May 23, 2022
De parte de Nodo50
247 puntos de vista

Desigualdad en Barcelona. PABLO TOSCO / Oxfam Interm贸n

Adelanto la respuesta: no, los economistas no estamos de acuerdo en este asunto. 

Y aprovecho para decir otra cosa, que se suele omitir. Lo que podr铆amos denominar como 鈥渃olectivo de economistas鈥, cuya existencia permitir铆a afirmar cosas como 鈥渆l sentido com煤n de la econom铆a se帽ala鈥, 鈥渄esde el punto de vista econ贸mico esto es lo que hay que hacer鈥, 鈥渓a ciencia econ贸mica sostiene鈥︹, es una entelequia

Afirmaciones de este calado confunden, m谩s que aclaran. Me parece evidente que en frases de ese perfil hay una intencionalidad pol铆tica que encaja como anillo al dedo con el pensamiento conservador, pues traslada el mensaje de que, ante cada dilema econ贸mico, solo hay una alternativa, que est谩 respaldada por una l贸gica incuestionable y un sentido com煤n de validez universal. Un peligroso dogma que empobrece y sesga la reflexi贸n econ贸mica.

Pienso, sin embargo, que es m谩s realista y fruct铆fero -y tambi茅n m谩s honesto- utilizar el plural, reconocer la existencia de una saludable diversidad de enfoques y que el mundo que habitan los economistas no es, aunque a veces lo parezca, aunque algunos desear铆an que as铆 fuese, un ecosistema homog茅neo.

Volviendo a la pregunta y a la respuesta que adelantaba al comienzo del art铆culo. A primera vista, podr铆a decirse que existe un amplio consenso, no solo entre los economistas, de que la desigualdad, que todo el mundo reconoce que ha alcanzado cotas hist贸ricas, tiene efectos contraproducentes sobre el funcionamiento de las econom铆as. 

No seguir茅 este hilo argumental, aunque resulta evidente que el aumento de la desigualdad, el debate sobre las muy diversas consecuencias de la misma -sociales, econ贸micas y medioambientales- y las pol铆ticas m谩s adecuadas para reducirla es trascendental. La manera en c贸mo se encare este decisivo asunto determina la agenda de gobiernos e instituciones.

Quiero poner el foco, m谩s bien, en el supuesto consenso al que antes alud铆a sobre el impacto negativo de la desigualdad en la actividad econ贸mica para rechazar la mayor: una parte importante del pensamiento conservador considera que es la gasolina que necesita el motor de la actividad econ贸mica. La existencia de un patr贸n desigual de la renta es, en consecuencia, esencial para el buen funcionamiento de los mercados y, m谩s en general, del capitalismo.

Alrededor de esta premisa -que, en mi opini贸n, tiene un marcado componente ideol贸gico y de clase- se levanta todo un razonamiento sostenido en tres pilares b谩sicos. 

El primero de ellos consiste en afirmar que las retribuciones recibidas por los diferentes actores econ贸micos se corresponden con su productividad. De esta manera, el mercado premia con un ingreso superior a los que m谩s contribuyen a mejorar la eficiencia de los procesos econ贸micos y, en definitiva, y al crecimiento del Producto Interior Bruto; en otras palabras, ganan m谩s los que objetivamente m谩s se lo merecen. El segundo pilar sostiene que el convencimiento de que el mercado recompensa en t茅rminos monetarios y tambi茅n en la calidad del trabajo a los que m谩s aportan supone un est铆mulo para invertir en 鈥渃apital humano鈥. Respecto al tercer pilar, los grupos sociales que cuentan con mayor capacidad de ahorro -los que tienen ingresos m谩s elevados- son piezas claves para el mantenimiento de la actividad inversora, que se alimenta precisamente de ese ahorro. 

De lo anterior se deduce que el dise帽o de una adecuada estructura de est铆mulos que oriente a los actores econ贸micos a la hora de tomar sus decisiones, el aumento de la actividad inversora y la obtenci贸n de mejoras en la productividad implican necesariamente aceptar que la desigualdad constituye una parte esencial del engranaje de las econom铆as. 

Quienes argumentan con esta l贸gica aceptan al mismo tiempo, sin ning煤n problema, que niveles excesivos de desigualdad, como los que tenemos en la actualidad, pueden tener efectos perturbadores sobre la operativa de los mercados o incluso convertirse en conflictividad social y pol铆tica. Ese reconocimiento no es un inconveniente, sin embargo, para mantener intacto el n煤cleo fundamental de su razonamiento: la desigualdad es necesaria para el buen funcionamiento de las econom铆as. Aqu铆 est谩 la l铆nea roja que no deben superar las pol铆ticas p煤blicas en materia de equidad.

Por eso es fundamental preguntarnos sobre la fortaleza de los pilares sobre los que descansa el discurso econ贸mico convencional, que han resistido contra viento y marea los periodos de turbulencia y crisis, que, en realidad, apenas han sido objeto de debate y, mucho menos, han sido cuestionados.

Cuando avanzamos en esa direcci贸n encontramos, en primer lugar, que los ingresos y rentas de los jefes y grandes accionistas de las corporaciones y de los titulares de los grandes patrimonios y fortunas nada tienen que ver con su productividad (en el supuesto de que dispusi茅ramos de una m茅trica adecuada para medirla); dependen m谩s bien de su privilegiada posici贸n en la pir谩mide social y en las empresas que dirigen o controlan, y del enorme poder que se deriva de esa posici贸n. 

Tampoco funciona el nexo entre inversi贸n en capital humano y recompensa monetaria. Porque la educaci贸n recibida por las personas, tanto en t茅rminos cuantitativos como cualitativos (que el discurso dominante convierte en capital humano) depende en buena medida de la mochila vital heredada, cuyo contenido est谩 directamente conectado a la pertenencia a una u otra clase social, pertenencia que determinar谩 en gran medida la escala retributiva asignada por el mercado. 

Y, en fin, la supuesta relaci贸n autom谩tica entre capacidad de ahorro e inversi贸n, si entendemos por esta la destinada a mejorar y ampliar los equipamientos productivos, no ha existido en el capitalismo realmente existente de las 煤ltimas d茅cadas. Hemos visto, m谩s bien, que los recursos atesorados por los grupos que se encuentran en la c煤spide de la estructura social se han canalizado de manera predominante hacia los activos y los mercados financieros en busca de rentabilidades extraordinarias. 

Entrar con decisi贸n en el debate de estos asuntos es imprescindible. Para desvelar la (i)l贸gica del pensamiento econ贸mico conservador y los intereses que la alimentan, y para que se abra camino otro sentido com煤n que deber铆a guiar la implementaci贸n de otra pol铆tica econ贸mica.




Fuente: Lamarea.com