February 1, 2023
De parte de ANRed
1,967 puntos de vista

Jair Bolsonaro y Donald Trump | Foto: AFP.

La nueva derecha es muy diferente al fascismo cl谩sico, que irrumpi贸 en la primera mitad del siglo pasado frente a la amenaza de la revoluci贸n socialista, en un escenario de guerras interimperialistas. Ese peligro de una insurrecci贸n obrera contra la tiran铆a del capitalismo unific贸 a las clases dominantes, que defendieron brutalmente sus privilegios contra los trabajadores. El fascismo fue un instrumento inusual, en el marco de grandes acciones pol铆ticas de los asalariados e in茅ditas conflagraciones b茅licas entre las principales potencias (Riley, 2018). Por esa raz贸n incluy贸 modalidades ideol贸gicas extremas de absolutizaci贸n de la naci贸n y repudio del progreso, la modernidad o la ilustraci贸n. Ninguno de esos condicionamientos est谩 presente en la actualidad. En la segunda d茅cada del siglo XXI no se vislumbran amenazas bolcheviques, ni consiguientes exigencias de inmediata contrarrevoluci贸n. Han reaparecido las tensiones b茅licas, pero sin guerras generalizadas entre bloques competitivos. Las motivaciones que dieron lugar al fascismo cl谩sico no se observan en la coyuntura actual. Por Claudio Katz (Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA y miembro de Economistas de Izquierda-EDI).


MODALIDADES PASADAS Y CONTEMPOR脕NEAS

Es un frecuente error asemejar a la ultraderecha en boga con sus antecesores de la centuria pasada. M谩s que el fascismo en regla de esa 茅poca, hasta ahora despunta un proto-fascismo potencial, que tan s贸lo podr铆a devenir en la modalidad precedente si se generalizan los rasgos de ese modelo (Palheta, 2018).

Ese giro implicar铆a la masificaci贸n de la violencia, a trav茅s de milicias paramilitares an谩logas a las bandas pardas del pasado. La hostilidad contra las minor铆as se transformar铆a en matanzas, las advertencias contra los opositores devendr铆an en asesinatos y los discursos agresivos se transformar铆an en acciones salvajes. Ese rumbo es una posibilidad, que supondr铆a la conversi贸n de las formaciones actuales en fuerzas fascistas.

Ese pasaje tambi茅n implicar铆a la abolici贸n del status legal vigente, mediante un contundente incremento del autoritarismo estatal. Mientras las organizaciones de ultraderecha act煤en en el marco institucional, mantendr谩n a lo sumo un perfil neofascista a煤n alejado de la virulenta modalidad cl谩sica. Una reorganizaci贸n totalitaria exigir铆a, adem谩s, dr谩sticos cambios en los liderazgos y en los movimientos que sostienen el actual curso reaccionario.

Una din谩mica de fascistizaci贸n requerir铆a mayor sustento plebeyo, enemigos internos m谩s identificados y un lenguaje de violencia descarnada contra los opositores (Lou莽茫, 2018). Esa concreci贸n presupondr铆a la amputaci贸n total de la democracia (Davidson, 2010). El fascismo no es una mera dictadura, ni una simple gesti贸n autoritaria. Introduce un modelo pol铆tico signado por el uso met贸dico del garrote y la consiguiente conformaci贸n de un r茅gimen totalitario.

Esta caracterizaci贸n del fen贸meno centrada en el sistema pol铆tico es m谩s precisa, que la presentaci贸n gen茅rica del fascismo como una 茅poca o una ideolog铆a del capitalismo. Tambi茅n es m谩s acertada que su evaluaci贸n como una configuraci贸n contrapuesta al neoliberalismo. Estas dimensiones constituyen, a lo sumo, complementos del sistema pol铆tico que singulariza al fascismo.

Los liberales suelen rehuir esta caracterizaci贸n espec铆fica, presentando al fascismo como un discurso o un programa de vulneraci贸n de las normas republicanas. Con esa simplificada caracterizaci贸n descalifican a sus rivales denunciando fascistas por todas partes.

Esa magnificaci贸n ha sido muy corriente en Estados Unidos para justificar el alineamiento con el Partido Dem贸crata contra los Republicanos. Con esa mirada se rechaz贸 a Trump postulando la conveniencia de sostener a Biden (Fraser, 2019). El mismo multiuso del t茅rmino fascista sirve en otros pa铆ses para aprobar alianzas con el establishment burgu茅s. La batalla real contra el fascismo nunca transit贸 por esos carriles.

Pero tambi茅n es cierto que la ultraderecha actual incuba los g茅rmenes del fascismo. Por esa raz贸n no es sensato eludir el calificativo, argumentando la ausencia de los eslabones faltantes para completar ese status. Nunca est谩 dem谩s la denuncia frontal de las corrientes reaccionarias, que pueden empujar a la sociedad al monstruoso escenario del siglo XX. Los aditivos 鈥減os鈥, 鈥渘eo鈥 o 鈥減roto鈥 contribuyen a precisar el alcance o proximidad de ese peligro.

En la actualidad, la extrema derecha ya fija la agenda de muchos pa铆ses y gobiernos. Al relativizar (o naturalizar) ese avance se diluye su peligrosidad. La evoluci贸n de esos procesos sigue abierta y tiende a desembocar en din谩micas conservadoras tradicionales, pero no est谩 excluida una tormentosa renovaci贸n del viejo fascismo.

Conviene tomar distancia de las tesis que restringen el fascismo a un exclusivo drama de mitad del siglo pasado. Tampoco es correcto suponer que s贸lo irrumpir铆a como respuesta a un peligro revolucionario socialista. Ese virulento proceso es peri贸dicamente generado por el capitalismo, para contrarrestar el descontento que provoca la propia din谩mica inequitativa, empobrecedora y convulsiva de ese sistema.

Los sujetos sociales que protagonizan esa reacci贸n pueden mutar con los mismos par谩metros de sus v铆ctimas. La peque帽o-burgues铆a que confront贸 con el proletariado fabril durante Alemania nazi, no constituye un prototipo inamovible para cualquier 茅poca o pa铆s. El fascismo es un proceso pol铆tico que no sigue par谩metros inmutables. El registro de esa variabilidad es particularmente importante para evaluar su din谩mica en Am茅rica Latina.

PRESENCIA DIFERENCIADA EN LA PERIFERIA

El potencial desemboque fascista de la ultraderecha no es un peligro restringido a Estados Unidos o Europa. Constituye tambi茅n una amenaza para la periferia. Lo ocurrido en el mundo 谩rabe ofrece un indicio de ese desenlace. La gran revuelta democr谩tica que encarn贸 la Primavera de la d茅cada pasada fue sangrientamente aplastada por dictaduras y monarqu铆as, que contaron con el auxilio de formaciones fascistas.

Esas milicias desplegaron una acci贸n contrarrevolucionaria atroz. Utilizaron el estandarte religioso para consumar matanzas que aplastaron todas las expresiones de laicismo, tolerancia y convivencia democr谩tica. Esa feroz respuesta a un levantamiento juvenil que se expandi贸 por todo el Medio Oriente, confirm贸 que la sangr铆a con tintes fascistas es factible en cualquier rinc贸n del planeta. No requiere la preexistencia de un enemigo socialista o de un proletariado industrial organizado.

El mismo criterio se aplica a Latinoam茅rica. Tampoco en esta zona, el fascismo est谩 excluido por el car谩cter perif茅rico de la regi贸n. La vieja negaci贸n de esa posibilidad por la distancia econ贸mica-social que separa a la zona de los centros, se asienta en equivocados presupuestos. Considera que Hitler y Mussolini nunca tuvieron 茅mulos en el Tercer Mundo por el car谩cter intr铆nsecamente imperialistas de esa modalidad.

Pero se olvida que esa vertiente reaccionaria adopt贸 formas de fascismo dependiente, cuando las clases dominantes de la periferia afrontaron amenazas de envergadura a su dominaci贸n. La diferencia cronol贸gica entre ambos escenarios no modifica esas semejanzas. Los picos del fascismo en la periferia se registraron durante la guerra fr铆a y no en 1930-45.

Este desplazamiento de las respuestas regresivas virulentas fue congruente con la mutaci贸n geogr谩fica de las sublevaciones populares e incluy贸 masacres de la misma envergadura que las registradas en Europa. Basta recordar, por ejemplo, que el aplastamiento del comunismo en Indonesia se cobr贸 un mill贸n de muertos.

La magnitud de esas matanzas sigui贸 la pauta de los grandes genocidios de las 煤ltimas centurias. Esos aniquilamientos debutaron con la conquista del Nuevo Mundo, se consolidaron con la devastaci贸n de 脕frica y continuaron con los holocaustos victorianos de Asia, que terminaron rebotando sobre el propio territorio europeo.

Esa sucesi贸n de exterminios no alcanza igualmente para explicar el fen贸meno contempor谩neo del fascismo. Ese traum谩tico proceso obedeci贸 a circunstancias y confrontaciones pol铆ticas espec铆ficas, que los pensadores liberales nunca lograron comprender (Traverso, 2019).

Esa tradici贸n te贸rica malinterpret贸 especialmente lo ocurrido en Am茅rica Latina. Situ贸 en el casillero del fascismo a los movimientos nacionalistas o a los l铆deres populares en conflicto en las metr贸polis, como por ejemplo Per贸n. Utiliz贸 argumentos formales de semejanza discursiva y magnific贸 episodios diplom谩ticos menores, para reproducir las sesgadas denuncias estadounidenses contra los gobiernos que lidiaban con su dominaci贸n. Esa resistencia soberana nunca tuvo parentescos con el fascismo.

La proximidad del fascismo en la periferia estuvo presente en otro terreno. Irrumpi贸 en Am茅rica Latina con los reg铆menes contrarrevolucionarios que intentaron destruir los proyectos de la izquierda. Varios te贸ricos de la dependencia indagaron las peculiaridades de esa brutal reacci贸n (Martins, 2022).

El pinochetismo arremeti贸 en Chile apoyado en una base social antiobrera enceguecida por el fanatismo anticomunista. Pero al igual que Franco en Espa帽a o Salazar en Portugal, la dictadura transandina no forj贸 un sistema pol铆tico equiparable al esquema de Hitler o Mussolini.

Tambi茅n el uribismo apuntal贸 en Colombia un r茅gimen olig谩rquico, asentados al cabo de varias de d茅cadas en el met贸dico asesinato de militantes sociales. Pero nunca complet贸 la reconversi贸n totalitaria del r茅gimen pol铆tico que presupone el fascismo.

En la experiencia m谩s reciente de Bolsonaro ese fallido fue mayor y no logr贸 traducir la verborragia reaccionaria del alocado militar en un sistema fascista. El ex capit谩n consigui贸 cierto acompa帽amiento de sectores plebeyos, pero no la jefatura de todo el arco pol铆tico burgu茅s. Propici贸 el aumento de la violencia, sin lograr su generalizaci贸n y retrocedi贸 en los intentos de sustituir el sistema institucional por un poder totalitario. El ej茅rcito lo sostuvo, pero nunca accedi贸 a involucrarse en aventuras de mayor alcance. La desastrosa gesti贸n de la pandemia y la derrota que sufri贸 con la liberaci贸n de Lula, cerraron todos los resquicios para su conversi贸n en dictador.

El fascismo constituye igualmente un peligro en el actual escenario regional y es importante evitar la subestimaci贸n de esa posibilidad. La debilidad de la izquierda o un reflujo de las luchas obreras no diluyen esa eventualidad. La desconsideraci贸n de este horizonte adopta, a veces, la sofisticada modalidad de reemplazar el t茅rmino fascista por vagas alusiones al bonapartismo.

M谩s problem谩tica es la banalizaci贸n del fen贸meno, mediante su identificaci贸n con otro tipo de desventuras. El fascismo no es equivalente al extractivismo y menos a煤n a formas perdurables de la violencia machista. Conforma una modalidad de gesti贸n pol铆tica del Estado, para recomponer la dominaci贸n de la clase capitalista con m茅todos de extrema virulencia.

Es importante situar el problema en este plano, para encarar la batalla contra el fascismo con t谩cticas y estrategias amoldadas a cada pa铆s. En el universo gen茅rico de una desventura generada por el declive del capitalismo, la regresi贸n civilizatoria o el imperio de la irracionalidad, no hay forma de precisar pol铆ticas antifascistas oportunas y exitosas.

DISTINCIONES BASICAS Y ACERTADAS

La caracterizaci贸n de la ultraderecha actual como fascista compite con su identificaci贸n con el populismo, pero el uso de este t茅rmino resulta particularmente inconsistente en Am茅rica Latina. En esta regi贸n, las referencias al populismo estuvieron identificadas durante la segunda mitad del siglo XX, con los gobiernos que conced铆an mejoras sociales (L枚wy, 2019). El perfil que en Europa encarn贸 la socialdemocracia, qued贸 emparentado en el Nuevo Mundo con los reg铆menes que propiciaron mayor soberan铆a e incrementos del ingreso popular. Asemejar la ultraderecha actual con alguno de esos antecesores es un contrasentido may煤sculo.

Pero la principal confusi贸n que introduce esa identificaci贸n es la mezcla de liderazgos progresistas y reaccionarios, en la indistinta caratula del populismo. En Europa, ese combo encasilla en el mismo lugar a Melanchon con Meloni, a Crobyn con Len Pen y a Pablo Iglesias con Orban. En Am茅rica Latina, la misma ensalada ubica a Maduro junto a Bolsonaro, a Evo Morales con Kast y a D铆az Canel con Milei. Las falencias de esa mezcolanza saltan a la vista. La prensa liberal suele insistir en ese tipo de absurdas identificaciones y caprichosas amalgamas.

En lugar de reiterar esa inconducente mixtura, resulta m谩s correcto retomar el bar贸metro pol铆tico b谩sico que contrapone a la derecha con la izquierda, para definir la ubicaci贸n de cada fuerza. Los dos polos se distinguen con nitidez, sin ninguna necesidad de incorporar el aditamento de populista. Con ese orientador es muy visible que la izquierda radical es la principal antagonista de la ultraderecha. El concepto habitual de populismo anula esa distinci贸n, al suponer que ambos extremos han quedado disueltos en alguna modalidad de 鈥渙caso de las ideolog铆as鈥.

Las nociones de izquierda y derecha han sido acertadamente utilizadas desde hace siglos. Distinguen cursos afines a la igualdad social de rumbos favorables a los privilegios de los opresores. Con ese ordenador se puede captar cu谩les son los intereses sociales en juego en cada conflicto. Es muy f谩cil notar que Fidel Castro gestion贸 a la izquierda de Menem, pero es imposible determinar cu谩n populista fue la administraci贸n de cada uno.

La diferenciaci贸n pol铆tica de la izquierda con la derecha surgi贸 con la revoluci贸n francesa y perdura hasta la actualidad, porque subsiste el r茅gimen social que cimenta esa distinci贸n. Mientras continue el capitalismo habr谩 formaciones de izquierda y de derecha enfrentadas por la primac铆a de mejoras o regresiones sociales (Katz, 2008: 59-60).

La especificidad de la nueva derecha puede ser percibida con aditamentos tradicionales (ultra, extrema) o con complementos m谩s innovadores (2.0). Pero cualquiera sea la denominaci贸n elegida, lo esencial es subrayar su posicionamiento en el campo de la reacci贸n. El populismo es un t茅rmino que s贸lo a帽ade confusiones.

LA POLISEMIA DE UN CONCEPTO

El concepto de populismo ha sido adoptado con gran entusiasmo por muchos analistas que resaltan la impronta 鈥渁ntisist茅mica鈥 de esta corriente, su contraposici贸n con los pol铆ticos convencionales y su desconocimiento de la institucionalidad.

Pero ninguna de esas caracter铆sticas define a las corrientes que participan de la actual oleada reaccionaria. Sus conflictos con el sistema pol铆tico son datos secundarios, en comparaci贸n a su prop贸sito central de transformar el descontento actual, en un sistem谩tico hostigamiento a los desamparados. Ese objetivo regresivo de confrontar a la clase media (y parte de los asalariados) con los sectores m谩s desprotegidos, no tiene el menor parentesco con el populismo.

Los liberales utilizan el t茅rmino para descalificar cualquier postura cr铆tica del individualismo, el mercado o a la rep煤blica. Pero la nueva derecha no es ajena, ni enemiga de esos paradigmas. Simplemente ha ganado terreno con un discurso que objeta la tormentosa realidad contempor谩nea que apadrina el neoliberalismo. Tampoco se ubica fuera del r茅gimen institucional, cuando cuestiona con gran demagogia a los partidos pol铆ticos prevalecientes.

Los liberales equiparan a los derechistas con las fuerzas provenientes del polo opuesto de la izquierda. Estiman que el populismo amalgama ambas vertientes en una postura semejante. De esa forma presentan a dos conglomerados contrapuestos como si fueran complementarios. Disuelven la evaluaci贸n de los contenidos en disputa y enfatizan aspectos menores de estilo o ret贸rica. Por ese sendero anal铆tico, no existe la menor posibilidad de esclarecer alg煤n rasgo relevante de la nueva derecha.

Los medios de comunicaci贸n hegem贸nicos han generalizado esta mirada, que descalifica superficialmente al populismo para relegitimar al neoliberalismo. Con esa 贸ptica realzan la centralidad de un t茅rmino particularmente vago, que mezcla distintos sentidos hist贸ricos derivados de ra铆ces disimiles.

En su vieja acepci贸n estadounidense o rusa, el populismo alud铆a a proyectos de protagonismo popular o a exaltaciones del comportamiento sano y amistoso de las poblaciones rurales, que hab铆an sido maltratadas (y corrompidas) durante su conversi贸n en asalariados urbanos. El populismo reivindicaba esa pureza inicial y propon铆a recrearla como fuerza transformadora de la sociedad.

El discurso derechista actual recoge algunas facetas de esa a帽oranza, pero modifica su significado regenerativo, comunitario o amigable. Lo utiliza para desenvolver una contraposici贸n con las minor铆as hostilizadas. Suele exaltar a la clase obrera castigada por la globalizaci贸n y la desindustrializaci贸n, atribuyendo esa degradaci贸n a la presencia de los inmigrantes (Traverso, 2016). Ning煤n eco significativo de los viejos prop贸sitos de hermandad est谩 presente en la nueva acepci贸n ultraderechista.

La denigraci贸n liberal del populismo ha motivado tambi茅n una sim茅trica mirada elogiosa. Esta visi贸n defiende la validez de ese concepto, para representar a los sectores oprimidos de la sociedad. Resalta particularmente la consistencia de esa noci贸n en las naciones de fr谩gil estructura constitucional (Venezuela) o larga tradici贸n para institucional (Argentina). Tambi茅n reivindica el rol de sus l铆deres y justifica todas las variantes que observa de esa modalidad (Laclau, 2006). Este planteo pro populista es el reverso de la diatriba socio-liberal y no aporta pistas para esclarecer la impronta actual de la nueva derecha.

Para comprender el sentido de ese espacio hay que indagar las ra铆ces sociales de su acci贸n pol铆tica. La oleada reaccionaria actual es un proyecto de sectores de las clases dominantes, para reestablecer la corro铆da estabilidad del capitalismo. Pretenden lograr esa recomposici贸n generalizando las agresiones contra los sectores m谩s desprotegidos de la sociedad.

Esa atenci贸n al sustrato de clase de la ultraderecha queda diluida, en el ambiguo universo de las observaciones sobre el populismo que enaltecen sus defensores. Rechazan la evaluaci贸n de los intereses en juego, porque desconocen el rol protag贸nico de las clases sociales, ponderando la centralidad alternativa de una variedad indistinta de sujetos con identidades contingentes, que logran centralidad a trav茅s de sus discursos.

Con esta 贸ptica resulta imposible registrar cu谩les son los intereses sociales subyacentes, en las disputas de cada escenario pol铆tico. No hay forma de comprender porque irrumpe actualmente la ultraderecha y cu谩les son las fuerzas econ贸micas que sostienen su presencia. Esa 贸ptica indaga los discursos en s铆 mismos, sin ofrecer explicaciones de la forma en que se articulan con sus determinantes sociales. Por esas imprecisiones, no logran tampoco esclarecer el sentido de la ideolog铆a reaccionaria en boga (Anderson, 2015).

EXPERIENCIAS CONTRAPUESTAS

El an谩lisis de la ultraderecha debe enriquecer la lucha contra esa corriente. La evaluaci贸n de ese espacio apunta a conseguir la derrota o neutralizaci贸n de una fuerza, que atenta contra la democracia y las conquistas populares.

En Am茅rica Latina, la experiencia reciente evidencia resultados muy distintos, cuando prevalecen respuestas decididas o reacciones vacilantes. En el primer caso se ubica la batalla del gobierno venezolano contra el golpismo, que a un costo econ贸mico-social descomunal logr贸 doblegar las guarimbas de las bandas reaccionarias.

Una actitud del mismo tipo se perfila en Bolivia a partir de la detenci贸n de Camacho. En lugar de aceptar pasivamente las provocaciones de los grupos neofascistas, el gobierno tom贸 la ofensiva y emprendi贸 una osada operaci贸n para contener a un impiadoso enemigo. La derrota del fallido golpe en Brasil con detenciones de los involucrados, juicios a los responsables e investigaci贸n del financiamiento se inscribe en la misma direcci贸n.

Estas posturas contundentes han permitido frenar la andanada reaccionaria, en contraste con las actitudes conciliatorias, que facilitaron la escalada golpista contra Lugo en Paraguay o contra Dilma en Brasil. Castillo ha repetido esta misma conducta en Per煤, abriendo el camino para una sangrienta asonada c铆vico-militar.

Estas vacilaciones constituyen una seria advertencia, para los pa铆ses d贸nde la derecha tantea mort铆feras incursiones. Es el caso de Argentina, la consumaci贸n del fallido intento de asesinato de Cristina habr铆a generado consecuencias inimaginables.

Esa agresi贸n provoc贸 una gran reacci贸n democr谩tica de manifestaciones inmediatas. Pero el propio gobierno desalent贸 esa respuesta y promovi贸 tan s贸lo rechazos de ocasi贸n con figuras conservadoras. En la gran experiencia de batallas democr谩ticas de ese pa铆s, las posturas consecuentes son coronadas con esclarecimientos (Mariano Ferreyra, Kostecki-Santill谩n) y las actitudes de resignaci贸n desembocan en la impunidad (AMIA, Embajada de Israel y Rio Tercero).

Ya se han verificado muchos nexos de los fallidos asesinos de Cristina con organizaciones cuasi fascistas. Si predomina un camino de movilizaci贸n esas complicidades saldr谩n a la superficie. Pero si prevalece el curso opuesto, la derecha volver谩 a lucrar con la confusi贸n imperante (como ocurri贸 con el suicidio de Nisman).

Finalmente, la experiencia chilena ilustra c贸mo las vacilaciones del oficialismo facilitan la vertiginosa recomposici贸n de una derecha envalentonada. Luego de tres a帽os de sucesivas derrotas, esa fuerza logr贸 imponer el rechazo en las urnas al proyecto de reforma constitucional. Usufructu贸 del desconcierto, la inacci贸n y las capitulaciones del gobierno. Recompuso su presencia frente a un mandatario que desactiv贸 la protesta y desconoci贸 sus promesas electorales.

En Am茅rica Latina ya se han observado, por lo tanto, varias experiencias exitosas y fracasadas de confrontaci贸n con la ultraderecha. Ese sector reaccionario reci茅n despunta y la prioridad es aplastarlo antes de que pueda asentar su pr茅dica (Colussi, 2022).

La autoridad de la izquierda depende de su capacidad para demostrar firmeza, frente a un enemigo decidido a arrasar con las mejoras sociales. La experiencia reciente de Europa ilustra los efectos autodestructivos de rehuir la batalla mirando para otro lado (Febbro, 2022)

El principal terreno de esa lucha es la movilizaci贸n callejera contra un enemigo que tambi茅n act煤a en ese terreno. La ingenua creencia que ese 谩mbito pertenece a la izquierda ha quedado definitivamente refutada por la activa presencia de sus adversarios en marchas y manifestaciones.

En algunos casos esa intervenci贸n precedi贸 a la pandemia (Brasil) y en otros gan贸 intensidad con la irrupci贸n de los negacionistas (Argentina). El protagonismo de esas formaciones ha crecido en la confrontaci贸n con los gobiernos progresistas (Bolivia, M茅xico) y en el rechazo de las revueltas populares (Chile, Colombia, Per煤).

Esta disputa por la preeminencia callejera obliga a evaluar con mucho cuidado el sentido progresivo o regresivo de las movilizaciones que abundan en la regi贸n. Las convocatorias con banderas expl铆citamente socialistas o derechistas son tan poco corrientes, como los actos con perfiles pol铆ticos acabados. Caracterizar el contenido de cada evento es vital para distinguir las acciones progresistas de su ant铆tesis reaccionaria.

No hay ninguna receta para acertar en esa evaluaci贸n, ni siquiera constatando la composici贸n social de los participantes de cada mitin. El bar贸metro de la izquierda y la derecha aporta el instrumento b谩sico para extraer alguna conclusi贸n. No alcanza con registrar la legitimidad de las demandas en juego. Hay que observar tambi茅n qui茅n las motoriza. La derecha suele incentivar la irritaci贸n popular contra los gobiernos progresistas, mientras repudia cualquier lucha por las mismas aspiraciones, cuando prevalece una administraci贸n conservadora.

Pero tambi茅n es cierto que muchos gobiernos de origen popular recurren al fantasma de la conspiraci贸n derechista, para justificar pol铆ticas contrarias a los trabajadores. Ese tipo de disyuntivas no puede zanjarse con un manual y cada caso exige una evaluaci贸n concreta, partiendo de una caracterizaci贸n del progresismo actual. Abordaremos esa evaluaci贸n en nuestro pr贸ximo texto.

26-1-2023

RESUMEN

El peligro revolucionario y las guerras interimperiales que determinaron el fascismo cl谩sico no est谩n presentes en la actualidad. La ultraderecha converge con din谩micas conservadoras tradicionales, pero el capitalismo tiende a recrear modalidades de gran violencia y totalitarismo.

En Am茅rica Latina la sombra del fascismo no emergi贸 con lideres nacionalistas, sino con acciones contrarrevolucionarias para aplastar a la izquierda. Persiste como una carta de los poderosos contra las sublevaciones populares.

El populismo no es un concepto esclarecedor de la oleada derechista. Coloca en un mismo casillero a los exponentes y oponentes de ese proceso, disuelve su contraposici贸n con la izquierda y oscurece los intereses de juego. La batalla en curso se libra en las calles y en las urnas, evitando las vacilaciones que envalentonan a un peligroso enemigo.

[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz


REFERENCIAS  

Riley, Dylan (2018). 驴Qu茅 es Trump? New Left Review 114 enero 鈥 febrero 2018.

Palheta, Ugo (2018). Nuestro tiempo no es inmune al c谩ncer fascista鈥, kritica20 diciembre, 2018, https://kritica.info/nuestro-tiempo-no-es-inmune-al-cancer-fascista/

Lou莽茫, Francisco (2018) El populismo fascista no ha hecho m谩s que empezar. 24/10/2018 https://vientosur.info/spip.php?article14282

Davidson, Neil (2010), 鈥淔rom deflected permanente revolution to the law of uneven and combined development鈥, International Socialist, n 128, autumn 2010

Fraser, Nancy (2019). 驴Podemos entender el populismo sin llamarlo fascista?, 11-4-2019 http://www.sinpermiso.info/textos

Traverso, Enzo (2019). Interpretar la era de la violencia global Viento Sur, 23-04-2019

Martins, Carlos Eduardo (2022) O ressurgimento do fascismo no mundo contempor芒neo: hist贸ria, conceito e prospective, Intell猫ctus, Ano XXI, n.2, 2022. DOI: 10.12957/intellectus.2022.71657

L枚wy, Michael (2019). La extrema derecha: Un fen贸meno global, 19-1 2019 http://www.resumenlatinoamericano.org

Katz, Claudio (2008) Las disyuntivas de la izquierda en Am茅rica Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires.

Traverso, Enzo (2016) Espectros del fascismo. Pensar las derechas radicales en el siglo XXI, 2016 https://www.herramienta.com.ar/articulo.php?id=2555

Laclau Ernesto (2006). 鈥淟a deriva populista y la centroizquierda latinoamericana鈥. Nueva Sociedad, n 205, septiembre-octubre 2006, Buenos Aires.

Anderson, Perry (2015). Los herederos de Gramsci New Left Review 100 sep-oct 2015

Colussi, Marcelo (2022). Latinoam茅rica y las nuevas izquierdas https://rebelion.org/latinoamerica-y-las-nuevas-izquierdas/

Febbro, Eduardo (2022). El dilema de la izquierda https://www.pagina12.com.ar/501899-francia-el-dilema-de-la-izquierda





Fuente: Anred.org