October 14, 2020
De parte de A Las Barricadas
89 puntos de vista

Espero que al leer este libro cada uno de vosotros tenga la sensaci贸n, queridos lectores, de que estamos sentados juntos 鈥晇osotros y yo, y Baldwin y Trethewey y Wilkerson y Jeffers y Walters y Anderson y Smith, y todos los escritores serios y clarividentes de este libro鈥, y de que estamos componiendo nuestra historia juntos. De que estamos escribiendo una epopeya en la cual las vidas negras tienen un valor, en la cual los j贸venes negros puedan ir a pie a la tienda y comprar caramelos sin pensar que van a morir, en la cual las j贸venes negras puedan tener un mal d铆a y ser unas bocazas sin que un agente de polic铆a las agreda f铆sicamente, una epopeya en la cual los polic铆as vean a ni帽os negros de doce a帽os jugando con pistolas de mentira como ni帽os bobos y no como maniacos homicidas, en la cual las mujeres negras puedan pararse a preguntar una direcci贸n sin que los propietarios blancos paranoicos les disparen en la cara.

Ardo, y tengo esperanza. – Jesmyn Ward

Presentaci贸n editorial. – En respuesta a las incesantes tragedias que asolan a la comunidad afroestadounidense, Jesmyn Ward busc贸 consuelo y consejo en La pr贸xima vez el fuego, el libro que James Baldwin public贸 en 1963 con motivo del centenario del final de la esclavitud en EEUU y que se inicia con una carta dirigida a su sobrino en la que considera prematura la celebraci贸n. Consciente de que las palabras de Baldwin resuenan hoy con la misma veracidad que entonces, la editora de Esta vez el fuego invit贸 a diecisiete autoras y autores a reflexionar acerca de sus preocupaciones. “Abr铆 La pr贸xima vez el fuego y le铆: ‘S贸lo te pueden destruir si crees que eres realmente lo que el mundo llama un nigger -“negraco”-. Te lo digo porque te quiero y te ruego que no lo olvides nunca…’. Fue entonces cuando supe que quer铆a convocar a algunos de los pensadores de mi generaci贸n para que me ayudaran a esclarecer esto… Un libro que reuniera nuevas voces y que proporcionase a estos escritores un foro de disidencia en el que poder exigir responsabilidades, dar testimonio, contar...

Yo necesitaba palabras. La fugacidad de las redes de Internet, la forma con que las voces del p煤blico indignado se elevaban o se hund铆an a tanta velocidad, revoloteando de un tema a otro, me decepcionaba. Quer铆a retener estas palabras en mi pecho, hallar consuelo en la certeza de que otros estaban furiosos, de que otros exig铆an justicia, de que otros no pod铆an sacarse de la cabeza la carita de ni帽o de Trayvon… Sab铆a que un chico negro que vive en los sinuosos desiertos de California, que disfruta coloc谩ndose con sus amigos durante el fin de semana y que se paraliza con un sudor punzante cada vez que ve sirenas por el retrovisor de su coche, necesitar铆a un libro como 茅ste… un libro que reuniera nuevas voces en un formato f铆sico y duradero, que proporcionara un foro de disidencia en el que poder exigir responsabilidades, dar testimonio, contar. Un libro que una chica del Misuri rural pudiera sacar de la biblioteca de su localidad y en cuya lectura pudiera encontrar una voz que ahuyentara sus miedos – ‘Importas. Te quiero. Por favor, no lo olvides’. – Jesmyn Ward

Cada acci贸n de progreso afroamericano recibe una reacci贸n violenta en respuesta. La victoria del Norte en la guerra civil no trajo la paz. Al contrario, la emancipaci贸n trajo el resentimiento blanco de que los buenos tiempos de la subordinaci贸n negra se hab铆an acabado. Las legislaturas del sur se afanaron por reinscribir la supremacia blanca y restaurar el aura de legitimidad que la campa帽a antiesclavista hab铆a empa帽ado. En varios Estados los legisladores crearon los C贸digos Negros, que criminalizaron de forma efectiva la negritud, sancionaron el trabajo forzado y mermaron cualquier principio de democracia. Incluso la promesa, adoptada por las autoridades federales, de los cuarenta acres -tierra confiscada a traidores que hab铆an querido destrozar los Estados Unidos de Am茅rica para conceder a los libertos- se deshizo como polvo…La decisi贸n ‘Estados Unidos contra Cruikshank’ -1876- del Tribunal Supremo  frenaba una ley destinada a combatir el terrorismo del Ku Klux Klan. Ochenta a帽os m谩s tarde, pareci贸 darse otro momento triunfal al pronunciarse el Tribunal Supremo contra los colegios segregados. Pero los ni帽os negros, sedientos de una educaci贸n de calidad, se sumergieron de lleno en m谩s furia blanca. Los ladrillos y las turbas a las puertas de los colegios fueron solamente los signos m谩s obvios. Aprobaron leyes para retener fondos p煤blicos de cualquier colegio que cumpliera con la prohibici贸n de la segregaci贸n, cerraron los sistemas escolares p煤blicos y usaron los d贸lares procedentes de los impuestos para que los blancos pudieran continuar su educaci贸n en academias privadas racialmente exclusivas… Poco m谩s de medio siglo despu茅s, las esperanzas tan audaces puestas en la elecci贸n de Obama ser铆an ef铆meras: una avalancha de leyes para la supresi贸n del voto, el auge de leyes de leg铆tima defensa y la continua brutalidad policial dejan claro que la elecci贸n y reelecci贸n de Obama han desatado otra ola de miedo e ira… La devastaci贸n econ贸mica de la Gran Recesi贸n tambi茅n muestra el asedio que sufren los afroamericanos: la crisis de las ejecuciones hipotecarias golpe贸 con m谩s fuerza a los estadounidenses negros que a cualquier otro grupo en Estados Unidos -si antes de la recesi贸n la riqueza de los estadounidenses blancos era cuatro veces superior a la de los negros, despu茅s lo era seis veces m谩s-. El ataque del Tea Party Movement contra el intervencionismo estatal constituye un ataque contra el empleo p煤blico, donde existe menos discriminaci贸n… Cuando pens茅is en Ferguson, no pens茅is unicamente en el resentimiento negro hacia un sistema de justicia criminal que permite que un agente de polic铆a blanco le descerraje seis tiros a un adolescente negro inerme.Considerad la desarticulaci贸n econ贸mica de la Am茅rica negra… S贸lo entonces Ferguson cobra sentido. Se trata de furia blanca. – Carol Anderson.

Aunque al imaginario blanco liberal le gusta sentirse temporalmente mal ante el sufrimiento negro, no existe realmente un modo de empatia que pueda reproducir la tensi贸n diaria que experimentas como persona negra cuando experimentas que pueden matarte simplemente por ser negra: nada de manos en los bolsillos, nada de escuchar m煤sica, ni movimientos bruscos, ni conducir tu cocbe, ni caminar de noche, ni caminar de d铆a, ni torcer por esa calle, ni entrar en aquel edificio, ni ponerte firme, ni quedarte aqu铆 de pie, ni quedarte ah铆 de pie, ni responder, ni jugar con pistolas de juguete, ni vivir siendo negro… Vivimos en un pa铆s donde los negros muertos forman parte de la vida normal. Hist贸ricamente, no existe lo cotidiano sin el cuerpo negro esclavizado, encadenado o muerto sobre el que posar la mirada, del que se oye hablar o contra el que uno se posiciona. Cuando el trastorno de nuestra cultura abruma a las personas negras y estas salen a protestar -a la larga en perjuicio nuestro, porque las protestas dan una excusa a la polic铆a para militarizarse, como sucedi贸 en Ferguson- la pregunta err贸nea que se formula es ‘驴Qu茅 clase de salvajes somos?’, cuando deber铆a ser ‘驴En qu茅 clase de pa铆s vivimos?'”. – Claudia Rankine.

Jesmyn Ward curs贸 su Maestr铆a en Bellas Artes (MFA) en la Universidad de Michigan y recibi贸 el McArthur Genius Grant, el Stegner Fellowship, el John and Renee Grisham Writers Residency y el Strauss Living Prize. Es la primera mujer que ha obtenido dos National Book Award de ficci贸n por Sing, Unburied, Sing (2017) (La canci贸n de los vivos y los muertos, traducida por Francisco Gonz谩lez L贸pez) y Salvage the Bones (2011), que tambi茅n qued贸 finalista del New York Public Library Young Lions Fiction Award y del Dayton Literary Peace Prize. Es autora de la novela corta Where the Line Bleeds y de las memorias Men We Reaped, que fue finalista del National Book Critics Circle Award y del Hurston/ Wright Legacy Award y gan贸 el Chicago Tribune Heartland Prize y el Media for a Just Society Award. Actualmente es profesora asociada de Escritura creativa en la Universidad Tulane y vive en Misisipi.




Fuente: Alasbarricadas.org