January 1, 2022
De parte de Lobo Suelto
241 puntos de vista


Nada que esperar es un libro raro, inesperado, necesario. Raro porque irrumpe en un presente brumoso y aciago para rememorar un tiempo que acaso ya no es tan otro y proponer nuevos contornos para una 鈥渃onversaci贸n que atraviese el tiempo鈥 y que nos permita volver a pensar el 2001 sin nostalgia. Se trata de un libro fuera de lo com煤n, como escribe Javier Tr铆mboli, que 鈥渆n su relativa sencillez tiene no poco de ins贸lito鈥. Escritura precisa y 鈥渇lorida鈥 que, a pesar de intuirse necesaria, no espera nada. O, como sugiere Ver贸nica Gago, Nada que esperar es una m谩quina de detalles, una escritura de orfebre que, con gesto min煤sculo, contiene toda una teor铆a de la escucha. En los comentarios que aqu铆 reunimos, con la intenci贸n manifiesta de evitar la dispersi贸n de una conversaci贸n que creemos relevante, hay dos lecturas sutiles de lo que el libro pone en juego. Estos indicios, y otros, nos habilitan a decir que se trata de un libro necesario y que, tal vez, no sab铆amos que esper谩bamos.

***

 Por Ver贸nica Gago

Otro t铆tulo posible junto a Nada que esperar podr铆a ser A qui茅n le importa. Y entre esos dos enunciados que superficialmente podr铆an parecer nihilistas, se encuentra el descubrimiento de una enorme alegr铆a. Escribir sin esperar y sin calcular el peso y la envoltura de lo que se narra. Pasando esos dos portales, se produce un 谩brete s茅samo que hace correr la escritura a una libertad desenfadada (no encontramos ni una pizca de resentimiento) y juguetona (realmente se dispone a dejarse llevar).

Es en ese plano tambi茅n donde se reivindica una y otra vez un sentimiento que el Ruso hace emerger como matiz omnipresente y que me llama especialmente la atenci贸n: la inocencia. Escucho, al escribir, la inflexi贸n risue帽a con que me puede responder si digo que inocencia proviene, en su ra铆z latina, de lo que no hace da帽o. Esa disposici贸n es lo que marca lo contrario del infantilismo que ser铆a el modo de volver pueril la inocencia. Y lo se帽alo porque veo en su escritura una refinada batalla por defender esa inocencia respecto de la banalidad de acusaciones, justamente, de infantilismo, de falta de lectura estrat茅gica, de ausencia de horizonte de trascendencia. El libro es as铆 una ir贸nica pieza que se encarga de despachar una a una las 鈥渙bjeciones鈥 contra ese estado de inocencia que habilita una alegr铆a creativa, sin dudas arrojada. No para refutarlas. Ni siquiera para hacer balances o enarbolar defensas. En todo caso, sobrevuela all铆 una elaborada discusi贸n pol铆tica sobre el espontane铆smo.

Y ah铆 me quiero volver a detener: la mir铆ada de tan dis铆miles situaciones, conversaciones, acontecimientos y an茅cdotas que el texto va enhebrando, poniendo muchos a帽os en un verdadero flujo de palabras, muestran una trama minuciosa, de orfebrer铆a. 驴Cu谩l es el dibujo de la pieza, de esta joya de libro? Es una pregunta por c贸mo se construye una disponibilidad de inocencia para participar de acontecimientos hist贸ricos. C贸mo, de cierto modo, hay algo de infancia en esa disponibilidad que no se reduce a una cuesti贸n etaria, sino a una disposici贸n a la experiencia. La narraci贸n de una charla al pasar, de una observaci贸n, de un viaje, de unos modos de caminar o de manejar, expone algo dif铆cil: un sentimiento de urgencia sin tener expectativas, una atenci贸n finitesimal al calor de lo que se dice sin ceder a la consigna evidente, unas ganas que se aferran a lo que sucede para comprenderlo mejor, unos afectos que van produciendo pliegues en una memoria en constante formaci贸n.

De ah铆, insisto, la orfebrer铆a del detalle. Este libro es una m谩quina de detalles, muchos podr铆an decirse 鈥渋nsignificantes鈥 pero, justamente por eso, decisivos. Muchas de las escenas ac谩 narradas volv铆 a recordarlas al leerlas. Me las hab铆a olvidado tal vez. Se experimenta as铆 una potencia de la escritura: nos hace recordar algo que no sab铆amos que hab铆amos olvidado. Y adem谩s accedemos al recuerdo por un detalle que nos trae de un tir贸n todo lo otro. Tambi茅n me pas贸 que al entrar en el viaje del libro se me agolpaban otras escenas (驴por qu茅 no habr谩 incluido tal o cual otra cosa ac谩 el Ruso?, me preguntaba). Sucede que el libro pone en funcionamiento un mecanismo que nos atrapa como lectorxs en esa m谩quina de recordar, de poner la memoria en estado presente, que adem谩s nos ofrece una lengua para ese tipo de historias sin letras de molde. Se monta as铆 una m谩quina de recuerdos min煤sculos, que quedar铆an inadvertidos e invisibles sin una narraci贸n que los vuelva al ruedo, que los reponga tanto en su arbitrariedad como en su brillo.

Esto me genera un sentimiento de gran gratitud al libro del Ruso: a quienes estamos ah铆, en esos recovecos sin fecha de tiempo, nos hace acordar por qu茅 est谩bamos ah铆 con una simult谩nea certeza e inocencia. Pero sobre todo rescata que la materialidad de esas certezas est谩 hecha de puros detalles, de cosas chiquitas que se encadenan bajo una aventura que mientras se vive con total seriedad no se calcula cu谩ndo pasar谩 el umbral de convertirse en algo que recordar. Tal vez sea esa tambi茅n la costura propia de una amistad pol铆tica.

Agrego: ese caudal del detallismo -que es un estilo benjaminiano que trama otra de las batallas sordas del libro que es, precisamente, sobre ese nombre: por c贸mo se lo pronuncia en Buenos Aires, por qui茅n lo usa para dotarse de grandilocuencia intelectual, por c贸mo se atropella como cita de sofisticaci贸n acad茅mica- siempre en el Ruso fue especialmente auditivo. De ah铆 su conocido virtuosismo de la imitaci贸n sonora que no s贸lo consiste en lograr repetir algo a la perfecci贸n, sino sobre todo en capturar y seleccionar una palabra entre mil de alguien y, al decirla como chiste-imitaci贸n, poner en evidencia que esa palabra, dicha de determinada manera, condensa un rasgo inconfundible de qui茅n habla. Esto s贸lo sabemos que lo sabemos cuando escuchamos la imitaci贸n y estalla la risa. En esa forma hay una burla fin铆sima a los m谩s diversos lenguajes en los que nos movemos, pero sobre todo algo que me interesa m谩s: la risa, la carcajada, como mecanismo de verificaci贸n de que el chiste es una verdad compartida. El chiste como 铆ndice de un saber del detalle, de lo subterr谩neo, para captar una verdad elemental.

Este libro tiene tambi茅n una alta carga de autoan谩lisis personal y colectivo. Por eso me parece realmente genial como modo de pensamiento, repito, que se asume fuertemente auditivo. El 贸rgano del o铆do trabaja con la descripci贸n de las relaciones que se le aparecen a quien narra entre fisonom铆a y palabra, como fondo del que emerge el sentido. En ese gesto, tan conocido del Ruso, lo que podemos ver es una fuerte deconstrucci贸n de la consistencia del habla, de los an谩lisis discursivos y, a la vez, una confianza enorme en la carga indisimulable de realidad de lo que se dice. B谩sicamente porque la lengua no puede desprenderse de un sabor, de una modulaci贸n de la voz, de una posici贸n corporal, de una relaci贸n con la situaci贸n misma de la enunciaci贸n. Todo esto no deja de transmitirse. Como si lo que se escucha en lo que se dice no pudiese finalmente desacoplarse de la materia expresiva que lo compone por m谩s pirueta ret贸rica que se practique: por tanto, de nuevo leemos una refutaci贸n a carcajadas de las palabras lustrosas pero desencarnadas, de los acentos que salen mal, de los significados que se sienten neum谩ticos.

Ah铆 hay un juego que llega incluso a los nombres: s贸lo los m谩s cercanos son los que tienen seud贸nimos. 驴Cu谩l es el sentido de desacomodar algunos nombres propios y dejar otros 鈥渞eales鈥? Es otro gesto en el libro que lo hace por momentos novelesco y gracioso (al estilo de Los detectives salvajes). Pero hay algo m谩s porque esos seud贸nimos tienen una relaci贸n determinada con los nombres verdaderos, una mediada por la iron铆a que se escucha en sordina. Entre los nombres falsos y los verdaderos hay chasquidos comunes y un c煤mulo de chistes que determinaron su deformaci贸n sonora (mostrando el concentrado de un cierto procedimiento y el virtuosismo de su repetici贸n).

Dir铆a que en el libro hay sobre todo, a partir de la indagaci贸n personal, una formulaci贸n de una teor铆a de la escucha. Pero eso mismo es lo que 茅l lee en el trabajo del colectivo Situaciones: una disponibilidad y un cierto trabajo alrededor de producir condiciones de escucha (incluso con un integrante que literalmente no escucha del todo y, por eso mismo, escucha casi m谩s que el resto). En la dramatizaci贸n de su personaje auditivo hay entonces una teor铆a de individuaci贸n colectiva a trav茅s del o铆do. Creo que por eso mismo eso se traduce en la escritura del libro, donde 鈥渆scuchamos鈥 al Ruso: modismos, chistes, relatos, frases recortadas que le hemos o铆do miles de veces, que le produc铆an una fascinaci贸n misteriosa, y que ahora se han vuelto texto con una ondulaci贸n capaz de darle una l贸gica de sentido. Como si las hubiese estado guardando y ensayando en la fragilidad de la oralidad para reci茅n ahora pasarlas a la letra impresa.

La escucha requiere, sin dudas, un cierto estado de inocencia. No porque sea un papel en blanco (escuchar como pasividad) o porque sea una  manera de certificar novedad o etnografiar particularidades en lo que se oye (escuchar c贸mo darle lugar a lenguajes 鈥渘ativos鈥). Por el contrario, escuchar requiere un entrenamiento, un deseo y tiene, como nos recuerda Silvia Rivera Cusicanqui, un poder autoral. Nada m谩s lejos de la idea anodina de una escucha como ausencia de palabra. Ciertas escenas de escucha nos pueden hacer pensar y decir cosas que ni siquiera imagin谩bamos, que no se ajustan a repertorios, que se descatalogan de los clich茅s a la mano.

El libro no cuenta una historia o el derrotero de un colectivo sino una suerte de fondo experiencial que funciona de base, de respaldo y de atm贸sfera compartida. Es sobre ese fondo que se recortan modos de leer, de encarar la autoformaci贸n, de vivir la militancia, de tomar algunas decisiones de cu谩ndo irse de ciertos lugares o de insistir en otros. Celebro mucho que ese fondo colectivo hoy se actualice con este libro, porque nos permite descubrir a un amigo escritor que est谩 decidido a poner en juego y en variaci贸n un momento colectivo con la alegr铆a que da sumergirnos en un r铆o de escritura.

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Por Javier Tr铆mboli

Entiendo que estamos ante un libro fuera de lo com煤n, que incluso en su relativa sencillez, como si 茅sta fuera un se帽uelo de los imprescindibles, tiene no poco de ins贸lito.

Libro que ante todo se agradece. En primer lugar por lo que revela que, principal y sucintamente, podr铆amos decir que es un itinerario, un decurso, una experiencia. Y es indisociable de c贸mo lo hace. Aun con prosa 鈥渇lorida鈥, esa que lo invitaba a Fogwill a verduguear amistosamente a Horacio Gonz谩lez -una prosa con cadencia y no poco lujo-, Nada que esperar da cuenta de la amistad pol铆tica que se fue haciendo al comp谩s de una militancia colectiva, llamando a las cosas por su nombre. Bajo esa compulsi贸n me animo a decir. Quiz谩s incluso la decisi贸n de transformar juguetonamente los nombres propios de sus principales protagonistas, obre como el permiso necesario para, de ah铆 en m谩s, designar con dedicaci贸n y detalle eso que fue vivido. En alguna carta Adorno se enfadaba con Benjamin por la testarudez que lo llevaba a priorizar la acci贸n de nombrar, poniendo en penumbras la dial茅ctica. Es as铆, llamar a las cosas por su nombre produce infinitas y contradictorias molestias.

Me pongo el traje de historiador que no me queda del todo bien: es un libro para entrar a saco, como se dec铆a, que ofrece un mont贸n de pistas para quien le interese y se disponga a escribir la historia, aunque m谩s no sea la cr贸nica 鈥損ero otra historia, otra cr贸nica- de los a帽os noventa.

Hay, sin dudas, teor铆a subyaciendo sobre la experiencia en cuesti贸n, hay posici贸n pol铆tica que se esgrime, pero a la vez est谩 repleto de an茅cdotas. Sebasti谩n, el Ruso, y el Polaquito en la Universidad de San Marcos, con ganas de aprender todo y en zozobra o un poco m谩s cuando el ej茅rcito los detienen y ellos est谩n inflamados de materiales comprometedores. O haciendo la 鈥渟eguridad鈥 del acto desbandado de pibes alzados que organizaron las Madres, en la Plaza de Mayo, la noche del 23 al 24 de marzo de 1996. Las camperas llenas de escupitajos culpa del mal c谩lculo de Fito Paez que se puso meloso 鈥揻ue Fito Paez- donde no correspond铆a. O ya muy de noche, un d铆a de semana, eran mediados de 2002, volviendo en auto de Solano con la sospecha terror铆fica de que los sigue un Ford Falcon, que luego se enterar铆an era de un remisero amigo del MTD. La olla popular en la explanada de la BN en 2001 y se derrocha esmero en cocinar buenos platos.

Me permito citar a Alfonso Reyes: 鈥淗ay que interesarse por las an茅cdotas. Lo menos que hacen es divertirnos. Nos ayudan a vivir, a olvidar, por unos instantes. 驴Hay mayor piedad? Pero, adem谩s, suelen ser, como la flor en la planta: la combinaci贸n c谩lida, visible, armoniosa. Que puede cortarse con las manos y llevarse en el pecho, de una virtud vital.鈥

De flores, de esa 鈥渧irtud vital鈥, tantas veces menospreciada pero siempre 鈥搎uiz谩s hoy de nuevo m谩s que nunca- necesaria como el aire, est谩n hechas las p谩ginas del libro del Ruso. O son perlas que regala y ahora se pueden ir a recoger, o tan s贸lo a admirar.

Ahora bien, vuelvo, aunque no creo haberme ido, a la historia, no con may煤scula pero s铆 en busca de sentidos. Hace tiempo lo conozco a Diego, compart铆 con 茅l y con otros compa帽eres muy queridos, brevemente es cierto, el espacio de una revista, La escena contempor谩nea. Con Mario no hace tanto, pero ya casi es una d茅cada, y tambi茅n por una revista, claro, por Crisis. Entiendo que nos tenemos bastante afecto y mucho respeto intelectual si es que tal cosa existe. Pero lo cierto es que de lo suyo s贸lo conoc铆a sus libros, sus cuadernos que, como manifestaciones sobre la superficie, apenas dejaban sospechar algo de lo que los fue llevando por aqu铆 y por all谩. Quiz谩s simplemente no hubo oportunidad de conversarlo u oper贸 el pudor; tambi茅n, c贸mo no, kirchnerismo mediante las diferencias pol铆ticas se interpusieron y obstaculizaron esa conversaci贸n que no existi贸. Con apetito de historiador, lo digo, aunque no menos con el apetito pol铆tico de entender el devenir o la muta, ese cambio tan notable de piel, que los hizo circular entre El Mate, la c谩tedra libre Che Guevara, De mano en mano, el Colectivo Situaciones, incluso Tinta Lim贸n. Porque en varios sentidos fue en paralelo con otra historia, tambi茅n menor 鈥揹e las que nos gustan-, que a otros nos llev贸 por otro lado, hasta encontrar una estaci贸n, mejor, un cap铆tulo en el kirchnerismo. O sea, entender mejor lo que nos sucedi贸, a partir de miramos y calibrar lo que le sucedi贸 a estos otros amigos con los que, n铆tidamente a partir de 2003, sin embargo no coincidimos.

Agrego en el margen: la palabra 鈥減udor鈥 est谩 muy presente en este libro, una palabra vieja, muy de Borges que se la atribu铆a incluso y justamente a la historia. Contra Goethe y las grandes fechas.  Sospecho que el Ruso, para escribir este libro que celebraremos por un buen rato, tuvo que medirse con el pudor, lidiar con 茅l. Cosa que a veces sin dudas hace falta. Que la experiencia que narra sea colectiva es una forma de doblegarlo sin caer en las redes de ning煤n vedetismo.

Otra palabra, en este caso familia de palabras, claves para dar cuenta de lo que fue y es esta 鈥渂andita鈥, creo que los italianos dicen as铆, esta amistad pol铆tica. Desertar, fugar, hacer 茅xodo. O, futboleramente, tirar el achique.

La impresi贸n que se impone sobradamente es que durante un tiempo, que calendario en mano no fue tan largo, desarrollaron una inteligencia fenomenal para olfatear la vida, los anzuelos que buscaban tentarlos para definitivamente calmarlos y las encerronas. Que con ese saber, que implica a todos los sentidos, siguieron rodando, volviendo nuevamente rico lo que hab铆a a la vuelta de cada recodo. El 茅xodo no es entonces una fruici贸n sino la clave de una pol铆tica.

Por supuesto, de nada sirve el calendario para medir estas cosas, que desbordan la cronolog铆a limpia de cualquier biograf铆a. Se precisa de otra lengua, de otro tempo, cosas que ensaya con 茅xito Nada que esperar. 

No pude leer este libro como si se tratara de una novela, todo me condujo hacia otro pacto, hacia otra forma de la 鈥渟uspensi贸n moment谩nea de la incredulidad鈥. Que se resista a un g茅nero es otra vuelta de tuerca de la deserci贸n.

Lo propone el Ruso: la necesidad de mirar y sopesar a los noventa con otra perspectiva. Erizarlo, o ponerle los pelos de punta, no es s贸lo, ni es suficiente, si se enhebran una vez m谩s las barbaridades que produjo el neoliberalismo. Se trata de otra cosa. Reconocer las potencias cr铆ticas que recorrieron esa coyuntura entre nosotros. Cierto desparpajo, cierta audacia que aparecen aqu铆 y all谩, que destellan en esta amistad pol铆tica, as铆 como en otros espacios de sociabilidad y en artefactos muy distintos, que a contramano de los 铆ndices m谩s brutales de pobreza, de desocupaci贸n, etc.., a煤n con todo eso encima, no s贸lo a la distancia hac铆a que eso se pareciera a una fiesta. Algo rotosa, extrema. Pero me parece que el Ruso no usa la palabra fiesta, no por lo menos para ese momento.

Voy a una incomodidad que, no obstante hacerme trastabillar, no me impidi贸 seguir leyendo, otro m茅rito de la escritura y de las an茅cdotas, perm铆tanme subirle el precio, de la 鈥減ol铆tica de las an茅cdotas鈥. Siempre me atrajo mucho el t铆tulo de un libro de Le贸n Rozitchner pero como sospecho tiene poco o nada que ver con lo que a m铆 me fascina, prefiero no leerlo, Las desventuras del sujeto pol铆tico. Hablar de apuestas pol铆ticas no puede ser sino hablar de desventuras, que son m谩s o menos alevosas, m谩s o menos flagrantes, que irrumpen m谩s temprano que tarde. Cuando se alcanza el tiempo necesario para ponerlas en el papel, las fallas, los errores de c谩lculo, las apreciaciones desviadas, todo eso es dif铆cil que no salte a la vista. 

Bueno, me pongo hincha y digo que la incomodidad que me produjo el libro del Ruso radica en que no ve铆a desventuras, a las serias me refiero, porque pasos de comedia que nos hacen re铆r y mucho tiene varios. Pero no ve铆a mella ni errores en lo emprendido. El cambio de piel ocurre eficazmente. Llegu茅 a sospechar conformidad, satisfacci贸n. Eso al mismo tiempo que una apenas velada alegr铆a que, en efecto, el libro exuda y, confieso, me dio no poca envida.

Pensaba: c贸mo puede ser si estamos en este mundo finalmente y no en otro, en este 2020/2021 eternos, de gobernanza y rosca, de wasaps e instagram, que exista tal conformidad con lo que se hizo. No, por supuesto, porque haya habido alguna complicidad, sino porque hace evidente que nada de lo que hizo estuvo a la altura para ponerle l铆mite a este estado de cosas. O para sostener otras formas de vida.

Al concluir el libro advert铆 que se trataba de otra cosa. Porque, perm铆tanme que lo diga muy feamente, el libro no termina bien. O sea, no est谩 hecho para reconciliarnos con ning煤n presente, tampoco entonces con lo que nos condujo hasta ac谩. En un momento determinado 鈥搚 mucho tiene que ver con el kirchnerismo, con eso que a muchos nos cambi贸 el rictus desagradable de la cara por un buen rato-, hubo algo que dej贸 de producirse, como si los signos pasaran a ser otros y ya no se los leyera con el mismo don. Como si el escenario se transformara o esta vez 茅l mutara m谩s velozmente, dejando a esta amistad pol铆tica pedaleando en el aire. Cito: 鈥淧ero esa noche h煤meda, cuando fuimos con el Negro al galp贸n, ya no era lo mismo. La energ铆a hab铆a cambiado. Los pibes ya no andaban sueltos, corriendo como siempre por ah铆. La indiferencia del barrio se hac铆a sentir. Todo era m谩s apagado, fr铆o. (鈥) Era la primera vez que volv铆amos del galp贸n sin hablar. No pod铆amos interpretar c贸mo hab铆a sido que esa vitalidad se hab铆a disipado.鈥

Ante el agotamiento, la 煤ltima fuga 鈥搇a 煤nica triste- es del Colectivo Situaciones, incluso de esa amistad que as铆 y todo, y eso es genial, no se apaga. Que parece haber adquirido otra consistencia, menos apretada, pero que persiste. Tambi茅n otro grado de entendimiento y de acuerdo.

El final del libro, si se quiere del 2005 para ac谩, se desencadena r谩pido, se despe帽a no por capricho o irresoluci贸n, sino porque esa experiencia colectiva militante de la que Nada que esperar trata se desarticula. Ya realizada la lectura del libro, llama la atenci贸n, y creo que para bien, que este final no ti帽a ni, entonces, desdibuje la alegr铆a y la vitalidad de la experiencia en cuesti贸n. Le otorga una especial rareza.

De todos modos, me interesa subrayar que la 鈥渇iesta鈥 tiene su principal irrupci贸n en escena para valorar la gesti贸n de Horacio Gonz谩lez en la Biblioteca Nacional que, de esta forma, se erige como una nota discordante, como una salvedad. Desde mi mirada, o mi ojo mocho digamos, no puede entenderse solamente de esta forma, se trat贸 del genio de Horacio alimentado por las mejores vetas de nuestra cultura emancipatoria, pero no fue s贸lo eso.

La clave para calibrar este desacuerdo la aporta el mismo Ruso cuando recuerda una conversaci贸n con Paolo Virno en la que 茅ste lanz贸 una apreciaci贸n que los dej贸 perplejos: 鈥淪贸lo se tiene una experiencia pol铆tica una vez en la vida鈥. Que si alcanz贸 tal estatuto, lo que sigue de nuestra vida no podr谩 dejar de medirse con ella, de recurrir incluso a sus afecciones primarias. Desde ah铆 leeremos lo que siga.

Y la experiencia pol铆tica de esta amistad que en este libro se revive tuvo lugar a partir de lo que dejaba abandonado el Estado, por lo tanto, hasta su reposicionamiento producido por el kirchnerismo.

鈥淧erdimos todos鈥 concluye sumariamente en alg煤n momento el Ruso, y aunque no est谩 muy claro a quienes incluye, si dudamos de que est茅 hablando a los que est谩bamos en ese otro andarivel, lo cierto es que hoy sobran se帽ales de que es as铆. Por lo tanto, que hay que pensar c贸mo contin煤an nuestras vidas.

Ya en estricta primera persona, afirma el Ruso que se vio 鈥渋ntuitivamente llamado a una pol铆tica del silencio鈥 y que sinti贸 鈥渦na cierta p茅rdida de curiosidad por lo nuevo.鈥 No est谩 nada mal si eso es reemplazado por libros como 茅ste. En una de 茅sas se trata de imaginarse en la retaguardia, como se dio cuenta el Negro Fuentes que le correspond铆a el 20 de diciembre de 2001, picando baldosas para que los pibes tengan con qu茅 disparar.




Fuente: Lobosuelto.com