July 9, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
97 puntos de vista


Disquisiciones sobre Estado de derecho y monopolio de la violencia que, sin compartirlas del todo, nos parece oportuno ofrecer en nuestra web por tratarse de un tema de inter茅s sobre el que opinamos que no se reflexiona lo suficiente. Nota de Tortuga.


Uno de los m谩s sucintos pensamientos de Pascal se reduce a esta pregunta: 驴por qu茅 me matas si eres el m谩s fuerte? Se entiende el razonamiento soterrado: si eres el m谩s fuerte, 驴qu茅 necesidad tienes de matarme? 驴Por qu茅 no te conformas con someterme? Pero la pregunta pascaliana, lo sabemos, es desgraciadamente ret贸rica, en el sentido de que incluye en su propia formulaci贸n la respuesta: te mato precisamente porque soy el m谩s fuerte, porque puedo hacerlo, porque el hecho de matar est谩 imperativamente contenido en la afirmaci贸n del poder mismo que detento.

Pensaba en esta frase de Pascal viendo el otro d铆a las im谩genes de las protestas por el asesinato del joven Samuel. O mejor dicho: las im谩genes de la intervenci贸n policial. Ve铆a a j贸venes tranquilos, pac铆ficos, indefensos, agredidos por polic铆as acorazados que se aproximaban a ellos y les golpeaban sa帽udamente las piernas, con violencia tan brutal y gratuita que casi se dir铆a que hab铆a un acuerdo teatral entre ellos: 隆el acuerdo entre el hacha y el 谩rbol, entre la pared y el martillo pil贸n! Algunos de esos j贸venes, mientras eran golpeados, preguntaban, como Pascal, “por qu茅”, con estupor incr茅dulo y dolorido. Yo mismo, siguiendo esas im谩genes, no pod铆a dejar de exclamar estupefacto: pero pero pero 隆por qu茅! Lo m谩s inquietante es que la pregunta, tambi茅n en este caso, conten铆a la respuesta. Si fuese posible pegar y pensar al mismo tiempo, el polic铆a agresor, porra en mano, habr铆a respondido a su v铆ctima: “驴Qu茅 por qu茅 te pego? Te pego porque puedo, porque tengo una porra, porque visto un uniforme que me asegura impunidad; si te pego adem谩s con placer no es porque sea una mala persona sino porque, siendo f谩cil y sin consecuencias, recibo elogios de mis compa帽eros, de mis jefes y de esa parte sana de la sociedad para la que trabajo contra ti”.

En una ocasi贸n S谩nchez Ferlosio, que nunca dijo ninguna tonter铆a, escribi贸 que “la causa de las guerras eran las armas”. No es que Ferlosio ignorase que detr谩s de las armas hay fabricantes sin escr煤pulos, clases sociales con intereses espurios y disputas geo-estrat茅gicas. De lo que se trataba era de se帽alar que las guerras no las hace la agresividad de los seres humanos sino que, al rev茅s, esa agresividad es determinada, y justificada, por el instrumento de muerte que la pone en marcha y que se apodera de su usuario. Las guerras no est谩n en la naturaleza del hombre sino en la historia de las espadas y los ca帽ones. Lo mismo pasa con las porras. Una porra es un due帽o. Una porra es un amo. Exige ser usada, como cualquier otro instrumento de trabajo que empu帽a nuestra mano. Toda la paleta de las emociones humanas duerme pasiva en nuestras almas, dispuesta a movilizarse en favor del objeto que las convoque, seg煤n su factura y su funci贸n: probemos con una escoba, con un ramo de flores, con un jam贸n, con un l谩piz, con un pa帽al. Con una porra nos volvemos bravucones; con unas pinzas nos volvemos cuidadosos; con una sierra serramos; con un cuerpo feliz amamos.

Cuando se dice que el Estado tiene el monopolio de la violencia, se olvida que no tiene la libertad de ejercerla. “Monopolio” quiere decir que el Estado retira de la sociedad los instrumentos de la violencia y se queda todas las porras del pa铆s. Pero se las queda no porque tenga el poder sino porque es el 煤nico poder -si es democr谩tico y de derecho- que se “reserva” el poder de usarlas. Aqu铆 lo decisivo es este “se reserva”. Un polic铆a no es un se帽or que puede usar libremente una porra; es un se帽or que resiste institucionalmente la tentaci贸n de usarla. Es decir: el verdadero poder no es el de tener una porra; es el de tener una porra y no usarla. Ese es justamente el sistema que llamamos Estado de derecho para diferenciarlo, al mismo tiempo, de la ley de la selva y del poder arbitrario de las dictaduras. Tener el monopolio de la violencia significa voltear el principio del se帽or铆o o del ense帽oramiento: no es la porra la que se adue帽a de m铆 sino la ley la que se adue帽a de la porra. La porra, siempre peligrosa y tentadora, reclama ser usada y solo el Estado puede retenerla en su funda. El Estado de derecho, digamos, es la victoria de la voluntad general sobre las porras, que se entregan a la Polic铆a -precisamente- para que no las usen. Eso es, de hecho, un polic铆a, al menos en su versi贸n plat贸nica o ideal: el h茅roe que tiene una porra y el poder de usarla y que, sin embargo, no la usa.

Ahora bien, este hero铆smo implica una cadena de decisiones que, a la luz de las im谩genes citadas, es evidente que no se cumplen en Espa帽a. Implica en primer lugar una selecci贸n. Nuestra sociedad capitalista produce mucha gente agresiva, pero en cualquier otro mundo posible tambi茅n la habr谩. A los humanos agresivos d茅mosles una escoba, un ramo de flores, un jam贸n, un l谩piz, un pa帽al, unas pinzas, un cuerpo feliz, con la esperanza de que estos objetos los eduquen y pacifiquen. No les demos una porra. Ahora bien, no bastar谩 con que las porras las lleve gente poco agresiva porque las porras -como los ni帽os- mandan. La porra debe ir acompa帽ada de un estricto manual de instrucciones o, lo que es lo mismo, de una formaci贸n democr谩tica, un mando responsable y un gobierno implacable. Si todas estas instancias sucesivas fallan entonces las porras, liberadas de la 煤nica fuerza que puede contenerlas, se abaten f谩ciles, placenteras e impunes sobre los cuerpos de los ciudadanos. M谩s a煤n: si todas estas instancias fallan -la selecci贸n, la formaci贸n, el mando, el gobierno- deja de haber polic铆a. Un grupo de matones puede hacerse con el monopolio de la violencia en un barrio o en un colegio: pero no son polic铆as porque no son due帽os, sino esclavos, de sus porras.

Tengo sesenta a帽os. He vivido quince bajo la dictadura franquista y ya 45 en democracia. Confieso que la polic铆a me sigue dando miedo. Puede que se trate de un atavismo infantil y que est茅 siendo injusto con los muchos polic铆as (conozco alguno) que se toman en serio su trabajo como profesionales del se帽or铆o democr谩tico sobre las porras. Pero ocurre que, cuando vuelvo la vista atr谩s, recuerdo miles de cargas policiales violentas e injustificadas y muy pocos expedientes o condenas por estos abusos. Al contrario: recuerdo m谩s bien todas esas veces en las que la v铆ctima de la porra se ha visto sentada en el banquillo acusada de agresi贸n a la autoridad. No s茅 si este es el caso, por ejemplo, de Isa Serra, la diputada de UP condenada a 19 meses de prisi贸n. No es que yo crea a Isa Serra porque no es polic铆a y mucho menos porque sea mujer. Es que la repetici贸n mon贸tona de casos como 茅ste me lleva m谩s bien a temer con fundamento que, al rev茅s y en general, se tiende a creer al polic铆a porque es polic铆a, en el marco de un corporativismo antijur铆dico, orientado a seleccionar pol铆ticamente al “delincuente”, que contamina toda la estructura institucional del Estado.

Si las porras mandan, no hay Polic铆a; si la no-Polic铆a, tras usar la porra, se mantiene impune, no hay justicia. Si no hay polic铆a ni justicia, el Estado renuncia al monopolio democr谩tico de la violencia y los ciudadanos quedan desprotegidos a merced de los matones de barrio. Muchas cosas han cambiado en sesenta a帽os: los m茅dicos, por ejemplo, y los maestros y hasta los pol铆ticos. La Polic铆a no. Una mujer no puede estar m谩s o menos embarazada, pero un pa铆s s铆 puede ser m谩s o menos democr谩tico. Espa帽a es ya una democracia, pero no es todav铆a una democracia. Entre este “ya” y este “todav铆a” se juega el dilema, cada vez m谩s acuciante, entre avanzar o retroceder. No tengo la impresi贸n de que estemos avanzando.

P煤blico




Fuente: Grupotortuga.com