June 12, 2021
De parte de ANRed
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Andrés García Campoy fue parado en un control de Gendarmería en la ruta 7, Luján de Cuyo, en el kilómetro 1060, el 13 de Junio de 2014. Sus papeles estaban en regla. Ese día Andrés murió por un disparo entre la oreja y la nuca. Siete años después causa sigue abierta pero estancada, los gendarmes involucrados siguen en funciones luego de que el cuestionado juez Walter Bento afirme, sin pruebas ni argumentos, que Andrés se suicidó. Mónica Campoy, madre de Andrés, si exigiendo justicia y que se realice la autopsia  para saber la verdad. Por Ramiro Giganti (ANRed).


“Tuve una pesadilla, soñé que me disparaban en la nuca”, le había comentado Andrés a Eric, su mejor amigo. “Boludo, como no vas a tener pesadillas si dormís en ese colchón finito, es lógico que te duela la nuca”, le contestó Eric. Andrés solía quedarse a dormir en su casa. Siete años después, Eric lo recuerda como algo que “no se puede creer”. Andrés murió a los 20 años de un disparo en la nuca luego de que los gendarmes Maximiliano Alfonso Cruz y Corazón de Jesús Velázquez lo detengan para un control. Siete años después la causa sigue abierta sin justicia, mientras su amigo Eric cuenta que todavía se le pone la piel de gallina cuando lo recuerda y Mónica, su madre, sigue pidiendo justicia.

El hecho

Andrés fue detenido ese día en un retén vial de la ruta 7 (kilómetro 1060, en Luján de Cuyo) que llevaban a cabo agentes de Gendarmería Nacional. El joven mostró todos los papeles de su Peugeot 504 en regla. Según cuenta Mónica, su madre, hubo testigos que vieron como bajaron a Andy del auto. En el auto había un arma antigua de colección heredada, una reliquia que quería vender para juntar algo de dinero. Andrés murió por un tiro en la nuca cerca de su oreja, lo que se muestra como muy contradictorio con la hipótesis de suicidio presentada por las fuerzas de seguridad.

Andrés junto a Mónica, su madres, en una foto familiar

Otro dato es que un primer adelanto de las pericias estableció que la lesión provocada por la bala mide aproximadamente 7 milímetros, lo que no coincidiría, en principio, con la versión de los gendarmes que aseguraban que el joven se disparó con su carabina calibre 22. Es por esto que especialistas coinciden en que de ninguna manera pudo haberse matado con esa arma de colección que Andrés pensaba vender. Según sus seres queridos Andy no sabía cómo manejar un arma, por eso quería vender esa pieza de colección.

En las pericias que le hicieron no encontraron restos de pólvora ni en su mano ni en el vehículo donde tampoco había sangre, lo que suma más incongruencias a la causa. Su madre sostiene que lo mataron afuera del auto y que después “armaron todo” para inventar un supuesto suicidio. Cuando realizaron el test psicológico post muerte, la doctora Marta Mulat sostuvo que Andrés nunca pudo haberse suicidado.

“Más que un amigo, un hermano”

Así describe Eric, su mejor amigo, a Andrés. “Andrés fue la primer persona que conocí cuando llegue a San Luís en el colegio en el año 2005”, comenta. Ambos tenían en común su procedencia mendocina, mientras eran compañeros de escuela en San Luis. “Era un hermano para mí, yo no lo tenía como un amigo sino como un hermano: vivía en mi casa, prácticamente, estaba todos los días. Mis padres lo quisieron muchísimo a Andrés, lo trataban como un hijo. Yo tenía un cuarto para mí solo y le tiraba un colchón y el se quedaba casi todos los días a dormir en casa”.

Andrés en su fiesta de egresados junto a sus amigos Enzo y Eríc, quien recuerda que eran los 3 inseparables.

El relato de Eric coincide mucho con el de Mónica, su madre. En ambas ocasiones caracterizan a Andrés como un chico tranquilo, bueno, y sano. “Iba a su casa solamente a hacerle la comida al hermano y llevarlo al colegio, después se venía para casa. Éramos muy sanos. La verdad porque… teníamos 15 años y nos la pasábamos jugando a los jueguitos, boludeando en casa, no éramos muy de salir. Yo después me hice más fiestero, pero el siempre fue muy reservado y tranquilo” comenta. Eric recuerda que Andrés, por ser el mayor de sus hermanos tuvo mayores responsabilidades y las cumplía.

“Lo recuerdo hinchando las pelotas todo el día. Por ahí es muy cliché lo que te voy a decir, porque siempre se dicen estas cosas de alguien que ya no está,  pero la verdad que todavía hoy no conozco persona como el Andrés. Era alguien que si te tenía que dar un brazo te daba un brazo, no le importaba quien eras o si el recibía lo mismo: si te podía ayudar te ayudaba».

Eric, ironiza sobre cómo era con los deportes. “era madrea con el fútbol, pero le gustaba correr y era bueno en eso, pero en el futbol era “el ojota” en el curso”, recuerda con tono risueño. “El agarraba la compu y se olvidaba, agarraba los jueguitos. Compartíamos todo”, afirma nuevamente.

Andrés en unas vacaciones en Camboriu, bromea con un coordinador que, según recuerda Eric, «se parecía a Jim Carey».

Eric recuerda lo mismo que Mónica en relación a los objetivos que tenía Andrés: “terminar su carrera, que estaba bastante embalado con su carrera”. También recuerda que otro objetivo era vender el arma, que era una reliquia: “la quería vender porque le iban a dar mucha plata, esas fueron las últimas palabras que me dijo una semana antes que pasara todo esto. El estuvo acá en mi casa y me contó que le iban a dar mucha plata por esa arma porque era una reliquia”.

La noticia de su muerte, como no podría ser de otra manera, fue un impacto para Eric: “no lo podía creer, de hecho no lo creía. El día siguiente me fui para Mendoza y recién cuando lo vi lo creí. ¿Cómo te puede impactar la muerte de un hermano? Hasta el día de hoy, diciéndote esto, se me pone la piel de gallina. Lo que pasó pasó, la vida sigue, peor yo lo sigo extrañando todos los días. Me gustaría que esté acá, dándome un consejo como siempre lo hacía. De algún modo lo hace, porque sigue presente en mí.”

La nostalgia no evita esa sensación de injusticia: “te podría estar hablando diez mil horas de Andrés y decirte porqué fue tan injusto todo esto. No lo puedo creer todavía”.

En relación a la causa, Andrés intenta no preguntarle mucho a Mónica aunque admite que a ella la hace fuerte luchar por la justicia de su hijo. “Las cosas están claras, te habrás enterado todo lo que pasó con el juez Bento siendo periodista. Es algo de no creer pero que pasa un montón acá en Argentina, y calculo que en otro países también, pero es mucha la injusticia y hay muchas muertes por gatillo fácil” concluyó Eric.

El juez Bento y  un prontuario llamativo

El juez federal Walter Bento afronta denuncias por corrupción. Se lo investiga por supuestas coimas a cambio de fallos a favor de “prisioneros vip”. “Siempre estuve disconforme como llevó la causa de Andrés. Nunca se pudo abrir el celular de mi hijo, ni en Mendoza ni en Buenos Aires. No se pudo sacar el proyectil de la cabeza de Andrés, se desintegró. No quiere exhumar el cuerpo de mi hijo y que le hagan una nueva autopsia, ya que el expediente está todo embarrado” comentó ayer Mónica Campoy en entrevista con este medio. “Mi opinión sobre el juez federal Walter Bento nunca cambió. Siempre dije que él estaba a favor de la gendarmería. Ahora que está saliendo a la luz la corrupción del juez, cada vez tengo más razón de lo que he dicho”, había comentado  en una entrevista en abril de este año.

Además de las denuncias de corrupción por otras causas, el juez Bento tiene antecedentes vinculados a excesos por parte de las fuerzas represivas. En abril del año 2018 ordenó persecuciones a vecinos y estudiantes que se oponían al fracking en la provincia. El juez mismo amenazó a manifestantes con reprimir y desalojar a asambleístas de la ruta, mediante la Gendarmería. No conforme, luego de que estos se retiraron de la ruta imputó a 11 personas. A esto se suma una posterior irrupción de la gendarmería en las inmediaciones del IES V. Peñaloza, pidiendo información sobre los estudiantes y las autoridades del instituto que estaban a cargo el día del corte.

El accionar conjunto del juez Bento con la gendarmería a menos de dos meses del asesinato de Andrés es una clara muestra de este tipo de afinidades: un antecedente que no puede escindirse considerando lo que sucedió apenas un mes y medio después y el fallo de Bento favorable a los gendarmes.

El inquebrantable reclamo de justicia de una madre

“Este 13 de junio se cumplen 7 años del asesinato de Andrés, y sigo pidiendo justicia. Es una impotencia muy grande” dice Mónica en un nuevo audio. “Para llegar a la verdad necesito que se exhume el cuerpo de Andrés y que se haga una nueva autopsia”.

El reclamo de justicia por parte de Mónica sigue firme, con las demandas claras sobre lo que es necesario hacer para llegar a la verdad. Sin embargo el juez Bento mantiene la causa congelada sin dar respuestas mientras los gendarmes responsables siguen en funciones “por falta de mérito”.

Actualmente el caso de Andrés García Campoy está caratulado como homicidio agravado por fuerza de seguridad.

Ante el dolor por lo sucedido, Mónica encuentra un alivio al encontrarse con otras madres que se encuentran en su misma situación.. «Nos juntamos para pedir justicia donde nunca llega. Cuando son asesinados por policías o gendarmería como en mi caso, las condenas que les dan son irrisorias: nunca van presos. Por eso actúan: primero matan y después ocultan… y la justicia no hace nada: vista gorda».

Nunca investigaron a los gendarmes, al contrario: siempre me investigaron a mí y a mi círculo. La verdad, es una vergüenza como actuaron. El expediente de Andrés sigue abierto,  por eso exijo, como prueba, la autopsia de Andrés», concluyó.





Fuente: Anred.org