June 4, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
238 puntos de vista

El reinado de Fernando VII siempre se caracteriz贸 por su fuerte represi贸n. Con la restauraci贸n absoluta se desata sobre Espa帽a y su sociedad un opresi贸n feroz para la que es necesaria la creaci贸n de la Polic铆a.

Con el retorno de los absolutistas en 1823, se inici贸 el primer gran exilio masivo de espa帽oles al extranjero huyendo de la venganza del rey absoluto, se cerraron locales de reuni贸n y tertulias como la de la Fontana de Oro (lugar habitual de reuni贸n de los partidarios m谩s exaltados del liberalismo, especialmente durante el trienio liberal), las cortes se clausuraron, la Constituci贸n de 1812 fue nuevamente derogada, se suprimi贸 toda la prensa del pa铆s en 1824, y las c谩rceles se volvieron a llenar de perseguidos y presos pol铆ticos liberales. En su famoso libro El terror de 1824, el famoso escritor canario Benito P茅rez Gald贸s defin铆a a la perfecci贸n este ambiente de terror y represi贸n:

鈥淓n su lugar ve铆anse nuevas proscripciones, encarcelamientos, la horca siempre en pie, la venganza m谩s cruel gobernando a la Naci贸n, y la vida de los espa帽oles pendiente del capricho de un salvaje frail贸n o de fieros polizontes. Las delaciones, como pu帽aladas recibidas en la oscuridad, tra铆an en gran consternaci贸n a la Corte. Desaparec铆an los ciudadanos sin que fuera posible saber en qu茅 calabozo hab铆an ca铆do. Las c谩rceles tragaban gente como las tumbas en una epidemia.

Los frailes, los obispos, todos los absolutistas de temple incitan al Gobierno a extirpar la negrer铆a; los voluntarios realistas amenazan con sublevarse si no se les da todos los d铆as sangre de liberales, horcas y m谩s horcas鈥.

En este papel represivo y absolutista jug贸 un papel esencial el ingeniero de la represi贸n fernandina, el pol铆tico y arist贸crata aragon茅s Francisco Tadeo Calomarde que, entre 1824-1832, fue designado Secretario de Gracia y Justicia.

Fue en su 茅poca, llamada por Mesonero Romanos la 鈥溍﹑oca calomardiana鈥, cuando se lanz贸 formalmente y se llev贸 a cabo uno de los instrumentos represivos por excelencia de la 茅poca fernandina: la polic铆a del reino.

En su obra Memorias de un setent贸n, Ram贸n de Mesonero Romanos habla de Calomarde en estos t茅rminos:

鈥淧arec铆a el m谩s influyente e identificado con el pensamiento del Monarca, y era, por consiguiente, el encargado por este de la represi贸n de las ideas liberales o revolucionarias, de la persecuci贸n y anulaci贸n de sus partidarios, y de la intolerancia contra todo lo que pudiera dar vuelo al saber, al talento y a la ilustraci贸n鈥.

Debido a ello, el Rey Fernando VII y sus asesores pol铆ticos m谩s intransigentes no dudan en crear un nuevo organismo que, si bien ten铆a precedentes en la historia de Espa帽a, estaba llamado a desempe帽ar un papel esencial en la nueva pol铆tica de represi贸n.

LA POLIC脥A GENERAL DEL REINO

Si bien los or铆genes hist贸ricos de la polic铆a espa帽ola se pueden remontar a la Santa Hermandad, un cuerpo especial de vigilancia rural de caminos creado en el siglo XV por los Reyes Cat贸licos, no es hasta enero de 1824 cuando se puede considerar, como as铆 lo consideran sus propios miembros, el nacimiento formal de los or铆genes hist贸ricos recientes de la polic铆a nacional espa帽ola, nacida en este momento, no obstante, m谩s que como cuerpo de servicio y protecci贸n de todos los ciudadanos, como un elemento de represi贸n pol铆tica.

As铆, por Real C茅dula firmada en el Palacio Real de Madrid el 8 de enero de 1824, y promulgada el 13 de enero, se creaba el cuerpo de la Polic铆a General del Reino, inicialmente creada en cooperaci贸n de Narciso Heredia, conde de Ofalia como Secretario de Gracia y Justicia (1823-1824), y posteriormente por Francisco Tadeo Calomarde, verdadero art铆fice de este cuerpo policial, que ocupar铆a dicho cargo entre 1824-1832.

Seg煤n la Real C茅dula de 1824, la Polic铆a General del Reino, ya en su pre谩mbulo introductorio, afirma sin ambig眉edad ni disimulo que una de las misiones ser铆a la de

鈥溾acerme conocer la opini贸n de mis pueblos, e indicarme los medios de reprimir el esp铆ritu de sedici贸n, y de extirpar los elementos de discordia鈥.

El organismo estaba dirigido por un magistrado superior, denominado Superintendente General de la Polic铆a del Reino, ubicado en Madrid, y que ten铆a nexo de comunicaci贸n permanente en nombre del monarca con el Secretario de Gracia y Justicia, en este caso Calomarde, durante la pr谩ctica totalidad de la existencia de dicho cuerpo policial.

Debido al car谩cter especial de Madrid como capital del Estado, el decreto recoge una diferenciaci贸n de instituciones entre la capital y el estado. Para la primera, el decreto creaba los llamados 鈥淐omisarios de Cuartel鈥, los antecedentes directos de las primeras comisar铆as de polic铆a en los diferentes distritos de la capital, mientras que el resto de las provincias del Estado estaban bajo control de los intendentes y subdelegados, con sede central en las capitales de provincia, en las que habr铆a un intendente y secretario, as铆 como una subdelegaci贸n de polic铆a en cabeza de los partidos judiciales 鈥渄onde se juzgue necesario鈥 y en estrecho contacto con los ayuntamientos locales.

En cuanto a la sede de la Superintendencia General, seg煤n el relato mencionado de P茅rez Gald贸s, parece que debi贸 ubicarse en alg煤n momento en el Palacio de Santa Cruz: 鈥淓n la planta baja del edificio que se llam贸 primero C谩rcel de Corte, despu茅s Sala de Alcaldes, m谩s tarde Audiencia y que ahora va camino de llamarse, seg煤n parece, Ministerio de Ultramar, estaba situada la Superintendencia General de Polic铆a鈥.

El nuevo organismo parece que fue bien recibido por los absolutistas exaltados, como se evidencia en el n煤mero del peri贸dico realista El Restaurador del 13 de enero de 1824, donde se afirma que 鈥渃on mucho placer hemos visto el decreto por el que se establece las Polic铆a general del Reino, cuyo fiel cumplimiento podr谩 contribuir a la seguridad y tranquilidad鈥.

CONTRA TODOS

Inicialmente, y de hecho en el fondo, los fines y labores asignados a la polic铆a fernandina eran sin duda alguna positivos y bienintencionados, tratando en todo momento de velar por la seguridad de los ciudadanos y la prevenci贸n de los delitos (formar padrones, expedir y controlar los pasaportes, otorgar permisos y licencias, multas y penalizaciones, vigilar los establecimientos p煤blicos, vigilar los campos y caminos, velar por los pobres y mendigos, reprimir a los bandoleros, ladrones y delincuentes, cuidar del orden y la salud p煤blica en general, o controlar los abastos municipales), financi谩ndose con los fondos p煤blicos e impuestos, y llegando incluso a contemplar un estricto control interno del cuerpo, recogiendo la suspensi贸n del mismo en caso de abusos o vejaciones de sus miembros.

Sin embargo, realmente esta polic铆a en 茅poca fernandina tuvo un papel mucho m谩s siniestro y encuadrado dentro de la l贸gica represiva del reinado absoluto del monarca, y estaba encargado de vigilar, espiar y reprimir a todo tipo de oposici贸n pol铆tica al gobierno, elevando a la categor铆a de delito y crimen contra el Estado la oposici贸n y conspiraci贸n pol铆tica contra los derechos absolutos del rey, al mismo nivel que cualquier crimen cometido en la 茅poca.

Esta funci贸n ya aparece recogida claramente en el propio Real Decreto de 1824 que, en su art铆culo 14, contiene como funciones esenciales de la Polic铆a las de controlar los libros que vengan importados de fuera del pa铆s, incautar obras, impedir la circulaci贸n de peri贸dicos, folletos o caricaturas contrarias al rey y a sus gobiernos, arrestar a los que profieran obscenidades contra el rey y perseguir a asociaciones secretas, como los comuneros, masones o carbonarios.

Ello se completar谩 con un ap茅ndice en un Real Decreto de 1827, que a帽ade, a las anteriores, como facultad de la polic铆a la de vigilar las conspiraciones contra el sistema absolutista. Como vemos, la censura total y absoluta de todo tipo de opiniones p煤blicas o incluso privadas que pudieran ir en contra de la fi gura del rey absoluto y de su gobierno.

Para desempe帽ar el control y el mando de este organismo, se design贸 a un Superintendente General de la Polic铆a, que hac铆a las veces de director del organismo, tratando directamente con el Secretario de Justicia del reino. Este cargo fue desempe帽ado con celo y rigor por varios dirigentes en esta 茅poca, aunque los m谩s reconocidos de ellos fueron Mariano Rufino Gonz谩lez (1824) y, especialmente, Juan Jos茅 Recacho, a partir de 1825.

Del primero apenas sabemos que en el momento de ocupar su cargo era un absolutista convencido, de los m谩s exaltados del momento, y ocupaba los cargos de Consejero del Rey, y Alcalde de la Real Casa y Corte.

Ello parece confirmado por el historiador Emilio Encinas G贸mez en su estudio sobre el gobierno de Cea Berm煤dez, cuando afirma que 鈥淢ariano Rufino Gonz谩lez fue nombrado el 14 de agosto Superintendente de Polic铆a, sustituyendo a Manuel Jos茅 Arjona, para que se convirtiese en el gran represor, e inmediatamente se dedic贸 a hacer un padr贸n secreto, unas fichas personales para la Polic铆a, de todos los espa帽oles, con lo que la Polic铆a sab铆a de cada uno su pasado pol铆tico, y lo que sab铆an sus vecinos de sus opiniones pol铆ticas鈥.

Este alineamiento de Rufino Gonz谩lez con los sectores m谩s ultras del r茅gimen fernandino, que se evidencia en sus decretos dur铆simos contra el liberalismo, le debi贸 de costar su cargo pues ya en 1825 aparece, como indica Encinas G贸mez, sustituido por Juan Jos茅 Recacho, posiblemente por formar parte del sector o grupo integrista que, ya en 1825, conspiraba contra el rey Fernando VII al exigirle el restablecimiento de la Santa Inquisici贸n (que no fue restaurada como tal en 1823), el mantenimiento de la influencia en la corte real de los absolutistas exaltados y m谩s dureza contra el liberalismo, y que protagoniz贸 un intento de golpe militar absolutista en la figura del general Bessieres, que fue abortado.

Ello parece confirmado por los historiadores Jos茅 Luis Comellas y Luis Su谩rez Fern谩ndez en su libro Del antiguo al nuevo r茅gimen: hasta la muerte de Fernando VII, cuando afirman que, en abril de 1825, el rey Fernando VII publica un decreto donde claramente se opone a las presiones de los realistas exaltados, y tras el cual fue fulminantemente destituido de su cargo y desterrado de la corte de Madrid Rufino Gonz谩lez en favor de Recacho, m谩s moderado, partidario del rey y contrario o al menos cr铆tico con los realistas exaltados, debido, seg煤n los autores, a las sospechas del Gobierno sobre su implicaci贸n en la conspiraci贸n realista que acabar铆a terminando en la sublevaci贸n de Bessieres en verano.

EL COMISARIO

Tras su destituci贸n en 1825, el cargo de Superintendente de la Polic铆a pasa a manos de Juan Jos茅 Recacho, como hemos visto m谩s moderado en su odio al liberalismo y desde luego alineado con los reformistas y no con los exaltados como su antecesor en el cargo.

Seg煤n la biograf铆a de Recacho elaborada por la Enciclopedia de Oviedo de la Fundaci贸n Gustavo Bueno, este abogado extreme帽o y catedr谩tico de la Universidad de Salamanca ocup贸 previamente los cargos de oidor de la Real Audiencia Guadalajara-M茅xico en 1804 y de la Real Audiencia de Asturias en 1824 y fue nombrado Caballero Comendador de la Real Orden de Isabel la Cat贸lica antes de su gran encargo como Superintendente General de la Polic铆a y Consejero del Rey, de donde tuvo tambi茅n que salir por la puerta de atr谩s, pues acab贸 fug谩ndose de Espa帽a ante la tesitura de ser detenido.

Indistintamente del car谩cter m谩s duro de Rufino Gonz谩lez o el m谩s moderado de Recacho, ambos sirvieron a la perfecci贸n a la maquinaria represiva de la Polic铆a del Reino, tal y como se atestigua en una serie de bandos que nos aclaran las ideas sobre el verdadero papel y finalidad que tuvo en aquellos a帽os el organismo.

Destacan entre ellos varios bandos dur铆simos, firmados por Recacho, como el de Madrid de 22 de mayo de 1825, donde establece que:

鈥淣inguna persona podr谩 denigrar al gobierno de S.M. y si alguien es sorprendido, ser谩 arrestado y entregado al Tribunal competente. El que ofenda de palabra o por escrito a las personas constituidas en autoridad civil, militar o eclesi谩stica ser谩 igualmente tratado.

Los due帽os de las fondas, caf茅s, casas de villar, tabernas y dem谩s establecimientos p煤blicos evitaran las discusiones o conferencias pol铆ticas, denunciando al celador de su barrio las conversaciones en las que se censuren las disposiciones del gobierno, o se falte el respeto a la Santa Religi贸n, a las autoridades y a las buenas costumbres.

Las personas que esparzan noticias subversivas contra los soberanos derechos de S.M. o contra su Gobierno ser谩n arrestadas. Toda persona que reciba papeles an贸nimos que hablen de materias pol铆ticas o de las disposiciones del Gobierno, los presentar谩 inmediatamente a la Polic铆a. Igualmente ser谩n los que lean o copien cartas o papeles que hablen de las mismas materias en sentido subversivo. Los que tengan reuniones p煤blicas o secretas en las cuales se murmuren las disposiciones del Gobierno o se pretenda desacreditar a 茅ste, ser谩n procesados鈥.

MANIFIESTOS Y REVUELTAS

En otro bando firmado nuevamente por el Superintendente General de Polic铆a Recacho, el 3 de febrero de 1827, afirmaba: 鈥淐ualquier persona que tenga o reciba alg煤n papel subversivo, con tendencia a la desorganizaci贸n del Gobierno leg铆timo del Rey Nuestro Se帽or, lo entregue a la Polic铆a. A quien se le encuentre cualquier papel incendiario, ser谩 preso como reo de Estado鈥.

Por otro lado, no fueron 煤nicamente los liberales los perseguidos y reprimidos por la polic铆a fernandina. Parece ser que el mando de Recacho y Calomarde tambi茅n se encarg贸 de reprimir, perseguir, espiar y controlar a los absolutistas exaltados, como se evidencia en la documentaci贸n de la Polic铆a que se encuentra en el Archivo Hist贸rico Nacional.

Hay que tener en cuenta que, ya para 1825, como hemos comentado, los absolutistas exaltados, descontentos por el auge en el gobierno de los moderados, la destituci贸n de los m谩s exaltados de cargos de confianza, y la falta de tenacidad en las medidas m谩s radicales, se agruparon en torno a la fi gura del hermano del rey, Carlos Mar铆a Isidro de Borb贸n (futuro l铆der e instigador de las guerras carlistas), y tuvieron a lo largo de esta d茅cada en vilo al gobierno del absolutista moderado Manuel Gonz谩lez Salm贸n y al Secretario de Justicia Francisco Tadeo Calomarde, quienes se comieron de lleno las exigencias y conspiraciones ultras, que se evidenciaron en el intento de sublevaci贸n militar exaltada de Jorge Bessieres en agosto de 1825, la publicaci贸n de un Manifiesto de los Realistas Puros en noviembre de 1826 que, aunque de dudosa autenticidad, denigraba al rey y proclamaba leg铆timo soberano a su hermano Carlos, y fi nalmente una sublevaci贸n militar absolutista exaltada en Catalu帽a entre julio y noviembre de 1827, llamada la revuelta de los agraviados o malcontents.

Todo ello motiv贸 que las pesquisas policiales se extendieran tambi茅n a estos sectores, como se evidencia documentalmente en las labores de espionaje a la figura de quien fuera nada menos que Secretario de Estado y Duque del Infantado, Pedro Alc谩ntara Toledo y Salm-Salm que, seg煤n afirma en su biograf铆a Mar铆a del Mar Alarc贸n Alarc贸n, estaba cercano a los exaltados, como se afirma en un documento de un confidente y esp铆a de la Polic铆a de Recacho que afirma haber o铆do al Duque decir que 鈥渁l rey lo est谩n enga帽ando, y lo que tiene que hacer es poner la Inquisici贸n, castigar a los negros (liberales), y a cualquiera que quiera oponerse鈥.

Fuente: http://www.historiadeiberiavieja.

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Fuente: Grupotortuga.com