April 19, 2021
De parte de ANRed
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Ilustraci贸n: Reuters

El conflicto entre Estados Unidos y China es la principal confrontaci贸n geopol铆tica actual. Hay evaluaciones muy dispares sobre el eventual vencedor de la disputa e interpretaciones muy diversas sobre las razones de esa colisi贸n. Las caracterizaciones m谩s corrientes destacan el choque de civilizaciones, la transici贸n hacia un nuevo poder hegem贸nico y el despunte de un mundo multipolar. Pero el primer interrogante a resolver es la ubicaci贸n de ambos contendientes. 驴Confrontan desde lugares semejantes o contrapuestos? 驴Expresan fuerzas sociales equiparables o dis铆miles?. Por Claudio Katz


LA L脫GICA DE UNA AGRESI脫N 

La hostilidad de Estados Unidos hacia su rival acumula muchos antecedentes. Clinton priorizaba el despliegue de misiles fronterizos contra Rusia, pero orden贸 el bombardeo de la embajada china en Belgrado. Bush estaba embarcado en las guerras de Medio Oriente, pero no desatendi贸 el rearme de Taiw谩n. El conflicto con China escal贸 a partir de la crisis del 2008, cuando el poder econ贸mico de la nueva potencia se torn贸 tan visible, como la incapacidad de Washington para contrarrestarlo.

Obama inici贸 el viraje hacia una confrontaci贸n m谩s directa, que incluy贸 el desplazamiento de tropas hacia la regi贸n asi谩tica. Sabote贸 el acercamiento japon茅s hacia Beijing y sepult贸 el intento nip贸n de cerrar la base militar del Pent谩gono en Okinawa (Watkins, 2019).

Trump redobl贸 la embestida. Design贸 a China como el gran enemigo estrat茅gico, introdujo una virulenta agenda mercantilista y acentu贸 la disputa por la primac铆a tecnol贸gica. Sancion贸 a firmas orientales como Huawei, para impedir su preponderancia en el nuevo sistema digital 5G y concibi贸 un plan para expulsar a su rival de todas las plataformas. Su proyecto Clean Network inclu铆a el corte de cables submarinos y la anulaci贸n del almacenamiento de datos (Crooke, 2020).

El magnate acus贸 a China de exportar el Covid y reaviv贸 los viejos prejuicios racistas contra los asi谩ticos (鈥渟e alimentan con especies ex贸ticas y transmiten enfermedades鈥). Intent贸 culpar a los orientales de todos los males contempor谩neos y complement贸 esa furibunda ret贸rica con un gran despliegue b茅lico (Margueliche, 2020). Exhibi贸 el poder de fuego estadounidense para hacer valer duras exigencias econ贸micas contra su competidor.

El cerco que comenz贸 a erigir el Pent谩gono sobre China se inspira en una doctrina de golpe letales contra la infraestructura de ese pa铆s (Air Sea Battle), en la hip贸tesis (por ahora muy lejana) de un conflicto abierto.

La prioridad inmediata es el acoso naval en el mar de China. Como no existen reglas consensuadas para la administraci贸n de esa zona vital del comercio mundial, la disputa se dirime con desplazamientos de ca帽oneras. La Casa Blanca simplemente desconoce que act煤a en un mar interior bajo autoridad de China. Sus principales estrategas consideran que en ese radio mar铆timo se procesar谩n las principales tensiones entre las dos potencias (Mearsheimer, 2020). Las acciones b茅licas difusas con fuerzas no estatales -que el Pent谩gono ha propiciado en distintas partes del mundo durante las 煤ltimas d茅cadas- no ser铆an suficientes para contener al gigante asi谩tico (Fornillo, 2017).

La acelerada gestaci贸n de una 鈥淥TAN del Pac铆fico鈥 -junto a Jap贸n, Corea de Sur, Australia, e India- corrobora los prop贸sitos agresivos de Washington. El primer socio alberga 25 bases militares estadounidenses, el segundo 15 y el tercero opera como un gran portaviones de la primera potencia (Bello, 2020). Tambi茅n India ha introducido novedosos ejercicios conjuntos con los marines (R铆os 2021).

Todo el establishment de Washington apuntala esa presi贸n geopol铆tico-militar. La pol铆tica previa de asociaci贸n econ贸mica con China qued贸 erosionada por la crisis del 2008 y fulminada por la pandemia. El hostigamiento en curso es tan fomentado por las vertientes globalistas y americanistas, como por las empresas multinacionales y los altos funcionarios. Los medios de comunicaci贸n liberales y los principales asesores de la Casa Blanca comparten esa postura beligerante (Merino, 2020).

Todos los mensajes de Biden desde su asunci贸n han reafirmado esa pol铆tica de confrontaci贸n. El nuevo mandatario aten煤a la intensidad de la guerra comercial, pero apuntala la disputa tecnol贸gica y recompone las alianzas con Europa para potenciar el acoso de China. Seleccion贸 un equipo de asesores especializado en ese endurecimiento.

Biden esgrime el demag贸gico estandarte de los derechos humanos para acrecentar el descontento de Hong Kong y desestabilizar al r茅gimen chino. Las ONGs y fundaciones que financia el Departamento de Estado despliegan una intensa labor en ese enclave. Tambi茅n avala la militarizaci贸n de Taiw谩n, que incentiva el actual presidente derechista de esa isla.

Washington redobla la agresi贸n contra China, para apuntalar un proyecto m谩s ambicioso de recuperaci贸n de su dominio mundial. Con la cohesi贸n social interna quebrantada por una crisis de largo plazo que corroe su econom铆a, la primera potencia necesita doblegar a su principal competidor. Es la principal carta de Estados Unidos para reconquistar el liderazgo imperial. Esa confrontaci贸n es m谩s gravitante que el afianzamiento de las ventajas sobre Europa o la batalla contra el rival ruso. Mosc煤 es un contendiente geopol铆tico y militar pero no un desafiante econ贸mico. Por esa raz贸n el asedio de China es la prioridad estrat茅gica de Estados Unidos.

EL CONTRAPUNTO DEFENSIVO 

La nueva potencia oriental mantiene una actitud muy distinta a su contendiente. Rechaza la demanda estadounidense de internacionalizar su espacio costero, con medidas defensivas de control de pesquer铆as, rutas y reservas submarinas de petr贸leo y gas. No env铆a buques a navegar por las cercan铆as de Nueva York o California.

China ejerce su soberan铆a en un radio muy acotado de millas, que contrasta con las enormes superficies mar铆timas bajo control de Estados Unidos, Francia o Australia (Poch de Feliu, 2021). La defensa de esa plataforma es tan relevante para Beijing, como la recuperaci贸n de los viejos enclaves de Macao y Hong Kong. Busca consolidar un espacio nacional que fue atropellado en numerosas ocasiones por el colonialismo.

Es cierto que China desenvuelve esa custodia mediante un intenso programa de modernizaci贸n militar, que no se limita a las fuerzas terrestres. El nuevo despliegue naval incluye la construcci贸n de siete islas artificiales, para contrarrestar la presencia de la VII陋 flota estadounidense (Rousset, 2018). Como el 80% de las mercanc铆as comercializadas en el mundo se transporta por mar, el control de esa ruta se ha tornado indispensable para una econom铆a tan internacionalizada.

Es importante registrar el abismo de gastos b茅licos que separa a los dos contendientes. En el 2019 el presupuesto militar chino borde贸 los 261.000 millones de d贸lares frente a los 732.000 millones de Estados Unidos. Las inversiones anuales en armamento del coloso norteamericano superan a los 10 pa铆ses que lo siguen, en el ranking de las erogaciones destructivas (Benjamin, Davies, 2020). Beijing cuenta con 260 cabezas nucleares frente a las 4.500 de Washington y opera s贸lo dos vetustos portaviones frente a once de su rival (Bello, 2020). La gran dimensi贸n cuantitativa del ej茅rcito chino en t茅rmino de tropas, no define al vencedor de los conflictos contempor谩neos.

Es cierto que el gigante oriental tiene prevista la instalaci贸n de varias bases en el extranjero, pero hasta ahora s贸lo concret贸 un proyecto en Djibuti. Esa avanzada contrasta con la alucinante constelaci贸n de fuerzas militares estadounidenses, localizadas en todos los rincones del planeta.

La estrategia geopol铆tica china no enfatiza el aspecto militar. Privilegia el agotamiento econ贸mico de su rival, mediante una prolongada batalla de desgaste productivo. Busca 鈥渃ansar al enemigo鈥 con maniobras que incluyen la aceptaci贸n formal de demandas que luego son incumplidas.

Beijing no convalida, adem谩s, ninguna concesi贸n decisiva en el 谩mbito de la tecnolog铆a. Respondi贸, por ejemplo, con la inmediata detenci贸n de dos ciudadanos canadienses al encarcelamiento de un directivo de Huawei.

El comportamiento cauto de China se inscribe en la l贸gica geopol铆tica del poder agudo (sharp power), tan equidistante de las respuestas b茅licas duras (hard power), como de las reacciones meramente diplom谩ticas (soft power) (Yunes, 2018).

Con una postura de perfil bajo la nueva potencia apuesta a quebrar el liderazgo estadounidense del bloque occidental. Pretende crear un escenario de mayor paridad de fuerzas afianzando la relaci贸n con Europa. Incentiva especialmente los tratados de libre-comercio que su rival abandon贸. Tambi茅n ofrece atractivos negocios a los principales jugadores de Medio Oriente, consolida la alianza defensiva con Rusia en una organizaci贸n com煤n (OCS) y prioriza la neutralizaci贸n de los vecinos.

Para contrapesar las presiones b茅licas de Pent谩gono, el drag贸n asi谩tico impulsa numerosos convenios comerciales con Filipinas, Malasia, Laos, Camboya y Tailandia. Tienta a sus vecinos con las potenciales ganancias de los emprendimientos conjuntos. El Banco Asi谩tico de Inversiones en Infraestructura (BAII) es el principal instrumento de ese operativo (Noyola Rodr铆guez, 2018).

La misma zanahoria se extiende a los adversarios m谩s peligrosos. China firm贸 recientemente un gran tratado comercial (RCEP) con Australia, Jap贸n, Nueva Zelanda, Corea del Sur y las 10 econom铆as del Sudeste Asi谩tico (ASEAN). Aspira a contrapesar el convenio militar que Estados Unidos suscribi贸 con los principales firmantes de ese convenio (QUAD). No logr贸 sumar a la India -que es cortejada con especial atenci贸n por Washington- para reavivar los diferendos territoriales, que en 1962 desembocaron en un sangriento conflicto fronterizo con la nueva potencia.

LA DEFINICI脫N IMPERIAL

La postura defensiva de China es coherente con el status de un pa铆s que se expandi贸 con cimientos socialistas, complementos mercantiles y un modelo capitalista enlazado a la globalizaci贸n. Esa combinaci贸n apuntal贸 la retenci贸n local del excedente. La ausencia de neoliberalismo y financiarizaci贸n le permiti贸 al pa铆s evitar los desequilibrios m谩s agudos que afrontaron sus competidores.

El conflicto con Estados Unidos tiene una enorme incidencia en el rumbo que sigue China. Influye en la definici贸n del sector que prevalecer谩 en el comando de la sociedad. La contundente gravitaci贸n del capitalismo no se ha extendido a煤n a toda la estructura del pa铆s. La nueva clase dominante maneja gran parte de la econom铆a, pero no controla el estado. Revirti贸 la transici贸n socialista previa sin instaurar su preeminencia. A diferencia de lo ocurrido en Rusia o Europa Oriental, en China prevalece una formaci贸n intermedia, que no cohesiona a los capitalistas con los funcionarios, en el marco de un legado socialista a煤n presente.

Esa peculiar estructura determina una pol铆tica exterior muy diferenciada de los lineamientos habituales de las grandes potencias. China diverge de Estados Unidos por la vigencia de un status capitalista insuficiente, que obstruye la implementaci贸n de pol铆ticas imperialistas.

Pero la continuidad de ese curso est谩 sujeta al desenlace del conflicto que opone a los sectores neoliberales y estatistas. El primer sector aglutina a los grupos capitalistas que auspician el libre-comercio con proyectos expansivos y tentaciones imperiales. El segundo segmento propicia reforzar la gesti贸n estatal, moderar el curso capitalista y preservar la prescindencia geopol铆tica internacional.

Xi Jinping ejerce un fuerte arbitraje entre todas las vertientes de la elite gobernante. Para asegurar la cohesi贸n territorial del pa铆s mantiene a raya a los enriquecidos acaudalados de la costa. Ha defenestrado multimillonarios y multiplicado las campa帽as contra la corrupci贸n, para sepultar los g茅rmenes que condujeron a la disgregaci贸n semicolonial padecida en el pasado.

China evita el conflicto con Estados Unidos para sostener esos equilibrios y por eso alent贸 la estrecha asociaci贸n econ贸mica con su competidor hasta la crisis 2008. Posteriormente intent贸 aligerar los super谩vits comerciales y las acreencias financieros, mediante un desacople hacia el mercado interno.

Pero la b煤squeda de ese compromiso con Washington est谩 obstruida por la propia expansi贸n del capitalismo. Las exigencias competitivas que impone el apetito por el lucro acent煤an la sobreinversi贸n y las consiguientes presiones para descargar excedentes en el exterior. La distensi贸n con Estados Unidos es socavada por los proyectos expansivos que China multiplica para atemperar la sobreproducci贸n.

Esa confrontaci贸n econ贸mica es gestionada por Beijing con normas defensivas contrapuestas a la ofensiva de su oponente. La din谩mica imperial estadounidense determina el curso de un conflicto, que no obedece a desencuentros de civilizaciones, al devenir de las transiciones hegem贸nicas o a la disputa entre patrones geopol铆ticos de unipolaridad y multipolaridad.

El choque sino-americano retrata las encrucijadas del imperialismo del siglo XXI. A diferencia de lo ocurrido en las 煤ltimas d茅cadas con el funcionamiento del capitalismo, el perfil general de la dominaci贸n mundial permanece irresuelto. Mientras que el neoliberalismo trastoc贸 por completo el curso de la econom铆a contempor谩nea, las reglas geopol铆ticas no est谩n sometidas a una norma visible.

El imperialismo cl谩sico de principios de la centuria pasada -signado por las cat谩strofes b茅licas- y su sucesor de posguerra -centrado en sofocar revoluciones e impedir el socialismo- no han sido sustituidos por otro modelo definido. El choque entre Estados Unidos y China tiende a definir ese perfil.

VARIEDAD DE CORROBORACIONES 

La postura defensiva de China frente a la agresividad de su oponente es coherente con el impreciso perfil de la nueva potencia. Esa ambig眉edad es resaltada por varios int茅rpretes del sistema imperante en el pa铆s.

Algunos remarcan la presencia de una econom铆a interna capitalista sin proyecciones externas intervencionistas. Resaltan la notoria preeminencia del patr贸n de la plusval铆a y del beneficio, como resultado de la expansi贸n del empleo privado y la reducci贸n de la presencia estatal en la actividad industrial. Pero tambi茅n se帽alan que ese viraje no tuvo connotaciones imperiales. Consideran que el estado es manejado por una capa de funcionarios sin ambiciones de dominaci贸n internacional (Kotz; Zhongjin Li, 2021).

Esta visi贸n retoma la distinci贸n entre clases dominantes, que acumulan capital en el manejo de la econom铆a y burocracias, que controlan la conducci贸n del estado para afianzar su hegemon铆a pol铆tica. Entienden que esta 煤ltima supremac铆a no incluye en la actualidad pretensiones imperiales.

Otro enfoque rechaza la ubicaci贸n de China en el pelot贸n imperial por el car谩cter inconcluso de la restauraci贸n capitalista (Roberts, 2018). Recuerda que el ansia por mayores cuotas de plusval铆a refuerza la b煤squeda de mercados externos. Pero tambi茅n destaca el techo que introduce a esa expansi贸n el elevado protagonismo econ贸mico estatal. La gravitaci贸n del sector p煤blico supera en China el promedio de cualquier econom铆a desarrollada e incide en todas las decisiones de inversi贸n. En una estructura econ贸mica sin financiarizaci贸n, ni total primac铆a del capital privado, los cimientos de una pol铆tica imperialista son fr谩giles.

Un estudioso de la pol铆tica exterior china arriba a conclusiones semejantes. Describe el lugar preeminente del estado en las negociaciones econ贸micas internacionales y destaca que el grueso de los cr茅ditos otorgados a otros pa铆ses es manejado por los organismos p煤blicos (Prashad, 2020).

Esa preeminencia estatal explica el perfil distintivo de esos pr茅stamos, en comparaci贸n a los gestionados por las entidades privadas, el FMI o el Banco Mundial. Las grandes empresas capitalistas de China lucran con esas operaciones, pero aceptando las normas de los convenios inter-estatales que define Beijing.

Otro abordaje m谩s anclado en la historia del pa铆s asocia la cautela geopol铆tica de China, a la trayectoria de un pa铆s acosado y carente de tradiciones expansionistas (Klare, 2013). Ese viejo encierro defensivo obstruye la trasformaci贸n de la supremac铆a comercial en una pol铆tica de dominaci贸n.

Ese enfoque tambi茅n destaca que el acaparamiento de materias primas de la periferia, reaviva la memoria del padecimiento semicolonial afrontado durante dos siglos por China. El pa铆s qued贸 reducido a ese status dependiente y no pudo sostener su soberan铆a luego de la guerra del Opio. Los imperios europeos le arrebataron el manejo de varios puertos y Jap贸n se apoder贸 de amplias franjas del territorio. S贸lo el triunfo revolucionario de 1949 puso fin a esa opresi贸n.

Esos antecedentes gravitan en todas las relaciones externas y est谩n presentes en los intercambios con 脕frica. China despliega enormes inversiones para asegurar su abastecimiento de insumos, pero toma distancia de las conductas emparentadas con el colonialismo europeo. Ans铆a el control de los recursos naturales, pero comparte el recuerdo de las humillaciones sufridas por sus clientes. Por eso transita (hasta ahora) por un camino que reh煤ye tanto la dominaci贸n, como la solidaridad con el atormentado continente africano.

No s贸lo la trayectoria hist贸rica de China obstaculiza su conversi贸n en potencia imperial. El gigante asi谩tico mantiene un conflicto estructural con el mandante norteamericano, que impide la repetici贸n del modelo sucesorio consumado a principio del siglo XX.

Las continuidades que prevalecieron en el traspaso de la dominaci贸n brit谩nica a la supremac铆a estadounidense no se extienden al escenario actual. Los dos colosos anglosajones estaban enlazados por m煤ltiples v铆nculos pol铆ticos, culturales e idiom谩ticos. Esa estrecha conexi贸n ha quedado reemplazada por contraposiciones frontales en todos los 谩mbitos entre Estados Unidos y China (Hobsbawm, 2007).

STATUS INTERMEDIO, POTENCIA NO IMPERIAL

Otros analistas deducen el car谩cter no imperial de China del lugar intermedio que ocupa el pa铆s en la jerarqu铆a econ贸mica internacional. Consideran que la nueva potencia asi谩tica se ha insertado en un segmento semiperif茅rico. Esa ubicaci贸n equidistante de los centros desarrollados y las periferias dependientes, determina una din谩mica dual de desenvolvimiento. La econom铆a china transfiere plusval铆a a los pa铆ses avanzados y captura excedentes de las regiones subdesarrolladas (Minqi Li, 2017).

Ese status intermedio sit煤a al gigante oriental, en un contradictorio 谩mbito de emisor y receptor de los flujos de valor circulantes en el mercado mundial. Por esa colocaci贸n igualmente distanciada del techo y del piso del orden global, China queda excluida tanto del club de los imperios como del universo de naciones sometidas.

Este enfoque remarca la existencia de relaciones de intercambio con dos tipos diferenciados de clientes. Los proveedores de insumos o de bienes fabricados con inversiones externas de China nutren el despegue del drag贸n asi谩tico. Pero los adquirientes de exportaciones o los inversores for谩neos en el pa铆s, lucran con esas actividades m谩s que la propia econom铆a oriental.

Ese contradictorio resultado obedece al status semiperiferico de la nueva potencia. La clase capitalista china se ha expandido en el circuito global de la acumulaci贸n, sin lograr el pleno control de los flujos de plusval铆a. Capta excedentes de 脕frica, Am茅rica Latina y el Sudeste Asi谩tico, pero drena porciones del mismo sobrante a Estados Unidos y Europa (Minqi Li, 2020).

Esta mirada tambi茅n ilustra c贸mo las proporciones de ese intercambio han variado en las 煤ltimas d茅cadas. China ascendi贸 en la globalizaci贸n transfiriendo porciones decrecientes de plusval铆a y capturando montos mayores de esas sumas. Los estudiosos de esa mutaci贸n cuantifican el giro con los criterios marxistas de la teor铆a del valor. Estiman que el intercambio de 16 unidades de trabajo chinas por 1 for谩nea que primaba en el pasado se ha revertido en la actualidad a 1 local por 0,6 internacionales. Entre 1990-2014 se consum贸 un cambio radical en el total de unidades de trabajo captadas y drenadas por China en su intercambio externo. Se ha verificado una creciente primac铆a de monto absorbido en comparaci贸n al transferido fuera del pa铆s (Minqi Li, 2017).

Pero esa enorme acumulaci贸n china de super谩vits comerciales y reservas no tiene correlato monetario por la condici贸n intermedia del pa铆s. Captura excedentes may煤sculos sin gestionarlos con su propia divisa (Minqi Li, 2020). Esa dificultad para internacionalizar el yuan obliga al pa铆s a realizar transacciones en d贸lares y a convalidar el continuado se帽oreaje de esa divisa (Lo Dic, 2016). Debe acumular bonos del tesoro norteamericanos y pagar un pesado tributo a su competidor.

Esa forzada inmovilizaci贸n de reservas chinas en d贸lares constituye otra confirmaci贸n de la disparidad imperante entre ambas potencias. Esa asimetr铆a monetaria ilustra la inserci贸n diferenciada de los dos contendientes en la jerarqu铆a econ贸mica mundial.

Este diagn贸stico de un esquema tripolar de capturas y drenajes de valor en la estructura actual del capitalismo global, es compatible con el modelo anal铆tico que hemos desarrollado en nuestro reciente libro sobre la Teor铆a de la Dependencia (Katz, 2018: 281-284).

Pero nuestro abordaje ubica a China en un lugar de econom铆a central ascendente y no de semiperiferia. Este 煤ltimo casillero corresponde a pa铆ses como Brasil, Sud谩frica o India, que s贸lo comparten asociaciones internacionales con el gigante asi谩tico (BRICS). No se equiparan en ning煤n terreno efectivo con la segunda potencia econ贸mica del planeta. El parentesco que establecen algunos organismos en un mismo casillero de 鈥減a铆ses emergentes鈥 es tan forzado como poco cre铆ble.

Por otra parte, la evaluaci贸n del extraordinario crecimiento chino no puede quedar restringida a los flujos internacionales de plusval铆a. El secreto de esa expansi贸n fue la retenci贸n local del excedente y la acumulaci贸n orientada al mercado o al consumo local. Una mirada exclusivamente externalista del desarrollo chino pierde de vista ese determinante. Pero m谩s all谩 de estos matices, la clasificaci贸n intermedia de China en el sistema mundial aporta un original sustento al diagn贸stico del pa铆s como una nueva potencia no imperial.

COROLARIOS POLITICOS

La caracterizaci贸n de China como un pa铆s no integrado al ramillete de los imperios tiene importantes consecuencias pol铆ticas. Como su rival estadounidense encarna todas las aristas del imperialismo contempor谩neo, el conflicto entre ambos opone a potencias de distinta 铆ndole. No son competidores equivalentes, ni igualmente enemigos de las mayor铆as populares del planeta. Las posturas de neutralidad (o indiferencia) frente a la confrontaci贸n en curso son err贸neas. Estados Unidos agrede desde un posicionamiento imperial a un rival no imperial, que responde con acciones defensivas.

Pero es tambi茅n cierto que China se ha convertido en una gran potencia econ贸mica. Ya consolid贸 relaciones de intercambio e inversi贸n que afectan al grueso de la periferia. La plusval铆a drenada por las firmas capitalistas del nuevo gigante limita el desarrollo del Sudeste Asi谩tico y la renta capturada de 脕frica o Am茅rica Latina agrava la primarizaci贸n de ambas zonas. China no act煤a como un dominador imperial, pero tampoco favorece el desenvolvimiento de las regiones empobrecidas del planeta.

El gigante asi谩tico podr铆a convertirse en un aliado pol铆tico de los pa铆ses dependientes por el singular lugar que ocupa en el orden global. No forma parte de ese bloque de naciones sometidas, pero podr铆a ser integrado a la batalla prioritaria contra el imperialismo.

En Am茅rica Latina podr铆a cumplir un papel de contrapeso del intervencionismo estadounidense, semejante al jugado en el pasado por la Uni贸n Sovi茅tica. Ese rol brind贸 sost茅n geopol铆tico a varios procesos transformadores.

En el contexto actual, todos los pa铆ses del Nuevo Mundo situados al sur del R铆o Grande necesitan forjar un bloque de resistencia contra la dominaci贸n estadounidense. Pero deben apuntalar al mismo tiempo un frente de negociaci贸n com煤n con China.

Esa alianza resulta indispensable para revertir la relaci贸n comercial adversa con la nueva potencia. Los dos procesos de acci贸n antiimperialista frente a Washington y renegociaci贸n econ贸mica con Beijing est谩n estrechamente conectados y presuponen una distinci贸n cualitativa entre el enemigo imperial y el socio potencial. Esta caracterizaci贸n suscita intensas pol茅micas que revisaremos en el pr贸ximo texto.

                           

RESUMEN

No hay equivalencia en el principal conflicto geopol铆tico actual. Estados Unidos agrede y China se defiende. Washington pretende recuperar su liderazgo imperial y Beijing intenta sostener un crecimiento capitalista sin confrontaciones externas.

La restauraci贸n inconclusa, el r茅gimen pol铆tico, la historia de acosos y el abismo cultural con su oponente limitan la conversi贸n de China en una potencia imperial. Su creciente captura de flujos internacionales de valor es reciente. Am茅rica Latina necesita combinar la resistencia a la dominaci贸n estadounidense con la renegociaci贸n comercial con China.


REFERENCIAS

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Fuente: Anred.org