December 13, 2020
De parte de La Haine
230 puntos de vista


Luego de la sorpresa del llamado progresismo latinoamericano 鈥攁 partir de la revoluci贸n bolivariana en Venezuela, la revoluci贸n ciudadana en Ecuador y la revoluci贸n pol铆tica y cultural liderada por Evo Morales en Bolivia鈥 el imperialismo impuls贸 una estrategia regional, y a la vez ajustada a las caracter铆sticas de cada proceso para subvertir y destruir esas alternativas liberadoras, y continuar impulsando la recolonizaci贸n de los recursos y subjetividades de nuestra Am茅rica.

Sin embargo, las fuerzas populares y revolucionarias han sabido enfrentar esas pol铆ticas agresivas desplegadas por el Gobierno de los EEUU en alianza con las oligarqu铆as nativas y los emporios medi谩ticos de la derecha conservadora regional y mundial. El triunfo del MAS en Bolivia, las movilizaciones populares realizadas en Chile y en Colombia, para solo citar dos casos emblem谩ticos, as铆 como el reciente triunfo del chavismo en las elecciones parlamentarias en Venezuela dan cuenta del avance de las fuerzas populares en la regi贸n. A lo anterior habr铆a que sumar la voluntad pol铆tica de la Revoluci贸n cubana de dise帽ar e implementar un proceso de actualizaci贸n del modelo de desarrollo econ贸mico y social, con el prop贸sito de avanzar hacia un socialismo pr贸spero y sostenible. Cuba segu铆a siendo el 鈥渕al ejemplo鈥 que el imperialismo estaba en la obligaci贸n de destruir.

En los 煤ltimos a帽os el Gobierno de los EEUU recrudeci贸 la pol铆tica de bloqueo con la implementaci贸n de nuevas medidas genocidas de guerra econ贸mica con el fin de intentar frenar el avance del proceso de actualizaci贸n. Conocedor de que esa pol铆tica no hab铆a tenido ni tendr铆a 茅xito para provocar el cambio de r茅gimen en Cuba, el bloqueo se intensifica como un factor externo para motivar factores de malestar en la poblaci贸n cubana, tales como el desabastecimiento y la persecuci贸n de pirater铆a para impedir la llegada de barcos con petr贸leo y otros insumos a Cuba; a la vez que profundizaba la extraterritorialidad de las leyes y medidas del bloqueo.

Con esa plataforma agresiva los sectores m谩s reaccionarios del sistema de poder en EEUU consideraron oportuno implementar una variante cubana de golpe suave[1]. Esa variante incluye elementos de la guerra de cuarta generaci贸n y la inducci贸n de matrices de opini贸n replicadas en las redes sociales sobre la base de falsear las causas de las dificultades y d茅ficit acumulados o potenciales con el objetivo de promover el descontento y la desmovilizaci贸n social de apoyo a la Revoluci贸n.

Los 煤ltimos acontecimientos conflictivos denunciados en la prensa cubana revelan la necesidad por parte de la pol铆tica revolucionaria de profundizar en los di谩logos con los distintos componentes de la sociedad civil popular cubana con el prop贸sito de avanzar en la reconstrucci贸n de los consensos sociales imprescindibles para fortalecer la hegemon铆a popular en el pa铆s. La amplia participaci贸n que tuvieron los debates sobre los Lineamientos de la pol铆tica econ贸mica y social del Partido y la Revoluci贸n, as铆 como del proyecto constitucional, sentaron las bases para pensar y dise帽ar nuevos derroteros positivos para la estrategia revolucionaria.

Di谩logos con el sector no estatal de la econom铆a

Entre los di谩logos que urge continuar y profundizar se encuentra aquel con todos los componentes del sector no estatal de la econom铆a; esto es, la diversidad de formas de propiedad y de gesti贸n no estatal presentes en el espacio econ贸mico cubano como son las cooperativas, la micro, peque帽a y mediana empresa privada, y otras formas mixtas de relaciones econ贸micas.

Estos di谩logos deben alcanzar la mayor divulgaci贸n posible para superar los estereotipos construidos en d茅cadas pasadas que identifican a estas formas como rezagos o deformaciones que el socialismo debe erradicar y superar. En otras palabras, incorporar a los actores que protagonizan estas formas como participantes tambi茅n del proceso revolucionario, con los que es posible y necesario dialogar para buscar los modos de coincidencia de sus intereses particulares con los intereses colectivos y los de la naci贸n[2].

Con la integraci贸n socioproductiva de la diversidad de formas de propiedad y de gesti贸n estatales y no estatales en nuestra sociedad, Cuba est谩 mostrando la viabilidad de una alternativa hist贸rica socialista, capaz de enfrentar al capitalismo neoliberal conservador que se pretende imponer a toda costa en nuestra Am茅rica.

Algunas pautas para el di谩logo con artistas j贸venes

Una de las pautas a tener en cuenta para enfrentar ese tipo de di谩logo supone cambiar la pregunta ret贸rica de qu茅 es y qu茅 no es arte, por aquella que pregunta en qu茅 contexto, bajo cu谩les condiciones y circunstancias una palabra, gesto, sonido, obra pict贸rica, que utilice cualquier material, formato, plataforma expresiva, deviene arte.

Esta perspectiva contribuye a superar visiones conservadoras o elitistas de lo art铆stico que es la base sobre la cual pueden aparecer actitudes burocr谩ticas, dogm谩ticas, mojigatas, por parte de funcionarios desconocedores de los cambios operados en el 谩mbito del arte contempor谩neo; lo que ha generado incluso una pol茅mica est茅tica y cultural sobre la presunta 鈥渕uerte del arte鈥.

Hacia un nuevo modo de pensar las relaciones est茅ticas

El mito moderno de la autonom铆a del arte (cuya matriz se expresa de igual manera en los m谩s aparentemente iconoclastas experimentos [anti]art铆sticos), ha ocultado una de las trampas m谩s extendidas del pensamiento est茅tico occidental: la identificaci贸n de lo est茅tico y lo art铆stico, la que se ha asumido como certeza apod铆ctica en las m谩s diversas escuelas de pensamiento. A los efectos de nuestra propuesta concordamos con el punto de partida de la reflexi贸n de Mayra S谩nchez Medina: 鈥淐abr铆a preguntarse si el camino del arte europeo hacia la c煤spide elitista no fue m谩s que eso, un camino hist贸ricamente determinado que imprimi贸 una naturaleza tambi茅n elitista a la Est茅tica y su universo. La propia designaci贸n de preautonom铆a para el arte desarrollado en los per铆odos premodernos y en los territorios perif茅ricos a Europa, no puede ocultar su carga discriminatoria y excluyente. De hecho, nos habituamos a consumir sus legados a escala formal, ajenos a su connotaci贸n originaria, distanciando forma y funci贸n seg煤n el modelo kantiano de an谩lisis y contemplaci贸n, tal cual si fuera este el 煤nico modo posible de hacerlo.鈥漑3]

La conclusi贸n de la autora es, a nuestro juicio, novedosa y significativa: 鈥淪i por est茅tico se entiende la apreciaci贸n de una obra de arte o, dicho de otro modo, si este solo puede existir a partir de una relaci贸n social reconocida como art铆stica, cabr铆a perfectamente atribuir al arte el origen de lo est茅tico. Pero, si fuera posible pensar lo est茅tico como un intercambio intersubjetivo de efectos sensibles, si se le enfocara como un hecho comunicativo, propio de las interacciones humanas en todos los tiempos y 茅pocas, entonces, podr铆amos sumergirnos hasta la m谩s remota antig眉edad, justamente al proceso de formaci贸n del hombre social, en que el lenguaje le hab铆a distinguido del resto de los seres vivos. En este sentido, tal disposici贸n sensible, generadora de la dimensi贸n est茅tica, se instala en la base de la posibilidad del arte, y no al contrario.鈥漑4]

Esta inversi贸n permite, en primer lugar, legitimar te贸ricamente el estatuto filos贸fico de la est茅tica, al superar la reducci贸n tradicional de su objeto a la belleza, superar el paradigma art铆stico de lo est茅tico (esto es: pensar las relaciones est茅ticas m谩s all谩 del arte, aunque comprendi茅ndolo) y distinguiendo el saber est茅tico del de la filosof铆a y la historia del arte. En otras palabras, precisado el 谩mbito de la indagaci贸n est茅tica en el sentido antes apuntado por S谩nchez Medina, no reducido a la significaci贸n de las relaciones art铆sticas, queda legitimado el lugar insustituible de la teor铆a, la historia y la cr铆tica del arte y sus m煤ltiples estrategias y procedimientos espec铆ficos de investigaci贸n. Ello no implica, por supuesto, desterrar al arte de los dominios reflexivos de la est茅tica.

Desde esa ampliaci贸n de la noci贸n de lo est茅tico en tanto canal comunicativo, del que el arte es solo una referencia, mas no la 煤nica ni la primaria, se produce tambi茅n un vuelco en la llamada educaci贸n est茅tica, ya que desde 鈥渓a visi贸n tradicional, lamentablemente dominante, se presenta la personalidad est茅tica solo como aspiraci贸n; en sentido mod茅lico, como excepcionalidad, como producto as茅ptico, idealizado. Se han confundido las proyecciones del ideal est茅tico 鈥揳firma la autora鈥, de los paradigmas socialmente aceptados, con la disposici贸n natural de los seres humanos a comunicarnos desde la sensibilidad y de ser portadores, cada uno de nosotros, de nuestra propia personalidad est茅tica. Entonces, la personalidad est茅tica no es solo la meta a lograr: es punto de partida, objeto y fin del trabajo est茅tico educativo鈥.[5]

En esa visi贸n educativa amplia, social-humana, no pueden desecharse las 鈥渕anifestaciones asociadas a lo marginal, lo vulgar, lo cotidiano, que por otra parte, tienen que ver con el individuo real, el conjunto de sus relaciones esenciales, sus gustos y preferencias, sus aspiraciones y necesidades materiales y espirituales鈥.[6] Aparece as铆 la posibilidad de una educaci贸n de la sensibilidad que no contrapone cotidianidad a trascendencia, que no impone un ideal inalcanzable al sujeto, sino que lo prepara de manera participativa para co-construir sus propios canales est茅ticos, su propia subjetividad, hacerse responsable de su proyecci贸n en consonancia con la comunidad y la 茅poca.

Por otra parte, tal concepci贸n favorece el entendimiento de un fen贸meno tan controvertido como la estetizaci贸n de la vida, signo de la cultura y la sociedad contempor谩nea, sin reducirla al embellecimiento u otros aspectos superficiales o externos. A su criterio, 鈥渓a palabra de orden en la estetizaci贸n puede ser visibilidad, entendida en su sentido lato como la actividad fundamental en que se ha centrado 鈥榚l mundo como imagen鈥, o en un sentido metaf贸rico, que abarca la emersi贸n al escenario p煤blico a partir de la masmediatizaci贸n tecnol贸gica, de modos subculturales antes 鈥榦cultos鈥. Una visibilidad plural que se abre hacia la diferencia multicultural, pero que para nada quiere decir que se ha democratizado realmente la escena cultural del mundo.鈥漑7]

Esta perspectiva supone un cambio sustantivo de mirada que contradice la cultura est茅tica y art铆stica que tenemos introyectada. Hay m煤ltiples aristas para debatir. Una de ellas es la aparente regresi贸n al punto de vista est茅tico de Kant en detrimento de sus continuadores dentro de la filosof铆a cl谩sica alemana, en especial Hegel. Mas no se trata, a mi juicio, de un retorno al kantismo, sino de una interpretaci贸n de raigambre materialista marxista que parte de hacer visible la universalidad y pluralidad de la praxis cotidiana, que desmistifica las bases conceptuales e ideol贸gicas de la autonom铆a del arte occidental y restituye las llamadas epistemolog铆as de la contextualidad en el an谩lisis est茅tico. Adoptando el enfoque comunicacional, S谩nchez Medina, reconoce su deuda con la est茅tica de lo cotidiano de una autora como la mexicana Katia Mandoki,[8] cuya 鈥渧isi贸n del intercambio est茅tico intersubjetivo devela un acontecer ignorado y subestimado por la teor铆a est茅tica, una de las v铆as de interacci贸n m谩s potentes y, sorprendentemente, m谩s ignoradas por el propio hombre鈥.[9]

驴Existe o no el peligro de que la diversidad de epistemes est茅ticos, devenga suced谩neo a la carencia de criterios universalizadores de 鈥渄etecci贸n鈥 del arte? 驴C贸mo evitar el relativismo radical que borra las fronteras entre arte y vida cotidiana? De asumir hoy criterios universalizadores sobre el arte, 驴cu谩les ser铆an los l铆mites y las posibilidades heur铆sticas de esa teorizaci贸n?, 驴c贸mo impedir la repetici贸n de aquel infinito malo que mencionaba Hegel, hip贸stasis de una visi贸n particular ontologizada como valor absoluto. C贸mo enfocar el ya mencionado problema del 鈥渇in del arte鈥 desde el pluralismo est茅tico-cultural. En este tema, Jos茅 Ram贸n Fabelo Corzo se pregunta: 鈥溌縋or qu茅 no pensar en una ampliaci贸n del concepto de arte y no en su final? 驴Por qu茅 no intentar flexibilizar el relato o reconocer que de hecho se necesita uno nuevo, distinto, abierto, plural, acorde a lo que el propio Danto leg铆timamente exige, en lugar de clausurar todo intento de aprehensi贸n te贸rica de lo que el arte es? En resumen, 驴no resultar铆a m谩s plausible ampliar el concepto y no clausurar el arte?鈥漑10]

鈥淐iertamente 鈥揳rguye este autor鈥, la propia praxis art铆stica nos obliga hoy a admitir la inoperancia de un 煤nico relato excluyente. Pero 驴es lo mismo el pluralismo, si se quiere radical 鈥揷omo Danto lo califica鈥, que el relativismo del 鈥渢odo vale鈥? 驴Por qu茅 se asume como la alternativa a la unilateralidad la totalidad indiferenciada y no una multilateralidad, todo lo amplia que se quiera, pero al mismo tiempo necesariamente finita, como lo exige el uso de un concepto 鈥揺l arte鈥 que sigue siendo necesario desde el punto de vista de la praxis social?鈥漑11]

Coincidimos con la reflexi贸n de Fabelo Corzo cuando insiste en que, 鈥渆n lugar de afirmar el fin del arte, 驴no ser铆a mejor atender a los cambios en el contenido de este concepto, a las variaciones de su intensi贸n y de su extensi贸n, a lo que hoy denota y connota?鈥漑12] Tambi茅n con autores como Rub茅n de Vent贸s [13] que, ante los procesos de desdefiniciones de lo art铆stico y la ampliaci贸n de sus fronteras, siguen apostando por una especie de trascendencia (sin la connotaci贸n 谩urea del t茅rmino) de objetos, fen贸menos, procesos, actitudes, acciones, gestos y movimientos que, en determinados contextos intencionados, trascienden la convencionalidad cotidiana y devienen arte, siempre que var铆en las condiciones de existencia funcional o habitual de estos. Lo que seguir谩 exigiendo, aunque se modifiquen y ampl铆en las coordenadas del an谩lisis, un esfuerzo cognitivo especial para tales expresiones.

Una visi贸n original sobre este tema nos la ofrece Gerardo de la Fuente Lora, al recordar que a煤n en esta 茅poca presuntamente postart铆stica y postest茅tica, 鈥渢enemos la posibilidad de optar por la est茅tica y el arte, hemos alcanzado la potencialidad de elegirlos, contamos con la suerte infinita de no tenerlos ya como una constante humana o un imperativo moderno; podemos tomarlos tambi茅n sin escatolog铆a, sin esperas trascendentes de salvaci贸n. Menos y m谩s que eso, podemos agruparnos como los amantes de la belleza sensible y sus apor铆as, y dedicarnos a leer as铆 todas las producciones que nos encontremos, poco importa que a tales productos nuestros afanes esteticistas no les importen. Y nos es dado hacer, por qu茅 no, una pol铆tica de las im谩genes cuya finalidad sea la comunidad y el erotismo. Como en los tiempos del arte.鈥漑14]

Nuevos contextos a partir de los a帽os setenta y ochenta har谩n que aquellas preocupaciones del giro pol铆tico de las primeras d茅cadas del XX cedan ante lo que Marc Jim茅nez llama el giro cultural de la est茅tica. La reacci贸n cultural tuvo como rasgo com煤n el abandono de la visi贸n mesi谩nica del Arte, aun la de aquellos representantes m谩s iconoclastas de las vanguardias de entre guerras. No es que el arte haya perdido ninguna de las funciones simb贸licas, heur铆sticas, formales, comunicativas que le han sido conferidas a lo largo de su historia: sino que, en esta reacci贸n cultural, ha dejado de estar sobreexigido en t茅rminos pol铆ticos. No promete ya el mejor ni el peor de los mundos. No es la tabla de salvaci贸n universal ante un mundo descolorido, enajenado y enajenante. Ya no es posible que se erija en patr贸n omnicomprensivo, por dem谩s elitista, de la salvaci贸n o la condena de la especie. Pero sigue estando ah铆, en los pelda帽os de la experiencia social sensible y la imaginaci贸n humanas, apegado a ellas y trascendi茅ndolas.

La dislocaci贸n espacial y temporal del arte actual, destacada por Paul Virilio,[15] la porosidad de la frontera entre objetos, gestos, modos y actitudes que se mueven entre el mundo emp铆rico cotidiano y el mundo del arte, ha potenciado la creencia acerca de la 茅poca postart铆stica y postest茅tica. 鈥淣o existen obras de arte 鈥搉os dice Jos茅 Luis Brea en El tercer umbral鈥. Existen un trabajo y unas pr谩cticas que podemos denominar art铆sticas. Tienen que ver con la producci贸n significante, afectiva y cultural, y juegan papeles espec铆ficos en relaci贸n a los sujetos de experiencia. Pero no tienen que ver con la producci贸n de objetos particulares, sino 煤nicamente con la impulsi贸n p煤blica de ciertos efectos circulatorios: efectos de significado, efectos simb贸licos, efectos intensivos, afectivos.鈥漑16]

鈥淐uando el consumo alcanza significado 鈥渟imb贸lico鈥 鈥揳naliza Alicia Pino鈥 y traspasa la necesidad de satisfacer alguna aspiraci贸n humana legitima, una vida con equidad y se convierte s贸lo en ansiedad de consumo, como tendencia (consumismo) estamos ante una nueva circunstancia, la cultura del consumo que debe ser entendida como conjunto de imaginarios, signos y s铆mbolos, mitos que est谩n determinados por las condiciones que la sociedad del mercado provee a trav茅s de sus diversos mecanismos de publicidad y promoci贸n.鈥[17] Para Jos茅 Luis Brea, en el llamado tercer umbral del 鈥渃apitalismo cultural鈥 la producci贸n y reproducci贸n de simbolicidad es el nuevo gran motor generador de riquezas. La megaindustria contempor谩nea de subjetividad y sus redes de distribuci贸n transnacional, han producido modos de sujeci贸n nunca antes vistos:

鈥淧ero las nuevas econom铆as propias de las sociedades red no solo afectan a los modos de producci贸n y consumo de los objetos que las pr谩cticas culturales generan y distribuyen (digamos: de los objetos inmateriales) en su seno, sino tambi茅n, y quiz谩s de manera a煤n m谩s decisiva, a los propios sujetos, a los modos en que en ellas se producen los efectos de subjetividad, de sujeci贸n. En medio de la crisis profunda de las Grandes M谩quinas tradicionales productoras de identidad, el conjunto de los dispositivos inductores de socialidad 鈥揻amilia, religi贸n, etnia, escuela, patria, tradiciones鈥︹, tienden cada vez m谩s a perder su papel en las sociedades occidentales avanzadas, declinando en su funci贸n. Sin duda, el espectacular aumento en la movilidad social, geogr谩fica, f铆sica; pero tambi茅n afectiva, cultural, de g茅nero e identidad, tanto como de estatus econ贸mico y profesional鈥 determina esa decadencia progresiva de m谩quinas en 煤ltima instancia territoriales.

Pero lo que sobre todo decide su actual debacle es la absorci贸n generalizada de esa funci贸n instituyente por parte de las industrias contempor谩neas del imaginario colectivo (a la saz贸n cargadas con unos potenciales de condicionamiento de los modos de vida poco menos que absolutos). Una industria expandida 鈥搈谩s bien una 鈥constelaci贸n de industrias鈥濃, en las que se funden las de la comunicaci贸n, el espect谩culo, el ocio y el entretenimiento cultural, y en t茅rminos a煤n m谩s generales, la totalidad de las industrias de la experiencia y la representaci贸n de la propia vida, que toma a su cargo la funci贸n contempor谩nea de producir al sujeto en los modos en que 茅ste se reconoce como un s铆 mismo en medio de sus semejantes, administrando en esa relaci贸n sus efectos de diferencia e identidad鈥.[18]

El impacto global de esas megaindustrias ha hecho de la enajenaci贸n medi谩tico cultural la norma de la vida contempor谩nea, generando tensiones insolubles: alta concentraci贸n de los medios como forma de dominio del capital sobre la sociedad, su conversi贸n en espacios de toma de decisiones pol铆ticas y de contrainsurgencia frente a las alternativas y las resistencias populares que pongan en peligro su hegemon铆a, su papel como puerta 鈥渆stetizada鈥 del mercado capitalista, antesala visual de la plusval铆a, paralizaci贸n del pensamiento cr铆tico a trav茅s de la velocidad de la imagen fragmentada y del simulacro virtual, hiperrealista de las televisoras.

Una cadena de eufemismos posmodernos se ha esforzado por diluir y estetizar la dureza creciente de las desigualdades. El campo econ贸mico y social del capital completa su fortaleza con su conversi贸n en capital simb贸lico. Mientras enfrent谩bamos su poder visible con las armas de la cr铆tica reflexivo-racional, sus tent谩culos estetizados contactaban con los subvalorados rincones del inconsciente social e individual de sus v铆ctimas, logrando incorporarlas, en no pocas ocasiones, al consenso de sus victimarios. Ello se hace patente especialmente en el lenguaje cotidiano que, a juicio de Jean Robert, se transforma hoy en subsistemas del sistema capitalista. Los h谩bitos ling眉铆sticos del sistema-mundo internalizan la l贸gica del capital. La actual jerga econ贸mica, pol铆tica, profesional, carcelaria nos hace hablar capitalismo. Para el investigador suizo-mexicano, se hace necesario confeccionar un Glosario del lenguaje capitalista para descapitalizar nuestras mentes y sentimientos.[19]

Postdata

Frente a la agresi贸n multifac茅tica del imperialismo el desaf铆o de la Revoluci贸n cubana se debe identificar con la ofensiva pol铆tica en todas las ,l铆neas en disputa y en lucha, el di谩logo intergeneracional respetuoso es el fundamento de la renovaci贸n constante de la hegemon铆a revolucionaria en las nuevas condiciones.[20]

Todos los espacios de di谩logo [21] que se abran y profundicen se deben convertir en oportunidades, tanto para desaprendizajes como nuevos aprendizajes, que enriquezcan el pensamiento pol铆tico y cultural, humanista que acompa帽a el proceso de actualizaci贸n.

En conclusi贸n, la mejor defensiva de la Revoluci贸n, sigue siendo la ofensiva audaz y creativa.

—-

Notas:

[1] Se conoce por golpe suave o blando a la estrategia pol铆tica dise帽ada por el polit贸logo estadounidense Gene Sharp, que propone hacer un uso contrarrevolucionario, contrainsurgente de la pol铆tica de la no violencia.

[2] En momentos en que se aplica la nueva estrategia para impulsar el desarrollo econ贸mico en las condiciones de pandemia, el Presidente D铆az-Canel hizo referencia a la necesidad de conversar, no solo con el sector estatal sino tambi茅n con el no estatal, para impedir la elevaci贸n arbitraria de precios a los productos en las actuales circunstancias.

[3] Mayra S谩nchez Medina, 鈥淟o est茅tico y lo art铆stico. Un acercamiento a la caracterizaci贸n de las relaciones est茅ticas鈥, Est茅tica. Enfoque Actuales, Editorial F茅lix Varela, 2005, p. 123.

[4] 脥bidem, p. 124.

[5] Mayra S谩nchez Medina, 鈥淟os impactos invisibles. La teor铆a de la Educaci贸n est茅tica hoy鈥, p. 168.

[6] Ib铆dem, p. 168.

[7] Mayra S谩nchez Medina: La estetizaci贸n del mundo actual y sus implicaciones est茅tico filos贸ficas, p. 176.

[8] Nos referimos espec铆ficamente al texto Prosaica. Introducci贸n a la Est茅tica de lo cotidiano.

[9] Mayra S谩nchez Medina, 鈥淟a estetizaci贸n difusa o la difusa estetizaci贸n del mundo actual鈥, pp. 244-245.

[10] Jos茅 Ram贸n Fabelo Corzo, Sobre el decretado 鈥榝in del arte鈥 de Danto, p. 3.

[11] Ib铆dem, p. 5.

[12] Ib铆dem, p. 7.

[13] Cf. Natividad Norma Medero Hern谩ndez: 鈥淎ctualidad en el arte.
An谩lisis epistemol贸gico鈥, Fondo Instituto de Filosof铆a, La Habana.

[14] Gerardo de la Fuente Lora: La Est茅tica en una 茅poca postart铆stica, p. 5.

[15] 鈥淗emos pasado de la dislocaci贸n espacial -en el arte abstracto y el cubismo- hasta la dislocaci贸n temporal que ahora est谩 en curso. Esto representa la virtualizaci贸n en su misma esencia: la virtualizaci贸n de las acciones 芦mientras suceden禄 y no simplemente de lo que ya fue, recordando la idea de Barthes. No es la virtualizaci贸n de la fotograf铆a, de la reproducci贸n o del cine; no se produce ya en tiempo diferido, sino en tiempo real鈥. Catherine David & Paul Virilio: Alles Fertig: Se acab贸 (una conversaci贸n), meca. p.1.

[16] Jos茅 Lu铆s Brea, Ob. Cit., p. 120.

[17] Alicia Pino Rodr铆guez: 鈥淟a cultura del consumo: problemas actuales鈥, p. 218.

[18] Jos茅 Lu铆s Brea, Ob. Cit., p.89.

[19] Cf. Jean Robert, Ponencia presentada en el Coloquio Internacional Planeta Tierra: Movimientos Antisist茅micos, convocado por el EZLN, San Crist贸bal de las Casas, M茅xico 13-17 diciembre, 2007, p.4 (meca).

[20] Resulta estrat茅gico tambi茅n continuar el di谩logo con todos las instituciones y colectividades religiosas para avanzar en la generaci贸n de valores 茅ticos y morales que identifican el accionar de los ciudadanos y ciudadanas en nuestro pa铆s. Asimismo es igualmente preciso el di谩logo con los grupos LGTBI, que son v铆ctimas de prejuicios y discriminaciones acendrados en la cultura patriarcal que a煤n se reproduce en nuestra sociedad.

[21] Resulta imprescindible tambi茅n impulsar los di谩logos con los representantes antianexionistas, patri贸ticos, de la emigraci贸n cubana en los EEUU y en los distintos pa铆ses donde existen como conglomerado social.

CALPU




Fuente: Lahaine.org