December 17, 2020
De parte de La Haine
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El debate sobre el enorme poder de las empresas tecnol贸gicas en EEUU se mueve entre lo conservador en el plano pol铆tico y lo ortodoxo en materia econ贸mica

Ocurri贸 aquello que se esperaba desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La Comisi贸n Federal de Comercio de EEUU (FTC) y un grupo de fiscales de 48 de los 50 estados presentaron, el mi茅rcoles pasado, una demanda contra Facebook con la mente puesta en romper su imperio y, entre otras cosas, obligar a la empresa a desinvertir el dinero que desplaz贸 a Instagram (1.000 millones de d贸lares) y WhatsApp (22.000 millones). Por hacerse una idea, esto ser铆a equivalente a las ganancias trimestrales de la empresa o el dinero que Espa帽a tuvo que recortar en cuatro a帽os de austeridad. De acuerdo a los reguladores, el imperio digital que dirige Mark Zuckerberg lleva varios a帽os fraguando su 鈥渕onopolio鈥 en la industria de las redes sociales mediante conductas empresariales que atentan contra el libre ejercicio de la competencia. En un comunicado donde critica un nuevo cap铆tulo 鈥渞evisionista en la historia鈥, la firma tecnol贸gica sigui贸 el esquema tradicional y alert贸 de los 鈥渆fectos contrarios鈥 que dichas restricciones tendr谩n sobre los intereses de la comunidad empresarial y los usuarios de sus servicios.

El debate sobre c贸mo enfrentar el enorme poder de las empresas tecnol贸gicas que est谩 teniendo lugar en EEUU se encuentra dominado por una perspectiva que se mueve entre lo conservador en el plano pol铆tico y lo ortodoxo en materia econ贸mica.

De un lado, porque utiliza la situaci贸n de finales de la d茅cada de 1860, donde se discut铆a si se deber铆a fomentar una mayor competencia ferroviaria o, en cambio, si una regulaci贸n m谩s estricta, o incluso la nacionalizaci贸n, ofrecer铆an una mejor soluci贸n. De acuerdo a la primera visi贸n, el mundo no ha cambiado desde hace dos siglos y basta con replicar las antiguas pol铆ticas para regular las infraestructuras de trenes sobre las veloces autopistas de internet. Ambas posiciones est谩n obsoletas en la era actual. B谩sicamente, los carriles sobre los que se erig铆a el sistema de transporte de personas y mercanc铆as, guiado sobre una v铆a de hierro, son bastante diferentes a los mecanismos de intercambio presentes en las plataformas. El resultado natural de mirar a la realidad de esta forma es un pensamiento reaccionario, pues trata de adaptarse al desarrollo capitalista, y conservador, dado que s贸lo trata de proteger su caracter铆stica central: la libertad de los mercados, los derechos de propiedad individual sobre los datos y tambi茅n los derechos de los consumidores.

Esta es la postura que defendi贸 Ian Conner, director de la Oficina de Competencia de la FTC: 鈥淟as acciones de Facebook para afianzar y mantener su monopolio niegan a los consumidores los beneficios de la competencia. Nuestro objetivo es hacer retroceder la conducta anticompetitiva de Facebook y restaurar la competencia para que la innovaci贸n y la libre competencia puedan prosperar鈥. Tambi茅n es la perspectiva que ha seguido el Comit茅 de Defensa de la Competencia del Congreso en la audiencia antimonopolio que tuvo como protagonistas a los CEO de Apple, Amazon, Google y Facebook. Incluso, es la postura que defienden tanto Elizabeth Warren como buena parte de los liberales estadounidenses.

Por otro lado, estas posturas cometen errores anal铆ticos intr铆nsecos en las acusaciones vertidas tras la Gran Depresi贸n, por economistas como George Stigler o Milton Friedman sobre la influencia monopol铆stica que justificaron la intervenci贸n del gobierno, orientada a contrarrestar supuestas desviaciones de la competencia y regular el capitalismo. Esto es parte de la base de que 鈥渃ompetencia鈥 es sin贸nimo de 鈥渃ompetencia perfecta鈥 e idealiza por ello el funcionamiento del sistema. Seg煤n esta idea, dicha l贸gica s贸lo puede tener lugar dentro de una industria donde existe un gran n煤mero de empresas de escala muy reducida, costes de entrada similar y una curva de demanda horizontal. Supuestamente, estas empresas son pasivas con respecto a la elecci贸n del precio de sus servicios y la adopci贸n de la tecnolog铆a, es decir, ambos vienen 鈥渄ados鈥. Nada de esto es cierto.

A Facebook se le puede acusar de muchas cosas: de crear un ecosistema digital que obliga a los medios de comunicaci贸n a convertirse en proveedores de mercanc铆as de baja calidad en el mercado de la informaci贸n, de fomentar publicaciones que demonizan a la minor铆a rohingya o incluso de permitir espirales de contenido nativista. Ahora bien, no se puede decir que esta empresa sea un monopolio en s铆 mismo.

Una lectura atenta a los textos en teor铆a econ贸mica de Marx, algo que buena parte de la izquierda ha tomado sus ense帽anzas de los poco emp铆ricos an谩lisis de Lenin, indica que la competencia es una de las caracter铆sticas centrales en el funcionamiento capitalista. Hace casi 200 a帽os, el autor de El Capital escribi贸 que, a medida que avanzan las fuerzas productivas y se concentran los medios de producci贸n, la competencia entre los grandes capitales tambi茅n se intensifica. Por ejemplo, es cierto que Facebook ha tenido que competir con empresas dentro de EEUU para asegurarse el trozo de pastel (como Snapchat), de fuera (con Telef贸nica, quien escogi贸 la estrategia perdedora gastando dinero en empresas como Tuenti), y lo que es m谩s importante, con empresas chinas como Alibaba o Tik Tok. Esto quiere decir que la competencia es real.

Precisamente por este mismo hecho, buena parte de los analistas desconf铆an de que EEUU sea capaz de imponer l铆mite alguno a Facebook. En un momento en que las empresas chinas est谩n llevando a cabo una salvaje pol铆tica de internacionalizaci贸n, para capturar cada vez m谩s mercados, 驴a qui茅n en su sano juicio se le ocurrir铆a afrontar el auge de China rompiendo a uno de los gigantes estadounidenses m谩s importantes a la hora de mantener a los competidores fuera de territorio nacional? Tambi茅n est谩 el hecho de que, sin la influencia de las empresas tecnol贸gicas estadounidenses en el mercado de valores, y las inmensas ganancias que generan para sus accionistas gracias a dicha posici贸n burs谩til, ser铆a dif铆cil seguir manteniendo ret贸rica alguna sobre una recuperaci贸n econ贸mica significativa desde la crisis de 2007. No s贸lo en t茅rminos econ贸micos o geopol铆ticos, sino en materia de inteligencia, esta decisi贸n dificultar铆a a煤n m谩s la tarea del Departamento de Defensa de EEUU, cuyo objetivo principal es la vigilancia y el espionaje. Desde luego, ninguna de estas circunstancias fueron determinantes para llevar a cabo las pol铆ticas antimonopolio del siglo XXI.

Por eso, en esta telenovela pol铆tica yanqui, existen varias opciones posibles. La primera sigue siendo la m谩s probable y m谩s cuando es bien sabido que Facebook gast贸, en 2019, la cifra r茅cord en hacer lobby en Washington (17 millones de d贸lares): las cosas siguen su curso, los abogados de la firma hacen su trabajo y todo se queda en un reguero de multas a la europea, con ning煤n efecto real sobre las ganancias de la compa帽铆a. Por otro lado, todo este debate habr铆a permitido a Facebook diversificar su modelo de negocio, virando hacia otra fuente de ingresos mediante la oferta de servicios no orientados a la publicidad, sino financieros, como muestra la iniciativa de Libra (recientemente rebautizada como Diem); o directamente hacia el sector de servicios de inteligencia artificial con costes menores (ya que los datos y los usuarios ya est谩n disponibles), y por ende, m谩rgenes de ganancias mayores, una direcci贸n en la que avanza Portal, el nuevo dispositivo de videollamadas de Facebook lanzado durante la crisis, precisamente para competir contra Zoom, Google Meet o Microsoft Team.

Tambi茅n existe la opci贸n de que, finalmente, todas estas regulaciones lleguen a buen puerto, Facebook sea domesticado y existan tantos proveedores de redes sociales como aerol铆neas existen. No obstante, al margen de que ello debiera obligar a la administraci贸n a tomar medidas similares a la de obligar a Tik Tok a vender la propiedad de la empresa a una entidad estadounidense (Microsoft, otro supuesto monopolio, ha sido la primera en responder), esta aproximaci贸n hacia la realidad no solucionar铆a muchos de los problemas de la esfera p煤blica. 驴Qu茅 importa si existen cuatro o cinco redes sociales que operan en mercados libres si el problema principal es que el conocimiento se encuentra recluido bajo las leyes de la competencia? La cuesti贸n es que cuando la informaci贸n adquiera la forma mercantil, da igual cu谩ntos Facebook existan, porque los actores de la industria medi谩tica seguir谩n compitiendo mediante la puesta en circulaci贸n de informaci贸n mercantilizada para conseguir cotas mayores en dicho mercado.

Fuera de los discursos que tanto conservadores como progresistas han asumido como punto de encuentro, aquello que corroe el sistema no es el enorme poder de Facebook, sino el capital en s铆 mismo. Como he explicado en otro lugar, los argumentos que critican a las Big Tech y las enmarcan como meros monopolios solo sirven para reforzar el marco de la derecha de recomponer el sistema (seguramente, en l铆neas m谩s autoritarias). Cualquier posici贸n que trate de ofrecer una alternativa en el contexto digital actual deber谩 pensar en c贸mo trascender dicho sistema, no en adaptarse a 茅l. Tambi茅n es fundamental inspeccionar de manera sobria la manera en que los atributos tecnol贸gicos que ofrece esa nueva infraestructura llamada plataforma puede favorecer a otras posturas relevantes que la izquierda lleva tantos a帽os posponiendo.

Hablamos de la democratizaci贸n radical de los procesos pol铆ticos, la reducci贸n de las estructuras burocr谩ticas o sencillamente la planificaci贸n socialista de la econom铆a. No dejemos que un debate tan poco sofisticado e incrustado en posicionamientos neoliberales cancele nuestros imaginarios pol铆ticos socialistas.

La Tinta




Fuente: Lahaine.org