerte de intento de renegociar las condiciones de la dependencia.

ANRed: Enrique, ¿qué significaron para vos el movimiento de Derechos Humanos, las Madres? ¿Cómo fue que vos te empezaste a involucrar en el movimiento de Derechos Humanos en ese momento y en una ciudad como Bahía Blanca? 

E.G: Fue en Bahía que me involucro,  porque yo había vuelto a Bahía Blanca en el año 78. Una suerte de autoexilio luego de tremenda represión que se desencadena en La Plata y en el país primero con la Triple A y luego con la dictadura cívico militar. Y en Bahía en esos años era el silencio más crudo, muchos vínculos los había perdido. No era que el todo el mundo sabía la magnitud de lo que estaba pasando, Cuando en el 79, la Comisión de Derechos Humanos de la OEA vienen a ver que está pasando en Argentina, había una enorme fila en Avenida de Mayo para hacer la denuncia de los casos de violaciones a los derechos humanos por el terrorismo de estado, sobre todo sobre el activismo sindical y político. Recién en el 82, a finales de la dictadura, después de la época de Malvinas, empezamos a ver algunas organizaciones, tenemos alguna noticia acá de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos. Y de familiares que comenzaban a reunirse Y ya en el 83, fue un intento de recomponer fuerzas, de reconstruir estas cuestiones que habían quedado acalladas con el silencio de la dictadura y conocer la verdad sobre los compañeros y compañeras desaparecidos y asesinados. Vemos madres y padres organizarse en torno al reclamo de la aparición de sus hijos y creo que la primera marcha así en la cual participé en ese momento fue la Marcha del Silencio, en los últimos meses de la dictadura, antes que asumiera Alfonsín. Y recuerdo como si fuera hoy el resonar de los pasos sobre el asfalto y de alguna manera también la alegría de recuperar la calle, de volver a ganar la calle y en este caso ganar la calle para pedir por el reclamo que era en aquella época, la aparición con vida y la verdad, la justicia frente a tanta muerte.

Ya en el año 85 conformamos con algunos compañeros y compañeras el frente de apoyo a las Madres de Plaza de Mayo y de alguna manera íbamos articulando con el trabajo que comienza a hacer la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. La primera tarea que ellos toman son los informes de la CONADEP y luego preparar las denuncias y se empieza ir a buscar familiares que nunca las habían hecho.

Por nuestra parte íbamos a la calle, llevábamos volantes y denunciábamos que había pasado en la universidad, en el trabajo, quienes habían desaparecido. Era un momento muy particular, en la ciudad todavía en el 84-85 de esto no se hablaba masivamente, seguía el miedo. Entonces esa construcción de vínculos y lazos fraternales va a tomar cuerpo y va ganando la calle. Va a tener algunos momentos complicados, como con los indultos de Menem y la resistencia que eso va a generar y la masividad de la protesta frente a la política del menemismo.

ANRed: En líneas generales, desde lo que es esta democracia desde el 83 en adelante, ¿qué deudas pensás, en base a todas esas miradas y andares políticos que venimos charlando, que son las más urgentes que tiene esta democracia con esa lucha por una sociedad socialista, igualitaria, por la que tantos dieron la vida en América Latina, desde la revolución cubana en adelante? ¿Qué plantearías vos como las principales deudas?  

E.G: En esos años Alfonsín decía con la democracia se come, se educa y se cura. Era un latiguillo de su campaña electoral. Bueno si hablamos de deudas ahí las tenés, con el hambre, con la desinversión en salud, ahora en pandemia se ve de una manera muy tangible. También es cierto que no teníamos expectativas en él. Alfonsín como político burgués de todas maneras toma decisiones que son audaces como el juicio a las juntas, sin duda más allá de las limitaciones que tenga, y el cómo pasa rápidamente del juicio a las juntas a las leyes de obediencia debida y punto final. Aún así pone ante la sociedad la magnitud del terrorismo de estado, aun incipientemente…  Y ha sido producto de ese trabajo, desde estos espacios, lo que vino, y recién ahora aparece con mucha seriedad la directa relación del terrorismo de estado con grandes empresas que lo avalaron, lo propiciaron; o sea los grupos económicos dominantes que no solo propiciaron el poder político de la dictadura, sino que fueron parte de ella. Como el rol en Bahía Blanca de La Nueva Provincia con Vicente Massot, pero esto puede ligarse a tantas otras grandes empresas. Ahora han sido juzgados gerentes de la Ford que han entregado obreros de la fábrica y en tantos otros lugares las mismas políticas, en el ingenio Ledesma, etcetc . A nosotros siempre nos ha importado ver el signo de clase. El terrorismo de estado tiene un signo de clase. Hay una clase social que propició, avaló el terrorismo de estado. El plan de exterminio en todo caso fue llevado por las fuerzas armadas y otros sectores civiles que venían de la época de la Triple A, como se ve ahora en los juicios en Bahía. Pero el terrorismo de Estado al servicio de allanar el camino al plan económico de explotación, de mayor endeudamiento y demás. Para sintetizar, Alfonsín para nosotros está claro que no es un político socialista que viene a producir cambios de fondo en la estructura social. Justamente por esa razón, la decisión del juicio de las juntas e inmediatamente y ante los levantamientos carapintadas conceder las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, completada directamente por los indultos de Menem. Mientras tanto los mismos grupos que se beneficiaron durante la dictadura y durante la cual sus deudas privadas fueron estatizadas con Cavallo en el Banco Central, son gran parte de los que siguen siendo los grupos dominantes en este país:  Ledesma, Perez Companc… Otros grandes grupos que siguen estando al frente de la economía nacional y no por nada hoy por hoy cuando el gobierno quiere negociar negocia con Paolo Roca de Techint y otros.  

Reconstruir la militancia anticapitalista es una tarea pendiente, una militancia democrática, por los Derechos Humanos, por la Verdad, la Justicia, la Memoria y también una militancia anticapitalista que ponga en cuestión este sistema de dominación más allá de la fórmula que gobierne; un sistema que es una fábrica de injusticias… Me parece que en ese punto es que hemos intentando reconstruir esa militancia anticapitalista que hoy existe pero que lamentablemente no hemos sabido reconstruir una organización social y política bien homogénea que canalice toda esa demanda y le dé un rumbo en un sentido emancipatorio.

ANRed: ¿Qué balance haces del proceso que abrió el 2001? 

E.G: Entre otras cosas, a nivel local, abrió la posibilidad de recuperar el Suteba y luego la CTA. Nosotros nos presentábamos en cada elección desde el 88 y las perdíamos; incluso creo que lo escribimos como balance de la última elección perdida del 2000, que para que nosotros ganemos -porque tampoco nos iba mal, sacábamos el 41-42%- pero para que nosotros ganásemos tenía que darse un proceso donde se visualizara la corrección de nuestra política de oposición a las políticas conciliadoras y claudicantes de la conducción de Suteba. Pero ante miles, no ante los cien que iban a una asamblea y eso pasó en el 2001. La conducción sindical queda tan desacreditada públicamente, La Celeste que pierde las eleccionesen 2003. Lo podemos decir de esta manera: que el triunfo de la Granate en aquel momento es heredera de las grandes movilizaciones y los dos escuelazos de agosto del 2001. Miles y miles de personas, docentes, estudiantes, padres y madres que marchamos desde las escuelas al centro en el marco de una huelga provincial. Yo creo que eso es algo que va más allá de la huelga misma. Se dio un movimiento de defensa de la escuela pública aunado a todas estas otras demandas de aquel momento. Yo me acuerdo que venía gente que estaba organizándose en distintos sectores, desocupados, artistas, y le daban una expresión concreta, que nosotros en términos sindicales la traducimos en la recuperación del Suteba pero que tiene otros componentes que van más allá de la pelea educativa. Fue un momento extraordinario donde se crean asambleas populares, se recuperan fábricas vaciadas por patronales y donde estaban abiertas otras posibilidades como la construcción de herramientas políticas a la medida de lo que yo decía antes, para una lucha anticapitalista. 

 Sin duda que estaban abiertas otras posibilidades a partir de lo que pasa siempre con una rebelión popular como la del 19 y 20 de diciembre. Se da una rebelión que entre otras cosas termina con el gobierno de De La Rúa. Este, entiendo que también es otro momento parte aguas de la historia.

ANRed: Te pregunto como para ir terminando, ¿qué aprendizajes han tenido quienes son de la generación de ustedes y con todos estos recorridos, del movimiento de mujeres así como de las luchas de los pueblos indígenas y también de las luchas antiextractivistas? ¿Qué aprendizajes desde el sindicalismo han habido y cuáles restan o podrían darse? 

E.G: Creo que la palabra es esa: aprendizaje, hay que decirlo con toda claridad, no es que enfocábamos en estas cuestiones como las principales de nuestra militancia, hoy sí las vemos como absolutamente necesarias.  En otro momento, no aparecían en nuestras demandas más inmediatas no sé si ningun, pero no aparecían con la dimensión que hoy toman y hoy si las vemos como absolutamente necesarias como parte de una construcción, no puede no tenerse una política hacia el movimiento de mujeres, hacia el movimiento contra el extractivismo y contra la megaminería, y con respecto a los pueblos originarios. Había algunos vínculos en otros momentos pero no esos vínculos y esa dimensión que tomó la lucha. Como en el caso de las mujeres, como en el caso de los pueblos originarios, en el caso de hoy por ejemplo la lucha provincial contra la megaminería en Chubut o en otros lugares como en Mendoza por el agua. Hoy la vemos como absolutamente necesaria como parte de un proyecto socialista emancipatorio. A todas las cuestiones hay que estudiarlas, conocerlas, aprenderlas  y denunciar que el capitalismo atropella absolutamente todos los derechos que han sido arrebatados: a los pueblos originarios, a las comunidades que están en los lugares donde se desarrolla el extractivismo y bueno ni hablar del movimiento de mujeres que hoy tiene una potencia que a todos nos ha conmovido y nos obliga, en el buen sentido, a tomarlo en nuestras organizaciones.

ANRed: Enrique, para cerrar y con la mirada puesta en los jóvenes y las jóvenes docentes, trabajadores y trabajadoras, ¿qué sería lo que vos quisieras transmitir a partir de la experiencia desde una construcción política en la que estás actualmente? ¿Y que transmitirías a los jóvenes docentes, trabajadoras, respecto de lo qué es la militancia, el activismo, el compromiso político? 

E.G: Y si lo veo desde nuestra experiencia tanto trabajadores y trabajadoras de la educación sin duda contar la historia de recuperar un sindicato desde abajo. Esto me parece que ante todo, que fue desde un colectivo de un grupo de compañeros y compañeras que nos unimos porque había que recuperar esa herramienta político sindical que es encabezar el sindicato de los trabajadores.  Recuperar el Suteba en 2003 creo que fue un paso importantísimo y que todavía es una experiencia que tiene plena vigencia y pleno desarrollo. Hemos sabido dar peleas enormes, multitudinarias, colectivas en diferentes momentos, contra diferentes leyes, contra diferentes gobiernos, y además valorizar. Yo siempre lo digo en el sentido de que es en esta ciudad con fuerte arraigo de ideas conservadoras lo que significaba y lo que significa que el sindicato docente esté conducido por compañeros y compañeras que nunca ocultamos nuestra identidad política e ideológica. Siempre dijimos que somos, que para estar en un sindicato tenemos que ser primero laburantes, trabajadores de la educación, tenemos que estar en las escuelas, como seguimos estando todos y todas.

En segundo lugar, nuestras ideas van en el sentido de los derechos inmediatos pero también tienen como horizonte, como mira, la cuestión de cambiar de raíz esta sociedad desigual e injusta que condena a tantos y tantas a padecimientos de los cuales la ignorancia es uno de ellos. Y eso nunca se ocultó. Creo que para cualquiera que esté atento a quienes somos los y las compañeros y compañeras de Bahía y ahora en la CTA todos saben en qué lugar ideológico y político nos ubicamos y quiénes son nuestros adversarios y a quiénes enfrentamos con determinación y con la frente en alto y que  pueden encontrarnos al lado en cualquier situación, como lo saben los compañeros del Frigorífico Recuperado INCOB, como lo saben los aceiteros, como lo saben tantos y tantas compañeras que en diferentes momentos han protagonizado luchas importantes y que siempre encuentran esta cuestión que para nosotros es una bandera, que es la solidaridad de clase desde nuestro lugar como docentes pero desde la solidaridad de clase. Eso creo que tiene un valor, un mérito. Y el otro valor y el otro mérito es haber ejercido la conducción apelando siempre a la democracia.

Las decisiones se toman en Asamblea, que no le imponemos a nadie qué tiene que pensar y hacer y que es una pelea compleja. En este momento es particularmente complejo, nunca he visto como en este momento el colectivo docente tan fragmentado, la situación de precarización laboral, la cantidad de jóvenes que no tienen trabajo, un sueldo mínimo que no les permite vivir, la irrupción de formas de laburo, de jornada extendida. 

Digamos en este sentido, vos me decías un mensaje, yo en verdad tengo confianza en que aparezcan de la mano de quienes hoy ingresan al laburo nuevas formas de resistencia para enfrentar estas cosas que son nuevas, el teletrabajo, la virtualidad en la educación, que aparecen como en los grupos dominantes como si fueran las grandes panaceas para nuestros problemas cuando en realidad ellos lo piensan solo en función del rol de disciplinamiento. Y en todo caso de negocio para la venta de software educativo y nosotros tenemos que pensar cómo insertamos nuestras luchas en una sociedad empobrecida que pide y sigue reclamando para sus hijos educación. Y eso es todo un desafío me parece, no vamos a dejar de pelear por el salario, lo tenemos que hacer obvio, como cualquier laburante y otra cosa es conectar nuestras demandas por más y mejor educación, junto a las demandas de un pueblo empobrecido que sin duda quiere otro futuro. Un futuro diferente para sus hijos y para sus hijas y que desde nuestro lugar seguimos pensando que ese futuro diferente posible tiene un nombre y una salida que es socialista para que pueda dar satisfacción a tanta sed de justicia e igualdad. 





Fuente: Anred.org