May 4, 2022
De parte de Nodo50
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Las mujeres del servicio de ayuda a domicilio sufren muchos dolores silenciados e invisibilizados. Muchas de ellas trabajan con la ayuda de f谩rmacos que palian sus enfermedades, no consideradas laborales.

Ilustraci贸n: Sra. Milton

Cuando pienso en las mujeres de la familia me vienen a la mente sus manos heridas. En concreto recuerdo la historia que mi madre me cont贸 y que ten铆a que ver con ella misma limpiando s谩banas de interna en una casa y c贸mo lleg贸 a mancharlas de sangre por tener las manos precisamente llenas de heridas. Le cost贸 una amonestaci贸n. Eran otros tiempos, pero los tiempos no han cambiado demasiado.

Carmen, que prefiere no dar su apellido, se dedica a la ayuda a domicilio. Levanta a varias personas en un mismo d铆a. Lo hace con todo el cari帽o y esfuerzo que el cuerpo le permite. Todo lo que le pueden permitir sus hernias discales, cervicalgia, contracturas y la ci谩tica que le mata de dolor. Se tiene que drogar con pastillas legales para aliviar algo el dolor que le supone cuidar. Un dolor olvidado e invisibilizado por feminizado, que es un dolor que duele a煤n m谩s si cabe. Carmen forma parte de las esenciales, las que sostienen el mundo, pero a las que nadie les devuelve el favor.

Estas mujeres levantan unos 300 kilos al d铆a, que se dice pronto. Atienden a varias personas en situaci贸n de dependencia cada d铆a, las levantan de la cama, las ba帽an, les dan de comer. Reivindican que haya una evaluaci贸n de riesgos laborales en las casas en las que trabajan, que se les reconozcan enfermedades profesionales espec铆ficas, poder jubilarse a los 60, que la ayuda a domicilio sea un servicio p煤blico. Los dolores y traumas que padecen, tambi茅n invisibles para el resto, les producen patolog铆as propias de personas de 90 a帽os.

Las mujeres de ayuda a domicilio como Carmen tienen desplazados discos de la columna vertebral, hernias, huesos desgastados, mareos de las cervicales destrozadas. Van al m茅dico y les recetan calmantes y analg茅sicos y vuelta al trabajo. Sus enfermedades no son reconocidas como laborales, por lo que carecen de protecci贸n por parte del Estado. Como lo lees, las empleadas del hogar y cuidados est谩n excluidas de este derecho del que s铆 gozan el resto de trabajadores en nuestro pa铆s y sus enfermedades son consideradas comunes, por lo que les corresponde una prestaci贸n menor en caso de estar de baja.

Uno de los errores que se comenten socialmente es no considerar el hogar como un centro de trabajo al no haber ning煤n tipo de reconocimiento salarial en el mismo. Pareciera que el derecho a la intimidad del hogar fuera superior al resto, por lo que es muy complejo que alguien pueda entrar a esos lugares para comprobar que se dan las condiciones necesarias de trabajo y poder valorar los riesgos laborales que hay. Tampoco hay voluntad de hacerlo. Pero es precisamente lo que piden las trabajadoras de la ayuda a domicilio, que se regule y pueda haber inspecciones que garanticen sus derechos.

La previsible ratificaci贸n del Convenio 189 de la Organizaci贸n Internacional del Trabajo (OIT) supondr谩 el reconocimiento de las enfermedades causadas por el trabajo como laborales y no comunes, as铆 como el derecho a paro. Esto viene despu茅s de que el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea (TJUE) reprendiera al Gobierno en una sentencia en la que conclu铆a que la legislaci贸n espa帽ola discrimina a las trabajadoras del hogar e insta a Espa帽a a solucionar esta situaci贸n. Negar el acceso al paro a las casi 400.000 mujeres que trabajan en nuestro pa铆s en los cuidados es contrario a la Directiva de Igualdad de Trato entre Hombres y Mujeres y es discriminatoria seg煤n la norma en materia de desempleo de Espa帽a.

Las trabajadoras de los servicios de ayuda a domicilio llevan tiempo pidiendo reconocimiento, m谩s horas para desarrollar su trabajo y, sobre todo, menos horas de limpieza que, recuerdan, no es su labor. Hoy no tienen ni derecho a paro, ni a baja laboral reconocida, y legalmente pueden trabajar 60 horas semanales encerradas en una casa en r茅gimen de interna, sin nadie que compruebe las condiciones laborales en las que se encuentran.

Lo peor es que en muchos casos se las ha culpado a ellas de padecer dolor, por no saber coger adecuadamente a las personas dependientes. Eso es lo que cuenta Isabel Calvo, delegada sindical de CGT: 鈥淟as mutuas no te reconocen la enfermedad, te preguntan que si es que no sabes levantar a una persona, como si fuera tu culpa estar enferma por el trabajo que haces鈥. No solo eso, sino que el d铆a que estas mujeres no pudieron ir a trabajar porque fueron a ponerse la vacuna de la covid, se lo descontaron de la n贸mina alegando que no era obligatorio pon茅rsela.

Calvo denuncia que muchas de esas empresas que se encargan de la ayuda a domicilio pertenecen a fondos buitres y est谩n privatizadas. 鈥淎 la empresa no le importamos, pero los usuarios tampoco importan. Necesitar铆amos que nos cuidaran, no importamos a nadie鈥, relata. Su trabajo es un trabajo feminizado y precario. Nueve de cada diez trabajadoras dom茅sticas son mujeres y el 61 por ciento tienen m谩s de 45 a帽os, seg煤n datos de la Seguridad Social, y un alto porcentaje (casi la mitad) son migradas.

Este sector feminizado es de los m谩s precarios y olvidados por la ciudadan铆a. Damos por hecho que nos tienen que cuidar, como si fuera algo que nos perteneciera per se. La realidad es que hemos nacido dependientes, y vamos a morir dependientes, por lo que necesitamos cambiar la percepci贸n que tenemos del mundo que habitamos y de quienes nos aportan todos los cuidados necesarios para tener una vida digna.

Carmen y todas las dem谩s necesitan derechos laborales con car谩cter urgente. Las cuidadoras no deber铆an ser consideradas trabajadoras de segunda, porque sin ellas sencillamente la vida no existir铆a y el mundo se parar铆a. Una sociedad seria, justa e igualitaria deber铆a cuidar a quienes cuidan y poner la vida en el centro, pero no en el centro de la diana al ser posible.


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Fuente: Pikaramagazine.com