January 6, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
415 puntos de vista


Hace algunos meses, en mi cuenta de Twitter, expon铆a con brevedad el suceso en el que hab铆a transcurrido una peque帽a discusi贸n entre una de mis compa帽eras de trabajo y yo durante nuestra jornada laboral (en una cadena de textiles) cuando ella descubri贸 a un hombre joven tratando de esconderse unos pantalones nuevos bajo los suyos con la clara intenci贸n de llev谩rselos sin pagar y, como resultante, ella decidi贸 que humillarle delante de toda la gente que en ese momento se encontraba en la tienda era la mejor opci贸n para solventar la -ya de por s铆- bochornosa situaci贸n. Las personas all铆 presentes no quisieron quedarse atr谩s y se sumaron a ser part铆cipes activos del escarnio p煤blico con murmullos intencionadamente audibles.

Correspond铆 al acto dirigi茅ndome a mi compa帽era para expresar que no hab铆a ninguna necesidad de llegar a ese exceso, que, ciertamente, nuestro trabajo incluye evitar los hurtos, pero no denigrar a las personas (m谩s cuando el chico en cuesti贸n no opuso resistencia alguna y se march贸 cabizbajo y avergonzado), porque, adem谩s, no conocemos la situaci贸n econ贸mica de cada qui茅n.

“Iba bien vestido” fue su respuesta, y que “si eres pobre, lo que quieres es comida, no ropa nueva”. Pero esa cuerda estira hasta el infinito, y me llev贸 a recordar aquel v铆deo que se viraliz贸 en la red hace un par de a帽os en el que una madre y su hija fueron sorprendidas en un famoso supermercado llev谩ndose bajo el abrigo una botella de champ谩n y una caja de langostinos en fechas navide帽as, a lo que la opini贸n p煤blica reaccion贸 sin compasi贸n (condicionada en gran medida por el antigitanismo latente, ya que, presuntamente, aquellas dos mujeres eran gitanas) clamando que los productos que llevaban consigo no cumpl铆an con lo denominado como 芦de primera necesidad禄, y que 芦vaya jeta禄, claro.

Porque cuando el pobre se lleva sin pasar por caja lo que el Buen Ciudadano no considera indispensable para la vida (ya que 茅ste, por supuesto, s贸lo puede aspirar a pan y arroz y lo dem谩s es vicio) tambi茅n se le niega su condici贸n. Porque al pobre no se le concede el benepl谩cito de la dignidad y el disfrute, s贸lo el de la supervivencia, para, as铆, dibujar una l铆nea clara y expl铆cita entre 脡l-pobre y Yo-digno y reclamar una exclusividad de consumo. Es la tiran铆a de exiliar las vidas m谩s precarizadas a los m谩rgenes como una m谩s de las tantas formas en las que se manifiesta la violencia clasista: que entre 脡l y Yo resulte evidente una diferencia de estatus que favorezca m铆o. Por otro lado, y en relaci贸n a este 煤ltimo ejemplo, algo que tambi茅n nos ata帽e frente a la creciente ola de fascismo de la que estamos siendo espectadores a trav茅s de recurrentes discursos de odio: hablar de 铆ndices de delincuencia en personas racializadas sin atender a factores estructurales como la segregaci贸n (guetos, dif铆cil acceso al empleo etc.) que condenan a la miseria no s贸lo es impreciso, sino tremendamente malvado.

Al hilo de dicha an茅cdota comenzaron a llegarme mensajes de personas contando sus experiencias en cuanto a juicios por una apariencia “demasiado pulcra” con distintas organizaciones de ayuda humanitaria e incluso, y todav铆a m谩s grave, con los servicios sociales del Estado espa帽ol; ejercidos por los supuestos profesionales dentro de la propia instituci贸n. (Todas ellas pidieron expresamente que conservara su anonimato):

“Me da much铆sima verg眉enza admitirlo, y casi nadie de mis amigos lo sabe, pero, hace unos a帽os, mi familia pas贸 por un momento muy malo econ贸micamente y fuimos a pedir ayuda a Caritas para poder comer (somos cinco y mis padres estaban ambos en paro). Les dijeron que no daban el perfil que buscaban en gente necesitada s贸lo porque estaban casados, se ve铆an limpios y ten铆an un techo (el de mi abuela), que seguro que saldr铆amos de esa. Si no fuera por el cura de la iglesia, esas navidades no hubi茅ramos tenido cena en el plato”.

“En casa acudimos a un banco de alimentos y, mi hermana, que tiene una ni帽a de poco m谩s de un a帽o, ha ido a la asistenta social en busca de alguna ayuda econ贸mica. Varias veces le han dicho que lleva a la ni帽a “muy limpita y bien vestida” para ir a pedir ayuda. A una amiga suya, tambi茅n con una ni帽a peque帽a y en el mismo lugar, que qu茅 hac铆a pidiendo comida cuando llevaba las u帽as pintadas y el pelo te帽ido. Como si lo que gastas en comprar un tinte pudiera dar para alimentar y vestir a tu hija todo el mes”.

“Hace a帽os fui a los servicios sociales a pedir la renta m铆nima. El tipo me mir贸 de arriba a abajo y me dijo que no ten铆a pinta de necesitarlo. Lo dijo varias veces mientras rellenaba la solicitud. Me llegaban cartas de que faltaban papeles y era mentira. Estuve a punto de quedarme en la calle porque el tipo consider贸 que iba “muy bien vestida, se te ve aseada, tienes estudios…”.

Como dec铆amos antes, si no descuidas tu aspecto, te ti帽es el pelo, o si tus hijos peque帽os van aseados, no eres pobre, porque el Aut茅ntico Pobre, el del imaginario que romantiza la pobreza, el de la desdicha pura con la que alcanzamos a empatizar, ni puede ni debe parecerse a nosotros: debe quedar relegado a lo humillante, a lo indigno, a la verg眉enza.

El economista conductual Sendhil Mullainathan y el psic贸logo cognitivo Eldar Shafir explicaban en 鈥橢scasez. 驴Por qu茅 tener poco significa tanto?鈥 que la escasez crea escasez: inmersos en una visi贸n de t煤nel de supervivencia, la pobreza grava el ancho de banda de las capacidades cognitivas mientras se vive la experiencia de la falta de recursos: los problemas del ahora, de la necesidad inmediata, secuestran el razonamiento. Est谩 demostrado que una misma persona en condiciones m谩s desahogadas adquiere holgura mental y ve ampliadas sus capacidades cognitivas, es decir: hablamos de un estado coyuntural espec铆fico generado por las circunstancias de estr茅s que experimentamos y que nos hace m谩s lentos de pensamiento, lo que influye negativamente en cualquiera de nuestros desempe帽os vitales, incluido el laboral: el desarrollo normal de la vida se vuelve una espiral de carencias retroalimentadas de las que es casi imposible escapar. Es m谩s probable que olvides tu cita m茅dica o las tareas asignadas en el puesto de trabajo cuando est谩s atrapada cavilando c贸mo vas a ingeni谩rtelas para llegar a fin de mes. La dram谩tica situaci贸n no para de hacerse bola.

Sin que sirva de precedente y desde las ant铆podas ideol贸gicas, incluso Adam Smith supo se帽alar en su popular obra 鈥橪a riqueza de las naciones鈥 que en la Inglaterra de su 茅poca las camisas de lino y los zapatos de cuero eran necesarios para vivir sin sentir verg眉enza:

芦Por mercanc铆as necesarias entiendo no s贸lo las indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya carencia es, seg煤n las costumbres de un pa铆s, algo indecoroso entre las personas de buena reputaci贸n, aun entre las de clase inferior. En rigor, una camisa de lino no es necesaria para vivir. Los griegos y los romanos vivieron de una manera muy confortable a pesar de que no conocieron el lino. Pero en nuestros d铆as, en la mayor parte de Europa, un honrado jornalero se avergonzar铆a si tuviera que presentarse en p煤blico sin una camisa de lino. Su falta denotar铆a ese deshonroso grado de pobreza al que se presume que nadie podr铆a caer sino a causa de una conducta en extremo disipada. La costumbre ha convertido, del mismo modo, el uso de zapatos de cuero en Inglaterra en algo necesario para la vida, hasta el extremo de que ninguna persona de uno u otro sexo osar铆a aparecer en p煤blico sin ellos禄.

La verg眉enza y la humillaci贸n asociadas a las dificultades financieras son factores estrechamente vinculados al abuso de sustancias narc贸ticas y, en casos extremos, al propio suicidio. Que la dignidad es indispensable para la salud mental no es asunto debatible: el premio Nobel de Econom铆a, Amartya Sen, conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, la teor铆a del desarrollo humano, la econom铆a del bienestar y los mecanismos subyacentes de la pobreza, viene sosteniendo desde hace mucho tiempo que la verg眉enza es motor de la pobreza m谩s absoluta. Un alto porcentaje de los participantes de encuestas realizadas en Gran Breta帽a a usuarios de bancos de alimentos manifestaron que el estigma de recibir alimentos gratis estaba tan presente que el miedo y la incomodidad eran emociones frecuentes. Sabemos que lo usual es que las personas pobres traten de ocultar su condici贸n de pobreza para evitar humillaciones. Las consecuencias son desastrosas: muchos de los potenciales beneficiarios de ayuda social no realizan los tr谩mites de solicitud para percibirlas, lo que complica la aplicaci贸n de pol铆ticas p煤blicas en tanto que se torna inconcebible un escenario realista sobre las aut茅nticas necesidades de la poblaci贸n.

La verg眉enza y la humillaci贸n asociadas a las dificultades financieras son factores estrechamente vinculados al abuso de sustancias narc贸ticas y, en casos extremos, al propio suicidio. Que la dignidad es indispensable para la salud mental no es asunto debatible

驴Hasta qu茅 punto es fundamental para la vida poder aparecer en p煤blico sin sentir verg眉enza?

Plat贸n y Arist贸teles argumentaron que la capacidad de sentir verg眉enza es lo que hace el desarrollo 茅tico posible, puesto que las personas sin verg眉enza est谩n m谩s all谩 del alcance de la comunidad moral. La dignidad, entendida como impulso innato de todos los seres humanos y, por tanto, universal, ha sido ligada al respeto y la autoestima. Cuando es violada y somos humillados, o nos sentimos humillados por nuestras carencias, se genera verg眉enza y dolor. El propio Chaplin ilustra en sus filmes la lucha del vagabundo por mantener la dignidad desde lo m谩s bajo de la pir谩mide social a trav茅s de una serie de astutas artima帽as que conducen a tener que huir de las autoridades.

Pensar en la sustracci贸n de bienes como algo que est谩 mal per se responde a la equidistancia, una distorsi贸n ideol贸gica de la moral: el rico que roba al pobre y el pobre que roba al rico no pueden nunca ser juzgados de igual forma: consumir productos de calidad y mantener una apariencia que te aleje de la verg眉enza y la exclusi贸n social es perfectamente leg铆timo y tambi茅n un derecho que, como otros tantos, se vulnera de manera constante. Comprar un frasco de colonia o una blusa que no est茅 ra铆da por el uso parece un asunto trivial para todo aquel que simplemente lo ha asumido como b谩sicos corrientes del d铆a a d铆a, sin embargo, para quienes no pueden permitirse un gesto tan nimio (porque muy probablemente inviertan ese poco dinero del que disponen en alimentos) se trata de una experiencia sumamente denigrante que mina la autoestima. Adem谩s, asumir los riesgos de cometer el delito (angustia, estr茅s, posibles consecuencias…) lleva impl铆citas terribles efectos psicol贸gicos.

El bienestar social debe garantizar la dignidad, y la dignidad implica que los medios necesarios para no sentir m谩s verg眉enza est茅n al alcance de todes.


Fuente: https://www.kamchatka.es/es/estas-s…




Fuente: Grupotortuga.com