June 15, 2021
De parte de Arrezafe
340 puntos de vista


INVESTIG’ACTION
– 14/06/2021

“¿Cómo se puede
fingir enfado por los ataques de otros a la libertad de prensa cuando
se encarcela a Assange para castigarlo por sus cruciales revelaciones
sobre funcionarios estadounidenses?” Glenn Greenwald señala
la retórica más que hipócrita del Secretario de Estado
estadounidense Antony Blinken sobre la libertad de prensa. Algunas
personas se atreven a todo… 

Siguiendo con su gira
mundial de conferencias virtuosas, el Secretario de Estado de Estados
Unidos, Antony Blinken, proclamó el jueves –en un sermón que hay
que escuchar para creer– que pocas cosas son más sagradas en una
democracia que el “periodismo independiente”.
En
declaraciones
a Radio Free Europe, Blinken rindió homenaje al
Día Mundial por la Libertad de Prensa. “Estados Unidos apoya
firmemente el periodismo independiente”. Explicó que “la base de
cualquier sistema democrático” implica “exigir responsabilidades
a los dirigentes” e “informar a los ciudadanos”; y advirtió
que “los países que niegan la libertad de prensa son países que
no tienen gran confianza en sí mismos ni en sus sistemas.”

La guinda retórica del
pastel surgió cuando preguntó: “¿Por qué tener miedo de
informar a la gente y exigir que los líderes rindan cuentas?
Dondequiera que el periodismo y la libertad de prensa sean
desafiados, nos pondremos del lado de los periodistas y de la
libertad de prensa”, prometió el Secretario de Estado. Como sé
que yo sería extremadamente escéptico si alguien me dijera que esas
palabras fueron pronunciadas por Blinken, les presento aquí el video
sin editar de 1:52 minutos, donde él dice exactamente esto:

Que el gobierno de Biden
crea tan firmemente en la sacralidad del periodismo independiente y
se dedique a defenderlo allí donde se vea amenazado, podría
sorprender a mucha gente. Entre ellos, Julian Assange, el fundador de
WikiLeaks y el responsable de revelar
más hechos importantes
sobre las acciones
de altos funcionarios estadounidenses
, que prácticamente todos
los periodistas estadounidenses empleados por la prensa convencional
juntos.

Actualmente, Assange se
encuentra en una celda de la prisión británica de alta seguridad de
Belmarsh porque el gobierno de Biden no sólo intenta extraditarlo
para que sea juzgado por cargos de espionaje por publicar documentos
embarazosos para el gobierno de Estados Unidos y el Partido
Demócrata, sino también porque ha apelado el fallo de un juez
británico de enero que denegó
esa solicitud de extradición. El gobierno de Biden está haciendo
todo esto, señala
The New York Times, a pesar de que “los grupos de derechos humanos
y de libertades civiles habían instado [al gobierno] a abandonar el
esfuerzo de procesar a Assange, argumentando que el caso… podría
sentar un precedente que suponga una
grave amenaza para la libertad de prensa
.” La libertad de
prensa, exactamente el valor al que Blinken acaba de dedicar la
semana celebrando y prometiendo defender.

Fue el Departamento de
Justicia de Trump el que presentó estos cargos contra Assange
después de que el entonces director de la CIA, Mike Pompeo, afirmara
en un discurso de 2017 que WikiLeaks lleva mucho tiempo “pretendiendo
que las libertades de la Primera Enmienda de Estados Unidos les
protegen de la justicia” y luego advirtiera: “Puede que se lo
hayan creído, pero están equivocados.” Pompeo añadió –invocando
la mentalidad de todos los Estados que persiguen y encarcelan a
quienes los denuncian efectivamente– que “dar [a WikiLeaks] el
espacio para aplastarnos con secretos mal habidos es una perversión
de lo que representa nuestra gran Constitución. Eso se termina
ahora.”

Pero como muchas otras
políticas de Trump en relación con las libertades de prensa –ya
sea defendiendo
el uso de órdenes judiciales por parte del Departamento de Justicia
de Trump para obtener registros telefónicos de periodistas,
exigiendo
que Edward Snowden sea mantenido en el exilio o manteniendo a Reality
Winner y Daniel Hale en prisión– los altos funcionarios de Biden
han estado durante mucho tiempo totalmente de acuerdo con la
persecución de Assange. De hecho, han estado a la cabeza de los
esfuerzos por destruir las libertades básicas de la prensa, no sólo
de WikiLeaks sino de los periodistas en general.

Fue Joe Biden quien llamó
a Assange “terrorista de alta tecnología” en 2010. Fue el
gobierno de Obama el que reunió
un gran jurado durante años para tratar de procesar a Assange. Fue
la senadora Dianne Feinstein (demócrata de California) quien
presionó
para que Assange fuera procesado bajo la Ley de Espionaje, años
antes de que Trump asumiera el cargo. Y fue la colega de Blinken en
el equipo de seguridad nacional de Obama, Hillary Clinton, quien
elogió
al Departamento de Justicia por perseguir a Assange. Todo estaba
destinado a castigar las revelaciones de Assange sobre las
irregularidades
desenfrenadas
del gobierno de Estados Unidos y sus aliados, y
gobiernos adversos en todo el mundo.

Titular de The New York Times, 21 de febrero de 2021

¿Cómo puede ir por el
mundo fingiendo indignación por la persecución de periodistas
independientes por parte de otros países, cuando usted es una pieza
clave de la administración que está haciendo más que nadie para
destruir a uno de los periodistas independientes más importantes de
las últimas décadas? De hecho, como muchos periodistas señalaron
en su momento, pocas administraciones en la historia de Estados
Unidos, si es que ha habido alguna, fueron más hostiles a las
libertades básicas de la prensa que la administración de Obama, en
la que Blinken sirvió anteriormente,
incluyendo
el procesamiento
del doble de fuentes periodísticas bajo la Ley
de Espionaje que todas las administraciones anteriores juntas.

En 2013, cuando Blinken
ocupaba un alto cargo en el Departamento de Estado, el Comité para
la Protección de los Periodistas hizo algo muy poco frecuente
–publicó un
informe en el que advertía
de una epidemia de abusos contra la
libertad de prensa por parte del gobierno de Estados Unidos– y
afirmó: “En el Washington de la administración Obama, los
funcionarios del gobierno tienen cada vez más miedo de hablar con la
prensa.” Jane Mayer, de The New Yorker, dijo
sobre los ataques de la administración Obama a la libertad de
prensa: “Es un enorme impedimento para la información, y por eso
hablar de enfriamiento no es lo suficientemente fuerte, es más bien
la congelación de todo el proceso.” James Goodale, abogado general
de The New York Times durante la batalla del periódico en los años
70 por la publicación de los Papeles del Pentágono, advirtió
que “el presidente Obama superará sin duda al presidente Richard
Nixon como el peor presidente de la historia en cuestiones de
seguridad nacional y libertad de prensa.”

Incluso el “ataque a la
libertad de prensa” al que se refiere Blinken en esta entrevista en
vídeo –es decir, la reciente exigencia
de Rusia de que los medios de comunicación vinculados a gobiernos
extranjeros, como Radio Free Europe, se registren como “agentes
extranjeros” ante el gobierno ruso y paguen multas por no hacerlo–
es un arma que Blinken y sus camaradas llevan años utilizando contra
otros. De hecho, Rusia estaba respondiendo a la exigencia
previa
del gobierno de Estados Unidos de registrar a RT y a otras
agencias de noticias rusas como “agentes extranjeros” en Estados
Unidos, así como a la escalada
de ataques
del gobierno de Biden el mes pasado a las agencias de
noticias que, según dice, sirven de agentes de propaganda para el
Kremlin.

No es nada nuevo que
Estados Unidos se dedique a dar discursos que el resto del mundo
reconoce como absolutas farsas. En 2015, el entonces presidente Obama
se paseaba por la India dando lecciones sobre la importancia de los
derechos humanos, antes de interrumpir
su viaje
para volar a Arabia Saudí, donde se reunió con varios
altos funcionarios del gobierno estadounidense para rendir homenaje
al rey saudí Abdullah, su aliado cercano y altamente represivo desde
hace mucho tiempo, cuyo régimen totalitario Obama hizo
tanto
por fortalecer.

Pero pavonearse por el
mundo haciéndose pasar por el campeón de la libertad de prensa y de
los derechos de los periodistas independientes, mientras trabaja para
prolongar el confinamiento y la detención de uno de los responsables
de la mayor parte de las revelaciones periodísticas más importantes
de esta generación, más allá de la década que ya ha soportado, es
un nivel de fraude completamente nuevo. El término “hipocresía”
es insuficiente para plasmar la falta de sinceridad rastrera que hay
detrás de las posturas de Blinken.

Siempre es fácil –y
barato– condenar las violaciones de los derechos humanos de los
enemigos. Es mucho más difícil –y más significativo– defender
estos principios para los propios disidentes. Blinken, como tantos
otros que le han precedido en este cargo en Foggy Bottom [distrito de
Washington que cobija numerosos servicios del Departamento de
Estado], destaca teatralmente en lo primero y fracasa
estrepitosamente en lo segundo.

Traducido por Edgar
Rodríguez
para Investig’Action

Fuente: Glenn
Greenwald




Fuente: Arrezafe.blogspot.com