June 13, 2021
De parte de Paco Salud
352 puntos de vista



Ferm铆n Salvochea solo hay uno, los
dem谩s son imitaciones

I       El paisaje y el medio

隆C谩diz! Evoca este nombre m煤ltiples
recuerdos hist贸ricos porque son contados los lugares del mundo que han tenido
un pasado tan rom谩ntico y grandioso como la vetusta ciudad andaluza a orillas
del Alt谩ntico. Fue fundada por los antiguos fenicios, vinieron luego los
cartagineses y despu茅s los romanos.

Ella ha presenciado las luchas
sangrientas entre cristianos y mahometanos y ha reunido en s铆 la civilizaci贸n
europea y la cultura del Oriente. En sus edificios vivieron sabios 谩rabes,
escol谩sticos jud铆os y monjes cristianos, influyendo sobre el estado mental de
sus habitantes.

Cuando los 谩rabes fueron expulsados de
Andaluc铆a por los soldados de Fernando el Cat贸lico, llegaron los cruzados
ingleses y descansaron en C谩diz antes de seguir viaje para conquistar el Sagrado
Sepulcro en la Tierra Santa. Despu茅s del descubrimiento de Am茅rica, C谩diz se
convirti贸 en una de las ciudades m谩s ricas de Europa y la arquitectura
maravillosa de sus edificios nos refiere hoy todav铆a la historia de ese per铆odo
magn铆fico.

隆Y cu谩ntas luchas, cu谩ntas
sublevaciones y revueltas ha presenciado esa ciudad! Centenares de veces se han
alzado sus moradores en defensa de la libertad, demostrando as铆 la exactitud
del dicho espa帽ol: “La tierra andaluza es la tierra de la libertad”.
C谩diz y Barcelona han sido siempre los dos focos de la vida revolucionaria en
Espa帽a y son tambi茅n actualmente los centros principales del movimiento
anarquista de ese pa铆s.

Es C谩diz una ciudad admirable, una de
las m谩s hermosas del mundo. Rocas inmensas caen sobre el mar profundo y encima
de ellas se levantan peque帽as casas n铆veas con diminutas torrecillas que se
reflejan en las olas azules.

II      El hombre

En una de esas casas blancas, bien
arriba, en una buhardilla, viv铆a un anciano. La instalaci贸n de la pieza era pobre,
demasiado pobre: una cama, una mesita, una silla, algunos viejos peri贸dicos y
libros era todo lo que pose铆a el anciano. Pero quien arrojaba una mirada a
trav茅s de la peque帽a ventana notaba inmediatamente que el anciano era m谩s rico
de lo que parec铆a; afuera se extend铆a el oc茅ano azul, un panorama maravilloso:
cielo y agua y las blancas velas de las embarcaciones que se mec铆an sobre las
ondas juguetonas. Por el mar, precisamente, viv铆a el anciano en esa casita,
porque amaba el oc茅ano, las olas ruidosas y la lejan铆a infinita. Todas las
ma帽anas, al levantarse de su lecho, su primera mirada ca铆a sobre el mar y de
noche, antes de acostarse, sus ojos semicegados volv铆an a buscar las olas
enfurecidas, como si quisiese encargarles alguna misi贸n. Porque ese anciano era
un profeta, uno de los contados hombres que estuvieron en la monta帽a sagrada,
vislumbrando desde all铆 el pa铆s de nuestros hijos. Y por eso su alma era tan
honda, tan tranquila y augusta, igual que el mar en un hermoso d铆a de verano.

Y cuando llegaba la primavera y el mar
comenzaba a rugir y a hervir, cuando las olas salvajes se levantaban cual
monta帽as gigantescas besando a las nubes, el anciano so帽aba en la gran tormenta
de los pueblos, cuando los pobres y los humildes, los bastardos de la sociedad,
se levantaran con las armas en las manos para romper las cadenas de la tiran铆a
milenaria.

Era el 28 de septiembre de 1907. En la
habitaci贸n de anciano reinaba la tranquilidad absoluta porque en la cama yac铆a
un muerto. Hab铆a fallecido inesperadamente, sin haber estado enfermo, sin
sufrir.

Pero mirad lo que ocurri贸 afuera. Con
la velocidad del rayo difundi贸se la noticia de la muerte del anciano. Y en toda
C谩diz, en Andaluc铆a entera, en toda Espa帽a s贸lo se hablaba de 茅l. “隆Ha
muerto!” Por doquier se o铆an estas dos palabras que encarnaban el hondo
dolor de un pueblo. Cada cual sent铆a la p茅rdida; en las minas, en los campos,
en las escuelas y en las universidades, en todas partes la noticia produjo la
impresi贸n de una pesadilla que cuesta creer al principio, pero que finalmente
es necesario reconocer.

驴Cu谩ndo se ha visto en Espa帽a tantas
l谩grimas, tanto dolor, tanta tristeza sincera, tanto amor y fidelidad cari帽osa?
隆Qu茅 no dar铆an nuestros reyes si pudiesen adquirir aunque fuera la d茅cima parte
de esa popularidad! Atravesando Espa帽a, en todas sus ciudades y aldeas se
encontrar铆an millares y millares de personas que ignoraban los nombres de los
ministros de entonces, pero no habr铆a uno solo que no supiese el nombre de
aquel anciano, Ferm铆n Salvochea. Este nombre encarnaba una idea, un programa,
un mundo de esperanzas, de anhelos y necesidades.

隆Ferm铆n Salvochea! En los palacios se
pronunciaba este nombre con labios tr茅mulos, pero en la casilla de los pobres y
de los explotados resonaba como una declaraci贸n de guerra a la sociedad
capitalista, como la promesa de un porvenir mejor. Existen pocos hombres que
hayan conquistado tanto amor y tanta simpat铆a entre las grandes multitudes de
un pueblo como Ferm铆n Salvochea y son menos todav铆a los que han merecido ese
amor con tanto derecho como el gran rebelde espa帽ol. Salvochea ha sido uno de
los caracteres m谩s puros e idealistas en la historia del movimiento
revolucionario, grande por sus ideas, grande por sus acciones, un hombre que
encarnaba el apasionamiento revolucionario y el valor heroico de un Blanqui y
el amor indescriptible y la consagraci贸n de Louise Michel. La poderosa
personalidad de este hombre admirable hasta lleg贸 a suscitar la estima y el
respeto de sus adversarios m谩s empedernidos y siempre que se pronunciaba su
nombre, el de Ferm铆n Salvochea, no hab铆a lugar para los aspectos bajos y
peque帽os de la vida.

La biograf铆a del gran anarquista
espa帽ol produce la impresi贸n de una novela fant谩stica y recuerda la vida
tormentosa de Mija铆l Bakunin. Salvochea tuvo una participaci贸n activa en el
movimiento revolucionario de Espa帽a en los 煤ltimos cincuenta a帽os y su nombre
est谩 estrechamente unido a los acontecimientos revolucionarios m谩s
significativos de ese per铆odo. Los que conocen la historia de ese movimiento en
Espa帽a saben cu谩n fecundo es en rasgos grandiosos y heroicos y cu谩ntos son los
que sacrificaron sus bienes y su sangre por sus convicciones libertarias, por
sus ideales revolucionarios; y en esa serie hist贸rica de luchadores valerosos
el nombre de Ferm铆n Salvochea es uno de los m谩s brillantes, un nombre para las
generaciones venideras, un nombre que no ser谩 olvidado jam谩s.

III       Antecedentes – La familia – Su juventud
-Londres – Soci贸logos e internacionalistas

Ferm铆n Salvochea y 脕lvarez naci贸 en
C谩diz el d铆a primero de marzo de 1842. Su padre era un comerciante de fortuna,
heredero de una de esas familias de negociantes que tan importante papel han
desempe帽ado en la vieja ciudad mercantil. Claro est谩 que Ferm铆n recibi贸 una
educaci贸n cuidadosa. Su padre, siguiendo una arraigada tradici贸n de familia,
ten铆a la intenci贸n de hacer de 茅l un h谩bil comerciante a fin de poder
entregarle m谩s adelante sus negocios.

La primera juventud de Ferm铆n fue
pac铆fica y dichosa en todo sentido. Se distingu铆a por su inteligencia extraordinaria
y por las cualidades valerosas y caballerescas de su car谩cter, que dejaba
entrever desde su infancia. Su madre, mujer admirable, le refer铆a en su ni帽ez
las leyendas y tradiciones de la ciudad de C谩diz, tan ricas y fant谩sticas como
un cap铆tulo de Las mil y una noches y el peque帽o Ferm铆n la escuchaba leyendo
las palabras en sus labios. Esas historias rom谩nticas ejercieron profunda
influencia sobre el muchacho y a menudo recordaba, en medio de su vida
tormentosa, aquellas horas felices.

Al cumplir los quince a帽os su padre lo
envi贸 a Inglaterra para que perfeccionase sus conocimientos del idioma ingl茅s y
continuara sus estudios comerciales. Fue este el primer acontecimiento
importante en la vida de Salvochea. En Inglaterra descubri贸se ante 茅l un nuevo
mundo. El car谩cter severo y puritano de la vida brit谩nica con sus formas
r铆gidas y convencionales y sus impresiones prosaicas, produjeron una influencia
profunda en el joven. La diferencia era demasiado notoria: el hermoso cielo
azul de Andaluc铆a, C谩diz con sus blancas casas, sus palmeras y sus habitantes
rebosantes de temperamento y de pronto Londres con su neblina, sus edificios
negros, el humo de las chimeneas, las calles fr铆as e inhospitalarias. Al
principio Salvochea se sent铆a como un prisionero en el nuevo ambiente, pero su
car谩cter en茅rgico venci贸 r谩pidamente el primer influjo desagradable de
Inglaterra. Se dedic贸 a estudiar a los hombres y descubri贸 que el ingl茅s seco y
fr铆o posee al mismo tiempo un instinto de independencia individual notablemente
desarrollado y un sentimiento de libertad personal que es raro encontrar en
otros pa铆ses.

Los cinco a帽os que Ferm铆n pas贸 en
Londres y en Liverpool fueron para 茅l un per铆odo de gran desarrollo
intelectual. Dedic贸 todos sus momentos libres al estudio de la literatura
radical inglesa. Primero fueron los trabajos de Thomas Paine los que produjeron
una influencia poderosa sobre 茅l; m谩s tarde estuvo en contacto personal con
Charles Bredlow y sus amigos. La propaganda ate铆sta en Inglaterra tropezaba con
grandes dificultades en esa 茅poca, pero Bredlow y sus compa帽eros luchaban con
la mayor energ铆a en favor de sus convicciones, tratando de destruir el concepto
medieval del te铆smo que impera aun hoy d铆a en vastos c铆rculos de la sociedad
inglesa.

El joven Salvochea acogi贸 con
entusiasmo la nueva doctrina y se convirti贸 en ateo. Para el espa帽ol el ate铆smo
desempe帽a, en general, un papel m谩s importante que en las dem谩s naciones. Es la
condici贸n primordial de todo movimiento libertario, el primer paso de todo
libre progreso individual. Espa帽a es el pa铆s cl谩sico del clericalismo cat贸lico,
el pa铆s de la Inquisici贸n, que ha sido casi totalmente arruinado por el dominio
oscurantista de la Iglesia. He ah铆 la raz贸n por qu茅 Salvochea ha sido toda su
vida un propagandista radical e incansable del ate铆smo.

Pero Salvochea conoci贸 en Inglaterra
otro ideal, que ejerci贸 una gran influencia sobre su actuaci贸n posterior.
Cuando lleg贸 a Londres, viv铆a a煤n Robert Owen, el c茅lebre comunista ingl茅s. Sus
ideas no s贸lo influ铆an poderosamente sobre la clase obrera brit谩nica, sino
tambi茅n sobre los elementos idealistas de la peque帽a burgues铆a inglesa.
Salvochea estudi贸 las obras de Owen y de otros escritores comunistas. Los
hechos sociales aparecieron de pronto a sus ojos bajo otra faz; prod煤jose una
revoluci贸n en su mentalidad y poco a poco empez贸 a comprender todo el
significado del gran problema social. La brillante cr铆tica de la propiedad
privada formulada por Owen descubri贸 repentinamente ante 茅l todos los males
sociales y al propio tiempo desarrollose en 茅l el grandioso ideal de la
igualdad social y econ贸mica, como el 煤nico capaz de crear una vida arm贸nica en
la sociedad humana. Salvochea se hizo comunista y sigui贸 si茅ndolo hasta el
煤ltimo d铆a de su vida. Muchos a帽os m谩s tarde, en una ocasi贸n especial, 茅l mismo
analiz贸 su evoluci贸n revolucionaria recordando su “per铆odo ingl茅s”
con estas palabras caracter铆sticas:

“Ciertos libros ejercen en
determinados momentos una inf1uencia poderosa sobre el desarrollo de un hombre:
Se sabe que el primer libro que ley贸 Ravachol fue la novela El jud铆o errante de
Eugenio Sue. La influencia de este libro no se extingui贸 jam谩s en 茅l, seg煤n su
propia declaraci贸n. Lo mismo puedo decir de m铆; viviendo en Inglaterra le铆 por
vez primera a Thomas Paine. Sus escritos me convirtieron en internacionalista y
hasta hoy d铆a me hallo todav铆a bajo su influencia. ‘Mi patria es el mundo,
todos los hombres son mis hermanos y mi religi贸n consiste en hacer el bien.’
Estas palabras produjeron una impresi贸n inolvidable en m铆; yo buscaba en cada
palabra un sentido profundo y ellas se han grabado en mi mente para siempre.
M谩s tarde conoc铆 a Robert Owen, quien me ense帽贸 el ideal sublime del comunismo,
y a Bredlow, que me hizo conocer los puntos de vista del ate铆smo. Todo lo dem谩s
se desarroll贸 en m铆 por cuenta propia.”

IV       Breve esbozo de la historia social
espa帽ola de mediados del pasado siglo

En 1864 Salvochea abandon贸 Londres
para regresar a C谩diz. En aquel entonces se iniciaba en Andaluc铆a un vigoroso
movimiento revolucionario. Rafael Guill茅n y Ram贸n de Cala, dos hombres
valientes y socialistas convencidos, se consagraron con mucha energ铆a y
entusiasmo a organizar los elementos republicanos y dem贸cratas de la provincia.
El movimiento republicano en Andaluc铆a ha tenido siempre un marcado car谩cter
socialista y la mayor parte de sus ap贸stoles y propagandistas fueron
partidarios del socialismo.

La propaganda socialista se inici贸 en
Espa帽a despu茅s de la revoluci贸n de 1840. En aquella 茅poca Joaqu铆n Abreu
desarrollaba en Andaluc铆a una propaganda vigorosa y llena de 茅xito en favor de
las ideas de Charles Fourier. Explicaba sus ideas en la prensa radical de
C谩diz, ideas que hallaron bien pronto un eco en los peri贸dicos de otras
ciudades. Para conocer el desenvolvimiento que ha tenido ese movimiento basta
recordar el hecho de que Abreu logr贸 en un breve plazo, de cuatro a cinco
millones de pesetas para fundar una colonia fourierista en los alrededores de
Jerez de la Frontera. Pero el gobierno impidi贸 la realizaci贸n de ese proyecto,
persiguiendo a los propagandistas socialistas. De 茅stos, los m谩s conocidos
fueron Pedro Ugarte, Manuel Sagrario y Faustino Alonso; m谩s tarde se agregaron
Jos茅 Barterolo, Pedro Boh贸rquez y finalmente Guill茅n y De Cala, a quienes ya
hemos mencionado.

En 1864, Fernando Garrido, el famoso
historiador y socialista espa帽ol, que conoci贸 en C谩diz las doctrinas de
Fourier, fund贸 el primer peri贸dico socialista de Espa帽a, La Atracci贸n, que
apareci贸 en Madrid. La publicaci贸n no vivi贸 mucho tiempo pero gracias a ella se
form贸 en la capital un c铆rculo socialista que edit贸 m谩s tarde otro 贸rgano, La
Organizaci贸n del Trabajo. Hombres como el heroico Sixto C谩mara, que cay贸 luego
en la lucha por la rep煤blica social, Juan Sala, Francisco Ochando y despu茅s el
fogoso Cervera eran las figuras principales del c铆rculo socialista de Madrid.
Cervera ha sido el fundador de la primera escuela libre socialista de Espa帽a,
pero cuando ya contaba con m谩s de 500 alumnos el ministro Morillo sofoc贸 esa
brillante empresa, diciendo que “en Espa帽a no necesitamos hombres capaces
de pensar, sino bestias de trabajo”.

En Barcelona el primer movimiento
socialista fue influido por el comunismo icario de 脡tienne Cabet. En 1847 el
comunista Monterreal fund贸 La Fraternidad, primer peri贸dico comunista de la
capital catalana, en el cual public贸 la obra de Cabet Viaje a Icaria. Ya en
1840 el obrero Munst hab铆a organizado en Barcelona un sindicato de tejadores
con 200 miembros, echando as铆 la base dcl futuro movimiento sindicalista.

Desde 1850 se desarroll贸 en Catalu帽a
una activa propaganda por las ideas de Proudhon, que venci贸 poco a poco a todas
las otras tendencias. Ram贸n de la Sagra y el famoso Pi y Margall tradujeron las
obras del te贸rico franc茅s y bien pronto naci贸 en Barcelona y en otras ciudades
catalanas un vasto movimiento mutualista y sindical. Este movimiento pas贸 a
Andaluc铆a, aunque no ha tenido all铆 la misma importancia que en Catalu帽a. En
1853, el gobierno espa帽ol intent贸 ahogar totalmente ese pac铆fico movimiento;
pero la ley contra las asociaciones obreras no fue m谩s que letra muerta. En
1854 se cre贸 una federad贸n de todas las corporaciones obreras de Catalu帽a,
contando con 90.000 socios. En 1855, el general Zapatero quiso sofocar ese
movimiento por medio de la fuerza. Fueron clausurados los locales de las
corporaciones y reducidos a prisi贸n los propagandislas m谩s conocidos. Al
principio los obreros se mantuvieron tranquilos, pero de pronto 50.000
proletarios pertenecientes a todos los gremios abandonaron el trabajo, el 2 de
julio de 1855, en las f谩bricas dc Barcelona, Sans, Cornell谩, Reus, Badalona y
otras ciudades, declarando la huelga general en defensa dc sus derechos. Nadie
esperaba semejante hecho; la excitaci贸n general era enorme y el gobernador de
Barcelona lanz贸 una proclama a los obreros prometi茅ndoles reconocer sus
exigencias si volv铆an al trabajo. Los obreros consintieron. Durante los
primeros momentos se habl贸 mucho, efectivamente, de reformas sociales, pero al
mismo tiempo se adoptaban con todo sigilo las medidas m谩s bajas contra la
organizaci贸n de los trabajadores, hasta que finalmente fueron proclamadas, en
1861, las conocidas leyes de excepci贸n contra el proletariado de Catalu帽a.
Desde entonces los obreros espar帽oles renunciaron a toda esperanza en una t谩ctica
pac铆fica y en los llamados derechos legales.

En Andaluc铆a, bajo el gobierno de
Narv谩ez, la reacci贸n hab铆a destru铆do desde hac铆a tiempo la fe en el progreso
pac铆fico. Hay pocos lugares en el mundo donde se haya vertido tanta sangre como
en ese pa铆s maravilloso. Andaluc铆a ha sido siempre la regi贸n de las
conspiraciones y de las revueltas, porque m谩s que cualquier otra provincia de
Espa帽a ha sufrido bajo el yugo terrible de la reacci贸n. Millares de hombres y
mujeres valientes anegaron con su sangre la tierra de Andaluc铆a, miles de sus
habitantes perecieron en las c谩rceles de las colonias penales, mas la reacci贸n
nunca fue capaz de sofocar el esp铆ritu rebelde que late en el coraz贸n del
pueblo andaluz.

Las sublevaciones de M谩laga, Utrera y
de la provincia de Sevilla en 1857 fueron reprimidas de un modo sangriento.
Centenares de rebeldes fueron fusilados o reclu铆dos. S贸lo en Sevilla se
asesinaron 95, meses despu茅s de haber sido sofocado el levantamiento.

En 1861 se produjo una gran
sublevaci贸n bajo la jefatura del republicano socialista P茅rez del 脕lamo. Este
levantamiento tuvo las mejores probabilidades de obtener un 茅xito. Fue
preparado durante mucho tiempo y no menos de 30.000 hombres se unieron a los
rebeldes cuando entraron en la ciudad de Loja; pero la incapacidad militar de
los dirigentes fue el mayor obst谩culo para la empresa. Despu茅s de algunas
luchas luchas sangrientas los revolucionarios fueron vencidos. El gobierno
reaccionario se veng贸 horriblemente: m谩s de 200 hombres fueron fusilados por
orden de los Consejos de Guerra, la mayor parte de ellos sin proceso.
Centenares de personas fueron enviadas a presidio, la reacci贸n prohib铆a toda
manifestaci贸n de libertad y s贸lo en 1864, precisamente cuando Salvochea
regresaba de Londres, la situaci贸n general de Andaluc铆a era algo mejor. Creemos
que esta somera revista hist贸rica ha sido necesaria porque ella ofrece al
lector un peque帽o cuadro de la situaci贸n bajo la cual se ha desarrollado la
acci贸n de Salvochea.

V        De Londres a C谩diz – La comuna
revolucionaria de C谩diz -La rep煤blica traicionada por los republicanos
timoratos y politiqueros -Defensa de C谩diz – Entereza ante la derrota

Ferm铆n Salvochea volvi贸 a Inglaterra
hecho un comunista y ateo. En su patria se convirti贸 en revolucionario y
republicano. Claro est谩, en defensor de una rep煤blica comunista. Con todo el
apasionamiento entusiasta de su noble car谩cter se entreg贸 al movimiento
revolucionario conspirador. Tuvo una participaci贸n activ铆sima en las empresas
m谩s arriesgadas y su valor personal, su esp铆ritu de sacrificio, lo convirtieron
poco a poco en uno de los dirigentes m谩s capaces y de mayor influencia en el
movimiento republicano. Salvochea era rico, sumamente rico; se dec铆a que su
padre pose铆a una fortuna de tres millones de pesetas; pero Ferm铆n viv铆a
modestamente y se val铆a de su riqueza como fondo para la causa revolucionaria.

Las casamatas de San Sebasti谩n y Santa
Catalina, cerca de C谩diz, era en aquel entonces el albergue de los presos
pol铆ticos de toda Espa帽a. Los revolucionarios que deb铆an ser reclu铆dos en las
colonias penales de Fernando Poo o de Manila quedaban encerrados durante alg煤n
tiempo en las prisiones de C谩diz, antes de que fuesen enviados a su destino.
Salvochea los visitaba a todos y ten铆a para cada cual un buen consejo y alguna
ayuda.

En 1866 Salvochea y sus amigos
organizaron una empresa grandiosa. Se esperaba que los artilleros encarcelados,
que hab铆an tomado parte en la sublevaci贸n de Madrid, ser铆an enviados a la
prisi贸n de San Sebasti谩n para transportarlos luego a Manila. Pero por lo visto
el gobierno se mostr贸 receloso porque cambi贸 repentinamente de opini贸n.

En 1867 la reina Isabel volvi贸 a poner
el mando en manos del odiado verdugo Narv谩ez y el pa铆s desdichado sinti贸 las
consecuencias de una terrible reacci贸n. Ya en junio de 1868 hab铆an estallado
algunas revueltas aisladas en Catalu帽a y Andaluc铆a, pero fueron inmediatamente
reprimidas en sangre. Salvochea tuvo una participaci贸n destacada en el
levantamiento militar del regimiento Cantabria; dicho levantamiento fue el
preludio de la revoluci贸n de septiembre de 1868. 脡sta comenz贸 el 18 de
septiembre en C谩diz, propag谩ndose cual un incendio por toda Andaluc铆a. El d铆a
28, el ej茅rcito real fue batido por los insurgentes y el 29 la comuna de Madrid
proclam贸 la destituci贸n de la dinast铆a borb贸nica.

Salvochea fue elegido miembro de la
comuna revolucionaria de C谩diz y segundo comandante del segundo batall贸n de
voluntarios. Fueron muchos los que quisieron incorporarse a 茅l, pero Salvochea
eligi贸 煤nicamente a los republicanos y a los comunistas.

Toda Espa帽a salud贸 con el mayor j煤bilo
la ca铆da de la odiada dinast铆a y durante un instante pareci贸 que se iban a
realizar millares de esperanzas. Pero los hombres del gobierno provisional de
Madrid no eran m谩s que mon谩rquicos liberales y adversarios del ideal
republicano. Gracias a la actitud vergonzosa del republicanismo burgu茅s,
Castelar y sus amigos, los miembros del nuevo gobierno, los se帽ores Prim,
Zorrilla, Sagasta, etc., adquirieron valor y se pronunciaron abiertamente
contra la Rep煤blica. Salvochea y sus amigos comprendieron el peligro, sab铆an
que el gobierno flamante se vengar铆a de los republicanos en la primera
oportunidad. Con el prop贸sito de prepararse para la lucha los revolucionarios
andaluces convocaron para los primeros d铆as de diciembre de 1868 una gran
asamblea en 脕lava. Salvochea seleccion贸 los elementos fieles de C谩diz,
recomend谩ndoles que no depusieran en modo alguno las armas. El 5 de diciembre
apareci贸, inesperadamente, an te los muros de C谩diz, una secci贸n de artiller铆a
exigiendo, en nombre del gobierno, que la milicia revolucionaria hiciera
entrega de sus armas en el t茅rmino de tres horas. A煤n no hab铆a transcurrido
este plazo cuando comenz贸 el tiroteo. Algunos revolucionarios cayeron muertos y
otros heridos.

lnmediatamente Salvochea se coloc贸 al
frente de los rebeldes y organiz贸 la defensa militar de la ciudad. La lucha
dur贸 tres d铆as; la artiller铆a hizo esfuerzos desesperados por conquistar la
plaza sin resultado alguno. Salvochea luch贸 como un le贸n, estaba en todos los
sitios de mayor peligro y su valor heroico infundi贸 a los rebeldes una fuerza
incre铆ble.

Al cuarto d铆a los embajadores de la
ciudad solicitaron un armisticio, que fue aceptado por ambas partes. Pero el
gobierno “liberal” se apresur贸 a enviar contra los valerosos insurrectos
un ej茅rcito al mando del general Caballero de Rodas. Salvochea mantuvo su
posici贸n hasta el 11 de diciembre; pero a medida que el general se iba
acercando, sin encontrar resistencia, comprendi贸 Salvochea que el peque帽o
n煤cleo de revolucionarios mal armado no estaba en condiciones de oponerse a un
ej茅rcito y que toda resistencia s贸lo ocasionar铆a una matanza, sin ninguna
probabilidad de 茅xito. En consecuencia disolvi贸 la milicia revolucionaria
envi谩ndola a otro lugar y qued谩ndose 茅l solo. Se fue tranquilamente al casino
militar para esperar all铆 al general Caballero de Rodas. El coronel Pazos, jefe
del tercer regimiento de artiller铆a, lo fue a ver para pedirle que salvara su
vida, abandonando C谩diz, porque el general ordenar铆a, con toda seguridad, que fuese
fusilado. Salvochea no acept贸. El coronel le ofreci贸 su ayuda personal, pero
Salvochea se mantuvo firme en su decisi贸n. Sab铆a que el gobierno lo consideraba
como culpable principal y en caso de no ser hallado por De Rodas la ciudad
entera deber铆a sufrir por su causa y eso habr铆a sido para 茅l peor que la
muerte. Su car谩cter noble no le permiti贸 pensar en su propia salvaci贸n; estaba
dispuesto a afrontar toda la responsabilidad y resuelto a morir por sus hechos.
Esta actitud admirable impresion贸 profundamente hasta a sus enemigos y el
general De Rodas, no queriendo ser el verdugo de semejante hombre, lo envi贸 en
calidad de prisionero de guerra a la fortaleza de San Sebasti谩n.

Empero el pueblo de C谩diz supo
apreciar este car谩cter elevado y pocos meses despu茅s Salvochca era elegido por
gran mayor铆a representante de C谩diz en las Cortes. El gobierno provisional
hab铆a declarado anteriormente que no reconocer铆a esa elecci贸n y el parlamento
“revolucionario”, en efecto, apoy贸 esta actitud. Dir铆ase que esos
extra帽os “revolucionarios” quer铆an demostrar que Salvochea no
cuadraba en su compa帽铆a; en este sentido ten铆an raz贸n, pues el verdadero sitio
del gran rebelde era la barricada y no el parlamento.

VI       Amnist铆a – Movimiento federalista de
Catalu帽a -Derrotados – Par铆s – Vuelta a C谩diz – Salvochea alcalde de C谩diz

En febrero de 1869 se reuni贸 el nuevo
parlamento y una de sus primeras resoluciones fue la de conceder la amnist铆a a
los presos pol铆ticos, que todo el pueblo requer铆a en茅rgicamente. Algunos d铆as
despu茅s Salvochea y muchos otros abandonaron las casamatas de San Sebasti谩n y
Santa Catalina. Salvochea reanud贸 en seguida sus trabajos, fomentando en
Andaluc铆a una agitaci贸n vigorosa a favor de un nuevo levantamiento republicano,
porque era aquel el 煤nico modo de salvar las consecuencias de la revoluci贸n del
68.

El 1 de junio de 1869 las Cortes
adoptaron una resoluci贸n mon谩rquica, por 214 votos contra 56, decidiendo buscar
en Europa un rey adecuado para el trono espa帽ol. Emilio Castelar y otros
republicanos burgueses se limitaron a protestar d茅bilmente en lugar de recurrir
a la 煤nica soluci贸n que les quedaba: la sublevaci贸n. Pero esos comediantes
republicanos no quer铆an saber nada de tales medios y prefirieron traicionar la
Rep煤blica y la revoluci贸n de 1868. En el mes de septiembre estall贸 en Catalu帽a
el levantamiento federalista. Salvochea y sus amigos resolvieron en el acto
apoyar a los rebeldes agitando la bandera de la revuelta en su provincia. El 30
de septiembre, Salvochea a la cabeza de 600 hombres, marchaba de C谩diz a Medina
para reunirse all铆 con los revolucionarios de J茅rez y de Ubrique. Aun cuando
aqu茅llos sab铆an que las perspectivas de triunfar no eran muy brillantes,
decidieron iniciar la campa帽a, costara lo que costara. Sab铆an que el
levantamiento era el 煤ltimo recurso para defender su libertad y, hombres
resueltos, estaban decididos a morir antes que someterse sin intentar la
defensa.

Salvochea fue perseguido
inmediatamente por las tropas del gobierno. No lejos de Alcal谩 de los Gazules
se llevaron a cabo los primeros encuentros sangrientos. Los militares eran cien
veces m谩s fuertes que los revolucionarios mal armados; pero 茅stos lucharon con
notable hero铆smo y en pocos d铆as presentaron tres batallas encarnizadas. Rafael
de Guill茅n fue hecho prisionero y los soldados lo asesinaron en una forma
salvaje, por orden del coronel Luque. Crist贸bal Boh贸rquez, el defensor
incansable y heroico de la libertad e igualdad sociales, cay贸 en el campo de
batalla. Salvochea luch贸 como un h茅roe; sab铆a que su causa estaba perdida, pero
su valor era inquebrantable. Finalmente, despu茅s que el ej茅rcito hubo
conquistado los sitios estrat茅gicos m谩s importantes y despu茅s de haber recibido
los rebeldes la noticia de que no hab铆a sido posible promover un levantamiento
en M谩laga y en Sevilla, los revolucionarios dispersaron sus filas para salvarse
aisladamente. Someti茅ndose a varios peligros, Salvochea y otros lograron llegar
a Gibraltar. De all铆 pas贸 a Par铆s, donde frecuent贸 los c铆rculos avanzados que
se agrupaban en torno de La Revue, Le Rapell y otros peri贸dicos radicales. De
Par铆s Salvochea parti贸 para Londres, de donde pudo regresar a Espa帽a gracias a
la amnist铆a de 187l. En C谩diz el pueblo lo acogi贸 con indescriptible entusiasmo
y ese mismo a帽o fue elegido alcalde.

Como alcalde de C谩diz, Salvochea
trabaj贸 mucho por el embellecimiento de la ciudad, convirti茅ndola en una de las
m谩s hermosas de Espa帽a. Estableci贸 tambi茅n algunas reformas 煤tiles en la
administraci贸n pol铆tica. Pero no dur贸 mucho tiempo en su cargo porque en julio
de 1873 estall贸 en Espa帽a la revoluci贸n cantonalista y Salvochea fue uno de los
primeros en tomar el fusil en la mano para la conquista de la igualdad
econ贸mica y la autonom铆a local.

VII       El movimiento cantonalista y sus
consecuencias – Barcos ingleses y prusianos en ayuda de la reacci贸n – Prisi贸n
en La Gomera -Sus estudios y su evoluci贸n filos贸fica – Indulto rechazado – La
fuga

El 9 de febrero de 1873 el rey Amadeo
renunci贸 al trono y pocos d铆as despu茅s fue proclamada la Rep煤blica espa帽ola. La
lucha sangrienta de la Comuna de Par铆s hab铆a producido gran impresi贸n en Espa帽a
y se present铆a que iban a ocurrir grandes acontecimientos. Por eso Amadeo
prefiri贸 renunciar. Pero el pueblo tampoco estaba conforme con la rep煤blica
centralista y debido a eso los hombres del nuevo gobierno se vieron obligados a
proclamar la rep煤blica federativa el 8 de junio de 1873. Para pacificar a los
descontentos se eligi贸 para la presidencia del ministerio al conocido
proudhoniano Pi y Margall; pero el 3 de julio, al establecerse la nueva
Constituci贸n, los federalistas se dieron cuenta de que se trataba de
enga帽arlos. Pi y Margall, el 煤nico hombre honesto y resuelto del nuevo
gobierno, renunci贸 a su cargo por no querer traicionar sus principios. Entre el
5 y el 13 de julio se sublevaron numerosas ciudades proclam谩ndose como comunas
independientes.

No puede ser, desde luego, el objeto
de nuestro trabajo ofrecer un cuadro de ese movimiento complicado, que s贸lo
concluy贸 el 11 de enero de 1874 con la represi贸n sangrienta de la comuna de
Cartagena. Esta ciudad heroica estuvo sitiada durante seis meses por el
ej茅rcito espa帽ol y por buques de guerra prusianos e ingleses antes de que se
consiguiera someterla.

Salvochea se adhiri贸 inmediatamente al
movimiento federalista y fue elegido presidente del comit茅 administrativo de la
comuna de C谩diz. Pero su situaci贸n era dif铆cil a causa de que hab铆a m煤ltiples
tendencias en el movimiento mismo. A principios de agosto lleg贸 a las puertas
de C谩diz el general Pav铆a al mando de un ej茅rcito. Salvochea y sus amigos
defendieron la entrada de la ciudad, pero los buques de guerra brit谩nicos del
puerto de C谩diz se pusieron del lado de las tropas del gobierno, terminando con
ello toda tentativa de defensa interior.

Salvochea se hallaba en un lugar
seguro cuando los soldados del general Pav铆a entraron en la ciudad. Le hubiera
sido muy f谩cil llegar en bote hasta Cibraltar, pero al saber que muchos de sus
amigos hab铆an sido arrestados 茅l mismo se entreg贸 en manos del enemigo a fin de
compartir la suerte de sus camaradas.

El consejo de guerra de Sevilla, lo
conden贸 a reclusi贸n perpetua en una de las colonias penales de 脕frica. Su noble
amigo Pablo Laso se present贸 voluntariamente ante el tribunal con la intenci贸n
de acompa帽ar a Salvochea en su encierro. En marzo de 1874 ambos fueron enviados
al presidio de La Gomera. Salvochea soport贸 su destino con la mayor calma. Su
familia le ayudaba con dinero, pero 茅l compart铆a hasta el 煤ltimo c茅ntimo con
los desdichados presos y con los habitantes pobres de la colonia que lo veneraban
como a un santo. Salvochea era el esp铆ritu bueno de la isla, amigo y hermano de
todo el mundo; su consuelo influ铆a sobre todos evitando la desesperaci贸n. En
1876, fue trasladado a Ceuta, pero de all铆 fue nuevamente llevado a La Gomera.
Durante los ocho a帽os que pasara en las colonias penales, Salvochea estudi贸 la
medicina te贸rica y pr谩ctica, dedicando todos sus esfuerzos a los moradores de
La Gomera. Pero 茅l mismo cumpli贸 tambi茅n una notable evoluci贸n intelectual en
su cautivero. Estando a煤n en Espa帽a hab铆a tomado una participaci贸n entusiasta
en el movimiento obrero espa帽ol y fue uno de los primeros miembros de la
Internacional en ese pa铆s; pero fue en la reclusi贸n donde hall贸 el tiempo
necesario para ocuparse de las ideas y aspiraciones de la federaci贸n espa帽ola
de la Asociaci贸n Internacional de Trabajadores; comprendi贸 poco a poco que la
rep煤blica federativa no era m谩s que el 煤ltimo escal贸n en la evoluci贸n
libertaria y los escritos de Bakunin y de otros pensadores avanzados lo
llevaron finalmente al anarquismo, que propag贸 con la mayor energ铆a hasta el
煤ltimo momento de su vida.

En 1875, la madre de Salvochea trat贸
de obtener el indulto de su hijo. Gracias a la ayuda de varios amigos
influyentes logr贸 el consentimiento de C谩novas del Castillo; pero cuando Salvochea
tuvo noticia de esta gesti贸n escribi贸 a su madre una carta apasionada en la
cual le prohib铆a hacer esfuerzo alguno en favor de su indulto, declarando que
prefer铆a morir en la prisi贸n antes que aceptar un favor de sus enemigos m谩s
ac茅rrimos. En 1883 la Municipalidad de C谩diz hizo una nueva tentativa en este
sentido, con todo 茅xito, y el Tribunal Supremo resolvi贸 conceder la amnist铆a a
Salvochea. Pero no hab铆an contado con el f茅rreo car谩cter del gran
revolucionario. Cuando el gobernador de la colonia penal le ley贸 su indulto,
Salvochea rompi贸 el documento en presencia suya, declarando que para 茅l s贸lo
exist铆an dos maneras de ser libertado: o bien por su propia fuerza o por medio
de una amnist铆a general para los presos pol铆ticos. Es de imaginar la impresi贸n
que produjo su actitud. Renunci贸 Salvochea a la libertad y continu贸 en la
prisi贸n. Pero nueve meses m谩s tarde consigui贸 huir de La Gomera. Logr贸 alcanzar
un peque帽o velero 谩rabe con el cual lleg贸 a Gibraltar. Despu茅s de una corta
permanencia en Lisboa y en Or谩n se estableci贸 en T谩nger, residiendo all铆 hasta
1886, cuando, en virtud de la muerte de Alfonso XII, pudo volver a Espa帽a,
donde fue recibido con un entusiasmo indescriptible.

VIII        1881 – Primer congreso p煤blico de los
anarquistas espa帽oles -El proceso de La Mano Negra – Proceso y condena de
Salvochea – Penurias de su prisi贸n – Intento de suicidio – Amnist铆a – Muerte de
Salvochea

Volvi贸 Salvochea en un momento
oportuno. De 1874 a 1881 el movimiento anarquista en Espa帽a atraves贸 un per铆odo
espantoso. Las b谩rbaras leyes de excepci贸n impidieron toda propaganda p煤blica.
Centenares de compa帽eros padec铆an en las c谩rceles y sin embargo el movimiento
subsist铆a en las organizaciones secretas. Se editaban peri贸dicos clandestinos,
como por ejemplo El Orden, Las Represalias, La Revoluci贸n Popular, El
Movimiento, etc. S贸lo en 1881 termin贸 ese per铆odo aciago y ese mismo a帽o se
celebr贸 el primer congreso p煤blico de los anarquistas espa帽oles. De 1881 a 1892
el movimiento tom贸 un considerable incremento, estando Salvochea siempre a la
vanguardia de sus camaradas. En 1886, es decir, poco tiempo despu茅s de volver a
C谩diz, fund贸 un peri贸dico anarquista, El Socialismo, y llev贸 a cabo una
en茅rgica propaganda en Andaluc铆a. En todas las aldeas organiz谩ronse los labriegos
y el anarquismo hizo un progreso enorme en la provincia entera. El gobierno
contemplaba con terror ese movimiento. Trat贸 de suprimir el peri贸dico por medio
de una serie de procesos, pero s贸lo consigui贸 fortificar la propaganda
an谩rquica. Durante la aparici贸n del peri贸dico, de 1886 a 1891, Salvochea fue
arrestado y condenando numerosas veces, pero su defensa en茅rgica ante los
jueces produc铆a gran impresi贸n, infun diendo cada proceso m谩s vigor al
movimiento.

Entonces el gobierno se vali贸 de otro
recurso. Ya a principios de 1880 hab铆a difundido la noticia de que exist铆a en
Andaluc铆a una sociedad conspiradora, La Mano Negra, compuesta de asesinos y
ladrones e influida por los principios anarquistas. La prensa reaccionaria
repiti贸 tantas veces esta invenci贸n que finalmente todo el mundo la crey贸 y
millares de personas fueron detenidas y a menudo condenadas por ser miembros de
la presunta Mano Negra. En el fondo, la polic铆a ten铆a la intenci贸n de disolver
en esta forma la poderosa Asociaci贸n de los labriegos espa帽oles. El 1 de mayo
de 1890, Salvochea organiz贸 una grandiosa demostraci贸n revolucionaria en toda
Andaluc铆a, que produjo una impresi贸n soberbia sobre los trabajadores de Espa帽a.
Al a帽o siguiente, en la misma fecha, se verific贸 una manifestaci贸n an谩loga,
aunque el gobierno hab铆a arrestado d铆as antes a Salvochea y a otros compa帽eros.
Poco despu茅s del 1 de mayo estallaron dos explosiones en la ciudad. A
consecuencia de una muri贸 un obrero y de la otra cuatro j贸venes. La prensa
reaccionaria, desde luego, sospech贸 de los anarquistas. El Socialismo declar贸
inmediatamente que aquello era una estratagema de la polic铆a, pero poco despu茅s
un ej茅rcito de pesquisas y vigilantes invadi贸 la redacci贸n del peri贸dico,
“descubriendo” all铆 dos bombas que ellos mismos, claro est谩, hab铆an
preparado. El resultado fue que detuvieron a gran n煤mero de camaradas;
Salvochea tuvo la misma suerte algunas semanas despu茅s.

Sucesos an谩logos ocurrieron tambi茅n en
Jerez de la Frontera, una de las ciudades m谩s revolucionarias de Andaluc铆a. En
agosto de 1891 fueron arrestados all铆 157 anarquistas, acusados de pertenecer a
La Mano Negra. Es claro que esas infamias de la reacci贸n provocaron un odio
encarnizado entre los labriegos y campesinos. Viendo pisoteados sus derechos
m谩s elementales, algunos centenares de ellos resolvieron libertar por la fuerza
a sus camaradas encarcelados en Jerez. La noche del 8 de enero de 1892, 500
labriegos y artesanos penetraron en la ciudad de Jerez al grito de “隆Viva
la revoluci贸n social! !Viva la anarqu铆a!” Fueron muertos dos
terratenientes; al principio los soldados se asustaron y de este modo los
rebeldes lograron poner en pr谩ctica parte de su plan. Al amanecer, los
revolucionarios se tuvieron que retirar despu茅s de una lucha sangrienta con la
fuerza armada. La venganza de la burgues铆a fue terrible. El 18 de febrero de
1892 los anarquistas Lamela, Valenzuela, Bisiqui y El Lebrijano fueron
ajusticiados. Murieron her贸icamente, saludando a la muerte con el grito de “隆Viva
la anarqu铆a!” Y ellos resultaron los m谩s felices; otros diez y siete
compa帽eros fueron condenados a diez, doce, quince y veinte a帽os de presidio y
algunos aun a perpetuidad. Entre los acusados estaba tambi茅n Salvochea.El
gobierno lo acusaba de haber organizado la sublevaci贸n de jerez, estando
encerrado en la c谩rcel de C谩diz. En esta 煤ltima ciudad no hubo ning煤n juez que
se hiciese cargo del proceso. En consecuencia Salvochea fue puesto a
disposici贸n de un consejo de guerra, el cual lo conden贸 a doce a帽os de
presidio.

La actitud de Salvochea ante sus
jueces fue valiente. Bien sab铆a que iba a ser condenado, costara lo que
costara. V茅ase su di谩logo con el juez: “Est谩 usted obligado a contestar la
verdad a todas las preguntas que le voy a formular”. Salvochea: “Este
proceso no es m谩s que una comedia vergonzosa y yo estoy condenado ya antes de
presentarme ante ustedes; por lo tanto no tengo nada que contestar”. El
juez: “La ley establece que el acusado que renuncia a responder a las
preguntas que le plantea el juez reconoce su culpabilidad”. Salvochea:
“Estoy resuelto a asumir la responsabilidad de mi silencio”. El juez:
“Pero debe usted respetarme como juez”. Salvochea: “Para m铆
todos los hombres son iguales. Yo no reconozco superiores y no tengo por qu茅
respetarle”. El juez le formul贸 todav铆a una docena de preguntas, pero
Salvochea guard贸 silencio.

Salvochea fue transportado a la c谩rcel
de Valladolid, donde deb铆a cumplir su condena. Al principio se le tuvo aislado
completamente del mundo exterior y ni siquiera se le permit铆a escribir cartas.
S贸lo el 7 de noviembre de 1893, cuando estaba ya gravemente enfermo en el
hospital de la prisi贸n, se permiti贸 que algunos 铆ntimos amigos suyos lo
visitaran. Su estado era de lo m谩s espantoso que imaginarse pueda. El primer domingo
despu茅s de haber llegado a la c谩rcel de Valladolid, el director le exigi贸 que
asistiese a misa. Salvochea se neg贸, diciendo que era ateo. “No importa
-replic贸 el director- usted ir谩 a la iglesia o de lo contrario lo encerrar茅 en
una celda subterr谩nea”. -“Prefiero la celda”- contest贸
Salvochea. Fue alojado en una cueva horrible, en un agujero oscuro, h煤medo y
fr铆o. Pasaron algunos meses; Salvochea enferm贸 a causa de la humedad y sinti贸
que sus fuerzas le iban abandonando de d铆a en d铆a. No pod铆a esperar salvaci贸n
alguna, porque Espa帽a atravesaba entonces un per铆odo reaccionario. En este
estado resolvi贸 suicidarse, para poner fin a sus dolores. Con una vaina rota se
produjo dos heridas profundas en las venas del cuello y en un costado. Luego se
tendi贸 en el suelo y perdi贸 el conocimiento. Pero debido al horrible frio que
reinaba en la celda su sangre se congel贸 en las venas y esta fue su salvaci贸n.

Habi茅ndolo encontrado en tan espantoso
estado el director se acobard贸. Lo traslad贸 al hospital y poco a poco fue
reponi茅ndose. Al recobrar la salud el director le ofreci贸 un puesto de
escribiente en la prisi贸n, pero Salvochea se resisti贸 a aceptar, diciendo que
no quer铆a ser un sirviente del Estado, ni siquiera en esa forma. El 21 de
agosto de 1898 fue trasladado a la c谩rcel de Burgos. All铆 su situaci贸n era
mejor. Tradujo una obra de astronom铆a de Flammarion, produciendo algunos otros
trabajos de car谩cter literario. Por fin, en 1899, cuando los prisioneros de
Montjuich fueron libertados, gracias al vasto movimiento de protesta, se
abrieron tambi茅n para Salvochea las puertas de la prisi贸n. Se dirigi贸 a C谩diz
donde el pueblo lo acogi贸 con se帽alado j煤bilo. Su esp铆ritu segu铆a siendo
siempre el mismo, pero su salud, sobre todo la vista, sufr铆a mucho a causa de
los largos a帽os de encierro.

Salvochea se mostr贸 activo hasta el
final de sus d铆as. Sacrific贸 sus bienes y su sangre, toda su fortuna, por el
ideal en que cre铆a y lleg贸 a ser tan pobre como el proletario m谩s indigente.
Escribi贸 numerosos art铆culos para la prensa anarquista de Espa帽a y edit贸
tambi茅n algunos folletos. Su 煤ltimo trabajo literario ha sido una excelente
traducci贸n de Campos, f谩bricas y talleres de Kropotkin, que se public贸
primeramente en La Revista Blanca y luego en libro.

IX       Sepelio de Salvochea

Esta es, brevemente narrada, la
biograf铆a de Ferm铆n Salvochea, h茅roe y luchador. Su muerte caus贸 un mar de
l谩grimas y su sepelio di贸 lugar a una manifestaci贸n enorme, en la que
participaron cerca de 50.000 personas. De todos los pueblos y aldeas afluyeron los
pobres y desheredados para despedirse del extinto. Centenares de mujeres
besaban los labios fr铆os que antes llamaran con tanta frecuencia a la lucha por
el pan y la libertad. Yal ser depositado en la fosa el cad谩ver del inolvidable
camarada, millares de bocas exclamaron: “隆Viva la anarqu铆a!”

Salvochea ha muerto, pero un
movimiento que cuenta en sus filas con semejantes hombres es invencible.

 

Rudolf
Rocker (1945)

Fuente:
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/229.html#articulo2




Fuente: Pacosalud.blogspot.com