November 23, 2021
De parte de A Las Barricadas
259 puntos de vista


De las generaciones militantes

Where have all the flowers gone, long time passing?

Where have all the flowers gone, long time ago?

Pete Seeger

En el transcurso de los tiempos que nos ha tocado vivir, generaciones de j贸venes se han situado en el umbral del incesante conflicto entre los seres humanos, y algunos de ellos se han sentido llamados a dar voz a una de las partes del conflicto, a corregir algunos males, a remediar las iniquidades de la existencia de la mayor铆a, siguiendo la onda y el ritmo de las luchas.

Este tomar parte trajo consigo la generosidad de los a帽os de juventud y no pocas veces, para algunos, implic贸 todo el sentido de sus vidas, en algunos casos incluso con riesgo de sus propias vidas. La insurrecci贸n de las mentes y los cuerpos es siempre un momento feliz, un hechizo que tiene la apariencia de la eternidad, algo similar en este sentido al enamoramiento. Pero, antes o despu茅s, todas las generaciones han tenido que ajustar cuentas con el momento en que el encantamiento termina, con la derrota, con la persistencia de las iniquidades que cre铆an haber vencido. Y la normalidad, el curso ordinario de las cosas, ha retomado su curso habitual. Sin embargo, los momentos de la derrota son tambi茅n los momentos en los que uno est谩 de nuevo llamado a tomar decisiones. Es un llamado diferente al anterior. Si el primero posee la felicidad inconsciente de la inmediatez y la espontaneidad de los cuerpos en revuelta, el segundo est谩 impregnado de melancol铆a y reflexiones.

Es dif铆cil, en cualquier caso, evadirse. Cuando las palabras se desprenden de los hechos, cuando las palabras que se hab铆an dicho, escritas mil veces, nos suenan falsas en primer lugar a quienes las hab铆amos gritado entre el humo de los gases lacrim贸genos, y su sentido, entonces pleno, se convierte cada vez m谩s en ret贸rica vac铆a, entonces significa que hemos llegado a un punto de ruptura. Sucede al final de cada ciclo de luchas. Sucede en la crisis pol铆tica y existencial que siempre la acompa帽a. As铆 es como Hugo von Hofmannsthal, en la Viena de principios del siglo pasado, prefigurando el fin de un mundo al que hab铆a pertenecido, describi贸 esta p茅rdida del sentido de las palabras:

Entonces, en una especie de embriaguez constante, todo lo que existe se me apareci贸 como una gran unidad: el mundo espiritual y el f铆sico no me parec铆an yuxtapuestos, ni lo cort茅s y lo animal, ni el arte y el no-arte, la soledad y la compa帽铆a; en todo sent铆a la naturaleza, en los desv铆os de la locura como en los refinamientos extremos de una ceremonia espa帽ola; en la torpeza de los j贸venes campesinos, no menos que en las m谩s dulces alegor铆as; y en toda la naturaleza me sent铆a yo mismo [鈥 pero ahora he perdido toda facultad de pensar o hablar coherentemente sobre cualquier tema. Las palabras abstractas [鈥 se desprend铆an en mi boca como hongos enmohecidos [鈥. Todo se deshac铆a, y cada parte en otras partes, y nada pod铆a ser encauzado en un concepto. Una a una, las palabras flotaron a mi alrededor; se convirtieron en ojos, que me miraban fijamente y en los que yo, a su vez, ten铆a que fijar mi mirada. Son remolinos en los que me sumerjo con una sensaci贸n de v茅rtigo cuando los miro, arremolin谩ndose sin cesar y m谩s all谩 de los cuales uno cae en el vac铆o.

Al final de cada temporada de luchas, surgen alternativas individuales y colectivas para quienes las han vivido, debido a una necesidad urgente. Entonces se rompen 芦las cuerdas禄 que antes estaban tan apretadas. Los amigos rompen un v铆nculo que parec铆a durar para siempre. Los compa帽eros abandonan los lugares, las razones que hab铆an defendido con pasi贸n en un tiempo que parec铆a eterno y para muchos llega el momento de despedirse de las luchas, de los amigos, de la vida vivida hasta entonces. Esta partida, esta despedida, tiene diferentes modalidades. Hay un despedirse que no tiene retorno, que parte de la conciencia de que el mundo contra el que hemos combatido hasta ahora es m谩s fuerte que nosotros, que todas nuestras fuerzas no han sido suficientes para cambiarlo. Para algunos, por tanto, la despedida adquiere la apariencia de una vuelta a la 芦normalidad禄, justo de donde cre铆an que se hab铆an ido para siempre. Como en un vals, se vuelve al punto de partida. Cada uno retoma el lugar que el destino, el azar y los dioses le hab铆an asignado en el orden jer谩rquico que conforma el mundo. Algunos m谩s arriba en la escala social, otros m谩s abajo, algunos en un lugar suspendido, quiz谩s esperando algo que a煤n est谩 por llegar. Sin embargo, tambi茅n hay una despedida m谩s suave, casi desapercibida, silenciosa, que nace de la convicci贸n, que se hab铆a ido deslizando lentamente despu茅s de que se apagaran los 煤ltimos fuegos, de que este mundo puede librarse en una lucha agotadora e indefinida, en un tiempo largo, que nadie puede predecir. As铆 que quienes tienen buena voluntad, quienes a煤n escuchan el eco de un llamado original, comienzan a seguir un camino diferente, m谩s acorde con la 芦realidad禄. Reparar los males de este mundo se convierte en su compromiso, arreglar el mundo es su prioridad. A veces todo esto se manifiesta en el trabajo sindical (la defensa de los m谩s d茅biles), a veces en el compromiso pol铆tico (dar voz a los sin voz), a veces en el trabajo voluntario dentro y fuera de las instituciones, pero siempre con la concreci贸n y el realismo de quien ha abandonado por fin la borrachera so帽adora de los tiempos pasados. El camino parece m谩s f谩cil. Sin embargo, el riesgo, en este caso, es grande. Es el riesgo de confundirse cada vez m谩s con el mundo que se quer铆a combatir. Poco a poco, sin darse cuenta, uno se acostumbra. El realismo, bien mirado, no es m谩s que este h谩bito. Una forma sencilla de sobrevivir a las cosas. Simplemente, tal y como son. Al final de uno de sus relatos, Italo Calvino da una imagen definitiva: 芦aceptar el infierno y convertirse en parte de 茅l hasta dejar de verlo禄. La buena izquierda, vieja o nueva, encuentra aqu铆 sus antiguas razones, y no siempre son razones innobles.

驴O bien? O bien hay un 芦nosotros que queda, que sobra, que resta禄. Una irreductibilidad que no se apacigua, que reconecta la relaci贸n con una historia discontinua. Un llamado que atraviesa las generaciones insurrectas, en el rechazo al mundo, en consonancia con los 芦煤ltimos禄, en la conciencia de estar en este mundo pero no de ser de este mundo.

Tratemos de reconstruir este razonamiento en t茅rminos temporales. La inestabilidad del mundo viene dada siempre por la continua sucesi贸n de nuevas generaciones insurrectas. Descubrimos continuamente, con asombro y alegr铆a, que el mundo est谩 siempre lleno de sobresaltos y sacudidas.

芦The time is out of joint. O cursed spite. That ever I was born to set it right禄 (芦el tiempo est谩 fuera de quicio; oh, rencor maldito. Es por eso que nac铆 para enderezarlo禄) intentar谩 decir, como Hamlet, una nueva generaci贸n insurrecta que entra en la historia del mundo tras el fin de las revueltas de la d茅cada de 1970. Algunas de las palabras de aquellos viejos a帽os estaban realmente enmohecidas, un poco como las de Hofmannsthal, pero otras reviv铆an y algunas eran realmente nuevas. Justo donde parec铆a que todo hab铆a terminado, en el Occidente pacificado por el mercado, todo volv铆a a arrancar. En la d茅cada de 1990, a finales de siglo, las nuevas generaciones, a las que les importaba un bledo el 芦fin de la historia禄, el 芦fin de los grandes relatos禄, el 芦fin de las ideolog铆as禄, toda esa pacotilla posmoderna que nos hab铆amos tragado en la triste d茅cada de 1980.  El invierno hab铆a terminado. Y todo pareci贸 recuperar el impulso. La pr谩ctica de las luchas desminti贸 las teor铆as del enemigo. Incendios, destellos de un nuevo comienzo, nuevas figuras sociales surgieron en el nuevo terreno del conflicto. All谩, en el coraz贸n de las metr贸polis del capital, la revuelta de Los 脕ngeles marc贸 una etapa importante. A partir de ahora, los riots en las metr贸polis, en los centros del poder mundial, perturbar谩n el sue帽o de los poderosos. Al mismo tiempo, los ecos de la revoluci贸n zapatista llegaron desde la periferia del mundo de los ricos, en el continente americano, donde se hab铆an apagado los 煤ltimos fuegos guevaristas. Y los zapatistas nos ense帽aban, en las selvas de Chiapas, con las armas de la cr铆tica y la cr铆tica de las armas, a repensar el comunismo, m谩s all谩 de la tragedia del socialismo del siglo XX, a una revoluci贸n sin la toma del poder, a una revoluci贸n sin Estado. Ese 芦caminar preguntando禄 que prefiguraba una revuelta destituyente auroral.

La narrativa dominante nos hab铆a dicho que todo hab铆a acabado, que la historia hab铆a terminado, que el mundo hab铆a alcanzado la utop铆a concreta, la 煤nica posible. La utop铆a de la democracia de mercado. No era cierto. No puede ser cierto.

La revuelta de Seattle fue una negaci贸n pr谩ctica. A partir de entonces, tomar谩 forma un nuevo movimiento global, siempre 芦caminando preguntando禄. Y cuando la crisis del capitalismo se revel贸 en toda su violencia, se reabri贸 un ciclo de luchas y nuevas generaciones tomaron el relevo de la revoluci贸n. En una fren茅tica sucesi贸n de nuevas luchas y nuevas generaciones. Se encendieron nuevas fogatas y se produjeron nuevas revueltas. A veces, las generaciones m谩s j贸venes reavivaban una conspiraci贸n secreta con partes de las generaciones m谩s antiguas que hab铆an sobrevivido a las luchas, que se perdieron en el ocaso del siglo XX. Donde Mario Tronti nos cuenta hoy, con una bella y dolorosa imagen, el rojo del sol que parec铆a nacer se confund铆a con el rojo del sol del ocaso. Esa vieja generaci贸n que cuando se le pregunta 芦Do you remember revolution?禄 todav铆a respondi贸 芦we remember禄, a pesar del cansancio de haber vivido esa historia en parte derrotada. Entre la melancol铆a y el deseo de revuelta. Incluso en la l煤cida locura de un nuevo intento.

Desde Seattle, pasando por los d铆as de G茅nova y luego las revueltas en las banlieues parisinas y otros mil incendios, pasiones, luchas, han salpicado el inicio del milenio, con pr谩cticas cada vez menos reivindicativas, cada vez m谩s destituyentes. S贸lo el minucioso trabajo del antrop贸logo franc茅s Alain Bertho puede dar cuenta de manera aproximada de las revueltas que han atravesado nuestro tiempo. El 芦tiempo de las revueltas禄.

La represi贸n y la institucionalizaci贸n de los movimientos han sido las respuestas del enemigo a las pr谩cticas conflictivas que experimentaban nuevas formas de organizaci贸n, nuevas formas de estar juntos. Fuera, la represi贸n de los aparatos del Estado. Dentro, la institucionalizaci贸n de la Izquierda. En la crisis de 2007, una nueva generaci贸n se adentr贸 en las luchas sociales: en Italia, el movimiento de la Onda, la continuaci贸n de la lucha No-TAV en el Valle de Susa, las luchas por la vivienda, y mucho m谩s. Y a su alrededor se o铆an los ecos procedentes de la insurgencia en Grecia, en Espa帽a, en la Primavera 脕rabe. Un movimiento revolucionario, sin fronteras, parec铆a extenderse como un reguero de p贸lvora, ganando fuerza, conciencia, continuidad鈥 De nuevo, la represi贸n y la institucionalizaci贸n fueron las respuestas del enemigo. Respuestas habituales, respuestas contundentes, respuestas vencedoras. 驴Por qu茅? Aqu铆 est谩 el rompecabezas, aqu铆 est谩 el nudo a desenredar.

Dentro de esta fase, una nueva generaci贸n experiment贸, al mismo tiempo, la dulzura de la lucha y el dolor de la derrota. La fortaleza de una comunidad luchadora y su dispersi贸n en el desaliento y la melancol铆a. Stop and go. 脡sta es la historia que hemos vivido, 茅sta es la condici贸n que seguimos viviendo. El nosotros que queda ajusta cuentas con esta historia. Con los casos, los encuentros, los tropiezos, las intensidades vividas. Comprender todo esto, convertirlo en nuestro preciado tesoro, es quiz谩s la tarea que podemos darnos a nosotros mismos. Aqu铆, ahora, en la vida que vivimos, en las luchas que llevamos a cabo, entre la melancol铆a y un nuevo deseo de revuelta.

Como uno de nuestros malos maestros trat贸 de explicarnos hace tiempo:

Nunca es interesante c贸mo empieza o termina alguien. Lo interesante es el medio, lo que ocurre en el medio. Es el medio, lo que pasa en el medio. No es casualidad que la mayor velocidad est茅 en el medio. La gente suele so帽ar con empezar o volver a empezar de cero; y tambi茅n tiene miedo de d贸nde va a acabar, de d贸nde va a caer. Piensan en t茅rminos de futuro o de pasado, pero el pasado e incluso el futuro son historia. Lo que cuenta, en cambio, es el devenir: devenir-revolucionario, no el futuro o el pasado de la revoluci贸n. [鈥 Ahora bien, el medio no significa en absoluto estar en su tiempo, ser de su tiempo, ser hist贸rico, al contrario. Es lo que hace que los tiempos m谩s diferentes se comuniquen. No es lo hist贸rico ni lo eterno, sino lo intempestivo. (Deleuze)

El nosotros que queda

En el tiempo de ahora se ha producido un resto.

Pablo de Tarso

El resto (lo que queda, lo que sobra), me parece, es el problema al que nos enfrentamos, dicho de otro modo, es el problema de una enemistad ontol贸gica, que persiste, a pesar de todas las derrotas, hacia este mundo.

El nosotros que queda es la irreconciliabilidad que vive en los pliegues de un mundo aparentemente pacificado. Es la presencia espectral pero tangible de una desconexi贸n que adopta diferentes caras. El rostro de quien se siente excluido, por ser diferente, por ser pobre, por ser extranjero, por estar loco. La cara de quien siente que su vida no tiene sentido, porque el hogar, el trabajo, la familia, el consumo, se convierten cada d铆a m谩s en una pesadilla y menos en un placer. El rostro de esa 芦inmensa soledad禄 en un mundo dominado por la mercanc铆a, la producci贸n y el consumo, que hace que las relaciones, los afectos y el placer de la vida sean insignificantes y nos condena a todos, en mayor o menor medida, a la infelicidad.

El nosotros que queda es ese proceso al que Deleuze y Guattari se refieren como un devenir-minor铆a. No ser minoritarios. Devenir-minor铆a no es la complacencia machista de ser pocos pero buenos, ni la complacencia masoquista de los eternos perdedores, tan querida por la izquierda m谩s o menos radical. Uno deviene minor铆a en un proceso constructivo, en el gesto de escindirse del todo, del poder que nos une, que nos mantiene unidos, que nos une a la fuerza. La minor铆a no es, en este caso, una porci贸n num茅rica, sino el proceso de escisi贸n dentro y contra el poder. Es una prueba de fuerza. Es potencia en estado puro.

Las minor铆as y las mayor铆as no se distinguen por el n煤mero. Una minor铆a puede ser m谩s numerosa que una mayor铆a. Lo que define a la mayor铆a es un modelo al que hay que ajustarse: por ejemplo, el var贸n europeo adulto promedio que vive en las ciudades鈥 Mientras que una minor铆a no tiene modelo, es un devenir, un proceso. Se podr铆a decir que la mayor铆a no es nadie. Todos, en un aspecto u otro, est谩n atrapados en un devenir minoritario que les llevar铆a por caminos desconocidos si decidieran seguirlo. (Deleuze)

El nosotros que queda es la prefiguraci贸n de posibles encuentros entre las subjetividades espectrales que pueblan nuestro mundo, encuentros de soledades metropolitanas, creaci贸n de amistades conspirativas. Il Franti escribi贸 en un folleto hace unos meses:

En la aparente normalidad de nuestras metr贸polis, marcada por el ritmo mon贸tono del trabajo-consumo-trabajo, hay espectros que deambulan, a menudo de forma an贸nima, odiando el trabajo que tienen y el que no tienen, despreciando a sus superiores, robando en los supermercados, okupando, ausent谩ndose sistem谩ticamente y no tolerando la decoraci贸n de la ciudad. Los 煤ltimos de esta cohorte viven en la periferia de la metr贸poli, sin derechos, y pueden ser reconocidos porque su aspecto, su comportamiento, sus h谩bitos, el color de piel y la lengua revelan inmediatamente su condici贸n. Otros est谩n bien escondidos bajo la apariencia tranquilizadora del 芦buen ciudadano禄, el 芦buen trabajador禄, el estudiante. A menudo no se conocen, a veces forman peque帽os grupos, otras veces desconf铆an unos de otros, pero sin embargo existen, su comportamiento erosiona la seguridad del poder y, lo que es m谩s importante, llegan a prefigurar otro modo de vivir en la metr贸poli.

El nosotros que queda es la pr谩ctica del abandono, del 茅xodo, de la sustracci贸n. El vac铆o que nos libera del poder. Construir este vac铆o significa reconocer a los amigos. No s贸lo a los compa帽eros. Los compa帽eros son necesarios, intercambiar pan cuando se tiene hambre es necesario y bueno, responde a una necesidad. Pero cuando la necesidad cesa, las razones para estar juntos tambi茅n pueden terminar. La amistad es algo diferente, vive de deseos y no de necesidades.

Vivir es deseable, especialmente para los buenos, porque para ellos existir es bueno y dulce. Co-sintiendo experimentan dulzura por el bien en s铆 mismo, y lo que el hombre bueno siente por s铆 mismo, lo siente tambi茅n por su amigo: el amigo es, de hecho, otro s铆 mismo. Y as铆 como, para cada persona, el hecho mismo de existir es deseable, tambi茅n 鈥攐 casi鈥 lo es para el amigo. La existencia es deseable porque uno siente que es algo bueno y este sentimiento es en s铆 mismo dulce. Tambi茅n para el amigo hay que co-sentir que existe, y esto se consigue con la convivencia y con las acciones y pensamientos en com煤n. En este sentido se dice que los hombres conviven y no, como el ganado, que comparten el pasto. La amistad es, de hecho, una comunidad y, como lo es con respecto a uno mismo, tambi茅n lo es con respecto al amigo: y como, con respecto a uno mismo, el sentimiento de existir es deseable, tambi茅n lo ser谩 para el amigo. (Arist贸teles)

Encontrar la amistad es la pr谩ctica del resto. Es el problema de la organizaci贸n. Incluso se podr铆a decir que es el problema de la construcci贸n de nuestro partido (es decir, de la organizaci贸n de la parte, de nuestra parte) si la palabra no hubiera sido tan manchada y, por tanto, odiada por la mayor铆a. La metr贸poli est谩 llena de restos, de desconexiones, de conflictos silenciosos pero constantes. El problema es saber reconocerlos y darles vida. Para nosotros, la vieja cuesti贸n de la organizaci贸n s贸lo puede ser la organizaci贸n de la parte, el proceso de contaminaci贸n de los restos. La organizaci贸n no es un instrumento externo a la parte, no est谩 m谩s adelante, ni m谩s arriba, no es la parte m谩s consciente, sino que es el co谩gulo de la cosa misma y el proceso de 茅xodo organizado, haciendo vac铆o, procediendo por disyunciones y nuevas conexiones.

El nosotros que queda es el devenir pobres. No la complacencia pauper铆stica, sino la riqueza del ser en com煤n. Pobre es la potencia de lo com煤n (s贸lo una larga pr谩ctica del enemigo ha reducido al pobre a m铆sero, a un modo de existencia que es infeliz porque est谩 m谩s all谩 del trabajo y la mercanc铆a). Pobre es lo inapropiable contra la apropiaci贸n del mundo. Pobre es la alusi贸n a la vida-en-com煤n, contra la posesi贸n de las cosas, contra el nomos de la tierra. Al mundo como acumulaci贸n de mercanc铆as, el devenir-pobre contrapone la acumulaci贸n de afectos, la b煤squeda no de lo necesario sino de lo no necesario. Por eso debemos reapropiarnos esta palabra, por eso es necesario quit谩rsela de las manos al enemigo, que hace de la lucha contra la pobreza el instrumento de destrucci贸n de las formas comunitarias de existencia. Devenir-pobres es despedirse de los d铆as vac铆os e in煤tiles marcados por las dos divinidades de nuestro tiempo: el trabajo y el consumo; es la cr铆tica pr谩ctica al individuo propietario que hay en cada uno de nosotros; es el camino del abandono, el paso del tener al ser. 芦Quien se libera as铆 de s铆 mismo ser谩 verdaderamente devuelto a s铆 mismo禄 (Maestro Eckhart). En este sentido, pobre es una categor铆a potente, no tanto en el plano sociol贸gico como en el propiamente ontol贸gico. 芦Benditos sean los pobres鈥 Porque de ellos ser谩 el reino禄.

El nosotros que queda plantea el problema inmanente e imprescindible del comunismo. Antes y despu茅s de la historia del movimiento obrero. Antes y despu茅s de su tragedia del siglo XX. Un hilo rojo discontinuo que recorre la historia moderna, que quiz谩s recorre la historia de Occidente. O铆mos ecos lejanos de 茅l, quiz谩s muy lejanos. El grito de los campesinos alemanes en la 茅poca de Thomas M眉nzer no ha dejado de resonar en nuestros o铆dos: 芦Omnia sunt communia禄. Ecos lejanos que no han dejado de escucharse. El comunismo sigue siendo para nosotros lo que fue para Marx y Engels en sus momentos m谩s felices.

Para nosotros, el comunismo no es un estado de cosas que deba ser instaurado, un ideal al que deba ajustarse la realidad. Llamamos comunismo al movimiento real que abole el estado de cosas presente. (Marx-Engels)

La metr贸poli es el lugar de aparici贸n de un nosotros que queda

En la desolaci贸n de la metr贸poli, en su expansi贸n sin l铆mites, en su continuo destrozo, en sus inmensas soledades, podemos encontrar las razones de la potencia del nosotros que queda.

El nosotros que queda vive en la metr贸poli, sigue su ritmo, no es m谩s que una parte de la propia metr贸poli, no es un afuera, no es la parte consciente, no es la vanguardia, es s贸lo una parte que intenta escapar, de la forma que sea, de las garras de este mundo.

No nos dejemos enga帽ar por las apariencias. La metr贸poli pacificada, la metr贸poli que integra, la metr贸poli smart es s贸lo la apariencia visible que esconde otra metr贸poli oculta. La metr贸poli de las periferias, del trabajo precario, de los sin techo, del trabajo asalariado, de los emigrantes, de los pobres, un mundo fragmentado que vive de la luz reflejada, en el esfuerzo siempre decepcionado de integrarse, de confundirse, de imitar el mundo de los poderosos. Una masa informe de soledades que se extiende siempre entre la integraci贸n y el rechazo.

Dentro de la metr贸poli llamamos movimiento a la organizaci贸n colectiva de la escisi贸n, la separaci贸n y el abandono. Contra la integraci贸n de la periferia en el centro, contra el embellecimiento, contra la gentrificaci贸n, movimiento es la construcci贸n de un lugar del habitar, que vive de una vida totalmente diferente al trabajo y al consumo. Movimiento no es lo que estamos acostumbrados a llamar 芦movimiento禄, formado por peque帽as clases pol铆ticas pendencieras en busca de cierta visibilidad. Movimiento dentro de la metr贸poli es el proceso que divide la ciudad en dos. No es el derecho a la ciudad, no es la ciudadan铆a ampliada, sino que es la centralidad de lo inapropiable que est谩 m谩s all谩 de todo derecho.

Si el movimiento es el proceso que tiende a la separaci贸n de las dos ciudades, este movimiento se alimenta del conflicto, pero no termina ah铆. El conflicto sin las pr谩cticas del 茅xodo sigue enredado dentro de este mundo. La sociedad del capital vive de conflictos, hace del conflicto un elemento din谩mico. Un gran enemigo nuestro, el economista John Maynard Keynes, en medio de la crisis irresoluble del capitalismo, la crisis de 1929, comprendi贸 brillantemente que incluso la lucha de clases puede ser funcional para el capitalismo, puede transformarse en un motor interno del proceso de valorizaci贸n del capital. El conflicto es el momento de la necesidad, pero el 茅xodo es el momento de la libertad, de la autonom铆a infinita que no puede ser recuperada.

El conflicto tiene l铆mites que debemos ser capaces de reconocer al practicarlo. Cuando luchamos por un aumento salarial, seguimos dentro del mundo de las mercanc铆as, cuando luchamos por nuestros puestos de trabajo seguimos dentro de la relaci贸n laboral capitalista, cuando luchamos por defender la escuela p煤blica seguimos dentro de la cultura dominante y sus formas de transmisi贸n, cuando luchamos por la vivienda seguimos dentro del sistema patriarcal y familiarista.

El problema es c贸mo transformar el conflicto en un 茅xodo real, c贸mo la lucha en el trabajo puede transformarse en un rechazo al trabajo, c贸mo la lucha por el habitar puede construir formas de vida m谩s all谩 de la familia y el patriarcado, c贸mo la lucha en la escuela destruye la relaci贸n del saber con el poder.

Quiz谩s el l铆mite de nuestras luchas, de las luchas de los 煤ltimos a帽os, de sus derrotas, es que hemos insistido en el conflicto, pero hemos perdido de vista el 茅xodo, las pr谩cticas de autonom铆a, es decir, la construcci贸n de una comunidad. Sufrimos derrotas que hoy nos pesan y explican en parte nuestro repliegue, nuestra debilidad actual. 芦No vamos a pagar la crisis禄, gritamos en las calles. En realidad, la hemos pagado no s贸lo en t茅rminos pol铆ticos, sino sobre todo en t茅rminos existenciales.  La sociedad del capital ha estado a la altura de su crisis. El neoliberalismo ha dictado no s贸lo sus leyes econ贸micas sino tambi茅n las filos贸ficas. De ah铆 la crisis de las formas organizadas que el movimiento se hab铆a dado en los 煤ltimos veinte a帽os, de ah铆 el repliegue en fortalezas cada vez m谩s precarias, cada vez m谩s infiltradas por la cultura que quer铆amos combatir. Nos hemos convertido en gestores de discotecas, bares, lugares de ocio, peque帽os empresarios de nosotros mismos y luego, poco a poco, tambi茅n empresarios de otros.

Vivimos de amores desesperados

La esperanza es el peor de los males porque prolonga los tormentos de los hombres.

Nietzsche

El nosotros que queda vive de amores desesperados. La esperanza, ese viejo vicio malsano de la izquierda, nos ahoga, nos hace impotentes, no nos permite ver lo que es rico y bello a nuestro alrededor, nos hace ciegos al presente. La esperanza puebla el mundo de pasiones tristes. Sucede cuando amas a alguien que no quiere amarte, que no puede amarte. Entonces el riesgo es esperar que ese amor imposible se haga posible, pero en este caso la esperanza bloquea la vida, todo lo que nos rodea pierde valor, lo 煤nico importante, lo 煤nico, se convierte en la esperanza en un amor posible aplazado en un futuro indefinido. S贸lo la desesperaci贸n nos hace libres para mirar lo que nos rodea. S贸lo el amor desesperado abre la posibilidad del amor del presente. S贸lo ese amor podemos, debemos, practicar.

驴Dices que un d铆a ver谩s a Dios y su luz? Tonto, nunca lo ver谩s si no lo ves ahora. (Silesius)

Los amores desesperados viven siempre dentro de dos posibilidades: dejarse aniquilar, ver s贸lo esa negrura que ciega, que quita el sentido de la vida, o construir sobre los escombros perturbaciones, callejones, aberturas. Hacer de los escombros, como indicaba Walter Benjamin, nuestra riqueza. El nosotros que queda vive entre los escombros y la desesperaci贸n, pero puede construir caminos entre los escombros.

El car谩cter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes. [鈥 Y como los ve por todas partes, por eso tiene que despejar el camino por todas partes [鈥. Como ve caminos por todas partes, siempre se encuentra en una encrucijada. En ning煤n momento puede saber lo que traer谩 consigo el pr贸ximo. Hace ruinas lo existente, y no por las propias ruinas, sino por el camino que pasa a trav茅s de ellas. (W. Benjamin)

Tal vez nuestra condici贸n actual se parezca a la que Leopardi describi贸 en uno de sus m谩s bellos momentos l铆ricos: imagina a Col贸n navegando, en su primer viaje a tierras desconocidas, una noche discutiendo, con su amigo Guttierez, la incertidumbre de ese viaje y las razones de ese incierto andar:

Guttierez.鈥 De modo que, en esencia, colocaste tu vida, y la de tus compa帽eros, sobre la base de una simple opini贸n especulativa.

Col贸n.鈥 As铆 es: no puedo negarlo. Pero, dejando a un lado el hecho de que los hombres ponen siempre su vida en peligro sobre fundamentos m谩s d茅biles por mucho, y por cosas de la menor importancia, o incluso sin pensar en ello; considera un poco. Si en este momento t煤, y yo, y todos nuestros compa帽eros, no estuvi茅ramos en este barco, en medio de este mar, en esta soledad desconocida, en un estado tan incierto y azaroso como quieras; 驴en qu茅 otra condici贸n de vida nos encontrar铆amos? 驴En qu茅 nos ocupar铆amos? 驴De qu茅 manera pasar铆amos estos d铆as? 驴No ser铆amos m谩s felices, o no estar铆amos m谩s angustiados o preocupados, o llenos de aburrimiento? Qu茅 significa un estado libre de incertidumbres y de peligros [鈥. Cuando de esta navegaci贸n no se obtienen otros frutos, me parece que es muy provechosa para nosotros porque durante un tiempo nos mantiene libres del aburrimiento, nos hace la vida m谩s querida, nos hace valer muchas cosas que de otro modo no considerar铆amos.

Tal vez nuestra navegaci贸n (llam茅mosla movimiento, llam茅mosla autonom铆a infinita) pueda empezar de nuevo desde aqu铆, en esta inmersi贸n en el ser, en este mar que es, en definitiva, s贸lo nuestra vida y la b煤squeda de su dulzura.




Fuente: Alasbarricadas.org