April 3, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
163 puntos de vista


Resulta obsceno que quienes hoy tienen continuamente en la boca la palabra Libertad se rebrinquen airados por la aprobaci贸n de la Ley de la Eutanasia, que es un indudable paso adelante en la conquista de las libertades. En nombre de la Libertad del individuo (e ignorando que esta palabra, desde la Revoluci贸n Francesa, no puede disociarse de las de Igualdad y Fraternidad) se arremete cada d铆a contra cualquier norma que fortalezca lo comunitario o lo p煤blico: desde los impuestos a pagar para que la educaci贸n, la salud y otros servicios puedan acoger a todos los ciudadanos, hasta las restricciones a la movilidad y a las aglomeraciones para no extender a煤n m谩s el Covid-19.

El individuo, para quienes hoy se llaman a s铆 mismo 鈥渓iberales鈥, es la 煤nica medida, principio y fin de todas las cosas. Hasta el punto de que afirman que es el ego铆smo individual y la lucha de cada individuo por superar a los otros, y no la cooperaci贸n, el motor del progreso. Los intereses colectivos no existir铆an o, a lo m谩s, ser铆an la resultante de la suma de intereses individuales. No hay otra identidad 鈥渧erdadera鈥 que la de cada ego y cada qui茅n debe ser empresario (o, como ahora se dice, emprendedor) de s铆 mismo; 煤nico responsable, pues, de su 茅xito o su fracaso. Es este el c贸digo neoliberal.

Tampoco, para estos 鈥渓iberales鈥, existen otros derechos que los individuales: las mujeres, los pueblos, las minor铆as 茅tnicas, los colectivos de no heterosexuales, etc. no ser铆an sujetos de derechos. Lo ser铆an solo los individuos, frente a la proclividad del Estado a restringir su libertad y a imponerles obligaciones. El Bien Com煤n no ser铆a otra cosa que la suma de intereses individuales. Y la Naturaleza no tiene otra realidad que la de ser el lugar de donde se obtienen recursos a explotar tambi茅n libremente. Porque, si los propios colectivos humanos no tienen derechos, 驴c贸mo va a tenerlos la Naturaleza, la Pacha Mama, la Madre Tierra?

La vaciedad de este relato individualista, supuestamente antropoc茅ntrico sin serlo, porque ignora que los humanos somos seres sociales y simb贸licos (culturales) y no solo homo economicus, se pone de manifiesto estos d铆as a prop贸sito del debate sobre la Ley de la Eutanasia. Son precisamente quienes agitan la bandera de la Libertad los que niegan el derecho a que cada persona con un padecimiento 鈥済rave, cr贸nico e imposibilitante鈥, que le cause 鈥渦n sufrimiento intolerable鈥, pueda ser libre para decidir decidir una muerte digna y en paz. Claman los obispos y sus organizaciones sat茅lites -esas que te贸logos como Juan Jos茅 Tamayo definen como cristoneofascistas-, berrea la prensa reaccionaria, denuncian los partidos de derecha y ultraderecha鈥 Absteni茅ndose, en este caso, de hablar de Libertad.

Se demuestra claramente que la supuesta defensa de la Libertad es pura t谩ctica para descalificar a cuantos plantean normas y garant铆as para que la ley de la selva no rija al cien por cien nuestras sociedades con la consiguiente dictadura de los m谩s poderosos. 驴Por qu茅 niegan la libertad de ejercer el derecho a morir dignamente cuando una persona se considere en una  situaci贸n tal que su vida no le merezca ya la consideraci贸n de humana?  Ning煤n ser humano ha elegido haber nacido. En eso somos como cualquier otro ser vivo. Pero somos seres vivos muy especiales. Estamos dotados de raz贸n, inteligencia, sentimientos y dignidad. Tenemos libre albedr铆o y conciencia. Con todo este bagaje, 驴carecemos del derecho a decidir sobre cu谩ndo nuestra vida ya no cabe vivirla dignamente? 驴Sobre cu谩ndo es ya insufrible, tanto f铆sica como ps铆quicamente, mantenerla? 驴Sobre cu谩ndo ya no ser铆amos nosotros mismos? Podr铆a haber argumentos m茅dicos y jur铆dicos para relativizar ese derecho, pero en el caso de la Ley reci茅n aprobada las condiciones para la eutanasia o suicidio asistido 鈥揺n realidad, muerte compasiva- son muy objetivables y deben ser ratificadas por m茅dicos y comit茅s.  La Ley es muy garantista (incluso quiz谩 en exceso).  驴A qu茅 viene, entonces, afirmar que equivale a la legalizaci贸n del homicidio, que contraviene el 鈥渘o matar谩s鈥 y que refleja una 鈥渃ultura de la muerte鈥?

El argumento de que bastar铆a con desarrollar adecuadamente los cuidados paliativos no se sostiene.  Y m谩s parece un argumento hip贸crita en labios de quienes han venido restringiendo, a帽o a a帽o, los presupuestos de sanidad. Ampl铆ense estos, y ded铆quese una parte importante a cuidados paliativos, claro que s铆. Es m谩s, los cuidados paliativos deber铆an ser autom谩ticamente aplicados a todas las personas, salvo declaraci贸n expresa de estas. Pero es un absurdo querer contraponer el derecho a los paliativos al derecho a la eutanasia. El primero refiere al sufrimiento, el segundo refiere tanto al sufrimiento como, sobre todo, a la dignidad. Es una opci贸n que debe ser reconocida como parte esencial de la soberan铆a de las personas sobre s铆 mismas. En virtud de esta soberan铆a, tenemos el derecho a decidir libremente si acogernos a los paliativos o quiere abandonar en paz y dignamente la vida.

Soy consciente de que el tema es delicado porque el suicidio ha sido, y contin煤a siendo, un tema tab煤 en nuestras sociedades. No se publican estad铆sticas al respecto, a煤n siendo una de las causas m谩s importantes de fallecimiento, superando a los causados por accidentes de tr谩fico y feminicidios. Tradicionalmente, se niega a los suicidas ser enterrados juntos a sus familiares. Era una forma de castigo, un estigma. Los suicidas han sido considerados malditos o, cuando menos, locos鈥 Hoy, crecientemente, la sociedad y sus valores est谩n pasando a ser otros, como demuestran los porcentajes de apoyo a la legalizaci贸n de la eutanasia que reflejan todas las encuestas en el Estado espa帽ol. La mayor铆a con que ha contado la ley en el Congreso es mucho mayor en la calle. Somos el s茅ptimo pa铆s del mundo en aprobar una Ley de estas caracter铆sticas.

Por qu茅 tantos se sienten ofendidos, e incluso agredidos, por el reconocimiento del derecho de la persona a decidir (en muy concretas circunstancias) sobre la finalizaci贸n de su propia vida? En realidad, el fondo de la cuesti贸n es el mismo que cuando se aprob贸, hace ya d茅cadas y tambi茅n con fuerte oposici贸n, la ley del divorcio. Esta tampoco era obligatoria sino un recurso para cuando la o las personas concernidas considerasen que no era posible mantener la relaci贸n matrimonial. (Y no me refiero ahora al tema del aborto porque este tiene otros elementos adicionales que lo hacen m谩s complejo, en especial el de cu谩ndo el feto responde ya a caracter铆sticas de vida humana viable y, por tanto, pudiera ser ya sujeto de derechos.) Pero que se opte por una muerte digna no deber铆a considerarse por nadie como un ataque a la vida ni a nada. Salvo que se afirme que nuestra vida no nos pertenece sino que pertenece a alguna fuerza o ente sagrado exterior, concretamente a Dios (en cuyo nombre quienes m谩s se rasgan las vestiduras tienen poder) o al Estado. Pues que digan esto con claridad y no enmascaren sus argumentos estrictamente religiosos bajo apariencia de argumentos 茅ticos o 鈥渘aturales鈥. Lo hacen as铆 porque de otro modo solo tendr铆an la audiencia del escaso 20% que hoy en Espa帽a se declaran cat贸licos practicantes. E incluso en estos, habr铆a importantes excepciones como las comunidades cristianas de base y otros colectivos que se definen seguidores del Jes煤s de Nazaret compasivo m谩s que del Dios tronante y terrible del Antiguo Testamento.

Es leg铆timo que por creencias religiosas o de otro tipo no se utilicen para uno mismo derechos y posibilidades que legalmente est谩n al alcance de todos (siempre que la decisi贸n no vaya contra el Bien Com煤n). Es leg铆timo, aunque quiz谩 poco razonable, que se acepte todo el sufrimiento que nos traigan enfermedades incurables, cr贸nicas o alienadoras. Y si algunos piensan que ese sufrimiento vale para algo (como certificado de buena conducta hacia otra vida o como expiaci贸n de culpas) pues habr铆a que respetar a quienes as铆 piensen aunque no lo compartamos. Pero lo que no tiene sentido y es una agresi贸n a los derechos colectivos es pretender que todos actuemos conforme a ese pensamiento y rehusemos al derecho a ejercer nuestra soberan铆a personal en lo que nos es m谩s b谩sico: nuestra propia vida. Porque esta no pertenece a nadie sino a cada uno de nosotros y tenemos por ello pleno derecho a decidir cu谩ndo ya nos es insoportable o percibimos el seguir 鈥渧iviendo鈥 como un sinsentido y una indignidad.

Partiendo de esto, y tambi茅n de la absoluta necesidad de desarrollar los cuidados paliativos, esgr铆manse dentro de las confesiones religiosas los argumentos que se desee para aconsejar a sus miembros el acogerse o no a este derecho. Plant茅ese la posibilidad de objeci贸n de conciencia por parte del personal sanitario que quiera acogerse a esta (siempre que no se presione abusivamente a estos en esa direcci贸n). Pero no se hagan trampas fabricando fantasmas donde no los hay como medio de preservar el poder de quienes lo poseen por dominar las conciencias. Y, sobre todo, no se insulte ni agreda en su dignidad a quienes quieran hacer uso del derecho a morir dignamente. Un poco de empat铆a, por favor. Y de compasi贸n, aunque esta combina muy mal con la soberbia.

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Fuente: Cgt-lkn.org