March 23, 2023
De parte de Indymedia Argentina
2,111 puntos de vista

La dominaci贸n de Estados Unidos sobre Am茅rica Latina no tiene equivalentes en otras partes del mundo. En ninguna otra zona mantuvo un control tan directo con intervenciones tan sostenidas. Siempre consider贸 a la regi贸n como una simple prolongaci贸n de su propio territorio.

Por esta singular gravitaci贸n, el retroceso de la primera potencia al sur del R铆o Grande es ilustrativa de la crisis del poder norteamericano. Washington pierde posiciones en su viejo feudo a un ritmo asombroso.

Las evidencias de este declive en plano econ贸mico han sido contundentes luego del fracaso del ALCA. La fallida integraci贸n comercial y financiera de toda la regi贸n bajo su control, afect贸 un mercado tradicional del capitalismo estadounidense. Ese frustrado proyecto no fue reemplazado por ning煤n otro plan del mismo porte. Los tratados bilaterales no dieron el resultado esperado y el viejo anhelo de supremac铆a panamericana qued贸 archivado.

Esta adversidad econ贸mica se extiende al plano geopol铆tico-militar. La erosi贸n del liderazgo yanqui no fue revertida en las 煤ltimas dos d茅cadas con mayor despliegue del Comando Sur, la IV Flota, las bases de Colombia o la presencia de la DEA, la CIA y el FBI. La Casa Blanca no pudo repetir las ocupaciones de Granada (1983) o Panam谩 (1989). Reforz贸 el bloqueo a Cuba y ensay贸 complots contra Venezuela, pero no logr贸 reconstruir la OEA, ni organizar el contragolpe continental que ansiaba el Grupo de Lima.

El mismo retroceso se corrobora en el plano ideol贸gico. El 鈥渟ue帽o americano鈥 ya no deslumbra con antes. Persiste la exaltaci贸n del capitalismo puro y tambi茅n la adulaci贸n de la empresa o la idealizaci贸n de la competencia, pero la referencia estadounidense perdi贸 su tradicional y excluyente centralidad. Las dificultades que afronta la econom铆a del Norte disuaden las apolog铆as del pasado. El acrecentamiento de la desigualdad torna adem谩s inveros铆mil, la identificaci贸n del sistema pol铆tico estadounidense con el bienestar de las mayor铆as.

Tambi茅n pierde adeptos la vieja imagen de la primera potencia como protectora del continente. S贸lo para decrecientes sectores de las elites regionales contin煤a encarnando los valores comunes de la humanidad. La intervenci贸n internacional de Washington ya no es vista como el 煤nico ant铆doto frente al caos. Salta a la vista que los marines s贸lo intervienen para asegurar los beneficios de una minor铆a capitalista del Norte. Esta revisi贸n general del rol de Estados Unidos ha sido precipitada por la impetuosa llegada de un nuevo jugador externo.

Fracasos frente al sorpresivo desafiante

La fulminante expansi贸n de China en Am茅rica Latina corrobora el deterioro de la dominaci贸n estadounidense. El gigante asi谩tico no repite el perfil competitivo de Europa o Jap贸n, que en distintas ocasiones incursionaron sin 茅xito sobre la regi贸n controlada por Washington. Durante la segunda mitad del siglo XX, esas intervenciones estuvieron siempre restringidas a ciertas ramas de la econom铆a y nunca amenazaron la primac铆a general de la primera potencia.

La llegada de China presenta otra magnitud e introduce una in茅dita cu帽a en toda la regi贸n latinoamericana, que los dominadores del Norte denominaron en forma despectiva el Patio Trasero. La velocidad de esa penetraci贸n asi谩tica no tiene precedentes. Comenz贸 en la esfera comercial a trav茅s de operaciones que escalaron a un ritmo del 26% anual. El volumen de ese intercambio salt贸 de 18 mil millones de d贸lares (2002) a 450 mil millones (2021). China se ha convertido hoy en el principal socio de Argentina, Brasil, Chile, Per煤 y Uruguay y en el segundo M茅xico y Colombia (Quian; Vaca Narvaja, 2021).

El inter茅s inicial de Beijing estuvo centrado en la adquisici贸n de materias primas. Apost贸 a garantizar su provisi贸n de insumos, en la regi贸n que alberga las mayores reservas del planeta. Desaf铆o abiertamente al custodio yanqui de esas riquezas. En Am茅rica Latina se localiza el 40 % de la biodiversidad mundial, el 25 % de los bosques y el 28 % de las fuentes acu铆feras. Tambi茅n cuenta con el 85 % de los dep贸sitos conocidos de litio, el 43 % del cobre, el 40 % del n铆quel y el 30 % de la bauxita. China tom贸 nota de ese acervo para sostener su extraordinario crecimiento.

Esa arremetida reproduce en Am茅rica Latina la expansi贸n del gigante oriental en el resto del mundo. Pero en este caso, socava directamente la preeminencia de su principal rival, en un territorio de vieja primac铆a estadounidense. La sorpresa de Washington ha sido may煤scula y el establishment no logra definir un contragolpe frente a semejante reto. Nunca imagin贸 que el avance asi谩tico pod铆a alcanzar esta dimensi贸n en sus propios dominios.

China aprovech贸 el fracaso del ALCA que afront贸 Bush y las vacilaciones de Obama en el manejo del libre comercio, para introducir sus convenios en la regi贸n. Por esa v铆a logr贸 ocupar en tan s贸lo 20 a帽os, un lugar muy pr贸ximo a Estados Unidos en toda la zona.

Trump intent贸 una virulenta reacci贸n proteccionista. Congel贸 el sendero multilateral, adopt贸 la agenda del sector interno americanista y busc贸 la recaptura de los viejos mercados cautivos. Pero su apuesta mercantilista tampoco dio resultado. No revirti贸 el d茅ficit comercial de Estados Unidos con China, ni mejor贸 el super谩vit yanqui con los clientes latinoamericanos.

El magnate tan s贸lo logr贸 un respiro con una renovaci贸n del tratado con M茅xico (TMEC), que dej贸 conformes a las firmas estadounidense y asegur贸 los enormes beneficios de las maquilas. Introdujo, adem谩s, barreras a las empresas alemanas y japonesas que intentan penetrar el mercado del Norte. Tambi茅n impuso el veto a los atractivos convenios que China ofrece a M茅xico desde hace veinte a帽os.

Pero esos logros no compensan la p茅rdida de espacios frente a Beijing en todo el continente. Estados Unidos no pudo expandir su modelo del T-MEC al resto de Centroam茅rica y el Caribe. Tampoco consigui贸 evitar que gobiernos muy afines a Occidente ampl铆en sus acuerdos con China.

Este fracaso econ贸mico tuvo correlatos pol铆ticos. La contraofensiva de Trump para alinear a los presidentes derechistas de la regi贸n con Washington, no logr贸 efectos significativos sobre los negocios. En ning煤n caso, indujo a las clases dominantes de la regi贸n a retacear sus intercambios con Beijing.

La adversidad que afronta Estados Unidos salta la vista, en una comparaci贸n de la gesti贸n de Trump con su antecesor Nixon. Para confrontar con el desaf铆o creado por la renovada competitividad de las econom铆as de Alemania y Jap贸n, ese mandatario republicano dispuso en los a帽os 70 la inconvertibilidad del d贸lar y una fuerte suba de aranceles. Pact贸 con China para separarla de la URSS y compens贸 la derrota de Vietnam, con el 茅xito de su socio Pinochet en Chile y con la contraofensiva de su ap茅ndice israel铆 en Medio Oriente.

Por el contrario, todas las iniciativas geopol铆ticas de Trump fueron inconsistentes, timoratas y revertidas por su propio gestor antes de alcanzar alg煤n resultado. Vacil贸 en la guerra comercial con China, exhibi贸 incontables vaivenes frente a Rusia, combin贸 las diatribas con la inacci贸n ante Corea e Ir谩n y no pudo imponer sus exigencias de militarizaci贸n a Europa. Este contraste frente a Nixon ofrece otro indicio del retroceso actual de Estados Unidos.

La contraofensiva fallida

Estados Unidos ya no recurre a ofertas de libre comercio para frenar la expansi贸n de China, puesto que no logra competir en ese terreno con su rival. El intercambio sin aranceles siempre fue el estandarte de las econom铆as m谩s competitivas. Se transform贸 en el gran emblema de Londres en siglo XIX, de Washington en la centuria pasada y de Beijing en la actualidad.

Estados Unidos s贸lo adopt贸 ese principio cuando su econom铆a comenz贸 a doblegar a los competidores. En ese momento, los sectores aislacionistas perdieron la partida frente a sus pares globalistas, que impusieron la agenda de la liberalizaci贸n.

En Am茅rica Latina ese curso fue anticipado por el panamericanismo y extendido posteriormente con programas de apertura comercial. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, la bandera del libre comercio qued贸 asociada a una econom铆a estadounidense que triplicaba al PBI de la URSS, quintuplicaba el volumen productivo de Gran Breta帽a y albergaba a la mitad de la actividad industrial del orbe (Anderson, 2013: 97-102).

El declive de esa productividad fue perceptible primero frente a las reconstruidas econom铆as de Jap贸n y Alemania y ha quedado actualmente transparentado por el ascenso de China. La competitividad del gigante asi谩tico explica su fervorosa defensa de la desregulaci贸n comercial en las Cumbres de Davos. La fidelidad formal a ese ideal en el grueso de Occidente, contrasta con la promoci贸n real de esa meta por el nuevo epicentro de Oriente.

Beijing, China.

El fracaso de la respuesta proteccionista a esa disyuntiva que ensay贸 Trump, indujo a Biden a probar instrumentos keynesianos para emparejar la carrera con China. Lleg贸 a la Casa Blanca con una ret贸rica de New Deal y audaces propuestas de mayor gasto p煤blico, para recomponer los ingresos y apuntalar la inversi贸n en infraestructura. Prometi贸 revertir las reducciones impositivas y penalizar los para铆sos fiscales, para reunir los recursos que exige el relanzamiento de la econom铆a estadounidense.

Biden no retom贸 el multilateralismo de Obama, ni las iniciativas de libre comercio de sus predecesores globalistas. S贸lo pretendi贸 alguna aproximaci贸n a ese curso, para encender los motores del resurgimiento norteamericano. Pero esa estrategia no arranc贸 en el primer bienio de su mandato.

Su paquete de incremento del gasto p煤blico obtuvo mucho menos que lo esperado en el Congreso, ante el rechazo de los Republicanos y los reparos de su propia bancada. Primero el lobby de las farmac茅uticas bloque贸 cualquier restricci贸n al imperio de las patentes, luego las grandes empresas vetaron las mejoras de las prestaciones sociales y el incremento de los impuestos. Posteriormente los banqueros objetaron la ampliaci贸n del gasto p煤blico y finalmente las compa帽铆as petroleras obstruyeron el despegue de una econom铆a verde.

Todas las iniciativas de financiaci贸n ambiental, mayor atenci贸n m茅dica e impuestos progresivos han quedado transformadas en inconexos paquetes de incentivos convencionales. El relanzamiento keynesiano debe lidiar, adem谩s, con el nuevo escenario de inflaci贸n que sucedi贸 a la pandemia y con el renovado gasto militar que introdujo la guerra de Ucrania (Tooze, 2022).

Este freno obstruye el demorado relanzamiento de los proyectos comerciales transatl谩nticos y transpac铆ficos, que Estados Unidos mantiene en la indefinici贸n. El bloqueo que afrontan esas iniciativas confirma los atascos de la primera potencia. La primac铆a internacional del d贸lar, las ventajas en la alta tecnolog铆a y la gravitaci贸n del Pent谩gono, no aportan el sustento suficiente para disputar con China. Por esa raz贸n, Biden no logra revertir el continuado avance del drag贸n oriental en Am茅rica Latina.

Las clases dominantes de la regi贸n redoblan sus negocios con China, contrariando todas las presiones de Washington para obstruir esos emprendimientos. Biden repite el fracaso de su antecesor, que no logr贸 quebrantar esa asociaci贸n. Los dos delfines de Trump en la regi贸n -Macri y Bolsonaro- s贸lo amagaron algunas medidas iniciales de distanciamiento con Beijing. Esos tanteos fueron abandonados, cuando los exportadores de ambos pa铆ses exigieron preservar sus enormes ventas a China (Lo Brutto; Crivelli, 2019). La demora que introdujo Macri en las obras de infraestructura financiadas por Beijing y el coqueteo de Bolsonaro con Taiw谩n quedaron neutralizados por las exigencias del gran capital local.

Esa continuidad en la relaci贸n financiera y comercial con Beijing es la respuesta pragm谩tica de las clases dominantes latinoamericanas, a la ausencia de ofrecimientos compensatorios por parte de Estados Unidos (Fuenzalida, 2022). Trump simplemente se enfad贸 con Argentina, Jamaica, Panam谩 y Colombia, luego de exigir rupturas sin contrapartidas de ning煤n tipo. Biden modific贸 la ret贸rica, pero busca recrear el mismo padrinazgo estadounidense con poco soporte complementario.

Su proyecto impositivo internacional ejemplifica esa fragilidad de propuestas para los socios latinoamericanos. La iniciativa penaliza la evasi贸n, mediante una nueva tasa impositiva a las grandes empresas asentadas en los para铆sos fiscales. Pero como ese gravamen ser铆a cobrado tomando en cuenta la localizaci贸n de las casas matrices (y no los lugares de producci贸n), los 100.000 millones de d贸lares que aportar铆a al fisco ser谩n integralmente embolsados por las econom铆as del centro. Washington obtendr铆a un nuevo flujo de fondos, con recursos en gran medida generados en los territorios latinoamericanos (P谩gina 12, 2021). Biden mantiene la vieja tradici贸n de esquilmar a esa regi贸n, pero sin frenar la expansi贸n de un rival que negocia con todos los capitalistas locales del 篓Patio Trasero篓.

La Ruta de la Seda en la regi贸n

La batalla por la supremac铆a econ贸mica en Am茅rica Latina se dirime tambi茅n en el terreno de los megaproyectos internacionales. China est谩 embarcada en forjar un gigantesco cintur贸n de infraestructuras, puertos y rutas, que ya sum贸 a los 145 pa铆ses que albergan al 70 % de la poblaci贸n y al 55 % del producto bruto mundial. La Ruta de la Seda involucra una concesi贸n de pr茅stamos por 8000 billones de d贸lares y supera los planes de reconstrucci贸n que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial.

Puerto de Shanghai.

Ese colosal emprendimiento avanza en medio de las tormentosas tensiones suscitadas por la guerra, la inflaci贸n y el cortocircuito de suministros, que irrumpi贸 despu茅s de la pandemia. China debe lidiar, adem谩s, con los conflictos generados por el endeudamiento de los pa铆ses que participan en su proyecto. Ya es un gran acreedor de econom铆as muy fr谩giles (Mongolia, Laos, Maldivas, Montenegro, Yibuti, Tayikist谩n y Kirguizist谩n) y refinancia los compromisos con pa铆ses muy afectados por esos pasivos (Bangladesh, Tanzania o Nigeria).

La negociaci贸n de cada tramo de la Ruta de la Seda provoca, adem谩s, conflictos con los participantes que aumentan su participaci贸n sin consultar a los socios regionales. Las tratativas que mantuvo Italia a espaldas de Europa ejemplifican esas tensiones. Pero en esta gran variedad de circunstancias, China apuesta fuerte frente a un desconcertado espectador estadounidense.

Este problem谩tico escenario se ha extendido a Am茅rica Latina. En tan s贸lo cuatro a帽os la Ruta de la Seda sum贸 a 20 pa铆ses de la regi贸n, que comienzan a lograr una incidencia comparable al continente africano en ese proyecto. Argentina fue la incorporaci贸n m谩s reciente y con este ingreso sum贸 presi贸n para el ingreso de los tres ausentes de peso: Brasil, M茅xico y Colombia.

La econom铆a del Cono Sur fue tentada con mayores cr茅ditos para financiar la adquisici贸n de manufacturas y servicios de China. Argentina recibe menos presiones de Washington contra Beijing que M茅xico o Colombia y tiene menos industria para proteger de la avalancha importadora que Brasil. Pero las ofertas que est谩 evaluando Itamaraty, est谩n a tono con la expansi贸n del intercambio comercial de Brasil con China, que salt贸 de 2000 millones de d贸lares (2000) a 100.000 millones (2020).

M茅xico mantiene pendiente una respuesta a la propuesta de concertar un TLC directo con Beijing, que est谩 vetado por las cl谩usulas del T-MEC suscripto con Estados Unidos. Muchas voces impulsan la adopci贸n de ese conflictivo paso, a fin de situar al pa铆s en un status de real equidistancia frente a los dos poderosos del planeta (Dussel Peters, 2022). Pero esa apuesta introduce una carta que por ahora nadie quiere jugar.

China negocia con todos sus interlocutores, sin exigir los mismos compromisos que suele demandar Estados Unidos. No arrastra una tradici贸n de acreedor que consuma apropiaciones de territorios, empresas o recursos de los deudores insolventes.

Los juicios por 鈥渋ncumplimientos鈥 de las obligaciones tramitados en un organismo arbitral (CIADI), ilustran la magnitud de las penalidades que imponen las empresas estadounidenses (o europeas) a los estados latinoamericanos. El n煤mero de esos castigos salt贸 de 6 (1996) a 1.190 (2022) por compensaciones que superan los 33.000 millones de d贸lares (Ferrari, 2022).

El paso de tiempo zanjar谩 todos los interrogantes sobre el comportamiento futuro de China ante situaciones semejantes. Algunos analistas estiman que el gigante oriental ya comenz贸 a prevenir escenarios de ese tipo (Ecuador Today, 2021), sustituyendo los cr茅ditos de Estado a Estado por pr茅stamos privados con garant铆as de activos (Marco del Pont, 2022). Pero la efectivizaci贸n de estos resguardos a煤n no se ha verificado y China contin煤a exhibiendo un perfil m谩s amigable que su competidor norteamericano. Avanza con la Ruta de la Seda a una velocidad que descoloca al mandante estadounidense.

La inconsistencia de Am茅rica Crece

Frente a la impactante arremetida de China, Trump auspici贸 una muralla defensiva desde el 2019 con su proyecto de Am茅rica Crece. Alent贸 sobre todo acuerdos privilegiados de Am茅rica Latina con firmas estadounidenses, en los sectores m谩s prometedores de la actividad energ茅tica. Promovi贸 especialmente inversiones para expandir las conexiones del gas mexicano a Centroam茅rica y para aumentar la presencia yanqui en las redes el茅ctricas de Colombia, Ecuador, Per煤 y Chile. Puso especial 茅nfasis en las reservas de gas de Bolivia y en los yacimientos de Vaca Muerta (Argentina) y el Presal (Brasil).

Donald Trump.

Para acelerar esas iniciativas coloc贸 a su delegado en la presidencia del BID (Mauricio Claver Carone) y forz贸 el otorgamiento de un mega cr茅dito del FMI al insolvente Estado argentino. Promovi贸, adem谩s, una dr谩stica modificaci贸n de los sistemas vigentes de compras estatales y propuso suscribir compromisos en forma expeditiva, salteando negociaciones y controles parlamentarios. Recurri贸 al formato trumpiano de forzar en tiempo r茅cord acuerdos de dudosa legalidad.

Mauricio Claver Carone.

Pero con ese improvisado liberto, el magnate no logr贸 introducir ninguna alternativa a la Ruta de la Seda. Sus iniciativas quedaron flotando en el laxo universo de los proyectos, mientras los gobiernos latinoamericanos continuaban concertando acuerdos efectivos con clientes y proveedores de China. El aura que rode贸 al lanzamiento de Am茅rica Crece se extingui贸, antes de suscitar alg煤n inter茅s significativo.

Esas indefiniciones recrearon las tensiones dentro de Estados Unidos entre las fracciones proteccionistas y globalistas. Ese conflicto reforz贸 la obstrucci贸n a una iniciativa carente de soportes financieros estatales de envergadura. Am茅rica Crece fue concebido como un plan de apertura de negocios para el sector privado, que define cu谩les son las inversiones a desenvolver.

Este abordaje se ubica en las ant铆podas del sost茅n directo del Estado que propicia China. Mientras que Am茅rica Crece est谩 sujeto al visto bueno de cada empresa estadounidense, la Ruta de la Seda avanza con los fondos provistos por Beijing. Sin esa billetera directa, Washington no puede competir con su rival asi谩tico.

Biden hered贸 esa obstrucci贸n sin aportar ninguna soluci贸n. Retom贸 el mismo esquema de Am茅rica Crece, con la denominaci贸n m谩s pomposa de Alianza para la Prosperidad Econ贸mica de las Am茅ricas (APEP). Ha puesto mayor 茅nfasis en el programa complementario de incentivos al retorno de las firmas yanquis afincadas en Asia (Back to the Americas). Tambi茅n apuntal贸 los fondos del BID para ofrecer cr茅ditos de equiparaci贸n con China y busc贸 reducir la enemistad generada con la regi贸n por su precursor, desplazando a los funcionarios trumpistas de ese organismo (Merino; Morgenfeld, 2021).

Las negociaciones establecidas con 11 pa铆ses latinoamericanos para motorizar el nuevo proyecto avanzan en forma muy lenta y no despiertan el inter茅s que en el pasado suscit贸 el ALCA (Oppenheimer, 2023). La convocatoria a expandir en Centroam茅rica el modelo de asociaci贸n con M茅xico (T-MEC), no resuelve ninguno de los problemas que paralizaron la iniciativa de Trump.

El enorme d茅ficit fiscal que arrastra el Tesoro estadounidense, restringe la oferta del dinero requerido para desenvolver ese tipo de propuestas. Esa carencia de fondos limita el relanzamiento keynesiano interno que imagin贸 Biden y obstruye la competencia externa con el gigante oriental. Por eso el BID navega en la indefinici贸n, mientras que el Foro China-CELAC incrementa su agenda bilateral. Estados Unidos no logra, adem谩s, forjar las articulaciones pol铆ticas conseguidas en el pasado con el Consenso de Washington.

La magnitud del retroceso estadounidense es muy visible, mediante una simple comparaci贸n con las iniciativas que adoptaba la Casa Blanca en los los a帽os sesenta, para neutralizar el impacto de la revoluci贸n cubana. En ese momento recurri贸 a la Alianza para el Progreso con monta帽as de cr茅ditos e inversiones en todos pa铆ses, sin afrontar rivalidades econ贸micas de ninguna otra potencia en la regi贸n. En la actualidad, Estados Unidos no cuenta con esos recursos y confronta con un competidor chino que penetra su propio 篓Patio Trasero篓. Las burgues铆as latinoamericanas, que en esos a帽os se alineaban en forma autom谩tica con su mandante, ahora ponen distancia y barajan su propio juego.

Retrato de un gran desconcierto

La reciente Cumbre de las Am茅ricas ilustra el retroceso de Estados Unidos en la regi贸n. Ese evento es la principal instancia de articulaci贸n pol铆tica del continente y cada uno de los ocho encuentros celebrados en las 煤ltimas tres d茅cadas retrat贸 el estado de esas relaciones.

En las tres primeras Cumbres (Miami-1994, Santiago de Chile-1998, Qu茅bec-2001) fue muy visible la recuperaci贸n lograda por Washington, con el auge del neoliberalismo y el desplome de la URSS. Pero ese resurgimiento qued贸 abruptamente revertido en el cuarto evento (Mar del Plata-2005) con la derrota del ALCA. Ese giro coincidi贸 con la erosi贸n de la unipolaridad y el debut de una secuencia de fracasos estadounidenses.

Obama gestion贸 un escenario de empate en las tres Cumbres posteriores (Puerto Espa帽a-2009, Cartagena-2012, Panam谩-2015). No pudo concretar los tratados bilaterales sustitutos del ALCA y debi贸 aceptar la presencia de Cuba. Despleg贸 incluso una ret贸rica conciliatoria de equivalencia de todos pa铆ses y se distanci贸 del Panamericanismo.

Trump modific贸 en forma radical ese libreto a fin de restaurar la dominaci贸n explicita del imperio. Combin贸 las exhibiciones de fuerza con los desplantes a las reuniones y se ausent贸 de la propia Cumbre (Lima-2018), para eludir protestas y rechazos a sus provocaciones xen贸fobas. Pero ese faltazo tan s贸lo encubri贸 el fracaso de sus conspiraciones contra Venezuela y el naufragio de la coalici贸n ultraderechista que intent贸 edificar en la regi贸n.

Biden sube al podio en la apertura de la IX Cumbre de las Am茅ricas en Los 脕ngeles, 8 de junio de 2022. Foto: Evan Vucci / AP

En el reciente encuentro (Los 脕ngeles-2022), Biden afront贸 un c煤mulo mayor de adversidades. Diagram贸 una agenda con todos los t贸picos en boga (energ铆a limpia, infraestructura digital, econom铆a verde, gobernabilidad democr谩tica), para encubrir su prop贸sito de retomar la primac铆a estadounidense (Lucita, 2022). Intent贸 una demostraci贸n de fuerza con la exclusi贸n de Nicaragua, Cuba y Venezuela, para agraciar a los derechistas de la Florida y asumi贸 el doble papel de anfitri贸n formal y patr贸n del encuentro. Pero con esta repetici贸n de una groser铆a propia de Trump, precipit贸 las protestas que arruinaron el evento.

M茅xico encabez贸 la ausencia de los gobiernos que no aceptaron las exclusiones e indujo un vaciamiento de la propia Cumbre. La reuni贸n se mantuvo como un espect谩culo chapucero, cuestionado por casi todos los concurrentes (Casari, 2022). Las exclusiones fundadas en violaciones a los derechos humanos resultaron particularmente absurdas, en plena reconciliaci贸n yanqui con el monarca criminal de Arabia Saudita. Biden qued贸 desairado incluso por varios gobiernos derechistas que optaron por el faltazo (Morgenfeld, 2022).

Esa ausencia le impidi贸 avanzar, en el pacto previsto para contener el aluvi贸n de migrantes en distintos territorios de Centroam茅rica. Tampoco logr贸 el ansiado aval para las sanciones contra Rusia y tuvo que aceptar un principio de anulaci贸n de las exclusiones en los futuros encuentros. Los oradores que postularon ese principio se transformaron en los verdaderos protagonistas de la Cumbre. Ni siquiera las alusiones de la Casa Blanca a un inminente conflicto b茅lico mundial, alinearon a los gobiernos latinoamericanos con su hermano mayor (Rangel, 2022).

Lo ocurrido retrat贸 el cambio de las relaciones de fuerza imperantes en la regi贸n. Estados Unidos tantea arremetidas, sin revertir las adversidades que afronta y comienza a competir con encuentros promovidos por el rival chino, que no excluyen a ning煤n concurrente. A diferencia de Mar del Plata, la Cumbre de Los 脕ngeles no naufrag贸 por el despunte de un alineamiento latinoamericano, sino por la propia impotencia de la administraci贸n estadounidense.

El recurso militar subyacente

Estados Unidos intenta contrarrestar sus falencias econ贸micas con mayor acci贸n geopol铆tica y militar. Esa carta es barajada por todos los ocupantes de la Casa Blanca, para contener la presencia china y doblegar la autonom铆a de las clases capitalistas locales.

La brutal invasi贸n de Estados Unidos a Panam谩 el 20 de diciembre de 1989 (Operaci贸n 鈥淛usta Causa鈥) caus贸 al menos 255 muertos (39 militares, 216 civiles) y 93 desaparecidos.

Ambos prop贸sitos son compartidos por la c煤pula de los Republicanos y Dem贸cratas, que propician combinar pol铆ticas de agresi贸n y negociaci贸n, para recomponer el poder estadounidense. La mixtura del garrote con los buenos modales, persiste como el principal combo de todas las administraciones de Washington.

Ning煤n mandatario del Norte contempla la hip贸tesis de una retirada estadounidense de Am茅rica Latina. Esa inflexibilidad es un ingrediente intr铆nseco de la primera potencia, que no puede (ni quiere) concertar con China, el traspaso de dominios que acord贸 con Gran Breta帽a en la primera mitad del siglo XX.

Estados Unidos pretende conservar su primac铆a haciendo valer la monumental estructura militar que mantiene el Pent谩gono en la regi贸n. El Comando Sur, la IV Flota y las bases de Colombia articulan un dispositivo de envergadura muy semejante al desplegado por los marines en el Golfo P茅rsico o el Mediterr谩neo.

Foto: United States Naval Forces Southern Command, US Fleet Forces Command.

Am茅rica Latina es la base hist贸rica del intervencionismo estadounidense. Entre 1948 y 1990 el Departamento de Estado estuvo involucrado en el derrocamiento de 24 gobiernos. En 4 casos actuaron efectivos estadounidenses, en 3 prevalecieron los asesinatos de la CIA y en 17 hubo golpes teledirigidos desde Washington. Gran parte de esas asonadas fueron perpetradas por los 70.000 militares que entren贸 el Pent谩gono entre 1961 y 1975, para consumar matanzas de todo tipo.

La 鈥済uerra contra las drogas鈥 ha sido la modalidad m谩s reciente de esas escaladas. Incluy贸 una perdurable presencia de la DEA, especialmente en M茅xico, Colombia, Per煤 y Bolivia. Dej贸 una dram谩tica cifra de latinoamericanos asesinados, sin ning煤n efecto en la reducci贸n del narcotr谩fico. Esa inoperancia fue consecuencia de la propia acci贸n de la CIA, que toler贸 la comercializaci贸n de estupefacientes para complementar su financiamiento.

Ese circuito facilit贸, adem谩s, ganancias multimillonarias a los fabricantes de armas y a los bancos, que transforman el dinero negro en operaciones corrientes. Por ese lavado, las entidades involucradas en el delito -como por ejemplo Wells Fargo- fueron penalizadas con multas irrelevantes (Miguel, 2022).

El Departamento de Estado siempre disfraza sus agresiones con pretextos inveros铆miles. Los marines y la embajada han sido tradicionalmente presentados como salvadores de enemigos muy cambiantes. Primero fueron los comunistas, luego los talibanes, posteriormente los narcotraficantes y 煤ltimamente los terroristas. Hollywood contribuye activamente a esa mascarada masificando estereotipos, que en cada coyuntura se amoldan a las mistificaciones propiciadas por Washington (Cook, 2022).

Estados Unidos cuentan en la actualidad con 12 bases militares en Panam谩, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia, 8 en Per煤, 3 en Honduras, 2 en Paraguay. Mantiene, adem谩s, instalaciones del mismo tipo en Aruba, Costa Rica, El Salvador, Cuba (Guant谩namo). En las islas Malvinas, el socio brit谩nico asegurar una red de la OTAN conectada con los emplazamientos del Atl谩ntico Norte (Rodr铆guez Gelfenstein, 2023).

Pero Washington adopta su estrategia a restricciones que no afrontaba en el pasado. Ya no puede despachar gendarmes, con el mismo descaro que imperaba en la segunda mitad del siglo XX. Prioriza su actividad en las sombras, para derrocar gobernantes molestos e instalar dictadores afines.

Basta observar la confesi贸n reciente de un alto funcionario de Trump (Bolton), para notar cu谩n persistente es la minuciosa preparaci贸n estadounidense de los golpes de estado (El Pa铆s, 2022). Los hombres de Washington sostienen, adem谩s, la feroz represi贸n que descarga la usurpadora Boularte contra el pueblo peruano (Ruiz, 2023).

Laura Richardson, comandante del Comando Sur de Estados Unidos.

Con la misma crudeza y sin ning煤n filtro, la jefa del Comando Sur proclam贸 el derecho del Pent谩gono a manejar como propios los recursos naturales de Am茅rica Latina (Reyes, 2022). Con ese mandato, un cuerpo de ingenieros norteamericano remodela el circuito navegable de los r铆os que atraviesan Paraguay. En su confrontaci贸n con Beijing, Washington evita cualquier distensi贸n de su presencia militar en el 篓Patio Trasero篓.

Sanciones contra Rusia para alejar a China

La subordinaci贸n geopol铆tica de las canciller铆as latinoamericanas es otro instrumento de la contraofensiva estadounidense contra China. El Departamento de Estado intenta utilizar la guerra de Ucrania, para comprometer a los gobiernos latinoamericanos en las campa帽as de condena a Putin. Exige penalizar la incursi贸n rusa sin ninguna menci贸n de la OTAN. Esta presi贸n apunta a doblegar las resistencias de numerosos mandatarios a un ciego alineamiento con Washington.

Los castigos a Mosc煤 que exige Estados Unidos buscan reducir el margen de autonom铆a de la regi贸n. Con ese tipo de sometimiento, la Casa Blanca sepult贸 durante el siglo XX todos los vestigios de independencia latinoamericana.

Los grandes medios de comunicaci贸n comandan esa presi贸n para forzar la reprobaci贸n de Mosc煤 que demanda Washington. Potencian el clima de rusofobia que se ha instalado en la opini贸n p煤blica y cuestionan las vacilaciones en emitir censuras m谩s virulentas contra Putin. Esta campa帽a apunta resucitar la OEA y a neutralizar la CELAC.

El presidente argentino Alberto Fern谩ndez con su par ruso Vladimir Putin en el Kremlin de Mosc煤 el 3 de febrero de 2022.

La presi贸n yanqui no ha dado ning煤n resultado sobre los mandatarios enfrentados con la Casa Blanca (Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua), pero ha incidido sobre las administraciones que peri贸dicamente oscilan entre el distanciamiento y la sumisi贸n a Washington (Argentina, Chile). En distintas ocasiones esos gobiernos han aportado los votos de censura contra Rusia que exige el mandante del Norte.

Estados Unidos no disimula su irritaci贸n con M茅xico por soslayar esos pronunciamientos y el propio presidente de Ucrania ha criticado duramente a L贸pez Obrador. Cuestiona su propuesta de cese de hostilidades y una tregua de cinco a帽os. La misma tensi贸n se ha extendido a Itamaraty desde la asunci贸n de Lula.

El clima belicista que propicia Estados Unidos no ha sumado muchos adherentes en Am茅rica Latina. El grueso de la regi贸n se mantiene lejos de la tensi贸n guerrera que impera en Europa. Por esa raz贸n, la petici贸n del Pent谩gono a varios gobiernos -para que env铆en pertrechos de origen ruso al ej茅rcito ucraniano- ha sido frontalmente rechazada (Kersffeld, 2023). Washington no ha logrado recrear el tradicional sometimiento a sus maniobras geopol铆ticas.

Esa limitaci贸n contrasta con la subordinaci贸n que impuso a Europa. La diferencia obviamente obedece a la localizaci贸n del conflicto en el Viejo Continente. Pero esa sumisi贸n a Washington antecedi贸 a la guerra en curso y fue cuidadosamente programada por los estrategas de la OTAN. En su larga y traum谩tica experiencia con el opresor yanqui, Am茅rica Latina ha generado m谩s anticuerpos que Europa a las provocaciones del Departamento de Estado (Beluche, 2023).

La Casa Blanca no oculta los prop贸sitos econ贸micos de su arremetida. Extorsiona a todos los pa铆ses para que anulen sus escasos negocios con Rusia. Exigen que Ecuador corte sus ventas de pl谩tanos, que Paraguay reduzca sus exportaciones de carne, que Brasil restrinja sus colocaciones de soja y caf茅 y que M茅xico anule su comercializaci贸n de autos, ordenadores y cerveza. La presi贸n sobre Argentina se concentra en el delicado tema de la energ铆a nuclear (L贸pez Blanch, 2022).

Pero como la incidencia econ贸mica de Rusia en Am茅rica Latina es muy reducida, el principal prop贸sito estadounidense apunta hacia otra direcci贸n. Pretende utilizar el conflicto de Ucrania para socavar la presencia del aliado chino de Mosc煤. Biden est谩 obsesionado con esa contenci贸n de Beijing. Sabe que la cuenta regresiva por el control de los recursos naturales de la regi贸n se acelera y est谩 urgido por restaurar la dominaci贸n yanqui.

La batalla por los minerales a utilizar en la transici贸n energ茅tica es una prioridad de esa puja con China. Varios pa铆ses latinoamericanos detentan los insumos que las dos potencias pretenden acaparar (Feliu, 2022). El belicismo es la principal carta de Estados Unidos para ganar esa disputa.

El persistente acoso al ALBA

La contraofensiva imperial incluye nuevas andanadas contra el bloque de gobiernos latinoamericanos m谩s enemistados con Washington (ALBA). Esa escalada contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia fue transparentada en la exclusi贸n de estos pa铆ses de la Cumbre de las Am茅ricas. Biden intent贸 archivar los exabruptos de Trump al inicio de su gesti贸n, pero posteriormente adopt贸 las posturas agresivas que sintonizan con su propia trayectoria. El actual presidente apoy贸 a Thatcher en la Guerra de Malvinas, sostuvo los cr铆menes del Plan Colombia y apa帽贸 las operaciones de la DEA en Centroam茅rica.

Un joven Biden junto a Margaret Thatcher.

La Casa Blanca ha retomado sus grandes gastos en diplomacia, financiamiento de fundaciones y protagonismo de las embajadas, para remodelar alianzas con el establishment latinoamericano. Adem谩s, es muy sensible al lobby ultraderechista de Miami que exige acciones de brutal intervencionismo.

Esa influencia se verifica, ante todo, en la continuidad de las agresiones contra Cuba. Biden no derog贸 la tipificaci贸n de ese pa铆s como estado terrorista e intent贸 expulsar a la delegaci贸n de La Habana del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

El mandatario actual no es la excepci贸n, en la larga lista de presidente yanquis que han intentado destruir la revoluci贸n cubana, mediante el bloqueo y las conspiraciones armadas. La primera potencia nunca se repuso de su mayor derrota en la regi贸n y no se ha resignado a convivir con un proceso socialista a 90 millas de Miami. Ese desaf铆o tuvo un enorme efecto de largo plazo, al demostrar la vulnerabilidad de Estados Unidos en su propio feudo. Cuba sent贸 las bases de un paulatino viraje aut贸nomo de toda la regi贸n.

Es cierto que Washington logr贸 contener la onda expansiva de la revoluci贸n hacia el resto del continente, durante la oleada general de los a帽os 60-70. Tambi茅n fren贸 el rebrote centroamericano de la d茅cada posterior. Recurri贸 al terror de las dictaduras y a una guerra de desgaste que remat贸 con la invasi贸n a Panam谩.

Como en otras partes del mundo, Estados Unidos compens贸 su gran derrota en Cuba con otros logros de contenci贸n contrarrevolucionaria. En el Lejano Oriente perdi贸 a China y a Vietnam, pero reconquist贸 a Indonesia, fren贸 a Corea y dobleg贸 a Birmania y Filipinas. Un equilibrio del mismo tipo podr铆a ser expuesto para el caso latinoamericano (Anderson, 2013). Pero Cuba tuvo un impacto de mayor alcance para la dominaci贸n imperial, porque se consolid贸 en el propio entorno de la primera potencia. Al igual que todos sus antecesores, Biden no ha podido lidiar con esta adversidad.

El presidente cubano Miguel D铆az Canel, el presidente nicaraguense Daniel Ortega, el presidente venezolano Nicol谩s Maduro y el presidente boliviano Luis Alberto Arce Catacora en el Palacio de la Revoluci贸n antes de iniciarse una reuni贸n del ALBA en la Habana, Cuba, el 14 de diciembre de 2022. Foto: Norlys Perez.

Desde la Casa Blanca intent贸 sostener tambi茅n el hostigamiento a Venezuela con nuevas provocaciones, como el secuestro del diplom谩tico Alex Saab y la continuada confiscaci贸n de bienes venezolanos en distintas partes del mundo.

Estas usurpaciones incluyen toneladas de oro en el Banco de Inglaterra y las propiedades de CITGO, que es la octava refiner铆a de Estados Unidos y el mayor activo externo de PDVSA. El gobierno bolivariano ha logrado recuperar otra empresa inmovilizada en Colombia (Petroqu铆mica Mon贸meros) y disputa la recuperaci贸n de un avi贸n retenido en Argentina.

El acoso imperial a Venezuela ha sido el m谩s largo y brutal de la 煤ltima 茅poca. Incluy贸 todo tipo de complots y estuvo motivado por el evidente inter茅s de recuperar el manejo estadounidense de las mayores reservas petroleras del continente (Petras, 2019).

Biden tambi茅n mantuvo la financiaci贸n de la oposici贸n nicarag眉ense para desplazar a Ortega y promulg贸 una ley que habilita nuevas sanciones. Adem谩s, dio su visto bueno a varias conspiraciones en Bolivia, pero ha tomado nota de las dificultades que afronta Estados Unido en la regi贸n.

Compromisos e indefiniciones

Los desplantes e inconsistencias de Trump en Am茅rica Latina dejaron un saldo de fracasos para Washington que Biden no ha revertido. Para lidiar con esa adversidad combina el continuismo con tanteos de otra pol铆tica.

El deterioro de la OEA persiste, el Grupo de Lima est谩 deshecho y ning煤n organismo efectivo hace valer las exigencias de Estados Unidos. Biden busca un reacomodamiento para lograr esa adaptaci贸n, pero no encuentra una gu铆a para sus acciones.

Luis Almagro, titular de la OEA, impulsor del golpe de Estado en Bolivia de 2019 y operaciones de desestabilizaci贸n en otros pa铆ses sudamericanos.

Inaugur贸 su gesti贸n despidiendo a los personajes m谩s reaccionarios que hab铆a instalado Trump en el Departamento de Estado. Tambi茅n tom贸 distancia de viejos aliados derechistas de El Salvador y Guatemala para limpiar la imagen de su gesti贸n.

Ha retomado con gran intensidad las listas que elabora el Departamento de Justicia, para exigir la extradici贸n de funcionarios comprometidos con la corrupci贸n o el narcotr谩fico. Esa individualizaci贸n alcanza a 62 personajes de Guatemala, Honduras y El Salvador, que ocuparon cargos en gobiernos afines a Washington. Algunos ex presidentes (como Orlando Hern谩ndez) y sus familiares (o allegados) han sido deportados y encarcelados en Estados Unidos.

Como ya ocurri贸 con Noriega, el actual mandante yanqui se desvincula de sus siervos en desgracia. Con este tipo enjuiciamiento extraterritorial, hacer valer su autoridad, echa lastre sobre su propio pasado y reafirma el principio de imponer sus leyes en otros territorios. De esa forma intenta disciplinar a todos los gobiernos a sus necesidades (Veiga, 2022). Esa pol铆tica se ha extendido a Sudam茅rica, con la forzada renuncia del vicepresidente de Paraguay por simple exigencia del embajador estadounidense.

Biden tambi茅n insin煤a un costado m谩s pragm谩tico y sustituye los actos de fuerza por negociaciones con sus interlocutores m谩s contestatarios. Mantiene con L贸pez Obrador una relaci贸n muy diferente a la prepotencia de Trump y en lugar de construir el muro, acord贸 formas de contenci贸n de los migrantes en el sur mexicano. Esas normas fueron precisadas, en el encuentro entre presidentes que sucedi贸 al choque registrado durante la Cumbre de las Am茅ricas. Actualmente negocia, adem谩s, un convenio m谩s audaz con Venezuela para adquirir el petr贸leo encarecido por la guerra de Ucrania. Estados Unidos necesita importar crudo desde localizaciones m谩s cercanas para asegurar su abastecimiento, sostener la venta de gas a Europa y mantener las sanciones a Rusia.

Varias empresas yanquis ya acordaron reiniciar las perforaciones para aumentar la capacidad de extracci贸n de los pozos venezolanos. Pero ese operativo requiere el levantamiento de las sanciones y un reconocimiento del gobierno bolivariano, que Biden soslaya por las enormes implicancias pol铆ticas de ese paso. Esa reconciliaci贸n constituir铆a un antecedente para extender la misma estrategia a Ir谩n y la Casa Blanca no logra dirimir como incidir铆a ese giro sobre la pulseada con China.

Como en otros t贸picos calientes Biden pospone las decisiones, mientras contin煤a ajustando su pol铆tica exterior. La contraofensiva imperial es una reacci贸n para recomponer fuerzas, pero las iniciativas de largo plazo no han madurado a煤n en el comando norteamericano.

Los atolladeros en el vecindario

La vertiginosa penetraci贸n que ha logrado China en Am茅rica Latina corrobora la impotencia del belicismo yanqui, para contrarrestar el retroceso econ贸mico estadounidense. En ninguna otra regi贸n del mundo, Washington ha ejercido una preeminencia tan manifiesta. Si sus armas, esp铆as y embajadores no logran contener en esta zona la maquinaria de negocios de Beijing, tiene pocas posibilidades de conseguir ese freno en otros rincones del planeta. Por esa raz贸n Am茅rica Latina es un test del futuro.

La llegada de China a la regi贸n, erosiona el control directo que Estados Unidos ha ejercido en el continente durante mucho tiempo, ante la ausencia de rivales. A diferencia de Asia, la Casa Blanca gestion贸 ese comando en todo el continente, sin el auxilio de viejas potencias (Jap贸n) o socios de gran porte (Australia). A diferencia de Medio Oriente, no utiliza ap茅ndices estrat茅gicos integrados a su propia estructura imperial (Israel). Los gendarmes regionales supervisados por el Pent谩gono (Colombia), nunca tuvieron ese grado de simbiosis con el establishment del Norte. A diferencia de Europa Oriental, Estados Unidos tampoco recurri贸 a sus socios de la OTAN, para dirimir disputas estrat茅gicas con Rusia.

Lo que siempre distingui贸 la dominaci贸n estadounidense de Am茅rica Latina fue su injerencia directa, explicita y avasallante al sur del R铆o Grande. Por esa raz贸n, la llegada de China es tan significativa.

Estados Unidos nunca se priv贸 de desplegar todo tipo de acciones para exhibir dominaci贸n y hacerle saber a las clases dominantes locales qui茅n ejerce la jefatura. Recurri贸 a un variado men煤 de cooptaciones, chantajes o amenazas para explicitar ese liderazgo. Pero esa combinaci贸n de c贸digos guerreros y ret贸rica de convivencia, ya no disuade los negocios de las burgues铆as latinoamericanas con Beijing.

Ese fracaso coloca al dominador yanqui en una situaci贸n in茅dita y carente de libretos. No afronta un desaf铆o revolucionario desde abajo (como en los a帽os 60-70), ni una competencia geopol铆tica (equivalente a la guerra fr铆a). Tampoco puede replegarse como los imperios decadentes frente a la descolonizaci贸n africana. Debe lidiar en el terreno de la competencia econ贸mica y recurre a presiones militares que no logran su cometido. Las singularidades del rival chino -que analizaremos en el pr贸ximo texto- explican ese atolladero estadounidense.

17-3-2023

Actos de conmemoraci贸n del 100掳 aniversario de la fundaci贸n del Partido Comunista de China en Pek铆n, el 28 de junio de 2021. Foto: Kevin Frayer.

Resumen

Estados Unidos pierde primac铆a econ贸mica en Am茅rica Latina frente a la avasallante presencia de China. No encuentra recetas para contrapesar ese protagonismo que amenaza con su tradicional dominaci贸n. Su p茅rdida de productividad le impide batallar en el terreno del libre comercio y ofrece p谩lidos negocios a sus socios regionales. Por el contrario, China introduce aceleradamente su Ruta de la Seda en Latinoam茅rica, sin ninguna tradici贸n de apropiaciones compulsivas.

La respuesta intentada con la APEP no tiene la proyecci贸n del ALCA, ni el soporte del Consenso de Washington. El fracaso de la Cumbre de Los 脕ngeles retrat贸 esas limitaciones. Pero Estados Unidos no contempla ninguna retirada y afianza la presencia del Pent谩gono. Tambi茅n redobla la presi贸n geopol铆tica para alinear a la regi贸n contra Mosc煤 y Beijing, escalando agresiones contra los gobiernos radicales. Sus vacilaciones socavan esa contraofensiva en el atolladero latinoamericano.

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Serie sobre Am茅rica Latina, de Claudio Katz, escrita y publicada entre enero y abril de 2023. Publicaci贸n en desarrollo.

1

La nueva resistencia popular en Am茅rica Latina

2

Embestidas y fracasos de la derecha en Am茅rica Latina

3

El renovado formato de la vieja derecha latinoamericana

4

驴Fascismo, populismo o ultraderecha?

5

Los dilemas del progresismo en la Celac

6

Seis experiencias del nuevo progresismo

7

Discusiones en la izquierda latinoamericana

8

Tres rumbos en el eje radical de Am茅rica Latina

9

Proezas y encrucijadas de Cuba

10

Auge y ocaso de la Doctrina Monroe

11

Estados Unidos improvisa frente a la Ruta de la Seda


Por publicar:

12 鈥 Multiplicidades de China en Am茅rica Latina.

13 鈥 El desconcierto del neoliberalismo latinoamericano.

14 鈥 Integraci贸n, soberan铆a y socialismo en Am茅rica Latina.




Fuente: Argentina.indymedia.org